El Libre Albedrío y sus Implicaciones

Conferencia General, 6 abril de 1950

El Libre Albedrío y sus Implicaciones

por el Presidente David O. McKay
Liahona Abril/Mayo 1950

Con la mayor sinceridad añado mi apreciación con el del Pres. Jorge Alberto Smith por los himnos inspirativos cantados por los estudiantes de la Universidad de Brigham Young, y tan inspirativo como sus cantos es su’ presencia aquí — 320 jóvenes y señoritas dando sus servicios gratuitamente, para la inspiración y edificación de los miembros de la Iglesia quienes están asistiendo a estas conferencias, y de aquellos quienes nos están oyendo por radio.

Me siento inspirado para decir a vosotros, jóvenes y señoritas que no conozco una bendición más grande de la de estar anclados a la verdad, y con esto tengo tres cosas en mente. Primeramente, siempre sentir de seguro que la Iglesia está dirigida divinamente. Segundó, que el Señor ha autorizado a sus siervos y ha puesto sobre ellos el deber de proclamar al mundo la restauración del Evangelio de Jesucristo. Tercero, y más aplicable a todos nosotros, que la inspiración del Señor es una realidad, tan real como el amor que tenemos cada uno de nosotros para nuestros queridos. Jóvenes y señoritas, ¡que Dios os bendiga, que este testimonio sea vuestro tal como es mío este día!

“Recordad, hermanos míos. . ., sois libres; sois permitidos a obrar para sí mismos; porque he aquí, Dios os ha dado un entendimiento y os ha hecho libres”.

Estas palabras tomadas del Libro de Helamán indican apoyo a lo que deseo hablarles esta tarde. Suplico por Su inspiración y vuestra simpatía que pueda yo daros este mensaje según Su voluntad divina.

Segundo al don de vida, el derecho de dirigir esa vida es el don más grande que Dios ha dado al hombre. Entre los deberes inmediatos que descansan sobre los miembros de la Iglesia hoy día, y uno de los más urgentes e importantes para los amantes de la libertad, es la preservación de la libertad individual. El derecho de escoger es de anhelarse más que cualquier posesión que el mundo puede dar. Es inherente en el espíritu del hombre. Es un don divino a cada hombre. Aunque nacido en pobreza, o dotado al nacer con grandes riquezas, todos tienen este don de la vida que es más precioso que los demás — el don del libre albedrío; el derecho inherente de cada hombre.

El libre albedrío es la fuerza motora del progreso del alma. Es el propósito de Dios que el hombre sea como El. Para lograr esto era necesario antes hacerles libres. “La libertad personal”, dice Bulwer Lytton, “es el primer atributo para la dignidad y felicidad humana”.

El poeta habla del valor de este principio como sigue: Seguir leyendo

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“Ha Resucitado”

Conferencia General, 9 de abril de 1950

“Ha Resucitado”

por el Presidente J. Rubén Clark Jr.
Liahona Abril/Mayo 1950

La segunda mañana después de la crucifixión, María Magdalena, María la madre de Santiago, Salomé, Juana, y otras mujeres, vinieron temprano al sepulcro donde Jesús había sido tendido la noche de la crucifixión, “Y entradas en el sepulcro, vieron a un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Más él les dice: No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno el que fué crucificado; resucitado ha, no está aquí; he aquí el lugar en donde le pusieron”, “…ha resucitado: acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea”. (Marcos 16; Lucas 24)

El plan de los príncipes de los fariseos y los sacerdotes, de guardar la tumba a no ser que sus discípulos le viniesen a robar; la poderosa guardia puesta por los romanos para evitar el robo del cuerpo, el sellamiento de la tumba para asegurar que nadie entrase, — todo fué en vano. El Cristo se había muerto para expiar por la caída de Adán. — Había resucitado de la muerte para asegurar la resurrección de todos los hombres de la tumba. Porque había dicho algunos meses antes a los judíos en Jerusalén: “Yo soy el buen pastor. . . pongo mi vida para mis ovejas. . . por esto me ama mi Padre, porque yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita, más yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre”. (Juan 10:14-18)

Al salir de la tumba esa mañana temprano, la obscuridad que cubrió la tierra desde que cayó Adán, se retiró ante la luz divina del Señor resucitado, entonces se vino a realizar el plan divino que como en Adán todos mueren, así en Cristo todos son vivificados.

En la mañana de la resurrección vino El, un ser de carne y hueso, aún como se había muerto. Aunque prohibió a María Magdalena tocarle, las otras mujeres que vinieron a la tumba “le abrazaron los pies y le adoraron”. (Mat. 28:9) Se mostró a Pedro este mismo día, y  en la tarde se apareció a dos en su camino a Emmaus. “Y comenzando desde Moisés, y dé todos los profetas, declarables en todas las Escrituras lo que de él decían”. Mientras comió con ellos, “Tomando el pan, bendijo y partió, y dióles”. (Lucas 24:27,30)

Sus ojos fueron abiertos, y le conocieron y él desapareció de la vista de ellos. Regresáronse a Jerusalén, y se juntaron con los Doce, exceptuando a Tomás. Las puertas estaban cerradas. Platicaron de su visita con el Señor resucitado. Aún mientras hablaban, Jesús se puso en medio de ellos. Les reprobó y les calmó su miedo. “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”. Pidióles alimentos y le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. (Lucas 24:38-42)

Ocho días después, los Doce estando otra vez en el cuarto con las puertas cerradas, estando con ellos Tomás, Jesús de nuevo se puso de repente en medio de ellos. Dijo a Tomás que mirara y tocara sus manos; que metiese su dedo en la herida de su costado, entonces, dijo él, “no seas incrédulo, sino creyente”. (Juan 20:27)

En las riberas de la mar de Galilea, apareció a Pedro, a Tomás y Natanael de Caná, a los hijos de Zabedeo y dos más, que se habían ido a pescar. (Juan 21)

“Después de eso, fué visto de arriba de 500 hermanos a la vez”, y de Santiago. (1 Cor. 15:6-7) Seguir leyendo

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Discurso del Presidente Jorge Alberto Smith

Conferencia General, 6 abril de 1950.

Discurso del Presidente George Albert Smith

George Albert Smith
Liahona Abril/Mayo 1950

Hace ciento veinte años había seis miembros en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Hoy día más de un millón de almas pertenecen a la Iglesia, y esta mañana el Tabernáculo está lleno hasta sobreabundar y cientos más están en el Salón de Asambleas y afuera en los patios. No me parece posible que haya tanta gente aquí esta mañana.

Sin embargo, hay un hombre faltando, y creo que todos lo recordarán. Él ha estado aquí siempre; nunca ha faltado, desde que puedo recordarme, en su deber de estar aquí. Entraba siempre por el lado norte del púlpito para ver si todos estaban sentados, pero por la providencia de Dios ese buen hombre ha sido llamado a los cielos. Ha regresado a aquel Dios que le dió la vida. Me refiero a nuestro fiel aposentador, George B. Margetts.

Uno por uno nos estamos yendo. Los años se están pasando. Hace un año tuve solamente 79 años de edad. Ahora tengo 80. Hay algunos en el foro quienes tienen más edad que yo. La Iglesia se está envejeciendo, pero afortunadamente tenemos los jóvenes de la Iglesia quien nos seguirán en estos puestos, jóvenes no solamente de la Iglesia, sino también los del mundo que están añadiéndose a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Es un gozo para mí estar aquí esta mañana. Casi no me parece posible que en un día entre la semana no se encuentre bastante lugar para todos, pero el Tabernáculo está lleno a toda su. capacidad, y la cosa que me impresiona más es que nuestro Padre Celestial está cumpliendo su palabra cuando dijo, que si aún dos o tres se congregaran en su nombre El estaría allí con ellos, y eso para bendecirles.

Pero esta mañana estamos aquí en número muy grande, y esta mañana el espíritu del Señor está aquí, y todos de nosotros que venimos aquí esta mañana para edificarnos no nos iremos decepcionados. Seguir leyendo

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El divino destino de las américas

El divino destino de las Américas

Por Ezra Taft Benson
del Consejo de los Doce Apóstoles
Liahona Abril 1955

Sermón pronunciado por el hermano Ezra Taft Benson del Consejo de los Doce Apóstoles de la  Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el día 6 de marzo de 1955 en una conferencia especial celebrada en la Rama de Ermita, México, D. F., con motivo de la visita del hermano Benson a la República de México, en su carácter oficial de Secretario de Agricultura de los Estados Unidos de Norteamérica.


Mis queridos hermanos y hermanas, mi corazón se siente henchido de gratitud esta mañana dominical, y mi corazón se une al vuestro en el amor puro del evangelio. Estoy agradecido por este privilegio y honor que tengo de conocer vuestras caras y participar del espíritu de estos servicios.

Felicito a los que han tomado parte en la reunión. Quedé muy impresionado con la manera en que cantó la congregación y el coro, y con la dirección de nuestro joven hermano en los himnos. También he quedado impresionado con los bellos niños que he visto esta mañana, y con especialidad los que se hallan aquí al frente. Han estado muy quietos y han sido considerados, unos con otros. Indica que los han educado bien en sus casas.

También me complace ver estas hermosas flores. En 1946, al terminar la Segunda Guerra Mundial, me envió la Primera Presidencia de la Iglesia a Europa, a fin de restablecer las misiones en ese lugar y distribuir alimento, ropa y otros artículos a los Santos de los Últimos Días. Un domingo en la mañana nos habíamos reunido en la ciudad de Hamburgo, Alemania, en un edificio parcialmente destruido. No había ni luces ni calefacción. Las bombas habían hecho pedazos todos los cristales de las ventanas, y parte del edificio se había derrumbado, de modo que podíamos ver la calle desde adentro. Era una tarde muy fría y estaba lloviendo. El hermano alemán que estaba dirigiendo, dijo:

«Además del evangelio, tenemos con nosotros tres cosas muy bellas esta mañana. Los miembros han salido al campo a recoger flores, hay muchos niños muy lindos en las bancas de adelante y hemos escuchado música hermosa». Y añadió que tres de las cosas más bellas de todo el mundo eran flores, niños y música. Esta mañana tenemos con nosotros estas tres bellas cosas, además del evangelio.

Quisiera decir a nuestros músicos que sus servicios son muy importantes a los ojos del Señor. En los primeros días de la Iglesia, el Señor designó a Ema Smith, por revelación dada al profeta José Smith, para que hiciera la primera selección de himnos en esta dispensación. En la sección 25 de Doctrinas y Convenios leemos: «Porque mi alma se deleita en el canto del corazón; sí, la canción de los justos es una oración para mí, y será contestada con una oración sobre su cabeza». De manera que espero que vosotros, los cantores, comprendáis que vuestra parte es de mucha importancia.

Me he deleitado con los testimonios de estos jóvenes. El Señor ama a la juventud de Sión. Estoy agradecido al Presidente Bowman que me interpretó sus palabras. De hecho, me siento muy agradecido por estar aquí con el presidente Bowman. Viví en el barrio de Yale con su hermano en Salt Lake City. Se parecen tanto que no puedo distinguirlos, a menos que los vea a los dos juntos. Me ha dado mucho gusto hallar aquí al hermano Balderas. También veo en la congregación a otros que en ocasiones pasadas he conocido. Los amo a todos. De hecho, amo a todos los hijos de Dios y con especialidad a aquellos que aman la verdad, y no conoto ningún otro pueblo que ame más la verdad que los hijos de nuestro padre Lehi.

Me ha dado mucho gozo poder viajar por algunos países de la América Latina. He tenido el privilegio de conocer a muchos de los Presidentes de estos países, así como a otros funcionarios. Ha sido para mí un placer y honor hablarles acerca de la Iglesia. Ojalá aceptasen el evangelio y viviesen de acuerdo con él. Mañana espero tener el privilegio de conocer al Presidente de esta gran nación, y de hablar con él y con otros funcionarios del gobierno mexicano.

Nosotros, que tenemos el evangelio en su pureza, tenemos mucho por que estar agradecidos. Para mí el evangelio es lo más inestimable de todo el mundo; y esta mañana mientras escuchaba los testimonios de estos jóvenes, me dije a mí mismo que tienen aquello que es de mayor valor que cualquier otra cosa, porque para mí la cosa de más valía es un testimonio del evangelio y el ser miembro de la verdadera Iglesia de Cristo. Nosotros poseemos estos dos tesoros inestimables. Seguir leyendo

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Jesús, Nuestro Señor Resucitado

Jesús, Nuestro Señor Resucitado

por el presidente J. Rubén Clark Jr.
de la Primera Presidencia
Liahoan Abril 1955


Por motivo de la resurrección de Cristo, todo ser mortal que nace en el mundo también resucitará, cada cual en su debido tiempo, y así será universal la redención de la caída. Por la obediencia a los mandamientos del evangelio de Cristo, todo ser mortal también podrá alcanzar una exaltación en el reino de Dios.

Estas son las gloriosas y eternas verdades que estos días de Pascua vívidamente traen a nuestras mentes turbadas y corazones temerosos para nuestro consuelo.

Aun cuando los discípulos no entendieron la resurrección de Cristo sino hasta después de haber sucedido, sin embargo la historia, considerada a la luz del plan completo, es bien clara.

Siglos antes el Salmista había bosquejado los horrores padecidos por el cuerpo y la mente en una crucifixión, y anunció las palabras de Cristo sobre la cruz, el cual, en el punto culminante de la agonía mortal y la desesperación, exclamó: «Dios mío. Dios mío, por qué me has dejado?» (Salmo 22:1; Mateo 27:46; Marcos 15:34.)

Jesús mismo predijo repetidas veces, durante el curso de su misión, su muerte y resurrección.

Al tiempo de la segunda Pascua, mientras predicaba a la multitud, Jesús dijo: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron  mal, a resurrección de condenación.» (Juan 5:28, 29.)

S. Marcos nos dice en su evangelio que en Cesárea de Filipo «comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de les príncipes, de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitado después de tres días. Y claramente decía esta palabra.» Mateo dice en esencia la misma cosa, al referirse a la ocasión. Al hablar a sus Discípulos poco después, Jesús les comunicó el mismo mensaje. (Marcos 8:31, 32; Mateo 16:21; Lucas 9:22.) Seguir leyendo

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Evidencias del Libro de Mormón

Evidencias del Libro de Mormón


Por Milton R. Hunter
del Primer Concilio de Setenta.
Discurso dado en la Conferencia General de Octubre de 1954
Liahona Febrero 1955


Desde el día en que el ángel Moroni entregó las planchas de oro al profeta José Smith, de las cuales fué traducido y publicado el Libro de Mormón, una abundancia de evidencias maravillosas se han acumulado. Estas evidencias comprueban la autenticidad divina y la verdad de ese registro antiguo y santo.

También, en esta misma época, los enemigos de la verdad y la luz han hecho todo lo que les fuera posible para oponerse al Libro de Mormón, procurando demostrar que sus pretensiones son falsas. Indudablemente algunos de estos hombres se hallaban simplemente errados, pero la mayoría de ellos hicieron todo esto con intenciones inicuas. Resulta que todas estas obras han padecido sin llevar frutos. Los resultados de sus esfuerzos han desaparecido como el rocío se desvanece del verdor terrestre al romper el alba. De manera que el Libro de Mormón permanece hoy en día más firme y con mayor estimación que jamás gozaba mediante la historia de la Iglesia. No se halla ni una reclamación de esta obra que se ha demostrado ser falsa. Al contrario, una acumulación extensa de evidencias —algunas de las cuales hablan desde el polvo y otras susurrando de la antigüedad de tiempos pasados— siguen testificando de la divinidad de este libro sagrado y de su veracidad. Seguir leyendo

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«Yo soy la Resurrección y la Vida”

«Yo soy la Resurrección y la Vida”

Por J. Rubén Clark, hijo
de la Primera Presidencia.

Este solemne, e inequívoco testimonio de Jesucristo, su divinidad y su misión, fué dado por toda la nación norteamericana por el presidente J. Rubén Clark, Jr. en el programa Church of the Air, desde el Tabernáculo, la Manzana del Templo, Salt Lake City, el 20 de diciembre de 1942, a través del Columbia Broadcasting System y sus estaciones afiliadas, originándose con la estación Radiodifusora KSL.

Marta, encontrando a Jesús viniéndose para levantar a su hermano Lázaro de la muerte, con la intención de que los Apóstoles creyeran, dijo:

Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto.

Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres a Dios, te dará Dios.

Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (Juan 11:21-27).

Así el Cristo, la figura más poderosa de todo el tiempo, atestiguó de sí mismo.

Así la humilde Marta dió su testimonio responsivo, tan simple y claro e íntegro, tan inequívoco y omnímodo como el de Pedro, sí mismo, cuando él declaró, “Tu eres él Cristo, el Hijo del Dios viviente”. (Mateo 16:16).

Así es como a esta humilde sirvienta Marta, vino este gran y más glorioso mensaje de los siglos. Hombres han vivido por él, ellos han muerto por él, desde que Caín mató a Abel. Fué fundido “desde el principio”, en el tiempo cuando, como el Señor dijo a Job, reprobándolo por su entendimiento poco profundo, “cuando yo fundaba la tierra. . . cuando las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios”. (Job 38:4-7). Y los hijos de Dios regocijaban porque el glorioso plan ya hecho, mostró el camino, el camino estrecho y angosto, por andar en el cual ellos pudieran al fin llegar a aquel destino divino que el Padre había propuesto para ellos cuando fueron organizados antes que el mundo fuese.

Mirando hacia atrás, a través de los diecinueve siglos que han pasado, nos maravillamos de que de todos aquellos que anduvieron y hablaron con Jesús en Galilea, y Judea, tan poquitos en verdad comprendieron o creyeron Su mensaje. Y de los innumerables millares quienes han vivido y oído su mensaje desde su tiempo, cuan escaso el número que realmente han creído y andado en Su camino. Ha estado con grandes multitudes, aun como con los Fariseos en su hipocresía:

Este pueblo con sus labios me honra, más su corazón lejos está de mí.

Más en vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres. (Marcos 7:6; Mateo 15:8).

Las multitudes se reunieron a él en la Palestina, no por las verdades espirituales que él proclamó, ni para seguir al patrón de vida que él declaró y condujo. Les importaba poco estas cosas.

Ellas vinieron a él porque él sanó a sus enfermos, a sus estropeados, echó fuera de ellos sus espíritus inmundos. Y aun porque él echó fuera demonios, ellos le acusaron de ser asociado con Beezlebub (Mateo 12:24; Marcos 3:22; Lucas 11:14-36); cuando andaba sanando en el día sábado, trataron de quitarle la vida. (Juan 5:16). Seguir leyendo

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Guarden los mandamientos de Dios

Conferencia General Abril 1945

Guarden los mandamientos de Dios

por el presidente Heber J. Grant

Este es el último de los muchos mensajes que dirigió el presidente Heber J. Grant a la Iglesia que encabezó como profeta, vidente y revelador por más de 26 años. Fué dado en la conferencia general del 6-8 de abril de 1945.


No parece posible que seis meses más hayan pasado desde que tuvimos el privilegio de reunimos en conferencia general de la Iglesia. Desde entonces mucho ha ocurrido en nuestra propia vida y en los eventos del mundo. Desde entonces he tenido el privilegio de cumplir el octogésimo- octavo año de mi vida y vivir el octogésimo noveno año. El Señor nos ha bendecido y sustentado a la hermana Grant y a mí, y la riqueza de nuestras bendiciones son nuestros amigos, nuestros hermanos, y nuestras hermanas, cuyas oraciones a favor nuestro han bendecido nuestra vida, y cuyas consideraciones han alegrado nuestra vida de muchas maneras.

Me regocijo grandemente en las muchas bendiciones del evangelio de Jesucristo de que gozamos. Me regocijo en la hermandad, la fe, las oraciones y el buen espíritu de quienes se asocian conmigo. Me regocijo en la integridad, la fe y la diligencia de aquellos que presiden en las varias estacas de Sión. Reconozco que todos estamos expuestos a las flaquezas, debilidades e imperfecciones, pero estoy convencido de que casi sin excepción los que estén al frente de los santos en los barrios, las estacas de Sión, y en las misiones, sean hombres de Dios, y que su integridad sea sin motivo de duda, y que si fuera necesario estarían dispuestos y listos a perder su vida por el progreso del Reino de Dios. Yo creo que los élderes de Israel en todos los diferentes barrios y estacas de Sión desean fervientemente conocer la mente y la voluntad de nuestro Padre Celestial, y que están listos y prestos para cumplir con todo lo que esté a su alcance, cumplir con esa mente y esa voluntad, que me proporcionan gozo y satisfacción, y que me alientan en la responsabilidad que pesa sobre mí. Seguir leyendo

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El valioso Don de la Vista

El valioso Don de la Vista

Por el presidente Thomas S. Monson
Segundo consejero de la primera presidencia
Liahona Agosto 1990

Hay muchos hombres y mujeres en todas partes del mundo que podrían mejorar su vida si tan sólo les extendiéramos nuestra ayuda; pueden ser nuestros vecinos, nuestros amigos, nues­tros compañeros de tra­bajo. Todos son nuestros hermanos y hermanas.

Cuando Jesús anduvo entre los hombres, enseñándoles, utilizó siem­pre un vocabulario sencillo. Ya fuera que caminara por la polvo­rienta senda de Perea a Jerusalén, dirigiera la palabra a la multitud en la costa del Mar de Galilea, o se detuviera cerca del pozo de Jacob, en Samaria, enseñó por medio de parábolas. Con frecuencia habló acerca de corazones que fuesen perceptivos y tuviesen comprensión, de oídos que escuchasen y de ojos que literalmente pudiesen ver. Al igual que en la época de Cristo, en nuestros días hay quienes no tienen la bendición del don de la vista.

Había un hombre ciego que, para mantenerse a sí mismo, se sentaba todos los días en el mismo lugar, en la orilla de una transitada acera de una gran ciudad. Con una mano sostenía un viejo sombrero de fieltro, lleno de lápices; y con la otra, una taza de hojalata. Del cuello le colgaba un cartel, el cual era un simple llamado de atención a los transeúntes; el mensaje del cartel era breve y conciso, implicaba un último recurso y tenía incluso un tono de desesperación. Decía: “Soy ciego”.

La mayoría de la gente no se detenía para comprar los lápices ni poner unas monedas en el recipiente; todos estaban muy ocupados, y demasiado enfrascados en sus propios problemas. La taza nunca se había llenado de monedas, ni siquiera hasta la mitad. Pero en una hermosa mañana de primavera, un hombre se detuvo y escribió algo en el raído cartel. Ya no decía: “Soy ciego”, sino que el mensaje era: “Es primavera, y soy ciego”. Aquel men­saje despertó sentimientos de compasión y muy pronto la taza se llenó. Sin embargo, las monedas no eran más que un simple substituto por la añoranza de poder restituirle la vista.

Recuerdo un artículo que leí acerca de un suceso ocu­rrido en la isla de Sicilia, Italia: “El martes pasado, cinco hermanos, ciegos de nacimiento, lloraron de gozo al ver por primera vez al mundo. Los hermanos Rotolo se some­tieron a una operación quirúrgica a fin de extirparles las cataratas que habían tenido desde su nacimiento. Mien­tras les quitaba las vendas, en un cuarto en penumbras, el cirujano Luigi Picardo debió de haber orado para que la operación hubiese tenido éxito. El primero que habló fue Calogero, el menor, de cuatro años. “La corbata!” exclamó, mientras jalaba la corbata del cirujano. “¡Puedo ver, puedo ver!” Mientras el doctor quitaba las vendas a los otros niños, se oían expresiones de gozo y felicidad. El padre de los chicos casi no podía creer lo que estaba sucediendo y mientras tomaba en sus manos la cara de su hijo de trece años, Carmelo, le preguntó tiernamente: “Hijo, ¿puedes ver? ¿En verdad puedes ver?” Seguir leyendo

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Guardemos la sencillez del evangelio

Guardemos la sencillez del evangelio

Por El Élder Glen L. Rudd
Del segundo quorum de los setenta

Casi todos los principios y la doctrina de la iglesia se pueden simplificar, si tan sólo hacemos el esfuerzo, ya que es posible llevar una vida virtuosa con sencillez.

Hace muchos años fui a una misión a Nueva Zelanda. El mismo día en que llegué conocí al presidente Matthew Cowley. Durante los dos años siguientes nos hicimos buenos ami­gos, y en los últimos meses de la misión viví en la casa de la misión y viajé con él por todo el país.

Era un excelente maestro y tenía una personalidad muy especial. Atraía a todo el mundo con los interesantes relatos que contaba. Aun cuando hace más de treinta años que murió, los miembros de la Iglesia de distintos lugares toda­vía recuerdan sus anécdotas, las que se caracterizaban por edificar y motivar la fe.

El presidente Cowley trataba de simplificar lo que ense­ñaba. En realidad, muchas veces dijo que con frecuencia no podía hablar de temas que no estuvieran relacionados con los primeros principios del evangelio, y se pasó toda la vida tratando de explicar que no había nada complicado en la Iglesia. “El Evangelio de Jesucristo es simplemente hermoso y hermosamente simple”, solía decir. Y la mayoría de los líderes de la Iglesia que he conocido han enseñado lo mismo. No me cabe la menor duda de que cuando hablamos o ense­ñamos en forma directa y sencilla, nuestro conocimiento aumenta.

El presidente Cowley no era un hombre complicado! y aquellos que no podían entender la sencillez de su proceder se confundían y les era difícil comprenderlo; pero yo tuve la oportunidad de tratarlo muy de cerca por quince años. Des­pués que murió, algunos me hacían preguntas acerca de él. Un hombre dijo: “No entiendo cómo el hermano Cowley pudo hacer tantas cosas”. El secreto estaba en que el her­mano Cowley iba directamente al Señor, le decía lo que deseaba y recibía la respuesta. Y no hay nada complicado en ello; eso era todo lo que él hacía.

Como compañero suyo en los viajes de la misión, me dio instrucciones de que tuviera siempre lista una valija con unas dos o tres mudas de ropa. “Cuando le diga ‘vamos’, usted vaya a buscar la valija, encienda el auto y no haga preguntas”, me dijo. Cuando él me lo indicaba, yo tomaba la valija y me iba al auto. Como es natural en un misionero joven, yo me pre­guntaba a dónde iríamos, pero nunca se lo pregunté.

En una oportunidad, después de haber recorrido unos kilómetros me preguntó:

— ¿Le gustaría saber a dónde vamos?

— Sí, —le contesté.

—A mí también. No sé a dónde vamos, pero seguiremos adelante y cuando el Señor nos diga que doblemos, doblare­mos y así llegaremos a donde Él quiere que vayamos — agregó.

Cuando los maoríes (pueblo polinesio) de la Misión de Nueva Zelanda necesitaban ayuda, oraban para que el pre­sidente Cowley fuera a donde ellos vivían. Recuerdo un día en que condujo el automóvil hasta las oficinas del correo postal, que estaba ubicado en una ciudad más bien distante, en Nueva Zelanda. Allí había dos hermanas, de pie, espe­rando. Cuando el presidente Cowley salió del automóvil, una le dijo a la otra: “Viste, te dije que él vendida pronto”.

Entonces él preguntó: “¿Qué pasa?”

Y una de ellas explicó: “Necesitábamos hablar con usted y hemos estado orando. Sabíamos que vendría porque usted siempre va directamente a! correo, de modo que decidimos venir aquí y esperar hasta que usted llegara”.

Era así de sencillo. La gente le decía al Señor lo que necesitaba y, de alguna manera, ya fuera el presidente Cow­ley u otra persona, era guiado por el Espíritu hacia donde ellos estaban. Seguir leyendo

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Un poderoso cambio en el corazón

Un poderoso cambio en el corazón

Por El Presidente Ezra Taft Benson


La fe en el señor Jesucristo es la base sobre la cual debe cimentarse un arrepen­timiento sincero y auténtico. Si en verdad procuramos alejarnos del pecado, debemos primero acercarnos a él, el autor de nuestra salvación.

Ser miembro de la Iglesia, en el sentido común de la palabra, quiere decir que el nombre de una persona figura en los registros de los miembros de la Iglesia. De acuerdo con esa definición, tenemos en la actualidad más de seis millones.

Pero la definición que el Señor nos da de un miembro de la Iglesia es totalmente diferente. En 1828, por medio del profeta José Smith, dijo: “He aquí, ésta es mi doctrina: quienes se arrepienten y vienen a mí, tales son mi iglesia” (D. y C. 10:67, cursiva agregada). Esto quiere decir que para Aquel a quien pertenece esta Iglesia, el ser un miembro de ella significa mucho más que figurar en los registros.

En base a eso, me gustaría exponer conceptos importantes que debemos comprender y aplicar en nuestra vida si realmente hemos de arrepentimos de nuestros pecados y acercarnos a Cristo.

Una de las artimañas que Satanás utiliza con más frecuencia para alejarnos del bien, es inculcarnos la creencia de que los mandamientos de Dios restringen la libertad y limitan la felicidad de los seres humanos. Los jóvenes, en especial, a veces sienten que las normas del Señor son como muros y cadenas que los aíslan de las diversiones que parecen hacer disfrutar más de la vida. Pero, en realidad, es totalmente lo opuesto. El plan del evangelio es el único plan por medio del cual el hombre puede llegar a tener la plenitud de gozo. Y éste es el primer concepto que me gustaría recalcar: Los principios del evangelio son los pasos y las pautas que nos ayudarán a encontrar el verdadero gozo y la verdadera felicidad en la vida.

Cuando el salmista llegó a comprender este concepto, exclamó: “¡Oh, cuánto amo yo.tu ley! . . . Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos. . . Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino . . . Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, porque son el gozo de mi corazón” (Salmos 119:.97—98, 105, 111).

Si deseamos arrepentimos sinceramente y acercarnos al Señor para que se pueda decir de nosotros que somos miembros de su Iglesia, primero y ante todo debemos darnos cuenta de esta verdad eterna: El plan del evangelio es el único plan que brinda la felicidad. La iniquidad nunca dio, nunca da, ni nunca dará felicidad. Cuando se violan las leyes de Dios, sólo se consiguen desdicha, cautiverio y tinieblas.

El segundo concepto importante para llegar a comprender el plan de Dios es la relación que existe entre el arrepentimiento y el principio de la fe. El arrepentimiento es el segundo principio fundamental del evangelio. El primero es que debemos tener fe en el Señor Jesucristo. ¿Por qué? ¿Por qué la fe debe preceder al arrepentimiento?

A fin de contestar esas preguntas, debemos comprender algo acerca del sacrificio expiatorio del Maestro. Lehi enseñó que “. . . ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8). Ni el más justo y virtuoso de los hombres podrá salvarse sólo por sus propios méritos porque, tal como nos dice el apóstol Pablo: “. . . todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Seguir leyendo

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El injusto dominio en el matrimonio

El injusto dominio en el matrimonio

Por el élder H. Burke Peterson
del primer quorum de los setenta
Liahona Junio 1990

Como reconocer —aun en sí mismo — Esta seria y grave amenaza, y la manera de superarla.


Las cartas y las llamadas telefóni­cas que las Autoridades Generales re­ciben de esposas fieles e hijos que son víctimas de abuso físico y emocional en sus propios hogares continúan au­mentando. Es desconsolador oírles pedir ayuda; sus súplicas y sus ora­ciones no tienen fin. El que los espo­sos y padres, incluso muchos poseedores del sacerdocio, se com­porten dentro de su propio hogar de una forma que no se admitiría en nin­gún otro nivel social es una verda­dera tragedia que lamentablemente se repite con frecuencia. Ese compor­tamiento da como resultado innume­rables congojas y vidas destrozadas.

El ejercicio del dominio injusto puede manifestarse de muchas mane­ras. Puede ser relativamente leve, cuando se revela en forma de crítica, ira o sentimientos de profunda frus­tración. Sin embargo, en casos más serios, también se manifiesta por me­dio del maltrato verbal, físico o emo­cional. Lamentablemente, cuando se presenta en esas formas menos ob­vias, a menudo se pasa por alto o no se reconoce como dominio injusto. Este artículo tiene el propósito de ayudar tanto a los esposos y a los padres, así como a sus familias, a reconocer este grave y creciente pro­blema de la sociedad actual. Es posi­ble que el reconocer y corregir estas formas menos obvias de comporta­miento impropio nos ayude a evitar las otras que son más serias y se deri­van de éstas.

Por supuesto, el problema del in­justo dominio no sólo les concierne a los hombres. Cualquier persona, ya sea hombre o mujer, que guíe y dirija a otros puede, sin darse cuenta, ejer­cer ese tipo de dominio. A todo hom­bre y a toda mujer, ya sean casados o solteros, tengan hijos o no, les con­vendría aprender y poner en práctica los principios que se analizan a conti­nuación. Tengo la esperanza de que las siguientes perspectivas y sugeren­cias lleguen a arraigarse firmemente en el corazón sincero de todo lector que necesite ayuda.

Ejemplos del dominio injusto

Una esposa escribió: “Mi esposo es un hombre bueno, trabajador y bon­dadoso, y su único deseo es que no me falte ninguna de las comodidades ma­teriales de la vida, tanto así que de­dica todo su tiempo a lograr esa meta; sólo se detiene para dormir, comer y asistir a la Iglesia los domingos”.

Lo que está hermana quiere decir en realidad es que preferiría que su esposo le proporcionara menos cosas materiales y que en cambio le dedi­cara un poco más de tiempo y aten­ción a ella, en forma individual. Por otro lado, a causa del gran deseo que él tiene de proveer lo necesario para su familia y de sobresalir, muchas veces exige de ellos la perfección, y cuando considera que no la logran, los critica. La esposa continúa di­ciendo:

“Para las mujeres que se encuen­tran en una situación como la mía, la vida puede convertirse en una lucha triste y solitaria, ya que si acuden a otras personas en busca de ayuda, la mayoría de las veces les dicen que cambien de actitud, que amen más a su esposo y que estén dispuestas a ceder a fin de llevarse mejor. En ese caso, la mujer renuncia a sus deseos personales, sus esperanzas y sus sue­ños —los cuales muy naturalmente podrían convertirse en realidad si los dos cónyuges se comportaran con rectitud —, por alguien que constan­temente le recuerda sus fracasos y le dice que no está viviendo de acuerdo con lo que él espera de ella. ¿Cómo puede una mujer pensar que alguna vez llegará a ser lo que nuestro Padre Celestial espera de ella si nunca, por más que se esfuerce, puede compla­cer a su marido?”

Otra hermana que llamó por telé­fono estaba muy preocupada: su es­poso compraba regularmente revis­tas pornográficas; además, todas las noches, después que veía videos y pe­lículas eróticas, exigía de ella actos impropios y ofensivos. A pesar de su comportamiento pecaminoso, del que los líderes del sacerdocio no se ente­raron hasta el día en que la esposa hizo esa angustiada llamada telefó­nica, ese hombre había servido como obrero en el templo.

Una hermana expresó la preocu­pación que sienten muchas otras cuando dijo: “Mucho necesitamos del apoyo de los poseedores del sacerdo­cio en nuestro hogar y, sí, también de su disposición a dejar de lado de vez en cuando sus propios intereses en los momentos en que tanto necesitamos de su comprensión”.

Ese comentario pone de relieve la difícil situación de las mujeres que son casadas pero que están casi sin marido, de los hijos que viven bajo el mismo techo que su padre pero que casi no tienen padre. Esos esposos y padres han dado más importancia a otras cosas que a su propia familia; ellos afirman tener demasiado tra­bajo; en algunos casos, tal vez sean muy aficionados a los deportes, a la televisión, o sean algo callados y no mantengan una buena comunicación con los miembros de su familia; qui­zás hasta se trate de esos hombres que son muy “diligentes” en su llama­miento, o incluso líderes de la Iglesia que se pasan gran parte del tiempo en la casa de reuniones, “haciendo la obra del Señor”, con el fin de escapar a los problemas y presiones de la vida en el hogar. Seguir leyendo

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Trabajemos hoy en la obra

Conferencia General Abril 2018

Trabajemos hoy en la obra

Por el presidente Russell M. Nelson

Su deseo de obedecer se intensificará al recordar y reflexionar lo que han sentido estos dos días.


Mis queridos hermanos y hermanas, al llegar al final de esta histórica conferencia, me uno a ustedes en agradecimiento al Señor por Su guía e inspirada influencia. La música ha sido hermosa e inspiradora. No solo los mensajes han sido edificantes, ¡sino que producen un cambio de vida!

En la asamblea solemne sostuvimos a una nueva Primera Presidencia. Dos grandes hombres han entrado al Cuórum de los Doce Apóstoles; y han sido llamados ocho nuevos Setentas Autoridades Generales.

Ahora bien, un himno favorito resume nuestra renovada resolución, nuestro desafío y nuestro cometido al avanzar:

Trabajemos hoy en la obra del Señor,
y ganemos así un hogar celestial.
En la lucha cruel empuñemos, sin temor
La espada de la verdad.
Firmes y valientes en la lid,
todo enemigo confundid.
Lucharemos a vencer el error;
Seguiremos solo al Señor1.

Los exhorto a que estudien con frecuencia los mensajes de esta conferencia, incluso repetidas veces, durante los próximos seis meses. Busquen, concienzudamente, maneras de incorporar estos mensajes en sus noches de hogar, al enseñar el Evangelio, en sus conversaciones con familia y amigos e incluso en conversaciones que tengan con personas de otras creencias. Muchas buenas personas responderán a las verdades que se han enseñado en esta conferencia cuando se les ofrezcan con amor. Su deseo de obedecer se intensificará al recordar y reflexionar lo que han sentido estos dos días.

Esta conferencia general marca una nueva era de ministrar. El Señor ha hecho importantes ajustes en la forma en que nos cuidamos los unos a otros. Las hermanas y los hermanos —mayores y jóvenes— se servirán los unos a los otros de una manera nueva y más santa. Los cuórums de élderes serán fortalecidos a fin de bendecir las vidas de hombres, mujeres y niños en todo el mundo. Las hermanas de la Sociedad de Socorro seguirán ministrando, en su manera singular y amorosa, ampliando oportunidades a las hermanas más jóvenes para que se unan a ellas, según se les asigne adecuadamente.

Nuestro mensaje al mundo es sencillo y sincero: invitamos a todos los hijos de Dios en ambos lados del velo a venir a su Salvador, recibir las bendiciones del santo templo, tener gozo duradero y calificar para la vida eterna2.

La futura exaltación requiere de nuestra total fidelidad ahora a los convenios que hacemos y las ordenanzas que recibimos en la Casa del Señor. Al presente, tenemos 159 templos en funcionamiento, y hay más en construcción. Deseamos llevar templos más cerca a la creciente membresía de la Iglesia; Por lo que, nos complace anunciar planes de construcción de siete templos adicionales. Dichos templos estarán situados en los siguientes lugares: Salta, Argentina; Bangalore, India; Managua, Nicaragua; Cagayán de Oro, Filipinas; Layton, Utah; Richmond, Virginia; y una ciudad de Rusia aún por determinar.

Mis queridos hermanos y hermanas, la construcción de estos templos tal vez no cambie su vida, pero su tiempo en el templo de seguro lo hará. Con ese espíritu, los bendigo para que reconozcan aquellas cosas que deben dejar a un lado para que puedan pasar más tiempo en el templo. Los bendigo con mayor armonía y amor en sus hogares y un deseo más profundo de cuidar su eterna relación familiar. Los bendigo con un aumento de fe en el Señor Jesucristo y una mayor habilidad de seguirlo como verdaderos discípulos Suyos.

Los bendigo para que levanten la voz en testimonio, como yo ahora, de que estamos consagrados en la obra de Dios Todopoderoso. Jesús es el Cristo. Esta es Su Iglesia, la cual Él dirige mediante sus siervos ungidos. Testifico de ello y les expreso mi amor por cada uno de ustedes, en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.


Referencias

  1. “Trabajemos hoy en la obra”, Himnos,  158.
  2. Definido en Doctrina y Convenios 14:7como “el mayor de todos los dones de Dios”.
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Prepárense para presentarse ante Dios

Conferencia General Abril 2018

Prepárense para presentarse ante Dios

Por el élder Quentin L. Cook
Del Cuórum de los Doce Apóstoles

Cumplir las responsabilidades divinamente asignadas, en rectitud, unidad e igualdad, nos preparará para presentarnos ante Dios.

Eliza R. Snow dijo de la dedicación del Templo de Kirtland, a la cual había asistido: “Las ceremonias de aquella dedicación se pueden narrar, pero no hay lenguaje terrenal que describa las manifestaciones celestiales de ese día memorable. A algunos [se] les aparecieron ángeles, mientras que todos sentimos una presencia divina y todo corazón estaba lleno de [un] gozo inefable y pleno de gloria”1.

Las manifestaciones divinas que tuvieron lugar en el Templo de Kirtland constituyeron el cimiento del propósito de la Iglesia restaurada de Jesucristo, que es llevar a cabo la salvación y exaltación de los hijos de nuestro Padre Celestial2. A medida que nos preparamos para presentarnos ante Dios podemos saber cuáles son nuestras responsabilidades divinamente asignadas si repasamos las llaves sagradas que se restauraron en el Templo de Kirtland.

En la oración dedicatoria, el profeta José Smith pidió con humildad al Señor “que aceptes esta casa… la cual nos mandaste edificar”3.

Una semana después, el domingo de Pascua de Resurrección, el Señor se apareció en una visión magnífica y aceptó Su templo. Esto ocurrió el 3 de abril de 1836, hace casi exactamente 182 años si contamos desde este domingo de Pascua de Resurrección. También era la época de la Pascua judía, una de esas raras ocasiones en la que ambas Pascuas coinciden. Una vez concluida la visión, se aparecieron tres profetas de la antigüedad (Moisés, Elías y Elías el Profeta) que entregaron llaves que eran esenciales para cumplir con el propósito que el Señor tenía para Su Iglesia restaurada en esta dispensación. Dicho propósito se ha definido de manera sencilla, aunque elocuente, como el recogimiento de Israel, su sellamiento en familias y la preparación del mundo para la Segunda Venida del Señor4.

El hecho de que se aparecieran tanto Elías el Profeta como Moisés supuso un “sorprendente paralelismo… [con] la tradición judía, según la cual Moisés y Elías el Profeta se presentarían juntos al ‘final de los tiempos’”5. En nuestra doctrina, esta aparición supuso el cumplimiento de la restauración fundamental de ciertas llaves reservadas “para los últimos días y por última vez, en [las] cuales se encierra la dispensación del cumplimiento de los tiempos”6. Seguir leyendo

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Lo importante son las personas

Conferencia General Abril 2018

Lo importante son las personas

Por el obispo Gérald Caussé
Obispo Presidente

Lo importante son ustedes, los discípulos del Señor —aquellos que aman al Señor y lo siguen y han tomado sobre sí Su nombre—.

Durante los preparativos para la construcción del magnífico Templo de París, Francia, tuve una experiencia que jamás olvidaré. En 2010, cuando se encontró el terreno para el templo, el alcalde de la ciudad pidió reunirse con nosotros para conocer más acerca de nuestra Iglesia. Esa reunión era un paso crítico para poder obtener el permiso de construcción. Preparamos con mucho esmero una presentación con imágenes impresionantes de varios templos Santos de los Últimos Días. Esperaba fervorosamente que la belleza arquitectónica de los templos persuadiera al alcalde a que diera su apoyo al proyecto.

Para mi sorpresa, el alcalde indicó que, en lugar de ver nuestra presentación, él y su equipo preferían hacer su propia investigación para determinar qué clase de iglesia éramos. Al siguiente mes, nos invitaron a que escucháramos un informe que presentaría una consejera municipal, quien, además, era profesora de historia religiosa. Ella dijo: “Ante todo, deseábamos entender quiénes son los miembros de su iglesia. Lo primero que hicimos fue asistir a una de sus reuniones sacramentales. Nos sentamos al fondo del salón y observamos detenidamente a las personas de la congregación y lo que hacían. Luego, hablamos con sus vecinos —aquellos que viven alrededor de su centro de estaca— y les preguntamos qué clase de personas son los mormones”.

“Bien, ¿y cuáles son sus conclusiones?”, pregunté con cierta ansiedad. Ella contestó: “Descubrimos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la más cercana a la iglesia original de Jesucristo; más que cualquier otra iglesia que conozcamos”. Yo casi objeté a eso diciéndole: “¡Eso no es completamente correcto! No es la iglesia más cercana; es la Iglesia de Jesucristo; la misma Iglesia, ¡la Iglesia verdadera!”. Pero me contuve y, en lugar de ello, ofrecí una silenciosa oración de gratitud. El alcalde nos informó entonces que, basándose en sus averiguaciones, él y su equipo no tenían objeciones a que se construyera un templo en su comunidad.

Hoy en día, cuando recuerdo esa experiencia milagrosa, siento gratitud por la sabiduría y el espíritu de discernimiento del alcalde. Él sabía que la clave para entender la Iglesia no consistía en ver la apariencia externa de sus edificios o lo organizada que es como institución, sino observarla a través de sus millones de miembros fieles que se esfuerzan cada día por seguir a Jesucristo. Seguir leyendo

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