El hermoso don de la Santa Cena

El hermoso don de la Santa Cena

Por el élder Dale G. Renlund y la hermana Ruth L. Renlund
El élder Renlund es miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles

Tomado del discurso “Venid a Cristo”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho, el 26 de septiembre de 2017.

Rueguen que sean renovados al participar de la Santa Cena y recordar al Salvador.

En abril de 2017 tuvimos la oportunidad de ayudar en el programa de puertas abiertas del Templo de París, Francia, antes de que fuera dedicado el 21 de mayo de 2017. En los jardines del templo hay una hermosa estatua del Christus. Es una réplica de la obra maestra que el escultor danés Bertel Thorvaldsen creó en 1838. Esa estatua proporciona un punto de enfoque en los jardines y declara nuestra creencia en Jesucristo a todos los que se acercan. La majestuosidad, el tamaño y el entorno son cautivadores. Los visitantes se sienten atraídos por esa representación del Señor resucitado, y con frecuencia desean permanecer allí para tomarse fotos.

A esa estatua a menudo se la llama Christus Consolator. Un consolador es alguien que consuela1. Consolar significa confortar a otra persona en un momento de dolor o desilusión, dar solaz, sentir empatía, compadecerse o mostrar compasión por otra persona2. Para nosotros, el Christus expresa esos atributos divinos del Salvador.

El Christus Consolator original se encuentra en Vor Frue Kirke, la Catedral de Nuestra Señora, en Copenhague, Dinamarca. Rodeado de estatuas de los Doce Apóstoles, el Christus se encuentra en un nicho entre columnas. Arriba y abajo de la estatua hay inscripciones de versículos bien conocidos de la Biblia.

En el panel que se encuentra arriba de las dos columnas están inscritas estas palabras en danés: “DENNE ER MIN SØN DEN ELSKELIGE HØRER HAM”. En español: “Este es mi Hijo Amado; a él oíd”.

Esas palabras fueron pronunciadas por Dios, nuestro Padre Celestial, cuando Jesús fue transfigurado en una montaña frente a Pedro, Santiago y Juan. El versículo completo dice: “Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo Amado; a él oíd” (Marcos 9:7). Seguir leyendo

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Principios para ministrar – Cultivar relaciones significativas

PRINCIPIOS PARA MINISTRAR

Cultivar relaciones significativas

Nuestra capacidad para cuidar a los demás aumenta cuando tenemos una relación significativa con ellos.

La invitación a ministrar a los demás es una oportunidad para cultivar relaciones afectuosas con ellos, el tipo de relación que los haría sentir cómodos al pedir o aceptar nuestra ayuda. Cuando hemos hecho el esfuerzo de desarrollar ese tipo de relación, Dios puede cambiar vidas a ambos lados de ella.

“Verdaderamente creo que no se produce un cambio significativo sin relaciones significativas”, dijo Sharon Eubank, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. Y para que nuestros actos de servicio sean un agente de cambio en la vida de los demás, agregó, deben “derivar del deseo sincero de sanar y escuchar, cooperar y respetar”1.

Las relaciones significativas no son estrategias. Se basan en la compasión, los esfuerzos genuinos y el “amor sincero” (D. y C. 121:41)2.

Formas de cultivar y fortalecer las relaciones

“Establecemos [relaciones] una persona a la vez”, dijo el élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles3. Al esforzarnos por cultivar relaciones significativas con aquellos a quienes ministramos, el Espíritu Santo puede guiarnos. Las siguientes sugerencias están basadas en un modelo que brindó el élder Uchtdorf4.

  • Aprender sobre ellos.

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) enseñó: “No pueden servir bien a aquellos a quienes no conocen bien”. Él sugirió conocer los nombres de cada miembro de la familia y estar al tanto de acontecimientos importantes como cumpleaños, bendiciones, bautismos y matrimonios. Esto brinda la oportunidad de escribir una nota o hacer una llamada para felicitar a un miembro de la familia por algún logro o realización especiales5.

  • Pasar tiempo juntos.

Lleva tiempo desarrollar una relación. Busque oportunidades para mantenerse en contacto. Hay estudios que muestran que el hacer que las personas sepan que le importan a usted es esencial para mantener relaciones saludables6. Visite a menudo a aquellos a quienes se le llamó a servir. Hable con ellos en la Iglesia. Haga uso de cualquier medio adicional que sea razonable, tal como el correo electrónico, Facebook, Instagram, Twitter, Skype, llamadas telefónicas o enviar una tarjeta. El élder Richard G. Scott (1928–2015), del Cuórum de los Doce Apóstoles, habló sobre el poder de las expresiones simples y creativas de amor y apoyo: “Muchas veces abría las Escrituras… y encontraba una nota de afecto y de apoyo que [mi esposa] había puesto entre las páginas del libro… Esas preciadas notas… siguen siendo un tesoro invalorable de consuelo e inspiración”7. Seguir leyendo

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Presidente John Taylor (1808-1887)

Presidente John Taylor (1808-1887)

Puntos sobresalientes en la vida de JOHN TAYLOR (1808-1887)

Edad
Nace en Milnthorpe, condado de Westmoreland, Inglaterra (1 de noviembre de 1808).
14 Trabaja primero como tonelero, posteriormente como tornero (1822).
16 Se une a la Iglesia Metodista (1824).
17 Recibe la impresión de que va a predicar el evangelio en América (1825).
24 Emigra al Canadá (1832).
28 Se bautiza en la Iglesia; llega a hacerse cargo de la Iglesia en Canadá(1836).
30 Es ordenado apóstol por Brigham Young y Wilford Woodruff (1838).
31-33 Cumple su primera misión en la Gran Bretaña (1839-41).
34-38 Funge como editor del periódico Times and Seasons (1842-46).
35-37 Funge como editor del periódico Nauvoo Neigh-boor (1843-45).
36 Presencia el martirio de José Smith (1844).
38-39 Cumple una segunda misión en la Gran Bretaña (1846-47).
39 Dirige el peregrinaje de santos de Winter Quarters a Salt Lake City (1847).
41-44 Cumple una misión en Francia y Alemania (1849-52).
47-49 Preside la Misión de los Estados del Este; publica el periódico The Mormon (1855-57).
49-68 Colabora como miembro de la Legislatura Territorial de Utah (1857-76).
61 Se inscribe en un debate epistolar publicado en toda la nación acerca del matrimonio plural, contra Schuyler Colfax, vicepresidente de los Estados Unidos (1869).
69 Dirige a la Iglesia como presidente del Quorum de los Doce (1877).
72 Es sostenido como Presidente de la Iglesia (1880).
77 Aparece en público por última vez antes de exiliarse voluntariamente debido a las leyes contra el matrimonio plural (1885).
78 Muere en Kaysville, condado de Davis, estado de Utah (25 de julio de 1887).

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Ejemplos de grandes maestros

Ejemplos de grandes maestros

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
La enseñanza y el aprendizaje – 10 de febrero de 2007


Hemos escuchado a algunos de los más grandes maestros de la Iglesia, que nos han proporcionado una excelente per­cepción de muchos de los elementos y principios de la buena enseñanza.

Como se ha mencionado, en algu­nos aspectos todos somos maestros y tenemos el deber de enseñar de la mejor manera posible.

Me gustaría compartir con ustedes algunos ejemplos de per­sonas que he conocido, que han influido en mi vida y que me han enseñado lecciones importantes e inolvidables.

Todos tienen un relato

He estado pensando en una de nuestra Autoridades Generales eméri­ta, el élder Marion D. Hanks, que sobresalió en la enseñanza en semina­rio, en instituto y en la Iglesia en general. Él ha utilizado muchos méto­dos didácticos diferentes.

En una ocasión, el élder Hanks recorrió una misión y entrevistó a todo misionero que trabajaba en esa zona en particular. Yo había sido asignado a una zona contigua y el presidente de misión nos llevó en auto al élder Hanks y a mí al aero­puerto.

El élder Hanks le dijo al presidente de misión que había sido un privilegio para él haber hablado con cada uno de los misioneros y haberlos entrevis­tado. Nos contó que se sintió inspi­rado a pedirle a una misionera lo siguiente: “Hábleme sobre su misión y de cómo se sintió por haber sido lla­mada como misionera”.

Ella le dijo que su humilde padre, un campesino, se había sacrificado mucho voluntariamente por el Señor y Su reino. Ya estaba manteniendo a dos hijos en la misión el día en que habló con ella sobre sus callados deseos de ser misionera y le explicó cómo el Señor le había ayudado a prepararse para ayudarla.

Él había ido al campo para hablar con el Señor y decirle que ya no le quedaban más bienes materiales para vender, sacrificar o usar como garantía para un préstamo. Él desea­ba saber cómo podía ayudar a su hija a cumplir una misión; y se sintió ins­pirado a plantar cebollas. Pensó que no había entendido bien; las cebo­llas no se daban bien en ese clima, nadie había plantado cebollas y él no tenía experiencia en el cultivo de ellas.

Luego de argumentar con el Señor por un tiempo, tuvo la impre­sión de que debía plantar cebollas: pidió prestado dinero al banco, com­pró las semillas, las plantó, las cuidó y oró.

El clima se mantuvo favorable y la plantación de cebollas prosperó; ven­dió la cosecha, pagó sus deudas al banco, al gobierno y al Señor, y puso el resto en una cuenta corriente bajo el nombre de su hija: lo suficiente para mantenerla durante la misión.

Luego el élder Hanks le dijo al presidente de misión: “Nunca olvida­ré su relato, ni el momento, ni las lágrimas en sus ojos, ni el sonido de su voz, ni lo que sentí cuando dijo: ‘Hermano Hanks: No tengo proble­ma para creer en un amoroso Padre Celestial que sabe de mis necesida­des y que me ayudará de acuerdo con Su sabiduría si soy lo suficientemente humilde’ ”. Seguir leyendo

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Principios de la enseñanza y del aprendizaje

Principios de la enseñanza y del aprendizaje

Presidente Boyd K. Packer
Presidente en Funciones del Quorum de los Doce Apóstoles

Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
La enseñanza y el aprendizaje – 10 de febrero de 2007

LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE

Presidente Packer: El tema que trataremos es el de la enseñanza y del aprendizaje del Evangelio de Jesucristo, tanto en el salón de clases como en el hogar. Todos noso­tros: líderes, maestros, misioneros y padres, tenemos el desafío de toda la vida, dado por el Señor, de ense­ñar y de aprender las doctrinas del Evangelio tal como nos han sido reveladas.

Comenzaremos con una breve conversación entre el élder L. Tom Perry y yo sobre los principios que forjan la enseñanza eficaz. Mi asigna­ción consiste en transmitir algunas experiencias personales que me han enseñado mucho sobre la enseñanza y el aprendizaje. Si observan y escu­chan detenidamente, verán que para ser un buen maestro también se debe estar dispuesto a aprender.

En seguida de la conversación, el élder Jeffrey R. Holland nos dará instrucción en cuanto a cómo prepararnos para enseñar; después, irá a un aula para dar una demostra­ción de la enseñanza en el salón de clases.

Cualquier miembro de los Doce podría haber dado esta demostración con eficacia, aun cuando cada uno de ellos habría tenido un enfoque dife­rente al de los demás. No existe un método específico que funcione para todos los maestros o todas las situa­ciones. El Espíritu es fundamental en guiarnos para que utilicemos nuestra propia preparación, experiencia, per­sonalidad, conocimiento y testimonio en cualquier situación de enseñanza en particular.

RESPONSABILIDADES DE LOS LÍDERES

Los líderes tienen la responsabili­dad de enseñar, ya sea que estén en consejos, entrevistas o en los servi­cios de adoración. También tienen la responsabilidad de asegurarse de que el desarrollo del maestro y el aprendizaje eficaz del Evangelio sean algo constante en la vida de los miembros.

Con ese propósito, la Primera Presidencia emitió una carta con fecha del 17 de noviembre de 2006 para discontinuar los cargos de coordinador para el mejoramiento de maestros de barrio y de estaca. Junto con la carta se envió la lista de “Las responsabilidades de los líde­res en el mejoramiento de maestros”. Confiamos en que los líderes del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares se reúnan en consejo para mejorar la enseñanza y el aprendizaje del Evangelio utilizando los princi­pios que se enseñen en esta transmi­sión, junto con las sugerencias y los recursos citados en la mencionada carta. No habrá necesidad de llevar a cabo reuniones especiales para el mejoramiento de maestros, excepto las que realicen de vez en cuando durante los consejos y las entrevis­tas, según sea necesario.

Rogamos que la transmisión de esta capacitación les ayude a ser mejores maestros y estudiantes del Evangelio de Jesucristo.

LA DISPOSICIÓN PARA APRENDER

Élder Perry: Presidente, usted escribió un libro titulado Enseñad diligentemente. Todo puesto en la Iglesia requiere de un maestro eficaz; es el llamamiento más importante. ¿Podríamos conversar unos minutos sobre el requisito de enseñar diligen­temente en nuestros diversos llama­mientos en la Iglesia? Seguir leyendo

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La enseñanza y el aprendizaje en la Iglesia

La enseñanza y el
aprendizaje en la Iglesia

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quorum de los Doce Apóstoles
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
La enseñanza y el aprendizaje – 10 de febrero de 2007

La instrucción inspirada en casa y en la Iglesia ayuda a proporcionar el elemento crucial de nutrir por la buena palabra de Dios.

Una alta prioridad

Agradecemos al presidente Packer y al élder Perry ese cimiento inspira­dor para el tema de hoy, y esperamos con ansias el mensaje culminante que recibiremos del presidente Monson al final de nuestra reunión.

Como prueba de la alta prioridad que las Autoridades Generales que presiden le dan al tema de la ense­ñanza y del aprendizaje, este año estamos dedicando toda esta trans­misión de la capacitación mundial de líderes a este tema. Quizá la razón de ello sea obvia. Todos comprende­mos que el éxito del mensaje del Evangelio depende de que se ense­ñe, se comprenda y luego se viva de tal forma que la promesa de felicidad y salvación que nos brinda pueda hacerse realidad.

Por esa razón, la última y gran res­ponsabilidad que Jesús dio a Sus discí­pulos poco antes de Su ascensión al cielo fue:

“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

“enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20; cursiva agregada).

Lo que el Salvador recalca en este pasaje es que por mucho que sea lo que hay que hacer para vivir el Evangelio —y es mucho lo que debe­mos hacer para vivirlo— nada de ello se puede lograr hasta que se nos enseñen esas verdades y aprendamos el camino del Evangelio. Durante varios años, el presidente Hinckley nos ha aconsejado que mantengamos a nuestra gente cerca de la Iglesia, especialmente a los jóvenes y a los nuevos conversos. Dijo que todos necesitamos un amigo, una responsa­bilidad y ser nutridos “por la buena palabra de Dios” (Moroni 6:4; véase también Gordon B. Hinckley, en Conference Report, abril de 1997, pág. 66; o Liahona, julio de 1997, pág. 53).

La inspirada enseñanza en el hogar y en la Iglesia ayuda a propor­cionar ese elemento crucial de ser nutrido por la buena palabra de Dios. Y la oportunidad de magnificar este llamamiento existe en todo lugar: padres, madres, hermanos, amigos, misioneros, líderes y maes­tros del sacerdocio y de las organiza­ciones auxiliares, maestros de clase, incluso nuestros fantásticos maestros de seminario e instituto, que hoy están con nosotros. Y bien, la lista continúa. De hecho, en esta Iglesia, es casi imposible encontrar a alguien que no sea maestro.

El presidente Packer señaló esto en su conversación con el élder Perry al decir: “Todos somos maestros”: el líder, el discípulo, el padre, el conse­jero. No es de extrañar que el apóstol Pablo dijera en sus escritos: “Y a unos puso Dios en la iglesia, prime­ramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros”, y después de eso viene la amplia bendición de los milagros, dones espirituales y manifestaciones celestiales (véase 1 Corintios 12:28). Seguir leyendo

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El matrimonio es esencial para Su plan eterno

El matrimonio es esencial para
Su plan eterno

“Apoyemos a la familia”

Élder David A. Bednar
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes 11 de febrero de 2006


El esposo y la esposa se acercan más el uno al otro a medida que de forma personal y gradual vienen a Cristo.

La Primera Presidencia nos ha aconsejado encarecidamente que dediquemos nuestros mejores esfuerzos al fortalecimiento del matrimonio y del hogar. Esa instruc­ción jamás se ha necesitado más en el mundo que hoy en día, a medida que se ataca la santidad del matrimonio y se debilita la importancia del hogar.

A pesar de que la Iglesia y sus pro­gramas apoyan al matrimonio y a la fa­milia, y por lo general tienen éxito en ello, siempre debemos recordar esta

verdad básica: ningún medio ni ningu­na organización puede ocupar el lugar del hogar ni cumplir sus funciones esenciales1. Por consiguiente, hoy me dirigiré a ustedes, en primer lugar co­mo hombres y mujeres, como esposos y esposas, y como madres y padres, y en segundo, como líderes del sacerdo­cio y de las organizaciones auxiliares de la Iglesia. La asignación que tengo es la de analizar la función esencial del matrimonio eterno en el plan de felici­dad de nuestro Padre Celestial.

Nos centraremos en el concepto ideal doctrinal del matrimonio. Espero que el análisis de nuestras posibilida­des eternas y el recordatorio de quié­nes somos y de por qué estamos aquí en la tierra nos brinden dirección, consuelo y una esperanza sustentado­ra para todos nosotros, independien­temente de nuestro estado civil o de nuestras circunstancias personales actuales. La discrepancia que existe entre el concepto doctrinal del matri­monio y la realidad de la vida diaria, a veces puede parecer bastante grande pero, poco a poco, ustedes van pro­gresando mejor de lo que probable­mente se imaginan.

Los exhorto a tener presentes las siguientes preguntas a medida que analizamos los principios relaciona­dos con el matrimonio eterno.

Pregunta 1: En mi propia vida, ¿me esfuerzo por llegar a ser un me­jor esposo o una mejor esposa, o me preparo para ser un esposo o una es­posa, al comprender esos principios básicos y llevarlos a la práctica?

Pregunta 2: En calidad de líder del sacerdocio o de las organizacio­nes auxiliares, ¿ayudo a las personas a quienes sirvo a comprender esos principios básicos y a llevarlos a la práctica, y de ese modo fortalecer el matrimonio y el hogar? Seguir leyendo

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La solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro

La solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro

Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Reunión Mundial de Capacitación de Líderes “Apoyemos a la familia” 11 de febrero de 2006

En todas las épocas de la historia, Él ha dado Su ley dvina para amparar y proteger la santa unión entre marido y mujer.

El tema que se me ha asignado es el siguiente razonamiento de la proclamación sobre la fa­milia: “El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos”1. Deseo abordar el tema de un modo muy distinto del que suelen recibirlo en otras reuniones de capacitación, por lo que no haré muchas citas de manuales; en lugar de ello, deseo hablar con ustedes de corazón a corazón acerca de su servicio en el reino de nuestro Padre Celestial. El objetivo será ver si juntos podemos comprender con mayor cla­ridad la forma de equilibrar nuestras responsabilidades de amar a nuestra familia y de cuidar de ella con los lla­mamientos especiales que nuestro Padre Celestial nos ha encomendado.

Cuando se organizó la Iglesia el 6 de abril de 1830, el profeta José Smith recibió la revelación que se encuentra registrada en la sección 21 de Doctrina y Convenios, parte de la cual dice:

“He aquí, se llevará entre vosotros una historia; y en ella serás llamado vidente, traductor, profeta, apóstol de Jesucristo, élder de la iglesia por la vo­luntad de Dios el Padre, y la gracia de tu Señor Jesucristo,

“habiendo sido inspirado por el Espíritu Santo para poner los ci­mientos de ella y edificarla para la fe santísima…

“Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus pala­bras y mandamientos que os dará se­gún los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

“porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca” (D. y C. 21:1-2, 4-5).

Entre las primeras instrucciones que se dieron a esta Iglesia cuando fue organizada estaba la de acatar la inspiración y la revelación que viniera del Señor, por medio de Su profeta, al cumplir con nuestras responsabilida­des de edificar Su reino. Él ha prome­tido dirigirnos por el camino que recorramos para llevar a cabo esta grandiosa obra. Seguir leyendo

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Los padres tienen una responsabilidad sagrada

Los padres tienen una responsabilidad sagrada

Bonnie D. Parkin
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Reunión Mundial de Capacitación de Líderes “Apoyemos a la familia” 11 de febrero de 2006

Para apoyar a los padres, los líderes los honran y no tratan de tomar el lugar de los padres para granjearse al niño.

Las responsabilidades de la familia

Si hay algo que deseo para los padres y líderes de esta Iglesia es que cada día sientan el amor del Señor en su vida, mientras están al cuidado de los hijos de nuestro Padre Celestial. Tal vez lo que les llegue al corazón no sea algo que yo diga, sino lo que les susurre el Espíritu; sigan esas dulces impresiones.

Recuerdo muy bien cuando se emitió la proclamación sobre la fami­lia: fue el 23 de septiembre de 1995. Me encontraba en el Tabernáculo, durante la reunión general de la Sociedad de Socorro. El presidente Hinckley fue el último discursante, y presentó: “La Familia: Una proclama­ción al mundo”. Reinó la quietud en­tre la congregación, pero también un sentimiento de emoción; una reac­ción que afirmaba: “Sí, ¡necesitamos ayuda con nuestras familias!”.

Recuerdo que pensé que era algo muy positivo, y las lágrimas me roda­ron por las mejillas. Al ver a las her­manas que me rodeaban, parecían sentir lo mismo que yo sentía. Había tanto en la proclamación, que casi no podía esperar obtener una copia y es­tudiarla. En la proclamación se afirma la dignidad de la mujer. Es maravilloso que se haya presentado por primera vez a las mujeres de la Iglesia durante la reunión general de la Sociedad de Socorro. Sé que el presidente Hinckley valora a la mujer.

Nos encontramos aquí como líderes de la Iglesia, sumamente ocupados, pero tengo que recordar, al igual que ustedes, que nuestra responsabilidad primordial es para con nuestra familia, ya que ¡es una de las pocas bendicio­nes que podremos llevarnos a las eternidades!1. Newel K. Whitney era obispo en los primeros días de la Iglesia en Kirtland, y, al igual que ustedes, los obispos de hoy día, debió haber estado sumamente ocupado haciendo mu­chas cosas buenas; pero el Señor lo re­prendió y le mandó “poner en orden a su familia…” (D. y C. 93:50; cursiva agregada.) Hermanas y hermanos, este consejo se aplica a todos nosotros. Seguir leyendo

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Hogares celestiales, familias eternas

Hogares celestiales, familias eternas

Presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Reunión Mundial de Capacitación de Líderes “Apoyemos a la familia”
11 de febrero de 2006

«Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe».
El servicio que llevemos a cabo en nuestras familias y en nuestros llamamientos de la Iglesia puede tener consecuencias eternas.


Con espíritu de humildad repre­sento a la Primera Presidencia como el último discursante de esta reunión. Hemos sido inspirados y edificados por las palabras del élder Bednar, del élder Perry y de la herma­na Parkin. Nuestros pensamientos se han centrado en el hogar y la familia, y se nos ha recordado que “el hogar es el fundamento de una vida justa y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales”1.

Un hogar es mucho más que una casa construida de madera, ladrillos o piedra. Un hogar se edifica con amor, sacrificio y respeto. Nosotros somos responsables del hogar que edifiquemos, y debemos edificar con sabiduría, ya que la eternidad no es un viaje corto. En él habrá tranquili­dad y viento, luz del sol y sombras, alegría y pesar, pero si de verdad nos esforzamos, nuestro hogar puede ser un pedacito de cielo en la tierra. Lo que pensemos, lo que hagamos, nuestro modo de vivir no sólo influ­yen en el éxito de nuestra jornada terrenal, sino que también señalan el sendero hacia nuestras metas eternas.

Algunas familias Santos de los Últimos Días están formadas por la madre, el padre y los hijos, todos viviendo dentro del seno del hogar, mientras que otras han visto alejarse primero a uno, luego a otro y a otro de sus miembros. A veces una sola persona constituye una familia; pero cualquiera sea su composición, con­tinúa siendo una familia, porque las familias son eternas.

Podemos aprender del Señor, el Supremo Arquitecto. Él nos ha ense­ñado cómo edificar, y dijo que “to­da casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25). Más tarde, advirtió: “He aquí, mi casa es una casa de orden. y no de confu­sión” (D. y C. 132:8).

En una revelación que se dio a José Smith en Kirtland, Ohio, el 27 de di­ciembre de 1832, el Maestro aconsejó: “Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios” (D. y C. 88:119; véase también 109:8). Seguir leyendo

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Joseph Fielding Smith

Joseph Fielding Smith

Puntos sobresalientes en la vida de Joseph Fielding Smith (1876-1972)
Edad  
  Nace en la ciudad de Salt Lake, hijo del sexto Presidente de la Iglesia (julio 19,1876).
1 Fallece el presidente Brigham Young (1877).
11 Fallece el presidente John Taylor (1887).
20 Su bendición patriarcal proclama: «Será vuestro deber sentaros en consejo con vuestros hermanos y presidir entre el pueblo» (1896).
21 Es ordenado élder (1897).
22 Contrae matrimonio con Louie Emyla Shurtliff; ella muere en 1908, dejando dos hijas; fallece el presidente Wilford Woodruff (1898).
22 Inicia su misión en Inglaterra (1899).
25 Llega a ser secretario de la Oficina del Historiador de la Iglesia; fallece el presidente Lorenzo Snow (1901).
32 Contrae matrimonio con Ethel Georgina Reynolds; cinco hijos y cuatro hijas nacen de este matrimonio. Ella fallece en 1937 (1908).
33 Es ordenado apóstol por su padre (1910).
42 Joseph F. Smith padre fallece (1918).
44 Es llamado como Historiador de la Iglesia (1921).
57 Llega a ser presidente de la Sociedad Genealógica (1934).
61 Contrae matrimonio con Jessie Ella Evans; ella fallece en 1971 (1938).
63 Hace un viaje por Europa; estalla la Segunda Guerra Mundial; dirije la evacuación de todos los misioneros de Europa (1939).
68 Es apartado como presidente del Templo de Salt Lake; fallece el presidente George Albert Smith. (1951).
74 Llega a ser presidente del Consejo de los Doce; fallece el presidente George Albert Smith (1951).
79 Viaja por el Lejano Oriente y dedica cuatro países para la predicación del evangelio (1955).
89 Es llamado como consejero del presidente David O. McKay en la Primera Presidencia (1965).
93 Es sostenido como Presidente de la Iglesia a la muerte del presidente David O. McKay (1970).
95 Cumple noventa y cinco años; preside la primera Conferencia General de Area de la Iglesia en Manchester, Inglaterra (1971).
95 Fallece en la ciudad de Salt Lake, Utah, (julio 2, 1972).

 1. La ordenación como Presidente de la Iglesia

En la mañana del viernes 23 de enero de 1970, el presidente Joseph Fielding Smith a la edad de noventa y tres años, fue ordenado y apartado en la sala de consejo del Templo de Salt Lake como décimo presidente, profeta, vidente y revelador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Él se encontraba altamente preparado para este elevado llama­miento, habiendo prestado servicio por casi sesenta años como apóstol del Señor Jesucristo.

El presidente Smith era nieto de Hyrum Smith, quien fue patriarca de la Iglesia y mártir, junto con su hermano el profeta José, en Carthage, Illinois, en 1844. Es la tercera persona que preside la Iglesia y que lleva el nombre de José Smith.

2. De la juventud a la madurez

Era un verano caluroso y las calles estaban polvosas. Aunque todo estaba tranquilo, este sería un año que se recordaría durante mucho tiempo. Dos semanas antes se habían llevado a cabo las celebraciones, desfiles, batallas simula­das y discursos marcando el centenario de la na­ción. Ulysses S. Grant era Presidente de los Esta­dos Unidos en esa época. El mismo año en que George Armstrong Custer (1839-1876), coronel del ejército norteamericano, fue derrotado con todo su regimiento por Caballo Loco (1849-1877) jefe de la tribu sioux y Toro Sen­tado (1834-1890) brujo de la misma tribu, en un sitio próximo a un río, llamado Little Big Horn donde Custer y su regimiento habían sido ani­quilados. Cinco días después, diez mil Santos de los Últimos Días procedentes del territorio de Utah, se reunirían en su nuevo tabernáculo, para conmemorar el vigésimo noveno aniversario de la llegada de los pioneros al gran Valle de Salt Lake. Escucharían a Orson Pratt relatar la histo­ria y luego el consejo paternal de Brigham Young. Seguir leyendo

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No temas; cree solamente

No temas; cree solamente

por él presidente Gordon B. Hinckley

No es nuestra la opción de dudar y tener miedo. Nuestra es la oportunidad de creer y obrar.

El Señor que calmó la tempestad está todavía al mando; el futuro es brillante, y no amena­zador.

Vivimos en una época maravi­llosa. Hay algo espectacular en el paso de un siglo, de cien años enteros. Hay algo increíble­mente asombroso en el paso de un milenio, de mil años.

Han pasado dos milenios desde que el Maestro caminó sobre la tierra. Durante los primeros mil años posteriores a Su nacimiento, el mundo era completamente diferente de cómo es ahora. Durante gran parte de esa época había oscuridad intelectual, muy pocas comodidades y gente que tropezaba a lo largo de la noche medieval. Entonces llegó una era de luz, y ahora, en lo que pare­cería un solo día, ponemos fin a otros diez siglos.

Cuán agradecidos debemos estar. Mientras escribo estas líneas, estoy volando a 960 kilómetros por hora, a 11.900 metros de altura, y acabo de disfrutar de una buena comida. El aire por encima, de las nubes es suave. Esta es una época de maravi­llas, una era de milagros científicos. Las computadoras, Internet, el correo electrónico y un centenar de otras cosas relativas a las comunica­ciones han contribuido a nuestra capacidad de comunicarnos los unos con los otros con rapidez y facilidad.

Una época gloriosa

Y más que todo, ésta es la dispen­sación del cumplimiento de los tiempos, de la que se habló en las Escrituras. Vivimos en esta época gloriosa en la que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado a la tierra en toda su pureza. Su Iglesia ha vuelto para bendecir a Su pueblo. Se ha izado el telón del pasado. Gracias a la reve­lación divina, hemos recibido nueva luz y conocimiento. Por alguna razón, de entre todos los hijos de nuestro Padre que han vivido en la tierra, parecemos ser los más afortunados. Seguir leyendo

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Las consecuencias si no hubiera habido Expiación

Las consecuencias si no hubiera
habido Expiación

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


Una vida sin esperanza

Una mañana de domingo, nuestro hijo adolescente se puso en pie con otros dos presbíteros a fin de administrar la Santa Cena, como lo habían hecho anteriormente en multitud de ocasiones. Levantaron el mantel blanco y vieron consternados que no había pan. Uno de ellos acudió a la sala de preparación con la esperan­za de encontrar algo. Pero no había nada. Finalmente, nuestro atribulado hijo se acercó al obispo para hacerle partícipe de su preocupación. Entonces el sabio obispo se levantó, explicó la si­tuación a la congregación y pregunto: «¿qué ocurriría si la mesa estuviera hoy vacía por no haberse producido la Expiación?». He pensado en ello a menudo: ¿Qué pasaría si la ausencia de pan se debiera a que no hubo crucifixión, si no hubiera agua porque no se derramó sangre? Si no se hubiera producido la Expiación, ¿qué consecuencias tendría para nosotros? Por supuesto, esa pregun­ta está de más ahora mismo, pero permite poner en perspectiva nuestra dependencia total del Señor. Formular esta pregunta y darle respuesta no sirve sino para agudizar nuestra conciencia del

Salvador y nuestro aprecio por Él. Qué habría pasado, incluso para los «justos», si no hubiera habido sacrificio expiatorio, con­mueve las mismas entrañas de la emoción humana.

Primero, no habría resurrección, o como sugiere el crudo len­guaje de Jacob: «esta carne tendría que descender para pudrir­se y desmenuzarse en su madre tierra, para no levantarse jamás» (2 Nefi 9:7).

Segundo, nuestros espíritus quedarían sometidos al diablo. Él tendría «todo poder sobre [nosotros]» y «os sella como cosa suya» (Alma 34:35). De hecho, nos volveríamos como el, «ángeles de un diablo» (2 Nefi 9:9).

Tercero, quedaríamos «separados de la presencia de nuestro Dios» (2 Nefi 9:9), para permanecer para siempre con el padre de las mentiras.

Cuarto, tendríamos que «padecer un tormento sin fin» (Mosíah 2:39).

Quinto, perderíamos la esperanza, ya que «si Cristo no resu­citó, vana es entonces nuestra predicación, y vana es también vuestra fe. (…) Si solamente en esta vida tenemos esperanza en Cristo, somos los más dignos de lástima de todos los hombres» (1 Corintios 15:14, 19). El poeta John Fletcher capta el sino des­esperado de la persona que hereda la vida de Lucifer: Seguir leyendo

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Bautismo, el Nacimiento en el Reino

Bautismo, el Nacimiento en el Reino

por Joseph Fielding Smith

Radiodifundido desde KSL, 29 de Octubre de 1944.


Siento que puedo decir en verdad que ninguna otra ordenanza del Evan­gelio ha sido tan corrompida y abu­sada por las enseñanzas de las igle­sias Cristianas como la del bautismo. Cuando consideramos la confusión y perversión de las prácticas y orde­nanzas, contrarias a lo prescrito por las Escrituras debemos estar impre­sionados por la necesidad imperante de la visitación de mensajeros Celes­tiales para corregir esta condición y llevarnos a la comprensión de la doc­trina y la fe “una vez entregada a los Santos”.

La evidencia es perfectamente clara en el Nuevo Testamento, y esta fué confirmada por las enseñanzas y los escritos en los primeros siglos, que sólo había una forma de bautismo practicada en la primitiva Iglesia de Jesucristo, y que esta misma era en­señada por los discípulos. Esta forma era la de sepultar en el agua y de­finitivamente para la remisión de los pecados. Siento que puedo decir sin temor de equivocarme que no hay un solo pasaje en el Nuevo Testamento que se pueda, por algún sentido, ra­zonable interpretar en defensa del rociamiento de agua en la cabeza de una persona para darle la ordenanza del bautismo.

Es innecesario que yo trate de dis­cutir extensamente el significado de la palabra bautismo porque es cono­cido universalmente. En griego signi­fica sumergir o inmersión, y éste es el sentido que el Maestro y sus após­toles le dieron, si es que les vamos a juzgar por sus acciones.

EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO

La palabra griega bautizar se en­cuentra como ochenta veces en el Nuevo Testamento. “Bauptismos”, cuatro veces; “baptisma”, veinte y dos; “baptistees”, catorce; y “bapto”, la raíz, seis veces —en total ciento veintiséis veces. En la Versión Au­torizada, estas palabras Bapto y embapto, sin ninguna excepción, son traducidas “sumergir”. Bautizar, la palabra usada para expresar una ordenanza es traducida dos veces co­mo “lavar” y en otras veintiocho veces la palabra griega se emplea con una terminación (española), indicando su­mergir o inmersión. Baptisma y Batistee no son traducidas sino simplemente escritas, una en Bautismo y la otra en Bautista. Estas palabras nunca se interpretan como rociar o verter. Seguir leyendo

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Fe Triunfante

Fe Triunfante

por David O. McKay

Discurso difundido por el Columbia Broadcasting System en el programa de la “Iglesia del Aire” desde el Tabernáculo en Salt Lake City el Domingo 20 de julio de 1947.


Señoras y Señores:

La amenaza más siniestra a la paz y felicidad del hombre en este el si­glo XX no es el probable mal uso de la bomba atómica, sino la disminu­ción en los corazones de los hombres de la fe en Dios. “Las épocas de fe son épocas de fertilidad: pero las épocas de incredulidad, por resplan­decientes que sean, son estériles de todo bien permanente.”

Las Escrituras nos dicen que “sin fe es imposible agradar a Dios,” y por la fe los profetas y hombres de antaño “ganaron reinos, obraron jus­ticia, alcanzaron promesas, taparon las bocas de leones, apagaron fuegos Impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades”.

Fué la fe que envalentonó a Colón a navegar siempre más allá hacia el horizonte desconocido hasta que des­cubrió una tierra nueva. Fué la fe que trajo a América El “Flor de Ma­yo,” “atestado de los destinos de un continente.” Fué la fe que impulsó al Presidente Brigham Young y a los peregrinos de Utah a establecer co­lonias permanentes en un desierto oc­cidental prohibitivo y desafiador.

La fe es aún más poderosa en el conato humano que el juicio o la es­peranza. Permitidme ilustrar:

Hace cien años hoy, un grupo de hombres ya con un rastro de 900 mi­llas por la llanura detrás de sí, esta­ban macheteando su paso por la maleza en una senda montañosa, y alzaprimando cantos rodados que ro­daban con un estrépito reverberante al fondo del arroyo abajo. Caminando con trabajo, lenta y fatigadamente por esta barranca, movía una cara­vana de carros cubiertos. La vanguar­dia de los peregrinos de Utah se acercaban a la cima de “Monte Grande”, desde la cual obtendrían su pri­mer vistazo de la Gran Cuenca del Lago Salado. En la margen oeste de esta Cuenca yacía el “Mar Muerto de América”, rielando a la luz del sol más como un agüero amenazante que una promesa de prosperidad. Seguir leyendo

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