Enseñen a los Niños

Enseñen a los Niños

por el presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles

Discurso pronunciado en uno reunión espiritual de la Semana de la Educación celebrada en la Universidad Brigham Young el 17 de agosto de 1999.

Es importante que enseñemos el Evangelio y las lecciones de la vida a los niños y a los jóvenes.
El Señor ha depositado sobre los padres la responsa­bilidad principal de enseñar a los niños.

El número de personas reunidas aquí y en otros lu­gares testifica de la insaciable sed de verdad que caracteriza a los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Al orar en cuanto a lo que sería de mayor interés para ustedes, se me ocurrió que dentro de tres semanas voy a cumplir 75 años y entraré en lo que prefiero llamar la edad mediana más elevada.

He sido maestro durante más de cincuenta años y se­guramente he aprendido algo que les pueda resultar de utilidad.

La experiencia me ha demostrado que la vida nos en­señará ciertas cosas que pensábamos que no queríamos saber. Esas lecciones difíciles pueden ser las más valiosas.

En mi camino hacia la edad mediana más elevada des­cubrí algo más en cuanto al aprender. Fíjense en la si­guiente conversación sostenida entre un médico y su paciente.

Médico: “¿Cómo puedo ayudarle? ¿Qué le pasa?”

Paciente: “Se trata de la memoria, doctor, Leo cual­quier cosa y no la recuerdo. Si voy a un cuarto, no puedo recordar por qué lo hice, ni puedo recordar dónde pongo las cosas”.

Médico: “Bien, dígame: ¿Desde cuándo le ha estado molestando esta situación?”.

Paciente: “¿A qué situación se refiere, doctor?”.

Si esto les ha hecho gracia, o tienen menos de sesenta años o se están riendo de sí mismos.

LA ENSEÑANZA DE LOS NIÑOS MIENTRAS AÚN SON PEQUEÑOS

A medida que uno envejece, no puede memorizar ni estudiar como cuando se era Aoven, ¿Podría ser esa la razón por la que el profeta Alma aconsejó: “…aprende sa­biduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guar­dar los mandamientos de Dios”?1

Cada vez se me hace más difícil memorizar pasajes de las Escrituras y estrofas de poemas. De joven me bastaba con repetir una cosa una o dos veces para recordarla. Si la repetía muchas veces, y especialmente si la escribía, dicha cosa se quedaba permanentemente grabada en mi memoria. Seguir leyendo

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Una actitud de agradecimiento

Una actitud de agradecimiento

por el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

El maestro no solamente modela las expectativas y ambicio­nes de sus discípulos, sino que influye en las actitudes que ellos ten­gan hacia el futuro y hacia sí mismos.

Con frecuencia nuestros pensamientos se vuelven a Aquel que expió nuestros pecados, que nos enseñó a vivir y a orar y que demostró con Sus acciones las bendiciones que se reciben al servir. Nacido en un establo, acunado en un pesebre, este Hijo de Dios, Jesucristo el Señor, todavía nos llama para que lo sigamos.

En el libro de Lucas, capítulo 17, leemos:

“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

“Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos “y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

“Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron lim­piados.

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

“y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

“Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

“¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

“Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado”1. Gracias a la intervención divina, aquellos leprosos se libraron de una muerte lenta y cruel, recibiendo la dádi­va de una nueva vida. La gratitud expresada por uno de ellos suscitó la bendición del Salvador; la ingratitud de los otros nueve le causó desilusión.

Las plagas de boy son como la lepra de antaño; con­sumen, debilitan, destruyen; se hallan por todos lados y su efecto no conoce límites. Entre las que conocemos están las llamadas egoísmo, codicia, desenfreno, crueldad y delitos, siendo éstas sólo unas pocas. Llenos de su ve­neno, tendemos a criticar, quejamos, culpar a otros y, lenta pero seguramente, a abandonar lo positivo y cen­tramos en lo negativo. Seguir leyendo

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Arrepentimiento Principio de Caridad

Arrepentimiento Principio de Caridad

Por Joseph Fielding Smith
Liahona Julio 1947

El arrepentimiento es el segundo de los principios fundamentales del Evangelio y el crecimiento de la fe. Ambos, Juan el Bautista y nuestro Salvador, comenzaron su ministerio clamando el arrepentimiento. Juan dijo: “y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

Y cuando vio él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira venidera?

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,” (Mat 3:6-8) Nuestro Salvador dijo a los Judíos, “Si vuestra justicia no fuera mayor que la de los Escribas y Fariseos, no entraréis en el reino de los Cielos”. (Mat. 5:20).

Un principio glorioso

El arrepentimiento es uno de los principios más consoladores y gloriosos que enseña el evangelio. En este principio la misericordia de nuestro Padre Celestial y de su Hijo Unigénito Jesucristo, se manifiesta con más poder que ningún otro principio. Que cosa más terrible sería si no hubiera perdón para el pecado, y ninguna forma para la remisión de los pecados de los que se han arrepentido con humildad! Solamente podemos imaginarnos parcialmente el horror que nos causaría, si es que tuviéramos que sufrir el castigo de nuestras transgresiones para siempre, sin la esperanza de ningún socorro. ¿Cómo se obtiene ese socorro? ¿De quién se obtiene?

Nuestro Señor ha dicho:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
El que en él cree no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.” (Juan 3:16-20).

Si el Padre no hubiere enviado a Jesucristo al mundo,- entonces no habría remisión de los pecados y tampoco habría el consuelo del castigo del pecador por medio del arrepentimiento. Seguir leyendo

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¿Hay una Iglesia Verdadera?

¿Hay una Iglesia Verdadera?

Por Bruce R. McConkie
Liahona Junio 1947


No hay preguntas en el mundo de más importancia en cuanto a la salvación del hombre como estas:

¿“Cuál de todas las iglesias es la verdadera; o, están todas juntamente equivocadas? ¿Si alguna de ellas es la verdadera, cuál es, y como podré saber cuál es? ¿Dónde, si en alguna parte, puedo encontrar el plan de salvación?”

Casi la mayor parte de la historia humana en vano ha intentado de contestar estas preguntas con la espada. Ejércitos se han puesto en marcha, reinos se han levantado, imperios se han caído al polvo así como una religión tras otra ha procurado de probar la verdad de sus doctrinas por medio de la fuerza y matanzas. Millones han muerto para probar que su gran fuerza hizo sus creencias ciertas.

Hoy nosotros reclamamos vivir en una época de racionalidad, una época en la cual nos podemos sentar en concilio, exentos de pasiones, y llegar a conclusiones tranquilas y científicas en cuanto a la verdad de muchas cosas. Esta es una era en la cual los hombres se jactan en aceptar cualquier verdad que se pueda demostrar y probar. En medio de centenares de reclamaciones en conflicto, ¿Pode-aprender la verdad acerca de la religión?

¿Pueden todas las iglesias ser verdaderas?

Básica a cualquier búsqueda permanece el hecho de que la verdad es eterna.

Aquella porción de verdad que cualquier grupo de hombres hubiera ganado por investigación o por revelación varía, pero las realidades eternas en sí mismas son siempre las mismas. Lo que fué la verdad hace 2,000 años es la verdad hoy.

Toda verdad está en perfecta armonía con la verdad; no existe allí el más mínimo conflicto. Donde las opiniones diferencian, la verdad ha sido debilitada por el error. El simple hecho de que hay en el mundo centenares de iglesias Cristianas y no Cristianas igualmente, que enseñan y sostienen doctrinas en extremo opuestas de unas con otras, es prueba de que todas esas iglesias no tienen la verdad. Todas las iglesias no pueden, por lo tanto ser verdaderas, porque todas las iglesias se diferencian en creencias, doctrinas y prácticas.

¿“Cristo está dividido”?

Estos hechos simples están abundantemente atestiguados por los escritos de hombres inspirados. A los Corintios, Pablo dijo: “Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habláis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”, (1Cor. 1.10). Qué es esto sino una repetición de la oración de Cristo mismo a su Padre Celestial concerniente a los discípulos, “¿Para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa?”. (Juan 17:22). Seguir leyendo

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La relación entre la caída y la Expiación

La relación entre
la caída y la Expiación

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


La expiación rectifica la caída

¿Cómo podían corregirse, enmendarse y conciliarse en el plan eterno los efectos negativos de la Caída: la muerte espiritual y la muerte física? ¿Qué valor tenían la descendencia o el conocimien­to divino si tanto hombres como mujeres estaban condenados a permanecer en la tumba, separados de la presencia de su Dios? No había solución sin un Redentor, alguien que expiara, redi­miera, reconciliara y corrigiera estas condiciones negativas. Lehi lo afirma de manera sencilla y concisa: «el Mesías vendrá en la plenitud de los tiempos, a fin de redimir a los hijos de los hom­bres de la caída» (2 Nefi 2:26). Lehi entendía que la Caída no era irremediable, cuando declaro: «la vía está preparada desde la caída del hombre, y la salvación es gratuita» (2 Nefi 2:4).

La Expiación, según enseñó el élder Talmage, se convirtió en «una continuación necesaria de la transgresión de Adán».1 Moroni explicó claramente esta necesidad secuencia!: «por Adán vino la caída del hombre. Y por causa de la caída del hombre, vino Jesucristo, (…) y a causa de Jesucristo vino la redención del hombre» (Mormón 9:12). Alma dedicó una cantidad de tiem­po considerable a abordar las consecuencias de la Caída antes de declarar: «se hizo menester que la humanidad fuese rescatada de esta muerte espiritual» (Alma 42:9). La Expiación fue ese instru­mento de recuperación.

Pero, ¿cómo se llevó a cabo? Mediante un sacrificio infinito y eterno. Tal y como declaró el élder Bruce R. McConkie: «De al­guna manera, incomprensible para nosotros, Getsemaní, la cruz y la tumba vacía se combinan en un drama grandioso y eterno, en el transcurso del cual Jesús abolió la muerte y del cual emanan la inmortalidad para todos y la vida eterna para los justos».2

La superación de la muerte física y la primera muerte espiritual para todos

Si se les preguntara: «¿Cuáles son las consecuencias de la Expiación?», muchos responderían: «Superó la muerte física para todos los hombres y la muerte espiritual para los que se arre­pienten». Aunque esa respuesta es correcta en lo esencial, resul­ta incompleta. La Caída provocó la muerte física y un tipo de muerte espiritual para todos los hombres. Esta última se debió a la transgresión de nuestros primeros padres en el Jardín, y se conoce en el mundo con el nombre de «pecado original». Todos los hombres mueren físicamente por la transgresión de Adán. No hay escapatoria de esta consecuencia. Del mismo modo, todos los hombres resucitarán gracias a Cristo. No hay excepción en lo que respecta a este remedio. La muerte física, no obstante, no es la única consecuencia universal de la Caída. Otra consecuencia de la transgresión de Adán es que todos los hombres nacen en un contexto alejado de la presencia física de Dios. Esta separación recibe en las Escrituras el nombre de primera muerte espiritual (véase Helamán 14:16-18; DyC 29:41). Es un alejamiento de Dios que se origina en Adán. Seguir leyendo

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La caída de Adán

La caída de Adán

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


Las condiciones anteriores a la caída

Cuando Adán y Eva vivían en el Jardín del Edén, se encontra­ban sometidos a cuatro condiciones básicas; dos positivas y dos negativas.1 En primer lugar, ambos eran inmortales,2 libres del dolor, la enfermedad y la muerte. Refiriéndose al árbol del conocimiento del bien y del mal, Dios dijo: «el día que de él comieres, de cierto morirás» (Génesis 2:17), dando a entender que, entre tanto y hasta que se produjera dicho acontecimiento, Adán y Eva disfrutarían de un estado de inmortalidad. Este era un aspecto positivo.

En segundo lugar, Adán y Eva hablaban y caminaban en la presencia de Dios. Esto también era positivo. El profeta José ha­bló de esta manera con respecto a aquellos gloriosos días en los que «Dios conversó con Adán cara a cara. Se le permitió estar en su presencia y de su propia boca se le permitió obtener instruc­ción. Adán escuchó la voz de Dios, anduvo ante él y contempló su gloria, mientras que la inteligencia ardía sobre su entendi­miento».3

Parley P. Pratt tenía una perspectiva similar del Jardín: «Él [Adán] estaba en la presencia de su Hacedor, conversaba con él cara a cara y contemplaba su gloria, sin velo alguno entre ellos. Oh, lector, contempla un momento esta hermosa creación, con paz y abundancia: la tierra rebosante de animales inofensivos, (…) el aire plagado de hermosas aves cuyas notas incesantes lle­nan el lugar de variada melodía; (…) mientras legiones de ángeles acampan alrededor de él y unen sus voces jubilosas en cantos de gratitud, canciones de alabanza y gritos de gozo. No se dejaban oír ni gruñidos, ni suspiros en la vasta extensión; ni había pena, miedo, dolor, llanto, enfermedad, ni muerte; Tampoco conten­ciones, guerras, ni derramamiento de sangre; al contrario: la paz coronaba las estaciones en su discurrir y la vida y el amor reina­ban sobre todas las obras de Dios».4

Resulta difícil imaginar un lugar más idílico en el que vivir. Adán y Eva estaban vivos espiritualmente, disfrutando en la pre­sencia de nuestro Padre Celestial. Seguir leyendo

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El significado de la Bendición Patriarcal

El significado de la Bendición Patriarcal

Por Joseph Fielding Smith

Discurso pronunciado la tarde del sábado en la 115a. conferencia semi-anual, el día 7 de octubre de 1944, en el Tabernáculo, Salt Lake City, Utah.

En tanto que este es un culto de sacerdocio y que en la última conferencia semi-anual, hablé durante el culto del sacerdocio, esperé estar a gusto en este culto y no tener que hablar. He aprendido otra lección de no formar opiniones precipitadas.

Siendo este un culto de sacerdocio, y esperando que mi Padre Celestial me dé Su ayuda me gustaría hacer por lo menos algunas observaciones que quizá contesten algunas preguntas que tengan, y me siento seguro al creer que algunas de estas cuestiones son comunes por la frecuencia con que me las han presentado.

Oliverio Cowdery ocupó una posición única en la Iglesia. Fué llamado a ser testigo especial, y eso es de acuerdo con la ley. El Señor ha dicho en todos los tiempos que su palabra debe ser establecida en la boca de dos o j tres testigos. Es de gran significado que el Profeta José Smith no recibió el Sacerdocio solo, sino que él, junto con Oliverio Cowdery, recibió el Sacerdocio, y éste fué el llamamiento de Oliverio Cowdery, dar testimonio de estas cosas.

El Salvador mismo, de acuerdo con la ley, necesitó un testigo, y su Padre personalmente atestiguó de la divinidad de su Hijo. Juntos le aparecieron al Profeta José Smith. Encontrarán amplias referencias Bíblicas que apoyan la necesidad de testigos.

Oliverio Cowdery no permaneció fiel, y su posición fué dada a Hyrum Smith. Seguir leyendo

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El tabaco relata su historia

El tabaco relata su historia

Élder Alfredo C. Reese

Discurso Pronunciado, el 13 enero  de 1937, transmitido por la estación radio-difusora KSL en la Ciudad de Lago Salado.

Ninguno sabe más acerca del tabaco que el tabaco mismo. Así que ¿por qué no entrevistamos al tabaco esta noche?, dejemos al tabaco relatar su propia historia. Va así:

“Soy una planta que crece lujuriosamente bajo condiciones favorables.

“Contengo un veneno mortal que se llama nicotina. Las personas han descubierto que cuando me usan por inhalación, produzco una sensación agradable de poder, pero de poder falso. Aquellos que me usan se hacen creer que avivo su inteligencia, que les doy más fuerza física; que les estímulo para hacer obras maravillosas que están más allá de su capacidad normal.

“¿Jamás han observado a las personas que me usan, alrededor de una mesa durante una conferencia? ¿Han notado que ellos extienden su mano para tomarme antes de comenzar a pensar o hablar? Soy su apoyo y sostén. Soy el dinamo que les hace funcionar.

“Por supuesto lo que hago después es dejarlos caer y retardar. Entonces me necesitan más que antes, para levantarlos y edificarlos nuevamente. Este es el modo en que les conquisto. De esta manera les hago sentir que soy indispensable. Así es como les hago esclavos míos e inútiles para defenderse. Seguir leyendo

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Una guía para la economía familiar

Una guía para la economía familiar

Por el élder Marvin J. Ashton
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Discurso pronunciado en la sesión de bienestar de la Conferencia General de abril de 1975.

Una vez tuve la oportunidad de conversar con una pareja extraor­dinaria de jóvenes, los cuales se iban a casar esa misma semana. Sus ojos brillaban de ilusión por el acontecimiento importante que se avecinaba, así como por el amor perdurable del uno por el otro. Ambos gozaban de las ventajas de una educa­ción universitaria, de buenos hogares y de experiencias culturales. Era un deleite ser partícipe de sus personalidades, de sus planes y su potencial. El cortejo parecía haber comen­zado, de manera apropiada, sobre una base eterna.

Durante nuestra entrevista, las respuestas que dieron a sólo una pregunta hicieron surgir en mí cierta preocupación. Espero que mis afán y suge­rencias les hayan impulsado a reexaminar su futuro enlace,

A la pregunta “¿Quién va a administrar el dinero en el matrimonio?”, ella contestó: “Él, creo”. Y él dijo: “Todavía no hemos hablado de ello”. Esos comentarios me sorprendieron y hasta me extrañaron.

¿Cuán importantes son las finanzas y la administración del dinero en los asuntos familiares y matrimoniales? Permítanme ser yo quien responda: “Tremendamente importantes”. La Asociación de Abogados Norteamericanos ha indicado que el 89% de todos los divorcios se deben a disputas o a acusa­ciones pertinentes al dinero. Otras asociaciones han calculado que el 75% de todos los divorcios son el resul­tado de conflictos sobre las finanzas. Algunos consejeros profesionales indican que cuatro de cada cinco familias sobrellevan la carga de serios problemas económicos.

En esta ocasión me apresuro a hacer hincapié en el hecho de que estas tragedias matrimoniales no se deben exclusivamente a la falta de dinero, sino a la mala administración de las finanzas personales. Una futura esposa haría bien en no interesarse demasiado por la cantidad mensual que va a ganar su futuro esposo, sino en cómo él (y ella) administrarán el dinero que llegue a sus manos. La administración del dinero debiera tener preferencia sobre la productividad del mismo. Un esposo, futuro que se ha comprometido con una muchacha que lo tiene todo haría bien en echar un nuevo vistazo y ver sí ella tiene la capacidad de administrar el dinero.

La administración del dinero en el hogar entre marido y mujer debe hacerse sobre una base de compañerismo, en la que ambas partes tengan voz en la adopción de normas y decisiones. Cuando los hijos nazcan y tengan los años suficientes para ser responsables de sus actos, debe hacérseles, también partícipes de los asuntos de dinero, aunque de manera más limitada. La paz, la alegría, el amor y la seguridad en el hogar no son posibles cuando prevalecen las preocupaciones y las discusiones sobre asuntos económicos. Ya sea que estemos a punto de casarnos o si ya lo hayamos hecho, éste es el momento de llevar a cabo una introspección y de arrepentimos, según sea necesario, para mejorar nuestra destreza en la admi­nistración económica y para vivir de acuerdo con nues­tras posibilidades. Seguir leyendo

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Jesús el Cristo—Nuestro Maestro y Más

Jesús el Cristo—Nuestro Maestro y Más

Russell M. Nelson

por Russell M. Nelson
del Cuórum de los Doce Apóstoles


Mi interés de toda la vida en el corazón humano tomó un giro inesperado en abril de 1984, cuando fui llamado a dejar el quirófano del hospital y entrar en la sala superior del templo. Allí me convertí en un Apóstol ordenado del Señor Jesucristo. No busqué tal llamamiento, pero humildemente he tratado de ser digno de esa confianza y privilegio de ser Su representante, ahora con la esperanza de reparar corazones espiritualmente como antes lo hice quirúrgicamente.

Así que vengo a ustedes como uno que ha sido llamado, sostenido y ordenado, uno de los doce testigos especiales de nuestro Señor y Maestro. Al hablar con ustedes, percibo nuestro deseo mutuo y responsabilidad sagrada de seguir este tema vital del Libro de Mormón: “Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, [y] profetizamos de Cristo” (2 Nefi 25:26).

Le honramos como el individuo más importante que jamás haya vivido en el planeta Tierra. Él es Jesús el Cristo, nuestro Maestro y más. Tiene numerosos nombres, títulos y responsabilidades, todos de importancia eterna. La Guía de Tópicos tiene dieciocho páginas (240–58) bajo el encabezado “Jesucristo”, llenas de referencias listadas bajo cincuenta y siete subencabezados. En el espacio asignado no podríamos considerar ni comprender plenamente todos estos aspectos importantes de Su vida. Pero me gustaría revisar, aunque sea brevemente, diez de esas poderosas responsabilidades de Jesús el Cristo. No numeraré estas responsabilidades, no queriendo implicar ningún orden de prioridad, porque todo lo que Él logró fue igualmente sublime en su alcance. Seguir leyendo

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¿Qué finalidad tiene la Expiación?

¿Qué finalidad
tiene la Expiación?

Tad R. Callister
La Expiación infinita


Tres finalidades

¿Qué es la Expiación de Jesucristo? En pocas palabras, es ese sufrimiento soportado, ese poder demostrado y ese amor manifes­tado por el Salvador en tres lugares principales, a saber, el Jardín de Getsemaní, la cruz en el Calvario y la tumba de Arimatea. En un sentido más amplio, la Expiación comenzó cuando el Salvador planteó esa propuesta desinteresada en el concilio pre- terrenal, «Heme aquí; envíame» (Abraham 3:27), y continúa sin fin «[llevando] a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hom­bre» (Moisés 1:39).

La Expiación tiene al menos tres finalidades:

Primera: restaurar todo lo perdido por causa de la Caída de Adán. Esto se llevó a efecto: (1) haciendo posible la resurrec­ción de todos los hombres,1 venciendo a la muerte física (véase 1 Corintios 15:21-22); y (2) restaurando a todos los hombres a la presencia de Dios a fin de ser juzgados, venciendo así lo que las Escrituras denominan una primera muerte espiritual (véase Helamán 14:16; DyC 29:41). Ambas muertes se impusieron a todos los hombres por causa de Adán; ambas muertes fueron su­peradas para todos los hombres gracias a Cristo.

Segundo: brindar la oportunidad del arrepentimiento de modo que los hombres puedan verse purificados de sus propios pecados y vencer así lo que las Escrituras denominan una segunda muerte espiritual (véase Helamán 14:18).

Tercero: proporcionar el poder necesario a fin de exaltarnos hasta lograr el estado de un dios (véase DyC 76:69).

Las tres finalidades mencionadas están concebidas al objeto de ayudarnos a volver permanentemente a la presencia de Dios y llegar a ser como El.

Para ser «uno» con Dios y ser como Dios

La palabra inglesa atonement, tal y como se emplea en las Escrituras SUD en inglés, hace referencia por lo general a los acontecimientos que rodean a Getsemaní, al Calvario y a la tum­ba. Asimismo, el término se relaciona con los sacrificios que eran «símbolos» de dichos acontecimientos. Lo hechos transcurridos en estos tres lugares constituyen el resorte principal de la misión del Salvador. Hay quien ha sugerido que la estructura de esta palabra inglesa también nos ayuda a entender la finalidad pri­mordial que subyace a dichos acontecimientos sagrados, es decir, lograr la unidad con Dios (one-ness, en inglés). Seguir leyendo

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¿Podemos comprender plenamente la Expiación?

¿Podemos comprender
plenamente la Expiación?

Tad R. Callister
La Expiación infinita


Recibir conocimiento sobre conocimiento

¿En nuestro estudio de la Expiación podemos dominar sus complejidades y pormenores? ¿Podemos conocer los porqués y los cómos tan bien como conocemos las consecuencias? El élder James E. Talmage arrojó luz sobre nuestra incapacidad para com­prender plenamente esta doctrina:

«No todos los pormenores del glorioso plan, en virtud del cual se asegura la salvación de la familia humana, se encuentran al alcance de la comprensión humana; pero el hombre ha aprendi­do, incluso gracias a sus vanos intentos de desentrañar las causas primarias de los fenómenos de la naturaleza, que sus poderes de comprensión son limitados; y admitirá que negar un efecto sobre la base de su propia incapacidad para dilucidar su causa equivaldría a perder sus pretensiones como ser observador y pensante.

»Sencillo como es el plan de redención en sus características gene­rales, es un reconocido misterio en sus detalles para la mente finita».1

Nuestra incapacidad para «saberlo todo», no obstante, no exi­me de la necesidad (ni debería disminuir nuestro deseo de ello) de conocer lo «conocible». Puede que agotando lo conocible em­pujemos y exploremos, e incluso de vez en cuando, penetremos el infinito. El profeta José era nuestro ejemplo en este aspecto. Él era el «preguntador magistral». Sus interrogantes desencadenaron la Primera Visión, la Palabra de Sabiduría, la revelación sobre el matrimonio celestial, la visión de los tres grados de gloria y, ver­daderamente, casi todas y cada una de las revelaciones notables de esta dispensación. El hizo saltar por los aires los parámetros de conocimiento divino porque preguntó rectamente. El profeta mismo fue una prueba empírica de la invitación divina: «Si pides, recibirás revelación tras revelación, conocimiento sobre conoci­miento, a fin de que conozcas los misterios y las cosas apacibles» (DyC 42:61; véase también 1 Nefi 10:19; DyC 6:7; 11:7). Seguir leyendo

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La necesidad del equilibrio en nuestra vida

La necesidad del equilibrio en nuestra vida

por el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Al emplear nosotros una balanza justa, de ese mismo modo seremos juzgados, pues con la medida con la que juzguemos seremos medidos. El Salvador enseñó: «No juzguéis [injustamente], para que no seáis juzgados».

Actualmente, mucha gente se interesa en una sola gama de temas y juzga los méritos de los candidatos políticos y de las causas en base a esos temas específicos. En la Iglesia hay también personas que sólo están interesadas en un solo principio o aspecto del Evangelio sobre todos los demás.

El sabio Job dijo: “Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad” (Job 31:6). Al emplear nosotros una balanza justa, de ese mismo modo seremos juzgados, pues con la medida con la que juzguemos seremos medidos.

El Salvador enseñó:

“No juzguéis [injustamente], para que no seáis juzgados.

“Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2; véase Traducción de José Smith, Mateo 7:1-2).

En años recientes parece que ha habido mucha gente que se ha pasado la vida protestando contra algo. Quizás han actuado así movidos por la impresión de haberse sentido reprimidos, porque deseaban llevar a cabo algún cambio o porque han actuado en base a motivos egoístas, creyendo que si hacían el ruido suficiente lograrían la atención que andaban buscando. Algunos de estos manifestantes han dicho haber actuado así para verse libres: libres de tradiciones y de normas morales, libres de todas las normas restric­tivas de la sociedad, libres del control del gobierno y de la ley, llegando algunos a ser ampliamente indulgentes consigo mismos. Tal y como destacó Harry Emerson Fosdick (1878-1969), estas personas tienen “hábitos que les atan, enfermedades que les maldicen y malas reputa­ciones que los arruinan”. Seguir leyendo

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Cinco virtudes pioneras que pueden salvar nuestro hogar hoy en día

Cinco virtudes pioneras que pueden
salvar nuestro hogar hoy en día

Por Valerie Durrant
La autora vive en California, EE. UU.

Los desafíos que afrontamos hoy en día tal vez sean diferentes, pero necesitamos la misma fortaleza que los pioneros de antaño.

¿Alguna vez te has preguntado si tu fe es tan grande como la de los pioneros? Aunque a los santos de la actualidad no se nos pida que caminemos 32 kilómetros al día por meses y meses, abandonemos todas nuestras posesiones ni afrontemos fuertes persecuciones, sí debemos tomar decisiones impopulares, protegernos de situaciones espiritualmente mortales y decir que no al flujo interminable de entretenimiento inapropiado que puede distraernos de las cosas más importantes.

Cuando escogemos seguir a Cristo, debemos apelar a las mismas virtudes que les dieron a nuestros antepasados pioneros su milagrosa fortaleza.

A continuación hay cinco de estas virtudes que pueden fortalecernos cada día:

  1. Fe. La fortaleza de los pioneros en realidad se hallaba a nivel personal. Cada uno de ellos sabía de forma personal que era un hijo de Dios. Tú también puedes desarrollar tu fe en Cristo a fin de que tu testimonio permanezca firme sin importar las tormentas que se desaten.
  2. Valor. Tal vez parezca absurdo comparar tu valor con el de ellos. Los pioneros afrontaron verdaderos peligros físicos cada día, pero nosotros debemos utilizar ese mismo valor en nuestro interior para compartir el Evangelio con los demás y vivir de manera diferente al mundo. Recordar el valor de los pioneros puede ayudarnos a superar nuestros desafíos.
  3. Determinación. Cuando ocurrían tragedias, hubiera sido fácil para los pioneros cuestionar si su situación era justa, pero su determinación los ayudó a seguir adelante, confiando en que todo estaría bien. En la actualidad, podemos tener esa misma convicción y darnos cuenta de que no importa lo que el mundo nos diga, “… todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe” (2 Nefi 2:24).
  4. Sacrificio. La gran visión de los pioneros en cuanto a la obra que estaban realizando les ayudó a hacer los sacrificios necesarios para avanzar. Nosotros podemos confiar en la misma visión que ayudó a los pioneros a seguir adelante —edificando la Iglesia de Dios— cuando tenemos que sacrificar cosas hoy en día.
  5. Unidad. El viajar en caravanas de carromatos significaba que todos se cuidaban mutuamente durante el viaje a Sion. Al trabajar para edificar Sion hoy en nuestros barrios, estacas, ramas, hogares y comunidades, nosotros también debemos tratar de elevar e incluir a aquellos que nos rodean.

¿Qué puedes hacer?

Elige una virtud que desees estudiar y desarrollar. ¿Cómo puede ayudarte en los desafíos que afrontas actualmente?

Descubre más

Aprende más en cuanto a ser un pionero en “La fe para seguir adelante”, “Cómo mantener la fe estando aislados”, y “Tres travesías de pioneros modernos”.

 

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Lo más importante

Lo más importante

por el élder Dallin H. Oaks
del Quorum de los Doce Apóstoles
Discurso dado en una reunión espiritual celebrada en la Universidad Brigham Young el 9 de febrero de 1999.

La diversidad y las elecciones no son lo más importante de la ley. Lo más importante que contribuye al progreso hacia nuestra meta de la vida eterna es el amor a Dios, la obediencia a sus mandamientos y la unidad en el cumplimiento de la obra de su Iglesia.

El libro de Mateo contiene las palabras conde­natorias del Salvador a los escribas y fariseos: “…diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23; cursiva agregada). Quisiera comentar algunas de las cosas “más importantes” que podríamos pasar por alto si nos centramos exclusivamente en las cosas sin trascendencia. Lo más importante a lo que quiero referirme son cuali­dades como la fe y el amor a Dios y Su obra, las cuales nos ayudan a avanzar con firmeza hacia nuestras metas eternas.

Al hablar de lo más importante, quisiera contrastar nuestras metas más elevadas de la eternidad con los métodos mortales u objetivos a corto plazo que empleamos en el intento de alcan­zarlas. El apóstol Pablo describió la diferencia exis­tente entre las perspectivas terrenales y las eternas con las siguientes palabras: “no [miramos] nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

Si nos concentramos con demasiado celo en nuestros obvios métodos u objetivos terrenales, podemos perder de vista las metas eternas, a las que el Apóstol llamó “las cosas… que no se ven”. Si hacemos esto, podemos olvidar la dirección que debemos tomar y no alcanzar nada de importancia eterna. No mejoramos en nada nuestra posi­ción en la eternidad si tan sólo nos dedicamos, mientras estamos en la mortalidad, a alcanzar lo más posible lo antes posible, sino que sólo logramos esa posición al avanzar conscientemente en la dirección correcta. Tal y como el Señor nos dijo en la revelación moderna: “…y lo que el Espíritu os testifique, eso quisiera yo que hicieseis con toda santidad de corazón, andando rectamente ante mí, considerando el fin de vuestra salvación” (D. y C. 46:7; cursiva agregada). Seguir leyendo

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