Las Ofensas Graves

Las Ofensas Graves

(Tomado de the Church News)

Cierto día, durante Su ministerio terrenal, Jesús llamó a Su lado a un niño que se encontraba cerca, y poniéndolo en medio de Sus discípulos, dijo: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mateo 18:3.)

Esta amplia y enfática declaración ha servido como base a más de un sermón y a serías meditaciones. No obstante, muchos hombres, en su egoísmo, se han rehusado a ser dóciles como niños, resistiéndose obstinadamente ante el principio de la obediencia.

Jesús dejó también una segunda lección, en aquella oportunidad: “Cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.” (Mateo 18:5-6.) Siguió luego advirtiendo que las ofensas, o tropiezos tomarán lugar, pero aclarando: “¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!” (Mateo 18:7.)

Hablando de la condición de su hogar y las perspectivas del futuro de su familia, un hombre, habiendo iniciado relaciones con otra mujer casada, hizo a su esposa la proposición del divorcio. En sus galanteos irreflexivos, había llegado a enamorarse de otra mujer a la que había persuadido que, a su vez, se divorciara, prometiéndole entonces abandonar su propia familia- e iniciar una vida nueva. Seguir leyendo

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El plan de Salvación

El plan de Salvación

Escalando el Monte a la Exaltación
de lo telestial a lo terrestre

por Genevieve De Hoyos


El conocer y entender el Plan de Salvación establecido por nuestro Padre Celestial antes de la fundación de esta tierra, es una de las más grandiosas y significantes bendiciones en nuestra dispensación. El plan de salvación nos da a conocer tantas cosas. Nos dice de donde venimos, a donde vamos, y para qué estamos aquí en la tierra. Nos revela la mente de Dios. Aunque sea brevemente, el revisar este plan siempre alimenta nuestra fe y da aliento a una vida que, a veces, se hace algo difícil para todos nosotros.

El plan de salvación nos servirá de marco de referencia para entender, evaluar, y tal vez cambiar lo que estamos haciendo con nues­tra vida aquí en la tierra.

Las seis etapas del Plan de Salvación

En este capítulo, relatamos brevemente los eventos preparados por Dios para nosotros. Porque suponemos que la mayoría de los lectores ya cono­cen el plan muy bien, usaremos pocas referencias. Además, la Guía para El Estudio de las Escrituras puede resolver cualquier duda.1  Como sabemos, las seis etapas del plan de salvación son:

  • Como Inteligencia(s)
  • Nuestra Vida Pre-mortal
  • Nuestra Prueba Mortal
  • El Mundo de los Espíritus
  • El Fin del Mundo y el Milenio
  • El Juicio Final y las Tres Glorias

Aquí revisaremos brevemente cada una de estas seis etapas, con el propósi­to de recordar quienes somos realmente, de cómo entender lo que nos pasa en esta vida, y de saber las cosas maravillosas que nos esperan si buscamos el camino recto y tratamos de cambiar. Nuestro Padre Celestial nos ha dado albedrío moral y el evangelio nos dice que nuestra vida y nuestro futuro eterno dependen de nosotros. Depende:

  • De la fuerza de nuestro deseo de conocer y obedecer la voluntad de Dios por medio de las escrituras y del Espíritu
  • De nuestra paciencia
  • De seguir siendo justos a pesar de todo lo que está pasando en nuestras vidas, a pesar de las tentaciones
  • De no dejar que nuestro corazón se endurezca
  • De cambiar dentro de nosotros lo que tiene que ser cambiado, y
  • De nuestra esperanza en Cristo, porque sólo él puede ayudarnos a sanar y cambiar nuestra mente y nuestro corazón

Etapa N° 1 Como Inteligencia(s)

Existe en el universo una materia prima y eterna llamada inteligencia. Esa inteligencia no tiene ni comienzo, ni fin. No fue creada ni hecha, y tiene albedrío. (DyC 93:29-31) Es luz y verdad así como la gloria que hace res­plandecer a los seres divinos. En diferentes grados esa luz y verdad, esa inteligencia está en el centro de todo y da vida a todas las creaciones de Dios.2

Entonces, siempre hemos existido. Fuimos parte de la materia prima que existe por todo el universo. Por eso se ha dicho que somos como un anillo, sin comienzo y sin fin. Esa inteligencia es usada para dar vida a todas las creaciones de Dios. Así nuestra inteligencia dio vida a nuestro espíritu, a! ser creado hijo o hija espiritual de nuestros Padres Celestiales. Y nuestro Padre Celestial estableció el plan de salvación con el solo propósito de ayudarnos a sus hijos e hijas, a llegar a ser como él. Seguir leyendo

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“Iras a la casa de oración…”

“Iras a la casa de oración…”

(Tomado de the Church News)

El domingo es el Día del Señor. Pero, ¿pode­mos decir que guardamos realmente el Día del Señor si no asistimos a la Iglesia?

Los Santos de los Últimos Días, como pueblo que ha establecido un convenio con Dios, tene­mos el deber de observar correctamente, en la medida requerida, este día santo. Es indudable, entonces, que, ausentes de nuestras reuniones, no podemos cumplir con toda justicia.

Al respecto del problema, el Señor ha reve­lado en estos últimos días:

“Y para que te conserves más limpio de las manchas del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo. . .” (D. y C. 59:9.)

Esto fué todo un mandamiento divino, tan importante como el de “No hurtar”, o el de “No matar”. Como Cristianos, estamos sometidos también al mandamiento de guardar el Día del Señor.

Pero Él no se detuvo allí, sino que agregó:

“. . . Porque, en verdadéste es un día que se te ha señalado para descansar de todas tus obras y rendir tus devociones al Altísimo.

“Sin embargo, tus votos se rendirán en jus­ticia todos los días y a todo tiempo;

‘Tero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísi­mo, confesando tus pecados a tus hermanos y ante el Señor.

“Y en este día no harás ninguna otra cosa, sino preparar tus alimentos con sencillez de cora­zón. . .” (D. Y C. 59:10-13.)

Todo aquel que realmente quiera, puede en­tender estas simples instrucciones. Se nos manda que cumplamos con el Día del Señor. Se nos manda que vayamos a “la casa de oración” y que allí ofrezcamos nuestras ofrendas, participemos del sacramento y nos congreguemos en armonía con los Santos del Altísimo.

Y en este día no debemos hacer “ninguna otra cosa” sino preparar sencillamente nuestros alimentos—no hacer excursiones o paseos ni dis­traer nuestra devoción con las cosas del mundo.

Parece ser casi un hábito para muchos el aceptar el concepto—ciertamente falso—de que con asistir a una sola reunión cada domingo, se cumple ya con el Señor, y que el resto del día puede entonces ser dedicado a otras cosas, de acuerdo a la voluntad de cada uno. Pero para todo buen Santo de los Últimos Días, el domingo —todo el día domingo, desde la primera hasta la última hora—es el Día del Señor: no termina al mediodía ni después de tal o cual reunión. Seguir leyendo

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La gran Conversión del Pueblo (Mosíah 4-6)

Guía de estudio del Libro de Mormón

La gran Conversión del Pueblo
(Mosíah 4-6)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


En nuestra lección anterior estudiamos las palabras del Rey Benjamín y su sermón del templo a su pueblo. Estos fueron poderosos principios de fe, humildad, y servicio; llevados por un monarca quien practicaba lo que él predicaba, y era la antítesis completa del inicuo Rey Noé. Él enseñó a su pueblo que ellos deben entender su «nulidad» ante la majestad de Dios; y que ellos no tenían esperanza de salivación, excepto por medio de los méritos de Jesucristo.

En esta lección leemos acerca los resultados del sermón del Rey Benjamín—el efecto que tuvo en el pueblo, al darse cuenta de la importancia de lo que él estaba enseñando. Los adultos, por lo menos, nacieron de nuevo y perdieron todo deseo de cometer maldad. Algunos de los niños no entendieron las enseñanzas de Benjamín y no fueron afectados de forma similar (Mosíah 26:1). Sin embargo, aquellos que eran responsables, tuvieron una gran experiencia espiritual, hicieron convenios, se y volvieron miembros de la Iglesia de Cristo.

LA CONVERSIÓN

•  Mosíah 4:1-2 Después de entender estos principios, el pueblo cayó a tierra. La palabra traducida «miedo» realmente significaba «reverencia» o «respeto» (v. 1). Ellos fueron sobrecogidos por su sentido de gratitud, por una humilde dependencia del Salvador. Quizás por primera vez, «se habían visto a sí mismos en su propio estado carnal, aún menos que el polvo de la tierra. Y todos a una voz clamaron, diciendo: ¡Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados, y sean purificados nuestros corazones» (v. 2) Su fe era en Jesucristo, el Hijo de Dios, y su creador (v. 2).

•  Mosíah 4:3 Ellos están «llenos de gozo», sabiendo que han sido perdonados a causa de la «paz de conciencia» que recibieron. Las palabras gozo y paz son las palabras que más a menudo se usan en las escrituras para describir la presencia del Espíritu. Ellos sintieron el Espíritu confirmándoles que sus pecados habían sido perdonados; así como Alma el joven se sintió cuando él se dio cuenta de que había sido redimido de sus pecados. Este fue un «bautismo de fuego.» Seguir leyendo

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El Ayuno y las Ofrendas

El Ayuno y las Ofrendas

(Tomado de the Church News)

De tiempo en tiempo, los miembros de la Iglesia preguntan acerca de la ley del ayuno y las ofrendas. Dichas preguntas han sido frecuentemente contestadas por los distintos presidentes de la Iglesia, nuestros profetas, videntes y reveladores de esta última dispensación.

¿Deben ayunar los niños? Esta pregunta proviene generalmente de los padres. Por supuesto que los niños débiles como las personas enfermas pueden ser exceptuados mientras fuere necesario. Pero ¿qué de los niños no muy débiles, en edad adecuada para decidir por ellos mismos?

El presidente David O. McKay da la siguiente explicación al respecto: “No penséis que el pequeño principio del ayuno no tiene significado espiritual. Vosotros, padres y madres, no creáis que estáis favoreciendo a vuestros hijos criando decís, “Oh, démosle su desayuno, o desayunemos  todos que esta pobre criatura es demasiado pequeña para irse sin comer “, o algo por el estilo.

“No sabéis lo que hacéis cuando les enseñáis así. Os digo que los niños de nuestra Iglesia pueden ser enseñados en este principio de abnegación de tal manera, que podrán luego dar dignos ejemplos aun a sus propios padres en ello. Particularmente a vuestros hijos que son diáconos, tenéis una magnífica oportunidad de enseñarles a honrar su sacerdocio mediante la ley de ayuno.” (Gospel Ideals, página 213.) Seguir leyendo

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El sermón final del Rey Benjamín (Mosíah 1-3)

Guía de estudio del Libro de Mormón

El sermón final del Rey Benjamín
(Mosíah 1-3)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Este período de historia nefita está registrado en varios libros diferentes. Tenemos que consultarlos todos para obtener un contexto exacto del tiempo y el lugar del sermón del Rey Benjamín. El siguiente, es un resumen.

•  Omni 1:12-13 El Rey Mosíah (Mosíah I) guía a los nefitas de la tierra de Nefi a Zarahemla. Mosíah «fue advertido por el Señor que huyera de la tierra de Nefi, y que cuantos quisieran escuchar la voz del Señor también deberían partir con él de la tierra de Nefi hacia el desierto» (v. 12) Mosíah y los otros obedecieron y «fueron conducidos por muchas predicaciones y profecías» (v. 13). Supuestamente por Mosíah, a través del desierto hasta que llegaron a la tierra de Zarahemla (v 13).

•  Omni 1: 23-25 Benjamín devino rey después de la muerte de Mosíah I. Amalekí, el último hombre que escribe en el libro de Omni, nació en los días del Rey Mosíah; y yo viví para ver su muerte y la sucesión de su hijo Benjamín al trono (v. 23). Él escribió lo concerniente a las guerras entre los nefitas y los lamanitas, y cómo Benjamín echó a los lamanitas fuera de la tierra de Zarahemla (v. 24). Eventualmente, siendo viejo y sin un heredero, Amalekí puso las planchas menores de Nefi en manos del Rey Benjamín (v. 5).

•  Palabras de Mormón 1:12-18 El Rey Benjamín estableció la paz a través de la tierra.Él defendió a su gente con gran fortaleza y son la espada de Labán (v. 13); y eventualmente tuvo éxito en echar a todos los lamanitas fuera de la tierra de Zarahemla (v. 14). Cuando los falsos Cristos y los falsos profetas emergían, eran castigados de acuerdo a la ley de los lamanitas (v. 16), pero el Rey Benjamín «hombre santo y reinaba sobre su pueblo con justicia» junto con muchos otros hombres santos en la tierra, enseñaba con «mucha severidad a causa de la obstinación del pueblo» (v. 17). De esta manera, ellos eventualmente establecieron la paz en la tierra (v. 18).

•  Mosíah 6:7 El impacto del liderazgo del Rey Benjamín. El Rey Mosíah II hizo que su gente cultivara la tierra para su sustento. Como su rey, y siguiendo el ejemplo de su padre justo el Rey Benjamín, también cultivó la tierra para que él no se volviera una carga para ellos. El efecto de este liderazgo fue paz «y no hubo contiendas entre todo su pueblo por el espacio de tres años.»

•  Mosíah 29:13 Su hijo Mosíah II paga tributo a la grandeza del Rey Benjamín. Al momento de su muerte, su hijo Mosíah II (que fue llamado como su abuelo) pagó tributo al liderazgo de su padre. Él dijo: «Si fuese posible que tuvieseis por reyes a hombres justos que establecieran las leyes de Dios y juzgaran a este pueblo según sus mandamientos, sí, si tuvieseis por reyes a hombres que hicieran lo que mi padre Benjamín hizo por este pueblo, os digo que si tal fuese siempre el caso, entonces convendría que siempre tuvieseis reyes para que os gobernaran.»

EL ESTABLECIMIENTO DEL SERMÓN (Mosíah 1)

El Rey Benjamín encarga a sus Hijos

Al principio del libro de Mosíah, el Rey Benjamín está cerca del fin de su vida. Su sermón final, es uno de los más emotivos y significativos en el Libro de Mormón. Seguir leyendo

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Un pueblo deseoso de asistir al templo

Un pueblo deseoso de asistir al templo

por el presidente Howard W. Hunter

En las ordenanzas del templo, se establecen los cimientos de la familia eterna. La Iglesia tiene la responsabilidad, y la autoridad, de preservar y proteger a la familia como el cimiento de la sociedad.

Otra ordenanza del templo es el matrimonio celestial, en donde la esposa es sellada a su marido, y éste es sellado a ella por la eternidad. Sabemos que los matrimonios civiles acaban con la muerte; pero los matrimonios eternos, que se efectúan en el templo, pueden existir para siempre.

El evangelio que los Santos de los Últimos Días proclaman al mundo es el Evangelio de Jesucristo, tal como fue restaurado a la tierra en esta dispensación, y es para la redención de toda la humanidad. El Señor mismo ha revelado lo que es esencial para la salvación y la exaltación de Sus hijos y uno de esos elementos esenciales es la construcción de templos para llevar a cabo las ordenanzas que no se pueden efectuar en ningún otro lugar.

Cuando les explicamos este concepto a las personas que acuden de todas partes del mundo para admirar nuestros templos, la pregunta que hacen con más frecuencia es: ¿Cuáles son las ordenanzas que se efectúan en los templos?

Como respuesta, por lo general les explicamos primeramente la ordenanza conocida como el bautismo por los muertos, aclarando que muchos cristianos creen que al tiempo de morir ya queda establecida para la eternidad nuestra condición ante el Señor, porque, ¿no le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5)? Sin embargo, sabemos que muchos han muerto sin la ordenanza del bautismo y, por tanto, si aceptamos la declaración que Cristo le hizo a Nicodemo, éstos no podrían entrar en el reino de Dios. A raíz de ello, surge la pregunta: ¿Es justo Dios?

La respuesta es: ¡Naturalmente que Dios es justo! Es obvio que la declaración del Salvador a Nicodemo da por sentado que se pueden llevar a cabo bautismos por aquellos que han muerto sin haber sido bautizados. Los profetas Santos de los Últimos Días han afirmado que el bautismo es una ordenanza terrenal que únicamente la pueden efectuar las personas que aún viven. Por lo tanto, ¿cómo pueden recibir el bautismo los muertos si sólo los vivos pueden efectuar esa ordenanza? Ése fue el tema de la epístola del apóstol Pablo a los corintios cuando hizo la pregunta:

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?” (1 Corintios 15:29.) Seguir leyendo

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Nuestros puntos fuertes se pueden convertir en nuestra ruina

Nuestros puntos fuertes se pueden
convertir en nuestra ruina

por el élder Dallin H. Oaks
del Quorum de los Doce Apóstoles

Tomado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young, durante una charla en la que participaron 18 estacas, el 7 de junio de 1992, en Provo, Utah, Estados Unidos.

Satanás también puede atacarnos en los puntos en que nos consideramos fuertes,… él nos tentará por medio de nuestros más grandes talentos y dones espirituales que poseamos. Si no somos precavidos. Satanás puede ocasionar nuestra ruina espiritual pervirtiendo nuestros puntos fuertes, así como explotando nuestras debilidades.

El Señor amonestó a la pri­mera generación de Santos de los Últimos Días a que tuviesen “cuidado en cuanto a vosotros mismos” (D. y C. 84:43). Desearía que todos estuviésemos al tanto de la incapacidad humana para resistir o soportar ciertas cosas, así como de las distracciones diabólicas, que pueden unirse para ocasionar nuestra ruina espiritual.

Lehi enseñó que “es preciso que haya una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo… no se podría llevar a efecto la rectitud” (2 Nefi 2:11). En lo que concierne al progreso espiritual, a menudo esa oposición se presenta por medio de las tentaciones de Satanás. En las revelaciones modernas aprendemos que “es menester que el diablo tiente a los hijos de los hombres, de otra manera éstos no podrían ser sus pro­pios agentes” (D. y C. 29:39).

El élder Marion G. Romney, del Quorum de los Doce, enseñó: “Los Santos de los Últimos Días saben que hay un Dios, y con la misma cer­teza saben que Satanás vive, que es un poderoso personaje de espíritu, el mayor enemigo de Dios, del hombre y de la rectitud» (“Satanás, el gran impostor”, Liahona, octubre de 1971, pág. 31). El presidente Joseph F. Smith describió uno de los métodos de Satanás: “Satanás es un hábil imitador, y a medida que se da al mundo en abundancia la verdad genuina del evangelio, empieza él a esparcir la moneda falsificada de la doctrina falsa” (ibíd, pág. 32).

Satanás utiliza todo ardid posible a fin de degradar y aprisionar toda alma; intenta tergiversar y corrom­per todo lo que se ha creado para el beneficio del hombre, debilitando a veces lo que es bueno, y otras, enmascarando lo que es malo. Por lo general, suponemos que Satanás nos ataca en nuestro punto más débil. El presidente Spencer W. Kimball, cuando integraba el Quorum de los Doce, describió esta técnica: “Lucifer y sus secuaces conocen los hábitos, debilidades y puntos vulnerables de cada uno, y los aprovecha para conducirnos a la destrucción espiritual” (El milagro del perdón, pág. 221). Seguir leyendo

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Buscad Diligentemente

Buscad Diligentemente

(Tomado de the Church News)

Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.— (D. y C. 88:118)

Mucho es lo que se dice acerca del valor de la educación en estos días. Por todas partes leemos que “el conocimiento es poder” o que ésta es “la edad del alumbramiento’’ o “la ignorancia es esclavitud”. Es cierto que estamos viviendo en una edad sumamente notable, en la que el conocimiento ha aumentado milagrosamente sobre la tierra, tal como lo anunciaron los profetas antiguos. Y también es cierto que este Conocimiento adicional debe hacernos más inteligentes, darnos mejor, criterio y proveernos mayor prudencia.

Pero hay ocasiones en que el género humano se hace sabio para su propia vanagloria. Algunas veces el orgullo resulta del progreso y se pierde la humildad. Pronto se olvida de la fuente de la verdadera sabiduría, conocimiento e inteligencia.

Los Santos de los Últimos Días siempre han sido grandes defensores de la educación. Los primeros edificios construidos en Utah fueron hogares, iglesias y escuelas. La norma actual de educación entre los Santos de los Últimos Días es como un faro para la nación y el mundo.

Dios ha fomentado la educación entre su pueblo. Le ha dado instrucciones de estudiar, de leer los mejores libros, de buscar el desarrollo. Ha enseñado que ningún hombre puede salvarse en la ignorancia, y que aun la propia gloria de Él es la inteligencia.

Al mismo tiempo, nos hace algunas observaciones con respecto a la educación. Nos ha dicho que es cosa buena obtener conocimiento. . . si retenemos nuestra fe en Él. Una de las tragedias mayores de la vida es perder uno su fe. Seguir leyendo

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La oración personal y el conocimiento anticipado de Dios

Guía de estudio del Libro de Mormón

La oración personal y el conocimiento
anticipado de Dios
(Enós, Jarom, Omni, Palabras de Mormón)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


Después la muerte de Jacob; aproximadamente 500 años D. C., su posteridad mantuvo los grabados en las planchas menores por más de cuatro siglos. Vale la pena notar que estas importantes planchas de Nefi, no fueron pasadas a través de los propios descendientes de Nefi, sino que se mantuvieron para la descendencia de su hermano menor.1

Los libros de Enós, Jarom y Omni resumen 350 años de historia nefita, pero el resultado son sólo cuatro libros pequeños; cada uno de un sólo capítulo. De los veinticuatro hombres cuyos escritos están en el Libro de Mormón, un tercio—ochos individuos—están en estos cuatro libros. Es más sólo totalizan siete páginas (noventa versículos) de texto impreso. Victor Ludlow notó: «Si toda la historia de 1000 años de la posteridad de Lehi fuera escrita tan concisamente, el Libro de Mormón sería un boletín de veinte páginas; en lugar de un libro de 531 páginas.»2

Pese a su brevedad, estos cuatro pequeños libros contienen enseñanzas importantes concernientes a la oración, lo fiable de las promesas de Dios, la fe, el papel de los profetas antiguos, la humildad, y la comunicación a través del Espíritu. Estos libros ocupan la última parte de las planchas menores de Nefi, y las palabras de Mormón nos llevan al compendio de las planchas mayores de Nefi.

EL LIBRO DE ENÓS

La influencia de padres justos

Enós era el hijo de Jacob. Él poseía una fe similar a la de su padre, a la de su tío (Nefi), y a la de su abuelo (Lehi). Enós le dio crédito a su padre por enseñarle «disciplina yamonestación del Señor» (Enós 1:1), y cuando estuvo listo para arrepentirse, éste recordó las enseñanzas de su padre.

Las enseñanzas y el ejemplo de padres justos son muy poderosas en las vidas de sus hijos. Habida cuenta de este hecho, el Presidente Gordon B. Hinckley aconsejó: trate a su hijos como hijos e hijas de Dios. Sea bondadoso, ámelos. Respételos. Aconséjelos. Enséñeles. Ore por ellos. Guíelos y Dios los bendecirá a ellos y a usteditado por»3

El presidente N. Eldon Tanner dijo: «Los niños a quienes se les enseña la obediencia, a honrar y obedecer la ley, a tener fe en Dios, y a guardar sus mandamientos, al crecer honrarán a su padres y y se lo agradecerán; y ellos serán capaces de enfrentarse a sus problemas y resolverlos. Encontrarán gran éxito y gozo en la vida, y contribuirán grandemente a las soluciones de los problemas que ahora le están causando al mundo gran preocupación. Depende de los padres preocuparse de que sus hijos estén preparados por medio de la obediencia a la ley; para las posiciones de liderazgo que ellos ocuparán en el futuro; donde su responsabilidad será traer paz y rectitud al mundo.»4 Seguir leyendo

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La lección de Lucifer

La lección de Lucifer

(Tomado de The Church News)

La historia de Lucifer es una historia trágica. Es una advertencia para cada uno de nosotros, quienes debemos recordar que, no importa cuán elevada sea nuestra posición, cualquiera puede caer de la gracia.

Consideremos la historia de Lucifer.

El Libro de Mormón nos enseña que un ángel del Señor se convirtió en diablo. Cayó del cielo y se tornó miserable para siempre. Al relatarnos la historia, Lehi nos dice que este ángel caído procuró también “la miseria de toda la humanidad’’.

No pensamos muy frecuentemente en Lucifer como un ángel caído. Pero el libro de las Doctrinas y Convenios lo confirma como tal y dice:

“. . . Un ángel que tuvo autoridad en la presencia de Dios, se rebeló contra el Unigénito Hijo, a quien el Padre amaba y quien fué en el seno del Padre, por lo que fué arrojado de la presencia de Dios y del Hijo, y fué llamado Perdición, porque los cielos lloraron por él—éste fué Lucifer, el hijo de la mañana. Y vimos; y lie aquí ¡ha caído, aun el hijo de la mañana ha caído!” (Doc. y Con. 76:25-27)

Entonces quiere decir que Lucifer fué una vez un ángel de Dios, con autoridad en la presencia de Dios. ¿No es acaso asombroso que los ciclos lloraran a causa de su caída? ¿No lloraríamos nosotros por algún personaje grande que de entre nosotros se tornara traidor, cayera de la gracia y fuera desterrado para siempre? Seguir leyendo

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¿Qué Relación Tienen Las Ordenanzas Con La Expiación?

La expiación Infinita:
¿Qué Relación Tienen Las Ordenanzas
Con La Expiación?

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


LA ESENCIA ESPIRITUAL DE TODA ORDENANZA

Hace algunos años, el gerente de nuestro despacho de abogados depositó por error dos de mis pagos de nómina en la cuenta bancaria de mi secretaria. Al poco recibí una llamada embarazosa del banco. Habían rechazado mis cheques por no tener fondos suficientes. Por buenas que hubieran sido mis intenciones, no había habido el dinero necesario en mis cuentas en el momento justo para cubrir las cantidades de los cheques emitidos. De manera semejante, si no hubiera habido Expiación, todo bautismo, todo matrimonio, toda ordenanza sería como un cheque extendido con cargo a una cuenta vacía. Sencillamente, no habría fondos para pagar la suma exigida para limpiarnos en el momento del bautismo, para sellarnos en el momento de celebrarse el matrimonio, ni para resucitar en la Segunda Venida. Sin la Expiación, todas las ordenanzas del Evangelio podrían tener un sello que dijera «Sin fondos», en negrita y en grandes letras. La Expiación es lo que aporta la vida, el aliento y la esencia a cada principio y ordenanza del Evangelio. Es el banco espiritual, la carta de crédito que nos permite retirar los fondos necesarios para el rescate y satisfacer así las demandas de la justicia. A este respecto, el élder George F. Richards enseñó: «Las ordenanzas del Evangelio poseen una virtud intrínseca en razón de la sangre expiatoria de Jesucristo, y sin ella, no habría virtud para la salvación en ellas».1 Por consiguiente, si deseamos entender mejor una ordenanza de salvación y su simbolismo, convendría preguntarse: «¿Qué relación guarda esta ordenanza con la Expiación de Jesucristo?».

EL SACRIFICIO Y LAS OFRENDAS

La primera ordenanza instituida entre los hombres fue el sacrificio de animales. Adán había recibido el mandato de ofrecer las primicias de su rebaño. Esta ordenanza estaba diseñada para dirigir los pensamientos y la atención del hombre al punto neurálgico de la historia: la Expiación. El ángel afirmó ante Adán: «Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad» (Moisés 5:7). El Señor se apresuró a concentrar los esfuerzos espirituales, emocionales e intelectuales del hombre en ese acontecimiento de la mayor importancia. El sacrificio de animales fue uno de los primeros mandamientos de Dios al hombre mortal.

La intención subyacente de la ordenanza sacrificial era dirigir los pensamientos y poderes reflexivos hacia la Expiación. Este era «el significado entero de la ley, pues todo ápice señala a ese gran y postrer sacrificio; y ese gran y postrer sacrificio será el Hijo de Dios, sí, infinito y eterno» (Alma 34:14; véase también Alma 13:16). Jacob enseñó: «guardamos la ley de Moisés, dado que orienta nuestras almas hacia él» (Jacob 4:5).

Cuando las huestes de Israel ofrecían sus sacrificios, no obstante, uno se pregunta cuántos entendían de verdad el significado divino debajo del proceso mecánico. Desafortunadamente, muchos en Israel nunca entendieron las ordenanzas y los sacrificios relacionados con la misión del Salvador. Al parecer pensaban que en las ordenanzas mismas residía la salvación, sin el sacrificio de un redentor. Abinadí testificó a este respecto: «por tanto, les fue dada una ley; sí, una ley de prácticas y ordenanzas. (…) Y bien, ¿entendieron la ley? Os digo que no; no todos entendieron la ley; y esto a causa de la dureza de sus corazones; pues no entendían que ningún hombre podía ser salvo sino por medio de la redención de Dios» (Mosíah 13:30, 32; véase también Alma 33:19-20). Seguir leyendo

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La Alegoría de Zenós de los Olivos

Guía de estudio del Libro de Mormón

La Alegoría de Zenós de los Olivos
(Jacob 5-7)

Haciendo las cosas preciosas simples
Randal S. Chase


El Profeta Zenós

El élder Bruce R. McConkie llamó a Zenós «uno de los más grandes profetas en Israel.»1 El élder George Reynolds dijo: «Zenós [fue] un profeta hebreo, a menudo citado por los siervos nefitas de Dios. Todo lo que se nos dice de su historia personal, es que lo mataron porque testificó valientemente lo que Dios le reveló. Que él fue un hombre muy bendecido del Señor con el espíritu de profecía se demuestra por esa maravillosa y casi incomparable parábola de la viña descripta ampliamente por Jacob (Jacob 5). Sus profecías son también citadas por Nefi (1 Nefi 19:10,12,16), Alma (Alma 33:3,13,15), Amulek (Alma 34:7), Samuel el Lamanita (Helamán 15:11), y Mormón (3 Nefi 10:16).»2

LA ALEGORÍA DE LOS OLIVOS

Jacob 5 es el capítulo más largo en el Libro de Mormón (setenta y siete versículos), y consiste enteramente de la alegoría de los olivos enseñada por el profeta Zenós. El presidente Joseph Fielding Smith dijo: «La parábola de Zenós, registrada por Jacob en el capítulo 5 de su libro, es una de las más grandes parábolas que jamás se hayan grabado. Esta parábola en sí misma le pone el sello al Libro de Mormón con verdad convincente. Ningún hombre mortal, sin inspiración del Señor, pudo haber escrito tal parábola.»3

• Los olivos. Zenós usó el árbol de olivo para resumir la historia de Israel y predecir su destino. Las ramas del olivo son tradicionalmente un símbolo de paz. Pueden producir muchos frutos, pero requieren de un flujo constante de nutrientes para sobrevivir. Deben ser cuidadosamente podados para que sean fructíferos y productivos. Para que un olivo silvestre se transforme en cultivado y productivo, su tallo principal debe ser cortado completamente y debe ser injertado con una rama de una olivo cultivado. Cuando el árbol envejece y comienza a morir, sus raíces desarollan nuevos brotes; los cuales, si son injertados y podados, madurarán para ser olivos completamente crecidos. Entonces, pueden producir frutos por siglos. Algunos árboles que están creciendo ahora en Israel, han estado produciendo abundantemente por más de cuatrocientos años.

Joseph Fielding McConkie y Robert L. Millet escribieron: «¿Por qué Zenós escogió un olivo para tipificar a Israel? ¿Cuál es el significado de un olivo? Ningún árbol de ramas es tan importante para la economía y la cultura del Medio Oriente: es una fruta cuya carne, aceite, y semilla eran consumidos en su totalidad, utilizados, o negociados. Era y es un árbol conocido por todas la personas. El olivo es para Israel un símbolo natural o metáfora. Requiere casi de un cuidado constante antes que su fruto tenga una textura y sabor aceptables; una poda continua y la excavación y la fertilización del suelo son esenciales para un crecimiento adecuado y para que el árbol de frutos. El olivo vive por siglos y casi nunca muere. Muchos de los olivos más viejos, por ejemplo, están en lo que hoy se cree fue el jardín de Getsemaní; probablemente echaron raíces en los días en que Jesús y sus apóstoles caminaron, hablaron, y oraron allí, hace casi dos mil años.»4

• Las alegorías son son recursos literarios en los cuales un objeto o evento es usado para describir o presentar a otro. Uno no puede usar correctamente una alegoría, sin conocer bien los elementos de la comparación. La alegoría del olivo demuestra una maravillosa comprensión de la naturaleza de estos árboles y cómo cuidarlos. Zenós aparentemente tenía ese conocimiento. También es cierto que José Smith, un joven y analfabeto granjero de veinticuatro años de edad, no lo tenía el conocimiento. Seguir leyendo

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La paz que el Señor ha prometido

Conferencia General Octubre 1960

La paz que el Señor ha prometido

por Henry D. Moyle
de la Primera Presidencia

Es grande el privilegio, mis hermanos y hermanas, de hallarme con vosotros esta tarde para tener tan maravillosa oportunidad de testificar en cuanto a las verdades del evangelio. Hay un algo en el mundo que la gente busca sobre toda las demás cosas en la actuali­dad, y este algo es la paz. El objeto fundamental de la organización de la Iglesia es establecer la paz en la tierra.

El presidente McKay nos dijo recientemente que “paz quiere decir estar libres de los disturbios indi­viduales, de las riñas entre la familia, de las dificultades nacionales. La paz no viene al que infringe la ley; la paz viene por obedecer la ley: el individuo disfruta de esa paz que le permite estar en paz con Dios, tener paz en el hogar y en la vecindad. El espíritu del mundo se contrapone al establecimiento de la paz. La ley de la naturaleza parece ser la sobrevivencia del más fuerte a toda costa. Sin embargo, la paz sólo puede venir al mundo por medio de la obediencia al evangelio de Jesucristo.”

Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia. Las enseñanzas que Él ha dado concernientes al arbi­traje como el medio de arreglar las dificultades aca­barían con las guerras si las naciones las aplicaran.

“El evangelio es un sistema completo de vida, y el verdadero plan de vida produce el gozo y la paz”—dice el presidente McKay. Un elemento fundamental de las doctrinas de la Iglesia es la declaración del profeta Lehi: “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.” (2 Nefi 2:25)

Las enseñanzas actuales de nuestro Presidente no son el desarrollo de una filosofía que viene de la sabi­duría de los hombres, la cual cambia con el tiempo y la experiencia. No son el resultado de las pruebas y errores del mejoramiento. No se descubren en los experimentos de los laboratorios, ni en los estudios de lo pasado, lo presente o lo futuro. Son verdades eternas que los profetas de Dios, antiguos y modernos, han enseñado a los hijos de los hombres. Las verdades del evangelio son inmutables; son infalibles. El Salvador del género humano, nuestro Redentor, el Hijo del Dios Viviente, el Señor de señores, el Rey de reyes que rige y reina este universo, trajo la paz a esta tierra cuando moró entre los hijos de los hombres en la carne. Es el Varón de Paz. Vino para prometer: “Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9) Seguir leyendo

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“Yo soy la ley”

Conferencia General Octubre 1960

“Yo soy la ley”

por J. Reuben Clark Jr.
de la Primera Presidencia

Mis hermanos y hermanas, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la única Iglesia verdadera sobre la faz de la tierra en esta época:

El Señor ha sido bueno conmigo, pues me ha dado la fuerza física para estar con vosotros esta mañana. He dicho a veces en son de broma que en tanto que no pensemos con los talones, poco importa lo que éstos hagan, sólo cuando el Señor o alguna otra persona empiezan a trastornarnos la cabeza (risa)… y yo personalmente no estoy seguro sobre ese punto. Pero sí estoy agradecido por hallarme con vosotros para unir mi testimonio a los de aquellos que nos han prece­dido, de que ésta es la obra de Dios; que nos hallamos en su servicio; que estamos obrando de acuerdo con su plan y estamos enseñando al mundo en general, y a nos­otros en particular, los principios de su evangelio.

A los antiguos habitantes de este continente el Señor dijo: “Yo soy la ley”. Tales son sus palabras, y no hay necesidad de buscar más allá de ellas para obtener las guías y principios que nos conducirán a la vida eterna. Una vez tras otras proclamó, a veces re­firiéndose a cuatro principios, a veces a tres: “Yo soy la vida, la luz, el camino y la verdad.” Y ése es su mensaje para nosotros. Tales son los principios de acuerdo con los cuales deben regirse nuestras vidas.

Os reitero esta mañana el testimonio que os he dado durante más de la cuarta parte de un siglo—me parece que lo he hecho en cada conferencia—el testi­monio de que Dios vive, de que Jesús es su Hijo y es el Cristo; el testimonio del que el Padre y el Hijo le aparecieron al Profeta y con ello establecieron para siempre, en lo que a nosotros respecta, que el Padre y el Hijo son personas reales y que Jesús habló con la verdad cuando declaró: “El que me ha visto ha visto al Padre.” (Juan 14:9)

Mis hermanas y hermanos, se nos ha indicado el camino. Para nosotros no hay más allá y no tenemos necesidad de buscar fuera de sus palabras y revela­ciones de su parecer y voluntad que da a conocer a su Profeta, el cual es llamado, ordenado y sostenido mediante vuestro voto para ser el Profeta, Vidente y Revelador de esta Iglesia. Reitero nuevamente mi testi­monio de que el Salvador, junto con su Padre, vinieron al profeta José, que éste y sus compañeros, con la ayuda dada a ellos, establecieron esta Iglesia, la única Iglesia verdadera, como ya llevo dicho, que existe sobre la faz de la tierra.

¡Cómo quisiera que pudiéramos llevar este con­cepto, esta creencia, este testimonio en nuestros cora­zones, con exclusión de todo lo demás! En estos días hallamos, en lo que a esta nación respecta, que por primera vez, hasta donde mí memoria me permite re­cordar, ha entrado de lleno en la campaña electoral el problema estrictamente religioso. No os perturbéis: nada tenemos que ver con esto eclesiásticamente. Tene­mos la verdad; nuestro es el sacerdocio. Somos nosotros

los que Dios ha establecido con un sistema de gobierno por El revelado, en el cual tenemos a la cabeza un hombre, sostenido como acabo de decir, mediante vues­tro voto, como el Profeta, Vidente y Revelador del Señor a su pueblo. Ningún otro tiene el derecho de declarar la palabra del Señor a este pueblo. Seguir leyendo

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