El Segundo Libro de Nefi

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón

Segundo Nefi Capítulo 27

Este capítulo es comparable al de Isaías 29 en la Biblia. Fue escrito por Isaías sobre el año 700 a.C., casi al final de su ministerio. Trata de los últimos días, incluyendo la restauración del evangelio por medio del Profeta José Smith. Además incluye muchos detalles específicos sobre la aparición del Libro de Mormón.

Se trata de uno de esos capítulos en las escrituras que testifican con fuerza y de manera extraordinaria en cuanto a la veracidad de las profecías dadas por los profetas del Señor.

Isaías comienza profetizando sobre la iniquidad descontrolada que prevalecerá entre todos los pueblos de la tierra en los últimos días. Usaremos negrita por razones de enseñanza.

1   MAS he aquí que en los últimos días, o sea, en los días de los gentiles (cuando los tiempos de los gentiles se estén cumpliendo; véase Lucas 21:24), sí, he aquí que todas las naciones de los gentiles, y también los judíos, tanto los que vengan a esta tierra (la tierra del Libro de Mormón) como los que se hallen sobre otras tierras, sí, sobre todas las tierras del mundo, he aquí, estarán ebrios (desbocados) de iniquidad y de toda clase de abominaciones(estarán sumergidos en la iniquidad; la maldad estará muy propagada).

2   Y cuando venga ese día, los visitará el Señor de los Ejércitos con truenos y con terremotos, y con un gran estruendo, y con borrasca, y con tempestad, y con la llama de fuego devorador (el resplandor de la Segunda Venida; véase DyC 5:19).

A continuación, Isaías profetiza que una vez que el evangelio haya sido restaurado en los últimos días, nadie tendrá éxito al tratar de detener su progreso.

3   Y todas las naciones que pugnen contra Sión (la obra del Señor y Su pueblo) y que la acongojen, serán como sueño de visión nocturna (desaparecerán rápidamente); sí, les será (a las naciones inicuas) como al hambriento que sueña; y he aquí, come (en su sueño), mas despierta y su alma está vacía (todavía tiene hambre); o como un sediento que sueña; y he aquí, bebe, pero cuando despierta, está desfallecido (todavía tiene hambre y sed), y su alma siente hambre; sí, aun así será con la multitud de todas las naciones que pugnen contra el monte de Sión (la obra del Señor; los inicuos nunca estarán satisfechos y al final terminarán sin nada. Los que persiguen a los santos nunca están satisfechos, parece que nunca pueden dejarlos tranquilos).

4   Porque he aquí, todos vosotros que obráis iniquidad, deteneos y asombraos (parad y pensad), porque gritaréis y clamaréis; sí, estaréis ebrios (sin control), mas no de vino; titubearéis, mas no de licor (la iniquidad abundará en vuestras vidas porque habéis rechazado a los profetas; véase el versículo 5).

5   Porque he aquí, el Señor ha derramado sobre vosotros el espíritu de un profundo sueño (ha tenido que retirar Su Espíritu; obscuridad espiritual; compárese con Alma 12:11); pues he aquí que habéis cerrado vuestros ojos y rechazado a los profetas; y a vuestros gobernantes (líderes justos) y a los videntes (profetas) él (el Señor) ha cubierto (se los ha llevado) a causa de vuestra iniquidad.

A continuación, se empezará a dar una profecía con detalles asombrosos sobre la aparición del Libro de Mormón.

6   Y acontecerá (en los últimos días; véase el versículo 1) que el Señor Dios os manifestará las palabras de un libro (el Libro de Mormón); y serán las palabras de los que han dormido (personas que ya han fallecido, tales como Nefi, Mormón, Moroni, etc.).

7   Y he aquí, el libro estará sellado (refiriéndose a la parte sellada de las planchas; véanse los versículos 10 y 21; también Éter 5:1); y en él habrá una revelación de Dios, desde el principio del mundo, hasta su fin.

8   Por lo tanto, a causa de las cosas que están selladas, no se entregarán (traducidas, etc.) estas cosas selladas(la parte sellada de las planchas) en el día de las maldades y abominaciones del pueblo. Por tanto, les será retenido el libro (la parte sellada);

El hecho de que la parte sellada de las planchas no será traducida y dada a la gente mientras existan “maldades y abominaciones” entre nosotros, nos lleva a pensar que posiblemente tengamos que esperar hasta el Milenio para recibir el resto del Libro de Mormón.

9   mas el libro (planchas de oro) será entregado a un hombre (José Smith), y él entregará (traducirá, etc.) las palabras del libro, que son las palabras de aquellos que han dormido en el polvo (los profetas del Libro de Mormón), y (José Smith) entregará estas palabras a otro (se refiere proféticamente al incidente en el que Martin Harris llevó una copia de los caracteres tomados de las planchas al profesor Charles Anthon; véase JS-H 1:63-65);

10   mas no entregará las palabras que están selladas (la porción sellada de las planchas), ni tampoco entregará (traducirá, etc.) el libro. Porque el libro será sellado por el poder de Dios, y la revelación que fue sellada (la parte sellada) se guardará en el libro (se guardará con las planchas) hasta que llegue el propio y debido tiempo del Señor (hasta que el Señor diga que ha llegado la hora de traducirla; véase el versículo 22) en que (los contenidos de la parte sellada) aparezcan; porque he aquí, revelan todas las cosas desde la fundación del mundo hasta su fin.

La gente a menudo se pregunta qué habrá en la porción sellada de las planchas del Libro de Mormón. En el versículo 10, arriba, encontramos un pequeño indicio. Nos dice que esas planchas contienen “todas las cosas desde la fundación del mundo hasta su fin”. ¡Qué tesoro debe ser!

11   Y vendrá el día en que las palabras del libro, que fueron selladas (la porción sellada, véanse los versículos 8 y 10), se leerán desde los techos de las casas (estarán a la disposición de todo el mundo); y serán leídas por el poder de Cristo, y se revelarán a los hijos de los hombres todas las cosas (compárese con DyC 101:32-34) jamás habidas entre ellos, y cuantas habrá aun hasta el fin de la tierra.

Tras haber hablado algo en cuanto a la porción sellada de las planchas que José Smith recibió en el cerro Cumorah, seguidamente, Isaías dará detalles específicos en cuanto a la aparición del Libro de Mormón tal y como lo tenemos. Empezará a hablarnos de los Tres Testigos del Libro de Mormón.

12   Por tanto, el día en que se entregue (por el ángel Moroni) el libro (planchas de oro) al hombre (José Smith) de quien he hablado, quedará oculto dicho libro de los ojos del mundo (a nadie se le permitirá ver las planchas de oro) para que no lo vea ojo alguno, salvo (excepto) tres testigos (Oliver Cowdery, David Whitmer y Martin Harris; véase el encabezamiento y el versículo 1 de DyC 17) que lo verán por el poder de Dios, además de aquel (José Smith) a quien el libro será entregado; y testificarán de la verdad del libro y de las cosas que contiene.

Ahora vamos a tomar un momento para leer el testimonio de los tres testigos. Al hacerlo, nos daremos cuenta de que estos hombres cumplieron perfectamente con los detalles descritos en la profecía de Isaías, arriba. De hecho, el Señor dio instrucciones adicionales a Martin Harris, Oliver Cowdery y a David Whitmer en cuanto a lo que debían de decir en sus testimonios. Aconteció así (negrita agregada):

Doctrina y Convenios 17:3-6

3   Y después de haber logrado fe, y de haberlas visto con vuestros ojos, testificaréis de ellas por el poder de Dios;

4   y haréis esto para que mi siervo José Smith, hijo, no sea destruido, para que en esta obra realice yo mis propósitos justos para con los hijos de los hombres.

5   Y testificaréis de haberlas visto, así como mi siervo José Smith, hijo, las vio; porque es por mi poder que él las ha visto, y porque tenía fe.

6   Y ha traducido el libro, sí, la parte que le he mandado; y vive vuestro Señor y vuestro Dios, que es verdadero.

Ahora, pasemos a leer el Testimonio de Tres Testigos (usamos negrita para resaltar):

EL TESTIMONIO DE TRES TESTIGOS CONSTE a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos, a quienes llegare esta obra, que nosotros, por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, hemos visto las planchas que contienen esta relación, la cual es una historia del pueblo de Nefi, y también de los lamanitas, sus hermanos, y también del pueblo de Jared, que vino de la torre de que se ha hablado. Y también sabemos que han sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque así su voz nos lo declaró; por tanto, sabemos con certeza que la obra es verdadera. También testificamos haber visto los grabados sobre las planchas; y se nos han mostrado por el poder de Dios y no por el de ningún hombre. Y declaramos con palabras solemnes que un ángel de Dios bajó del cielo, y que trajo las planchas y las puso ante nuestros ojos, de manera que las vimos y las contemplamos, así como los grabados que contenían; y sabemos que es por la gracia de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo, que vimos y testificamos que estas cosas son verdaderas. Y es maravilloso a nuestra vista, Sin embargo, la voz del Señor nos mandó que testificásemos de ello; por tanto, para ser obedientes a los mandatos de Dios, testificamos estas cosas. Y sabemos que si somos fieles en Cristo, nuestros vestidos quedarán limpios de la sangre de todos los hombres, y nos hallaremos sin mancha ante el tribunal de Cristo, y moraremos eternamente con Él en los cielos. Y sea la honra al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, que son un Dios. Amén.

Oliver Cowdery 
David Whitmer 
Martin Harris

13   Y nadie más lo verá (las planchas de oro), sino unos pocos (los Ocho Testigos; véase dicho testimonio al principio del Libro de Mormón) conforme a la voluntad de Dios, para dar testimonio de su palabra a los hijos de los hombres; porque el Señor Dios ha dicho que las palabras de los fieles (los profetas del Libro de Mormón) hablarían cual si fuera de entre los muertos.

Existe otro testimonio escrito en cuanto a las planchas de oro. En este otro caso, el Señor no requirió que esta persona, la cual vio las planchas de oro, diera testimonio al mundo, lo cual sí se requirió a los otros testigos (véase el versículo 13).

El nombre de esta testigo era Mary Whitmer. Se trataba de la madre de David Whitmer. Su marido, Peter Whitmer, padre, invitó a José Smith y a Oliver Cowdery a que vinieran a la granja de su familia en Fayette, Nueva York, para continuar allí con su labor de traducir las planchas de oro. Esto fue debido a que la persecución se había vuelto muy peligrosa y ya no estaban seguros en Harmony, Pennsylvania.

David Whitmer vino con su caballo y su carreta hasta Harmony y transportó a José y a Oliver a Fayette. Emma Smith (la esposa del Profeta) se quedó para terminar algunos detalles y pronto se uniría a José en el hogar de los Whitmer en Fayette.

El hecho de tener más personas a las que cuidar y alimentar llegó a ser una carga para la señora Whitmer, la cual se abrumaba de cuando en cuando, pero nunca se quejaba. Una noche, cuando la señora Whitmer se dirigía al establo para ordeñar las vacas, se le apareció el ángel Moroni. Este expresó gratitud a la señora Whitmer por su bondad al hospedar al Profeta y a Oliver, y le brindó la oportunidad de ver las planchas de oro, para que así tuviera la certeza de que estaba ayudando con la obra del Señor. Y así aconteció que esta buena mujer también fue un testigo de la veracidad de las planchas de oro. El hijo de Mary Whitmer, David, registró este acontecimiento de la siguiente manera:

«En el patio se encontró con el mismo anciano [el ángel Moroni, el cual había visto antes David] (a juzgar por la descripción que había dado de él) el cual dijo: ‘Has sido muy fiel y diligente en tus labores, pero estás cansada debido al aumento de tus esfuerzos; por lo tanto, es apropiado que recibas un testimonio para que tu fe sea fortalecida’. Entonces le mostró las planchas” (Report of Élders Orson Pratt and Joseph F. Smith, págs. 772-773). Esta cita se encuentra en el La Hisotria de la Iglesia en el Cumplimiento de los Tiempos: Manual del Alumno, Rel. 341-43, 2003, capítulo 5).

14 Por tanto, el Señor Dios procederá a sacar a luz las palabras del libro; y en la boca de cuantos testigos (misioneros, tú, yo, etc.) a él le plazca, establecerá su palabra; y ¡ay de aquel que rechace la palabra de Dios!

15   Mas he aquí, acontecerá que el Señor Dios dirá a aquel (José Smith) a quien entregará el libro: Toma estas palabras que no están selladas y entrégalas a otro (Martin Harris), para que las muestre al instruido (al profesor Charles Anthon y al Dr. Mitchell; véase JS-Historia 1:64— 65), diciendo: Te ruego que leas esto. Y el instruido dirá: Trae aquí el libro, y yo las leeré.

Podemos ver que Isaías da detalles en cuanto a los motivos de Mitchell y Anthon.

16   Y ahora bien, por causa de la gloria del mundo, y para obtener lucro (Anthon y Mitchell) dirán esto, y no para la gloria de Dios,

17   Y el hombre (Martin Harris) dirá: No puedo traer el libro, porque está sellado.

18   Entonces dirá el instruido: No puedo leerlo.

19   Por tanto, acontecerá que el Señor Dios de nuevo entregará el libro y las palabras que contiene al que no es instruido (José Smith), el cual dirá: No soy instruido.

20   Entonces el Señor Dios le dirá (a José Smith): Los instruidos no las leerán (traducirán) porque las han rechazado, y yo puedo efectuar mi propia obra; por tanto, tú leerás (traducirás) las palabras que yo te daré (con la ayuda del Urim y Tumim, etc.).

21   No toques las cosas que están selladas (p.ej., ni si quieras trates de dar una mirada a la porción sellada), pues las manifestaré en mi propio y debido tiempo; porque mostraré a los hijos de los hombres que puedo ejecutar mi propia obra.

22   Por tanto, cuando (tú, José Smith) hayas leído las palabras que te he mandado (terminado la traducción de las planchas del Libro de Mormón), y obtenido los testigos que te he prometido, entonces sellarás otra vez el libro, y lo esconderás para mis propósitos, a fin de que yo preserve las palabras que no has leído (la parte sellada), hasta que en mi propia sabiduría me parezca oportuno revelar todas las cosas a los hijos de los hombres.

En referencia a las instrucciones dadas por el Señor en el versículo 22, arriba, de que se escondieran las planchas “para mis propósitos”, es interesante notar que cuando José Smith terminó la traducción de las planchas, él y Oliver hicieron justo eso, las escondieron. Brigham Young contó que José y Oliver llevaron las planchas de vuelta al cerro Cumorah, y que la colina se abrió ante ellos, y entraron en una sala o cavidad muy espaciosa, la cual estaba llena de otras planchas y registros. Este evento lo relató Brigham Young (véase Journal of Discourses, Volumen 19, página 38) de la siguiente manera:

«Creo que me voy a tomar la libertad de contaros otra experiencia, la cual es tan maravillosa como pueda ser posible. Se trata de un suceso de la vida de Oliver Cowdery, pero él no lo ha contado ante una congregación tal y como yo lo haré ahora. Os digo estas cosas porque tengo una razón para ello. Quiero llevar este conocimiento a los oídos de mis hermanos y hermanas, y también a los niños, para que puedan crecer en el entendimiento de algunas cosas que parecen estar totalmente escondidas a la familia humana. Oliver Cowdery fue con el Profeta José cuando este depositó estas planchas. José no tradujo todas las planchas; había una parte de estas que estaba sellada, lo cual podéis leer en el libro de Doctrina y Convenios. Cuando José recibió las planchas, el ángel le dio instrucciones de que las llevara de vuelta al cerro Cumorah, y así lo hizo. Oliver dijo que cuando José y Oliver fueron allí, la colina se abrió, y se adentraron en una cueva, en la cual había una sala muy grande y espaciosa. Él dice que en ese momento no pensó si les iluminaba la luz del sol o una luz artificial; pero que era cual si fuera la luz del día. Dejaron las planchas sobre una mesa; se trataba de una mesa grande que había en la sala. Debajo de esa mesa había una pila de planchas, la cual tenía poco más de medio metro de altura, y en aquella sala había más planchas de las que se podrían cargar en muchos carruajes; estaban apiladas en las esquinas y a lo largo de los muros. La primera vez que fueron allí, la espada de Labán estaba colgando de la pared; pero cuando volvieron a ir estaba depositada sobre la mesa, a través de las planchas de oro; estaba desenvainada, y en la espada estaban escritas las siguientes palabras: ‘Esta espada nunca más volverá a ser enfundada hasta que los reinos de esta tierra lleguen a ser el reino de nuestro Dios y su Cristo’. Os digo esto no como si viniera sólo de Oliver Cowdery, sino de otros que también saben de estas cosas y las entendieron, sí y las entendieron tan bien como nosotros hemos venido a esta reunión, disfrutamos el día, y poco a poco nos separaremos para irnos y nos olvidaremos de casi todo lo que se ha dicho, pero recordaremos algunas cosas. Y así es con otras circunstancias de la vida. Os cuento esto, y quiero que lo entendáis. Me he tomado la libertad de referirme a estas cosas para que no se queden en el olvido y se pierdan” (Journal of Discourses, 26 vols. London: Latter-day Saints’ Book Depot, 1854-1886, 19: 38-39).

23   Porque he aquí, yo soy Dios; y soy un Dios de milagros; y manifestaré al mundo que soy el mismo ayer, hoy y para siempre (p.ej., utilizo el mismo evangelio para salvar a las personas; podéis contar conmigo, soy de total confianza); y no obro entre los hijos de los hombres sino de conformidad con su fe.

Isaías nos enseña una lección muy importante al final del versículo 23, arriba. Básicamente nos dice que nosotros somos los que determinamos lo mucho o poco que el Señor se va a involucrar en nuestras vidas. Y esto es según nuestro albedrío, al escoger ejercer fe en Él o al escoger no ejercer fe en Él. Esta gran lección nos ayuda a comprender que es nuestra responsabilidad el invitar, por fe, al Señor en nuestras vidas. Es nuestra responsabilidad, según usemos nuestro albedrío, el ver las manifestaciones de Su poder a nuestro favor y a favor de nuestro prójimo.

24   Y otra vez acontecerá que el Señor dirá a aquel (José Smith; véase JS-H. 1:19) que lea (traduzca) las palabras que le han de ser entregadas:

A continuación, veremos que Jesús citó a Isaías al responder a la pregunta “¿a qué iglesia debo unirme?” que José Smith hizo durante la primera visión.

25   Por cuanto este pueblo se me acerca con su boca, y con sus labios me honra, mas su corazón ha alejado de mí, y su temor para conmigo (su concepto de Dios) les es inculcado por los preceptos de los hombres,

26   procederé yo, por tanto, a ejecutar una obra maravillosa (en hebreo: “admirable”) entre este pueblo; sí, una obra maravillosa y un prodigio (la restauración del evangelio a través de José Smith); porque la sabiduría (falsa sabiduría) de sus sabios e instruidos perecerá, y el entendimiento de sus prudentes será escondido (será desechado al ser reemplazado por la verdad revelada).

27   Y ¡ay de aquellos (inicuos) que procuran con afán esconder sus designios (planes malvados) del Señor! Y sus obras se hacen en las tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve?, y ¿quién nos conoce? Y dicen también: Ciertamente tu obra de trastornar las cosas de arriba abajo (perversión de la verdad) será estimada como el barro del alfarero (proclamando que pueden ir adelante sin Dios, como en la situación descrita en Isaías 45:9, en la que el barro trata de decirle al artesano lo que debe hacer). Mas he aquí, dice el Señor de los Ejércitos, les mostraré (a los inicuos) que conozco todas sus obras. ¿Pues acaso dirá la obra (el jarrón) del artífice (del artesano): Él no me hizo?, o ¿dirá lo construido (el edificio, el mueble, o lo que sea …) del constructor (al carpintero, constructor, etc.): No tenía inteligencia (él no me conoce; p.ej., “Dios no nos conoce. Podemos obrar maldad y escondernos con éxito de Dios” o “vosotros, inicuos sois tan insensatos como la obra de barro del artesano que proclama que se ha hecho a sí misma hasta convertirse en un jarrón y no tiene que dar cuentas a su hacedor”)?

Acontinuación, Isaías profetizará que Israel, tras la restauración, florecerá literalmente con bosques y también con verdad y crecimiento espiritual, etc. Esto se está cumpliendo de un modo extraordinario. Hoy en día, se están plantando millones y millones de árboles en las regiones del sur de la Tierra Santa. Parece ser que el crecimiento espiritual significativo todavía es parte del futuro.

28   Pero he aquí, dice el Señor de los Ejércitos: Enseñaré a los hijos de los hombres (a todas las personas) que de aquí a muy poco tiempo (después de que el Libro de Mormón aparezca) el Líbano (la Tierra Santa) se convertirá en campo fértil; y el campo fértil será apreciado como un bosque.

Seguidamente, se nos muestran los resultados de la aparición del Libro de Mormón y la restauración de la iglesia verdadera. (Negrita agregada para resaltar).

29   Y en aquel día los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán de en medio de la obscuridad y de las tinieblas (aquellos que son espiritualmente sordos y ciegos serán sanados como consecuencia de la restauración del evangelio, el Libro de Mormón, etc.).

30 Y los mansos también aumentarán (ganarán fuerza y poder con Dios), y su gozo será en el Señor; y los pobres entre los hombres se regocijarán en el Santo de Israel (p.ej., los justos conocerán nuevamente al Salvador).

31   Porque así como vive el Señor, verán que el violento (tirano) es reducido a la nada, y es consumido el escarnecedor (el que ridiculiza la obra del Señor); y todos los que velan por la iniquidad (p. ej., los que buscan faltas en los líderes y los miembros de la iglesia; véase DyC 45:50) son talados;

32   y los que hacen ofensor al hombre por una palabra (a través de abogados corruptos y un sistema judicial corrupto), y tienden trampa al que reprende a la puerta (p.ej., tratan de destruir a la persona honesta que trata de corregir y mejorar los gobiernos corruptos, etc. La “puerta” se refiere a un espacio junto a la muralla de Jerusalén en el cual los ciudadanos y el personal de la administración se reunía para tratar los asuntos del pueblo), y apartan al justo por una pequeñez (destruyen a la gente buena por asuntos sin importancia).

De un modo fascinante e ingenioso, Isaías retratará, a continuación, a Jacob, el padre de las Doce Tribus de Israel. Nos lo enseña (a Jacob) como si hubiese estado avergonzado durante muchos siglos al tener que admitir que los israelitas están emparentados con él. Sin embargo, en los últimos días, cuando los israelitas (incluyéndonos a nosotros) sean santos fieles y fuertes, Jacob ya no se sentirá avergonzado de reconocernos como su posteridad. Por el contrario, se sentirá orgulloso de ser nuestro antepasado.

33   Por tanto, el Señor que redimió a Abraham así dice, respecto a la casa de Jacob (Israel): Ahora Jacob no se avergonzará, ni su rostro se pondrá pálido (el padre Jacob ya no tendrá que avergonzarse más por el comportamiento de su posteridad).

34   Mas cuando él vea a sus hijos (a su posteridad siendo fieles a Dios en los últimos días), obra de mis manos (las del Señor), en su centro, santificarán ellos (los justos de Israel) mi nombre (el de Dios) y santificarán al Santo de Jacob, y temerán (respetarán) al Dios de Israel (Cristo).

Ahora, Isaías sintetizará los resultados de la restauración y la aparición del Libro de Mormón con una frase final.

35   Y también los que erraron en espíritu vendrán al conocimiento; y los que murmuraron aprenderán doctrina (a través de las verdades de la restauración).

Segundo Nefi Capítulo 28