Consolaos

Conferencia General Abril 1967

Consolaos

por Marion D. Hanks
del Primer Concilio de los Setenta


Hace algunos días cuando estaba meditando sobre esta responsabilidad, recibí una carta en la cual un padre angustiado me decía que su hijo había tomado un mal camino y que estaba envuelto en un serio problema. Aproximadamente al mismo tiempo una llamada telefónica trajo la solicitud de ayuda de una madre que se encontraba bajo circunstancias similares. Esa semana un artículo que apareció en el periódico de la Iglesia citaba la carta de una madre dolorida cuyo hijo, que había tenido un brillante futuro delante de sí, había sido destruido por el uso de drogas.

Cada uno de estos casos se relaciona con padres que sinceramente trataron de cumplir con su deber, habían vivido vidas honradas, devotas, habían criado buenas familias y habían amado y alabado al hijo que nunca había cometido un error. Sin embargo, el hijo había tomado el camino errado.

Además del dolor causado por el hijo que ha tomado el mal camino, en tales casos por lo general se agrega la carga de la crítica de parte de los vecinos, y la auto condenación al leerse las escrituras o cuando se citan en clases, reuniones o discusiones.

¿Qué puede decir la Iglesia al padre sincero, que, como otros padres, ha cometido errores, pero que se ha esforzado sinceramente, sólo para tener un hijo que no hace caso de las enseñanzas y el ejemplo, y elige el otro camino?

Posiblemente ningún otro tema es más discutido en las instrucciones, admoniciones y programas de la Iglesia, que la responsabilidad de los padres hacia los hijos. Todos los que están asociados con la juventud y con familias conocen la importancia de este énfasis y nadie puede dudar de la validez del esfuerzo.

Fuera de la Iglesia, personas sinceras y de buena voluntad sienten de la misma manera y buscan los mismos objetivos.

Hay pocas escrituras tan claras o severas como las dadas en relación a la responsabilidad de padres y adultos hacia sus hijos y generación más joven. Si fuéramos a seleccionar una escritura a la que se refieran oradores y maestros más frecuentemente que a ninguna otra, tendríamos que elegir la sección 68 de las Doctrinas y Convenios, en donde está registrada una instrucción del Señor a sus hijos que es muy conocida. Algunos de los hermanos recibieron consejos y se incluyeron instrucciones de aplicación general. Entre las admoniciones más conocidas del Señor se encuentra este versículo:

“Y además, si hubiere en Sión, o en cualquiera de sus estacas organizadas, padres que tuvieran hijos, y no les enseñaren a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, cuando éstos tuvieren ocho años de edad, el pecado recaerá sobre las cabezas de los padres.” (D. y C. 68:25)

La paternidad, enseña la revelación, involucra la responsabilidad de “enseñar a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor”. (Versículo 28)

Mi propósito este día es expresar mi profundo aprecio por la validez y aplicabilidad de estas instrucciones y decir que creo en ellas y las acepto como las palabras del Señor. Pero hay otro lado de la historia que merece atención y consideración compasiva.

Todos sabemos que el hogar y la influencia de los padres y adultos son de gran importancia persuasiva en la vida de los niños. Al comentar sobre la relación del adulto hacia el niño desde este pulpito hace varios años, señalé que entre otras cosas, las siguientes eran verídicas:

  1. Los niños están inclinados a ser como sus padres y los hogares de donde provienen.
  2. También están influidos por sus amigos que vienen de otros hogares, y por lo tanto por la naturaleza de esos hogares y los padres que viven en ellos.
  3. Otros adultos y el ambiente tienen una gran influencia sobre los jóvenes.
  4. Los otros jóvenes pronto descubren la verdad sobre sus padres u otros adultos, cuya manera de vivir no está de acuerdo con las convicciones que expresan.

Es cierto que hay un buen número de ejemplos de jóvenes que se elevan sobre el nivel de sus hogares y ambiente familiar, la instrucción y el ejemplo de la generación adulta. De alguna manera encuentran el camino y fijándose metas altas, manifiestan la determinación, la valentía y la capacidad de alcanzarlas. También hay excepciones de la otra cara de la moneda, y es sobre esto que me gustaría hablar en este momento.

¿Por qué es que padres anhelantes y sinceros, hacen todo lo posible para criar su familia con integridad y devoción sólo para ver que uno (o varios) de sus hijos, eligen las sendas que los guían a destinos que destrozan los corazones de los padres? Como otros padres, éstos, conscientes de sus vulnerabilidades y limitaciones, han tratado sinceramente de criar a sus hijos en las enseñanzas y admoniciones del Señor. Al escuchar los sermones y testimonios, y al observar la buena fortuna de los vecinos cuyos hijos siguen el camino establecido, sus corazones se entristecen y sus espíritus flaquean. Están enfermos de escuchar preguntas que no pueden contestar, de la crítica de sí mismos y ayudados en su autocrítica por el juicio indiscreto de otros.

¿Qué se debe decir a esos padres entristecidos? ¿Hay algún consuelo para ellos en las escrituras? ¿Qué han dicho los profetas al respecto?

Ezequiel fue profeta durante el cautiverio de Israel. Predicó a una gente que se consolaba a sí misma de los problemas que los acosaba, culpando a las generaciones pasadas por sus pecados. Muchas veces citaban la profecía: “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera.” (Ezequiel 18:2)

Hay, por supuesto, una cierta verdad en este proverbio, como sabe todo padre u observador de las experiencias humanas. Nuestros hijos sufren, en muchas maneras, por causa de nuestra rebeldía o abandono, en la misma forma que prosperan con nuestras buenas instrucciones, amor y buen ejemplo.

Ezequiel amonestó a Israel en las palabras que están escritas en el capítulo 18 de Ezequiel: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

“¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?

“Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel.” (Ezequiel 18:1-3)

Al leer el registro, Ezequiel no estaba disminuyendo la penosa imposición de pesar en la vida de un hijo que ha sido privado de la verdad, o mal guiado por la falta de fe de un padre; estaba recalcando a Israel la gran importancia de la responsabilidad individual ante Dios y ante su imparcialidad, en cuanto a cada hombre de acuerdo con su propio carácter. Escuchad las palabras que habló el Señor por medio del profeta, inmediatamente después de su instrucción de que no debían usar (o mal usar) el refrán de Israel:

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.” (versículo 4)

Repitiendo las últimas palabras “el alma que pecare, esa morirá” el Señor siguió diciendo:

“El hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.” (versículo 22)

Ezequiel entonces los urgió a que se arrepintieran y obedecieran, señalando que el pecador arrepentido puede evitar la consecuencia eterna de sus hechos por medio del perdón de Dios. El hombre inicuo que se arrepiente y sigue una vida justa, vivirá. El hombre justo que se vuelve inicuo, morirá. Cada hombre debe presentarse delante de Dios y responder por sus propias elecciones y por su propio carácter.

Lo que Ezequiel le dijo al antiguo Israel, nosotros debemos entenderlo y aplicarlo al nuevo Israel. En donde los hogares y corazones están separados por la elección resentida y rebelde de un hijo que es responsable, y que ha tomado sus propias decisiones en oposición con los propósitos de los padres, Dios comprende y no condena a los padres honestos.

Jeremías citó y refutó el mismo proverbio:

“En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera.

“Sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera.” (Jeremías 31:29-30.)

Hay cierto solaz para el corazón dolorido al leer sobre la primera familia en la Biblia. En la búsqueda sincera para vivir obedientemente en respuesta a su conocimiento del bien y el mal, los padres fieles trataron de enseñar a sus hijos. Uno de los hijos comprendió y ofreció al Señor un sacrificio aceptable. El otro hijo no entendió o no quiso entender; hacia él y su ofrenda, Dios no tenía respeto. A tal punto llegó su mala interpretación que se levantó contra su hermano y lo mató.

¿Y en cuanto a la primera familia en el Libro de Mormón? Aunque habían sido criados por la misma madre y el mismo padre, en la misma casa, algunos de los hermanos amaban a Dios y seguían el consejo de sus padres; eran leales a su herencia y posibilidades; otros de los hijos tomaron el camino opuesto; eran porfiados y rebeldes y no respondían a las instrucciones, ejemplo y ruegos de sus padres. Una y otra vez siguieron su propia voluntad errada, para dolor de sus padres y para su propia desdicha.

Si hay necesidad de mayor evidencia de la vasta naturaleza del problema y la profunda compasión del Padre por aquellos que sufren por causa de él, consideremos otra familia en la que un buen hijo aceptó humildemente el consejo y el plan de su padre y lo siguió de acuerdo con la voluntad paterna; mientras el otro hijo, también una autoridad en el reino de su padre, siguió su propio camino equivocado, fue arrogante y se rebeló en contra del padre y sus instrucciones, y, no satisfecho con todo eso, indujo a un tercio de sus hermanos y hermanas para que se rebelaran también y lo siguiera a él a su propio dolor.

Cualquiera sea la aplicación que se haga de las instrucciones de Ezequiel, sin duda hay esta invitación para aquellos cuyas casas están en paz y se regocijan por causa de su posteridad: sed humildes. Sed compasivos y considerados, y orad para el bien de aquellos que sufren la desdicha de un hijo descarriado. Agradeced a Dios, observad y orad, sed humildes.

A aquellos que sufren el pesar de un hijo que no responde a sus enseñanzas y ejemplo, consolaos. Dios comprende. Él sabe lo que significa tener un hijo rebelde e hijos descarriados. Hay muchos que comprenden.

Y dejadme decir nuevamente que no hay intención de menoscabar la importancia de que debemos hacer todo lo que podamos para guiar, dirigir e inspirar a nuestros hijos a ser obedientes. Desgraciadamente podemos influir sobre la vida de nuestros hijos por causa de nuestros fracasos, pero sin embargo debemos recordar el principio del libre albedrío y que cada uno debe responder por sus propias elecciones.

Dios quiere que aceptemos la responsabilidad por nuestras decisiones individuales; él trata a cada hombre de acuerdo con su propio carácter. Nos ha enseñado, por medio de Ezequiel no sólo que cada hombre debe responder por sus decisiones, sino también que desea que volvamos a Él y vivamos, pues no se complace en el sufrimiento de sus hijos por causa del pecado.

Hace poco leí en una revista lo siguiente: “En los últimos seis días de la Pascua, los judíos tienen una oración especial, el half Hallel. Según la tradición, cuando los egipcios que perseguían a los judíos se estaban ahogando en el Mar Rojo, el Señor no permitió que sus ángeles cantaran alabanzas diciéndoles: ‘¿Cómo podéis cantar himnos cuando mis criaturas se están ahogando en el mar?'”

Ruego que el Señor nos ayude a ser humildes si somos bendecidos con hijos que siguen el camino que se les señala. Que el Señor nos ayude a ser compasivos con otros cuya experiencia no ha sido tan favorable. Que Dios ayude a los buenos padres que sinceramente se han esforzado, pero que tienen penas, para saber que los ama y para que puedan encontrar consuelo en su comprensivo corazón. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s