El Segundo Libro de Nefi

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón

Segundo Nefi Capítulo 10

Ya es “mañana” y Jacob continúa con su discurso. Primero enseñará más en cuanto a los lamanitas, luego sobre la dispersión de los judíos, el recogimiento y el establecimiento de Sión en los últimos días.

1   Y ahora bien, yo, Jacob, os hablo otra vez, amados hermanos míos, concerniente a esta rama justa (los lamanitas a que se ha referido en 2 Nefi 9:53) de la cual he hablado.

2   Pues he aquí, las promesas (de que el evangelio algún día será presentado de nuevo a los lamanitas) que hemos logrado son promesas para nosotros según la carne (es decir, estas promesas se cumplirán literalmente); por tanto, así como se me ha manifestado que muchos de nuestros hijos (descendientes) perecerán en la carne a causa de la incredulidad, Dios, sin embargo, tendrá misericordia de muchos; y nuestros hijos (descendientes) serán restaurados (compárese con DyC 49:24), para que obtengan aquello que les dará el verdadero conocimiento de su Redentor.

3   Por tanto, como os dije, debe ser menester que Cristo—pues anoche me dijo el ángel que ése sería su nombre—venga entre los judíos, entre aquellos que son de los más inicuos del mundo; y ellos lo crucificarán. Porque así conviene a nuestro Dios (Cristo ha de hacer esto), y no hay ninguna otra nación sobre la tierra que crucificaría a su Dios.

Frecuentemente, cuando los miembros leen la última frase del versículo 3, arriba, se hacen una pregunta: “¿Es cierto que este es el mundo más inicuo entre todos los mundos creados por Dios?” La respuesta es “Sí” (véase Moisés 7:36).

Y la siguiente pregunta suele ser: «¿Qué hicimos mal en la vida premortal para merecer ser enviados a esta tierra?” La respuesta es, “deberías considerar un gran honor el venir a este mundo, en donde tuvo lugar la expiación eterna por este y todos los otros mundos que pertenecen al Padre Celestial. El hecho de que estés aquí es un recordatorio de la confianza que el Padre ha depositado en ti”.

4   Porque si se efectuasen entre otras naciones los grandes milagros (si esos milagros tan grandiosos que Cristo hizo se hubieran hecho entre otros pueblos), se arrepentirían y sabrían que él es su Dios.

5   Mas a causa de supercherías sacerdotales (los líderes religiosos judíos ejerciendo su poder y autoridad religiosa para obtener prestigio y ganancias; véase Alma 1:16) e iniquidades, los de Jerusalén endurecerán su cerviz contra él (Jesús), para que sea crucificado.

6   Así que, por motivo de sus iniquidades, vendrán sobre ellos (los judíos) destrucciones, hambres, pestes y efusión de sangre; y los que no sean destruidos serán dispersados entre todas las naciones.

El recogimiento de los judíos de que se habla a continuación es una de las señales más visibles de los tiempos en los últimos días previos a la Segunda Venida del Salvador. Tenemos el privilegio de vivir en los días en que esta gloriosa profecía se está cumpliendo.

7   Pero he aquí, así dice el Señor Dios: Cuando llegue el día en que (los judíos) crean en mí, que yo soy Cristo, he hecho convenio con sus padres (antepasados) que entonces serán restaurados en la carne (es decir, la restauración de que se habla sobre los judíos no es simplemente un símbolo; más bien, se trata de un recogimiento literal), sobre la tierra, a las tierras de su herencia.

8   Y acontecerá que serán congregados de su larga dispersión (permanecerán dispersados por mucho tiempo), desde las islas del mar (de todas las naciones de la tierra) y desde las cuatro partes de la tierra; y serán grandes a mis ojos las naciones de los gentiles, dice Dios, en llevarlos a las tierras de su herencia. (En otras palabras, las naciones no judías ayudarán a traer de vuelta a los judíos a sus tierras de origen).

Tal y como se mencionó anteriormente, Gran Bretaña y otras naciones votaron en las Naciones Unidas para que los judíos fueran restaurados a la tierra de Palestina y que se creara la nación de Israel en 1948. Entendemos que estas son las “naciones de los gentiles” de que se habla en el versículo 8, arriba.

9   Sí, los reyes (líderes políticos) de los gentiles les serán por ayos (asistirán a los judíos), y sus reinas por nodrizas; por tanto, grandes son las promesas del Señor a los gentiles (es un gran privilegio poder ayudar al Señor a cumplir sus profecías), porque él lo ha dicho, y ¿quién puede disputarlo?

10   Mas he aquí, esta tierra (América), dice Dios, será la tierra de tu herencia (a la posteridad de Lehi; los lamanitas), y los gentiles (inmigrantes de Europa, etc.) serán bendecidos sobre la tierra.

En verdad es una promesa increíble y un cumplimiento milagroso que esta tierra (América), nunca tendrá un rey en nuestros días (véase el versículo 11, a continuación). Simplemente en este hecho, ya se ve la mano del Señor, especialmente cuando vemos que hay una tendencia casi universal a lo largo de los siglos a tener reyes como líderes políticos.

11   Y esta tierra (América; véase el resumen del encabezamiento del capítulo 10 en el Libro de Mormón) será una tierra de libertad para los gentiles; y no habrá reyes sobre la tierra que se levanten sobre los gentiles.

12   Y fortificaré esta tierra contra todas las otras naciones.

13   Y el que combata contra Sión perecerá, dice Dios.

14   Porque quien levante rey contra mí, perecerá; pues yo, el Señor, el rey de los cielos, seré su rey, y eternamente seré una luz para aquellos que oigan mis palabras.

15   Por lo tanto, por esta causa, a fin de que se cumplan mis convenios que he concertado con los hijos de los hombres, que realizaré para ellos mientras estén en la carne (durante sus vidas mortales), he de destruir las obras secretas de tinieblas, y de asesinatos, y de abominaciones.

El próximo versículo es una advertencia imparcial a todo el mundo, de que al final, nadie podrá tener éxito al combatir contra Sión (la obra del Señor; la restauración del evangelio y su difusión en los últimos días).

16   De modo que quien pugne contra Sión, tanto judío como gentil, esclavo como libre, varón como mujer, perecerá; pues son ellos los que constituyen la ramera de toda la tierra; porque aquellos que no son conmigo, contra mí son, dice nuestro Dios.

La frase «son ellos los que constituyen la ramera de toda la tierra” en el versículo 16, arriba, no da lugar a ninguna duda o error. Quizás puedas recordar que “la ramera de toda la tierra” es “la iglesia del diablo” (véase 1 Nefi 14:10). El mensaje está muy claro. Si no estamos ayudando al Señor a edificar Su reino aquí en la tierra, entonces estamos ayudando al diablo. No existe un terreno neutral.

17   Porque cumpliré mis promesas que he hecho a los hijos de los hombres, que realizaré para ellos mientras estén en la carne.

18   Por consiguiente, mis amados hermanos, así dice nuestro Dios: Afligiré a tu posteridad (los lamanitas) por mano de los gentiles (los lamanitas serán muy maltratados por aquellos que vengan o colonicen América); no obstante, ablandaré el corazón de los gentiles para que les sean como un padre; por tanto, los gentiles serán bendecidos y contados entre los de la casa de Israel.

19   Por tanto, consagraré esta tierra (América; todo el continente americano; incluyendo el norte, el centro y Sudamérica) a tu posteridad, y a aquellos que sean contados entre los de tu posteridad, como la tierra de su herencia, para siempre; porque es una tierra escogida, me dice el Señor, sobre todas las otras tierras; por tanto, es mi voluntad que me adoren todos los hombres que en ella moren, dice Dios.

La última frase en el versículo 19, arriba, es alarmante. Nos recuerda que, para que las promesas del Señor, en cuanto a América, se cumplan, los habitantes de América deben vivir el evangelio.

20   Ahora bien, amados hermanos míos, en vista de que nuestro clemente Dios nos ha dado tan gran conocimiento acerca de estas cosas, acordémonos de él, y dejemos a un lado nuestros pecados, y no inclinemos la cabeza, porque no somos desechados; sin embargo, hemos sido expulsados de la tierra de nuestra herencia; pero se nos ha guiado a una tierra mejor, pues el Señor ha hecho del mar nuestro camino, y nos hallamos en una isla del mar.

Tal y como se ha mencionado en las notas anteriores, la frase “nos hallamos en una isla del mar” en el versículo 20, arriba, significa las Américas. En el lenguaje y cultura judía de los tiempos de Lehi, la frase “islas del mar» significaba todas las tierras y continentes que no fueran Asia o África.

21   Pero grandes son las promesas del Señor para los que se hallan en las islas del mar; por tanto, ya que dice islas (en plural), debe haber más que ésta (deben haber otros continentes además de este en el que ahora vivimos), y también las habitan nuestros hermanos. (Es decir, todas las personas son nuestros hermanos y hermanas).

A continuación, Jacob nos enseña que hay muchos pueblos o personas que han sido guiados por el Señor a tierras lejanas.

En otras palabras, ha habido muchas “dispersiones” a través de la historia. Qué experiencia tan fascinante tendremos cuando algún día los conozcamos y escuchemos sus experiencias.

22   Porque he aquí, el Señor Dios ha llevado a algunos de la casa de Israel, de cuando en cuando, según su voluntad y placer. Y ahora bien, he aquí, el Señor se acuerda de todos los que han sido dispersados (todas las personas serán «recogidas” como parte del recogimiento de Israel); por tanto, se acuerda de nosotros también (el Señor guardará su convenio y nos restaurará a todos).

A continuación, en el versículo 23, nos encontramos con una de las enseñanzas más famosas de Jacob. La resaltaremos en negrita.

23   Anímense, pues, vuestros corazones, y recordad que sois libres para obrar por vosotros mismos, para escoger la vía de la muerte interminable, o la vía de la vida eterna.

Tomemos un instante para reflexionar en lo que se dice arriba, en el versículo 23. No existe tal cosa como la destrucción total del espíritu de una persona. Por lo tanto, el término “muerte interminable” significa “muerte espiritual” o también, en ocasiones, se le llama “la segunda muerte”. En otras palabras, se trata de la separación de la presencia de Dios para siempre. Otra manera de verlo es que “nunca se tendría la espiritualidad personal necesaria para sentirse cómodo en la presencia de Dios y de otros seres celestiales para siempre”.

“Vida eterna” también aparece en el versículo 23. La gloria celestial comprende tres grados o niveles (véase DyC 131:1-3) y “vida eterna” siempre significa “exaltación” en el grado más alto del reino celestial. En DyC 14:7 se nos enseña que la “vida eterna… es el mayor de todos los dones de Dios”. La exaltación significa vivir en la unidad familiar para siempre, llegando a ser dioses, teniendo hijos espirituales, creando mundos para que estos hijos los habiten, y usando con dichos hijos el mismo Plan de Salvación que nuestro Padre Celestial ha utilizado con nosotros. La Primera Presidencia dejó esto muy claro en 1916 en la siguiente declaración (negrita agregada para resaltar):

“. . . Solo los seres resucitados y glorificados pueden llegar a ser padres de hijos espirituales o tener descendencia espiritual. Solo estas almas exaltadas han alcanzado la madurez en el trayecto señalado de la vida eterna; y los espíritus que nazcan de estos en los mundos eternos pasarán por dicha secuencia, a través de las diversas etapas o estados por los cuales los padres glorificados han llegado a alcanzar la exaltación”. (1916 Declaración de la Primera Presidencia, Improvement Era, Agosto, 1916, p. 942).

24   Por tanto, mis amados hermanos, reconciliaos con la voluntad de Dios, y no con la voluntad del diablo y la carne; y recordad, después de haberos reconciliado con Dios, que tan solo en la gracia de Dios, y por ella, sois salvos.

La palabra “reconciliaos” tal cual se usa en el versículo 24, arriba, procede del latín, y significa “sentarse otra vez con.” Si dividimos esta palabra tenemos lo siguiente;

“re” significa “otra vez”

“con” significa “con alguien o algo”

“cilio” significa “sentarse»

Por lo tanto, en este contexto, “reconciliaos” básicamente significa tomar decisiones según nuestro albedrío que nos permitirán regresar junto a Dios y sentarnos con Él nuevamente en Su reino.

En Apocalipsis 3:20-21 se nos enseña en cuanto a sentarse con Cristo y el Padre (negrita agregada para resaltar):

20   He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo.

21   Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.

25   Así pues, Dios os levante de la muerte (muerte física) por el poder de la resurrección, y también de la muerte eterna (la muerte espiritual; morir respecto a las cosas que son espirituales) por el poder de la expiación, a fin de que seáis recibidos en el reino eterno de Dios (gloria celestial), para que lo alabéis por medio de la divina gracia. Amén.

Segundo Nefi Capítulo 11