“¡Marchad a la victoria!”
(Tomado de the Church News)
Hermanos, ¿no hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en vez de retroceder. ¡Valor, hermanos, marchad a la victoria!”
Con estas palabras, dirigidas a la Iglesia en general, el profeta José Smith invitó a los miembros de la Iglesia a que lo siguieran a una vida nueva, una vida azarosa ciertamente, pero vida en abundancia.
Hubo algunos en aquel primer grupo que perdieron el valor y se apartaron del camino; pero aquellos que continuaron, avanzando contra todo obstáculo, lograron la victoria. Fué un destacado triunfo personal para cada uno de ellos, pero también fué una victoria para el recién establecido reino de Dios sobre la tierra.
Dijo el Salmista en la antigüedad: “Aguarda a Jehová; esfuérzate y aliéntese tu corazón: sí, espera a Jehová.”
Uno de los grandes profetas de las épocas antiguas alentó a su pueblo con estas palabras: “Esforzaos pues, y obrad; que Jehová será con el bueno.”
El Señor requiere que su pueblo sea valiente en su manera de vivir; en la fe; en la justicia; en resistir el mal. Es cierto que a todos nos invade el desánimo, y aun los más nobles tienen sus momentos de melancolía. Sin embargo, el desánimo nunca ha logrado una sola victoria. Los pensamientos desalentadores nunca han producido una obra grande.
Es natural que los seres humanos tengan sus momentos de debilidad. También es natural que la maldad sea atractiva en extremo, pero ¿nos justifica esto para ceder a ella? ¿Nos apartaremos para unirnos al enemigo?
Quizá habremos flaqueado. ¿Permitiremos que esta desgracia nos domine al grado de evitarnos que la sobrepujemos y sigamos adelante a cosas mejores? El Señor nos ha dado el gran principio del arrepentimiento. Nos permite que cada día tomemos la determinación de llevar vidas mejores y elevarnos sobre la escoria. Nos concede a cada uno de nosotros, aun en la derrota, el valor para emprender de nuevo la lucha y lograr finalmente la victoria de que habló el profeta José. ¿Faltará en cualquiera de nosotros el ánimo para desarrollarnos de esta manera?
El Señor nos invita a que vengamos a Él. Promete valor y fuerza a los que se empeñan en vencer el mal. “Esforzaos todos vosotros—dicen las Escrituras—y tome vuestro corazón aliento.” ¿Cuál es el problema que nos aflige? ¿Debilidad en lo que respecta a asuntos económicos? ¿Nos es difícil pagar nuestras deudas? ¿Es asunto de no ser honrados en nuestros tratos? ¿Es una debilidad en lo que concierne a la Palabra de Sabiduría? ¿Es una infracción de la ley de castidad? ¿Es la tendencia de mentir y calumniar; de encendernos en ira; de tomar en vano el nombre de Dios? ¿Es la falta de asistencia a las reuniones, aceptar obligaciones u observar los convenios?
No importa cuál sea nuestro problema o debilidad, el Señor fortalecerá nuestro corazón y nos ayudará a lograr la victoria si manifestamos un arrepentimiento sincero.
Algunos opinan que la ley del arrepentimiento es el principio más admirable del evangelio. A causa de él los hombres pueden elevarse, aun desde el pecado, a una posición de respeto. Pueden desarrollar rasgos de carácter que son verdaderamente semejantes a los de Cristo. Pueden llegar a ser perfectos, “como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Nadie debe desalentarse por causa de sus debilidades si es que sinceramente está tratando de dominarlas. La tragedia verdadera consiste en no vencerlas. Todos las tenemos en una forma u otra. Las Escrituras declaran mentiroso al que dice que no tiene pecados.
Sin embargo, aun cuando tengamos pecados, podemos vencerlos. Por cierto, se nos ha mandado que lo hagamos. El Señor nos proporciona el medio con la ayuda del evangelio; y en el arrepentimiento y la reforma hallamos la escalera que conduce a la santidad. De manera que, como escribió el profeta José:
“¿No hemos de seguir adelante en una causa tan grande? Avanzad, en lugar de retroceder. ¡Valor, hermanos, marchad a la victoria!”
El Año Nuevo nos da otra oportunidad para considerar nuestra propia situación. Conviene analizarnos a nosotros mismos y pensar en las cosas que hemos de vencer.
“Esforzaos, pues, y obrad; que Jehová será con el bueno.”



























