Cómo hacer frente a la tentación.

Cómo hacer frente a la tentación

por Robert J. Matthews

Cómo hacer frente a la tentación

Las escrituras antiguas y modernas nos dicen que las tentaciones no vienen de Dios sino de Satanás, o que son resultado de nuestros propios deseos o debilidades.

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:13-15.)

El Libro de Mormón ofrece la siguiente explicación:

“Y la causa de esta iniquidad entre el pueblo era que Satanás tenía gran poder para incitarlos a cometer toda clase de iniquidades… y así extravió Satanás el corazón del pueblo. . . habiendo permitido que las tentaciones del diablo los llevasen doquiera que él quisiera. . .” (3 Nefi 6:16-17.)

Aun Jesús experimentó la tentación en todas sus formas. Alma profetizó:

“. . . sufrirá dolores, aflicciones y tentaciones de toda clase; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y enfermedades de su pueblo.” (Alma 7:11.)

Y el ángel le dijo al rey Benjamín que Jesús habría de sufrir “tentaciones, y dolor del cuerpo, hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir, sin morir;… (Mosíah 3:7).

Leemos que Jesús “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15.) y Abínadi declaró que Jesús “sufrirá tentaciones pero no cederá a ellas… (Mosíah 15:5) Y le fue revelado a José Smith que Jesús “sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas”. (D. y C. 20:22)

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El Señor sabe cómo rescatarnos del poder de la tentación, y siendo que el diablo tiene esta gran habilidad para tentarnos y seducirnos, se hace necesario que conozcamos la forma de libramos y de escaparnos de su poder. Leemos que Jesús sufrió tentación “a fin de que según la carne pueda saber cómo socorrer a su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de estos” (Alma 7:12).

Pedro dijo que “sabe el Señor librar de tentación a los piadosos” (2 Pedro 2:9), y en estos últimos días el Señor ha asegurado que “sabe lo que son las flaquezas de los hombres y cómo socorrer a aquellos que son tentados” (D. y C. 62:1).

He aquí algunas de las formas que el Señor ha concebido para proteger a su pueblo de las tentaciones de Satanás.

La escritura dice, “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Cuando Jesús resistió la tentación, Satanás tuvo que retirarse.

En principio Satanás dijo sarcásticamente a Jesús “Si eres el hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan.” Al haber sido rechazado, ensayó un segundo intento: “Si eres el hijo de Dios, échate abajo [del templo]…”

Una vez más fue rechazado por Jesús, por lo tanto “le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”. Esta vez, en estado de desesperación, Satanás le dijo al Maestro, “Todo esto te daré si postrado me adorares”. Otra vez Jesús le rechazó, y “el diablo entonces le dejó”. (Mateo 4:3-11)

Por lo tanto, tal como lo dice la escritura, “Bienaventurado el varón que soporta la tentación…” (Santiago 1:12). De la misma forma, Alma enseñó al pueblo “A resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo.” (Alma 37:33).

La oración es un arma de defensa contra el poder de la tentación. Jesús dijo:

“…Debéis velar y orar siempre, no sea que os tiente el diablo y os lleve cautivos… no sea que entréis en tentación; porque Satanás desea poseeros para cerneros como a trigo”… (3 Nefi 18:15, 18).

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Y Moroni aconsejó:

“Sed prudentes en los días de vuestra probación; despojaos de toda impureza. . . pedid con inquebrantable resolución, para que no os sujetéis a ninguna tentación, sino que podáis servir al verdadero Dios viviente.” (Mormón 9:28). También Alma agregó: “. . . Os exhorto … a que veléis y oréis continuamente para que no seáis llevados por las tentaciones del diablo, ni pueda venceros . . . porque he aquí, él no os recompensará con cosa buena”. (Alma 34:39).

No obstante, habría quienes no utilizarían esta ayuda, “Ni tampoco observaban los ritos de la Iglesia, de perseverar en orar y suplicar a Dios diariamente, para no caer en tentación.” (Alma 31:10).

Como complemento a estas cosas, el Señor ha provisto una vía para proteger a sus santos:

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” (1 Corintios 10:13).

“. . . os humilléis delante del Señor, e invoquéis su santo nombre, y veléis y oréis incesantemente para que no seáis tentados más de lo que podáis resistir, a fin de que el Espíritu Santo os pueda guiar…”(Alma 13:28)

Pero el error trae aparejado el castigo de un Padre amoroso, para que podamos ser perdonados y bendecidos:

“De cierto, así os dice el Señor a vosotros… a los que amo también castigo para que les sean perdonados sus pecados, porque con el castigo preparo el medio de librarlos de la tentación. . .” (D. y C. 95:1)

“Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.” (Hebreos 12:7, 11).

Y a los fieles Él ha dicho:

“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.” (Apocalipsis 3:10).

Finalmente, Pablo recalcó el punto en forma precisa: “Y no seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. (Romanos 12:21)

De este modo, a través de la obediencia a los mandamientos del Señor y la disposición a recibir la guía de sus siervos, uno puede obtener “el Santo Espíritu de la Promesa, mediante el cual sois ligados para el día de la redención, a fin de que no vayáis a caer, no obstante la hora de tentación en que pueda sobreveniros.” (D. y C. 124:124)

Finalmente, las escrituras nos exhortan a que ayudemos el uno al otro a vencer la tentación. Jesús dijo a Pedro:

“… He aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” (Lucas 22:31-32)

Y con toda compasión para el pecador, Pablo declaró:

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo no sea que tú también seas tentado.

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” (Gálatas 6:1-2)

“Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. . . porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: los vituperios de los que vituperaban, cayeron sobre mí.” Romanos 15:1, 3.)

“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados. . .” (Hechos 20:35).

De la misma forma que Cristo nos ha ayudado, así también debemos ayudarnos el uno al otro. ¿De qué forma deberíamos proceder ante la tentación? Evitándola, resistiéndola, y rogando a Dios que nos ayude, para que mediante la gracia de Cristo podamos vencerla.

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