Casamiento en el Templo

Casamiento en el Templo

Por el presidente David O. McKay
Liahona Septiembre de 1952
 (Discurso pronunciado en Los Angeles, Calif., ante los estudiantes del seminario de la Área del Sur de California.)


Compañeros profesores, compañeros estudiantes, hermanos y hermanas:

Es una fuente de gozo e inspiración el conocer gente joven. Siempre me siento muy feliz cuando estoy en su presencia. Esta noche me he sentido especialmente inspirado, primero por el propósito de esta reunión y, segundo, por los discursos pronunciados por los que me antecedieron y por el trío al cual acabamos de escuchar.

He estado pensando en las distancias que han tenido ustedes, jóvenes, que viajar esta noche para participar en esta conferencia.

Esta es una reunión que se había pospuesto a causa de un exceso de “luz solar líquida” de California. Espero que no muchos de ustedes hayan encontrado serios inconvenientes o se hayan desanimado después de haber guiado el automóvil hasta aquí, o remado, si encontraron botes, por las calles inundadas hace dos semanas. Me informaron que algunos de ustedes vinieron sólo para encontrar que la reunión había sido pospuesta.

Pero aun esta noche en que gozamos de clima despejado y los caminos están secos, me siento colmado de admiración y maravillado del valor e interés que muchos de ustedes han demostrado al recorrer largas distancias. Únicamente por satisfacción, quisiera preguntar: “¿Cuántos de ustedes han recorrido esta noche, digamos cincuenta millas, haciendo el viaje redondo de cien millas? Alzando las manos los que hayan viajado cincuenta millas. Allí hay dos. ¿Cuántos han recorrido veinticinco millas, o sea un viaje redondo de cincuenta millas? Dejen sus manos levantadas. Cerca de cien. Gracias. Ahora, ¿cuántos de ustedes habrán hecho un viaje redondo de veinticinco millas? Esto es, doce y media millas de venida y doce y media de ida. Mantengan sus manos levantadas. Más de la mitad del auditorio. Gracias. Pido en oración que el espíritu que los ha impulsado a ustedes y que ha inspirado a los que me han precedido, me guíe en lo que voy a decir esta noche. Ya se ha dado énfasis al significado del Templo, todo lo cual está en armonía con el tema que se me sugirió — Casamiento en el Templo.

Antes de tratar sobre el significado del Casamiento en el Templo, desearía hacer algunas observaciones acerca del matrimonio en general. Leemos en Doctrinas y Convenios que “el matrimonio es instituido de Dios para el hombre”.

Fíjense en esta expresión: “Por lo tanto, es lícito que tenga una esposa,” y los dos serán una carne, y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación”. (D. y C. 49:15, 16).

En esta revelación se expresa claramente el significado del matrimonio en la Iglesia de Jesucristo. El matrimonio es algo a lo que no se puede entrar con ligereza, ni darlo por terminado cuando nos plazca o finalizarlo a la primera dificultad que se pueda presentar.

Para el Santo de los Últimos Días el matrimonio es una ordenanza divina, y vemos en el hogar la mejor garantía de la civilización, considerando los hogares que se conducen debidamente, bajo la dirección inteligente de los padres, como el mejor medio de mejoramiento de la humanidad. Creo que no hacemos excepción. Es en esos hogares donde se fomentan las virtudes que producen la verdadera hombría y la hermosa feminidad. Mis queridos jóvenes, esa es la clase de matrimonio y la clase de hogar que tendremos en mente al estudiar juntos esta noche.

Por lo tanto, el matrimonio a la luz de la revelación, es una institución que tiene sobre sí el sello de la divinidad, y ninguna persona ni estado puede desaprobar esa institución impunemente. Cuando Jesús se refirió al matrimonio, lo asoció con la idea eterna: “Lo que Dios ha unido, no permitas que ningún hombre lo separe”.

Un escritor dijo: “En esta vida humana, mutable, efímera, evasiva, frágil, decadente, sólo hay una cosa que debe durar para siempre, hasta la muerte”. Después agrega: “Y más allá de la muerte, el matrimonio, el único eslabón de la eternidad en la perecedera cadena humana”. (Papini).

Fue el desafortunado, pero frecuentemente inspirado poeta, quien dijo:

“Formar la felicidad del calor de un hogar,

Para los hijos y la esposa,

Es el sentimiento más puro y sublime

De la humana vida”.

El matrimonio es un deseo casi universal. Toda persona joven en un tiempo u otro, especialmente cuando él o ella está en la adolescencia (antes de los veinte años), está esperando la consumación de esa ordenanza. El psicólogo Henry C. Link corrobora esta idea en estas palabras: “Durante los últimos tres años, en conexión con ciertos estudios llevados a cabo en toda la nación entre estudiantes universitarios, he hecho a las jóvenes preguntas como ésta: ¿Cuál es la carrera que usted considera más importante en la vida? ¿Considera usted el matrimonio y el ayudar al marido en su carrera, más importante, menos importante, o tan importante como una carrera propia, independiente, de usted?

Yo quisiera saber cómo contestarían ustedes las jóvenes esa pregunta esta noche.

Del 90 al 95 % de las mujeres universitarias han contestado que su principal objetivo era la carrera de esposa y madre, y que el ayudar al esposo en su carrera era más importante que una propia de ellas. La idea que día a día se extiende más entre las mujeres universitarias, de que el formar un hogar, crear una familia y apoyar la carrera del marido son en sí una carrera de mayor importancia, indica un sano regreso a los principios fundamentales.

El mismo autor citado en un artículo de una revista de actualidad, preguntaba esto: “Si tuviera usted que escoger entre: un trabajo interesante, un ingreso independiente de $500.00 dólares a la semana, y una feliz vida familiar en el hogar, ¿qué escogería?” 85% contestaron: Una feliz vida familiar en el hogar.

Esto lo digo a ustedes para animarles en las actuales circunstancias, cuando nuestros grandes cambios económicos están amenazando el hogar, creando la necesidad de que las esposas trabajen, de que las madres dejen a sus hijos con niñeras o grupos organizados para cuidar de los niños. No debemos rehuir el hecho fundamental de que el hogar es la base de la civilización y los Santos de los Últimos Días tienen la responsabilidad de formar hogares ideales y crear familias que sean un ejemplo al mundo.

Tengo gusto en saludarlos a ustedes, jóvenes y señoritas que están en la adolescencia y que abrigan, así lo espero, los ideales a que acabo de referirme. El problema de escoger un compañero adecuado, con quien congenien, es vital. Con respecto a esto, en general, les sugiero que sigan el consejo de Sandy el escocés, pero no su ejemplo. MacDonald vino y le dijo a Sandy: “Estoy muy preocupado, Sandy. No sé si casarme con una viuda rica a quien no quiero o con una muchacha joven a quien quiero mucho”. Y Sandy dijo: “Es mejor que sigas los dictados de tu corazón, MacDonald”. “Está bien”, dijo MacDonald. “Me casaré con la muchacha pobre”. “En ese caso”, dijo Sandy, “¿me harías el favor de darme la dirección de la viuda?”

Jóvenes y señoritas, el logro de un matrimonio feliz comienza en la infancia y la juventud. La oportunidad de casarse principia en sus primeros días en la escuela. La jovencita que aprende a tocar el violín es más probable que encuentre un buen compañero que la que se queda en su casa, rehusándose a salir en sociedad. El muchacho que participa en los deportes es más probable que encuentre una compañera que el que se queda sentado en casa oyendo la radio. En otras palabras, el acto de asociarse conduce a matrimonios felices, porque se familiarizan unos con otros. Tienen más oportunidad para elegir.

A este respecto, piensen por un momento en lo que la Iglesia ofrece a sus miembros, especialmente a los jóvenes y señoritas.

Iba yo viajando en un barco que salió de Australia hace como 20 años y una pareja de California que habían sabido por el sobrecargo que dos Mormones se encontraban a bordo, se presentaron al presidente Cannon y a mí.

Después de hacer unas cuantas preguntas, la señora dijo: “¿Me perdona usted si le hago una pregunta personal?”

“Seguramente, y yo le contesto sin que me lo pregunte. Sólo tengo una esposa”.

Ella dijo: “¿Cómo sabía que iba a preguntarle eso?”

“Oh, yo podía ver su expresión y la manera de abordar el asunto, pidiendo excusas de antemano”.

Bueno, pronto explicamos nuestra actitud hacia la pluralidad de esposas y después, para mi sorpresa, dijo: “Bueno, si ese no es el dogma fundamental de su religión, ¿cuál es?” “Pues”, dije, “somos cristianos”.

Ella dijo: “Bueno, nosotros también”. Entonces hizo una pregunta importante: “¿En qué difiere su enseñanza de las enseñanzas de otras iglesias cristianas?”

Me alegro que ustedes estén asistiendo al seminario para que puedan contestar esa pregunta inteligentemente. No es tan fácil como al principio parece. Si ustedes dicen “Bautismo”, esa no es una característica distintiva. “¿Imposición de manos?” “¿Enseñanza de fe?. No es esa tampoco una característica distintiva. “¿El arrepentimiento?” No.

“¿El Libro de Mormón?” Sí. Esa es una característica distintiva. El tiempo no permitirá que les cuente acerca de la conversación que sostuvimos durante las siguientes dos o tres horas. Pero una característica distintiva de la Iglesia, dijimos, es la autoridad divina por revelación directa. Hay otras dos grandes iglesias que reclaman autoridad divina, pero no por revelación directa.

Entonces el caballero dijo: “Si su Iglesia es guiada por revelación directa, entonces tenemos el derecho de esperar que encontraremos en su organización la respuesta a las necesidades espirituales, sociales y otras necesidades del alma humana”.

Yo dije: “Es cierto. Nombre una de ellas”.

El vaciló. Usaba en la solapa de su saco un botón que indicaba que era miembro de una orden secreta. Le dije:

“¿Qué significa esto?”

“Hermandad y Fraternidad”.

“¿Es una necesidad?”

“Sí”.

“Está bien, si es así, debemos encontrarla en la Iglesia de Cristo”. Entonces mencioné los quórumes y comparé su grupo con los grupos y oportunidades que los quórums ofrecen. Después de eso le dije: “Nombre otra necesidad”. Después de vacilar un momento, mencionó la educación, diciendo: “Debe haber toda oportunidad de educación en su Iglesia”.

“Cierto”. Entonces hablamos de los quórums como grupos educativos, así como oportunidad de compañerismo y fraternidad, para muchachos y hombres de 12 a 100 años de edad. Hablamos de las auxiliares como oportunidades de educación para todos los hombres, mujeres y niños de la Iglesia, con 50,000 maestros dedicando su tiempo cada semana, sin cobrar nada, y libros que se proporcionan a un costo mínimo a los estudiantes — cursos de estudio que se dan a más de 500,000 hombres y mujeres con una oportunidad de reunirse cada semana y recibir instrucción gratis. ¿Dónde puede usted encontrar algo igual?

Todo esto además de la escuela pública; y las escuelas públicas en Utah ocupan en categoría los segundo, tercero y cuarto lugares entre todos los demás Estados de la Unión. Además de eso la Iglesia sostiene un sistema educativo en el que hay seminarios, institutos, colegios y una universidad central, con un gasto anual de más de 2.000.000 de dólares.

Piensen en esto, jóvenes y señoritas. No obstante todo esto, hay centenares de jóvenes en nuestra Iglesia que se muestran indecisos de aprovechar esas oportunidades de educación. Y hay centenares de padres que no pueden darse cuenta de lo que la Iglesia ofrece para el desarrollo cultural de sus hijos e hijas.

Esa es la razón por la que les estoy preguntando cuántas millas han viajado esta noche para encomiarlos y en especial a ese joven que se levanta a las tres de la mañana para hacer su trabajo y llegar a su clase en el seminario, y a la señorita que sale de su casa a las seis o siete de la mañana. Yo los felicito y los encomio, y encomio a los padres. Aun cuando fuera únicamente del punto de vista educativo, nuestros padres debieran ver que sus niños asistan a seminarios e institutos, porque los estudiantes reciben enseñanza espiritual junto con su diaria educación escolar. Son desleales los padres que negligentemente dejan de aprovechar estas oportunidades. Pero ese es otro tema. Lo menciono esta noche, por la oportunidad que los seminarios y auxiliares proporcionan a los jóvenes y señoritas de escoger sus futuros compañeros.

Referente al valor de esto, permítaseme repetir: La muchacha que aprende a jugar tenis es más probable que encuentre marido que la que no aprende. El muchacho que participa en las actividades de drama de la escuela es más probable que encuentre esposa que el que prefiere escuchar la radio o leer novelas románticas. Los niños que tocan instrumentos musicales y toman parte en las orquestas de la escuela o están capacitados para divertir a sus amigos, tendrán oportunidades más amplias para seleccionar compañeros, que aquellos que sólo se dedican a escuchar.

“Aquellos que son activos en los grupos de Scouts, pertenecen a las sociedades juveniles, y que contraen obligaciones hacia grupos de personas, aun cuando no estimen a todos los individuos, es más probable que se casen que los que siempre se quedan en casa”.

Esa es la idea de un hombre que aborda el tema del matrimonio netamente desde un punto de vista psicológico.

Sí, yo creo en los seminarios y asociaciones auxiliares, y especialmente en los quórums del sacerdocio meramente como un aditamento en esta cuestión del matrimonio.

Un pensamiento más, antes de entrar en el tema verdadero. ¿Cómo pueden ustedes saber cuándo realmente están enamorados? Esa es una pregunta que les preocupa. Un joven, pensando que está enamorado de una muchacha, soñará con ella y anhelará lánguidamente su compañía. Sin embargo, seis meses más tarde puede conocer a otra señorita, de quien está seguro de que está enamorado. Las muchachas también tienen sus “Príncipes Encantados” y se preguntan de cuál de ellos están realmente enamoradas.

Sólo de paso, les diré, si ustedes piensan que una muchacha es la criatura más bella y dulce sobre la tierra, hágase a sí mismo la pregunta: ¿Me inspira a hacer lo mejor? Siento que quiero lograr algo en la vida para ser digno de ella, o ¿nada más atrae a mi naturaleza inferior? Si es esto último, no está usted enamorado. Está infatuado. Si es lo primero, probablemente ella merece más estrecha atención de parte suya. Señorita, ¿le inspira él a usted a desear, como Portia, que fuera ciento setenta veces más bonita, mil veces más rica? Eso es lo que Portia deseó cuando Bassanio escogió el cofre que tenía a Portia como premio. En otras palabras, ustedes pueden distinguir entre el que únicamente incita su naturaleza inferior y el que las inspira a hacer lo mejor.

En segundo lugar, busque en él o ella cualidades que le distingan. Primero, fíjese si él o ella no es egoísta. Cuídese de no escoger una persona egoísta. El matrimonio es un estado en el cual cada uno debe dar, no tomar todo. Ustedes han oído hablar algo acerca del “introvertido”. Rehúyanlo o rehúyanla. Es mejor escoger el “extrovertido”, o uno que está dispuesto a servir y a dar.

En tercer lugar, fíjese si él se controla, si tiene o no dominio sobre su carácter. Si puede dominar su lengua. El control de sí mismo es una gran virtud. Es un factor que contribuye a la felicidad de un hogar. Habrán muchas ocasiones, después de que se casen, cuando serán provocados a decir algo con pasión y condenación. Si usted tiene control de sí mismo, no dirá la palabra condenatoria, porque puede haber una respuesta en represalia que puede resultar en una riña. Absténgase de decir cosas que harán una herida en el corazón del otro.

En cuarto lugar, mencionaría yo la reverencia. ¿Tiene él reverencia por las cosas sagradas? ¿Tiene consideración para la gente mayor? Si él es irreverente, si se mofa de lo que es sagrado, usted obrará sabiamente en no escogerlo por campañero. ¿Es profano? ¿Toma el nombre de Dios en vano? Yo lo rehuiría. La profanación es un vicio, cuya indulgencia rebaja el standard moral del hogar.

El Padre de nuestro país dio una orden general, expedida en 1776, que dice:

“El General siente mucho haber sido informado que la práctica, tonta y perversa, de maldecir y hacer juramentos profanos, un vicio hasta ahora poco conocido en el ejército americano, se está poniendo de moda. El espera que los oficiales, con su ejemplo e influencia, se esforzarán por reprimirlo y que ambos, ellos y los soldados, reflexionarán cuan poca esperanza podemos tener de la bendición del Cielo sobre nuestras armas, si lo ofendemos por nuestra impiedad y tontería”. Además de esto, la profanación es un vicio tan bajo y ruin, sin ninguna tentación, que todo hombre sensato y de carácter lo detesta y desprecia.

En seguida, si yo estuviera en el lugar de ustedes, vería si tiene o no la habilidad para triunfar económicamente. Usted tiene que vivir con él; él tiene que mantener a una familia. Usted probablemente tiene que ayudarle. Pero el hombre debe ser quien la sostenga. El hombre debe ser el proveedor. Muchachas, busquen al joven que tiene ambiciones. Yo uso esa palabra en el sentido de emulación — que él va a tratar de hacer algo de sí mismo y hará lo mejor.

Pero joven, no posponga el casamiento demasiado tiempo, simplemente porque piensa que no puede proveer a la joven con las comodidades que tenía en su propia casa. Usted encontrará que las jóvenes están dispuestas a ayudar.

Eso me introduce al siguiente punto general y ese es el crear una familia. El matrimonio es para el propósito de crear familias, tener niños. Eso es fundamental, y siento mucho observar una tendencia, aún entre nuestra propia gente, a limitar el número de niños en la familia. Yo me interesé mucho en lo que a continuación se expone, que procede de alguien que no tiene los mismos ideales que nosotros tenemos.

“El hombre ha urdido muchas teorías e ideas acerca del matrimonio, entre ellas la teoría de que cada pareja tiene el derecho de decidir si va o no a tener hijos. No obstante las teorías, el propósito principal del sexo y el matrimonio son los hijos. Esta es una ley de la naturaleza humana que no puede ser desafiada impunemente. Una pareja que entra al matrimonio sin el propósito de tener hijos, pronto se acarrea el desastre desde el principio.

“Tener hijos es un proceso físico por la experiencia, pero la experiencia es espiritual también. Requiere continuo sacrificio de sí mismo en muchos sentidos, posiblemente aun el sacrificio inmediato de seguridad económica. Es por la elección de valores espirituales, al ponerse en conflicto con los valores materiales, que se encuentra la verdadera seguridad.

“Probablemente la teoría más popular así como la más peligrosa acerca del amor es que uno puede enamorarse tan fácilmente como puede dejar de enamorarse. Esto pasa por alto la verdad de que el amor, no importa como principie, es algo que debe ser creado conscientemente. El amor duradero depende de la compatibilidad sexual permanente, y esto a su vez depende grandemente de tener niños. Cuando la experiencia sexual es subordinada al nacimiento y cuidado de los niños, toma sobre sí un nuevo significado espiritual. Esta es la base del amor verdadero y duradero, un proceso continuo de creación y sacrificio cuyo centro es el crear una familia.

“Tener un hijo es la promesa final y más grande del amor de una pareja para uno y otro. Es un testimonio elocuente de que su matrimonio es completo. Eleva su matrimonio del nivel del amor egoísta y placer físico al nivel de devoción centrada alrededor de una nueva vida. Hace que el principio que les guía sea el sacrificio de sí mismo en lugar de la indulgencia de sí mismo. Representa la fe del marido en su habilidad de proveer la seguridad necesaria, y demuestra la confianza de la esposa en su habilidad de hacerlo. El resultado neto es una seguridad espiritual, que más que ningún otro poder, ayuda a crear seguridad material también.”

Ahora, ¿qué hay acerca del matrimonio en el templo? La eternidad del convenio del matrimonio tiene su base en la verdad eterna de la inmortalidad del alma.

Jesús es reconocido como el filósofo más grande, el más grande maestro que alguna vez anduvo sobre la tierra, por los grandes pensadores en general. El aceptaba la inmortalidad del alma sin lugar a duda.

Para los miembros de la Iglesia, él es Dios hecho manifiesto en la carne. Él vivió antes de venir. El aceptó el más allá como ustedes aceptan el sueño en la noche o la luz del día en la mañana. Él dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si no fuera así de otra manera os lo hubiera dicho”. No lo discutió. Para él era un hecho aceptado.

Sobre la verdad eterna de la inmortalidad descansa el valor, la importancia del matrimonio en el templo.

Ahora, ¿quiere usted por favor nombrar el atributo más divino del alma humana?  Sin vacilar, contestarán ustedes el AMOR. Si su espíritu vive después de la muerte, como así es, entonces ese atributo del amor persistirá también, tal como la simpatía, la reverencia, y toda otra virtud que usted posee. Eso es razonable, ¿no es así?

Está bien; si el amor, entonces, es tan eterno como el espíritu, y usted ama a esa muchacha a quien lleva al altar, ¿no quiere usted tenerla por el tiempo y la eternidad? A esa pregunta sólo hay una respuesta. Y si la muerte viene a separarlos, y usted cree que esa novia sigue viviendo en el más allá, ¿no siente usted por ella ese mismo amor que sentía por ella aquí? ¿A quién desearía encontrar cuando vaya al otro lado? ¿A quién amará cuando vaya al otro lado?

Yo hice esa pregunta a algunos críticos una vez, y una mujer contestó: “Pues, debemos amar a todos”. Sí, debemos amar a todos aquí también, pero yo amo a mi mujer, a cuyo lado me he sentado en la noche cuidando a un niño enfermo. Yo amo a esos niños por los que he trabajado y luchado, y quienes han reciprocado ese amor, y si las cosas terrenales son típicas de las cosas celestiales, cuando yo me encuentre con esos seres queridos allá, pensaré más en ellos que en personas de India o Rusia a quienes nunca he conocido.

EL MATRIMONIO EN EL TEMPLO es básicamente atrayente; es científicamente correcto, y cualquier joven que lleve a su novia al templo debe ir allí con el entendimiento de que su unión va a ser tan eterna como el amor que los ha traído al altar, y no hay duda de ello.

Antes de que puedan casarse en el templo, se requiere que hayan vivido una vida pura. Usted tiene la seguridad, señorita, de que el hombre con quien se va a casar, traerá a usted un cuerpo limpio. Cada uno de ustedes tiene la seguridad de que la fuente de la vida está incorrupta.

Para abreviar: los jóvenes y señoritas que desearían una vida más feliz, harían bien en prepararse para ser dignos de esa forma de matrimonio que Dios ha instituido — la unión de un hombre y una mujer dignos de que su matrimonio se lleve a cabo en el templo del Altísimo. Ahí al arrodillarse los fieles amantes a jurarse fidelidad, cada uno puede abrigar la seguridad de lo siguiente:

Primero, que su vida matrimonial principia en pureza. Los hijos que vengan a bendecir esa unión tienen la garantía de un nacimiento real en cuanto se refiere a heredar un cuerpo limpio.

Segundo, que sus puntos de vista religiosos son los mismos. La dificultad de crear a los niños propiamente se agrava cuando el padre y la madre tienen puntos de vista divergentes respecto a doctrina e iglesia a que pertenecen. (Otra gran ventaja de los seminarios, auxiliares, Escuela Dominical, etc., ustedes conocen a los de su propia Iglesia.)

Tercero, que sus juramentos son hechos con la idea de una unión eterna, que no va a ser rota por mezquinos malos entendimientos o dificultades.

Cuarto, que un convenio hecho en la presencia de Dios y sellado por el Santo Sacerdocio es más efectivo que ningún otro vínculo.

Quinto, que un matrimonio que así principia es tan eterno como el amor, el atributo más divino del alma humana.

Sexto, que la unidad familiar permanecerá sin disolverse por toda la eternidad.

Jóvenes y señoritas, Dios les bendiga para guardar sus almas sin mancha, que puedan ir a Dios en oración y pedirle que los guíe en escoger sus compañeros, y una vez escogidos, que ambos vivirán de tal manera que puedan entrar en la Casa del Señor, y si él estuviera presente y les preguntara de sus vidas, ustedes pudieran contestar con honradez: “Sí, somos limpios”.

Un matrimonio que principia sobre esa base les traerá la felicidad, el gozo más dulce que se conoce en esta vida o en la eternidad. Yo lo sé. Que Dios les bendiga y que puedan llevarlo a cabo y tener ese gozo, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

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