Características de la Fe

Características de la Fe

por el élder Gene R. Cook
Viviendo por el poder de la fe


Una mañana, nuestra familia se encontraba charlando durante el desayuno. Habíamos terminado nuestra lectura de las Escrituras, y yo deseaba enseñarles algo a los niños. Había planeado las cosas de manera que ellos me preguntaran algo y luego dijeran: “Papá, háblenos sobre eso”. Y así sucedió exactamente. Por lo que respondí: “Bueno, me da gusto que hayan preguntado sobre eso”, y enseguida les pregunté: “¿Me creerán lo que les voy a enseñar?” Y entonces, uno de los niños mayores, que entonces tenía nueve años, dijo: “Papá, nosotros creemos todo lo que nos dices”. Para un padre, no hay cosa más grande que pueda escuchar de su hijo.

El Señor le dijo a Alma: “Bendito eres tú, Alma… por causa de tu extremada fe en tan sólo las palabras de mi siervo Abinadí” (Mosíah 26:15). ¿Se le había aparecido a Alma algún ángel en ese tiempo? No. Sólo creyó las palabras de Abinadí.

 La fe está relacionada con la creencia

 Una característica importante de la fe en el Señor es la creencia pura y sencilla. En Mateo 21:22, el Señor dice: “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”.

Las palabras de Alma pueden ayudarnos a comprender mejor el poder de creer:

Dios es misericordioso para con todos los que creen en su nombre; por tanto, El desea, ante todo, que creáis, sí, en su palabra… Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta poner a prueba mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta que de algún modo creáis que podéis dar cabida a una porción de mis palabras (Alma 32:22, 27)

Por las palabras: “aunque no sea más que un deseo de creer”, es aparente que la creencia es el comienzo del proceso de obtener la fe.

El Maestro nos enseñó el gran poder de creer, con el ejemplo del hombre de cuyo hijo echó fuera un espíritu inmundo.

Uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

Y respondiendo El, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?… Traédmelo.

Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.

Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.

Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.

Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó (Marcos 9:17-27).

En ese relato podemos ver que la creencia sencilla es parte integral del tener fe.

 La fe está relacionada con la esperanza

 Moroni nos dejó una buena explicación de la relación entre la fe y la esperanza:

Quisiera hablaros concerniente a la esperanza. ¿Cómo podéis lograr la fe, a menos que tengáis esperanza? (Moroni 7:40).

Esto nos enseña que primero debemos tener esperanza y después viene la fe. Si seguimos la lectura en Moroni, en el versículo 42 vemos que el Señor invierte el orden y dice que primero debemos tener fe, o no podemos tener esperanza. Esto nos ayuda a comprender que la fe y la esperanza están íntimamente relacionadas. En el versículo 41 se nos dice en qué debemos tener esperanza, y de nuevo se vuelve interesante, pues todo tiene que ver con el Señor:

Y ¿qué es lo que habéis de esperar?

Esa es una buena pregunta. ¿En qué debemos tener fe? ¿En qué debemos tener esperanza?

He aquí, os digo que debéis tener esperanza de que, por medio de la expiación de Cristo y el poder de su resurrección, seréis resucitados a vida eterna, y esto por causa de vuestra fe en El, de acuerdo con la promesa. De manera que si un hombre tiene fe, es necesario que tenga esperanza; porque sin fe no puede haber esperanza (Moroni 7:41, 42).

La fe y la esperanza están en verdad vinculadas estrechamente, como se sugiere en la bien conocida declaración de Hebreos 11:1

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Lo mismo se menciona en Éter 12:4

Los que crean en Dios pueden esperar con seguridad un mundo mejor, sí, un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los haca seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras, siendo impulsados a glorificar a Dios.

 La fe no se asocia con la duda y el temor

 La fe en el Señor no puede asociarse con la duda y el temor. Los Discursos sobre la Fe declaran:

Tal es la flaqueza del hombre y tal su debilidad, que continuamente está en riesgo de pecar. Y si Dios no fuera paciente y lleno de compasión, clemente y misericordioso, y pronto para perdonar, el hombre sería cortado de su presencia, y como consecuencia andaría en duda continua y no podría tener fe, porque donde hay duda la fe no tiene poder. Pero creyendo el hombre que Dios es compasivo y misericordioso, y que es paciente y tardo para la ira, el hombre puede tener fe en El y vencer la duda y crecer en fuerza grandemente (Preguntas y respuestas del Tercer Discurso).

Es evidente que un hombre que duda continuamente no puede ejercer la fe, porque donde hay duda la fe no tiene poder. El Señor declaró lo siguiente en Doctrina y Convenios 6:34, 36:

Así que, no temáis, rebañito; haced lo bueno; dejad que se combinen en contra de vosotros la Tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer… Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis.

Podemos ver que para no temer, debemos elevar al Señor todo pensamiento. El Señor nos sostendrá en las cosas que con justicia nos estamos esforzando por lograr.

Podemos ver este principio en acción en el relato de Cristo cuando caminó sobre el mar y el Apóstol Pedro intentó hacer lo mismo. Las Escrituras dicen:

A la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y dijo El: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (Mateo 1425-31).

Notemos que Pedro, en el momento que vio que estaba realmente caminando sobre el agua, tuvo miedo. Y una vez que tuvo miedo, empezó a hundirse y perdió el poder que ejerció temporalmente.

La duda y la fe no pueden existir en la misma persona al mismo tiempo. Santiago también nos enseña esa gran lección:

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor (Santiago 1:5-7).

Leemos en Marcos 11:23, 24:

De cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudara en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Si una persona no duda en su corazón, sino cree que se cumplirá lo que dice, se cumplirá verdaderamente. Si creemos, recibiremos. ¿Nos esforzamos por creer en Dios y desechar las dudas, temores y pensamientos negativos?

 La fe da seguridad y firmeza

 Moroni escribió:

De modo que los que crean en Dios pueden esperar con seguridad un mundo mejor, sí, un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes (Éter 12:4)

Moroni está describiendo los efectos de la fe: la fe nos hará seguros y firmes. No se está refiriendo a la seguridad del mundo, sino a la seguridad espiritual.

 La fe no viene por las señales

 Hay otra característica de la fe que necesitamos comprender antes de tratar de aplicarla. La fe no se basa en las señales. El Señor ha dicho:

El evangelio ha de ser predicado a toda criatura, y las señales seguirán a tos que crean (D. y C. 58:64).

Y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; y el que no creyere, será condenado.
Y el que creyere será bendecido con señales que seguirán, tal como está escrito (D. y C. 68:9, 10).

Las señales vienen por la fe, pero deben venir en la manera del Señor. A José Smith le dijo:

Y Aquél que buscare señales verá señales, mas no para salvación. En verdad os digo que hay entre vosotros quienes buscan señales, y los ha habido aun desde el principio.
Yo diría que cada uno de nosotros es culpable de eso hasta cierto punto. Puede ser que estemos buscando una señal y ni siquiera nos demos cuenta de ello. La diferencia se sabe sólo por el Espíritu. El Señor continúa:
Paro he aquí, la fe no viene por las señales, más las señales siguen a los que creen.
Sí, las señales vienen por la fe, no por la voluntad de los hombres, ni como les place, sino por la voluntad de Dios (D. y C. 63:7-10).

Recordemos bien que las señales no producen fe. Hay personas que piensan que si se les apareciera un ángel, creerían y tendrían fe, y cuando éste se fuera guardarían todos los mandamientos. Esas son enseñanzas del hombre natural, y no son verdaderas. La fe nace de adentro. La fe viene por el Espíritu de Dios, no por señales.

Recordemos no confundir las señales con los dones del Espíritu. El Señor nos ha aconsejado: “Buscad diligentemente los mejores dones” (D. y C. 46:8). En Doctrina y Convenios están enumerados muchos de esos dones (D. y C. 46:9-33). Los dones espirituales pueden venir por la voluntad de Dios mediante la fe. Las señales vienen por la voluntad de Dios, y son consecuencia de la fe.

La fe no es conocimiento perfecto

 Cuando José Smith salió de la arboleda, ¿pensamos que su fe en la existencia de Dios era débil? Eso es ridículo, ¿verdad? El salió con un conocimiento seguro de la existencia del Padre y del Hijo. Si él lo sabía, ya no tenía fe en eso. Tenía fe en muchas otras cosas, pero tenía un conocimiento seguro de que Dios vive. Alma explicó ese principio de esta manera:

Fe no es tener un conocimiento perfecto de las cosas; de modo que si tenéis fe, tenéis esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas (Alma 32:21).

Luego sigue diciendo:

Pues como dije concerniente a la fe, que no era un conocimiento perfecto, así es con mis palabras. No podéis, al principio, saber a perfección acerca de su veracidad, así como tampoco la fe es un conocimiento perfecto… Compararemos, pues, la palabra a una semilla. Ahora, si dais lugar para que sea plantada una semilla en vuestro corazón, he aquí, si es una semilla verdadera, o semilla buena, y no la echáis fuera por vuestra incredulidad, resistiendo al Espíritu del Señor, he aquí, empezará a germinar en vuestro pecho; y al percibir esta sensación de crecimiento, empezaréis a decir dentro de vosotros: Debe ser que ésta es una semilla buena, porque [1] empieza a ensanchar mi alma; sí, [2] empieza a iluminar mi inteligencia; sí,  [3] empieza a ser deliciosa para mí.

He aquí, ¿no aumentaría eso vuestra fe? Os digo que sí; sin embargo, no ha llegado a ser un conocimiento perfecto (Alma 32:26-29).

Ese capítulo continúa hablando acerca de la semilla y su crecimiento. En el versículo 34 leemos:

Y ahora, he aquí, ¿es perfecto vuestro conocimiento? Sí, vuestro conocimiento es perfecto en esta cosa, y vuestra fe queda inactiva; y esto porque sabéis, pues sabéis que la palabra ha ensanchado vuestras almas, y también sabéis que ha germinado, que vuestra inteligencia empieza a iluminarse y vuestro entendimiento comienza a ensancharse.

Alma explica magistralmente algunas de las características de la fe. Al estudiar esas características, debemos recordar que la fe es algo sobre lo que sabemos muy poco. El Señor dice que si tenemos fe como un grano de mostaza, podremos decir “a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará” (Mateo 17:20). Por ello me doy cuenta de que usualmente tenemos algo menos que eso, y que sabemos muy poco sobre ello. Por eso sigo esforzándome por comprender lo que significa tener fe en el Señor Jesucristo. Espero que todos nosotros consideremos esto como el comienzo de un mayor estudio, meditación y oración para entender la fe en el Señor Jesucristo. Al hacerlo, el Señor nos revelará conocimiento adicional sobre estos importantes principios, pues Él ha prometido: “Si pides, recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conocimiento, a fin de que puedas conocer los misterios y las cosas apacibles, aquello que trae gozo, aquello que trae la vida eterna” (D. y C. 42:61).

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