Una religión práctica

Liahona Octubre de 1979

Una religión práctica

N. Eldon Tannerpor el presidente N. Eldon Tanner

En el curso de mi vida a menudo se me ha preguntado: “¿Qué tiene su Iglesia, que hace que ustedes hagan cualquier cosa que se les pida y vayan a dondequiera que los envíen, sean cuales sean sus intereses personales o económicos?”

Al responder a esta pregunta siempre he dado mi testimonio de que la obra de la Iglesia es divina, que está dirigida por Jesucristo, y que no habría ninguna obra más importante en la cual pudiera encontrarme embarcado, ni ninguna tan recompensadora. Muy a menudo se me ha respondido: “Desearía poder decir lo mismo acerca de mi religión”. Entonces he tratado de explicar a mi interlocutor cómo puede lograr un conocimiento de que este evangelio es verdadero, y que es el camino hacia la salvación y la vida eterna.

¿Qué tiene esta religión que la hace tan atractiva a los ojos de todo aquel investigador de corazón honrado? ¿Por qué está la Iglesia creciendo tan rápidamente y obteniendo tantos conversos en todo el mundo? Permitidme citar algunas de las razones.

El principal objetivo de la mayoría de las personas es encontrar la felicidad y una paz interior que puedan ayudarles a lograr lo máximo de esta vida, y a enfrentar los problemas y las pruebas por las que todos tenemos que pasar. Como dicen algunos filósofos, lo que realmente importa no es lo que nos suceda, sino la forma en que nos enfrentamos a esos sucesos. Es en esto que la religión tiene un importante papel en nuestra vida.

En el principio, cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio ciertas instrucciones o mandamientos, y en esencia les dijo que su felicidad dependería de su obediencia a esos mandamientos. En estos últimos días Él nos ha repetido casi la misma cosa cuando dijo:

“Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis.” (D. y C. 82:10.)

Es por medio de la religión, o sea el evangelio, que podemos aprender los mandamientos, lo que Dios quiere de nosotros y lo que Él nos tiene reservado. Yo desafío a cualquiera a que encuentre en el Evangelio de Jesucristo, el más mínimo detalle que no esté destinado a hacernos felices y prósperos, amados y respetados, bondadosos y considerados con nuestros semejantes, buenos ciudadanos y miembros útiles de la comunidad. Cuando no tenemos estos atributos, no podemos culpar por ello al evangelio, sino a las personas que no están viviendo como debieran.

El Evangelio de Jesucristo enseña que el hombre es eterno, que vivió como un espíritu antes de venir a la tierra, y que después de la muerte será resucitado y morará en un lugar que ha de determinarse de acuerdo con la forma en que haya guardado su estado mortal (véase Abraham 3:26). Cada persona puede decidir por sí misma si desea vivir con Dios para siempre, o si se verá eternamente privado de Su presencia.

Uno de los principios del evangelio es que la familia continuará para siempre como una unidad eterna. Cuando existe verdadero amor entre marido y mujer, es sumamente reconfortante saber que por medio de una ordenanza especial, llevada a cabo en el Santo Templo, ambos pueden ser sellados por esta vida y por toda la eternidad, y que los hijos nacidos de esta unión estarán con ellos para siempre. ¡Qué conocimiento tan glorioso!

Una religión práctica debe proveer para el bienestar tanto temporal como espiritual de sus miembros. En la Iglesia tenemos programas que ayudan a los miembros a tener proyectos de almacenamiento para tiempos de necesidad; en numerosas ocasiones, también los almacenes de obispo han enviado artículos de primera necesidad —desde ropa de cama y muebles, hasta comida y medicinas— a todo el mundo, para ayudar aquellos que se han encontrado afligidos por diferentes desastres. Nosotros creemos en el divino mandamiento de ser guardas de nuestros hermanos (véase Génesis 4:9).

A fin de ser feliz y saludable, toda persona debe incluir en su vida una buena variedad de actividades. La Iglesia de Jesucristo auspicia sanas actividades de recreación que incluyen programas de campamentos, competencias deportivas, y festivales de teatro, danza y música; se alienta a los miembros a que desarrollen sus talentos, tanto en el aspecto artístico como en las artes manuales y en las habilidades del hogar; también se les exhorta a que mantengan un buen estado físico por medio de una dieta apropiada y del ejercicio.

A fin de ayudamos a mantener nuestros cuerpos sanos y limpios tenemos la Palabra de Sabiduría, en la cual se nos amonesta a abstenernos de participar de aquellas cosas que pueden ser dañinas para nuestra salud. Nosotros amamos la virtud y la castidad, y reprobamos la inmoralidad y la decadencia moral que prevalecen tanto en nuestro mundo actual; nos aliamos con todos aquellos creyentes que están luchando por salvar al mundo de los pecados de la pornografía, el aborto, la homosexualidad, y otras aberraciones sexuales.

Creemos que “la gloria de Dios es la inteligencia” (D. y C. 93:36), y tenemos escuelas y colegios a fin de que se cumpla lo siguiente:

“…para que seáis más perfectamente instruidos en teoría, en principio, en doctrina, en la ley del evangelio, en todas las cosas que pertenecen al reino de Dios, que os es conveniente comprender;

De cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son, y que pronto tendrán que verificarse; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también, el conocimiento de los países y los reinos.” (D. y C. 88:78-79.)

El Señor también nos amonesta:

“No busquéis riquezas sino sabiduría; y he aquí, los misterios de Dios os serán revelados y entonces seréis ricos. He aquí, rico es el que tiene la vida eterna.” (D. y C. 6:7.)

Al tratar de encontrar al Señor por medio de la oración y al guardar Sus mandamientos, comprenderemos el propósito y significado de la vida, y como Él dijo, sus misterios se nos revelarán; ciertamente, somos muy afortunados de tener un Profeta viviente que puede guiarnos por los senderos de verdad y rectitud. Hay muchas personas que leen y aceptan las enseñanzas que se encuentran en la Biblia, que creen que en un tiempo hubo profetas entre los hombres para enseñarles y advertirles de los peligros de desobedecer los mandamientos de Dios; muchas de estas mismas personas no saben o no comprenden que el portavoz de Dios, su Profeta, vive entre nosotros hoy, y que él nos amonesta y trata de persuadirnos a vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesucristo, el único nombre por medio del cual la humanidad puede salvarse.

Por medio de la revelación sabemos que todos somos hijos espirituales de Dios, i Cuán maravilloso es saber que Él nos amó tanto que envió a su Hijo Unigénito en la carne para que viviera y muriera por nosotros, haciendo en nuestro beneficio el gran sacrificio expiatorio. Por medio del sacrificio de Jesucristo todos seremos resucitados de la tumba y recibiremos distintos grados de gloria o de tormento, de acuerdo con nuestra fidelidad.

En distintas épocas a través de la historia de la humanidad, y nuevamente en estos últimos días, Dios el Padre y su Hijo Jesucristo, se han revelado al hombre a fin de que podamos conocer y comprender su naturaleza y atributos, o sea que ellos son seres glorificados con cuerpos, partes y pasiones, y que nosotros hemos sido creados a la imagen de Dios. Esto nos ayuda a saber que ellos viven, que son seres separados, que podemos orar al Padre por medio de su Hijo, que ellos escuchan y contestan nuestras oraciones, y que están profundamente interesados en nosotros y desean que alcancemos el éxito y la felicidad en la vida.

A fin de lograr todo esto, ellos nos han dado una Iglesia organizada, con las instrucciones para que establezcamos un modelo de vida. .La Iglesia está dirigida por el Sacerdocio de Dios, la más grandiosa fraternidad en el mundo. Tenemos la Sociedad de Socorro para las hermanas, una organización que recibe reconocimiento mundial por su gran servicio a la mujer. También tenemos programas para los jóvenes y la Asociación Primaria para los niños.

En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hay algo de interés para todas las personas, y trabajo para cada uno que tenga deseos de hacerlo. La fortaleza de la Iglesia está en el testimonio personal de sus miembros, los cuales lo han recibido por medio de su fe y sus obras. Verdaderamente, podemos repetir las palabras del Salvador cuando describió a sus seguidores:

“Por sus frutos los conoceréis,” (Mat. 7:20.)

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