“Otro Testamento de Jesucristo”
Dallin H. Oaks
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
En una charla fogonera de la Universidad Brigham Young el 6 de junio de 1993.
El tema que, según creo, hemos descuidado es el testimonio que el Libro de Mormón ofrece acerca de la divinidad y la misión de Jesucristo, así como de nuestra relación de convenio con Él.
Mis hermanos y hermanas, me complace estar con ustedes esta noche. Expreso mi gratitud por la hermosa música que se ha interpretado y por las oraciones que se han ofrecido en nuestro favor. Me alegra que esta transmisión se esté difundiendo vía satélite a muchos lugares. Me encantan estas ocasiones en las que los futuros líderes, madres y padres de la Iglesia se reúnen para adorar y aprender.
Esta noche hablaré acerca de un tema de inmensa importancia. Debido a mis responsabilidades anteriores, he pronunciado muchos discursos desde este púlpito de la Universidad Brigham Young. Sin embargo, no vacilo en afirmar que este mensaje es el más importante que he pronunciado aquí.
Me dirijo a ustedes como uno de los integrantes de ese pequeño grupo que ha estado muy cerca del presidente Ezra Taft Benson durante los siete años y medio en los que ha prestado servicio como nuestro profeta y Presidente. He participado prácticamente en cada ocasión en que él y sus consejeros se han reunido con el Consejo de los Doce Apóstoles, y he estado presente cada vez que ha instruido a las Autoridades Generales. He leído todos los libros que ha escrito y he estudiado el texto escrito de todos los discursos que ha pronunciado como Presidente de la Iglesia.
Desde esa perspectiva, hablaré acerca de lo que todos entendemos que ha sido su mensaje central como Presidente de la Iglesia. Me refiero a la razón por la que se nos ha alentado a estudiar y volver a estudiar el Libro de Mormón.
I
La administración del presidente Benson como Presidente de la Iglesia se ha caracterizado por sus repetidas y fervientes súplicas para que todos estudiemos el Libro de Mormón diariamente durante el resto de nuestra vida. Por ejemplo, en el discurso que dirigió a los miembros de la Iglesia durante la asamblea solemne en la que fue sostenido como Presidente de la Iglesia, dijo:
El Señor inspiró a Su siervo Lorenzo Snow para que volviera a recalcar el principio del diezmo a fin de redimir a la Iglesia de la esclavitud económica…
Ahora, en nuestros días, el Señor ha revelado la necesidad de volver a recalcar la importancia del Libro de Mormón para sacar a la Iglesia y a todos los hijos de Sion de la condenación: el azote y el juicio. Este mensaje debe llevarse a los miembros de la Iglesia de todo el mundo.
El presidente Benson se ha referido con frecuencia a la condenación que se describe en la sección 84 de Doctrina y Convenios, la cual fue impuesta sobre los santos por descuidar el Libro de Mormón. Esta revelación fue dada a la Iglesia en septiembre de 1832, apenas dos años y medio después de que se organizara la Iglesia. En los versículos 43–44, el Señor declaró:
Y ahora os doy el mandamiento de tener cuidado en cuanto a vosotros mismos, de estar diligentemente atentos a las palabras de vida eterna.
Porque viviréis de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Los versículos 45 al 47 afirman la verdad de la palabra del Señor, la luz que el Espíritu concede a todos y el hecho de que todos los que escuchan al Espíritu vienen a Dios el Padre. El versículo 48 se refiere entonces al convenio del Evangelio:
Y el Padre le enseña concerniente al convenio que él ha renovado y confirmado sobre vosotros, el cual os es confirmado para vuestro bien, y no para el vuestro solamente, sino para el bien del mundo entero.
Los versículos 49 al 53 describen el pecado y las tinieblas de quienes no vienen a Dios ni escuchan Su voz.
Los versículos siguientes, 54–58, describen las circunstancias de algunos de los primeros miembros de la Iglesia.
Y en ocasiones anteriores vuestras mentes se han ofuscado a causa de la incredulidad, y por haber tratado ligeramente las cosas que habéis recibido;
Y esta incredulidad y vanidad han traído la condenación sobre toda la Iglesia.
Y esta condenación pesa sobre los hijos de Sion, sí, todos ellos;
Y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado, no solo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que he escrito,
A fin de que puedan traer frutos dignos para el reino de su Padre; de lo contrario, queda por derramarse un castigo y juicio sobre los hijos de Sion.
Al igual que otras Autoridades Generales, recuerdo claramente la reunión de las Autoridades Generales que se celebró en el templo el 5 de marzo de 1987. Durante un año, el presidente Benson había estado recalcando la importancia de leer el Libro de Mormón. En repetidas ocasiones había citado estos versículos de Doctrina y Convenios, incluida la declaración del Señor de que la conducta de los santos había “[traído] la condenación sobre toda la Iglesia” (Doctrina y Convenios 84:55).
En aquella reunión en el templo, el presidente Benson volvió a leer esas declaraciones y afirmó: “Esta condenación no ha sido quitada, ni lo será hasta que nos arrepintamos”. También repitió la declaración que había hecho un año antes: que, en nuestros días, el Señor había inspirado a Su siervo para que volviera a recalcar la importancia del Libro de Mormón a fin de sacar a la Iglesia de la condenación.
Junto con otras personas, sentí el impacto de aquella declaración de condenación. Al estudiar el tema, sentí alivio al descubrir que las graves consecuencias de esa condenación no tienen que ser permanentes. El uso de este término en otras revelaciones modernas sugiere que se refiere a un castigo o una sanción, no a un destierro permanente. De hecho, las palabras citadas por el presidente Benson invitan a los santos a arrepentirse de sus deficiencias para que la condenación pueda ser quitada.
II
Para comprender por qué el presidente Benson nos ha exhortado a volver a recalcar la importancia del Libro de Mormón y por qué esto es necesario para librarnos de la condenación, debemos recordar el tema principal de ese libro.
En sus numerosos mensajes acerca del Libro de Mormón, el presidente Benson nos ha enseñado que la importancia principal del Libro de Mormón radica en su testimonio de Jesucristo como el Hijo Unigénito de Dios, el Padre Eterno, quien nos redime y nos salva de la muerte y del pecado. De igual y relacionada importancia es su explicación de la Expiación de nuestro Salvador, la cual constituye la doctrina más fundamental de nuestra fe.
En su discurso de la Conferencia General de octubre de 1981, el presidente Benson recalcó que el “propósito principal” del registro que llegó a ser el Libro de Mormón “es convencer a una generación posterior de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”. Dos años después de llegar a ser Presidente de la Iglesia, volvió a expresar esa descripción en un maravilloso discurso titulado “Venid a Cristo”. Allí declaró que “la misión principal del Libro de Mormón […] es ‘convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo’”.
En la reunión de las Autoridades Generales que mencioné anteriormente, el presidente Benson distribuyó algunos materiales para ayudarnos a llevar su mensaje acerca del Libro de Mormón por todo el mundo. Entre esos materiales había copias del discurso que pronunció en la Conferencia General de abril de 1975, titulado “El Libro de Mormón es la palabra de Dios”. Subrayé estas palabras de aquel importante discurso:
Ahora bien, no hemos estado utilizando el Libro de Mormón como deberíamos. Nuestros hogares no serán tan fuertes a menos que lo utilicemos para llevar a nuestros hijos a Cristo […]. Los conversos por razones sociales, éticas, culturales o educativas no sobrevivirán al calor del día, a menos que sus raíces principales se hundan profundamente en la plenitud del Evangelio que contiene el Libro de Mormón.
El presidente Benson nos ha recordado con frecuencia la declaración del profeta José Smith de que el Libro de Mormón es “la clave de nuestra religión, y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro”. En un discurso trascendental pronunciado durante el primer año de su servicio como Presidente de la Iglesia, el presidente Benson explicó estas dos maneras en las que el Libro de Mormón constituye la clave de nuestra religión.
El Libro de Mormón es la clave de nuestro testimonio de Jesucristo, quien a Su vez es la piedra angular de todo lo que hacemos […]. Su testimonio del Maestro es claro, puro y lleno de poder […].
El Libro de Mormón es también la clave de la doctrina de la Resurrección.
Observemos que estas dos maneras en las que el Libro de Mormón constituye la clave de nuestra religión se centran en nuestra relación con Cristo: nuestro testimonio de Él y nuestro testimonio de Su Expiación y Resurrección.
Además, el presidente Benson nos ha recordado a menudo las declaraciones del Señor por medio del profeta José Smith de que el Libro de Mormón es “el más correcto de todos los libros sobre la tierra” y que “contiene […] la plenitud del evangelio de Jesucristo” (Doctrina y Convenios 20:9). Esto no significa que el Libro de Mormón contenga una explicación completa de cada principio del Evangelio. Lo que significa, según explicó el presidente Benson, es que “en el Libro de Mormón encontraremos la plenitud de aquellas doctrinas necesarias para nuestra salvación”. Y, lo que es aún más significativo, señaló: “También proporciona la explicación más completa de la doctrina de la Expiación”.
III
Después de recordar el tema y el propósito principales del Libro de Mormón, podemos pasar a considerar por qué se nos ha indicado que intensifiquemos su estudio en este momento.
He considerado detenidamente todas las razones que el presidente Benson ha dado para estudiar el Libro de Mormón, incluidas muchas razones por las que es singularmente importante en nuestros días. Desde esta perspectiva y basándome en las frecuentes oportunidades que he tenido de escucharlo en nuestras reuniones de consejo, compartiré con ustedes mis claras impresiones acerca de por qué nos ha suplicado que nos arrepintamos de haber descuidado el Libro de Mormón.
Una razón sobresale por encima de todas las demás. Tanto explícita como implícitamente, el presidente Benson ha afirmado que este tema es el más importante de todos. Creo que fue el descuido —el haber “tratado ligeramente”— este tema lo que trajo la condenación sobre la Iglesia en sus primeros días. Creo que el descuido de este tema ha hecho que la condenación continúe en nuestros propios días. Aunque es de suprema importancia, este tema es tan sencillo que nos resulta fácil descuidarlo en favor de otras cosas.
El tema que, según creo, hemos descuidado es el testimonio que el Libro de Mormón ofrece acerca de la divinidad y la misión de Jesucristo, así como de nuestra relación de convenio con Él.
En la sesión de apertura de la Conferencia General de octubre de 1986, el presidente Benson leyó los versículos de Doctrina y Convenios que hablan de que toda la Iglesia se encontraba bajo condenación y que permanecería así “hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón” (Doctrina y Convenios 84:57). Al hablar de esto, relacionó la palabra convenio con la palabra testamento, como en el “Nuevo Testamento”. Nos recordó que el Libro de Mormón “es ciertamente otro testamento o testigo de Jesús”, y añadió que esta era “una de las razones por las que recientemente hemos agregado las palabras ‘Otro Testamento de Jesucristo’ al título del Libro de Mormón”.
Más adelante, en ese mismo mensaje, el presidente Benson repitió estas palabras que había pronunciado en un discurso anterior. Observen el punto que recalcó:
“¿Hay consecuencias eternas que dependan de nuestra reacción ante este libro? Sí, ya sea para nuestra bendición o para nuestra condenación.
“Todo Santo de los Últimos Días debe hacer del estudio de este libro una ocupación de toda la vida. De lo contrario, está poniendo su alma en peligro y descuidando aquello que podría dar unidad espiritual e intelectual a toda su vida. Existe una diferencia entre un converso que está edificado sobre la roca de Cristo mediante el Libro de Mormón y que permanece aferrado a esa barra de hierro, y uno que no lo está”.
Esa es la clave: ¡utilizar el Libro de Mormón para llegar a estar “edificados sobre la roca de Cristo”! Este libro es un testamento de Jesucristo. Explica la importancia de Su Expiación y el contenido de nuestra relación de convenio con Él.
El presidente Benson ha recalcado este punto clave una y otra vez en sus mensajes como Presidente de la Iglesia. Todas las declaraciones siguientes provienen de sus palabras:
¿Cuál es el propósito principal del Libro de Mormón? Llevar a los hombres a Cristo y hacer que se reconcilien con Él.
El Libro de Mormón lleva a los hombres a Cristo […]. Habla de manera clara acerca de Cristo y de Su evangelio. Testifica de Su divinidad, de la necesidad de un Redentor y de nuestra necesidad de depositar nuestra confianza en Él.
El Libro de Mormón es la gran norma que debemos utilizar […]. Contiene las palabras de Cristo, y su gran misión consiste en llevar a los hombres a Cristo; todo lo demás es secundario. La pregunta de oro del Libro de Mormón es: “¿Desean aprender más acerca de Cristo?”.
Nadie puede comprender de manera adecuada y correcta por qué necesita a Cristo hasta que comprenda y acepte la doctrina de la Caída y sus efectos sobre toda la humanidad. Y ningún otro libro en el mundo explica esta doctrina esencial tan bien como el Libro de Mormón.
¿Comprendemos la Expiación y somos eficaces al enseñarla y predicarla? ¿Qué significado personal tienen para cada uno de nosotros los padecimientos del Señor en Getsemaní y en el Calvario? […].
Ahora bien, ¿cuál debe ser la fuente para enseñar el gran plan del Dios Eterno? Las Escrituras, por supuesto, y en especial el Libro de Mormón.
Leamos el Libro de Mormón y convenzámonos de que Jesús es el Cristo. Volvamos a leer continuamente el Libro de Mormón para que podamos venir más plenamente a Cristo, estar comprometidos con Él, centrados en Él y completamente consagrados a Él.
Podemos ver claramente la armonía que existe en todo esto. El Libro de Mormón está centrado en Cristo. Esa es su característica esencial y esa es la razón por la que se nos manda estudiarlo continuamente. Debemos utilizar el Libro de Mormón para que nos lleve a Cristo. Durante todo su servicio como Presidente de la Iglesia, el presidente Benson ha procurado inculcar firmemente este mensaje en nuestra conciencia y en nuestra conducta.
No se nos manda leer el Libro de Mormón principalmente para aprender historia, geografía, política, ética, cultura o normas sociales o educativas, aunque contiene enseñanzas valiosas acerca de todos esos temas. El presidente Benson ha impartido enseñanzas sobre muchos de esos asuntos, pero ha recalcado una idea esencial por encima de todas las demás: “No todas las verdades tienen el mismo valor”, dijo. “Las verdades salvadoras de la salvación son las de mayor valor”. También dijo:
El Libro de Mormón fue escrito para nosotros en la actualidad […].
El propósito del Libro de Mormón se declara en la portada. Es “convencer al judío y al gentil de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios”.
IV
Podemos comprender por qué el presidente Benson ha recalcado el testimonio que el Libro de Mormón ofrece acerca de Cristo si examinamos detenidamente lo que se dice a la Iglesia en los versículos de la sección 84 de Doctrina y Convenios que él ha citado con tanta frecuencia.
En los versículos que preceden a la cita, el Señor mandó a los primeros santos que prestaran atención a las palabras de vida eterna y que vivieran de toda palabra que saliera de la boca de Dios. Les dijo que quienes vinieran a Dios serían instruidos acerca “del convenio que él ha renovado y confirmado sobre vosotros […] para el bien del mundo entero” (Doctrina y Convenios 84:48). Después explicó que sus mentes se habían “ofuscado a causa de la incredulidad, y por haber tratado ligeramente las cosas que [habían] recibido” (Doctrina y Convenios 84:54). El Señor explicó que esto había “[traído] la condenación sobre toda la Iglesia” (Doctrina y Convenios 84:55). Entonces, en el versículo citado, declaró:
Y permanecerán bajo esta condenación hasta que se arrepientan y recuerden el nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado, no solo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que he escrito. (Doctrina y Convenios 84:57).
Esta revelación declara que la condenación puede ser quitada mediante el arrepentimiento y al recordar “el nuevo convenio”. ¿Qué es este “nuevo convenio, a saber, el Libro de Mormón y los mandamientos anteriores que les he dado” (Doctrina y Convenios 84:57)? Evidentemente, es inseparable del Libro de Mormón, como se ha dicho con frecuencia, pero también incluye “los mandamientos anteriores” que el Señor había dado a Su pueblo.
Creo que este “nuevo convenio” mencionado en el versículo 57 es el mismo que “el convenio” descrito en el versículo 48, el cual el Padre enseña y “ha renovado y confirmado sobre” quienes vienen a Él, todo ello “para el bien del mundo entero”. Según esta interpretación, el “nuevo convenio” cuyo descuido condenó el Señor era el convenio contenido en el Libro de Mormón y en los “mandamientos anteriores” que el Señor había renovado y confirmado sobre los primeros santos. Esos mandamientos anteriores debieron de ser las revelaciones previas del Señor, tal como se encontraban en la Biblia —el Antiguo y el Nuevo Testamento— y en las revelaciones modernas que ya se habían dado a los santos.
La naturaleza doctrinal fundamental de este nuevo convenio que los santos habían “tratado ligeramente” se indica en las otras dos revelaciones que mencionan el nuevo convenio. Ambas se refieren a Jesucristo como “el mediador del nuevo convenio” (Doctrina y Convenios 76:69; 107:19; véase también Hebreos 12:24).
Este nuevo convenio se menciona con frecuencia en las Escrituras, tanto antiguas como modernas. Jeremías profetizó acerca de un “nuevo convenio con la casa de Israel” (Jeremías 31:31; véase también Hebreos 8:8). El Nuevo Testamento enseña que Cristo era “el mediador de un mejor convenio, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6). El profeta José Smith declaró que este convenio no entró en vigor durante el ministerio terrenal de Cristo porque Israel lo rechazó. En una revelación dada el mismo mes en que se organizó la Iglesia restaurada, el Señor declaró: “Os digo que a causa de esto he hecho abrogar todos los convenios antiguos; y este es un convenio nuevo y sempiterno, el mismo que fue desde el principio” (Doctrina y Convenios 22:1).
El convenio descrito en estos pasajes de las Escrituras, hecho nuevo mediante su renovación y confirmación en estos últimos días, es nuestra relación de convenio con Jesucristo. Este incorpora la plenitud del Evangelio (véanse Doctrina y Convenios 66:2; 132:6), la cual el presidente Joseph Fielding Smith describió como “la suma total de todos los convenios y obligaciones del Evangelio”.
Por lo anterior, resulta evidente que el “nuevo convenio” contenido en el Libro de Mormón y en los mandamientos anteriores es aquella promesa central del Evangelio, arraigada en la Expiación y la Resurrección de Jesucristo, que nos da la seguridad de la inmortalidad y la oportunidad de alcanzar la vida eterna si nos arrepentimos de nuestros pecados y hacemos y guardamos el convenio del Evangelio con nuestro Salvador. Por este medio y mediante Su gracia, podemos ver el cumplimiento de la gran promesa de que “por la Expiación de Cristo, todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio” (Artículos de Fe 1:3).
Por consiguiente, el nuevo convenio, el “nuevo y sempiterno convenio” que los primeros santos habían recibido y tratado ligeramente para cuando se dio la revelación citada, incluía todos los mandamientos y las ordenanzas del Evangelio, los cuales se explican con mayor claridad —aunque no exclusivamente— en el Libro de Mormón. Como dijo el presidente Benson: “Cuando se utilizan juntos, la Biblia y el Libro de Mormón refutan las doctrinas falsas”. El Libro de Mormón es “Otro Testamento de Jesucristo”. Su portada señala su propósito: explicar “los convenios del Señor” y convencer al judío y al gentil “de que JESÚS es el CRISTO, el ETERNO DIOS”.
Al declarar cómo los santos podían ser liberados de la condenación causada por la incredulidad y por haber tratado ligeramente este nuevo convenio, el Señor recalcó que el nuevo convenio exige acciones positivas, no solamente un compromiso pasivo. En una declaración inspirada acerca de los convenios del templo, el élder John A. Widtsoe explicó que un convenio
es sencillamente una promesa de dar vida al conocimiento al hacer que este sea útil y provechoso en el progreso diario del ser humano […]. El convenio da vida a la verdad y hace posibles las bendiciones que recompensan a todos aquellos que utilizan el conocimiento correctamente.
Esto explica por qué la revelación exige que nos “[arrepintamos] y [recordemos] el nuevo convenio […], no solo de hablar, sino de obrar de acuerdo con lo que [el Señor ha] escrito” (Doctrina y Convenios 84:57). En resumen, para escapar de la condenación, debemos venir a Cristo y entrar en el convenio del Evangelio, no solamente “de hablar”, sino también “de obrar de acuerdo con lo que [el Señor ha] escrito”. Debemos “estar diligentemente atentos a las palabras de vida eterna” y “[vivir] de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Doctrina y Convenios 84:43–44).
V
Podemos ver fácilmente en nuestros propios días ciertas cosas que podrían llevar al Señor a llamarnos a “[arrepentirnos] y [recordar] el nuevo convenio”, y a hacer que Su profeta declare que la condenación del Señor aún no ha sido quitada.
En nuestra época estamos presenciando un gran aumento en la visibilidad y la influencia de quienes niegan o ponen en duda la divinidad de Jesucristo y la necesidad de Su Expiación. Al observar esta tendencia hace más de veinte años, el presidente Harold B. Lee declaró:
Ahora bien […], nuestra mayor responsabilidad y preocupación consiste en defender la misión divina de nuestro Señor y Maestro Jesucristo, porque a nuestro alrededor, incluso entre quienes afirman ser maestros de la fe cristiana, hay personas que no están dispuestas a defender firmemente la gran verdad de que nuestro Señor y Maestro Jesucristo fue verdaderamente el Hijo de Dios. Por tanto, esta noche me parece que lo más importante que podría decirles es que procuren fortalecer su fe y aumentar su valor y su comprensión del lugar que ocupa el Maestro en el gran Plan de Salvación.
En mi opinión, una de las razones principales por las que nuestro Padre Celestial hizo que Su profeta nos guiara hacia un estudio más intensivo del Libro de Mormón es ayudarnos a contrarrestar esta tendencia moderna que procura disminuir la divinidad y la misión de nuestro Salvador.
¿Estamos haciendo los Santos de los Últimos Días lo que debemos para contrarrestar esta tendencia moderna? ¿Somos conscientes de que nuestro conocimiento y testimonio de la divinidad literal, la Resurrección y la Expiación de Jesucristo son cada vez más distintivos y necesarios con cada año que pasa?
Considero que muchos Santos de los Últimos Días todavía no comprenden nuestra posición singular ni nuestras responsabilidades especiales de testificar de Cristo. Considero que aún no estamos haciendo todo lo que deberíamos. Creo que esto constituye una explicación suficiente de la condenación que describió el presidente Benson y del llamado al arrepentimiento que extendió. A continuación, presentaré algunos ejemplos.
Hace algunos años recibí una carta de un hombre que dijo haber asistido a una reunión de testimonios de la Iglesia y haber escuchado diecisiete testimonios sin que se mencionara ni se hiciera referencia alguna al Salvador. También escribió que el domingo siguiente escuchó una lección del sacerdocio, una lección de Doctrina del Evangelio y a siete discursantes en la reunión sacramental sin oír ninguna referencia a Jesucristo. Algunas personas quizá hayan considerado que aquel informe era una exageración o un caso extremo. Los relatos semejantes que he recibido posteriormente en otras cartas me han convencido de que no se trataba de una experiencia aislada. En demasiadas de nuestras clases y en demasiados de nuestros servicios de adoración no estamos enseñando acerca de Cristo ni testificando de Él como deberíamos. Esta es una de las maneras en las que no “[recordamos] el nuevo convenio”.
Para citar otro ejemplo, creo que durante cierto tiempo, y hasta hace poco, nuestros discursos públicos y nuestras publicaciones mostraban deficiencias en la frecuencia y la profundidad con las que explicaban y celebraban aquellos temas doctrinales más estrechamente relacionados con la Expiación del Salvador. Un destacado erudito del Evangelio percibió esta deficiencia en las revistas de la Iglesia publicadas durante un período de veintitrés años que concluyó en 1983. Yo observé esa misma deficiencia cuando examiné los temas de los discursos de la Conferencia General durante la década que terminó a mediados de la década de 1980.
Otro ejemplo lo proporcionan algunos funerales de Santos de los Últimos Días. Asisto a algunos funerales y recibo informes acerca de muchos otros. Los homenajes dignos a la persona fallecida son apropiados, al igual que los recuerdos familiares. Sin embargo, esos asuntos no deben dominar un servicio funerario de la Iglesia hasta el punto de excluir o descuidar las verdades del Evangelio que explican el propósito de la vida y testifican de nuestro Creador y Redentor. En un servicio funerario —más que en ningún otro lugar— no debemos dejar de testificar de Aquel cuyo Evangelio da significado y propósito a la vida, y cuya Resurrección y Expiación brindan esperanza para la persona fallecida y consuelo para quienes lloran su pérdida. No obstante, conozco algunos funerales de Santos de los Últimos Días en los que no se mencionó la Resurrección ni al Salvador. ¿No es este un ejemplo de “[tratar] ligeramente las cosas que [hemos] recibido”? ¿No es esta otra razón para que algunos de nosotros nos “[arrepintamos] y [recordemos] el nuevo convenio”?
¿No es posible que también descuidemos “el nuevo convenio” y tratemos el Evangelio a la ligera en las actividades cotidianas de nuestra vida? Consideremos cómo se aplica esto a la vida universitaria. ¿Crean algunos profesores y alumnos la impresión —o aceptan que se genere la impresión— de que la salvación carece de importancia o de que esta se encuentra en las disciplinas académicas? La salvación se encuentra en Cristo, no en la mayoría de las cosas que hacemos en el campus de la Universidad Brigham Young ni en ningún otro lugar. En vista de esa realidad, ¿no es apropiado preguntar cómo se comportan los profesores y alumnos Santos de los Últimos Días con respecto al sagrado nombre de Jesucristo, Sus siervos, las Escrituras, Su Iglesia o Sus mandamientos cuando sus necesarias actividades cotidianas se relacionan con esos temas?
Todos nuestros debates importantes e interesantes acerca de la política, las materias académicas y las normas educativas son insignificantes en comparación con esto. Todos nuestros esfuerzos por mejorar éticamente, por deseables que sean, no bastan para alcanzar la salvación que conduce a la exaltación.
¿Hemos “tratado ligeramente las cosas que [hemos] recibido” (Doctrina y Convenios 84:54)? Si así ha sido, declaro con solemnidad que necesitamos “[arrepentirnos] y [recordar] el nuevo convenio” (Doctrina y Convenios 84:57), colocando al Salvador en el lugar principal de nuestra mente y nuestro corazón, y demostrando un mayor grado de interés por Su Evangelio, Sus mandamientos, Su día de reposo y Su obra.
VI
Afortunadamente, estamos mejorando. Durante más de una década, hemos procurado de manera más consciente y eficaz presentarnos como realmente somos: seguidores y siervos de Jesucristo.
En 1982, la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce nos recordaron, en la portada del Libro de Mormón, que este gran libro es “Otro Testamento de Jesucristo”.
La Primera Presidencia ha pedido que no nos refiramos a nosotros mismos como la “Iglesia mormona”, sino por el nombre que el Señor dio a Su Iglesia mediante revelación: “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días” (Doctrina y Convenios 115:4).
El lema de las Mujeres Jóvenes utiliza un conocido pasaje del Libro de Mormón para expresar el compromiso de las hijas de nuestro Padre Celestial de “[ser] testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9).
Los estudios recientes del Evangelio realizados por Santos de los Últimos Días demuestran claramente que se ha prestado mucha mayor atención al Salvador y a Su Expiación. La obra de varios tomos del élder Bruce R. McConkie acerca del Mesías y su anterior Comentario doctrinal del Nuevo Testamento, compuesto por tres tomos, constituyen hitos en este esfuerzo. Todos nos hemos beneficiado de manera incalculable de los simposios anuales sobre el Libro de Mormón del Centro de Estudios Religiosos de la Universidad Brigham Young, los cuales han dado el debido énfasis a la posición preeminente de este libro de Escrituras como testigo de Cristo. Eruditos Santos de los Últimos Días, principalmente profesores de religión de la Universidad Brigham Young, han publicado libros brillantes e inspirados que han realizado importantes aportes a nuestras publicaciones acerca del Salvador y de Su Expiación. Espero que esos libros sean leídos y meditados, y no solamente comprados y guardados.
El énfasis que el presidente Benson ha puesto en leer y volver a leer el Libro de Mormón constituye un refinamiento de prioridades enviado por los cielos para la vida y el estudio del Evangelio de cada miembro de la Iglesia. Multitudes de Santos de los Últimos Días han aceptado su desafío, el cual está bendiciendo vidas en todas partes.
Siguiendo al profeta, nuestras Autoridades Generales, los oficiales de las organizaciones auxiliares y los líderes locales han prestado una atención más frecuente y profunda a nuestra sagrada misión de testificar de Cristo y explicar las doctrinas de Su Expiación. El presidente Benson y sus consejeros han dado el ejemplo, y muchos los han seguido. Del mismo modo, nuestros excelentes maestros de Seminario e Instituto han sido inspirados a enseñar y testificar del Salvador con mayor eficacia.
Como resultado de las enseñanzas del presidente Benson, todos los Santos de los Últimos Días somos más conscientes de la importancia fundamental del Libro de Mormón en este esfuerzo. Comprendemos mejor nuestro deber y privilegio de utilizar este libro para testificar de Cristo y explicar el nuevo convenio, es decir, los principios y convenios de Su Evangelio.
Nuestros líderes y eruditos de la Iglesia han señalado hechos importantes que podemos utilizar en este esfuerzo. Por ejemplo, la palabra expiación aparece solamente una vez en todo el Nuevo Testamento, pero veintiocho veces en el texto del Libro de Mormón. El Libro de Mormón contiene claramente el análisis más profundo que puede encontrarse en cualquier lugar acerca de este tema de suprema importancia. El Libro de Mormón contiene casi cien nombres del Salvador, cada uno de los cuales expresa un matiz de significado que enriquece nuestra comprensión de Su naturaleza divina y de Su misión. Finalmente, como observó el presidente Benson en uno de sus discursos de la Conferencia General: “Más de la mitad de todos los versículos del Libro de Mormón hacen referencia a nuestro Señor. Alguna forma del nombre de Cristo se menciona con mayor frecuencia por versículo en el Libro de Mormón que incluso en el Nuevo Testamento”.
Afortunadamente, todavía hay muchos cristianos temerosos de Dios que se unen a nosotros para testificar de la divinidad y la misión de Jesucristo. Durante varios años he disfrutado compartir uno de esos testimonios. En muchos aspectos, constituye un modelo para cada uno de nosotros que tiene el deber de testificar de Cristo. Estas son las palabras del fallecido Malcolm Muggeridge, escritor, periodista y comentarista de televisión británico:
Supongo que puedo considerarme —o aparentar ser— un hombre relativamente exitoso. En ocasiones, las personas me miran fijamente por las calles: eso es la fama. Puedo ganar con bastante facilidad lo suficiente para ingresar en los niveles más altos del impuesto sobre la renta: eso es el éxito. Provistos de dinero y un poco de fama, incluso los ancianos, si así lo desean, pueden participar en las diversiones de moda: eso es el placer. De vez en cuando podría suceder que algo que yo dijera o escribiera recibiera suficiente atención como para convencerme de que había tenido una influencia importante en nuestra época: eso es la realización personal. Sin embargo, les digo —y les ruego que me crean— que multipliquen esos pequeños triunfos por un millón y los sumen todos, y no serán nada; serán menos que nada, un verdadero obstáculo, al compararlos con un solo sorbo de esa agua viva que Cristo ofrece a quienes tienen sed espiritual, sin importar quiénes sean ni cuál sea su condición.
Sin lugar a dudas, los hombres y las mujeres poseen capacidades admirables y pueden realizar grandes cosas. Sin embargo, después de toda nuestra obediencia y nuestras buenas obras, no podemos ser salvos de la muerte ni de los efectos de nuestros pecados personales sin la gracia que se nos concede mediante la Expiación de Jesucristo. El Libro de Mormón lo explica claramente. Enseña que “la salvación no viene solo por la ley” (Mosíah 13:28). En otras palabras, la salvación no se obtiene simplemente por guardar los mandamientos. “Por la ley ninguna carne se justifica” (2 Nefi 2:5). Incluso quienes procuran obedecer y servir a Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerza son siervos inútiles (véase Mosíah 2:21). El ser humano no puede ganarse su propia salvación. Tampoco puede purificarse de sus pecados mediante su propio sufrimiento.
El Libro de Mormón enseña: “Ya que el hombre había caído, este no podía merecer nada por sí mismo” (Alma 22:14). “Nada que no sea una expiación infinita puede bastar por los pecados del mundo” (Alma 34:12; véanse también 2 Nefi 9:7; Alma 34:8–16). “Por tanto, la redención viene en el Santo Mesías y por medio de él […]. Él se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado, para satisfacer las demandas de la ley” (2 Nefi 2:6–7). Por consiguiente, “ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8). Por eso, “[nos deleitamos] en Cristo, [hablamos] de Cristo […], para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).
Es evidente que estas enseñanzas se oponen a la creencia o suposición de algunos mortales —quizás incluso de algunos miembros de nuestra Iglesia— de que no necesitan a Cristo porque pueden salvarse mediante sus propias obras.
Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, testificamos junto con Benjamín, profeta y rey del Libro de Mormón, que
no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre.
Pues he aquí […] la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo y por medio de ella. (Mosíah 3:17–18).
Por tanto, decimos a todos, con las palabras que el profeta Moroni escribió como conclusión del Libro de Mormón:
Sí, venid a Cristo, y perfeccionaos en él, y absteneos de toda impiedad; y si os abstenéis de toda impiedad, y amáis a Dios con toda vuestra alma, mente y fuerza, entonces su gracia os es suficiente, para que por su gracia seáis perfectos en Cristo […].
Y además, si por la gracia de Dios sois perfectos en Cristo y no negáis su poder, entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo, que está en el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos, sin mancha. (Moroni 10:32–33).
Este es el nuevo convenio, tal como se explica en el Libro de Mormón. Ruego que obedezcamos el mandamiento de prestar diligente atención a estas palabras de vida eterna; que aceptemos el desafío de nuestro profeta de quitar la condenación que proviene de tratar ligeramente este nuevo convenio; y que seamos fieles a nuestras responsabilidades sagradas. Así lo ruego, al mismo tiempo que testifico de la veracidad de estas cosas, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























