Enseñen a los Niños
por el presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles
Discurso pronunciado en uno reunión espiritual de la Semana de la Educación celebrada en la Universidad Brigham Young el 17 de agosto de 1999.
Es importante que enseñemos el Evangelio y las lecciones de la vida a los niños y a los jóvenes.
El Señor ha depositado sobre los padres la responsabilidad principal de enseñar a los niños.
El número de personas reunidas aquí y en otros lugares testifica de la insaciable sed de verdad que caracteriza a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Al orar en cuanto a lo que sería de mayor interés para ustedes, se me ocurrió que dentro de tres semanas voy a cumplir 75 años y entraré en lo que prefiero llamar la edad mediana más elevada.
He sido maestro durante más de cincuenta años y seguramente he aprendido algo que les pueda resultar de utilidad.
La experiencia me ha demostrado que la vida nos enseñará ciertas cosas que pensábamos que no queríamos saber. Esas lecciones difíciles pueden ser las más valiosas.
En mi camino hacia la edad mediana más elevada descubrí algo más en cuanto al aprender. Fíjense en la siguiente conversación sostenida entre un médico y su paciente.
Médico: “¿Cómo puedo ayudarle? ¿Qué le pasa?”
Paciente: “Se trata de la memoria, doctor, Leo cualquier cosa y no la recuerdo. Si voy a un cuarto, no puedo recordar por qué lo hice, ni puedo recordar dónde pongo las cosas”.
Médico: “Bien, dígame: ¿Desde cuándo le ha estado molestando esta situación?”.
Paciente: “¿A qué situación se refiere, doctor?”.
Si esto les ha hecho gracia, o tienen menos de sesenta años o se están riendo de sí mismos.
LA ENSEÑANZA DE LOS NIÑOS MIENTRAS AÚN SON PEQUEÑOS
A medida que uno envejece, no puede memorizar ni estudiar como cuando se era Aoven, ¿Podría ser esa la razón por la que el profeta Alma aconsejó: “…aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios”?1
Cada vez se me hace más difícil memorizar pasajes de las Escrituras y estrofas de poemas. De joven me bastaba con repetir una cosa una o dos veces para recordarla. Si la repetía muchas veces, y especialmente si la escribía, dicha cosa se quedaba permanentemente grabada en mi memoria. Seguir leyendo






































