Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
Segundo Nefi Capítulo 13
Este capítulo se compara al capítulo 3 de Isaías en la Biblia. Tanto en este capítulo como en otros, Isaías usa una técnica literaria llamada “quiasmo”, una manera de escribir en la que el autor dice unas cosas y luego las repite en orden Inverso para dar énfasis. Por lo general, el elemento u elementos que quedan en medio del quiasmo son los puntos principales a enfatizar. Seguidamente tenemos un ejemplo de un quiasmo sencillo, el cual se encuentra en Isaías 6:10. Lo señalaremos en negrita.
Estructura del quiasmo en Isaías 6:10
“Engruesa el corazón (elemento A del quiasmo) de este pueblo, y agrava sus oídos (B) y ciega sus ojos (C), no sea que vea con sus ojos (C’) y oiga con sus oídos (B’), y entienda con su corazón (A’), y se convierta y sea sanado”.
Una manera de mostrar cómo fluye el quiasmo de Isaías, arriba, sería la siguiente:
A, B, C, C’, B’, A’
El uso de quiasmos en la antigüedad como una técnica literaria no se descubrió hasta después de la aparición del Libro de Mormón.
Por lo tanto, el hecho de que dichos quiasmos se encuentren en otras partes del Libro de Mormón supone una evidencia interna muy grande de la autenticidad de este libro como un documento antiguo. Además de los casos que encontramos en los pasajes de Isaías, hay dos ejemplos de quiasmo en el Libro de Mormón.
El primer ejemplo se halla en Mosíah 3:18-19. Usaremos negrita para resaltar esta forma de escritura antigua, el quiasmo.
18 Pues he aquí, él juzga, y su juicio es justo; y el niño que muere en su infancia no perece; mas los hombres beben condenación para sus propias almas, a menos que se humillen (A) y se vuelvan como niños pequeños (B) y crean que la salvación fue, y es, y ha de venir en la sangre expiatoria de Cristo (C), el Señor Omnipotente, y por medio de ella.
19 Porque el hombre natural (D) es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural (D’), y se haga santo por la expiación de Cristo (C’) el Señor, y se vuelva como un niño (B’): sumiso, manso, humilde (A’), paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente imponer sobre él, tal como un niño se somete a su padre.
En el caso del quiasmo previo, la fluidez de los elementos se ilustra de la siguiente manera:
A, B, C, D, D’, C’, B’, A’
Segundo Ejemplo; Alma 36
1 Hijo mío, da oído a mis palabras (A), porque te juro que al grado que guardes los mandamientos (B) de Dios, prosperarás en la tierra.
2 Quisiera que hicieses lo que yo he hecho, recordando el cautiverio de nuestros padres; porque estaban en el cautiverio (C), y nadie podía rescatarlos salvo que fuese el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; y él de cierto, los libró en sus aflicciones.
3 Y ahora bien, ¡oh mi hijo Helamán!, he aquí, estás en tu juventud, y te suplico, por tanto, que escuches mis palabras y aprendas de mí; porque sé que quienes pongan su confianza en Dios serán sostenidos en sus tribulaciones (D), y sus dificultades y aflicciones, y serán enaltecidos en el postrer día.
4 Y no quisiera que pensaras que yo sé de mí mismo; no de lo temporal, sino de lo espiritual; no de la mente carnal, sino de Dios.
5 Ahora bien, he aquí, te digo que si no hubiese nacido de Dios (E), no habría sabido estas cosas; pero por boca de su santo ángel, Dios me ha hecho saber estas cosas, no por dignidad alguna en mí.
6 Porque yo andaba con los hijos de Mosíah, tratando de destruir la iglesia de Dios; mas he aquí, Dios envió a su santo ángel para detenernos en el camino.
7 Y he aquí, nos habló como con voz de trueno, y toda la tierra tembló bajo nuestros pies; y todos caímos al suelo porque el temor del Señor nos sobrevino.
8 Mas he aquí, la voz me dijo: ¡Levántate! Y me levanté y me puse de pie y vi al ángel.
9 Y me dijo: A menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios.
10 Y aconteció que caí al suelo; y por el espacio de tres días y tres noches no pude abrir mi boca, ni hacer uso de mis miembros,
11 Y el ángel me dijo más cosas que mis hermanos oyeron, mas yo no las oí. Porque al oír las palabras—a menos que tú, por ti mismo, quieras ser destruido, no trates más de destruir la iglesia de Dios— me sentí herido de tan grande temor y asombro de que tal vez fuese destruido, que caí al suelo y no oí más.
12 Pero me martirizaba un tormento eterno, porque mi alma estaba atribulada en sumo grado, y atormentada por todos mis pecados.
13 Sí, me acordaba de todos mis pecados e iniquidades, por causa de los cuales yo era atormentado con las penas del infierno; sí, veía que me había rebelado contra mi Dios y que no había guardado sus santos mandamientos.
14 Sí, y había asesinado a muchos de sus hijos, o más bien, los había conducido a la destrucción; sí, y por último, mis iniquidades habían sido tan grandes que el solo pensar en volver a la presencia de mi Dios atormentaba mi alma con indecible horror.
15 ¡Oh si fuera desterrado— pensaba yo—y aniquilado en cuerpo y alma, a fin de no ser llevado para comparecer ante la presencia de mi Dios para ser juzgado por mis obras!
16 Y por tres días y tres noches me vi atormentado, sí, con las penas de un alma condenada.
17 Y aconteció que mientras así me agobiaba este tormento, mientras me atribulaba el recuerdo de mis muchos pecados (F), he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo.
18 Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte!
19 Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados (F’).
20 Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor.
21 Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo.
22 Sí, me pareció ver—así como nuestro padre Lehi vio—a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios; sí, y mi alma anheló estar allí.
23 Mas he aquí, mis miembros recobraron su fuerza, y me puse de pie, y manifesté al pueblo que había nacido de Dios.
24 Sí, y desde ese día, aun hasta ahora, he trabajado sin cesar para traer almas al arrepentimiento; para traerlas a probar el sumo gozo que yo probé; para que también nazcan de Dios y sean llenas del Espíritu Santo.
25 Sí, y he aquí, ¡oh hijo mío!, el Señor me concede un gozo extremadamente grande en el fruto de mis obras;
26 porque a causa de la palabra que él me ha comunicado, he aquí, muchos han nacido de Dios (E’), y han probado como yo he probado, y han visto ojo a ojo, como yo he visto; por tanto, ellos saben acerca de estas cosas de que he hablado, como yo sé; y el conocimiento que tengo viene de Dios.
27 Y he sido sostenido en tribulaciones (D’) y dificultades de todas clases, sí, y en todo género de aflicciones; sí, Dios me ha librado de la cárcel, y de ligaduras, y de la muerte; sí, y pongo mi confianza en él, y todavía me librará.
28 Y sé que me levantará en el postrer día para morar con él en gloria; sí, y lo alabaré para siempre; porque ha sacado a nuestros padres de Egipto y ha hundido a los egipcios en el Mar Rojo; y por su poder guio a nuestros padres a la tierra prometida; sí, y los ha librado de la servidumbre y del cautiverio de cuando en cuando.
29 Sí, y también ha sacado a nuestros padres de la tierra de Jerusalén; y por su sempiterno poder también los ha librado de la servidumbre y del cautiverio (C’) de cuando en cuando, hasta este día. Y yo siempre he retenido el recuerdo de su cautiverio; sí, y tú también debes recordar su cautiverio como lo he hecho yo.
30 Mas he aquí, hijo mío, esto no es todo; porque tú debes saber, como yo sé, que al grado que guardes los mandamientos (B’) de Dios, prosperarás en la tierra; y debes saber también que si no guardas los mandamientos de Dios, serás separado de su presencia. Y esto es según su palabra (A’).
Por cierto, ¿te has fijado en el centro del “quiasmo”? Tiene que ver con la “memoria de los pecados” y nos enseña de una manera muy firme que la memoria de los pecados no tiene por qué atormentar a los miembros por el resto de sus vidas, si es que estos se arrepienten y son limpios por medio de la expiación. Además, si prestas atención, hay mucho más sobre quiasmos en Alma 36. De hecho, existe un quiasmo con 34 elementos, 17 ascendentes y 17 descendentes.
Ahora procederemos con 2 Nefi 13, donde también hallamos una estructura de quiasmo. Isaías usa el quiasmo para mostrarnos la destrucción de la estabilidad dentro de una sociedad que sonríe ante los pecados desagradables y la maldad.
1 Porque he aquí que el Señor, el Señor de los Ejércitos, quita de Jerusalén (A) y de Judá el apoyo y el sostén; todo sustento de pan (B), y todo socorro de agua (el Señor va a retirar su apoyo y todo el reino de los judíos se desmoronará);
2 el valiente (C) y el hombre de guerra, el juez y el profeta, el prudente y el anciano (todos los líderes estables y capaces desaparecerán);
3 el capitán de cincuenta, y el hombre respetable, y el consejero (D), y el artífice diestro (artesano experto), y el hábil orador (todos los líderes capaces y los artesanos desaparecerán).
4 Y niños les pondré por príncipes (líderes), y niños pequeños (E) serán sus gobernantes (líderes irresponsables e inmaduros tomarán el mando).
5 Y el pueblo se hará violencia (F) unos a otros (anarquía, pandillas, ciudadanos contra ciudadanos, etc.), y cada cual contra su prójimo. El niño se portará altivamente con el anciano (E’), y el villano (el que tiene rudeza y crueldad) contra el noble (no habrá respeto por la autoridad).
A continuación, Isaías describe lo mal que se ponen las cosas cuando una sociedad estable se desmorona.
6 Cuando el hombre tomare a su hermano, de la familia de su padre, y le dijere: Tú tienes manto (vestiduras), sé tú nuestro gobernante (D’), y no sea esta ruina bajo tu mano (no dejes que nos suceda esto, tu que tienes un manto o ropa medio decente, sé nuestro líder),
7 éste jurará (se quejará) en aquel día, diciendo: (C’) No seré el sanador (¡No os puedo guiar ni defender o proteger!), pues en mi casa no hay ni pan (B’) ni qué vestir (yo ya tengo mis propios problemas); no me hagáis gobernante del pueblo.
Seguidamente, Isaías describe el resultado final de una sociedad que permite la maldad y la iniquidad abiertamente.
8 Pues arruinada está Jerusalén (A’), y Judá caída; porque sus lenguas y sus obras han sido contra el Señor para provocar los ojos de su gloria (de palabra y hechos, el pueblo está completamente en contra del Señor).
9 La apariencia de sus rostros testifica en contra de ellos (al mirarlos puede apreciarse la iniquidad), y publica que su pecado es como el de Sodoma (completamente inicuo, incluyendo la homosexualidad; véase la nota 5a en Génesis 19), y no lo pueden ocultar (pecados evidentes, que no pueden justificarse al racionalizarse ni tampoco esconderse ante Dios), ¡Ay de sus almas!, porque han allegado el mal para sí mismos (están recibiendo lo que merecen, los frutos de lo que han sembrado).
Hasta aquí, las descripciones respecto al pueblo que aparecen en este capítulo son bastante deprimentes y tristes. Sin embargo, para asegurarse de que los justos no se angustien ni se desesperen al tratar de sobrevivir espiritualmente en una sociedad tan malvada, el Señor les asegura que al final recibirán el galardón por su rectitud.
10 Decid a los justos que a ellos les irá bien, porque comerán del fruto de sus obras.
11 ¡Ay de los impíos!, porque perecerán; pues el pago de sus manos vendrá sobre ellos (aquello que siembren, eso mismo cosecharán).
Isaías continuará describiendo los resultados finales de una iniquidad sin control entre los judíos. Esto mismo también se aplica a cualquier nación, en cualquier época de la historia y en cualquier lugar.
12 Los opresores de mi pueblo son niños (líderes inmaduros), y mujeres lo gobiernan (la caída de la familia tradicional; los hombres son líderes débiles). ¡Oh pueblo mío, los que te guían te hacen errar, y pervierten el curso de tus sendas (el liderismo que no tiene en cuenta los principios básicos del evangelio causa un daño terrible)!
A continuación, Isaías reprenderá a los líderes inicuos judíos por apoderarse egoístamente de todo lo que pueden del pueblo, de las mismas personas que estos líderes debían proteger.
13 El Señor se levanta para litigar (en hebreo: oponerse; os habéis metido en un grave problema), se pone en pie para juzgar al pueblo.
14 Vendrá el Señor a juicio contra los ancianos (los líderes y personas mayores inicuos) de su pueblo y contra sus príncipes (líderes); porque habéis devorado la viña (habéis arruinado o destrozado el país) y el despojo del pobre en vuestras casas (tenéis todo tipo de posesiones en vuestras casas, las cuales habéis quitado a los pobres; se supone que debíais protegerlos, sin embargo, los estáis arruinando).
15 ¿Qué pretendéis? (¿Qué tenéis que decir en vuestro favor?) Majáis (arruináis) a mi pueblo, y moléis las caras de los pobres (aún los forzáis a ser más pobres), dice el Señor Dios de los Ejércitos.
Isaías nos mostrará ahora lo que sucede cuando las mujeres se vuelven tan malvadas como los hombres, y enfatiza que cuando esto sucede, la sociedad está destinada a la ruina, tal y como se indica en los versículos 25 y 26.
16 Dice además el Señor: Por cuanto las hijas de Sión son altivas (llenas de orgullo y maldad), y andan con cuello erguido (vanidad, orgullo) y ojos desvergonzados (llenos de lujuria), y caminan como si bailaran (pasitos cortos y rápidos; véase la nota a pie de página 16b en Isaías 3), y producen tintineo con los pies (Biblia en alemán: llevan calzado caro para que la gente se dé cuenta);
17 herirá, pues (por estas razones), el Señor la mollera de las hijas de Sión con sarna (Biblia en alemán: hará que se queden calvas; quizás esta palabra tenga que ver con el afeitado de cabello, como los esclavos), y descubrirá su desnudez (dará a conocer sus obras de maldad).
En el versículo 17, arriba, Isaías profetizó que el pueblo del convenio del Señor sería llevado cautivo debido a su iniquidad. Seguidamente, se describe cómo se les arrebata todo aquello que es valioso para el corazón y la mente a las mujeres que se han vuelto inicuas en los días de Isaías. Esta misma escena es típica en cualquier sociedad en la que los valores morales se deterioran.
18 En aquel día quitará el Señor la ostentación (Biblia en alemán: decoraciones, belleza) de sus ajorcas (Biblia en alemán: calzado caro), y redecillas, y lunetas (decoraciones femeninas que representan un estatus alto en la sociedad materialista);
19 los collares, y los brazaletes, y los rebociños (velos);
20 las cofias (Biblia en alemán: cajitas con perfume), los adornos de las piernas, los tocados, los pomitos de olor y los zarcillos (pendientes);
21 los anillos, y los joyeles para la nariz;
22 las mudas de ropa de gala (Biblia en alemán: vestidos para las fiestas), y los mantos (Biblia en alemán: batas, vestiduras, togas), y las tocas (pieza de tela para cubrir las cabezas de las mujeres), y las bolsas (Biblia en alemán: monederos);
23 los espejos, y los linos finos, y los rebozos (turbantes), y los velos (o gasas; las ropas transparentes; véase la nota a pie de página 23a en Isaías 3).
Tal y como se indica arriba, Isaías ha descrito las modas, la arrogancia, la inmoralidad sexual y el materialismo de las mujeres de la alta sociedad, y lo ha hecho con términos que también se aplican a nuestro día. A continuación, Isaías describirá proféticamente los resultados de la iniquidad de dichas mujeres, lo cual tiene aplicación simbólica y literal a Jerusalén y al reino de Judá.
24 Y sucederá que en lugar de perfumes, habrá hediondez (olores desagradables emitidos por los cuerpos sin vida de la gente aniquilada por los ejércitos invasores; también puede referirse al olor de las condiciones miserables de los que viven en esclavitud); y soga (trapos) en lugar de cinturón (correa para la cintura); y en lugar de cabellos peinados, calvicie (a los esclavos se les afeitaba la cabeza); y en lugar de mantos (batas bonitas), cilicio (vestiduras ásperas para la penitencia); y quemadura (señales de quemaduras para marcar a los esclavos; véase la nota a pie de página 24c en Isaías 32) en lugar de hermosura.
En los versículos de arriba, Isaías ha hablado de calvicie (cabello afeitado). Simbólicamente, esto representa esclavitud y cautiverio. Literalmente, los ejércitos conquistadores a menudo retuvieron a los cautivos más fuertes y sanos para venderlos a buen precio en el mercado de esclavos de regreso a sus hogares. Había tres razones básicas por la que se les afeitaba el cabello de estos esclavos: para humillarlos, para identificarlos (es más fácil reconocer al esclavo que trata de huir), y por higiene.
25 Tus varones caerán a espada, y tus fuertes en la batalla (a causa de las guerras la población de varones se reducirá).
26 Y sus puertas (de Jerusalén; véase el versículo 8) se lamentarán y enlutarán, y ella, desolada (arrasada, desamparada; véase la nota a pie de página 26c en Isaías 3), se sentará en tierra (Jerusalén, símbolo de la iniquidad, será completamente derrotada y conquistada. Uno de los cumplimientos de esta profecía fue la cautividad de Babilonia, la cual culminó sobre el año 587 a.C.).
























