Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón
Segundo Nefi Capítulo 5
Este capítulo es trascendental. Nos encontramos con la separación que tiene lugar entre Nefi y sus seguidores justos y Lamán y Lemuel y sus malvados seguidores. Se nos enseñarán muchos principios sobre la supervivencia espiritual, incluyendo el hecho de que a veces tenemos que alejarnos de aquellos a los que hemos tratado de salvar por mucho tiempo y con mucho esfuerzo. Esto se hace para evitar que seamos destruidos, ya sea espiritual o temporalmente.
1 He aquí, sucedió que yo, Nefi, clamé mucho al Señor mi Dios, por motivo de la ira de mis hermanos.
¿Qué piensas de lo que Nefi pidió al orar a Dios en favor de sus hermanos inicuos? ¿Qué crees que Nefi esperaba? No cabe duda que Nefi pidió que se ablandaran sus corazones, tal y como ya lo había hecho en muchas ocasiones anteriores.
Sin embargo (y aquí tenemos una gran lección), Dios respeta el albedrío y parece ser que a sus hermanos se les están terminando las “oportunidades”.
2 Pero he aquí, su ira aumentó contra mí, a tal grado que trataron de quitarme la vida.
3 Sí, murmuraron contra mí, diciendo: Nuestro hermano menor piensa gobernarnos, y nos ha sobrevenido mucha angustia por causa de él. Matémoslo, pues, para que ya no seamos afligidos más por causa de sus palabras. Porque he aquí, no queremos que él sea nuestro gobernante; pues a nosotros, sus hermanos mayores, nos corresponde gobernar a este pueblo.
La frase con negrita en el versículo 3, arriba, resalta una de las herramientas más utilizadas por Satanás, concretamente, el culpar a otros por las propias conductas incorrectas. Muchas personas se pasan años tratando de encontrar a alguien a quien culpar por sus propias conductas pecaminosas actuales (incluso por los pecados de omisión derivados de la pereza, o la negligencia ante una responsabilidad, etc.). A tales personas, más les valdría hacer uso del perdón, arrepentirse y cambiar sus propias conductas.
4 Ahora bien, no escribo sobre estas planchas (las Planchas Menores) todo lo que murmuraron contra mí. Pero me basta con decir que trataron de quitarme la vida.
5 Y aconteció que el Señor me advirtió a mí, Nefi, que me apartara de ellos y huyese al desierto, con todos los que quisieran acompañarme.
En una ocasión, una mujer joven vino a mí llorando porque sus amigos estaban tomando parte, más y más, en conductas pecaminosas y con malas compañías. Los esfuerzos de esta para ayudarles no estaban funcionando. Se sentía atemorizada de que ella misma pudiera estar al borde de corromperse a sí misma. De hecho, esta joven empezó a colgar su ropa, la cual olía a tabaco y otras drogas, afuera, en el patio de su casa para que el olor no se pasara a la ropa que usaba para ir a la iglesia los domingos.
Había salido con estos amigos durante varios años. En un principio ella sintió que era suficientemente fuerte en el evangelio para evitar cualquier influencia mala y que si era necesario ella podría estar disponible para conducir el auto en caso de que sus amigos se emborracharan.
Esta joven quería estar alrededor de ellos para convencerlos de que no mirasen videos indecentes, o por lo menos para hablarles sobre los valores y estándares del evangelio cuando sus amigos estuvieran receptivos para escuchar. Sin embargo, ahora su propia mente y espíritu estaban empezando a verse afectados negativamente y esto la estaba asustando. Su mayor temor era que si ella ya no se podía juntar con ellos, estos no tendrían a nadie que los rescatara. Cuando consideraba abandonar el grupo se sentía como una desertora. Cuando hablamos sobre esto, le pregunté si había leído el Libro de Mormón. Ella me dijo,
“Sí, varias veces”. Entonces yo le dije, “¿Te acuerdas de lo que Nefi tuvo que hacer cuando las cosas se volvieron muy peligrosas para él?” Y con un alivio evidente me dijo, “Sí. Tuvo que huir de Lamán y Lemuel”. Y seguidamente, con más alivio todavía me dijo, “Entonces, ¿le parecería bien a Dios si yo me salgo y dejo ese grupo? ¿No sería yo la responsable por sus almas? ¿No me consideraría una desertora o traidora?” El versículo 5 respondió a sus preocupaciones y solucionó su dilema.
Finalmente esta joven dejó el grupo, a pesar de que estos trataron de convencerla para que regresara. Más tarde, la joven sirvió una misión y en el momento presente (en el que se escribe este libro) está felizmente casada y es la presidenta de primaria en su barrio.
Nefi obedece al Señor y huye del entorno y de las personas que podrían destruirle a él y a su gente.
6 Sucedió, pues, que yo, Nefi, tomé a mi familia, y también a Zoram y su familia, y a Sam, mi hermano mayor, y su familia, y a Jacob y José, mis hermanos menores, y también a mis hermanas (parece ser que tenía hermanas que todavía no se habían casado; véase la nota que sigue) y a todos los que quisieron ir conmigo. Y todos los que quisieron acompañarme eran aquellos que creían en las amonestaciones y revelaciones de Dios; y por este motivo escucharon mis palabras.
En el versículo 6, arriba, se menciona a las hermanas de Nefi. Referente a este tema, veamos una cita de El Libro de Mormón: Manual del Alumno de Religión; Rel. 121 y 122 (1996) usado en nuestros institutos de religión.
“Esta es la única referencia específica en el Libro de Mormón de que Nefi tenía hermanas mujeres además de hermanos varones. En lo que tenemos del Libro de Mormón, no se especifica cuántas hermanas eran, y si eran o no más jóvenes que Nefi, ni cómo se llamaban. Sin embargo, la siguiente declaración hecha por Erastus Snow puede aportar información respecto a algunas de las hermanas de Nefi:»
“‘El profeta José Smith nos explicó que los anales de Lehi contenidos en las 116 páginas que se tradujeron primero y que posteriormente fueron robadas, y cuyo compendio se encuentra registrado en el primer libro de Nefi, el cual contiene los anales de Nefi, atestiguan que éste era del linaje de Manasés, pero que Ismael era del linaje de Efraín. Dice además que los hijos de Ismael se casaron dentro de la familia de Lehi y que los hijos de éste se casaron con las hijas de Ismael…’ (Journal of Discourses, 23:184)”.
“Al decir que los hijos de Ismael ‘se casaron dentro de la familia de Lehi’ parece indicar que los dos hijos de Ismael (véase 1 Nefi 7:6) se casaron con hijas de Lehi (y por lo tanto con dos de las hermanas de Nefi). Sin embargo, las hermanas mencionadas en 2 Nefi 5:6 evidentemente son otras, ya que éstas que se mencionan aquí siguieron a Nefi cuando se produjo la separación de Lamán, en tanto que las hermanas de Nefi que se casaron con los hijos de Ismael evidentemente se quedaron con sus esposos y se unieron a Lamán (véase Alma 3:7 y 47:35.)” (Ludlow, A Companlon to Your Study of the Book of Mormon, págs. 131-32).
7 Y llevamos nuestras tiendas y todo cuanto nos fue posible, y viajamos por el desierto por el espacio de muchos días. Y después que hubimos viajado durante muchos días, plantamos nuestras tiendas.
8 Y mi pueblo quiso que diéramos el nombre de Nefi a ese sitio; por tanto, lo llamamos Nefi.
9 Y todos los que se hallaban conmigo optaron por llamarse el pueblo de Nefi.
A continuación, Nefi nos dice que tanto él como su pueblo estaban viviendo según la Ley de Moisés. Sabían de Cristo y que Él nacería 600 años después que Lehi saliera de Jerusalén. La Ley de Moisés se creó y se dio para guiar a la gente a Cristo y así prepararla para recibir la plenitud del evangelio de Cristo.
Al seguirla correctamente Nefi y su pueblo pudieron vivir “de una manera feliz” (véase el versículo 27). Esto es un recordatorio de que la Ley de Moisés era en verdad una ley más bien elevada al compararla con las maneras del mundo. (Quizás quieras tomar un momento para leer en Éxodo los capítulos 20, 22:1-9; 23:1-9, y otros, y así tener un recordatorio de las leyes que Moisés dio a su pueblo, bajo la dirección del Señor. Verás que estas leyes eran mucho más elevadas que la mayoría de leyes que hoy en día se viven en nuestra sociedad.
10 Y nos afanamos por cumplir con los juicios, y los estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, según la ley de Moisés.
11 Y el Señor estaba con nosotros, y prosperamos en gran manera; porque plantamos semillas, y a cambio, cosechamos abundantemente. Y empezamos a criar rebaños, manadas y animales de toda clase.
12 Y yo, Nefi, también había traído los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce (sus escrituras); y también la esfera (Liahona) o brújula que la mano del Señor había preparado para mi padre, de acuerdo con lo que se ha escrito.
13 Y aconteció que comenzamos a prosperar en extremo, y a multiplicarnos en el país (el resultado que se obtiene cuando la sociedad vive el evangelio).
Algunas personas se preguntan si es apropiado y correcto hacer preparativos militares para defenderse. Aquí también vemos que el Libro de Mormón se ha escrito para nuestros días. Seguidamente, en el versículo 14, se nos recuerda que hay sabiduría en hacer tales preparativos.
14 Y yo, Nefi, tomé la espada de Labán, y conforme a ella (usándola como modelo) hice muchas espadas, no fuera que, de algún modo, los del pueblo que ahora se llamaban lamanitas cayeran sobre nosotros y nos destruyeran; porque yo conocía su odio contra mí y mis hijos y aquellos que eran llamados mi pueblo. (Además de la posible revelación que Nefi recibiría para hacer tales preparativos).
15 Y enseñé a mi pueblo a construir edificios y a trabajar con toda clase de madera, y de hierro, y de cobre, y de bronce, y de acero, y de oro, y de plata y de minerales preciosos que había en gran abundancia. (El ser industriosos y la educación son parte de vivir el evangelio).
16 Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón (aproximadamente 30 metros de largo por 10 de ancho y 10 de alto; véase 1 Reyes 6:2), salvo que no se construyó de tantos materiales preciosos, pues no se hallaban en esa tierra; por tanto, no se pudo edificar como el templo de Salomón. Pero la manera de su construcción fue semejante a la del templo de Salomón; y su obra fue sumamente hermosa.
Algunas personas critican a la iglesia y a los miembros por gastar tanto dinero en la edificación de templos tan hermosos, en lugar de dar ese dinero a los pobres. Lo cierto es que hacemos ambas cosas. Hay un simbolismo sencillo en el hecho de poner nuestros materiales más preciosos en la construcción de nuestros templos, tal y como lo hicieron Nefi y su pueblo. El dar nuestros mejores esfuerzos en la construcción del templo simboliza el poner nuestros mejores esfuerzos y recursos para vivir dignos de la exaltación.
17 Y aconteció que yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos.
18 Y aconteció que ellos quisieron que yo fuera su rey. Pero yo, Nefi, deseaba que no tuvieran rey; no obstante, hice por ellos cuanto estaba en mi poder.
19 Y he aquí, se habían cumplido las palabras del Señor a mis hermanos, palabras que habló en cuanto a ellos (véase 1 Nefi 2:21—22), que yo sería su gobernante y su maestro. Por tanto, yo había sido su gobernante y maestro, según los mandatos del Señor, hasta la ocasión en que trataron de quitarme la vida.
20 Por tanto, se cumplió la palabra que el Señor me habló, diciendo: Por cuanto ellos no quieren escuchar tus palabras, serán separados de la presencia del Señor. Y he aquí, fueron separados de su presencia. (La profecía se había cumplido. Simbolismo: Llegará el día en que aquellos inicuos, que continuamente ignoran las invitaciones del Señor para arrepentirse y ser eternamente felices, serán finalmente separados de poder volver a la presencia de Dios).
Seguidamente nos encontramos con el tema de la gente que es maldecida. Es importante entender que la “maldición” de que se está hablando trata de “que el Espíritu del Señor se retira». Por lo tanto, nos podemos “maldecir” a nosotros mismos en cuanto a no recibir las bendiciones presentes y eternas. Todas las personas tienen albedrío, y aquellas que ignoran continuamente la Luz de Cristo y las invitaciones que envía el Señor para que vayan a Él, son “maldecidas” o detenidas en su progreso espiritual debido a sus propias decisiones.
21 Y él había hecho caer la maldición sobre ellos (Él Señor retiró Su Espíritu), sí, una penosa (muy severa) maldición, a causa de su iniquidad (maldad). Porque he aquí, habían endurecido sus corazones contra él, de modo que se habían vuelto como un pedernal (sin abandonar sus caminos de maldad); por tanto, ya que eran blancos y sumamente bellos y deleitables, el Señor Dios hizo que los cubriese una piel de color obscuro, para que no atrajeran a los de mi pueblo.
La “piel de color obscuro” de que se habla en el versículo 21, arriba, es un tema muy delicado y debe mantenerse absolutamente dentro del contexto en que se da. La “maldición” fue la retirada del Espíritu del Señor. José Fielding Smith lo explicó de la siguiente manera:
“La piel obscura con la que fueron cubiertos los lamanitas era para que pudieran distinguirse de los nefitas y evitar que se mezclaran ambos pueblos. La piel obscura era la señal de la maldición. La maldición era la retirada del Espíritu del Señor y la retirada del Espíritu fue la causa de que los lamanitas se convirtieran en ‘una gente obscura, repugnante y sucia, llena de ocio y de todo género de abominaciones’ (1 Nefi 12:23). El Señor mandó a los nefitas que no se mezclaran en matrimonio con los lamanitas, porque si lo hacían, participarían de la maldición (también llegarían a estar espiritualmente muertos). La piel obscura de aquellos que han llegado a la iglesia, ya no se considera una señal de la maldición (Joseph Fielding Smith, Answers to Cospel Questions, 5 vols. Salt Lake City: Deseret Book, 1957-1966, 3: 123-24).
22 Y así dice el Señor Dios: Haré que sean repugnantes (no atractivos) a tu pueblo, a no ser que se arrepientan de sus iniquidades.
23 Y malditos serán los descendientes de aquel que se mezcle con la posteridad de ellos; porque serán maldecidos con la misma maldición (a causa de sus decisiones, el Espíritu del Señor también se tendrá que retirar de ellos). Y el Señor lo habló; y así fue.
24 Y a causa de la maldición que vino sobre ellos (debido a que el Espíritu del Señor se había retirado), se convirtieron en un pueblo ocioso, lleno de maldad y astucia, y cazaban animales salvajes en el desierto.
25 Y el Señor Dios me dijo (a mí Nefi): Serán un azote (un castigo; un problema y aflicción) a tus descendientes para estimularlos a que se acuerden de mí; y si no se acuerdan de mí, ni escuchan mis palabras, los (lamanitas) castigarán (a los nefitas) hasta la destrucción.
26 Y acaeció que yo, Nefi, consagré a Jacob y a José para que fuesen sacerdotes y maestros sobre la tierra de mi pueblo.
Los estudiantes de las escrituras a menudo preguntan si el sacerdocio de que se habla aquí era el Aarónico o el de Melquisedec.
Era el de Melquisedec. Joseph Fielding Smith lo explicó así (negrita agregada para resaltar):
«Los nefitas eran descendientes de José. Lehi descubrió esto al leer las planchas de bronce. Él era descendiente de Manasés, y la familia de Ismael, la cual acompañó a Lehi, era de la tribu de Efraín (Alma 10:3; Improvement Era, Vol. 8, pág. 718; J. Of D., Vol. 23, p. 184).
“Por lo tanto no había Levitas acompañando a Lehi en el hemisferio occidental. En estas condiciones los nefitas oficiaron en virtud del sacerdocio de Melquisedec desde los días de Lehi hasta el tiempo de la aparición de nuestro Salvador entre ellos. Si bien es cierto que Nefi ‘consagró a Jacob y José’ para que fueran sacerdotes y maestros sobre la tierra de los nefitas, el hecho de que los términos sacerdotes y maestros estén en plural indica que no se trataba de un oficio definido del sacerdocio. Más bien, se trataba de una asignación general para enseñar, dirigir y amonestar al pueblo. De otro modo, los términos sacerdote y maestro se hubieran dado en singular. Hay más luz en referencia a la ordenación de estos dos hermanos de Nefi al sacerdocio de Melquisedec. Así se indica en el segundo versículo del capítulo seis del Segundo Libro de Nefi, en donde Jacob nos explica sobre el sacerdocio que él y José tenían: ‘He aquí, amados hermanos míos, que yo, Jacob, habiendo sido llamado por Dios y ordenado conforme a su santo orden, y habiendo sido consagrado por mi hermano Nefi, a quien tenéis por rey o protector, y de quien dependéis para que os dé seguridad, he aquí, vosotros sabéis que os he hablado muchísimas cosas’.
“Esto parece ser una confirmación de que las ordenaciones que él y su hermano José recibieron eran del Sacerdocio de Melquisedec. Por todo el Libro de Mormón encontramos referencias a los nefitas oficiando en virtud del Sacerdocio Mayor conforme al santo orden” (Sacerdocio de Melquisedec) (José Fielding Smith, Answers to Cospel Questions, 5 vols. Salt Lake City: Deseret Book, 1957-1966, 1: 124.)
27 Y aconteció que vivimos de una manera feliz.
28 Y habían transcurrido treinta años desde que salimos de Jerusalén.
29 Y yo, Nefi, había llevado los anales de mi pueblo hasta entonces sobre mis planchas (las Planchas Mayores de Nefi), las que yo había hecho,
30 Y sucedió que el Señor Dios me dijo: Haz otras planchas (las Planchas Menores de Nefi, y la traducción de estas es lo que estamos leyendo ahora); y grabarás sobre ellas (las Planchas Menores) muchas cosas que son gratas a mis ojos, para el beneficio de tu pueblo.
31 Por tanto, yo, Nefi, para ser obediente a los mandatos del Señor, fui e hice estas planchas (las Planchas Menores) sobre las cuales he grabado estas cosas.
32 Y grabé lo que es agradable a Dios. Y si mi pueblo se complace con las cosas de Dios, se complacerá con mis grabados que están sobre estas planchas.
33 Y si mi pueblo desea saber la parte más particular de la historia de mi pueblo, debe buscarla en mis otras planchas (las Planchas Mayores de Nefi).
34 Y bástame decir que habían transcurrido cuarenta años, y ya habíamos tenido guerras y contiendas con nuestros hermanos.
























