Porqué los mormones edifican templos

Porqué los mormones edifican templos

por el élder Mark E. Petersen
del Consejo de los Doce
Liahona Marzo 1968


Al visitar los templos construidos por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o al verlos en fotografía ¿ha surgido alguna vez la pregunta del porqué se construyen estos edificios? Estos templos son distintos de cualesquier otros edificios del mundo. Por supuesto otros pueblos han levantado hermosas estructuras, y algunas han sido llamadas templos, pero ninguna con el propósito ni funciones de los templos mormones.

¿Por qué construyen los Santos de los Últimos Días estos templos? ¿Para qué se usan? ¿Son asambleas para adorar o para fines ritualistas? ¿Precisamente qué se hace en ellos? ¿Por qué han invertido los Santos de los Últimos Días su tiempo, esfuerzo y dinero en estos proyectos?

Por más de un siglo han estado edificando templos. Comenzó con el profeta José Smith, que edificó dos y proyectó dos más, todos en la parte centro-occidental de los Estados Unidos.

Al trasladarse al oeste, los Santos de los Últimos Días continuaron esta obra y a los pocos años de su llegada completaron cuatro templos en Utah. Desde esa época han construido otros en Idaho, Arizona, Los Angeles, Canadá, Hawái, Suiza, Inglaterra, Nueva Zelandia y recientemente Oakland.

Ha sido una inversión que ha costado muchos millones de dólares. Los miembros de la Iglesia han construido en buenos tiempos y en malos, en medio de su pobreza y aflicción, siempre haciéndolo con el espíritu de adoración y agradecimiento, porque estaban obedeciendo la voluntad de Dios. Los Santos de los Últimos Días declaran que por conducto del profeta José Smith se restauró la plenitud del evangelio del Señor Jesucristo en la tierra. Esta “plenitud” significa totalidad. Todas las cosas relacionadas con el evangelio en la antigüedad se han dado a los hombres en tiempos modernos por medio de esta restauración.

En los tiempos bíblicos se efectuaban ordenanzas sagradas en edificios santos para la salvación espiritual de Israel antiguo. Los edificios que se usaban con este fin no eran sinagogas, ni ningún otro sitio ordinario de adoración. Al contrario, se erigían especialmente para este propósito particular. Mientras el pueblo anduvo errante en el desierto, usaron un tabernáculo portátil, llamado en las Escrituras “el templo de Jehová”, y fue allí, por ejemplo, donde la madre de Samuel fue a orar. (1 Samuel 1:9) Cuando cesaron sus viajes y lograron un gobierno estable, los israelitas edificaron un templo glorioso en Jerusalén para reemplazar el antiguo.

Siguiendo el modelo de los días bíblicos, el Señor nuevamente en esta época ha dispuesto estas ordenanzas para la salvación de todos los que quieran creer, ha instruido que se edifiquen templos donde se puedan efectuar estos ritos sagrados. En la antigüedad, a fin de obtener las bendiciones salvadoras del Señor, era necesario que la persona hiciera dos cosas:

(1) Llevar la vida recta que se prescribía en los mandamientos del Señor,

(2) Participar en las ordenanzas salvadoras administradas por los siervos verdaderamente autorizados del Señor. Aún cuando algunas de estas ordenanzas se podrían efectuar en el sitio en que el pueblo se hallara, otras eran de una naturaleza tan sagrada, que el Señor exigía que se realizaran en un edificio especialmente construido, tal como el tabernáculo o templo, que se usó primero, o el gran templo que lo reemplazó. Allí el sacerdocio oficiaba en los ritos solemnes. No todos podían entrar, sino únicamente aquellos que pudieran mostrar que eran dignos. Los que ministraban desautorizadamente padecían la ira de Dios. Nunca se dieron a conocer al mundo en general las santas ordenanzas, por ser demasiado sagradas; pero los escogidos y fieles tomaban parte con toda solemnidad.

Con la restauración del evangelio en los postreros días, también se restauraron por conducto del profeta José Smith la construcción de templos y sus ordenanzas. El Profeta enseñó a los Santos de los Últimos Días que podrían lograr la gloria celestial en el mundo eterno, pero solamente “obedeciendo la ley celestial y el resto de la ley también”.

Hablando al pueblo el 8 de abril de 1844, el profeta José dijo que las ordenanzas del templo cerno él las estaba comunicando, eran tan importantes que “sin ellas no podemos obtener tronos celestiales. Pero debe prepararse un lugar santo para tal propósito”. (Enseñanzas del Profeta José Smith, página 450)

De manera que sin templos no se podían dar las bendiciones, y la respuesta consiguiente fue que los miembros construyeran templos. Eso fue precisamente lo que el Señor les mandó.

Unidamente empezaron a trabajar. El primer templo se edificó en Kirtland, Ohio, y aunque se dedicó al Señor en 1836, todavía existe, pero ya no está en sus manos.

El Templo de Kirtland fue solamente preparatorio, en el cual se revelaron muchos de los ritos sagrados. En vista de que era solamente preparatorio y que la mayor parte de la obra del templo se habría de reservar para revelarse en otros templos, el de Kirtland no fue construido según el modelo que se empleó en edificios posteriores. Por ejemplo, no tiene pila bautismal, salas para casamientos y otras ordenanzas importantes. Se edificó más bien según el modelo de una asamblea para adorar.

La persecución obligó a los miembros a salir de Kirtland y tuvieron que abandonar su templo. Se establecieron en el Condado de Jackson, Misuri, y allí dedicaron el terreno para un templo, pero la Persecución evitó que lo construyeran. Fundaron bogares en Far West, Misuri, no lejos de Independence, y colocaron las piedras angulares en ese sitio para un tercer templo, pero nuevamente la persecución se lo impidió.

Se trasladaron a Nauvoo, Illinois, todavía bajo la dirección del profeta José Smith, y allí colocaron las piedras angulares de su cuarto templo. En esta ocasión pudieron completarlo a pesar de los ataques de sus enemigos, quienes martirizaron al Profeta y a su hermano Hyrum el Patriarca.

Cruzaron los llanos hasta Utah, donde los Santos de los Últimos Días reanudaron la construcción de templos con el fervor de siempre. Deseaban la salvación en la presencia de Dios y sabiendo que las ordenanzas del templo eran esenciales para obtener esa salvación, no escatimaron ningún esfuerzo en la construcción de edificios en donde pudieran obtener estas ordenanzas.

Pero, ¿en qué manera puede ser el templo tan esencial para la salvación de la persona? ¿Lo fue así en tiempos antiguos? ¿Qué papel desempeñó el templo de Jerusalén en la vida religiosa de Israel antiguo?

Es un hecho bien establecido que el templo de Jerusalén era más que una sinagoga. También se admite que era un lugar sagrado en el cual solamente el sacerdocio podía ministrar. Es bien sabido que su “Lugar Santísimo” estaba reservado para los más fieles. Igualmente es un hecho que las ordenanzas sagradas no se relacionaban de manera alguna con la adoración acostumbrada en las sinagogas, y además que no se hacían ante los ojos de los curiosos ni de los que no eran adeptos.

Como recordaremos, mancillaron el templo de Jerusalén las personas indignas que se congregaban allí para convertirlo en mercado en los días de Jesús. A tal grado se indignó el Salvador, que los echó del templo con estas palabras: “Mi casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” (Mateo 21:13)

Los templos construidos en estos postreros días también son igualmente sagrados, y por consiguiente, también se reservan sólo para los más fieles miembros de la Iglesia.

Pero, ¿qué ocurre dentro del templo? Es natural que haya curiosidad acerca de lo que no se hace a la vista del público.

Siempre que se han edificado templos, han quedado abiertos a la inspección del público, y miles de personas los han visitado y admirado su belleza. Después que se dedican los edificios y se inician en ellos las actividades consiguientes a la obra del templo, no se permiten más interrupciones para acomodar a los grupos de turistas.

Cuando los visitantes han pasado de una sala a la otra, antes de la dedicación de algún templo, se les han dado explicaciones acerca de la obra que en ellos se hace.

Uno de los centros de mayor interés siempre ha sido la pila bautismal. En cada uno de los templos esta pila descansa sobre los lomos de doce bueyes de piedra o de bronce, concordando en esto, así como en otros detalles, con el modelo dado por el profeta José Smith cuando instituyó la edificación de templos en sus días bajo la dirección del Señor.

¿Por qué existe una pila bautismal en el templo? ¿No pueden bautizarse las personas en cualquier sitio?

Los que viven sí, pero la pila bautismal del templo es para los bautismos vicarios allí efectuados en bien de los muertos.

¿Bautismo por los muertos? ¿Es doctrina cristiana?

En la epístola de los Hebreos leemos acerca de los padres de los fieles, después de lo cual su autor declara “que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:40), indicando que hay una relación bien establecida entre la salvación de los vivos y la de los muertos.

Muchas personas creen en alguna forma de la obra vicaria por los muertos y les encienden velas o rezan por ellos.

La expiación del propio Cristo fue una obra vicaria. Murió por nosotros a fin de que pudiésemos vivir; sus sufrimientos expiaron nuestros pecados; su sacrificio fue vicario. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

“Herido fue por nuestras rebeliones. . . por su llaga fuimos nosotros curados.” (Véase Isaías 53:3- 12) Dio su vida en rescate por nosotros (Mateo 20: 28), y como ofrenda vicaria, su sangre nos limpia a todos del pecado. (1 Juan 1:5-7) Fue inmolado y nos ha redimido. (Apocalipsis 5:9, 10)

La obra vicaria por los muertos es una doctrina bíblica y cristiana. Si los hombres han de participar en ella, deben determinar qué clase de servicio es aceptable a Dios. Claro está que no todas las formas ideadas por los hombres podrían ser aprobadas. Para obtener la respuesta debemos preguntarnos qué se requiere para salvar a una persona en vida, y entonces inquirir si el Señor ha establecido algo distinto para salvar a los muertos.

¿Qué dice la Biblia que se puede hacer para salvar a los muertos? ¿Encenderles velas? ¿Rezar por ellos? ¿Llevarles alimentos al sepulcro como se hace en el oriente, o equipaje para un viaje o útiles de guerra?

Los que mueren sin habérseles enseñado el evangelio aún se pueden salvar en la presencia de Dios. Las Escrituras lo aclaran. Sin embargo, ¿en qué manera se hace? Esta es la pregunta.

Jesús predicó a los muertos, el apóstol Pedro le enseñó en sus días, diciendo que después de la muerte del Salvador, y mientras su cuerpo yacía en la tumba, el Señor fue como espíritu al dominio de los muertos y allí predicó a los espíritus de los que previamente habían vivido sobre la tierra. (1 Pedro 3:18-20)

Entonces nos explica el motivo de esta predicación: “Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, a fin de que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1 Pedro 4:6) De manera que estos notables pasajes nos dan a saber:

(1) Que Jesús era un Personaje de espíritu, así como de carne, igual que todos nosotros.
(2) Que cuando Jesús fue al mundo de los muertos siguió siendo El mismo, una persona, el humilde “Carpintero de Nazaret”, mas no obstante, un espíritu separado de su cuerpo de carne y huesos que había sido crucificado.
(3) Que los muertos, aun los que murieron en el diluvio, también eran personas inteligentes, individuos aún, aunque espíritus como Jesús lo era.
(4) Que estos muertos se hallaban a tal grado en uso de su razón y facultades, que podían escuchar el evangelio como los hombres en la carne, aunque vivían en un mundo de espíritus; y que estaban vivos y capacitados para usar su discreción, y para aceptar o para rechazar las enseñanzas de Cristo.
(5) Que Jesús les enseñó el evangelio, su oportunidad para lograr la salvación.
(6) Que habiendo escuchado el evangelio podrían aceptarlo o rechazarlo, y por ende, ser “juzgados en carne según los hombres”. En caso de aceptarlo, entonces podrían vivir “en espíritu según Dios”, tal como las Escrituras lo indican.

Ahora bien, ¿qué es lo que el evangelio requiere para la salvación de las personas vivientes?

Deben vivir “según Dios” mientras están en la carne, aceptando tanto las leyes como las ordenanzas de la salvación, incluso, por ejemplo, ordenanzas tales como el bautismo en el agua.

¿Es tan necesario el bautismo?

Jesús así lo consideró, y El mismo se bautizó, “porque así conviene que cumplamos con toda justicia”. (Mateo 3:15) ¿Podrá el género humano hacer menos que El?

Los discípulos de Jesús bautizaron más personas que el propio Juan el Bautista (Juan 4:1, 2); y fue Jesús el que enseñó “El que creyere y fuera bautizado, será salvo” (Marcos 16:6), estableciendo que el bautismo es tan esencial para la salvación como la fe misma. ¿Podemos, entonces, hacer caso omiso del bautismo?

Si el bautismo es tan esencial para la salvación de los vivos, ¿será menos esencial para la de los muertos? ¿Podemos razonablemente suponer que algún otro rito podría reemplazar al bautismo, por ejemplo, encender velas o rezar?

Mas ¿en qué manera pueden recibir los muertos el bautismo? La historia nos enseña que los primeros cristianos bautizaban a personas vivas en bien de sus muertos. Era una práctica que solían hacer en los días del apóstol Pablo. Por cierto, él se valió de esta antigua práctica cristiana presentándola como evidencia de la resurrección de los muertos. A los que dudaban de la resurrección, les dijo: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos si de ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos? (1 Corintios 15:29)

Esta, pues, es la verdadera doctrina cristiana de la salvación para los muertos. La misma ordenanza que se usaba para los vivos también se aplica a los muertos. No se introdujo ninguna novedad. Dios no requería una cosa para los muertos y algo diferente para los vivos. Los trató igual a todos, y como consecuencia podía juzgar a los muertos según los hombres en la carne—como explicó el apóstol Pedro —aun mientras vivían en el mundo de los espíritus.

De manera que, habiéndose predicado el evangelio a los muertos, también se dispusieron sus ordenanzas en bien de ellos.

En vista de que el bautismo es una ordenanza que requiere a todos la inmersión en el agua, sean vivos o muertos, y ya que no había manera de bautizar a los muertos personalmente, propiamente se bautizaba a una persona viva por parte y a favor de un muerto.

Como parte de la restauración del evangelio en estos últimos días, el Señor reveló esta doctrina y práctica al profeta José Smith y le mandó edificar templos en los cuales pudieran efectuarse estos ritos.

En esa época los miembros estaban viviendo en Nauvoo, Illinois, y obedeciendo los mandamientos del Señor hicieron los preparativos para edificar su templo en esa ciudad. Dando preferencia a la terminación de la planta baja del edificio, construyeron allí su primera pila. Se tenía proyectado edificar una hermosa pila de madera, en la cual se llevaran a efecto estas sagradas ordenanzas por los muertos, bajo la dirección personal del profeta José Smith.

Así se instituyó una de las más importantes de todas las prácticas cristianas, una que se había pasado por alto y olvidado desde los días de los apóstoles Pedro y Pablo y sin embargo, una muy esencial y fundamental en el plan de Dios para salvar a sus hijos.

Sin esta disposición, ¿cómo podría salvarlos? Para El todos eran iguales, dignos del mismo tratamiento, y de acuerdo con la equidad, todos tenían que cumplir las mismas condiciones para salvarse en su presencia. El propio Salvador declaró que Él era Dios así de los vivos como de los muertos. “Pues para él todos viven” (Lucas 20:28), indicando que El considera igual a todos.

De modo que el bautismo de los vivos en bien de los muertos se ha convertido en una práctica normal en tiempos modernos, tal como se hacía antiguamente.

Sin embargo, hay otras cosas de mucho interés en nuestros templos, además de la obra bautismal por los muertos. Uno de los sitios de mayor actividad es el que se conoce como el cuarto o sala de sellar. Usualmente en cada templo hay cinco o seis de estas salas para acomodar a las muchas personas que los usan. En un respecto representan lo que algunos consideran el principio más básico del Evangelio de Cristo.

Para entender esta doctrina un poco mejor, indicaremos ante todo que la vida familiar es de la mayor importancia a los Santos de los Últimos Días. Para ellos la familia tiene significado. Las parejas se casan por la eternidad, no solamente hasta que la muerte pone punto final a su unión.

Los niños que nacen a esos matrimonios forman parte de un círculo familiar que perdurará a través de la muerte y la resurrección hasta la vida eterna. En calidad de personas felices y amorosas pueden llevar consigo a la inmortalidad todas las virtudes y bendiciones de un buen hogar, ya que la vida familiar se convierte en parte de nuestra existencia celestial.

Es doctrina de los Santos de los Últimos Días que el Señor nunca tuvo por objeto que el casamiento fuera un arreglo provisional sólo para la vida terrenal. El matrimonio quedó instituido antes que el hombre fuera un ser mortal y continuará más allá de la tumba para las personas dignas, si para tal fin es solemnizado mediante el poder de Dios.

El primer matrimonio fue el de Adán y Eva. Se verificó mientras vivían en el Jardín de Edén, cuando aún no existía el estado mortal ni la muerte. Además, se efectuó mediante el poder eterno de Dios, al cual la muerte no puede fijar límites.

Más adelante, cuando Adán y Eva desobedecieron al Señor, su transgresión produjo un cambio en su condición física que los sujetó a la muerte. En otras palabras, se tornaron en seres mortales. Sin embargo, en vista de que su matrimonio se había realizado antes que entrara la muerte, y lo solemnizó el poder de Dios, esta unión también sobrevivió la muerte, porque era eterna.

¿Pueden otras personas lograr un matrimonio eterno, tal como Adán y Eva? Pueden lograrlo, si la ceremonia se lleva a cabo mediante el poder eterno de Dios. Por supuesto, los matrimonios “hasta que la muerte os separe” no son otra cosa más que arreglos provisionales, y terminan con la muerte. Se reconocerá, desde luego, la “autoridad de aquellos que efectúan la ceremonia del casamiento hasta que la muerte separa a la pareja, sólo hasta allí llega, es decir, no tienen el poder para unir en matrimonio por la eternidad. Sin embargo, existe entre los hombres un poder que puede unir a las parejas por la eternidad. ¿Recordamos que antes de su ascensión Jesús dio a los apóstoles el poder para que lo que ligaran en la tierra también fuera ligado y sellado en los cielos? (Véase Mateo 16:19; 18:18: 2 Corintios 1:22; Efesios 1:13; 4:30)

¿Ejercieron los apóstoles estos poderes alguna vez? Todo cuanto hacían mediante la autoridad de su sacerdocio tenía significado eterno. Aun cuando un hombre era bautizado, por ejemplo, recibía una bendición eterna. ¿Habrá quien diga que el bautismo tiene que ver solamente con el estado terrenal? ¿No era el bautismo esencial a nuestra salvación en la presencia de Dios? ¿No es esta salvación parte de la eternidad?

De manera que estos apóstoles debidamente autorizados y ordenados efectuaron en la tierra cosas que eran ligadas en el cielo. Esto significa que los hechos realizados por ellos en la tierra no sólo surtirán sus efectos en el individuo en esta vida, sino también en el reino celestial de Dios después que haya muerto.

Era parte del plan del Señor. De lo contrario, ¿por qué dio poder a los apóstoles para ligar en los cielos así como en la tierra?

Se recalca aún más el significado de este punto al reflexionar nuevamente el principio del bautismo vicario por los muertos. Recordaremos que el apóstol Pedro dijo que el evangelio se había enseñado a los muertos a fin de que pudieran vivir según Dios en el mundo de los espíritus y sin embargo, ser juzgados según los hombres en la carne. Se dispuso el bautismo por los muertos para ayudar a cerrar la brecha entre el vivir según Dios en el mundo de los espíritus y el estar sujetos a las normas establecidas para los hombres en la carne. En lo que a la salvación concernía, se colocó en la misma situación a los vivos y a los muertos: pero para poder hacerlo se necesitaba una clase de autoridad sacerdotal que se aceptara en esta vida y en la venidera. De ahí, la necesidad de que los apóstoles quedaran investidos con este poder para ligar o sellar no sólo aquí, sino más allá.

De la misma manera en que este principio funciona, en lo relacionado con el bautismo, se aplica en la misma forma al matrimonio. El casamiento es ordenado de Dios. (Véase Génesis 21:28; 2:24, 25; 9:1, 7; 35:11; Hebreos 13:4) Como ya hemos dicho, el propio Dios Todopoderoso efectuó el primer matrimonio antes que existiera la muerte. Fue El quien dio la mujer Eva al hombre Adán, tras lo cual les mandó que multiplicaran e hinchieran la tierra.

Al efectuar este primer matrimonio, el Señor, por supuesto, ejerció sus propios poderes eternos, pero más tarde dio a sus apóstoles ordenados parte de este mismo poder para que pudieran hacer cosas que también tendrían vigencia eterna.

Si se admite que este poder sin fin ha convertido en eternos los beneficios del bautismo, ¿hay razón alguna para que este mismo poder no pueda comunicar permanencia eterna al matrimonio instituido por el mismo Ser que también decretó el bautismo?

No sólo debe darle, sino en efecto le da este carácter eterno. Los maridos y sus mujeres pueden ser ligados por esta vida y toda la eternidad mediante el poder de este sacerdocio, y de la misma manera los hijos son ligados eternamente a sus padres. De modo que, mediante esta ordenanza, las familias pueden permanecer juntas para siempre. La feliz relación entre una pareja que se ama no necesita terminar con la muerte, ni tampoco hay necesidad de que los hijos queden huérfanos para siempre.

Así como el bautismo puede traerlos a la presencia de Dios, en igual manera esta ordenanza de sellar o ligar el matrimonio puede preservarlos allá como unidad familiar.

¿Podría en realidad ser un cielo completo para nosotros, si nos viéramos privados de nuestros seres queridos, si se deshicieran los vínculos más sagrados y queridos de la vida?

Dios es amor, y El preserva el amor. Nuestras relaciones familiares están fundadas sobre el amor, y el que estableció estos vínculos los preservará en su reino.

De manera que en nuestros templos hay salas de sellar, así llamadas por motivo de las ordenanzas selladoras o enlazadoras que en ellas se verifican. Dentro de sus muros sagrados los novios se arrodillan ante el altar y son sellados o ligados de acuerdo con el santo orden del matrimonio por toda la eternidad. Los padres que no se habían sellado previamente pueden traer a sus hijos a estos cuartos a fin de que la familia sea ligada por la eternidad mediante los poderes del Santo Sacerdocio.

¿Y las familias que han fallecido? ¿Pueden volver a ser unidos los esposos y esposas que han pasado de esta vida, a pesar de que la muerte ha invalidado sus votos conyugales? ¿Se pueden renovar de acuerdo con alguna base eterna y permanente los matrimonios que se han efectuado “hasta que la muerte os separe”? ¿Hay alguna manera en que los hijos muertos pueden ser devueltos a sus padres también fallecidos, a fin de que las familias puedan quedar reunidas en la vida venidera?

El poder que liga en la tierra y en los cielos tiene vigencia tanto en esta vida como en la venidera. “Provee las ordenanzas necesarias para los vivos y los muertos, y así como extiende el poder redentor del bautismo a los que viven “en espíritu según Dios”, y también pone al alcance de los muertos la ordenanza selladora del matrimonio, mediante la cual los vivos pueden obrar en bien de sus amados fallecidos.

¿Quién puede tomar parte en estas obras vicarias? ¿Cualquier persona puede participar? La casa del Señor es una casa de orden. Para Dios no hay confusión, y a fin de que todo se haga en orden, se ha dispuesto que todo hombre y mujer pueda realizar esta obra de amor en bien de sus propios parientes fallecidos.

¿Y cómo se puede hacer? Preguntemos, como respuesta, ¿quién conoce a los muertos mejor que sus parientes consanguíneos? ¿Quién tiene mayor interés en ellos? ¿Quién está más deseoso de ayudarles?

¿Cómo se puede dar esta ayuda? Cada familia prepara sus propias genealogías a fin de proporcionar la identificación necesaria que permitirá hacer las ordenanzas por los muertos. Cuando se hace en forma debida a favor de una persona correctamente identificada, la ordenanza es aceptable al Señor. Él ha dispuesto que toda esta obra se efectúe en una casa especialmente construida para tal propósito. Estas casas son llamadas templos. ¿Por qué edifican templos los Santos de los Últimos Días? A fin de que en ellos puedan recibir las bendiciones selladoras por sí mismos y hacer por sus parientes muertos los bautismos y sellamientos vicarios que les permitirán, de acuerdo con las palabras de Pedro, vivir “en espíritu según Dios”, y al mismo tiempo ser juzgados de acuerdo con las oportunidades y normas de los hombres en la carne.

Discutiendo este tema en cierta ocasión, el profeta José Smith enseñó al pueblo: “Sin embargo, debe edificarse un lugar expresamente para ese propósito, y donde los hombres puedan bautizarse por sus muertos. . . porque todo hombre que desea salvar a su padre, madre, hermanos, hermanas y amigos, debe recibir todas las ordenanzas por cada uno de ellos separadamente, como si fuera para sí mismo.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 450)

¿Y cómo se inició en tiempos modernos una obra de esa naturaleza? ¿Tiene alguna relación con épocas anteriores?

Una de las grandes profecías bíblicas se refiere a la misión moderna del antiguo profeta Elías, de quien se declaró que vendría a la tierra en los últimos tiempos, “antes del día de Jehová, grande y terrible”. Según las Escrituras, su venida es de tanta importancia, que de no ser así, el mundo entero sería herido con una maldición.

Malaquías escribió la profecía casi al fin de su libro. Dice lo siguiente:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.” (Malaquías 4:5-6)

La profecía anterior contiene dos asuntos interesantes.

Primero, el elemento del tiempo es bien claro. Malaquías dice que el profeta Elías vendrá a la tierra antes del día de Jehová, grande y terrible. Estamos viviendo en la época que inmediatamente precede esa hora. Por las señales de los tiempos sabemos que la venida de Cristo está cerca, y en igual manera podemos inferir que la venida de Elías está reservada para el período en que ahora vivimos. La pregunta que tenemos por delante es si esta venida es futura aún, o si vino ya en un pasado reciente, y si tal es el caso, a quién.

Determinémoslo, entonces, examinando el segundo de los dos puntos significativos de esta profecía, la razón de su venida.

Malaquías claramente bosqueja la misión de Elías, la de establecer un vínculo de interés entre las generaciones presentes y pasadas, “volver el corazón de los hijos hacia los padres”. En otras palabras, el objeto preciso de la venida de Elías sería despertar en el corazón de hombres y mujeres vivientes el interés en sus antepasados.

Bien, ya que las Escrituras establecen tan definitivamente el propósito de su misión, sólo resta determinar si ha venido ya. Para ello sencillamente tenemos que contestar esta pregunta:

¿Se ha desarrollado recientemente entre los vivos un interés general en sus antepasados? Si tras una investigación no encontramos tal interés, podemos dar por sentado que Elías no ha venido aún. Por otra parte, si descubrimos la presencia de una extensa actividad genealógica, podemos aceptarla como evidencia directa de que ya vino.

Es obvio, según las Escrituras, que no habría ningún interés general en la genealogía antes de la venida del profeta, porque él vendría a despertarlo. Por esto podemos saber que si los resultados de su misión están aquí, es seña de que Elías ya vino, su obra ha comenzado, y la profecía se ha cumplido.

¿Cuáles son los hechos que tenemos al respecto?

El interés genealógico está aquí. Es de origen moderno y tan extenso, que ha hecho volver el corazón de los hijos vivos hacia sus antepasados en casi toda nación del mundo occidental.

En años recientes se han organizado varios centenares de sociedades con el propósito declarado de preparar árboles genealógicos. Cientos de millares de personas se empeñan en buscar los registros de sus antepasados. Se han organizado docenas de sociedades patrióticas y hereditarias, cuyos miembros deben presentar evidencia de que descienden de algún estadista, soldado o pionero notable.

Se están imprimiendo muchas revistas genealógicas en varias naciones, y un número de diarios de amplia circulación han publicado columnas genealógicas. En diversos países se han establecido grandes bibliotecas que se dedican exclusivamente a materias genealógicas e historias de familias. Durante el último siglo se han publicado muchos millares de tomos con esta información, y a tal grado ha crecido la demanda popular de esta clase de impresos, que las bibliotecas públicas en la mayor parte de las ciudades estadounidenses han tenido necesidad de establecer departamentos genealógicos bajo el cargo en muchos casos, de genealogías profesionales.

Utilizando la microfotografía, se están copiando y preservando registros adicionales en muchos países del mundo. Los investigadores genealógicos están usando esta información micro fotografiada que ahora constituye una de las fuentes más ricas de datos genealógicos.

En Inglaterra, Francia, Alemania, Suecia, Dinamarca, Noruega, Escocia, México y otros países europeos y latinoamericanos, los gobiernos respectivos están exigiendo la preservación de datos genealógicos, y en muchos casos estableciendo archivos para este propósito.

Ahora bien, ya que Elías, cuya venida originó ese interés, estaba señalado según las profecías, para aparecer en estos postreros días “antes del día de Jehová, grande y terrible”, queda por determinar si esta extensa actividad genealógica es de origen moderno.

La Enciclopedia Americana dice: “En los Estados Unidos la genealogía generalmente se vio abandonada hasta la última parte del siglo diecinueve cuando la fundación de sociedades patrióticas, estatales y coloniales despertaron el interés en la misma.” La Enciclopedia de Nelson explica que “estas sociedades, especialmente las hereditarias, preparan publicaciones con árboles genealógicos de sus miembros y los datos de sus antepasados. Celebran aniversarios de importantes acontecimientos históricos y fomentan sentimientos fraternales entre los sobrevivientes de las guerras y sus descendientes”.

Lo que estas personas están haciendo pone de manifiesto que el “corazón de los hijos” se está volviendo hacia sus padres en otras maneras aparte de la preparación de historia de familia y árboles genealógicos. Su interés se hace patente en la preservación de edificios históricos, la construcción de monumentos, en los sitios donde sus padres se cubrieron de gloria, la conservación de sepulcros, etc.

Muchas de estas sociedades norteamericanas se organizaron en la década de 1890, pero algunas se establecieron desde 1850.

Respondiendo a una carta en que se preguntaba sobre la fecha en que comenzó el interés genealógico en Estados Unidos, F. A. Virjus, director general del Instituto de Genealogía Norteamericana, escribe:

“En 1844 se formó en Boston la Sociedad Genealógica e Histórica de Nueva Inglaterra, y la genealogía en los Estados Unidos realmente empieza con la fundación de esta sociedad.”

Para indicar el poco interés que había en ese asunto en 1844, Josephine E. Rayne, bibliotecaria de la Sociedad Histórica y Genealógica de Nueva Inglaterra escribe:

“Cuando se formó nuestra sociedad, bastaba un solo libreto para contener la biblioteca entera, y si en ese tiempo la Sociedad hubiera tenido en su posesión un ejemplar de todas las publicaciones norteamericanas dedicadas exclusivamente a la genealogía, un solo anaquel hubiera sido suficiente para esa sección de su biblioteca. En comparación, tenemos actualmente en nuestra biblioteca especializada unos 80.000 tomos y varios miles de folletos.”

Nos hemos referido ya al inmenso interés internacional que se ha suscitado en torno de la genealogía, y el cual comenzó pocos años antes de 1844. Según las Escrituras, Elías el Profeta habría de engendrar este interés, lo cual quiere decir que él debe haber venido pocos años antes de 1844 a fin de iniciar (según las profecías) un movimiento que irrumpió en actividad en ese tiempo.

¡Y así fue!

Hay un pasaje en la primera epístola de Pedro que se refiere al diluvio en la época de Noé, diciendo que “pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. (1 Pedro 3:20)

Precisamente pocos, “es decir, ocho”, años antes de 1844, fecha en que se organizó la primera sociedad genealógica, Elías el Profeta.se apareció y cumplió las palabras de Malaquías.

En un templo construido por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Kirtland, Ohio, Elías se apareció en gloria al ser mortal el 3 de abril de 1836. En esa ocasión confirió poderes de lo alto a José Smith el Profeta mormón y a Oliverio Cowdery. En esta visita declaró que había venido como cumplimiento de las palabras de Malaquías para volver el corazón de los hijos hacia sus padres, en otras palabras, despertar en el corazón de los hombres este interés genealógico en sus padres.

¿Hay evidencia alguna de que el profeta Elías se apareció?

Toda sociedad, biblioteca y revista genealógicas; todo registro genealógico; todo nombre sobre todo árbol genealógico y todo individuo en cualquier país del mundo que está empeñado en buscar a sus muertos, constituye un testigo físico de que Elías vino, porque cada uno de ellos es un testimonio del cumplimiento de la misión de Elías de “volver el corazón de los hijos hacia sus padres”, como lo predijo Malaquías.

Los resultados de su misión nos rodean por todas partes. La evidencia es conclusiva; no hay lugar para dudas. Elías el Profeta ha venido, y una de las más grandes de todas las profecías se ha cumplido. Es una de las señales más convincentes de todos los tiempos y testifica que el día de Jehová, grande y terrible, está cerca.

Este amplio interés genealógico no sólo testifica la verdad de la venida de Elías, sino también da eficaz testimonio del llamamiento divino de los hombres que recibieron a Elías en el Templo de Kirtland; fueron escogidos del Dios Todopoderoso, y la obra que instituyeron con la ayuda de Elías fue inspirada en los cielos.

Mediante las revelaciones de Dios, y facultados con ministerio angelical, organizaron la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y dieron al mundo el Evangelio de Cristo en su pureza. Recibieron su ordenación, en cuanto al sacerdocio, de Juan el Bautista, y de Pedro, Santiago y Juan y con este poder nuevamente predicaron el evangelio en su sencillez restaurada.

Predicaron el propósito de la venida de Elías el Profeta y la razón por la que se habría de volver el corazón de los hijos hacia sus padres. Enseñaron que este interés genealógico tiene su lugar particular en el plan de salvación, y que se relaciona directamente con los elementos fundamentales de la religión cristiana.

De manera que tenemos en la tierra una actividad de dos propósitos como resultado de la misión de Elías el Profeta. Por una parte, la actividad mundial en lo concerniente a historias familiares y árboles genealógicos, con lo que se proporciona la identificación necesaria de aquellos que vivieron en la tierra y ahora están muertos.

Por otra parte, la intensa actividad de los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la construcción de templos y la efectuación en ellos de las sagradas ordenanzas del evangelio, a fin de que se salven en el reino de Cristo todos los que quieran venir a Él.

Esta obra del templo no se podría llevar a cabo sin la identificación que produce esta investigación genealógica mundial. Las dos actividades se unen en una para realizar la obra del Señor la cual instituyó el profeta José Smith, y que en la actualidad está realizando su pueblo.

Por esto es que los mormones edifican templos

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Una respuesta a Porqué los mormones edifican templos

  1. Luis W. Salazar dijo:

    Nombramos católicos ó catolicas a los que practican la religión católica, musulmán o musulmana a los de la religión musulmana. ¿Cómo se denomínan ustedes, en ambos generos?. Hago la pregunta porque el título de este mensaje se refiere a mormones y en los párrafos a Santos de los Últimos Días. Indicar si existe diferencia en cuanto a los géneros.

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