Conferencia General Abril 1989
Joven, confía en el Señor
por el élder Richard G. Scott
del Quórum de los Doce Apóstoles
«Se que enfrentas problemas abrumadores; a veces son tantos y tan serios que quizás te sientas incapaz de controlarlos. . . No enfrentes solo al mundo.»
Te hablo a ti, joven, a ti, que quieres hacer lo correcto, a ti, que sientes en tu corazón los deseos de vivir dignamente, digan lo que digan los demás; y a ti, que quieres sentir esos anhelos. Formas parte de la mejor generación que ha venido al mundo. Estamos orgullosos de ti. Deseo ardientemente comunicarte verdades que, si las entiendes y aplicas, cambiaran tu vida totalmente. Te pido que me ayudes: Te suplico que escuches con la mente y el corazón para que mi oración por ayudarte reciba respuesta.
Para que una madera se prenda fuego, primero hay que calentarla a una temperatura que la encienda; luego, sola se quema. Inicialmente, se requiere energía externa; pero una vez encendida, se mantiene y produce luz y calor.
Los jóvenes pasan sus primeros años de vida recibiendo ayuda de sus padres y otras personas, lo que los prepara para ser autosuficientes. Yo deseo ayudarte a «encenderte» espiritualmente para que puedas gozar de la maravillosa experiencia de irradiar fortaleza hacia los demás, mientras tu mismo creces y progresas.
Hay un fuego mas intenso que el de la madera encendida, lo produce una mezcla de aluminio en polvo y óxido de metal. Esta en si es fría y apagada, pero si se calienta a la temperatura de combustión, se convierte en una fuente de brillante luz e intenso calor que se mantiene sola.
Una vez en llama, no se apaga con métodos normales y seguirá encendida bajo agua o en otros medios donde una llama común se extinguiría. Cuando se enciende, ya no depende del medio para alimentarse: se alimenta sola.
La llama espiritual de algunas personas se deja apagar fácilmente por el mundo que las rodea; pero otras viven de tal modo que son fortalecidas y nutridas por el Señor. Y no solo vencen las tentaciones del mundo, sino que su espíritu inextinguible ennoblece la vida de los demás.
Dos misioneros, que estaban espiritualmente »en llamas», habían pasado un día muy ocupados en establecer una rama de la Iglesia en una aldea remota. Esa mañana, a las cinco y media, habían enseñado a una familia antes de que el padre se fuera a trabajar en el campo; mas tarde, habían revocado las paredes de adobe de su casa para que no entraran los insectos dañinos. En esa semana habían hecho un pequeño piso de cemento y colgado una lata grande con agujeros para poder bañarse. Habían empezado una instalación de saneamiento y renovado la grava y la arena del filtro de agua; y parte de ese día habían trabajado con los hombres en los campos a fin de poder después enseñarles. Estaban agotados y listos para un merecido descanso.
Entonces se oyó un golpe apremiante en la puerta. Allí había una niña llorando; había corrido y estaba sin aliento. Se esforzaron por entender sus palabras, que brotaban a borbotones en medio de los sollozos. Su padre se había lastimado la cabeza gravemente mientras iba montado en un asno, en la obscuridad, y ella sabia que moriría a menos que los élderes le salvaran la vida. Los hombres de la aldea lo llevaban para allí en ese momento. La niña les rogó por su padre y volvió junto a el.
Los jóvenes empezaron a vislumbrar lo serio de la situación. Estaban en una remota aldea donde no había médicos ni clínicas, tampoco teléfono. El único camino para salir de allí era una senda rústica por el lecho de un río, y ellos no tenían coche.
La gente del valle les tenia confianza. Los misioneros no sabían nada de medicina, ni cómo curar una herida grave en la cabeza; pero conocían a alguien que lo sabia. Se arrodillaron a orar y explicaron el problema a su Padre Celestial, con la seguridad de que El comprendería. Le suplicaron Su guía, sabiendo que no podrían salvar una vida sin Su ayuda.
Entonces sintieron la impresión de limpiar y cerrar la herida y de dar al hombre una bendición. Pero uno de ellos preguntó: «¿Cómo aguantara el dolor? ¿Cómo le limpiaremos la herida y lo bendeciremos en medio de todo ese sufrimiento?» Se arrodillaron de nuevo y rogaron: » ¡No tenemos medicinas ni anestesia! ¡Por favor, Padre, haznos saber que hacer! ¡Por favor, bendícelo!»
Al levantarse, llegaron los hombres con el herido. Aun a la tenue luz de la vela se dieron cuenta de que la lesión . era muy grave; el sufrimiento era intenso. Al comenzar a limpiar la herida, sucedió algo extraño: el hombre se durmió. Con ansiedad, hicieron cuidadosamente la limpieza, cerraron la herida y le pusieron una venda improvisada. Al ponerle las manos sobre la cabeza para bendecirlo, el despertó pacíficamente. La oración había sido contestada; le habían salvado la vida. Con esto aumentó la confianza de la gente y la rama de la Iglesia creció en el lugar.
Los misioneros pudieron salvar aquella vida porque confiaron en el Señor; y supieron orar con fe para pedir ayuda en un problema que no podían resolver solos. Porque eran obedientes al Señor, El confió en ellos y respondió a su oración. Y ellos habían aprendido a reconocer la respuesta, que les llegó como una serena inspiración del Espíritu. Tú tienes disponible esa misma ayuda si vives dignamente.
El Salvador dijo:
» . . . cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, creyendo que recibiréis, si es justa, he aquí, os será concedida.» (3 Nefi 18:20.)
Dos jóvenes misioneros iban caminando por un camino de tierra. Llevaban las Escrituras en la mano y en el corazón un deseo ardiente de dar a conocer la verdad. En la cresta de un cerro vieron a un grupo de hombres a caballo que se reían señalándolos. Percibieron que se hallaban en grave peligro. Ambos oraron pidiendo ayuda mientras veían a un campesino rústico y corpulento que se dirigía al galope hacia ellos, haciendo chasquear el látigo en el aire amenazadoramente. La mueca de su cara expresaba su cruel intención de hacerles daño. Pero de pronto, detuvo bruscamente el caballo, hizo una pausa, se volvió y desapareció por el valle.
Esos misioneros confiaban en el Señor y eran dignos, por eso El pudo protegerlos del peligro que a ellos les habría sido imposible evitar. La determinación que tu tengas de vivir rectamente hará posible que recibas protección de los peligros que te rodean.
Se que enfrentas problemas abrumadores; a veces son tantos y tan serios que quizás te sientas incapaz de controlarlos.
No enfrentes solo al mundo: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia» (Proverbios 3:5).
En muchos sentidos el mundo es como una jungla llena de peligros que pueden dañarte o mutilarte el cuerpo, esclavizarte o destruirte la mente, o diezmar tu moral. Se proyectó que la vida fuera un desafío, pero no para que fracases, sino para que triunfes por medio de vencer obstáculos. De todos lados enfrentas decisiones difíciles pero vitales. Hay una serie de tentaciones, influencias destructivas y peligros disfrazados que ninguna otra generación ha enfrentado. Estoy seguro de que hoy en día nadie, no obstante lo dotado, fuerte o inteligente que sea, podrá evitar serios problemas si no busca la ayuda del Señor. Repito: No enfrentes solo al mundo. Confía en el Señor.
Si has pecado seriamente, arrepiéntete . . . ahora. No es bueno quebrantar los mandamientos del Señor, pero es peor no hacer nada por corregir el error. El pecado es como un cáncer en el cuerpo: jamas se curara solo; a menos que se cure con la medicina del arrepentimiento, se volverá cada vez peor. Mediante el milagro del arrepentimiento puedes volver a ser integro, nuevo, puro y completamente limpio.
Confía en el Señor. El sabe lo que hace; El ya conoce tus problemas y esta a la espera de que le pidas ayuda. ¿Has tenido alguna vez la sensación de ir caminando solo por un túnel obscuro, que cada vez es mas deprimente; de que a nadie le importas y que la vida se hace mas complicada y desalentadora? Quizás estés en un camino que muchos otros recorrieron ya y que a menudo empieza con la autocompasion, sigue con la autocomplacencia y, si no se corrige, conduce a un tremendo egoísmo.
A menos que se venza sirviendo a los demás, el egoísmo lleva al pecado grave con sus sentimientos depresivos y sus esclavizantes cadenas. Es la palanca que usa Satanás para abrir el corazón a la tentación a fin de destruir el albedrío; el ata mente y cuerpo con hábitos que incapacitan, y nos separa de nuestro Padre Celestial y de su Hijo cultivando el egoísmo.
Si has tenido esos sentimientos de depresión, vuélvete. . . literalmente, vuélvete en redondo. El otro extremo del túnel esta lleno de luz, y, no obstante lo que hayas sido o lo que hayas hecho, esa luz siempre esta disponible para ti. Satanás tratara de convencerte de que es demasiado tarde para salvarte; eso es mentira. Necesitaras ayuda para empezar. Las Escrituras son un buen punto de partida; y tus padres, hermanos, obispo o amigos te ayudaran. Al acercarte mas a la luz por medio del arrepentimiento, te sentirás mejor con respecto a ti mismo y con mas confianza en el futuro. Volverás a descubrir lo maravillosa que es la vida.
El Salvador dio su vida para que podamos corregir nuestros errores, aun los mas graves. Su plan es perfecto, y siempre da resultado a los que obedecen las reglas.
Para enfrentar los peligros de la vida se requieren comprensión, capacidad, experiencia y confianza en si mismo como las que se requieren para hacer un tanto en el fútbol. En el juego de la vida esto se llama carácter recto. Pero ese carácter no se desarrolla en momentos de grandes problemas o tentación, sino que ahí es cuando se usa.
El carácter se teje silenciosamente con los hilos de cientos de decisiones correctas, que son como juegos de practica. Cuando estas decisiones se fortalecen con la obediencia y los hechos dignos, forman la trama de un carácter que te hará triunfar en momentos difíciles. El carácter recto te provee el cimiento de fortaleza espiritual que te permitirá tomar correctamente decisiones importantes que parezcan insuperables.
El carácter recto consiste en lo que tu eres. Es mas importante que lo que poseas, que lo que hayas aprendido o logrado. Es lo que hace que se te tenga confianza; es lo que te abre la puerta a la ayuda del Señor en momentos de grandes decisiones o tentación.
Se honrado. El carácter recto se basa en la integridad.
Nunca te mientas a ti mismo. Una mentira puede dar una ventaja temporaria, pero trae consigo dificultades de largo plazo. No hagas premeditadamente lo malo; no mientas para lograr ventaja; no engañes para encubrir errores. Cuando seas completamente honrado contigo mismo y compares tus hechos con lo que tu sabes que es correcto, no serás deshonesto con nadie. Mas aun, te aseguraras de que el Señor pueda bendecirte cuando lo necesites.
Cuando te sientas tentado a violar un mandamiento y ocultarlo de los demás, no lo hagas; esto siempre te hará sufrir. Satanás se asegurara de que así sea; el dará a conocer lo que ocultes porque quiere destruirte.
Habrás observado que algunos de tus amigos viven de acuerdo con normas dobles: ante sus padres y los lideres de la Iglesia aparentan estar haciendo lo correcto, pero secretamente hacen lo contrario. Quizás logren así algunas emociones que ellos califiquen como placer, pero nunca estarán en paz ni serán realmente felices. Desatan dentro de si una lucha consigo mismos y corren el riesgo de destruir mente y cuerpo.
Cuando estés solo con tus amigos, habla con ellos de hacer el bien y ser buenos. Los sentimientos que tendrán y la inspiración que recibirán los motivaran fuertemente para el bien. Los que hacen mal y tratan de no ser descubiertos nunca conocerán esos sentimientos. Si no te sientes cómodo hablando de cosas buenas con tus amigos, es porque ellos no son tus amigos. Búscate otros.
Cada uno de nosotros tiene un deseo natural y fuerte de ser aceptado, de agradar, de ser «alguien».
Hace años aprendí algo del precio que se paga por la confianza y el reconocimiento digno. Durante el verano encontré trabajo en un barco pesquero de ostras, en el Canal de Long Island. Eramos cuatro y vivíamos en un cuarto no mucho mayor que la cabina de un camión grande. Al principio, los demás me consideraban un espía del dueño; después, un chiquillo que no tenia el valor de «vivir como un hombre» . . . lo hicieron pasarlo muy mal. Por fin, cuando se dieron cuenta de que no abandonaría mis principios, nos hicimos amigos. Y luego, uno a uno fueron a pedirme ayuda.
Tu sabes lo que es bueno y lo que es malo. Se un líder en hacer lo bueno. Quizás al principio no te entiendan; quizás no tengas en seguida los amigos que quieres, pero con el tiempo los demás te respetaran y después te admiraran. Muchos irán a recibir fortaleza de tu llama espiritual. Tu puedes hacerlo. Yo se que puedes.
Cuando cumples la voluntad del Señor y estas en armonía con las enseñanzas de El, el Espíritu Santo es tu compañero en las necesidades. Podrás entonces recibir inspiración del Señor para saber que hacer. Y cuando lo necesites, serás fortalecido con poder divino Como los misioneros, puedes tener protección y fortaleza para hacer lo que solo no podrías.
Mientras hablábamos, habrás sentido la inspiración del Espíritu sobre asuntos privados que el Señor desea que atiendas; habrás sentido las impresiones para saber que hacer. Esas impresiones son lo mas importante del tiempo que hemos pasado juntos hoy; son un mensaje personal que el Señor te envía. Recuerda ese mensaje; obedécelo con precisión, ahora mismo, por tu propia felicidad.
Te amamos y confiamos en ti. El Señor te necesita para cumplir sus propósitos. Vive de acuerdo con sus mandamientos; aprende a obedecer las impresiones del Espíritu; mantén viva y brillante tu llama espiritual.
Vive con confianza en el Señor. Vive para ser digno de su confianza y de su ayuda.
Testifico que el Señor vive. El te ama y te ayudará. En el nombre de Jesucristo. Amén.

























