Un Fundamento Seguro

Un Fundamento Seguro

Por élder ElRay L. Christiansen
Asistente del Concilio de los Doce
Discurso dado en la Conferencia General, el 6 de abril de 1952.


Con ustedes mis hermanos, tengo gran gozo sosteniendo en un sentido real, a estos servidores valientes del Señor, a quienes antes se han mostrado dignos. Yo los sostengo en sus nuevas posiciones con todo mi corazón.

Después de tres días y dos noches de estar oyendo las palabras de los hermanos quienes nos han hablado; puedo asegurarles que en este momento el único consuelo que uno recibe es el saber que lo que él iba a decir ha sido expresado más cabalmente que lo podía haber dicho. Esa es mi situación.

Creo que nosotros hemos tenido una conferencia maravillosa en cuanto que ha habido sobriedad, calma, seriedad de propósitos, buena fe de sentimientos, y me parece que todos han querido aceptar lo que se nos ha dado. Las palabras de un verso de William Shakespeare me parecen expresar mis sentimientos y dicen así:

“Oh Dios, quien me da la vida; dame un alma llena de gratitud”.

Espero, mis hermanos, que podamos ir de aquí cada uno “con el alma llena de gratitud”, por las abundantes bendiciones que hemos recibido, por la verdad que tenemos, por la autoridad para obrar y oficiar en el nombre del Señor y por todo eso que nos trae salvación, no sólo a nosotros mismos, sino a todos nuestros seres queridos y a aquellos que escucharen el llamado.

Debemos estar agradecidos, y estoy seguro que todos lo estamos, por esos hombres inspirados quienes nos mandan y dirigen por tan espléndido camino.

Si yo pudiera condensar en unas cuantas palabras los temas generales de esta conferencia, esto sería algo así: “Abandonar las prácticas vanas del mundo y servir al Dios de la tierra, el cual es Jesucristo”.

Ahora, si nosotros nos retiramos de aquí escuchando este pensamiento, esta conferencia será de mucho provecho. Con frecuencia me he preguntado por qué los Santos de los Últimos Días tienen que ser amonestados, cuando podemos declarar en testimonio y en verdad que Dios vive, que Jesús es el Cristo, y que José Smith fue un instrumento en las manos de él para restaurar el evangelio. He pensado con frecuencia que esto debería ser suficiente para cualquiera de nosotros; y como el presidente Clark mencionó esta mañana que así fue con Adán, el saber lo que nuestro Padre desea debe ser suficiente. Y como fue con Adán, así resultó con Abrahán, que a él no le importó cuán grande fuera el sacrificio, él no se equivocó, ni vaciló, ni cuestionaba. Espero, mis hermanos, que podamos allegar esto a nuestra fe y nuestra determinación para servir al Señor.

Sin embargo, nosotros estamos expuestos a las filosofías y prácticas del mundo y a veces llegamos a intrigarnos con ciertas innovaciones con las cuales muchas gentes pueden hacernos pensar que son las cosas que hay que hacer.

Por eso necesitamos estar recordando cada momento, las cosas que realmente consideramos que deben estar en primer término, como es amar a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas y con todo nuestro poder.

Nosotros, los Santos de los Últimos Días, no tenemos que subscribirnos a esas prácticas que nos rodean, de las cuales hemos sido advertidos en esta conferencia. No es bueno que menospreciemos los ideales y normas religiosas, los cuales han sido puestos en alto para nosotros, para que los reconozcamos y sigamos. Nosotros no tenemos que ser “amadores de los deleites más que de Dios”, como Pablo ha dicho que muchos del mundo serían en estos últimos días. (2 Tim. 3:4). No tenemos que ser orgullosos, ni debemos serlo; ni debemos ser pagados de nosotros mismos creyéndonos infalibles y sin necesidad de la ayuda de Dios; pero como verdaderos Santos de los Últimos Días debemos caminar humildes ante el Señor y recordar que él es nuestro Dios.

Si nosotros pudiéramos ser humildes y sumisos, mansos y listos para escuchar a las súplicas, creceríamos en fuerza, en estatura y seríamos capaces de encontrarnos con las vicisitudes de la vida y resistirlas; esto nos ha sido recomendado que hiciéramos. Estas vicisitudes son: las maldades y los designios que existen y que existirán en los corazones de hombres conspiradores en los últimos días”. (D. y C. 89:4).

Un viejo refrán español dice: “El que pierde la fortuna pierde mucho, el que pierde amigos, pierde más; pero el que pierde la espiritualidad, pierde todo”.

Me parece que hay depresión en las cosas del espíritu. Estamos en una gran depresión mundial en cuanto a la espiritualidad. Así observo la conducta de muchos hombres y mujeres, y todo esto me convence más. Nosotros hemos dicho como dice en la sección 84, versículos 49 hasta 52 en las Doctrinas y Convenios: “Y todo el mundo yace en el pecado, y gime bajo la oscuridad y la servidumbre del pecado. Y por esto podréis saber que están bajo la servidumbre del pecado, porque no vienen a mí. Porque aquel que no viene a mí, está bajo la servidumbre del pecado. Y aquel que no recibe mi voz, no conoce mi voz, y no es mío”.

Esto fue dado a la Iglesia en 1832.  Dudo que el mundo haya progresado mucho desde entonces. Puede ser que nosotros hayamos aprendido algo más del diablo en ese tiempo transcurrido. No estoy muy seguro, pero así parece.

Ahora, mis hermanos, a través de estos días de confusión y duda, ¿Dónde podemos encontrar seguridad? ¿En qué principio podemos construir nuestra salvación?

Hablando de las condiciones que deben existir en estos días, una revelación por medio del profeta José Smith nos dio esta seguridad: “Porque aquellos que son sensatos y han recibido la verdad, y han tomado al Espíritu Santo por guía, y no han sido engañados… de cierto os digo, éstos no serán talados, ni echados al fuego, sino que aguantarán el día. Y les será dada la tierra por heredad; y se multiplicarán y se harán fuertes, y sus hijos crecerán sin pecado hasta salvarse. Porque el Señor estará en medio de ellos, y su gloria estará sobre ellos, y él será su rey y legislador. (Ibid. 45:57-59). Esto será para nosotros si cumplimos con los requisitos. Con frecuencia vuelvo a las Escrituras, cuando hablo a esa gente joven o por lo menos lo hacía en el templo, en un esfuerzo de persuadirles a seguir el curso que para ellos es bueno, dándoles esta admonición en las palabras de Helamán: “Así pues, hijos míos, no olvidéis nunca que es sobre la roca de nuestro Redentor, que es Cristo, el Hijo de Dios, sobre lo que debéis fundar vuestros cimientos, para que, cuando el demonio suelte la furia de sus vientos, sí, cuando lance sus flechas en el huracán, sí, cuando su granizada y violenta tempestad os caigan encima, que no tengan poder de arrastraros con su fuerza, y sumiros en el golfo de miseria y dolor sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es la fundación segura, de la cual no pueden caer los que construyan sobre ella”. (Helamán 5:12).

Recomiendo que los Santos de los Últimos Días y la juventud, particularmente, quienes están haciendo un esfuerzo para establecer sus hogares y sus vidas como esposos y esposas, padres y madres, construyan sobre esa base segura, así que si ustedes hacen esto, sus hogares no podrán caer ni ustedes serán engañados por las prácticas del mundo.

Sostengo a los hermanos y hermanas con todo mi corazón y sé que ésta es la obra del Señor, que ésta no es cualquier Iglesia, que es la Iglesia de Jesucristo. Y él es la cabeza que dirige a través de todos estos hombres, los cuales están en sus manos.

Yo testifico de esto y doy testimonio de mi fidelidad y apoyo en cuanto a esto, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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