“Pero no les hicimos caso”

“Pero no les hicimos caso”

por el élder L. Aldin Porter
dé la Presidencia de los Setenta
Liahona Abril 1999

 Aquellos a quienes el mundo admira y colma de fama y fortuna muchas veces no son guías confiables en nuestra búsqueda de la virtud.


Al observar a quién se le brinda fama, riqueza e influencia, podemos darnos cuenta: de cómo es ¿una comunidad, un país o una civilización. ¿Han pensado alguna vez en eso?

En octubre de 1949, el presidente David O. McKay expresó la esperanza de que alguna vez “la nobleza de carácter sería reconocida como algo más importante que el intelecto” (“The Sunday School Looks Fonvard”, Improvement Era. diciembre de 1949, pág. 863). Mi espe­ranza es que la nobleza de carácter sea también recono­cida como más grande aún que las aptitudes excepcionales relacionadas con el atletismo, la música y la actuación. Les ruego que no me interpreten mal. Es admirable tener una gran habilidad en cualquiera de esos u otros campos, pero yo les pregunto, ¿y qué de la virtud?

Tengan en cuenta esto por un momento: ¿A quién honran muy dentro de su alma? ¿A quién le han conce­dido un lugar en ese sagrado santuario que es su galería: particular de personas ilustres?

Tevye, en la obra musical Un violinista en él tejado, enseña un principio maravilloso, Como recordarán, él canta una canción intitulada “Si yo fuera un hombre rico”. En ella expresa que le gustaría ser rico para que la gente fuese a verlo con el fin de pedirle consejo. No tendría importancia si el consejo fuera bueno o malo, dice, porque cuando se es rico la gente piensa que uno lo sabe todo.

Lehi, al describir la visión que tuvo del árbol de la vida, dijo que las personas que estaban en “un edificio grande y espacioso… nos señalaban con dedo de escarnio a mí y también a los qué participaban del fruto, pero no les hicimos caso”.

Es importante comprender que no todo lo que los ricos y los famosos dicen, escriben, cantan o insinúan tiene que ser verdad. Samuel el Tamañita preguntó a los neritas; “…¿hasta cuándo os dejaréis llevar por guías insensatos y ciegos?” (Helamán 13:29). Me pregunto cuántos de nosotros permitimos de igual manera que nos dirijan esa clase de guías sólo porque poseen cierto talento o habilidad que valoramos.

El Señor no nos ha dejado deambular solos y sin ayuda por esta vida terrenal; nos ha bendecido con guías rectos: los profetas de nuestros días que nos comunican Su voluntad. Sin embargo, a medida que procuramos seguir el consejo de los profetas, muchas personas podrán burlarse de los esfuerzos que hagamos y tratar de hacernos pasar vergüenza.

Cómo reaccionar ante las burlas

Hay formas de protegernos de la oposición del mundo. Repasemos parte del sueño de Lehi y veamos si podemos detectar dónde nos dice el Señor cómo reaccionar:

“Y yo… dirigí la mirada alrededor, y vi del otro lado del río un edificio grande y espacioso que parecía erguirse en el aire, a gran altura de la tierra.

“Y estaba lleno de personas, tanto ancianas como jóvenes, hombres así como mujeres; y la ropa que vestían ;era excesivamente fina; y se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto..,

“Y grande era la multitud que entraba en aquel singular edificio. Y después de entrar en él nos señalaban con dedo de escarnio a mí y también a los que participaban del fruto; pero no les hicimos caso” (1 Nefi : 8:26-27, 33).

Allí, en un simple comen­tario, está la respuesta, sencilla, clara y sumamente eficaz:

“pero no les hicimos caso”. ¿Es difícil hacerlo? Sí. ¿Es fácil comprenderlo? ¡Sí!

Cuando el profeta José Smith contó la verdad acerca de la experiencia que había tenido en la Arboleda Sagrada, Lucifer utilizó el desdén como arma en contra de él. Les ruego que reflexionen sobre la respuesta que dio el joven profeta:

“…aunque se me odiaba y perseguía por decir que había visto una visión, no obstante, era cierto; y mientras me perseguían, y me vilipendiaban, y decían falsamente toda clase de mal en contra de mí por afirmarlo, yo pensaba en mi corazón: ¿Por qué me persiguen por decir la verdad? En realidad he visto una visión, y ¿quién soy yo para oponerme a Dios?, o ¿por qué piensa el mundo hacerme negar lo que realmente he visto? Porque había visto una visión; yo lo sabía, y sabía que Dios lo sabía; y no podía negarlo, ni osaría hacerlo; por lo menos, sabía que haciéndolo, ofendería a Dios y caería bajo condena­ción” (José Smith—Historia 1:25).

¿Causó dolor al profeta la reacción de los demás? Claro que sí. Pero ¿qué hizo él? No les hizo caso y siguió adelante con la obra de la Restauración.

Ahora, debo señalarles algo que saben muy bien. En el corazón de cada ser humano hay temor y Satanás se aprovecha de los sentimientos de ineptitud que tenemos.

Todos somos vulnerables, y, cuando se burlan de noso­tros, ío sentimos profundamente. Aun Moroni expresó su preocupación por este mal tan humano, cuando le dijo al Señor:

“También has hecho grandes y potentes nuestras pala­bras, al grado de que no las podemos escribir; así que, cuando escribimos, vemos nuestra debilidad, y trope­zamos por la manera de colocar nuestras palabras; y temo que los gentiles se burlen de nuestras palabras.

“Y cuando hube dicho esto, el Señor me habló, diciendo: Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad” (Eter 12:25-26).

Los inicuos se valen de la burla cuando no tienen otra arma, y muchas veces los justos se esconden, sobre todo si quien se burla puede correr rápido, saltar alto o cantar bien, o si ocupa un cargo preponderante o tiene mucho dinero, aun cuando esas habilidades nada tengan que ver con el asunto en cuestión.

La galería particular de personas ilustres

Si yo les preguntara: ¿cuáles son las recompensas del mantenerse firmes en su virtud, aun en contra de las burlas del mundo? Éstas son mucho más monumentales de lo que uno se pueda imaginar. Cuando Nefi, el hijo de Helamán y hermano de Lehi, se hallaba “muy desani­mado” (Helamán 10:3) con respecto a la edificación del reino, el Señor le dijo:

“Bienaventurado eres tú, Nefi, por las cosas que has hecho; porque he visto que has declarado infatigable­mente a este pueblo la palabra que te he dado. Y no les has tenido miedo, ni te has afanado por tu propia vida, antes bien, has procurado mi voluntad y el cumplimiento de mis mandamientos.

“Y porque has hecho esto tan infatigablemente, he aquí, te bendeciré para siempre, y te haré poderoso en palabra y en hecho, en fe y en obras; sí, al grado de que todas las cosas te serán hechas según tu palabra, porque tú no pedirás lo que sea contrario a mi voluntad” (Helamán 10:4-5; cursiva agregada).

Ninguna bendición que recibió Nefi se le negará a quien en esta dispensación demuestre la misma devoción y la misma dedicación al Señor y Su obra.

A lo que quería llegar es a esto: Permitan que los profetas de Dios, en especial los profetas de nuestros días, formen parte de su galería particular de personas ilustres. Presten atención a todo lo que hablen los profetas, sea cual fuere el tema que traten. Escuchen con los oídos, con la mente y con el corazón. No analicen la prepara­ción terrenal que puedan tener al respecto, ya que ésa no es la fuente de su virtud. Lo que los califica para hablar de cualquier asunto es el poder de Dios y el llamamiento que El les ha hecho. La voz unida de la Primera Presidencia y de los Doce nunca nos desviará.

¿Qué es lo que nos impide absorber hasta lo más profundo de nuestro ser las palabras de los profetas? ¿Es el temor de lo que los demás puedan pensar de nosotros? Después de todo, los profetas no están siempre de acuerdo con las normas socialmente aceptables del momento.

Un día, hace ya muchos años, me encontraba luchando con el problema de tratar de gozar de gran popularidad entre todos. Pero en medio de mi angustia, me asaltó un pensamiento: A la mayoría de las personas de este mundo no les importa lo que te pase. Dentro de unos meses, semanas, días o quizás horas, sólo tú vas a recordar esta triste experiencia. Además, las personas por las que tú sientes respeto tampoco son muy populares entre quienes te señalan con desdén.

Ese episodio cambió fundamentalmente mi modo de pensar. Me di cuenta de que simplemente no debemos tener miedo de defender la virtud, aun cuando lo hagamos en silencio. Es necesario que comprendamos que en realidad hay dos fuerzas que luchan por la huma­nidad y que no podemos estar en los dos frentes al mismo tiempo. Es imposible gozar de popularidad con todo el mundo.

Los insto a defender la virtud y a seguir a los profetas a medida que ellos nos guían en el plan de felicidad de Dios. Mientras tanto, esperen recibir el desdén del mundo y decidan de antemano cómo van a reaccionar. Cuídense de aquellos a quienes el mundo admira y colma de fama y fortuna; muchas veces no son guías confiables en la búsqueda de la virtud.

Es necesario que cada uno de nosotros obtenga un testimonio personal de que Dios el Padre es real y de que existe un Salvador viviente. Si les toma un poco de tiempo lograrlo, tengan paciencia, continúen estudiando las Escrituras, oren acerca del deseo que tengan de adquirir conocimiento y sean obedientes a los manda­mientos de Dios. Ese testimonio llegará a su espíritu en el momento del Señor y por medio del poder del Espíritu; y cuando lo reciban, será con certeza, confianza y paz.

¿Han pasado ya los días de sacrificio?

No estamos desamparados en nuestro esfuerzo por establecer el gran plan del Dios Eterno en nuestra vida. Permítanme citar una declaración que hizo el presidente Brigham Young:

“Ustedes, los que no han pasado por las pruebas, las persecuciones y las expulsiones con esta gente desde el principio, sino que sólo han leído al respecto o se lo han oído contar a alguien, podrían pensar que fue espantoso todo lo que los santos tuvieron que soportar y pregun­tarse cómo pudieron sobrevivir a todo eso. Tan sólo el pensar en lo sucedido hace que el corazón se les llene de tristeza, se sientan abrumados, tiemblen de espanto y tengan ganas de exclamar: ‘Yo no lo hubiera podido soportar’. Yo sí estuve en medio de las persecuciones más crueles y en toda la vida jamás me sentí mejor que en esos momentos; nunca he sentido con más abundancia la paz y el poder del Todopoderoso como en los momentos más difíciles de nuestras pruebas, las cuales me pare­cieron insignificantes” (Deseret News Weekly, 24 de agosto de 1854, pág. 83).

¿Han pasado ya los días de sacrificio? Por cierto que no. Toda madre que se preocupa por criar bien a sus pequeños sabe en cierta medida lo que es el sacrificio. Todo padre que lucha para mantener y enseñar a sus hijos conoce también lo que es el sacrificio. Todo aquel que presta servicio diligente en la Iglesia o presta servicio a otras personas sabe lo que es el sacrificio. Con frecuencia el sacrificio también comprende el experi­mentar la oposición del mundo.

Doce días después del martirio de José y de Hyrum Smith, Willard Richards y John Taylor, que habían estado en la cárcel de Carthage con ellos durante el asalto, escri­bieron una carta al presidente de la Misión Británica. Las palabras de la misiva se aplican también a nosotros:

“Se nos ha permitido vivir en esta época. Es el amanecer del día trascendental en que nuestro Padre Celestial está a punto de marcar el comienzo de ese período glorioso en que los tiempos y las estaciones cambiarán y la tierra será renovada, cuando, después de los rumores y las conmociones, los tumultos, los conflictos, la confusión, el derrame de sangre y la matanza, se forjará la espada en rejas de arado y la paz y la verdad prevalecerán triunfalmente sobre todos los estrados de Jehová. El amanecer del día de esos aconte­cimientos ha comenzado, aun cuando para el parecer de la humanidad un manto de nubes haya cubierto el hori­zonte” (History of the Church, tomo 7:172).

En esta época en que se atacan con frecuencia nues­tros valores, es esencial que pongamos centinelas a la entrada de nuestra galería particular de personas ilus­tres. No permitamos que nadie que no sea digno de nuestro mayor respeto y emulación sea honrado allí. Les sugiero que los lugares de honor más elevados se los den a nuestro Padre Celestial; a Su Hijo, nuestro Salvador y Redentor; y después a los profetas, particu­larmente al profeta José Smith y a los profetas de nues­tros días.

Aprendan el gran plan de felicidad que ha concebido nuestro Padre Celestial, y vívanlo. Testifiquen de él, sin temor al desprecio del mundo. Si lo hacen, tendrán “con más abundancia la paz y el poder del Todopoderoso”. □

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Una respuesta a “Pero no les hicimos caso”

  1. TARCILA RENEE QUISPE RIVAS dijo:

    Gracias padre celestial porque siempre tu voluntad es perfecto para tus hijos….gracias por la guia de tu espíritu santo..

    Me gusta

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