Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
Segundo Nefi Capítulo 25
Una de las grandes ventajas de que disfrutamos en lo referente a entender a Isaías, es que Nefi nos explica aquello que acabamos de leer en los capítulos previos de Isaías. A partir del versículo 9, Nefi nos dará explicaciones específicas. De los versículos 1 al 8, nos explicará que su propio pueblo también tenía dificultades para entender a Isaías. Usaremos negrita para resaltar.
1 AHORA bien, yo, Nefi, hablo algo con relación a las palabras que he escrito, palabras que fueron pronunciadas por boca de Isaías. Pues he aquí, Isaías habló muchas cosas que a muchos de los de mi pueblo les fue difícil comprender, porque no saben concerniente a la manera de profetizar entre los judíos.
2 Porque yo, Nefi, no les he enseñado muchas cosas respecto de las costumbres de los judíos; porque sus obras fueron obras de tinieblas, y sus hechos fueron hechos de abominaciones.
3 Por tanto, escribo a mi pueblo, a todos aquellos que en lo futuro reciban estas cosas que yo escribo, para que conozcan los juicios de Dios y sepan que vienen sobre todas las naciones, según la palabra que él ha declarado.
4 Por tanto, escuchad, oh pueblo mío, que sois de la casa de Israel, y dad oídos a mis palabras; pues aunque las palabras de Isaías no os son claras a vosotros, sin embargo, son claras para todos aquellos que son llenos del espíritu de profecía (el Espíritu Santo). Pero os declaro una profecía, de acuerdo con el espíritu que hay en mí; por tanto, profetizaré según la claridad que en mí ha habido desde la ocasión en que salí de Jerusalén con mi padre; porque, he aquí, mi alma se deleita en la claridad para con mi pueblo, a fin de que aprenda.
A menudo, las personas se preguntan si los judíos mismos podían entender las palabras de Isaías. A continuación, en el versículo 5, Nefi responde a esa pregunta. La respuesta es «Sí”.
5 Sí, y mi alma se deleita en las palabras de Isaías, porque salí de Jerusalén, y mis ojos han visto las cosas de los judíos, y sé que ellos entienden las cosas de los profetas, y no hay ningún otro pueblo que entienda, como ellos, las cosas que fueron pronunciadas a los judíos, salvo que sean instruidos conforme a la manera de las cosas de los judíos.
Tal como se indica en el versículo 2, arriba, Nefi ha evitado enseñar a su pueblo muchas cosas sobre la vida de los judíos que habitaban en la región de Jerusalén. Y esto lo hace debido al estilo de vida tan inicuo que tenían. Por lo tanto, su pueblo se parece mucho a nosotros en cuanto a que ellos tampoco entienden los antecedentes, el contexto y el simbolismo que utilizaba Isaías. En los siguientes versículos, Nefi nos dice que él pondrá remedio a este problema. Y lo hará al enseñarnos con palabras sencillas y claras aquello que Isaías nos ha estado enseñando.
6 Mas he aquí, yo, Nefi, no he enseñado a mis hijos conforme a la manera de los judíos; pero yo mismo he morado en Jerusalén, por lo que sé acerca de las regiones circunvecinas; y he mencionado a mis hijos acerca de los juicios de Dios que han acontecido entre los judíos, de acuerdo con todo lo que Isaías ha hablado, y no lo escribo.
7 Mas, he aquí, procedo con mi propia profecía (os enseñaré sobre Isaías con mis propias palabras), de acuerdo con mi claridad, en la que sé que nadie puede errar; sin embargo, en los días en que se cumplan las profecías de Isaías, en la época que se realicen, los hombres sabrán de seguro.
En el versículo 8, abajo, Nefi profetiza que en los últimos días, la gente podrá entender los escritos de Isaías. Tu eres parte del cumplimiento de esa profecía a medida que desarrollas tu habilidad para entender dichos escritos y gracias a las explicaciones del Libro de Mormón y de Nefi.
8 Por tanto, (las palabras de Isaías) son de valor a los hijos de los hombres; y a los que suponen que no lo son, yo hablaré más particularmente, y limitaré mis palabras a mi propio pueblo; porque sé que serán de gran valor para ellos en los postreros días, porque entonces las entenderán; por consiguiente, es para su bien que las he escrito.
Ahora, Nefi comenzará a explicarnos los capítulos de Isaías, los cuales incluyó en las Planchas Menores; los mismos que hemos estado leyendo ahora en esta parte del Libro de Mormón. Continuaremos haciendo uso de la negrita por razones de enseñanza.
9 Y así como una generación ha sido destruida entre los judíos a causa de la iniquidad, de igual manera han sido destruidos de generación en generación (la dispersión de Israel) según sus iniquidades (véase 2 Nefi 13:11); y ninguno de ellos ha sido destruido jamás sin que se lo hayan predicho los profetas del Señor.
En el versículo 9, arriba, casi al final, nos encontramos con una doctrina muy importante. Se trata de que el Señor, de manera justa, siempre nos advierte antes de que seamos destruidos (también un sinónimo de dispersión) por motivo de nuestra iniquidad. De esta manera, las personas tienen oportunidades para hacer uso de su albedrío moral de manera sabia y son responsables por lo que les termina ocurriendo.
10 Por tanto, les ha sido dicho (a los judíos) concerniente a la destrucción (la cautividad a manos de Babilonia) que vendría sobre ellos inmediatamente después que saliera mi padre de Jerusalén; sin embargo, endurecieron sus corazones (no quisieron arrepentirse), y conforme a mi profecía, han sido destruidos (Jerusalén ha sido destruida), salvo (excepto) aquellos que fueron llevados cautivos a Babilonia.
A continuación, Nefi explicará que uno de los temas de enseñanza más típicos de Isaías es el “recogimiento” de Israel.
A modo de nota personal, a cada uno de nosotros, el Señor nos invita una y otra vez a ser “recogidos” o “reunirnos” junto a Él.
11 Y hablo esto a causa del espíritu que está en mí. Y a pesar de que (los judíos) han sido llevados, volverán otra vez (el recogimiento) y poseerán la tierra de Jerusalén (esto se convirtió en un hecho cuando según el plan de las Naciones Unidas, en 1948, se declaró a Israel como estado); por tanto, serán nuevamente restaurados a la tierra de su herencia (la Tierra Santa).
A continuación, Nefi explica que Isaías profetizó que el Hijo de Dios vendría en verdad a la tierra y que viviría entre los judíos.
12 Pero he aquí, habrá entre ellos (los judíos) guerras y rumores de guerras; y cuando llegue el día en que el Unigénito del Padre (Jesús), sí, el Padre del cielo y de la tierra (Jesús), se manifieste él mismo a ellos en la carne, he aquí, (los judíos) lo rechazarán por causa de sus iniquidades (por sus maldades), y la dureza de sus corazones, y lo duro de su cerviz (su orgullo y falta de humildad).
13 He aquí, lo crucificarán; y después de ser puesto en un sepulcro (tumba) por el espacio de tres días, se levantará de entre los muertos (resucitará), con salvación en sus alas (con el poder total para sanarnos a todos nosotros de nuestros pecados); y todos los que crean en su nombre serán salvos en el reino de Dios. Por tanto, mi alma se deleita en profetizar concerniente a él (esta es la razón por la que me encanta enseñar sobre Cristo), porque he visto su día, y mi corazón magnifica su santo nombre (en mi corazón albergo sentimientos indescriptibles de gratitud por Cristo).
La frase “salvación en sus alas” que aparece en el versículo 13, arriba, tiene un simbolismo precioso. En inglés la palabra “salvación” aparece traducida como “healing”, que significa “sanación”. Y la sanación, se refiere, sin ninguna duda, al poder y habilidad del Salvador para sanarnos, y salvarnos a todos de los efectos de los pecados y debilidades. La palabra “alas” simboliza el poder para manifestarse o estar de manera inmediata en cualquier lugar en el que se le necesite, para así poder ministrarnos. Te sugiero que leas DyC 77:4, en donde el Profeta José Smith nos da una breve explicación sobre el término “alas”.
14 Y he aquí, acontecerá que después que el Mesías haya resucitado de entre los muertos, y se haya manifestado a su pueblo, a cuantos quieran creer en su nombre, he aquí, Jerusalén será destruida otra vez (por los romanos, sobre el año 70-73 d.C.); porque ¡ay de aquellos que combatan contra Dios y el pueblo de su iglesia!
Nefi continúa escribiendo sobre lo que Isaías enseñó. Es decir, que los judíos serían dispersados y aniquilados durante siglos tras haber crucificado a Cristo.
Y entonces, algo maravilloso empieza a acontecer a medida que los judíos empiezan a creer en Cristo y en Su expiación. El gran recogimiento empieza a tener lugar entre ellos.
15 Por tanto, los judíos serán dispersados entre todas las naciones; sí, y también Babilonia será destruida (y lo fue, en el año 538 a.C., por los persas); por consiguiente, otras naciones dispersarán a los judíos (esto incluiría a Roma, además de Hitler y otros tiranos).
16 Y después que hayan sido dispersados, y el Señor Dios los haya castigado por otros pueblos, por el espacio de muchas generaciones, sí, de generación en generación, hasta que sean persuadidos a creer en Cristo, el Hijo de Dios, y la expiación, que es infinita para todo el género humano; y cuando llegue ese día en que crean en Cristo, y adoren al Padre en su nombre, con corazones puros y manos limpias, y no esperen más a otro Mesías(esos días están comenzando a tener lugar entre los judíos), entonces, en esa época, llegará el día (todavía en el futuro) en que sea menester que crean estas cosas.
Nefi ha usado varios versículos para hablarnos de manera muy específica sobre los judíos. Habrás notado que la profecía del recogimiento de los judíos ahora está comenzando a expandirse para incluir también el recogimiento de todos los de la casa de Israel en los últimos días. Esto es algo típico de Isaías y de otros profetas de la Biblia. Nos están hablando sobre una cosa y de pronto, incluso en medio de un versículo, hacen una transición para hablar de otros temas relacionados.
17 Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez (en los últimos días; véase Jacob 6:2 y el encabezamiento en Jacob 6) para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído. Por tanto, él procederá a efectuar una obra maravillosa y un prodigio (la restauración del evangelio por medio de José Smith) entre los hijos de los hombres (en toda la tierra).
18 Por consiguiente (en todo este proceso de restaurar el evangelio), él les manifestará sus palabras (a los judíos), las cuales los juzgarán en el postrer día, porque les serán dadas con el fin de convencerlos del verdadero Mesías que ellos rechazaron; y para convencerlos de que no deben esperar más a un Mesías que ha de venir, pues no ha de venir otro, salvo que sea un Mesías falso que engañe al pueblo; porque no hay sino un Mesías (solamente) de quien los profetas han hablado, y ese Mesías es el que los judíos rechazarán.
19 Pues, según las palabras de los profetas, el Mesías viene seiscientos años a partir de la ocasión en que mi padre salió de Jerusalén (año 600 a.C.); y según las palabras de los profetas, y también la palabra del ángel de Dios, su nombre será Jesucristo, el Hijo de Dios.
¡En verdad Nefi nos habla y enseña con claridad! A continuación, enfatizará la simpleza del evangelio al transportar a los lectores al incidente de la serpiente de bronce, la cual levantó Moisés para que su pueblo pudiera ser sanado si tan solo miraban a la serpiente, algo muy simple. ¡Sin embargo, era algo muy sencillo para muchos de ellos! Nefi nos está recordando que el mensaje de Isaías también es maravillosamente simple: ¡Volveos hacia Cristo y viviréis!
20 Y ahora bien, hermanos míos, he hablado claramente para que no podáis errar (es imposible que no entendáis lo que os he enseñado); y como vive el Señor Dios, que sacó a Israel de la tierra de Egipto, y dio poder a Moisés para sanar a las naciones (las Doce Tribus de Israel) después de haber sido mordidas por las serpientes ponzoñosas, si ponían sus ojos en la serpiente que él levantó ante ellas, y también le dio poder para que hiriera la peña y brotara el agua (símbolo del “agua viva» que viene de Cristo; véase Juan 10:4); sí, he aquí os digo que así como estas cosas son verdaderas, y como el Señor Dios vive, no hay otro nombre dado debajo del cielo sino el de este Jesucristo, de quien he hablado, mediante el cual el hombre pueda ser salvo. (Es decir, es así de simple. Sólo puedes salvarte a través de Cristo. Nadie más puede salvarte).
21 De modo que por esta causa el Señor Dios me ha prometido que estas cosas (el Libro de Mormón) que escribo serán guardadas, y preservadas y entregadas a los de mi posteridad (descendientes; los lamanitas), de generación en generación, para que se cumpla la promesa hecha a José, que su linaje no perecería jamás, mientras durase la tierra.
22 Por tanto, estas cosas (los escritos de Nefi sobre las Planchas Menores, las cuales han llegado a ser parte de nuestro Libro de Mormón) irán de generación en generación mientras dure la tierra; e irán de acuerdo con la voluntad y deseo de Dios (según sus propios planes, en Su propio tiempo); y por ellas serán juzgadas (serán responsables por el conocimiento que hay en estas escrituras) las naciones que las posean, según las palabras que están escritas.
23 Porque nosotros trabajamos diligentemente para escribir (es muy difícil hacer planchas de metal y grabar en ellas), a fin de persuadir a nuestros hijos, así como a nuestros hermanos, a creer en Cristo y a reconciliarse con Dios (que estén en paz con Dios); pues sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;
La última frase del versículo 23, arriba, es una declaración doctrinal muy importante. Hoy en día, se les enseña a muchos cristianos que solo se pueden salvar por la gracia, y que las obras no cuentan como un requisito para la salvación. Están confundiendo lo que dice Pablo e ignorando a Santiago (véase Santiago 2:17-24). Nefi lo deja bien claro. Se necesitan ambas, la fe y las obras, para que la gracia de Cristo nos salve. “Gracia”, en términos simples significa «ayuda de Cristo”.
24 y a pesar de que creemos en Cristo, observamos la ley de Moisés, y esperamos anhelosamente y con firmeza en Cristo, hasta que la ley sea cumplida.
La Ley de Moisés fue diseñada para que las personas dirigiesen sus mentes hacia Cristo y el gran sacrificio por sus pecados, el cual Él ofrecería a través de la expiación.
25 Pues para este fin (con este propósito) se dio la ley (la Ley de Moisés); por tanto (y esto explica el porqué), para nosotros la ley ha muerto (ya no es lo máximo en nuestras mentes, sin embargo, la guardamos), y somos vivificados en Cristo (somos salvos a través de la expiación de Cristo) a causa de nuestra fe; guardamos, empero, la ley, a causa de los mandamientos (porque así nos lo ha dicho Dios, y lo haremos por un tiempo, hasta que Cristo venga para empezar su ministerio mortal).
El próximo versículo es una escritura excelente para citársela a cualquiera que declare que nosotros no creemos en Cristo.
26 Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados.
El versículo 27, a continuación, quizás sea uno de los resúmenes más simples y mejores que podamos encontrar en cualquier parte de las escrituras en cuanto al propósito de la Ley de Moisés en relación con el evangelio de Cristo. Si los judíos, en el tiempo de Cristo, se hubieran permitido a sí mismos entender esto, lo cual ya enseñaban claramente los profetas del Antiguo Testamento, según nos dice Nefi, entonces habrían recibido a Jesús con los brazos abiertos en lugar de crucificarlo.
27 Por lo tanto, hablamos concerniente a la ley (la Ley de Moisés) para que nuestros hijos sepan que la ley ya no rige (que no tiene el poder para salvarnos); y, entendiendo que la ley ya no rige, miren ellos adelante hacia aquella vida (vida eterna; exaltación) que está en Cristo, y sepan con qué fin (propósito) fue dada la ley (para que nuestros hijos puedan entender por qué la Ley de Moisés fue dada). Y para que, después de cumplirse la ley (de Moisés) en Cristo, no endurezcan contra él sus corazones (como lo harán los judíos cuando Él venga entre ellos), cuando la ley tenga que ser abrogada (ya estaba previsto que la Ley de Moisés fuera reemplazada con y por Cristo).
Parece ser que los del pueblo de Nefi se están comprometiendo menos a Dios y se están endureciendo; y está empezando a haber algo de apostasía entre ellos. Sacamos esta conclusión al leer lo que Nefi dice a continuación.
28 Y ahora bien, he aquí, pueblo mío, sois gente dura de cerviz; por tanto, os he hablado claramente, para que no os podáis equivocar. Y las palabras que he hablado quedarán como un testimonio contra vosotros; pues bastan para enseñar a cualquier hombre la senda verdadera; porque la senda verdadera consiste en creer en Cristo y no negarlo; porque al negarlo, también negáis a los profetas y la ley (las enseñanzas sobre Cristo en el Antiguo Testamento).
La expresión “los profetas” se refiere a los profetas del Antiguo Testamento, tales como Abraham, Enoc, Isaías, Jeremías, etc. La expresión “la ley” consiste en los escritos de Moisés, es decir, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
29 Y ahora bien, he aquí, os digo que la senda verdadera es creer en Cristo y no negarlo; y Cristo es el Santo de Israel; por tanto, debéis inclinaros ante él y adorarlo con todo vuestro poder, mente y fuerza, y con toda vuestra alma; y si hacéis esto, de ninguna manera seréis desechados.
Seguidamente, Nefi hablará a su propia gente y les dirá que les es requerido guardar la Ley de Moisés hasta que Cristo venga a la tierra para cumplirla.
30 Y hasta donde fuere necesario, debéis observar las prácticas y las ordenanzas de Dios (los sacrificios y las reglas detalladas de la Ley de Moisés) hasta que sea cumplida la ley que fue dada a Moisés.
























