Ministrar de una manera más santa

Ministrar de una manera más santa

Por el élder Neil L. Andersen
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado de “A Holier Approach to Ministering”, discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young el 10 de abril de 2018.

Les prometo que conforme amen a Dios con todo el corazón y oren para ser un instrumento en Sus manos, el Señor colocará a Sus hijos e hijas especiales en el camino de ustedes.

El libro titulado The Narcissism Epidemic [La epidemia del narcisismo] comienza con ejemplos exagerados de la cultura estadounidense moderna:

“En un ‘reality show’ [programa de telerrealidad], una joven que planifica la fiesta de su cumpleaños número dieciséis quiere que se cierre al tránsito una carretera principal para que una banda de música marche precediendo la entrada de ella sobre una alfombra roja. Un libro titulado My Beautiful Mommy [Mi bella mami], explica la cirugía plástica a los niñitos cuyas madres se someten al bisturí para la moda de la cirugía estética posterior al parto. Ahora es posible contratar falsos paparazzi para que los sigan, tomándoles fotografías cuando salen por la noche; incluso pueden llevarse a casa una imitación de la cubierta de una revista de celebridades con las fotos. Una canción popular reza, sin ningún sarcasmo: ‘¡Creo que el mundo debe girar a mi alrededor!’… Hay bebés que usan baberos bordados con la leyenda ‘Supermodelo’… y chupones [chupetes] ‘dorados’, mientras sus padres leen canciones infantiles modernizadas en This Little Piggy Went to Prada” [Este dedito se fue a París]1.

Como discípulos de Jesucristo, rechazamos con firmeza la idea de que la vida gire únicamente en torno a uno mismo. Antes bien, Antes bien, seguimos al Salvador, que dijo:

“El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor;

“y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo,

“… el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:26–28).

Atesoramos Sus palabras: Seguir leyendo

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Ministrar es ver a los demás como el Salvador LOS VE

Principios de ministración

Ministrar es ver a los demás como el Salvador LOS VE

Jesús pasaba gran parte de Su tiempo con personas a las que se consideraba diferentes; Él veía su potencial divino.

En nuestra labor de ministrar como el Salvador, quizás se nos pida que ministremos a alguien que sea diferente de nosotros. Eso nos presenta la oportunidad de aprender y progresar.

Las diferencias culturales, educativas, raciales, económicas, de edad, de conducta (presente o pasada) o las de otra índole de otra índole pueden hacer que nos resulte fácil juzgar a alguien antes de siquiera conocerlo. Tales juicios preconcebidos son la base principal de los prejuicios y el Salvador amonestó en contra de ellos (véanse 1 Samuel 16:7Juan 7:24).

¿Podemos mirar más allá de las diferencias y ver a los demás como el Salvador lo hace? ¿Cómo podemos aprender a amar a los demás por quienes son y por quienes pueden llegar a ser?

Mirar y amar

La Biblia narra el conocido relato sobre el joven rico que preguntó cómo obtener la vida eterna: “Entonces Jesús, mirándole, le amó y le dijo: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10:21).

Cuando el élder S. Mark Palmer, de los Setenta, estudió ese pasaje hace algunos años, una nueva parte del relato captó repentinamente su atención.

‘Entonces Jesús, mirándole, le amó’.

“Mientras escuchaba esas palabras, acudió a mi mente una vívida imagen de nuestro Señor que se detenía y miraba a ese joven rico. Miraba, como si estuviera viendo en lo profundo de su alma de manera penetrante, reconociendo su bondad y también su potencial, así como discerniendo su necesidad más importante. Seguir leyendo

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Recordemos y demos gracias

Recordemos y demos gracias


Todos los años, en el día en que recordamos a nuestros muertos, una joven mujer visita un pequeño cementerio de su pueblo y se dirige a cuatro lápidas en particular, las que indican el lugar de descanso de Clyde, LeRoy, Rolon y Rulon Borgstrom. Ella nunca los conoció pero sí conoce su historia, al igual que todos los habitantes de su pequeña comunidad.

En 1944, la familia Borgstrom envió a cinco hijos a la guerra, y en menos de seis meses, cuatro de ellos murieron. Clyde perdió la vida en un accidente mientras trabajaba en una pista de aterrizaje. A LeRoy le dispararon de muerte mientras atendía a un compañero herido en Italia. Rolon murió en un bombardeo en Alemania, y Rulon, su hermano mellizo, en Francia. Cuando el presidente Roosevelt se enteró de la tragedia, ordenó que el quinto hermano, Boyd, fuera enviado a casa dejando su asignación en el Pacífico. Boyd no quería hacerlo, pero finalmente aceptó.

Cuando los cuerpos de los cuatro hermanos fueron sepultados en ese pequeño cementerio, la comunidad entera se unió para lamentar la increíble pérdida de la familia Borgstrom.

Muchos años después, durante una de sus visitas anuales al cementerio, la joven mujer conoció a la esposa del hermano que había sobrevivido y le preguntó cómo su suegra había hecho para sobrellevar tal pérdida. La mujer respondió: “Se volvió a Dios”. Por medio de la oración halló consuelo y fuerzas. Seguir leyendo

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Las llaves del Reino

Las llaves del Reino

Por el Presidente Wilford Woodruff

Publicado en Millennial Star, 2 de septiembre de 1889.

El profeta José se levantó y nos dijo: “He sellado sobre sus cabezas todas las llaves del reino de Dios… No importa a dónde vaya ni lo que haga, el reino descansa sobre ustedes”.

Antes de concluir esta conferencia, hay un asunto del que quisiera dar testimonio… Soy… el último ser que aún vive y que estuvo con… José Smith, el Profeta de Dios, cuando concedió a los Doce Apóstoles su cargo concerniente al sacerdocio y las llaves del reino de Dios; y como también yo pronto voy a morir, como todos los hombres algún día, deseo dejar mi testimonio a estos Santos de los Últimos Días.

Las nuevas del martirio

Me hallaba sentado con Brigham Young en la terminal de tren de la ciudad de Boston cuando los dos profetas [José Smith y su hermano Hyrum] fueron martirizados. En aquel entonces no había telégrafos ni los rápidos correos que tenemos hoy día para enviar mensajes por el país. En ese momento, el hermano Young se encontraba allí esperando el tren que lo llevaría a Peterborough, y mientras esperábamos sentados, nos vimos acongojados por una nube de tinieblas y melancolía tan grande como jamás había sentido en mi vida…

Ninguno de los dos supo ni entendió el motivo de aquello sino hasta que tuvimos conocimiento de la muerte de los profetas. El hermano Brigham partió y yo permanecí en Boston; al día siguiente conseguí un pasaje para las islas Fox, lugar que había visitado años atrás y en el que había bautizado a numerosas personas y organizado ramas en ambas islas. Mi suegro, Ezra Carter, me llevó en su carromato desde Scarborough hasta Portland, donde saqué pasaje en un barco de vapor. Subí mi baúl a bordo y me estaba despidiendo de mi suegro cuando un hombre salió de una tienda, un zapatero, con un periódico en la mano y diciendo: “¡Padre Carter, José Smith y Hyrum Smith han sido martirizados; han sido asesinados en la cárcel de Carthage!”. Seguir leyendo

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Seamos diligentes en hacer lo que nos corresponde

Seamos diligentes en hacer lo que nos corresponde

Por Henry D. Moyle
del Concilio de los Doce.

Dado el 4 de octubre de 1952 en la Conferencia General.

¡Oh, que fuera yo un ángel, y pudiera realizar el deseo de mi corazón, para poder adelantarme y hablar con la trompeta de Dios, con una voz tal que estremeciera la tierra, clamando el arrepentimiento a todas las gentes! (Alma 29:1), fué la declaración del Profeta de la antigüedad.

Estoy seguro que hoy entre nuestras vi- das muchos queremos ser otra cosa diferente de la que somos, pensando que la suerte dedos demás es mejor que la nuestra. Pero Alma siguió diciendo:

Si, declararía a toda alma viviente, como con voz de trueno, el arrepentimiento y el plan de redención, y que deben arrepentir­se y venir a nuestro Dios, para que ya no haya más dolor sobre toda la superficie de la tierra.

Mas, he aquí, que soy hombre, y peco en mi deseo; porque debería contentarme con lo que el Señor me ha concedido, (ib. 29:2-3).

Creo que nosotros, como colaboradores en el Sacerdocio, podríamos tomar a pecho la amonestación de Alma y contentarnos con lo que Dios nos ha concedido. Podría­mos estar seguros de que nosotros tuvimos algo que ver con nuestra porción en nuestro estado pre-existente. Esta sería otra razón para aceptar nuestra condición actual y disfrutar de ella hasta donde podamos. Concordamos en esto.

Se nos dice en las Doctrinas y Convenios que:

El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es glorificado en la verdad y sabe todas las cosas.

El hombre fué también en el principio con Dios. La inteligencia, o la luz de ver­dad, no fué creada ni hecha, ni tampoco lo puede ser.

Entonces el Señor dice: Seguir leyendo

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¿Vio José Smith a Dios?

¿Vio José Smith a Dios?

por José P. Merrill
del Concilio de los Doce.
Un discurso dado en la conferencia general en el día 6 de abril de 1947


Hermanos y hermanas, oyentes aquí y en otros lugares:

El mormonismo, como el mundo en general llama a la fe que enseña la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se distingue por muchas enseñanzas singulares, una de las cuales es que José Smith fué llamado divinamente, empezando con su visión tan gloriosa y maravillosa. En cuanto a este asunto, cada miembro de la Iglesia, tanto como cada investigador sincero, pueden hacer esta pregunta básica y fundamental: “¿Verdaderamente vió José Smith a Dios?”

Me parece que esta pregunta es la más natural y la más lógica que se podría hacer en cuanto al origen del mormonismo. Es una pregunta que con facilidad podría llamar la atención a cada persona que cree en Dios y en la vida del más allá del sepulcro, sea mormón o no.

Todos los miembros estudiados de la Iglesia conocen la historia de la primera visión como la cuenta José Smith. Era miembro de una familia muy religiosa aunque no pertenecía a ninguna iglesia. A pesar de que tenía nada más catorce años, este asunto de no pertenecer a ninguna iglesia le molestaba. Para ayudarse a resolver el problema leía en la Biblia, y la leía con mucho interés, porque quería saber cuál de las iglesias que disputaban era la correcta, para que pudiera juntarse con ella. Decidió seguir las instrucciones de Santiago (Santiago 1:5-6) y por eso fué al bosque y pidió en oración que pudiera saber qué hacer. Como contestación a la oración sencilla del joven, cuenta él que fué revestido de una columna de luz brillante que descendió de arriba. Mirando arriba vió a dos personajes cuyo brillo y gloria no admitieron descripción. Uno de ellos lo llamó por nombre y dijo, señalando al otro: ¡Este es mi Hijo Amado: Escúchalo! Y entonces José oyó la voz de Jesucristo, el Hijo, y recibió instrucciones de él. Seguir leyendo

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Tener el fin presente

Tener el fin presente


Conforme envejecemos, tendemos a vernos a nosotros mismos y a los demás de un modo muy diferente a cuando éramos más jóvenes. Es de esperar que hayamos aprendido algunas cosas, adquirido sabiduría, forjado amistades, y hecho contribuciones a este mundo. A veces llegamos a prestar atención a cosas que antes no nos interesaban.

Por ejemplo, un hombre de más de 60 años, lee todos los días los anuncios necrológicos en el periódico, no solo para ver si falleció algún conocido, sino para aprender más en cuanto a la vida, de personas cuyo trayecto por ella ahora culmina.

Los obituarios, así como los funerales, nos recuerdan nuestra propia mortalidad, y que es cuestión de tiempo hasta que ella llegue a su fin. A casi nadie le gusta pensar en esas cosas, pero nos sirve aprender de la forma como otras personas vivieron, de sus logros, sus éxitos y sus pesares. Los obituarios también nos permiten sentir lo que sienten los seres queridos que quedan atrás —su angustia, pero también su dicha al recordar una vida bien vivida, todo lo cual nos puede ayudar a vivir con más propósito.

Cuando leemos sobre la vida de otra persona, no podemos menos que pensar en la nuestra. ¿Qué se dirá de nosotros al rendírsenos el tributo final? ¿Cuáles relaciones y qué experiencias tendrán más valor? ¿Cómo queremos que se nos recuerde?

Algunas personas llaman a esto tener el fin presente. Lo cierto es que si uno sabe cómo quiere terminar, su vida diaria tendrá mayor propósito y significado. ¿Cómo podemos vivir un poco mejor hoy? ¿Cómo podemos influir más en la vida de otras personas? ¿Cómo podemos producir más luz y más gozo en el mundo? Estas y otras preguntas similares nos dan la oportunidad de, en cierto sentido, escribir nuestro obituario por adelantado. Entonces, cuando alguien lo lea algún día, tal vez se nos recordará con afecto e inspirará a otras personas a vivir una vida mejor.

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El amor no es calculable

El amor no es calculable


El amor no tiene límites, sino que permanece cuando todo lo demás falla; crece al entrelazarnos en actos de bondad, abnegación y compasión, y así como el amor nunca se agota, tampoco se le puede calcular ni detallar; apenas fluye libremente de un corazón pleno.

Como lo observó un conocido pastor norteamericano: “¿Cuándo contó una madre el número de veces que besó a su bebé, y cuándo una persona llevó la cuenta de los favores hechos a sus amigos o cuándo un padre hizo una lista de todas las cosas buenas que dio a sus hijos? El amor nunca se calcula. Su naturaleza es dar y seguir dando, y después buscar nuevas maneras de dar más e identificar necesidades adicionales que deban ser satisfechas”.

En verdad, amar es dar, pero, irónicamente, cuanto más damos, tanto más aumenta nuestro amor, así como nuestro anhelo y capacidad de dar. Las virtudes, las cualidades y los hábitos del corazón amoroso crecen en nosotros.

Del mismo modo, el amor no hace una lista de injusticias y ofensas. El apóstol Pedro preguntó una vez: “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”. La respuesta de Jesús de “hasta setenta veces siete”, no fue tanto una cantidad específica sino una invitación a dejar de contar, ya que el amor no es calculable.

Comprobamos esta verdad cada vez que vemos a un padre o una madre atender tiernamente a un hijo enfermo para que mejore. Entonces, décadas después, ese mismo hijo o hija presta similar atención a sus ancianos padres —no por sentirse endeudado, sino simplemente por amor. Los años llegan y se marchan, pero las palabras y los hechos de amor quedan siempre grabados en el corazón. ¿Quién olvidará jamás un acto de amor puro?

Al tratar de demostrar nuestro amor, recordemos que tales expresiones son un eco del continuo e ilimitado amor de Dios, porque al amar verdaderamente, llegamos a conocer Su amor perfecto.

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La maternidad es sagrada

La maternidad es sagrada

(Tomado de the Church News)

No hay nada más sagrado que la maternidad. En realidad, se relaciona estrechamente con Dios mismo, porque en ella se continúa la creación divina en la que participan Dios y el ser humano.

Sin embargo, la maternidad es algo más que dar a luz, pues también se expresa en otro campo de actividad creadora, o sea el de dar forma a nuestra personalidad y pensamientos, e implantar en nosotros nobles ideales, propósitos rectos y fe en Dios.

No es de extrañarse, entonces, que la maternidad sea tan íntima parte del plan divino; que entre la gente comprensiva se le adjudique alto honor; a las mujeres que en forma tan completa se consagran a proveernos la vida, primeramente, y luego el cuidado cariñoso.

Toda joven debe aspirar al noble ideal de ser buena madre; y para lograrlo debe prepararse para ello desde sus tiernos años de comprensión.

En vista de que la buena salud es fundamental para la madre, toda joven debe procurar, viviendo de acuerdo con lo que dicta la prudencia, desarrollar y mantener las cualidades físicas que la ayudarán a cumplir con su destino. Seguir leyendo

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Devocional mundial para jóvenes adultos (05/05/2019)

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Conferencia de la Mujeres en BYU 2019 de hermana a hermana

Conferencia de la mujeres en BYU 2019
de hermana a hermana


Conferencia de la Mujer de BYU 2019 – Élder y Hermana Christofferson


Con la presentación de las presidentas generales de las organizaciones auxiliares

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El portal del amor

El portal del amor

por el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

A los sinceros de corazón les llega el eco de las palabras del Señor: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él».

Recientemente la agencia de noticias internacionales “Associated Press” distribuyó entre los medios de comunica­ción, como parte de los acontecimientos del día, una larga lista de crímenes ocurridos en todo el mundo, y de allí se transmitió a los hogares de todos los continentes.

Los titulares eran breves. Resaltaban asesinatos, violaciones, robos, frau­des, engaños y muestras de corrupción. Yo anoté algunos: “Individuo mata a esposa e hijos y se suicida”; “Niña identifica a su violador»; “Cientos pierden fortuna en inversiones fraudulentas”. La lista continuaba con tonalidades de Sodoma e imágenes de Gomorra.

El presidente Ezra Taft Benson solía decir a menudo: “Vivimos en un mundo corrupto”. El apóstol Pablo nos previno: “…habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos… amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:2, 4).

¿Será que correremos la misma suerte que las “ciu­dades de la llanura” del tiempo de Lot? (Véase Génesis 19:24-25, 29.) ¿Nunca aprenderemos la lección de la época de Noé? “¿No hay bálsamo en Galaad?” (Jeremías 8:22). ¿O es que existe un pasadizo que nos lleva desde el lóbrego mundo hacia las altas llanuras de la justicia y la rectitud? A los sinceros de corazón les llega el eco de las dulces palabras del Señor: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él” (Apocalipsis 3:20). ¿Tiene nombre esa puerta? Con toda seguridad lo tiene. El nombre que yo le doy es: “El portal del amor”.

El amor es el catalizador que produce cambios en la gente; es el bálsamo que cura el alma. Pero el amor no crece como la hierba mala ni cae como la lluvia. El amor tiene precio: “…de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El amor de nuestro Señor Jesucristo por Su Padre y por nosotros es tan grande que dio Su vida para que pudié­ramos tener la vida eterna. Seguir leyendo

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El hermano de Jared

El hermano de Jared

Un experto para aprender

por el élder Henry B. Eyring
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Y fue quitado el velo de ante los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor;… y el hermano de Jared cayó delante del Señor, porque fue herido de temor» (Éter 3:6).

Todos llevamos dolorosos recuerdos de haber sido reprendidos por uno de nuestros padres o algún maestro debido a la falta de interés en aprender. Aún llevo en la memoria la imagen de una maestra de alemán, que era tan corta de estatura que podía mirarme directamente a los ojos estando de pie junto a mi pupitre, cuando me dijo: “Du bist ein…”, que traducido significa que ella pensaba que yo era un burro (asno) por no aprender, y que algún día me arrepentiría de ello. En verdad estoy arrepentido, como lo estoy por otros cientos de veces y lugares en que fui lento o inca­paz de aprender. Pero más que el remordimiento que siento por no haber aprendido de una maestra de alemán y una profesora de piano, así como de tantos otros educadores, el corazón se me llena de congoja por los días —incluso los meses y los años— en que el Maestro me habría enseñado a utilizar la fe y el arrepentimiento, el Espíritu Santo y la caridad, pero no le presté atención.

Si usted lamenta esas mismas cosas —y me imagino que tendrá algunas— y si añora ser un mejor aprendiz, en la vida del hermano de Jared encontrará solaz y ejem­plo a la vez. Inclinémonos con él, al leer en el libro de Éter la descripción de una amonestación que cambió la vida del hermano de Jared y que nos puede ayudar a cambiar la nuestra:

“Y aconteció que a la conclusión de los cuatro años, el Señor vino otra vez al hermano de Jared, y estaba en una nube, y habló con él. Y por el espacio de tres horas habló el Señor con el hermano de Jared, y lo reprendió porque no se había acordado de invocar el nombre del Señor» (Éter 2:14).

En ese triste relato, los números son las claves para el problema del hermano de Jared y para la solución del Maestro: cuatro años y tres horas. El hombre, junto con su caravana de gente y animales, se había demorado cuatro años en un viaje que sabía los llevaría sobre muchas aguas a una tierra prometida. Y el Maestro no tomó un minuto, ni cinco, sino tres horas de Su tiempo para reprenderlo por su indiferencia. ¿Qué nos enseñan esos cuatro años y esas tres horas en cuanto a las barre­ras y a las puertas de acceso que se nos presentan para el aprendizaje? Seguir leyendo

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“Firmes creced en la fe”

“Firmes creced en la fe”

por el presidente Gordon B. Hinckley

Este discurso, que originalmente se pronunció ante un grupo de jóvenes adultos de edad universitaria, el domingo 21 de enero de 1996, en uno charla fogonera de todos los institutos de religión del valle de Salt Lake, en el Tabernáculo de la Manzana del Templo, se publica debido a que es un tema de actualidad para todos los miembros de la Iglesia.

El Señor desea que adquieran conocimiento secular tanto como espi­ritual. No sé de ninguna otra gente ni de ningún otro sistema teológico que incluya [este] man­damiento de Dios.

Mis estimados jóvenes amigos: es una maravillosa oportuni­dad y una gran responsabilidad el dirigirme a ustedes, que son jóvenes inteligentes y capaces, la clase de personas que saben pensar, que desean respuestas a sus interrogantes, que se han reu­nido aquí esta noche para buscar solución a sus problemas e inspiración para guiarles. Ruego que el Espíritu Santo me ilumine.

Es un honor estar en su presencia; ustedes representan una maravillosa generación en la historia del mundo, así como en la historia de esta Iglesia. En lo que respecta a esta última, considero que nuestros jóvenes forman parte de la generación más maravillosa que jamás hayamos tenido. La edu­cación que han recibido es mejor; han tomado clases de seminario y actual­mente participan en el programa del instituto de religión. En una época en que la mayoría de los jóvenes no se dan el tiempo para orar, ustedes sí lo hacen; oran para recibir conocimiento y luz; oran en cuanto a sus estudios y al curso de su vida; oran con res­pecto al matrimonio, a la búsqueda de un buen cónyuge’ y al hecho de ir a la casa del Señor a fin de que ese matrimonio sea sellado por la autoridad del Santo Sacerdocio; oran para obtener el éxito en sus estudios, así como en otros asuntos importantes.

Casi todos tienen el deseo de hacer lo correcto, y en la mayoría de los casos lo están haciendo; están tratando de conservarse limpios de las manchas corrosivas del mundo, lo cual no es fácil y es un problema constante.

Cada uno de ustedes es una historia de éxito, pero en la historia de algunos hay capítulos que hablan de fraca­sos, los cuales desean vencer; y pueden llegar a lograrlo. Pese a lo que les haya ocurrido en el pasado, hay una manera de comenzar de nuevo y se les exhorta a hablar sobre ello con el obispo.

Los jóvenes son una parte muy importante de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. ¡Cuánto más fuerte es la Iglesia gracias a ustedes, y cuánto mejor es la vida de cada uno de ustedes debido a ella! Seguir leyendo

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El Gran Plan de Felicidad (Alma 40-42)

Guía de estudio del Libro de Mormón

El Gran Plan de Felicidad
(Alma 40-42)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Estos tres capítulos de Alma son quizás los más simples de todas las Escrituras sobre el plan de la salvación. El contexto de estas enseñanzas son las enseñanzas de Alma a su hijo Coriantón.

Alma había hablado con claridad acerca de los pecados de Coriantón, pero también respecto a la oportunidad para el perdón si quería volver al Señor con todo su corazón, alma, mente y fuerza, y confiar en la expiación del Salvador para salvarlo. Al escuchar esta doctrina, Coriantón está preocupado por una serie de cosas que afectan directamente a su posición ante el Señor.

  • La muerte y la resurrección (Alma 40:1).
  • El arrepentimiento y la restauración (Alma 41:1).
  • La justicia y la misericordia (Alma 42:1).

En respuesta, Alma enseña a Coriantón acerca del plan de nuestro Padre Celestial, al cual se refiere de maneras diversas tales como:

  • «El plan de la restauración» (Alma 41:2).
  • «El gran plan de salvación» (Alma 42:5).
  • «El gran plan de felicidad» (Alma 42:8).
  • «El plan de la redención» (Alma 42:11).
  • «El gran plan de misericordia» (Alma 42:31).

El élder Neal A. Maxwell dijo: «El Señor ha descrito su plan de redención como el plan de felicidad. Coloquialmente, con demasiada frecuencia nos referimos a este gran diseño de un modo casi familiar, a veces, hasta esbozamos sus contornos toscos en pizarrones y en el papel como si se tratara de un plano para agrandar nuestra casa. Sin embargo, cuando realmente nos tomamos el tiempo para reflexionar sobre el Plan, ¡es impresionante y sobrecogedor!»1

Alma no discute el plan de salvación, ya sea en orden cronológico o tópico, pero discute conceptos individuales en varios lugares de estos tres capítulos. Para mayor claridad en la enseñanza y la comprensión, he organizado sus enseñanzas en temas discretos. Comenzamos con lo que sucede en la muerte.

LA MUERTE Y EL MUNDO ESPIRITUAL
(Alma 40)

  • Alma 40:11-14,21 Entre la muerte y la resurrección, nuestro espíritu va al «paraíso» o la prisión espiritual. Alma dijo a su hijo que se había enterado de la muerte y el mundo espiritual por un ángel (v. 11), pero no dice que ángel era ni cuando apareció. Se enteró por el ángel que «los espíritus de todos los hombres, en cuanto se separan de este cuerpo mortal ya sean buenos o malos, son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida «(v. 11). Esto es similar a lo que leemos en Eclesiastés 12:7: «Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio».

¿Son los espíritus de los que mueren «llevados de regreso a Dios» literalmente? No, estos pasajes no deben interpretarse en el sentido de que el espíritu, en el momento de la muerte, entra en la inmediata presencia del Señor.

El presidente Brigham Young dijo: Seguir leyendo

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