El Segundo Libro de Nefi

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón


Segundo Nefi Capítulo 4


En este capítulo, Lehi da sus últimas bendiciones a su posteridad. Tras esto envejece y muere.

Al prestar atención a las palabras de Lehi, podremos darnos cuenta de algunas perspectivas doctrinales muy importantes referentes al destino de los hijos cuyos padres no son fieles al Señor. Las señalaremos cuando lleguemos a ellas.

Primeramente, Nefi considerará algunas de las palabas de su padre y nos las enseñará. Tras esto veremos cómo Nefi expresa con humildad su preocupación por sus propias faltas y debilidades. Es importante que prestemos mucha atención a todas las conclusiones de Nefi referentes a sus debilidades, de lo contrario nos perderemos una lección vital para nuestras propias vidas.

1   Y AHORA yo, Nefi, hablo respecto a las profecías de las cuales ha hablado mi padre, concernientes a José, que fue llevado a Egipto.

2   Porque he aquí, él (José en Egipto) verdaderamente profetizó acerca de toda su posteridad (Efraín y Manasés); y no hay muchas profecías mayores que las que él escribió (quizás refiriéndose a la importancia, pero también puede referirse a profecías que tienen más cobertura en cuanto al tema). Y profetizó concerniente a nosotros y nuestras generaciones venideras; y está escrito en las planchas de bronce.

Ahora presta mucha atención a lo que Lehi dice en su bendición a los hijos de Lamán, los cuales no tendrán las mismas oportunidades que los hijos de Nefi para aprender el evangelio en la tierra. Te darás cuenta de que se trata de un mensaje muy importante en cuanto a la igualdad y justicia.

3   Por tanto, luego que mi padre hubo concluido de hablar concerniente a las profecías de José, llamó a la familia de Lamán, sus hijos y sus hijas, y les dijo: He aquí, mis hijos e hijas, vosotros que sois los hijos e hijas de mi primogénito, quisiera que escuchaseis mis palabras.

4   Porque el Señor Dios ha dicho que: Al grado que guardéis mis mandamientos, prosperaréis en el país; y si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia.

5   Mas he aquí, mis hijos e hijas, no puedo descender a la tumba sin dejar sobre vosotros una bendición; porque he aquí, sé que si sois instruidos en la senda que debéis seguir, no la abandonaréis.

La última frase en el versículo 5, arriba, es una doctrina primordial en cuanto a aquellos que no reciben un conjunto completo de oportunidades para aprender y aceptar el evangelio mientras están en la tierra, bien sea porque los padres les han dado un mal ejemplo o por otras razones. Lehi expresa su convicción de que si se hubiera criado e instruido a su posteridad correctamente en las sendas del evangelio, estos habrían permanecido fieles a este.

Se enseña una doctrina similar en DyC 137:7-8. Dice así:

7   Por lo que, me habló la voz del Señor, diciendo; Todos los que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios;

8   también todos aquellos que de aquí en adelante mueran sin un conocimiento de él, quienes lo habrían recibido de todo corazón, serán herederos de este reino;

Así pues, vemos que Dios es completamente justo, y que todos Sus hijos tendrán un cúmulo completo de oportunidades para aceptar y vivir el evangelio antes del juicio final. Y esto es así incluso si dichas oportunidades se presentan en el Mundo de los Espíritus (véase DyC 138) o durante el Milenio. Ahora continuaremos con la bendición de Lehi a los hijos de Lamán.

6   Por tanto, si sois maldecidos (si estáis estancados en vuestra progresión en el evangelio debido a que no se os ha enseñado adecuadamente), he aquí, dejo mi bendición sobre vosotros, para que os sea quitada la maldición, y recaiga sobre la cabeza de vuestros padres (vuestros padres serán los responsables).

¿Qué sucede con los padres que se arrepienten, cuando parece que es demasiado tarde para recuperar a sus hijos que ya se han extraviado? Respuesta:

De eso es de lo que se trata la expiación, es decir, de quitar esos pecados y cargas de nuestros hombros cuando nosotros mismos no nos las podemos quitar. Dicho de otro modo, también se puede perdonar a los padres, y Dios se asegurará de que los hijos tengan una oportunidad justa antes del Día del Juicio, tal y como se indica en las citas anteriores.

 Por tanto, a causa de mi bendición el Señor Dios no permitirá que perezcáis (espiritualmente); por tanto, será misericordioso con vosotros y con vuestra posteridad para siempre.

8   Y aconteció que luego que mi padre hubo concluido de hablar a los hijos de Lamán, hizo venir ante él a los hijos e hijas de Lemuel.

9   Y les habló diciendo: He aquí, mis hijos e hijas, vosotros que sois hijos e hijas de mi segundo hijo, he aquí, os dejo la misma bendición que dejé a los hijos e hijas de Lamán; por consiguiente, no seréis destruidos por completo, sino que al fin vuestra descendencia será bendecida. (Al final de todo, tendréis una oportunidad para recibir las bendiciones del evangelio en su plenitud. Otra declaración muy clara de que Dios es completamente justo con todos Sus hijos).

10   Y ocurrió que cuando mi padre hubo concluido de hablar con ellos, he aquí, se dirigió a los hijos de Ismael, sí, y a todos los de su casa (a todos los descendientes de Ismael).

11   Y luego que hubo acabado de hablarles, habló a Sam, diciendo: Bendito eres tú y tu posteridad, pues heredarás el país, así como tu hermano Nefi; y tu posteridad será contada con la de él; y tú serás aun como tu hermano, y tu posteridad será como la suya, y tú serás bendecido todos tus días.

Seguidamente le diremos “adiós” a Lehi, por lo menos hasta que nos reunamos nuevamente con él en la próxima vida. Posiblemente tengas sentimientos fuertes de agradecimiento por este gran profeta y padre.

12   Y aconteció que después que mi padre, Lehi, hubo hablado a todos los de su casa, según los sentimientos de su corazón y el Espíritu del Señor que había en él, mi padre envejeció. Y aconteció que murió y fue sepultado.

13   Y aconteció que no muchos días después de su muerte, Lamán, Lemuel y los hijos de Ismael se enojaron conmigo a causa de las amonestaciones (advertencias y consejos) del Señor.

14   Porque yo, Nefi, me sentía constreñido (impulsado por el Espíritu) a hablarles según la palabra de él; porque yo les había hablado muchas cosas, y también mi padre, antes de morir; y muchas de estas palabras están escritas sobre mis otras planchas (las Planchas Mayores de Nefi), porque una parte con más historia está escrita sobre mis otras planchas.

15   Y sobre éstas (las Planchas Menores de Nefi) escribo las cosas de mi alma, y muchas de las Escrituras que están grabadas sobre las planchas de bronce. Porque mi alma se deleita en las Escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos.

Los versículos 15 al 35 son conocidos como “El Salmo de Nefi». En estos versículos, Nefi se regocija en las escrituras y en las cosas del Señor, y al mismo tiempo expresa su preocupación y angustia por sus limitaciones, debilidades mortales y faltas. Ciertamente nos podemos identificar con él. Posiblemente, por razones de aprendizaje quieras tomar tu ejemplar del Libro de Mormón y subrayar o marcar algunas de las escrituras que aquí hemos resaltado en negrita.

16   He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor, y mi corazón medita continuamente en las cosas que he visto y oído,

17   Sin embargo, a pesar de la gran bondad del Señor al mostrarme sus grandes y maravillosas obras, mi corazón exclama: ¡Oh, miserable hombre que soy! Sí, mi corazón se entristece a causa de mi carne (mis debilidades mortales). Mi alma se aflige a causa de mis iniquidades (mis pecados, faltas, tropiezos).

18   Me veo circundado (perseguido, rodeado) a causa de las tentaciones y pecados que tan fácilmente me asedian (me acechan).

Ciertamente podemos hallar consuelo en el hecho de que hasta los grandes y justos, como por ejemplo Nefi, tienen sentimientos de agobio y pesar debido a sus debilidades. Isaías expresa unos sentimientos similares en Isaías 6:5.

Aquí podríamos detenernos un instante y hacernos una pregunta: ¿Por qué un hombre tan recto como Nefi está tan preocupado y agobiado, cuando nosotros sabemos que él se está manteniendo firme en el “sendero estrecho y angosto” que lleva a la exaltación? Quizás la respuesta se encuentra en el hecho de que cuando más rectas y justas se vuelven las personas, más notables llegan a ser las “imperfecciones minúsculas” en la luz de la verdad. Y llega el día en que estas personas se agobian y sienten pesar por cosas que antes parecían insignificantes, cosas que antes ni siquiera notaban. En verdad, estas personas pueden regocijarse de que ahora puedan darse cuenta de dichos detalles en sus vidas. Esto es un testimonio de que están progresando en el camino de vuelta hacia Dios. Ahora verás como Nefi nos enseña este principio sobre el regocijo en los versículos 28 y 30. Este regocijo solo es posible gracias a la expiación de Cristo.

Ahora volvamos a las enseñanzas de Nefi.

Fíjate en los detalles de la “progresión” que tiene lugar desde que Nefi se siente muy agobiado con sentimientos de debilidad e ineptitud al regocijo que llega a sentir al confiar completamente en la “Roca de nuestra salvación” que es Cristo el Señor.

19   Y cuando deseo regocijarme, mi corazón gime (se queja) a causa de mis pecados; no obstante, sé en quién he confiado.

20   Mi Dios ha sido mi apoyo; él me ha guiado por entre mis aflicciones en el desierto; y me ha preservado sobre las aguas del gran mar.

21   Me ha llenado con su amor hasta consumir mi carne.

22   Ha confundido (detenido) a mis enemigos hasta hacerlos temblar delante de mí.

23   He aquí, él ha oído mi clamor (intensa y constante oración) durante el día, y me ha dado conocimiento en visiones durante la noche.

24   Y de día se ha fortalecido mi confianza en ferviente oración (poderosa; llena de sentimiento) ante él; sí, he elevado mi voz a las alturas; y descendieron ángeles y me ministraron.

25   Y mi cuerpo ha sido conducido en las alas de su Espíritu hasta montañas muy altas (se me ha concedido ver las cosas desde perspectivas inspiradas, para que pueda ver las cosas como Dios las ve); y mis ojos han visto grandes cosas, sí, demasiado grandes para el hombre; por lo tanto, se me mandó que no las escribiera.

26   Entonces, si he visto tan grandes cosas, si el Señor en su condescendencia para con los hijos de los hombres los ha visitado con tanta misericordia, ¿por qué ha de llorar mi corazón, y permanecer mi alma en el valle del dolor (¿por qué sigo aferrándome al pasado?), y mi carne deshacerse, y mi fuerza desfallecer por causa de mis aflicciones?

Es obvio que Nefi se sentía muy afligido por la reciente muerte de su padre. Y para añadir más angustia a su dolor, sus hermanos vuelven a rebelarse contra él en este momento tan delicado.

En ocasiones, algunos hechos dolorosos hacen que seamos más vulnerables a los ataques del adversario (el enemigo, según Nefi), y que cedamos a tentaciones que en otras circunstancias no nos afectarían tanto.

Es en estas ocasiones en las que tenemos que recordar nuestro testimonio y experiencias sagradas pasadas, tal y como hace Nefi para volver a recuperar su ánimo y una perspectiva elevada (véanse versículos 19 al 26).

27   Y ¿por qué he de ceder al pecado a causa de mi carne? Sí, ¿y por qué sucumbiré (cederé) a las tentaciones, de modo que el maligno tenga lugar en mi corazón para destruir mi paz y contristar mi alma? ¿Por qué me enojo a causa de mi enemigo? (¿Por qué soy tan humano?)

Ahora presta atención y verás a dónde conduce esto. Si fallamos en ver, sentir y aceptar la enseñanza siguiente de Nefi, es muy probable que caigamos en la sofisticada trampa de la autoestima baja, el desánimo y la depresión.

28   ¡Despierta, alma mía! No desfallezcas más en el pecado. ¡Regocíjate, oh corazón mío (el centro de los sentimientos; permítete sentirte bien en cuanto a ti misma-o), y no des más lugar al enemigo de mi alma!

29   No vuelvas a enojarte a causa de mis enemigos. No debilites mi fuerza por motivo de mis aflicciones.

30   ¡Regocíjate, oh mi corazón, y clama al Señor y dile: Oh Señor, te alabaré para siempre! Sí, mi alma se regocijará en ti, mi Dios, y la roca de mi salvación. (¡Regocíjate, pues sabes que puedes conseguirlo gracias al Salvador!)

31   ¿Redimirás mi alma, oh Señor? ¿Me librarás de las manos de mis enemigos? ¿Harás que yo tiemble al aparecer el pecado? (La respuesta es “¡Sí!”)

32   ¡Estén cerradas continuamente delante de mí las puertas del infierno, pues quebrantado está mi corazón y contrito mi espíritu!

(“Contrito” significa “Quiero aprender, quiero que me corrijan”) ¡No cierres, oh Señor, las puertas de tu justicia delante de mí, para que yo ande por la senda del apacible valle, para que me ciña al (no me salga del) camino llano!

La frase final que aparece en el versículo 32, arriba, es una expresión beduina (de un pueblo árabe nómada) pura que todavía se utiliza en Oriente Próximo.

Vemos pues, que tenemos otra evidencia interna de que el Libro de Mormón tiene sus orígenes en la Tierra Santa.

33   ¡Oh Señor, envuélveme con el manto de tu justicia! ¡Prepara, oh Señor, un camino para que escape delante de mis enemigos! ¡Endereza mi sendero delante de mí! No pongas tropiezo en mi camino, antes bien despeja mis vías ante mí; y no obstruyas mi sendero (despeja el camino delante de mi), sino más bien las vías de mi enemigo.

34   ¡Oh Señor, en ti he puesto mi confianza, y en ti confiaré para siempre! (Un compromiso al ciento por ciento). No pondré mi confianza en el brazo de la carne (no pondré mi confianza en la sabiduría de los hombres ni mujeres); porque sé que maldito (detenido en su progreso) es aquel que confía en el brazo de la carne. Sí, maldito es aquel que pone su confianza en el hombre, o hace de la carne su brazo (aquellos que confían en las filosofías y consejos de los hombres en vez de buscar y tener a Dios como el modelo a seguir).

35   Sí, sé que Dios dará liberalmente a quien pida. Sí, mi Dios me dará, si no pido impropiamente (si no pido por aquello que no me conviene; compárese con DyC 46:30 y 50:30). Por lo tanto, elevaré hacia ti mi voz; sí, clamaré a ti, mi Dios, roca de mi rectitud. He aquí, mi voz ascenderá para siempre hacia ti, mi roca y mi Dios eterno. Amén.

Has podido ver como Nefi ha cambiado un desánimo muy agobiante por una confianza firme y sólida en cuanto a su futuro con Dios. Este Salmo de Nefi es uno de los más bonitos y poderosos en todas las escrituras. Se puede aplicar a cada uno de nosotros y tiene el poder de elevarnos y sacarnos a todos del desánimo. Desafortunadamente se hace muy poco uso de este fragmento del Libro del Mormón; y lamentablemente sacamos muy poco provecho de esta escritura tan poderosa.

Segundo Nefi Capítulo 5