El Segundo Libro de Nefi

Tu estudio de — El Libro De Mormón
Primera Parte:
1 Nefi Hasta Palabras de Mormón

Segundo Nefi Capítulo 9

Jacob ha citado a Isaías, y se ha valido de este gran profeta para enfatizar que la expiación de Cristo verdaderamente puede librarnos del pecado. Básicamente, ha suplicado a su gente que acepten el don de la expiación que el Salvador nos ofrece a todos. Y ahora explicará estas enseñanzas de Isaías a su pueblo.

Quisiera recalcar nuevamente que el hecho de que los profetas del Libro de Mormón explican los escritos de Isaías nos da una ventaja sobre todas las demás personas; y también una responsabilidad de compartir nuestra comprensión del evangelio con todos los demás.

1   Ahora bien, amados hermanos míos, (yo Jacob) he leído estas cosas (los escritos de Isaías) para que sepáis de los convenios del Señor que ha concertado con toda la casa de Israel (en otras palabras, con todos nosotros),

2   que él ha declarado a los judíos por boca de sus santos profetas, aun desde el principio, de generación en generación, hasta que llegue la época en que sean restaurados a la verdadera iglesia y redil de Dios (según las cifras actuales, este hecho no se ha dado de una manera importante todavía), cuando sean reunidos en las tierras de su herencia, y sean establecidos en todas sus tierras de promisión.

3   He aquí, mis amados hermanos, os hablo estas cosas para que os regocijéis y levantéis vuestras cabezas para siempre, a causa de las bendiciones que el Señor Dios conferirá a vuestros hijos.

4   Porque sé que habéis escudriñado mucho, un gran número de vosotros, para saber acerca de cosas futuras; por tanto, yo sé que vosotros sabéis que nuestra carne tiene que perecer y morir; no obstante, en nuestro cuerpo veremos a Dios (todos nosotros resucitaremos; véase el versículo 22).

5   Sí, yo sé que sabéis que él (Cristo) se manifestará en la carne (en un cuerpo físico mortal) a los de Jerusalén, de donde vinimos, porque es propio (es necesario) que sea entre ellos (que Cristo tenga que nacer y vivir entre los judíos); pues conviene (se requiere) que el gran Creador (Cristo) se deje someter al hombre en la carne y muera por todos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él. (En otras palabras, Cristo tuvo que “comprarnos” con Su vida para que estuviéramos completamente en deuda con Él. De este modo Él nos ofrece la ley de la misericordia y la oportunidad para aceptarla).

Jacob planteará ahora un caso a su pueblo, para que entiendan por qué necesitan la expiación.

6   Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres (antes o después todos vamos a morir), para cumplir el misericordioso designio del gran Creador (la muerte es una bendición; sin esta, no podríamos resucitar), también es menester que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor.

7   Por tanto, es preciso que sea una expiación infinita, pues a menos que fuera una expiación infinita, esta corrupción (el cuerpo mortal) no podría revestirse de incorrupción (no podríamos resucitar). De modo que el primer juicio (la caída) que vino sobre el hombre habría tenido que permanecer infinitamente (sin la expiación, los efectos de la caída habrían durado para siempre). Y siendo así, esta carne (nuestro cuerpo mortal) tendría que descender para pudrirse y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás (moriríamos y no resucitaríamos nunca).

Como ya sabes, la expiación hizo posible que todos nosotros pudiéramos superar dos muertes, la muerte física y la muerte espiritual. En este momento, Jacob está resaltando lo que nos hubiera sucedido si Cristo no hubiera vencido la muerte física por nosotros. Estamos ante una doctrina suprema.

8   ¡Oh, la sabiduría de Dios, su misericordia y gracia! Porque he aquí, si la carne no se levantara más (si no resucitáramos), nuestros espíritus tendrían que estar sujetos a ese ángel (el diablo) que cayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en el diablo, para no levantarse más (Satanás nunca tendrá un cuerpo físico, por lo tanto, nunca llegará a obtener un cuerpo resucitado).

9   Y nuestros espíritus habrían llegado a ser como él, y nosotros seríamos diablos, ángeles de un diablo, para ser separados de la presencia de nuestro Dios y permanecer con el padre de las mentiras (Satanás), en la miseria como él; sí, iguales a ese ser que engañó a nuestros primeros padres (Adán y Eva), quien se transforma casi en ángel de luz (trata de aparecerse como un ángel de Dios para engañar a las personas; véase DyC 129 para saber las claves que nos ayudarán a prevenir ser engañados por Satanás y sus seguidores), e incita a los hijos de los hombres a combinaciones secretas de asesinato y a toda especie de obras secretas de tinieblas.

10   ¡Oh cuán grande es la bondad de nuestro Dios, que prepara un medio (la expiación) para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, muerte e infierno, que llamo la muerte del cuerpo, y también la muerte del espíritu (la muerte espiritual; a un espíritu no se le puede matar o exterminar para que deje de existir)! (A través de la expiación, podemos superar o vencer ambas clases de muerte).

11   Y a causa del medio de redención de nuestro Dios, el Santo de Israel, esta muerte (la muerte física) de la cual he hablado, que es la temporal (física), entregará sus muertos; y esta muerte es la tumba.

12   Y esta muerte de que he hablado, que es la muerte espiritual (el ser separado de la presencia de Dios para siempre), entregará sus muertos (por medio del arrepentimiento y al ser perdonados gracias a la expiación de Cristo por los pecados); y esta muerte espiritual es el infierno. De modo que la muerte y el infierno han de entregar sus muertos, y el infierno (la muerte espiritual) ha de entregar sus espíritus cautivos, y la tumba sus cuerpos cautivos (muerte física), y los cuerpos y los espíritus de los hombres serán restaurados los unos a los otros (por medio de la resurrección); y es por el poder de la resurrección del Santo de Israel.

13   ¡Oh cuán grande es el plan de nuestro Dios! Porque por otra parte (ahora hablaremos de los justos), el paraíso de Dios ha de entregar los espíritus de los justos, y la tumba los cuerpos de los justos; y el espíritu y el cuerpo son restaurados de nuevo el uno al otro, y todos los hombres se tornan incorruptibles (reciben cuerpos resucitados imperecederos) e inmortales; y son almas vivientes, teniendo un conocimiento perfecto semejante a nosotros en la carne, salvo que nuestro conocimiento será perfecto (será perfecto en ese día, pero no es perfecto ahora).

Seguidamente, encontramos un gran punto doctrinal en el versículo 14. ¡Se nos enseña claramente que sí es posible tener un Día del Juicio gozoso!

La primera parte del versículo nos muestra la miseria de los malvados (inicuos) en el día del juicio final, pero la segunda parte nos enseña en cuanto al gozo y deleite que tendrán los justos en ese día especial.

14   Por lo que (al comenzar este versículo observamos cómo Jacob, humildemente se incluye a sí mismo en esta categoría, a pesar de que sabemos que él pertenece a los justos) tendremos un conocimiento perfecto de toda nuestra culpa, y nuestra impureza, y nuestra desnudez; y los justos, hallándose vestidos de pureza, sí, con el manto de rectitud, tendrán un conocimiento perfecto de su gozo y de su rectitud.

Jacob está enfatizando la diferencia entre los inicuos y los justos, tal y como lo hace Isaías, para animarnos a ser justos y así ganar un gozo y felicidad eternos. A continuación, Jacob resaltará la importancia de la responsabilidad. Todo aquel que tenga sano juicio deberá rendir cuentas ante Dios, y nadie se puede eximir de dicha responsabilidad.

15   Y acontecerá que cuando todos los hombres hayan pasado de esta primera muerte (la muerte del cuerpo mortal) a vida (y resuciten), de modo que hayan llegado a ser inmortales, deben comparecer ante el tribunal del Santo de Israel; y entonces viene el juicio, y luego deben ser juzgados según el santo juicio de Dios.

Con respecto al versículo 15, arriba, Juan 5:22 nos dice que Cristo es el juez final, y que el Padre le ha transferido esta responsabilidad a Él.

16 Y tan cierto como vive el Señor, porque el Señor Dios lo ha dicho, y es su palabra eterna que no puede dejar de ser, aquellos que son justos serán justos todavía, y los que son inmundos serán inmundos todavía; por lo tanto, los inmundos son el diablo y sus ángeles (y así es como terminarán los inicuos si no se arrepienten); e irán al fuego eterno (remordimiento y castigo), preparado para ellos; y su tormento es como un lago de fuego y azufre, cuya llama asciende para siempre jamás, y no tiene fin.

17   ¡Oh, la grandeza y la justicia de nuestro Dios! Porque él ejecuta todas sus palabras, y han salido de su boca, y su ley se debe cumplir. (Tanto la ley de la justicia como la ley de la misericordia tendrán lo que les corresponde).

Ahora Jacob nuevamente resalta el gozo y el placentero estado que los justos tendrán eternamente. También repasará lo que se requiere para llegar a ser un «santo” o “estar sin mancha” (véase Bible Dictionary, págs. 767-68).

18   Mas he aquí, los justos, los santos del Santo de Israel, aquellos que han creído en el Santo de Israel, quienes han soportado las cruces (las pruebas y tribulaciones de los justos) del mundo y menospreciado la vergüenza (y no se avergüenzan de vivir y compartir abiertamente el evangelio, a pesar de las burlas, las pruebas y las persecuciones; véase Romanos 1:16) de ello, éstos heredarán el reino de Dios que fue preparado para ellos desde la fundación del mundo (el cual se planeó en los concilios premortales), y su gozo será completo para siempre.

19   ¡Oh, la grandeza de la misericordia de nuestro Dios, el Santo de Israel! Pues él libra a sus santos de ese terrible monstruo, el diablo y muerte e infierno, y de ese lago de fuego y azufre (simboliza el estar abrumado por la severa angustia que resulta de las obras de maldad, etc.) que es tormento sin fin. (Véase DyC 19:4-12 para aprender más sobre el “tormento sin fin”).

20   ¡Oh, cuán grande es la santidad de nuestro Dios! Pues él sabe todas las cosas, y no existe nada sin que él lo sepa. (El conoce todas sus creaciones y nuestros hechos desde el principio y no hay nada que le podamos ocultar).

A veces, algunos miembros de la iglesia se preguntan si Cristo pagó o no por los pecados de todas las personas, o si solamente por los de aquellos que finalmente se arrepienten de los pecados. Jacob responde a esta pregunta en el siguiente versículo.

21   Y (Cristo) viene al mundo para salvar a todos los hombres, si éstos escuchan su voz; porque he aquí, él sufre los dolores de todos los hombres, sí, los dolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de Adán. (Así pues, vemos que Cristo pagó por todos los pecados, arrepentidos y no arrepentidos).

Si bien es cierto que Cristo pagó por todos los pecados, tanto los arrepentidos como los no arrepentidos, también es cierto que aquellas personas que se niegan a aceptar Su pago mediante el arrepentimiento de sus pecados, a estas se les dará de vuelta el “recibo” del pago de sus pecados y tendrán que padecer el castigo que les corresponde por dichos pecados (véase DyC 19:15-19).

22   Y sufre esto (Cristo experimentó Su sacrificio expiatorio) a fin de que la resurrección llegue a todos los hombres (Cristo superó la muerte física para todos), para que todos comparezcan ante él en el gran día del juicio (para que sea completamente justo para todos el hecho de que al final, todos los de sano juicio debemos rendir cuentas por nuestros hechos; seremos responsables).

A continuación, Jacob vuelve a revisar lo que debemos hacer para superar la muerte espiritual, es decir, el morir en cuanto a las cosas espirituales y el negarse el privilegio de volver a vivir con Dios eternamente.

23   Y él manda a todos los hombres que se arrepientan y se bauticen en su nombre, teniendo perfecta fe en el Santo de Israel (teniendo una fe perfecta en que Cristo los puede limpiar y hacer aceptables para estar en la presencia de Dios), o no pueden ser salvos en el reino de Dios.

24 Y si no se arrepienten, ni creen en su nombre, ni se bautizan en su nombre, ni perseveran hasta el fin, deben ser condenados (su progreso eterno se detendrá); pues el Señor Dios, el Santo de Israel, lo ha dicho.

El progreso eterno solo se aplica a los que alcanzan la exaltación en el reino celestial. Es decir, solo aquellos que viven como familias en la eternidad tendrán una progresión eterna. Aquellos que van a cualquier otra categoría en los tres grados de gloria, o a las tinieblas de afuera, estarán limitados eternamente.

25   Por tanto, él ha dado una ley; y donde no se ha dado ninguna ley, no hay castigo; y donde no hay castigo, no hay condenación; y donde no hay condenación, las misericordias del Santo de Israel tienen derecho a reclamarlos por motivo de la expiación; porque son librados por el poder de él.

El versículo 25, arriba, debe estudiarse en el contexto que comprende todas las escrituras, o todo el Plan de Salvación. Este versículo nos enseña que Dios es completamente justo y que una persona a la que no se le ha enseñado correctamente, no es responsable todavía por esas leyes. Fuera de contexto podría entenderse como que solo algunas personas con “suerte” (que ya han alcanzado la edad de responsabilidad) podrán “conseguirlo” simplemente porque nunca se les enseñó el evangelio. Sin embargo, sabemos que no podemos salvarnos en la ignorancia del evangelio (véase DyC 131:6). Y también sabemos por que todos los que no tuvieron una oportunidad justa para aprender y aceptar el evangelio en esta vida, tendrán esa oportunidad en el mundo de los espíritus (véase DyC 138). Por lo tanto, la salvación no es «gratis”. El versículo 26, a continuación, debe estudiarse en ese mismo contexto.

26   Porque la expiación satisface lo que su justicia demanda de todos aquellos a quienes no se ha dado la ley, por lo que son librados de ese terrible monstruo, muerte e infierno, y del diablo, y del lago de fuego y azufre (aquí el azufre es una expresión figurativa que nos recuerda que el sufrir por los pecados de uno mismo no es algo insignificante; véase DyC 19:15-19), que es tormento sin fin; y son restaurados (por medio de oportunidades misericordiosas proporcionadas en el campo misional del mundo de los espíritus) a ese Dios que les dio aliento, el cual es el Santo de Israel.

27   ¡Pero ay de aquel a quien la ley es dada; sí, que tiene todos los mandamientos de Dios, como nosotros (es decir, aquellos que tienen un cúmulo completo de oportunidades aquí en la tierra), y que los quebranta, y malgasta los días de su probación, porque su estado es terrible!

Ahora Jacob dará su sermón famoso sobre el destino que les espera a aquellos que malgasten sus vidas mortales viviendo inicuamente. Comenzará con una advertencia para aquellos que logran una educación elevada sin tener fe en Cristo. (Compárese con DyC 88:118).

28   ¡Oh ese sutil plan del maligno! ¡Oh las vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres! Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios, porque lo menosprecian, suponiendo que saben por sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura, y de nada les sirve; y perecerán.

29   Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios.

30   Mas ¡ay de los ricos, aquellos que son ricos según las cosas del mundo! Pues porque son ricos desprecian a los pobres, y persiguen a los mansos, y sus corazones están en sus tesoros; por tanto, su tesoro es su dios.Y he aquí, su tesoro perecerá con ellos también.

31   ¡Ay de los sordos (espiritualmente sordos) que no quieren oír!, porque perecerán.

32   ¡Ay de los ciegos (espiritualmente ciegos) que no quieren ver (no quieren ver las verdades espirituales)!, porque perecerán también.

33   ¡Ay de los incircuncisos de corazón (aquellos que no son fieles a Dios en sus sentimientos más profundos)!, porque el conocimiento de sus iniquidades los herirá en el postrer día (véase el versículo 14).

34   ¡Ay del embustero!, porque será arrojado al infierno.

35   ¡Ay del asesino que mata intencionalmente (es decir, el asesinato premeditado o en primer grado)!, porque morirá.

36   ¡Ay de los que cometen fornicaciones (los que se deleitan en cualquier forma de inmoralidad sexual)!, porque serán arrojados al infierno.

37   Sí, ¡ay de aquellos que adoran ídolos!, porque el diablo de todos los diablos se deleita en ellos,

38   Y en fin (resumiendo), ¡ay de todos aquellos que mueren en sus pecados!, porque volverán a Dios, y verán su rostro y quedarán en sus pecados.

39   ¡Oh, mis amados hermanos, recordad la horridez de transgredir contra ese Dios Santo, y también lo horrendo que es sucumbir (ceder y escoger como parte del albedrío) a las seducciones de ese astuto ser (el diablo)! Tened presente que ser de ánimo carnal es muerte (trae la muerte espiritual), y ser de ánimo espiritual es vida eterna (trae exaltación y gloria celestial).

40   ¡Oh, amados hermanos míos, escuchad mis palabras! Recordad la grandeza del Santo de Israel. No digáis que he hablado cosas duras contra vosotros (no tengáis una actitud negativa en cuanto a lo que os he enseñado), porque si lo hacéis, ultrajáis (os reveláis contra) la verdad; pues he hablado las palabras de vuestro Hacedor. Sé que las palabras de verdad son duras contra toda impureza; mas los justos no las temen, porque aman la verdad y son constantes.

Tras haber hablado de forma clara e Inequívoca, ahora Jacob invitará con ternura a su pueblo a que sean leales a Cristo y a recordar que los caminos de la rectitud son simples. Por cierto, quizás hayas notado que la rectitud es simple y la iniquidad es complicada.

41   Así pues, amados hermanos míos, venid al Señor, el Santo, Recordad que sus sendas son justas. He aquí, la vía para el hombre es angosta, mas se halla en línea recta ante él (no hay nada que sea complicado en cuanto a la rectitud); y el guardián de la puerta es el Santo de Israel; y allí él no emplea ningún sirviente (podéis confiar completamente en el Salvador), y no hay otra entrada sino por la puerta (solo hay un camino que lleve a la salvación); porque él no puede ser engañado, pues su nombre es el Señor Dios.

42   Y al que llamare (una opción del albedrío para cada uno de nosotros), él abrirá; y los sabios (en sus propias mentes), y los instruidos (que no tienen fe en Cristo), y los que son ricos (cuyos corazones están puestos en sus riquezas), que se inflan (están llenos de orgullo) a causa de su conocimiento y su sabiduría y sus riquezas, sí, éstos son los que él desprecia (los que El rechazará); y a menos que desechen estas cosas, y se consideren insensatos (reconozcan que necesitan sabiduría; humildes) ante Dios y desciendan a las profundidades de la humildad, él no les abrirá (la “puerta” del cielo).

43   Mas las cosas del sabio y del prudente (del que es realmente sabio y precavido) les serán encubiertas para siempre; sí, esa felicidad que está preparada para los santos.

44   ¡Oh, mis queridos hermanos, recordad mis palabras! He aquí, me quito mis vestidos y los sacudo ante vosotros (una señal propia de la cultura “judía” de Jacob, la cual significa que él ha dado el mensaje que Dios le pidió dar y que ahora la responsabilidad recae sobre ellos); ruego al Dios de mi salvación que me mire con su ojo que todo lo escudriña (Dios ve y sabe y recuerda todo lo que hacemos y pensamos; por lo tanto sus juicios son justos); por tanto, sabréis, en el postrer día, cuando todos los hombres sean juzgados según sus obras, que el Dios de Israel vio que sacudí vuestras iniquidades de mi alma, y que me presento con tersura (limpieza y brillantez) ante él, y estoy limpio de vuestra sangre (de ningún modo soy responsable por vuestros pecados).

45   ¡Oh, mis queridos hermanos, apartaos de vuestros pecados! Sacudid de vosotros las cadenas de aquel (el diablo) que quiere ataros fuertemente; venid a aquel Dios que es la roca de vuestra salvación.

A continuación, Jacob recuerda a los que le escuchan que ellos desempeñarán un papel en su juicio final. Los malvados tendrán un recuerdo perfecto de todos sus pecados. Por lo que respecta a los justos, estos pueden consolarse en la declaración que nos da el Señor en DyC 58:42 en cuanto a los pecados ya arrepentidos. Él dijo, “He aquí, quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más”. Por lo tanto, aquellos pecados de los que uno ya se haya arrepentido correctamente no serán siquiera mencionados en el Día del Juicio.

46   Preparad vuestras almas para ese día glorioso (Día del Juicio) en que se administrará justicia al justo; sí, el día del juicio, a fin de que no os encojáis de miedo espantoso; para que no recordéis vuestra horrorosa culpa con claridad, y os sintáis constreñidos a exclamar: ¡Santos, santos son tus juicios, oh Señor Dios Todopoderoso; mas reconozco mi culpa; violé tu ley, y mías son mis transgresiones; y el diablo me ha atrapado, por lo que soy presa de su terrible miseria!

47   Mas he aquí, mis hermanos, ¿conviene (es necesario) que yo os despierte a la terrible realidad de estas cosas? ¿Atormentaría yo vuestras almas si vuestras mentes fueran puras? ¿Sería yo franco (sincero) con vosotros, según la claridad de la verdad, si os hallaseis libres del pecado?

48   He aquí, si fueseis santos, os hablaría de cosas santas; pero como no sois santos (en este momento no estáis caminando por el camino sencillo de la rectitud), y me consideráis como maestro, es menester que os enseñe las consecuencias del pecado (para que escojáis volver al “sendero estrecho y angosto”).

49   He aquí, mi alma aborrece el pecado, y mi corazón se deleita en la rectitud; y alabaré el santo nombre de mi Dios,

50   Venid, hermanos míos, todos los que tengáis sed, venid a las aguas (el «agua viva” de Cristo; véase Juan 4:10); y venga aquel que no tiene dinero (no necesitas ser rico para llegar al cielo), y compre y coma; sí, venid y comprad vino y leche (lo mejor de lo mejor, es decir, la exaltación), sin dinero y sin precio. (En otras palabras, el evangelio de Cristo está disponible para todos, sin importar el estatus o clase social, la riqueza personal, los títulos, diplomas, etc.).

51   Por lo tanto, no gastéis dinero en lo que no tiene valor, ni vuestro trabajo en lo que no puede satisfacer (eternamente). Escuchadme diligentemente, y recordad las palabras que he hablado; y venid al Santo de Israel (Cristo) y saciaos de lo que no perece ni se puede corromper, y deléitese vuestra alma en la plenitud. («Plenitud” significa lo mejor, lo máximo; por lo tanto, en el versículo 51, arriba, sería un símbolo de exaltación).

52   He aquí, amados hermanos míos, recordad las palabras de vuestro Dios; orad a él continuamente durante el día, y dad gracias a su santo nombre en la noche. Alégrese vuestro corazón.

La frase «alégrese vuestro corazón» en el versículo 52, arriba, puede ser muy importante para la satisfacción y el gozo personal. Por un lado, puede significar simplemente “regocíjate” o “alégrate”. Por otro lado, puede significar “no temas ser feliz, con la ayuda del Salvador lo conseguirás”.

Parece ser que el rey Benjamín estaba preocupado en cuanto a su condición ante el Señor al considerar las responsabilidades que tenía por su pueblo. Cuando el ángel se le apareció y le ayudó a prepararse para el discurso que daría a su gente, una de las primeras cosas que le dijo el ángel a Benjamín fue que el Señor había escuchado sus oraciones y que aquello que le declaraba era “a fin de que te regocijes” (véase Mosíah 3:4).

53   Y considerad cuán grandes son los convenios del Señor, y cuán grandes sus condescendencias para con los hijos de los hombres (Su voluntad y buena disposición para trabajar con y por nosotros, que estamos muy por debajo de Él); y a causa de su grandeza, y su gracia (habilidad para ayudarnos) y misericordia, nos ha prometido que los de nuestra posteridad no serán completamente destruidos, según la carne (aquí en el estado mortal), sino que los preservará; y en generaciones futuras llegarán a ser una rama justa de la casa de Israel (José Smith y la conversión de los lamanitas en los últimos días; véase DyC 49:24).

54   Y ahora bien, mis hermanos, quisiera hablaros más; pero mañana os declararé el resto de mis palabras. Amén.

Segundo Nefi Capítulo 10