Principios proféticos de la fidelidad

Enero 2017
Principios proféticos de la fidelidad
Por el élder C. Scott Grow
De los Setenta

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Tomado del discurso “Where Will You Be in 20 Years?”, pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young–Idaho el 15 de mayo de 2012. Para leer el texto completo en inglés, vaya a web.byui.edu/devotionalsandspeeches.

¿Qué decisiones deben tomar y qué compromisos deben hacer ahora y en el futuro que les ayudarán a permanecer fieles?

Woman reading
Hace más de veinte años, terminé mi servicio como presidente de misión en Sudamérica. Mi esposa, Rhonda, y yo hemos visto muchos triunfos, así como muchas terribles tragedias en la vida de nuestros misioneros durante los últimos veinte años.

La mayoría de nuestros misioneros están felizmente sellados en el templo, criando hijos justos y mandándolos a servir en misiones; sirven con fidelidad en llamamientos del sacerdocio y de las organizaciones auxiliares de la Iglesia. Sin embargo, hay algunos que son menos activos, algunos que se han casado y divorciado, e incluso algunos a los que se ha excomulgado de la Iglesia.

¿Qué es lo que ha marcado la diferencia en la vida de nuestros misioneros? ¿Qué podrían haber hecho algunos de ellos para evitar la tragedia personal? ¿Y ustedes? ¿Dónde estarán en veinte años? ¿Qué decisiones deben tomar y qué compromisos deben hacer ahora y en el futuro que les ayudarán a permanecer fieles?

Sugiero diez principios que les ayudarán:

1 Nutran su testimonio continuamente

Las experiencias llenas del Espíritu que se tienen en la misión establecen el fundamento de fe que les puede bendecir a lo largo de su vida. Ese fundamento de fe solamente se puede reducir mediante la negligencia o el pecado.

Hace poco, entrevisté a un exmisionero que es menos activo y que decía haber perdido su fe. Le pregunté si estaba orando y estudiando el Libro de Mormón, tal y como lo hizo cuando era misionero. Él dijo que no, ya que había perdido su fe en José Smith.

Me sentí inspirado a preguntarle: “¿Estás viendo pornografía?”. Contestó que sí. Le dije que no era de extrañar que hubiera perdido su testimonio.

Le expliqué que un testimonio no es nada más ni nada menos que el Espíritu Santo que da testimonio a nuestra alma de la veracidad del Evangelio y de la Iglesia restaurada. Cuando no oro ni leo las Escrituras, la influencia del Espíritu en nuestra vida se debilita, rebajando así nuestra resistencia a la tentación. Cuando pecamos y ya no somos limpios, perdemos la compañía del Espíritu Santo del todo. Sin el testigo continuo del Espíritu, es fácil que comencemos a pensar que no tenemos un testimonio y que quizás nunca lo tuvimos.

Debemos nutrir nuestro testimonio continuamente. Esa nutrición llega con la oración personal, el estudio diario de las Escrituras, en especial el Libro de Mormón, y el servicio en la Iglesia a lo largo de nuestra vida.

2 Sigan el consejo de los profetas y los apóstoles vivientes

Analizaré un consejo profético que les ayudará a tener un matrimonio feliz, una familia fiel y una vida de éxito. Me refiero a “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”. Voy a compartir algunas partes importantes de la proclamación, que la Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles emitieron en 1995. Sostenemos a estos hermanos como profetas, videntes y reveladores. Son los portavoces de Dios para Sus hijos en la tierra.

El día en que se organizó la Iglesia, Dios habló en cuanto a Su profeta, y dijo: “… porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”. Entonces el Señor promete bendiciones temporales y eternas cuando seguimos el consejo de los profetas: “Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudir los cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre” (D. y C. 21:5–6).

Qué gran bendición durante estos tiempos difíciles.

3 Séllense en el templo y guarden sus convenios

Couple outside temple

Los profetas, videntes y reveladores “proclaman que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”. Tambén añaden: “El divino plan de felicidad permite que las relaciones familiares se perpetúen más allá del sepulcro. Las ordenanzas y los convenios sagrados disponibles en los santos templos hacen posible que las personas regresen a la presencia de Dios y que las familias sean unidas eternamente”1.

La decisión más importante que se toma en la vida es “que nos casemos con la persona adecuada, en el lugar apropiado, mediante la debida autoridad”2 y que después guardemos nuestros convenios del templo. La exaltación no existe sin un sellamiento en el templo.

Para ser dignos de la exaltación, las parejas deben ser parte del “nuevo y sempiterno convenio, y les [debe ser] sellado por el Santo Espíritu de la promesa, por conducto del que es ungido”—el profeta. Si guardamos nuestros convenios del templo, “[heredaremos] tronos, reinos, principados, potestades y dominios, toda altura y toda profundidad… y gloria en todas las cosas… y esta gloria será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamás” (D. y C. 132:19; véase también el versículo 7).

Un sellamiento en el templo contiene la promesa de bendiciones eternas en la vida venidera y aumenta la posibilidad de un matrimonio feliz en esta vida. Como un hijo o una hija consagrados de Dios, han hecho convenio de venir a la tierra en este momento para edificar el Reino de Dios. Esa edificación del templo incluye su propio matrimonio eterno. Seguir leyendo

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Valientes en nuestro testimonio del Salvador

Enero 2017
Valientes en nuestro testimonio del Salvador
Por el élder Christoffel Golden
De los Setenta

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Tomado del discurso “Being Valiant”, pronunciado en el LDS Business College [Instituto Superior de Comercio LDS] el 17 de junio de 2014. Para consultar el discurso completo en inglés, vaya a ldsbc.edu.

A cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser.

Soliders in South Africa

Cuando era joven, hace muchos años, se me reclutó —o como nosotros decimos, se me enlistó como conscripto— en las fuerzas armadas de Sudáfrica. Se me asignó a una unidad de soldados que eran hombres buenos, pero que tenían la vulgaridad en el habla y la conducta que a veces manifiestan los hombres que prestan servicio militar.

Descubrí que, al estar rodeado por dichas influencias, no siempre era sencillo vivir las normas del Evangelio. No obstante, me complacía defender mis creencias desde el inicio de mi servicio militar. Dejé en claro que no participaría de conductas que sabía que eran incorrectas. Me complace decir que los hombres de mi unidad —algunos de mala gana al principio— llegaron a respetar mis normas.

En una ocasión, en un campamento de entrenamiento militar, nos hallábamos de pie alrededor de una fogata en un noche hermosa, oscura, despejada y estrellada. Algunos de los muchachos de la unidad bebían cerveza, mientras yo tomaba un refresco. La conversación era agradable, sin palabras impropias.

Durante nuestra visita, algunos hombres de otra unidad se acercaron a nuestro alegre grupo. Uno de ellos se volvió hacia mí y, al notar la bebida gaseosa en mis manos, se burló porque no acompañaba a quienes bebían cerveza. Antes de que yo pudiera responder, uno de mis amigos me sorprendió al reprender al hombre;

dijo: “Le sugerimos que se retire de inmediato, señor”. “¡No toleraremos que nadie le hable a Chris de ese modo! Ciertamente, él es el único hombre de entre nosotros que vive la vida como un verdadero cristiano”.

Después de eso, la persona reprendida se esfumó en silencio en la noche oscura. En aquel momento, aunque un tanto avergonzado por el inesperado cumplido, agradecí en silencio haber decidido seguir el consejo de Pablo de ser “ejemplo de los creyentes” (1 Timoteo 4:12).

Ustedes también afrontan decisiones, en especial, en este momento de la vida, en que su espíritu está singularmente en sintonía y receptivo a grandes oportunidades que les esperan. La pregunta es: ¿Qué quisieran escribir sobre ustedes mismos dentro de cinco, diez o veinte años? ¿O, más aún, al final de su vida?

¿Qué significa ser valiente?

En una de las visiones más extraordinarias registradas en las santas Escrituras, el profeta José Smith describió la condición de quienes heredarán el Reino Celestial después de haber resucitado y haber sido juzgados. La misma sección de Doctrina y Convenios (la sección 76) también revela las condiciones y circunstancias de las personas que no reúnen los requisitos para el Reino Celestial, sino que, por el contrario, son merecedoras de los reinos Terrestre y Telestial.

Al referirse a quienes heredarán el Reino Terrestre, las revelaciones nos enseñan que “son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres… [y] reciben de [la] gloria [de Dios], mas no de su plenitud” (D. y C. 76:75–76). Luego aprendemos este notable principio: “Estos son aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús; así que, no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios” (D. y C. 76:79; cursiva agregada).

Imagínenlo por un momento; ¿perdemos el derecho a la gloria del Reino Celestial, junto con sus enormes y sempiternas bendiciones, tan solo porque no hemos sido valientes en el testimonio de Jesús aquí en la tierra, en nuestro breve estado mortal y de probación?

¿Qué significa ser valiente en el testimonio de Jesús? Un apóstol del Señor de la época actual declaró:

“Es ser intrépido y arrojado, usar todas nuestras fuerzas, energía y habilidad en la guerra contra el mundo; es pelear la buena batalla de la fe… La gran piedra angular de la valentía en la causa de la justicia, es la obediencia a toda la ley del Evangelio completo.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es venir a Cristo y perfeccionarse en Él; es negarse a ‘toda impiedad’; es amar ‘a Dios’ con todo nuestro ‘poder, mente y fuerza’ (Moroni 10:32).

“Ser valiente en el testimonio de Jesús es creer en Cristo y Su evangelio con inalterable convicción; es conocer la veracidad y divinidad de la obra del Señor en la tierra…

Family studying scriptures
“Ser valientes en el testimonio de Jesús es ‘seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres’; es ‘[perseverar] hasta el fin’ (2 Nefi 31:20). Es vivir nuestra religión, practicar lo que predicamos, guardar los mandamientos. Es la manifestación de la ‘religión pura’ en la vida del hombre; es ‘visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo’ (Santiago 1:27).

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es controlar las pasiones y los apetitos y elevarse por encima de las cosas carnales y malignas. Es vencer al mundo tal como lo hizo Aquel que es nuestro modelo y el más valiente de todos los hijos de nuestro Padre. Es ser moralmente limpios; pagar el diezmo y las ofrendas; santificar el día de reposo; orar con íntegro propósito de corazón; dejar sobre el altar todo lo que tenemos, si así se nos pidiera.

“Ser valientes en el testimonio de Jesús es tomar partido por el Señor en toda cuestión. Es votar como Él lo haría, es pensar lo que Él piensa, creer lo que Él cree, decir lo que Él diría y hacer lo que Él haría si se encontrara en la misma situación. Significa tener la mente de Cristo y ser uno con Él, tal como Él lo es con el Padre”1.

En este punto debo agregar algo que nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, enseñó durante Su ministerio terrenal:

“No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.

“Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra.

“Y los enemigos del hombre serán los de su casa.

“El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí.

“Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

“El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:34–39).

Nuestro propósito en la vida terrenal no es ni más ni menos que prepararnos para vivir de nuevo en la presencia de nuestro amado Padre Celestial como coherederos con Jesucristo. Esa gloriosa existencia en familias eternas junto a nuestra esposa o nuestro esposo, y nuestros hijos y demás parientes, está disponible para todos, aunque algunas personas conocerán dichas bendiciones en algún momento allende el velo de la mortalidad.

Tales bendiciones requieren que tomemos nuestra cruz y nos mantengamos valientes hasta el fin en testimonio y servicio a nuestro Señor y Salvador.

Prepárense para actuar

El camino que cada uno de nosotros debe trazar está colmado de incontables oportunidades y repleto de numerosas dificultades. Nos vemos obligados a tomar muchas decisiones todos los días: algunas de ellas pequeñas y aparentemente irrelevantes; otras, profundas y con efectos perdurables.

Es un hecho evidente que a cada uno de nosotros se nos llamará a actuar en momentos que sean difíciles y, al mismo tiempo, decisivos. Tales momentos determinarán quiénes somos y qué hemos de llegar a ser. A menudo, llegan cuando es inconveniente y mal visto actuar con rectitud y valentía. Al escribir la historia de su vida, descubrirán que los momentos más decisivos que afrontarán ocurrirán siempre cuando se hallen solos.

Ahora narraré un relato sobre encontrarse solos en medio de gran oposición. Durante noviembre de 1838, al profeta José Smith y a otras personas, entre ellas el élder Parley P. Pratt (1807–1857), se los encadenó y encarceló en Richmond, Misuri, EE. UU.

El élder Pratt escribe sobre el siguiente incidente durante su encarcelamiento:

“En una de esas noches tediosas, habíamos estado acostados, permaneciendo como si estuviésemos dormidos hasta después de la medianoche, y nuestros oídos y corazones se hallaban doloridos de estar escuchando, durante largas horas, los cuentos obscenos, horribles imprecaciones, espantosas blasfemias e inmundas palabras de nuestros guardias, con el coronel Price a la cabeza, conforme se contaban unos a otros sus actos de rapiña, asesinato, robo, etcétera, que habían cometido entre los ‘mormones’ mientras estaban en Far West [Misuri] y sus alrededores. Incluso se jactaban de haber mancillado por la fuerza a esposas, hijas y vírgenes, y de disparar o volar los sesos a hombres, mujeres y niños.

“Había escuchado hasta estar tan hastiado, impresionado, horrorizado y lleno de un espíritu de justa indignación, que apenas podía refrenarme de levantarme y reprender a los guardias; pero no había dicho nada a José, ni a nadie más, aunque estaba tendido al lado de él y sabía que estaba despierto. De pronto, [José Smith] se levantó y habló como con voz de trueno, o como un león rugiente, profiriendo estas palabras, según lo que recuerdo:

“‘¡SILENCIO, demonios del abismo infernal! En el nombre de Jesucristo los reprendo, y les mando callar; no viviré ni un minuto más escuchando semejante lenguaje. ¡Cesen de hablar de esta manera, o ustedes o yo moriremos EN ESTE MISMO INSTANTE!’

Joseph Smith in jail
“No dijo nada más. Permaneció de pie y erguido en terrible majestad; encadenado y sin armas; sereno, imperturbable y con la dignidad de un ángel, se quedó mirando a los guardias acobardados, que bajaron las armas o las tiraron al suelo, con las rodillas temblorosas; y que, retirándose a un rincón o inclinándose a sus pies, le pidieron perdón y se quedaron en silencio hasta que cambió la guardia”2.

El valor que mostró el profeta José Smith no se limita a los profetas ni a los miembros mayores de la Iglesia. Un incidente de la vida del presidente Joseph F. Smith (1838–1918) lo corrobora. En el otoño [boreal] de 1857, mientras Joseph F. Smith, de 19 años de edad, regresaba de su misión en Hawái, EE. UU., se unió a una caravana de carromatos en California, EE. UU. Eran momentos riesgosos para los santos. El ejército de Johnston marchaba hacia Utah y muchas personas albergaban malos sentimientos hacia la Iglesia.

Una noche, varios rufianes llegaron al campamento de la caravana montados a caballo, diciendo vulgaridades y amenazando con lastimar a todos los mormones que hallasen. La mayoría de los que estaban en la caravana se ocultaron entre la maleza, pero Joseph F. se dijo a sí mismo: “¿Debo huir de esos hombres? ¿Por qué he de tenerles miedo?”.

Y así, caminó hacia uno de los intrusos, quien, pistola en la mano, exigió saber: “¿Eres tú ‘mormón’?”.

Joseph F. respondió: “Sí, señor; de pies a cabeza, totalmente”.

Ante ello, el rufián le tomó la mano y dijo: “Pues bien, eres el ——— ——— más agradable que he conocido. Venga esa mano, joven. Me alegro de ver a un hombre que defiende sus convicciones”3.

¡Ustedes toman parte ahora de algunos de los momentos más significativos de su vida! Ahora mismo escriben —y escribirán— momento a momento y día a día, su historia personal. Habrá momentos en que deberán actuar, mientras que en otras ocasiones sabiamente guardarán silencio. Abundarán las oportunidades, habrá que tomar decisiones y se habrán de afrontar dificultades.

Recuerden siempre que, en el gran plan de felicidad de nuestro Padre Celestial, ¡ustedes nunca están solos! Muchas personas en esta vida, y aun más personas allende el velo de la mortalidad, incluso hoy mismo, abogan por su causa ante el Señor. Se les ha dado gran poder por medio de las ordenanzas que han recibido y de los convenios que han concertado. Por encima de todo, su amado amado Padre Celestial y Su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, nuestro abogado, siempre están presentes para ayudarlos a lo largo de la vida. En una enseñanza profundamente conmovedora durante el ministerio terrenal del Salvador, Él extendió una invitación a toda alma viviente y, por lo tanto, a todos nosotros:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30).

Añado mi solemne testimonio de la realidad viviente de nuestro Padre Eterno Celestial y de Su Hijo, el Señor Jesucristo. Asimismo, testifico que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es, en todo aspecto que pueda concebirse, la Iglesia restaurada del Señor y el Reino de Dios sobre la tierra.

Ruego que yo —y quienes comparten ese testimonio— nos mantengamos valientes siempre en esta gran causa.

Defiendan lo que creen
Thomas S. Monson“Que siempre seamos valientes y estemos preparados para defender lo que creemos, y si tenemos que estar solos en el proceso, que lo hagamos con valor, con esa fortaleza que viene del conocimiento de que en realidad nunca estamos solos cuando estamos con nuestro Padre Celestial”.

Presidente Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 67.

Notas

  1. Véase de Bruce R. McConkie, “Sé valiente en la batalla de la fe”, Liahona, abril de 1975, págs. 38–39.

  2. Autobiography of Parley P. Pratt, ed. por Parley P. Pratt Jr., 1938, págs. 210–211.

  3. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1999, 2000, pág. 110.

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Perspectivas de Doctrina y Convenios sobre el Padre y el Hijo

Enero 2017
Perspectivas de Doctrina y Convenios sobre el Padre y el Hijo
Por Norman W. Gardner
Seminarios e Institutos

Este libro de revelaciones pone de manifiesto verdades perdidas sobre la Trinidad y cómo podemos volver a vivir con el Salvador y el Padre Celestial.

First Vision

La restauración del Evangelio ha dado al mundo mucho mayor conocimiento sobre la naturaleza de la Trinidad y Sus propósitos. Con este conocimiento, nuestra fe en Ellos crece y nuestro deseo de guardar Sus mandamientos aumenta.

De manera específica, Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Jesucristo, ya que enseña poderosas verdades acerca de “Su divinidad, Su majestad, Su perfección, Su amor y Su poder redentor” (introducción de Doctrina y Convenios). Este libro de revelación moderna incluye la invitación del Señor: “Aprende de mí y escucha mis palabras” (D. y C. 19:23). Puede profundizar nuestro conocimiento de Él, de cuál es nuestra relación con Él, de lo que ha hecho por nuestra redención, y de lo que espera de nosotros.

En Doctrina y Convenios podemos oír la voz de Jesucristo.

Joseph Smith José Smith recibió muchas revelaciones del Salvador.

Doctrina y Convenios no es Escritura antigua, sino que contiene revelaciones que se dieron a José Smith y a sus sucesores en el mundo moderno. Se oye la voz divina de Jesucristo que habla como el representante del Padre1. La voz del Señor Jesucristo en primera persona figura con más frecuencia en Doctrina y Convenios que en el Nuevo Testamento, el Libro de Mormón, y la Perla de Gran Precio juntos2.

D. y C. 18:33–35 “Y yo, Jesucristo, vuestro Señor y vuestro Dios, lo he hablado. Estas palabras no son de hombres… sino mías; por tanto, testificaréis que son de mí”.

Doctrina y Convenios contiene los relatos de aquellos que vieron a Dios

Joseph and Oliver José Smith y Oliver Cowdery vieron a Jesucristo en el Templo de Kirtland.

Como resultado de la Primera Visión en 1820, el joven José Smith obtuvo conocimiento de primera mano sobre la existencia del Padre y del Hijo. Doctrina y Convenios registra ocasiones adicionales en las que el Profeta y otras personas vieron al Padre y al Hijo en visiones o apariciones personales. Esos relatos nos sirven de testigos modernos de que Ellos viven y que dirigieron la restauración del Evangelio.

D. y C. 76:19–23 Se vio al Padre y al Hijo en visión en febrero de 1832.

D. y C. 137:1–3 Se vio al Padre y al Hijo en visión en enero de 1836.

D. y C. 110:2–4 Jesucristo, el gran Jehová, se apareció en abril de 1836.

Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Dios el Padre.

Stephen being stoned Mientras lo lapidaban, Esteban vio al Padre y al Hijo.

Detalle de Veo al Hijo del Hombre a la diestra de Dios, por Walter Rane.

El profeta José Smith enseñó: “Cuando entendemos la naturaleza de Dios, y aprendemos cómo acercarnos a Él, entonces Él empieza a manifestarnos los cielos… Cuando estemos dispuestos a venir a Él, también Él estará dispuesto a venir a nosotros”3. Doctrina y Convenios nos ayuda a acercarnos más al Padre Celestial al enseñar acerca de Su naturaleza, atributos y propósitos.

D. y C. 20:12, 17–18 Dios el Padre es infinito e inmutable.

D. y C. 76:20, 23 El Padre y el Hijo son seres separados y distintos.

D. y C. 93:3–5 El Padre y el Hijo son uno.

D. y C. 130:22 El Padre y el Hijo tienen cuerpos tangibles de carne y huesos.

D. y C. 138:3–4 El Padre Celestial ama a Sus hijos, de modo que envió a Su Hijo a salvar a la humanidad.

Doctrina y Convenios nos ayuda a aprender acerca de Jesucristo

Moses sees Jehovah Jehová (Jesucristo) habló con Moisés cara a cara.

Jesucristo fue el Primogénito de todos los hijos de nuestro Padre Celestial procreados en espíritu. En la vida premortal, Jesús obtuvo todo conocimiento y poder y representó al Padre como el Creador de los mundos. A través de Su poder divino, el Señor Jesucristo es la fuente de luz y vida para todas Sus creaciones. Doctrina y Convenios aclara muchas de Sus funciones en el plan del Padre.

D. y C. 93:21 Jesucristo fue el Primogénito de todos los hijos de Dios procreados en espíritu.

D. y C. 38:1–3 Jesucristo obtuvo todo conocimiento y poder antes de que el mundo fuese.

D. y C. 76:24 Jesucristo representó al Padre como el Creador de los mundos.

D. y C. 88:6–13 Jesucristo es la fuente de luz y vida para todas Sus creaciones.

D. y C. 45:11; 136:21, 22 Jesucristo fue el gran Jehová del Antiguo Testamento.

D. y C. 43:34 Jesucristo es el Salvador del mundo.

D. y C.18:11–13; 20:21–25 Jesucristo sufrió, fue crucificado, murió y se levantó de nuevo.

D. y C. 29:10–12 Jesucristo ha prometido volver a la tierra con poder y gloria.

Doctrina y Convenios nos ayuda a saber lo que el Padre y el Hijo esperan de nosotros

Family reading scriptures Mediante la revelación moderna, podemos aprender cómo llegar a ser más como el Padre y el Hijo.

Más que cualquier otro libro de Escrituras, Doctrina y Convenios deja claro lo que es la vida eterna: volver a vivir con el Padre y el Hijo, recibir todo lo que el Padre tiene, y llegar a ser como Ellos. También nos dice cómo Jesucristo, por medio de Su expiación, lo hace posible, y lo que tenemos que hacer para cumplir con los requisitos que Él ha establecido. Además, en Doctrina y Convenios aprendemos lo que significa seguir el ejemplo de Jesucristo, ya que, al igual que nosotros, al principio Jesucristo no tuvo la plenitud, pero recibió gracia por gracia hasta que tuvo todo poder y gloria.

D. y C. 1:32; 19:16–19; 58:42–43; 95:1–2 El Salvador brinda el perdón a los que se arrepienten.

D. y C. 20:37, 41, 72–74; véase también 33:11 Dios invita a todo aquel que cree a recibir el bautismo y el Espíritu Santo.

D. y C. 84:19–21 El poder de la divinidad se manifiesta por medio de las ordenanzas del Sacerdocio de Melquisedec.

D. y C. 93:12–14, 16–17 Jesucristo recibió gracia por gracia hasta que logró la plenitud.

D. y C. 20:30–31 El Salvador da gracia a aquellos que lo aman y le sirven.

D. y C. 35:2; 50:40–43 Podemos llegar a ser uno con el Padre y el Hijo.

D. y C. 93:19–20 Podemos recibir la gloria y la plenitud del Padre.

Doctrina y Convenios proporciona un modelo para adquirir conocimiento espiritual

Women prayingEl estudio y la oración pueden abrir la puerta al conocimiento espiritual.

Además de enseñar y testificar del Padre y del Hijo, Doctrina y Convenios proporciona un modelo para adquirir conocimiento espiritual acerca de todos los miembros de la Trinidad a través de la ayuda del Espíritu Santo: estudiar la palabra del Señor, pedir comprensión a nuestro Padre Celestial, y ejercer fe en Jesucristo mediante la obediencia a Sus mandamientos.

Se promete luz y verdad a aquellos que vivan de acuerdo con todas las palabras del Señor. Es importante conocer los detalles acerca de la naturaleza de la Trinidad y Sus propósitos. Ese conocimiento puede conducir a la búsqueda diligente del entendimiento espiritual y de la convicción de la verdad. Ese conocimiento nos confirma que el Padre Celestial y Jesucristo nos conocen personalmente, que nos aman y que desean bendecirnos con la vida eterna.

D. y C. 6:5; 76:5–10, 114–118 El Padre Celestial desea que pidamos conocimiento y Él promete compartirlo.

D. y C. 84:43–48 El Padre nos enseña cuando damos oído diligentemente a Sus palabras.

D. y C. 88:118 Buscar conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.

Conclusión

Joseph Smith preachingJosé Smith reveló el carácter y los propósitos del Padre y del Hijo.

Doctrina y Convenios nos ayuda a acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Unigénito, Jesucristo, al revelar el carácter y el propósito de Ellos. El profeta José Smith sintetizó la razón por la que podemos confiar en Dios: “Los propósitos de nuestro Dios son grandiosos, Su amor inconmensurable, Su sabiduría infinita y Su poder ilimitado; por lo tanto, los santos tienen motivo para regocijarse y alegrarse, sabiendo que ‘este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre’ (Salmos 48:14)”4.

Notas

  1. El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) explicó: “Toda revelación desde la Caída ha venido por medio de Jesucristo, quien es el Jehová del Antiguo Testamento… En todos los pasajes en los que se menciona a Dios y en los que se habla de su manifestación, se habla de Jehová… El Padre nunca trató directa o personalmente con el hombre después de la Caída, y nunca se ha mostrado a no ser para presentar al Hijo y dar testimonio de Él” (véaseDoctrina de Salvación, comp. Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1978–1979, tomo I, pág. 25).
  2. Véase de Gordon B. Holbrook, “The Voice of Jesus Christ in the Doctrine and Covenants”, Ensign,septiembre de 2013, págs. 40, 45 (nota 2).

  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 43.

  4. Enseñanzas: José Smith, pág. 41.

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Gordon B. Hinckley: Un profeta de optimismo y visión

Enero 2017
Gordon B. Hinckley: Un profeta de optimismo y visión
Por Andrew D. Olsen
Departamento de Servicios de Publicación de la Iglesia

Este año, al estudiar Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley en las reuniones del sacerdocio y de la Sociedad de Socorro, aprenderán de un profeta que tuvo optimismo, amor y previsión ilimitados.

Gordon B. Hinckley le nació a Bryant Stringham Hinckley y Ada Bitner Hinckley el 23 de junio de 1910. Contrajo matrimonio con Marjorie Pay en el Templo de Salt Lake el 29 de abril de 1937, y tuvieron cinco hijos. Prestó servicio como el decimoquinto Presidente de la Iglesia desde el 12 de marzo de 1995, hasta el 27 de enero de 2008.

President Gordon B. Hinckley with cane
A los 82 años de edad, el presidente Gordon B. Hinckley anotó en su diario: “Tengo que plantar algunos árboles cada primavera. Creo que lo he hecho durante por lo menos los últimos cincuenta años… Un árbol encierra algo maravilloso; comienza muy pequeño y crece a través de las estaciones; proporciona sombra del sol ardiente del verano, y produce fruta deliciosa. Lleva a cabo el formidable proceso de la fotosíntesis… Un árbol es una de las extraordinarias creaciones del Todopoderoso”1.

El presidente Hinckley siguió plantando árboles hasta la avanzada edad de los noventa y tantos años. En muchos sentidos, su amor por la siembra se reflejó en su ministerio como apóstol y como Presidente de la Iglesia. Cuando plantaba, era una expresión de optimismo, una característica que también formaba parte de sus enseñanzas y sus interacciones con los demás. Nutría cada árbol, tal como lo hacía con cada persona, y miraba hacia el futuro, viendo lo que los árboles llegarían a ser, al igual que veía el potencial eterno de cada persona y el grandioso futuro de la obra de Dios.

“Tenemos todos los motivos para ser optimistas”

President Gordon B. Hinckley at the pulpit
“¡Soy un optimista!”, solía decir el presidente Hinckley. “Mi súplica es que dejemos de buscar las tormentas y que disfrutemos más plenamente de la luz del sol”2. Su optimismo era mucho más profundo que tener una actitud positiva, a pesar de que la cultivó. La fuente máxima de su optimismo, la fuente que lo convertía en un poder, fue su fe en Dios y su testimonio del plan de Dios para la felicidad y la salvación de Sus hijos.

Una manifestación del optimismo del presidente Hinckley era su firme creencia de que “Todo saldrá bien”3. Esa frase, dijo el élder Jeffrey R. Holland, del Cuórum de los Doce Apóstoles, “quizás sea la frase más repetida a la familia, amigos y compañeros del presidente Hinckley. ‘Sigan esforzándose’, les dice. ‘Sean creyentes y felices y no se desanimen. Todo saldrá bien’”4.

Sin embargo, ese mensaje no era solo para los demás. “Me lo digo a mí mismo todas las mañanas”, dijo el presidente Hinckley a una congregación. “Si dan lo mejor de sí, todo saldrá bien. Pongan su confianza en Dios y sigan adelante con fe y confianza en el futuro. El Señor no nos abandonará”5.

El optimismo sostuvo al presidente Hinckley al afrontar pruebas, sentimientos de ineptitud, y presiones abrumadoras. Y se mantuvo firme ante su convicción de que “las cosas saldrán bien”, incluso al experimentar reveses y decepciones, angustia y soledad.

En su optimismo, el presidente Hinckley no descartó los problemas; él explicó: “… son muchas las cosas que he visto suceder en esta tierra. He estado en lugares donde la guerra causa estragos y el odio arde en el corazón de la gente; he visto la terrible pobreza que azota a muchos países… he visto con gran preocupación cómo se han ido derrumbando los principios morales de nuestra sociedad.

Pero aún así, soy optimista, porque tengo una fe firme y absoluta en que la justicia triunfará y la verdad prevalecerá”6.

Durante una entrevista que tuvo con un reportero del diario New York Times en Nauvoo, Illinois, EE. UU., el presidente Hinckley reconoció la existencia de tragedias y problemas, y entonces recurrió a su amor por la historia de la Iglesia para enseñar sobre el optimismo:

“Tenemos las mejores razones para ser optimistas… Pero, si contemplamos Nauvoo, vemos lo que construyeron aquí durante siete años, para luego abandonarlo. ¿Y qué hicieron? ¿Se dejaron morir? ¡No! Pusieron manos a la obra otra vez. Atravesaron el continente, araron el suelo de un desierto y lo hicieron florecer como una rosa. La Iglesia ha crecido sobre ese cimiento, convirtiéndose en una organización mundial que afecta para el bien la vida de las personas en más de ciento cuarenta naciones. Es imposible edificar sobre el pesimismo o el cinismo. Se mira adelante con optimismo, se trabaja con fe y las cosas se hacen, se sale delante”7.

El optimismo del presidente Hinckley también influyó en su sentido del humor: una chispa alegre y agradable que contribuyó a crear afinidad con las demás personas. En una ocasión se hospedó con un presidente de estaca cuya familia vivía en una vieja escuela que habían convertido en casa. Esa noche, una de las aulas sirvió de dormitorio para el presidente Hinckley. Al día siguiente, durante la conferencia de estaca, comentó en broma: “Muchas veces he dormido en salones de clases, pero nunca en una cama”8.

“Nuestra preocupación debe concentrarse siempre en el individuo”

En su primer discurso en una conferencia general como Presidente de la Iglesia, Gordon B. Hinckley habló ampliamente sobre el progreso de la Iglesia. “Estamos convirtiéndonos en una gran sociedad mundial”, dijo, tras lo cual pasó a hacer hincapié en este principio básico: “… sin embargo, nuestro interés y preocupación deben concentrarse siempre en el individuo…

“Hablamos en términos de números; sin embargo, todos nuestros esfuerzos deben estar dedicados al desarrollo individual de la persona”9.

Cuando integraba el Cuórum de los Doce Apóstoles, el presidente Hinckley viajó a algunas de las zonas más remotas del mundo, incluyendo las zonas de guerra, para atender a las personas. Ningún grupo se encontraba demasiado lejos o era demasiado pequeño para recibir su atención. Continuó ese mismo ritmo como Presidente de la Iglesia, recorriendo más de miles de kilómetros a más de 60 naciones, reuniéndose a veces con grupos numerosos, u otras con solo un puñado de personas.

President and Sister Hinckley in Hong Kong

En 1996, el presidente y la hermana Hinckley hicieron un viaje de 18 días a ocho países de Asia y el Pacífico. Comenzando en Japón y a un ritmo acelerado, se reunieron con miles de personas que abarrotaron cada uno de los lugares de reunión. “Fueron experiencias muy emotivas para mí”, anotó el presidente Hinckley mientras se encontraba en Corea. “Veo cosas que apenas me atrevía a soñar cuando vine aquí por primera vez en 1960”10. En ese viaje también dedicó el Templo de Hong Kong, China.

Las últimas paradas programadas fueron en las Filipinas. Después de dirigir la palabra a 35.000 personas en Manila, el presidente Hinckley escribió: “Me puse de pie y los saludé con gran emoción en mi corazón. Nos fuimos con lágrimas en los ojos”. Temprano ese mismo día había regresado al lugar donde, en 1961, había ofrecido una oración dedicatoria para iniciar la obra misional en las Filipinas. “Pudimos encontrar un solo miembro filipino”, recordó. “De aquel solo miembro la Iglesia ha crecido a más de 300.000 miembros”11.

Cuando los Hinckley comenzaron el viaje de regreso, se enteraron de que el avión se abastecería de combustible en la isla de Saipán. El presidente Hinckley preguntó si había misioneros en Saipán y le dijeron que había un grupo pequeño. A pesar de que estaba al final de un viaje agotador, deseaba reunirse con esos pocos misioneros: “Pregunté si de algún modo podríamos avisarles que aterrizaríamos en Saipán alrededor de las 7:00 de la tarde y que trataríamos de salir del aeropuerto para saludarlos”.

Horas más tarde en Saipán, diez misioneros y unos sesenta miembros de la Iglesia estuvieron allí para saludar a los Hinckley. “Nos dieron un abrazo”, anotó el presidente Hinckley. “Estaban muy agradecidos por vernos, y nosotros estábamos agradecidos por verlos a ellos. Solo podríamos pasar un corto tiempo con ellos, ya que solo se necesitaban unos breves momentos para abastecer el avión. Dejamos nuestra bendición con ellos y regresamos al avión”12.

Otro ejemplo típico de la preocupación del presidente Hinckley por una persona ocurrió durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002, que se celebraron en Salt Lake City, Utah. Casi todos los días se reunió con presidentes, embajadores y otros dignatarios. Un día, poco antes de reunirse con el presidente de Alemania, se reunió con una jovencita de 13 años de edad que celebraba su cumpleaños. “[Ella] sufre de anemia aplásica, una enfermedad muy grave”, registró él en su diario. “Tuvimos una agradable visita… Le dije que la tendríamos en nuestras oraciones”13.

El presidente Hinckley tenía un amor especial por los niños y jóvenes de la Iglesia, y estos sentían lo mismo por él. Después de escucharlo hablar en Brasil, una joven expresó: “Sentí intensamente el Espíritu de Dios. Cuando el presidente Hinckley estaba para concluir su discurso, nos dijo: ‘Pueden salir de aquí, irse a casa y olvidar todo lo que he dicho aquí hoy, pero nunca olviden que los amo’. Nunca olvidaré esas palabras”14.

President and Sister Hinckley

La esposa del presidente Hinckley, Marjorie, era a la vez una compañera y una persona que influía en la preocupación que él tenía por los demás. Él escribió en su diario: “Todas las personas que ella conoce parecen amarla por el interés genuino que siente hacia las personas. Se preocupa por sus problemas y sus necesidades. ¡Cuán afortunado soy por tener esa clase de compañera!”15.

Después de que los cinco hijos crecieron, los Hinckley por lo general viajaban juntos, y la hermana Hinckley manifestó su amor alrededor del mundo. Cuando conocía a los misioneros, muchas veces llamaba de sorpresa a los padres de estos al volver a casa. También tenía el don de comunicarse ante grandes congregaciones. “[Marge] sabe decir las cosas que agradan y ayudan a la gente”, anotó el presidente Hinckley después de una conferencia regional. “El resto de nosotros da sermones mientras que ella simplemente habla con ellos”16.

Durante el funeral del presidente Hinckley, uno de sus consejeros, el presidente Henry B. Eyring, hizo un resumen de algunos de sus logros, y luego comentó que todos ellos tenían una cosa en común:

“Siempre tuvieron como fin bendecir a las personas con oportunidades. Siempre pensó en los menos privilegiados, en la persona común y corriente que lucha por hacer frente a las dificultades cotidianas y a los retos de vivir el evangelio de Jesucristo. En más de una ocasión me tocó el pecho con el dedo al hacer yo una sugerencia, y dijo: ‘Hal, ¿has tenido en cuenta a las personas necesitadas?’”17.

President Hinckley with youth
Visión hacia el futuro

La visión profética del presidente Hinckley para el futuro iba unida a su optimismo y a su atención a las personas. Esa visión tenía que ver más profundamente con los templos. Las ordenanzas del templo, recalcó el presidente Hinckley, son “las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer”18.

Cuando pasó a ser Presidente de la Iglesia en 1995, había 47 templos en funcionamiento en todo el mundo. Bajo su liderazgo, la Iglesia logró exceder esa cifra por más del doble en poco más de cinco años. Su visión con respecto a los templos era audaz y expansiva, pero el claro propósito era bendecir a las personas, una por una.

La inspiración para esta nueva era de construcción de templos llegó en 1997, cuando el presidente Hinckley fue a Colonia Juárez, México, para conmemorar el centenario de una escuela de la Iglesia. Después, tras un recorrido largo y arduo, se quedó pensativo. “Reinó el silencio”, recordó su secretario, Don H. Staheli. “Y luego, según lo entendí, la revelación empezó a llegar. En el pasado, él había pensado en templos más pequeños, pero no de la forma en que pensó en ellos en esta ocasión”19.

Más tarde, el presidente Hinckley describió el proceso: “Empecé a preguntarme qué se podía hacer para que fuese posible que esas personas tuviesen un templo… Mientras meditaba en ello, me vino a la mente la idea de que… podemos construir todos los elementos esenciales de un templo en un edificio relativamente pequeño… Tracé un plan… Y acudió a mi mente con toda claridad el panorama entero. Creo con todo mi corazón que fue inspiración, que era revelación del Señor. Llegué a casa y hablé con mis consejeros al respecto, y ellos lo aprobaron; después lo presenté a los Doce, y lo aprobaron”20.

Cuatro meses más tarde en una conferencia general, el presidente Hinckley hizo el anuncio histórico de que la Iglesia comenzaría a construir templos más pequeños en las zonas donde no había suficientes miembros para justificar los grandes. “Hemos tomado la resolución… hermanos, de hacer llegar los templos a las personas y brindarles así todas las oportunidades de recibir las valiosísimas bendiciones que brinda la adoración en el templo” dijo21.

En la próxima conferencia general, el presidente Hinckley hizo otro anuncio histórico, y dijo que los planes seguían adelante para tener 100 templos en funcionamiento a finales del año 2000. “En este programa estamos avanzando a una escala que jamás hemos visto antes”, dijo22. Al dar un informe del progreso de la construcción de templos en abril de 1999, utilizó una frase conocida: “Es una empresa formidable que conlleva muchos problemas, pero no importa las dificultades, las cosas se solucionan y tengo la plena seguridad de que lograremos nuestra meta”23.

President Packer, President Hinckley, Elder Andersen at the Boston Massachusetts Temple

En octubre de 2000, el presidente Hinckley viajó a Boston, Massachusetts, EE. UU. para dedicar el centésimo templo de la Iglesia, uno de los 21 que dedicó ese año en cuatro continentes. Hacia el final de su vida, se terminaron 124 templos y se anunciaron o estaban en construcción otros trece.

Su visión para el futuro lo impulsó a buscar inspiración sobre otras formas de bendecir a los hijos de Dios. Se sentía angustiado por el sufrimiento y la pobreza que vio, de modo que dirigió una considerable expansión de la labor humanitaria de la Iglesia, sobre todo entre aquellos que no son miembros de la Iglesia. También instituyó el Fondo Perpetuo para la Educación para ayudar a los miembros de la Iglesia en los países afectados por la pobreza. De ese fondo, podrían recibir préstamos para costearse la educación que necesitaban para obtener un mejor empleo, lo que les serviría para romper las cadenas de la pobreza y ser autosuficientes. A partir de 2016, más de 80.000 personas habían recibido la oportunidad de recibir educación o formación gracias a los préstamos de ese fondo.

President Hinckley in Ghana
En Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley se encuentran muchos otros ejemplos de la visión profética del presidente Hinckley, tales como “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, y la construcción del Centro de Conferencias.

“Mi testimonio”

Unos días antes de cumplir 91 años, el presidente Hinckley escribió en su diario: “Ya no tengo que plantar nada, pero lo haré. Es mi naturaleza”24. Sin importar la edad que tuviera, ya fuese un joven misionero o un profeta de 97 años de edad, también era su naturaleza sembrar las semillas y retoños del Evangelio en el corazón de las personas de todo el mundo. Durante veinte años prestó servicio como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, y después prestó servicio como consejero de la Primera Presidencia durante catorce años. Cuando llegó a ser Presidente de la Iglesia a los 84 años de edad, la dirigió durante casi trece años de un progreso dinámico.

En el núcleo de toda la vida de servicio del presidente Hinckley radicaba su testimonio de Jesucristo y de Su evangelio restaurado mediante el profeta José Smith. En un discurso de conferencia general intitulado “Mi testimonio”, expresó lo siguiente a través de las lágrimas:

“Pero de todas las cosas por las que me siento agradecido esta mañana hay una que ocupa el lugar más destacado, y es mi testimonio viviente de Jesucristo…

“Él es mi Salvador y mi Redentor. Al haber dado Su vida, con dolor y sufrimiento indescriptibles, Él me ha tendido la mano para sacarme a mí y a cada uno de nosotros, y a todos los hijos y las hijas de Dios, del abismo de oscuridad eterna que sigue a la muerte…

“Él es mi Dios y mi Rey. De eternidad en eternidad, Él reinará y gobernará como Rey de reyes y Señor de señores. Para Su dominio no habrá fin, para Su gloria no habrá noche…

“Con gratitud y con amor inquebrantable, doy testimonio de estas cosas en Su Santo nombre”25.

Notas

  1. Diario personal de Gordon B. Hinckley, 22 de marzo de 1993.
  2. Gordon B. Hinckley, Standing for Something: Ten Neglected Virtues That Will Heal Our Hearts and Homes, 2000, pág. 101.

  3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Gordon B. Hinckley, 2016, pág. 74.

  4. Véase de Jeffrey R. Holland, “El presidente Gordon B. Hinckley: Valiente y denodado”, Liahona, agosto de 1995, Edición especial, págs. 5-6.

  5. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 357.

  6. En Conference Report, octubre de 1969, pág. 113; “No temas, cree solamente”, Liahona, mayo de 1996, págs. 3-4.

  7. Jeffrey R. Holland, “El presidente Gordon B. Hinckley: Valiente y denodado”, Liahona, agosto de 1995, Edición especial, pág. 5.

  8. Diario, 4 de noviembre de 1973.

  9. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, págs. 314–315.

  10. Diario, 22 de mayo de 1996.

  11. Diario, 30 de mayo de 1996.

  12. Diario, 1º de junio de 1996.

  13. Diario, 22 de febrero de 2002.

  14. En “The Prophet Spoke to Youth”, In Memoriam: President Gordon B. Hinckley, 1910–2008 (suplemento de la revista Ensign, marzo de 2008), pág. 15.

  15. Diario, 23 de noviembre de 1974.

  16. Diario, 14 de mayo de 1995.

  17. Henry B. Eyring, en Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 214.

  18. En Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 330.

  19. Transcripción de la historia oral de Don H. Staheli, 2012, pág. 85, Biblioteca de Historia de la Iglesia.

  20. Diario, 6 de marzo de 1999. Esta entrada es un resumen de sus palabras en la primera sesión dedicatoria del Templo de Colonia Juárez, México. El presidente Hinckley había estado considerando el concepto de los templos más pequeños por más de veinte años (véase Enseñanzas: Gordon B. Hinckley,págs. 37, 325–328).

  21. Gordon B. Hinckley, “Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional”, Liahona, enero de 1998, pág. 58.

  22. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, pág. 328.

  23. Gordon B. Hinckley, “La obra sigue adelante”,Liahona, julio de 1999, pág. 4.

  24. Diario, 18 de junio de 2001.

  25. Enseñanzas: Gordon B. Hinckley, págs. 339–340.

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Poner en duda las preguntas de análisis

Enero 2017
Poner en duda las preguntas de análisis
Por Ted Barnes
Departamento del Sacerdocio y la Familia de la Iglesia

Es posible que la pregunta más importante sea la que se hacen los maestros antes de ir a la clase.

Teacher at blackboard

Imagínese que está sentado con unos amigos durante la hora del almuerzo hablando sobre una película que vieron juntos. Entonces uno de sus amigos dice: “¿Quién me puede decir cuál fue la escena más importante de la película?”.

Un poco confundido por la pregunta, usted piensa un momento y sugiere que es probable que la última escena fuera la más importante. “Bien, ese es un buen comentario”, dice su amigo, “pero no es exactamente lo que tenía en mente. ¿Alguien más? Escuchemos a alguien que no haya dicho nada todavía”.

No hablaríamos de esa manera entre amigos, pero por alguna razón parece ocurrir a menudo en las clases de domingo. En vez de analizar verdades del Evangelio de manera natural y cómoda, a veces los maestros decimos cosas que en otros entornos parecerían conversaciones extrañas e incluso reprimidas. Esperamos que los miembros de la clase sientan que están entre amigos y se sientan cómodos al compartir sus pensamientos en cuanto a los principios que están aprendiendo. Tal manera de compartir puede invitar al Espíritu y enriquecer la experiencia de todos.

¿Cómo nos aseguramos que nuestras preguntas lleven a una conversación más natural y significativa? Hay muchas cosas que debemos hacer y otras que debemos evitar, que algunos maestros han encontrado útiles: No formulen preguntas que tengan respuestas obvias. Formulen preguntas que tengan más de una respuesta. No formulen preguntas que sean demasiado personales.

Quizás resulte útil antes de empezar a planificar las preguntas que se harán en clase, formularnos una pregunta nosotros mismos: ¿Por qué estoy formulando preguntas en primer lugar?

¿Por qué formulan preguntas?

La motivación detrás de nuestras preguntas supone una gran diferencia. Por ejemplo, ¿formulamos a veces preguntas porque tenemos algo que decir, pero más bien deseamos que un miembro de la clase lo diga? Con toda razón, no deseamos ser quienes hablamos todo el tiempo, sino que deseamos que se haga énfasis en algún punto en particular, así que a veces formulamos una pregunta que sabemos suscitará la respuesta que deseamos oír. Esta actitud conduce a preguntas que en verdad son declaraciones disfrazadas, como esta: “¿En qué forma el evitar la pornografía les ayudará a mantener pensamientos puros?” o “¿Es importante orar todos los días?”.

Hay circunstancias en las que es perfectamente adecuado formular preguntas que tienen la intención de inspirar una respuesta. Pueden servir para enfatizar un punto o ayudan al maestro a avanzar la lección. Sin embargo, es posible que preguntas como estas no den lugar a un análisis satisfactorio ni a conversaciones inspiradas entre los miembros de la clase.

Por otro lado, si formulamos preguntas porque en verdad deseamos saber lo que hay en la mente, el corazón y la vida de los miembros de nuestra clase, entonces eso se notará en las preguntas que formulemos.

Las preguntas que invitan a los miembros de la clase a una conversación sincera que promueva el aprendizaje espiritual incluyen preguntas como estas: “Al leer este versículo, ¿qué sobresale para ustedes?” o “¿Qué experiencias les ha enseñado a confiar en las promesas del Señor?” o casi toda pregunta que empiece con “¿Qué piensan de…?”.

Consideren estos ejemplos:

• El Espíritu le preguntó a Nefi: “¿Qué deseas tú?” (1 Nefi 11:10).
• El Salvador les preguntó a Sus discípulos: “… ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15).
• Y le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida: … ¿Crees esto?” (Juan 11:25, 26).
Cada una de esas preguntas invitó a alguien a compartir lo que estaba en su corazón. Y en cada caso, lo que siguió fue una experiencia espiritual poderosa.

Las preguntas son una expresión de amor

Créanlo o no, hacer preguntas que fomenten el análisis ocurre en forma natural a casi toda persona, incluso a las personas que no se consideran a sí mismas buenos maestros. Lo hacemos en forma espontánea cada vez que tenemos una conversación significativa con amigos y familiares, o una simple charla a la hora del almuerzo sobre una película favorita, pero cuando nos encontramos ante filas de alumnos a la expectativa, de repente nos olvidamos de todo lo que ocurre en forma natural.

Así que quizás una parte fundamental de formular buenas preguntas es preguntarnos a nosotros mismos: “¿Cómo preguntaría esto si no estuviéramos en un aula, si estuviéramos solo sentados en casa hablando sobre el Evangelio con un grupo de amigos? ¿Cómo los invitaría a compartir sus ideas y sentimientos?”. Enseñar no es exactamente como una conversación casual entre amigos, pero tienen una cosa en común: los debe motivar el interés sincero y el amor genuino.

Así que no se preocupen si todavía no son expertos en crear preguntas bien formuladas. Incluso si todo lo que puedan hacer es amar a las personas que enseñen, el Espíritu los guiará y mejorarán más y más para saber qué decir. “La caridad nunca deja de ser”, declaró Pablo (1 Corintios 13:8), y eso es cierto incluso en algo tan sencillo como en un maestro que formula preguntas en una clase.

Pueden aprender acerca de seis tipos de preguntas en “Haga preguntas inspiradas”, Enseñar a la manera del Salvador, 2016, págs. 31–32, disponible en Enseñanza.lds.org.

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El propósito de la Sociedad de Socorro

Enero 2017
MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES
El propósito de la Sociedad de Socorro

Estudie este material con espíritu de oración y busque inspiración para saber lo que debe compartir.

Woman helping older man
El propósito de la Sociedad de Socorro es “preparar a las mujeres para las bendiciones de la vida eterna”, dice Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro1. Es mediante la fe, la familia y la ayuda que participamos en nuestra “parte esencial de la obra”2.

La Sociedad de Socorro “es una obra temporal y espiritual”, dice Carole M. Stephens, Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro. “Eso es lo que hicieron las mujeres en la época del Salvador y eso es lo que seguimos haciendo”3.

Cuando miramos a la mujer samaritana en el pozo, quien dejó su cántaro de agua y corrió a decir a los demás que Jesús era un profeta (véase Juan 4:6–42), o a Febe, quien con alegría sirvió a los demás durante toda su vida (véase Romanos 16:1–2), vemos ejemplos de mujeres de la época del Salvador que tuvieron una parte activa en venir a Cristo. Es Él quien abre nuestro camino a la vida eterna (véase Juan 3:16).

Cuando observamos a nuestras hermanas pioneras de Nauvoo, Illinois, que se reunieron en la casa de Sarah Kimball en 1842 para formar su propia organización, vemos los planes de Dios para establecer la Sociedad de Socorro siguiendo los principios del sacerdocio. Después que Eliza R. Snow escribió una constitución, el profeta José Smith la revisó. Él se dio cuenta que la Iglesia no estaba completamente organizada hasta que las mujeres lo estuvieran. Él dijo que el Señor aceptó la ofrenda de ellas pero que había algo mejor. “Organizaré a las mujeres bajo la dirección del sacerdocio y de acuerdo con el modelo de este”4, dijo.

La Sociedad de Socorro no era tan solo otro grupo de mujeres que trataban de hacer el bien en el mundo, era distinto, se trataba de ‘algo mejor’, puesto que se había organizado bajo la autoridad del sacerdocio. Su organización fue un paso necesario en el establecimiento de la obra de Dios sobre la tierra”5.

Escrituras e información adicionales

Doctrina y Convenios 25:2–3, 10; 88:73; reliefsociety.lds.org

Relief Society sealFe, Familia, Socorro

Considere lo siguiente

¿Cómo ayuda la Sociedad de Socorro a las mujeres a cumplir con la función divina que el Padre Celestial tiene para ellas y guiarlas a la vida eterna?

Notas

  1. Linda K. Burton, en Sarah Jane Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday and More March 17”,Church News, 13 de marzo de 2015, news.lds.org.

  2. Linda K. Burton, en Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday”.

  3. Carole M. Stephens, en Weaver, “Relief Society Celebrates Birthday”.

  4. José Smith, en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro , 2011, pág. 14.

  5. Hijas en Mi reino, págs. 18–19.

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Apuntar hacia el centro

Enero 2017
Apuntar hacia el centro
Por el presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Dieter F. Uchtdorf

Recientemente, miré a un grupo de personas practicar el arte de tiro con arco. Con solo mirar, fue claro para mí que si una persona realmente quiere dominar el arco y la flecha, toma tiempo y práctica.

No creo que alguien pueda desarrollar una reputación de ser un arquero hábil al tirar a una pared vacía y luego dibujar los blancos alrededor de las flechas. Debe aprender el arte de encontrar el blanco y tirar al centro del blanco.

Woman shooting bow and arrowPintar blancos

Tirar primero y dibujar el blanco después puede parecer un poco absurdo, pero a veces nosotros mismos imitamos de igual manera ese comportamiento en otras circunstancias de la vida.

Como miembros de la Iglesia, a veces tenemos la tendencia de adherirnos a los programas del Evangelio, temas e incluso doctrinas que parecen interesantes, importantes o agradables para nosotros. Nos sentimos tentados a dibujar blancos alrededor de ellos, haciéndonos creer que estamos apuntando al centro del Evangelio.

Esto es fácil de hacer.

En todas las épocas hemos recibido excelentes consejos e inspiración de los profetas de Dios. También recibimos guía y aclaraciones de varias publicaciones y manuales de la Iglesia. Con facilidad podríamos seleccionar nuestro tema del Evangelio preferido, dibujar un centro del blanco a su alrededor y afirmar que hemos localizado el centro del Evangelio.

El Salvador aclara

Este no es un problema solo de nuestra época. Antiguamente, los líderes religiosos pasaban mucho tiempo catalogando, clasificando y debatiendo cuál de los cientos de mandamientos era el más importante.

Un día, un grupo de eruditos religiosos intentaron hacer participar al Salvador en esa controversia. Le pidieron que pensara en un tema sobre el cual pocos podían ponerse de acuerdo.

“Maestro”, le preguntaron, “¿cuál es el gran mandamiento de la ley?”.

Todos sabemos lo que respondió Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.

“Éste es el primero y grande mandamiento.

“Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

“De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”1.

Presten atención a esta última frase: “De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”.

El Salvador no solo nos mostró el blanco, sino que también determinó cuál es el centro del blanco.

Dar en el blanco

Como miembros de la Iglesia, hacemos convenio de tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo. Ese convenio conlleva de manera implícita el entendimiento de que nos esforzaremos por aprender sobre Dios, lo amaremos, aumentaremos nuestra fe en Él, le honraremos, caminaremos en Su sendero y nos mantendremos firmes como testigos de Él.

Mientras más aprendemos de Dios y sentimos Su amor por nosotros, más nos damos cuenta de que el infinito sacrificio de Jesucristo fue un don divino de Dios. Y el amor de Dios nos inspira a seguir el camino del arrepentimiento verdadero, el cual nos guiará al milagro del perdón. Este proceso nos habilita a tener mayor amor y compasión por quienes nos rodean. Aprenderemos a ver más allá de los prejuicios o etiquetas que ponemos a las personas. Resistiremos la tentación de acusar o juzgar a los demás por sus pecados, defectos, fallas, inclinaciones políticas, convicciones religiosas, nacionalidad o color de la piel.

Veremos a cada persona que conozcamos como hijo de nuestro Padre Celestial: nuestro hermano o nuestra hermana.

Tenderemos una mano a los demás con comprensión y amor, incluso a quienes no son particularmente fáciles de amar. Se nos manda llorar con los que lloran y consolar a los que necesitan de consuelo2.

Y nos daremos cuenta de que no es necesario que nos preocupemos por saber cuál es el blanco correcto del Evangelio.

Los dos grandes mandamientos son el blanco. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas3. Cuando aceptemos esto, todas las otras cosas buenas encajarán.

Si nuestro enfoque central, pensamientos y esfuerzos se centran en aumentar nuestro amor por Dios Todopoderoso y en extender nuestro corazón hacia los demás, podemos saber que hemos encontrado el blanco correcto y que estamos apuntando al centro del blanco, volviéndonos verdaderos discípulos de Jesucristo.

Cómo enseñar con este mensaje

Antes de compartir este mensaje, podría cantar “El amor del Salvador”, (Himnos, nro. 57). Luego considere alentar a quienes visita a reflexionar sobre los “blancos” en sus vidas. Podría hablar sobre maneras de asegurarse de que los dos grandes mandamientos —“[Amar] al Señor tu Dios” y [Amar] a tu prójimo como a ti mismo” (véase Mateo 22:37, 39)— siempre guíen sus acciones. También podría compartir maneras específicas en las cuales usted haya centrado su vida en Cristo y compartir su testimonio de cómo eso lo ha bendecido.

Jóvenes

Una sonrisa puede marcar la diferencia

Girls talking

El presidente Uchtdorf menciona dos metas que debemos tener en nuestras acciones: amar a Dios y amar a nuestros semejantes; aunque a veces simplemente no es fácil amar a los demás. Durante toda tu vida, habrá momentos en que te parezca difícil interactuar con los demás, quizás alguien te haya lastimado o te cueste mucho comunicarte o llevarte bien con alguien. En esos momentos, intenta recordar el amor que has sentido de los amigos, la familia, el Padre Celestial y Jesucristo. Recuerda el gozo que sentiste en esas situaciones e intenta imaginar si todo el mundo tuviera la oportunidad de sentir ese amor. Recuerda que cada persona es hija o hijo de Dios y que merece tanto de Su amor como del tuyo.

Piensa en personas específicas de tu vida con quienes hayas tenido dificultad para llevarte bien. Inclúyelas en tus oraciones y pide al Padre Celestial que abra tu corazón a ellas. Pronto comenzarás a verlas como Él lo hace: como uno de Sus hijos que merece amor.

Después que hayas orado, ¡haz algo lindo por ellas! Quizás podrías invitarlas a una actividad de la Mutual o a salir con amigos. Ofrece tu ayuda para una tarea escolar. Incluso simplemente di “hola” y sonríeles. Las cosas pequeñas pueden marcar una gran diferencia… ¡en la vida de ambos!

Niños

¡El centro del blanco!

targets

El presidente Uchtdorf dice que el Evangelio es como una práctica de tiro al blanco. Necesitamos apuntar a las cosas más importantes. Los dos mandamientos más importantes son amar a Dios y amar a los demás. Si nos centramos en estas dos cosas, ¡podemos dar en el centro del blanco todo el tiempo!

Dibuja una flecha en los blancos que nos ayudan a demostrar amor a Dios y a los demás. Dibuja una X sobre los blancos de cosas que no es bueno hacer.

Compartir tus juguetes

Robar golosinas

Ir a la Iglesia

Llamar a alguien por un nombre malo

Decir tus oraciones

Dar un abrazo a alguien

Pelear con tus hermanos

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La Luz y la Vida del Mundo

Devocional de Navidad de 2014
“La Luz y la Vida del Mundo”
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Estoy agradecido al presidente Thomas S. Monson por la invitación de representar a la Primera Presidencia de hablar en este devocional de Navidad. Me sumo al agradecimiento de las palabras del presidente Dieter F. Uchtdorf por la grandiosa música del Coro del Tabernáculo Mormón y de la orquesta.

Esta tarde nuestro corazón se ha acercado al Salvador y nuestro compromiso de seguirlo se ha fortalecido. Las hermosas luces colocadas en el Centro de Conferencias son un símbolo del gozo que hemos sentido.

El Salvador vino al mundo con luz diseñada para confirmar y celebrar Su llegada. Ustedes recuerdan el relato:

“Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños.
“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
“Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:
“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor…
“Y aconteció que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron los unos a los otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado”(1).

Esa noche, fueron atraídos para ir al Salvador. Lo que vieron con sus ojos físicos, en el establo, fue a un pequeño bebé. Lo que fueron a verificar era visible sólo mediante sentimientos espirituales. Sabemos que la Luz de Cristo es una influencia que podemos reconocer por sus efectos:

El Salvador dijo:

“Porque he aquí, soy yo el que hablo; he aquí, soy la luz que brilla en las tinieblas, y por mi poder te doy estas palabras.
“Y ahora, de cierto, de cierto te digo: Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente, a andar humildemente, a juzgar con rectitud; y éste es mi Espíritu.

“De cierto, de cierto te digo: Te daré de mi Espíritu, el cual iluminará tu mente y llenará tu alma de gozo”(2).

Sentí esa clase de luz, gozo y deseo de hacer el bien cuando nació nuestra primera bisnieta. Al verla, pensé: “Parece resplandecer con una belleza que no creí que fuese posible”. Al instante me di cuenta de que la belleza que vi y el resplandor que sentí al ver su rostro provinieron de su pureza y, a mi modo de ver, de la Luz de Cristo.

Es importante que confíen en esa valiosa capacidad de ver más de lo que ven los ojos físicos. No requiere que se haya recibido el don del Espíritu Santo. Por ejemplo, en Utah teníamos una vecina que era viuda, un viuda mayor. Durante años, los miembros de nuestro barrio la incluían para confeccionar acolchados y otras actividades. Ella disfrutaba de su amistad, pero no demostraba interés en el Evangelio restaurado.

Me contó que un domingo, después de que se mudó a Nevada, regresó a su apartamento, sintiéndose triste, desanimada y sola. Sonó el timbre de la puerta.

Ella describió lo que ocurrió: “Abrí la puerta, preguntándome quién sería; y allí, a la entrada, vi a dos hermosas mujeres, una al lado de la otra. Y pensé que vi que llevaban una aureola sobre la cabeza”.

Eran las misioneras que habían ido porque mi esposa amaba a esa viuda lo suficiente para pedirle a un presidente de misión que le brindara el don del Evangelio de Jesucristo a su amiga.

Viajé a Las Vegas para bautizar y confirmar a esa viuda. Y mi esposa y yo fuimos sus acompañantes cuando entró al templo por primera vez. En todos aquellos sagrados momentos en los que se concertaron convenios, me pareció ver que la rodeaba un resplandor, así como me sentí cuando vi con amor a mi primera bisnieta.

Ustedes han tenido momentos como esos cuando sintieron el Espíritu de Cristo, como podrán sentirlo en este momento. Es porque estas palabras son verdaderas: “Toda persona que anda sobre la tierra, no importa donde viva ni en qué nación haya nacido, sea rico o pobre, ha recibido al nacer el don de esa primera luz que llamamos la Luz de Cristo, el Espíritu de la Verdad, o el Espíritu de Dios; esa luz universal de inteligencia con que toda alma ha sido bendecida”(3).

Tal vez hayan sentido la Luz de Cristo esta noche en este devocional, el propósito del cual es recordar y celebrar el nacimiento de Jesucristo. Todos hemos sentido una influencia de desear ser bondadosos, o de ayudar a alguna persona necesitada. Todos hemos sentido un mayor deseo de alejarnos de la maldad, y cada uno hemos sentido un deseo de ser menos orgullosos, jactanciosos o críticos— ser más como el Salvador.

Al haber sentido el amor puro de Cristo, hemos percibido más Su amor por los demás. La caridad es el amor puro de Cristo. Lo que estemos sintiendo en este momento es únicamente un comienzo. El Señor nos prometió a cada uno un futuro glorioso de este modo: “Lo que es de Dios es luz; y el que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto”(4).

Algunos que estén viendo y escuchando esta tarde fueron atraídos para estar con nosotros con la esperanza de que pudieran hallar paz al enfrentarse a los pesares de las enfermedades y la muerte que acompañan a la vida mortal, a nosotros y a los que amamos. Testifico que Jesucristo “es la luz y la vida del mundo; sí, una luz que es infinita, que nunca se puede extinguir; sí, y también una vida que es infinita, para que no haya más muerte”(5).

El presidente Thomas S. Monson, el profeta del Señor hoy día, nos ha asegurado: “Con toda la fuerza de mi alma, testifico que Dios vive, que Su Amado Hijo es las primicias de la resurrección y que el Evangelio de Jesucristo es la luz radiante que hace de cada amanecer sin esperanza una mañana gozosa”6. Agrego mi humilde testimonio al de él.

Notes

  1. Lucas 2:8–11, 15.
  2. Doctrina y Convenios 11:11–13.
  3. Stand Ye in Holy Places: Selected Sermons and Writings of President Harold B. Lee (1974), pág. 115.
  4. Doctrina y Convenios 50:24.
  5. Mosíah 16:9.
  6. Thomas S. Monson, “A la mañana vendrá la alegría”, Liahona, abril de 2007, pág, A2.

 

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La condescendencia de Dios y del hombre

Devocional de Navidad de 2014
“La condescendencia de Dios y del hombre”
Élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Es una historia que nunca nos cansamos de oír:

“Y aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
“E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.
“Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David,
“para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta.
“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días en que ella había de dar a luz.
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”(1).

Nos parece increíble que el mismo Hijo de Dios, el gran Jehová de antaño, naciera en este mundo terrenal en la más humilde de las circunstancias. Un mesón habría sido lo suficientemente modesto, pero no era ni siquiera un mesón; más bien, era un establo, y al bebé lo recostaron en el heno del establo donde los animales se alimentaban. Aun así, la mayor condescendencia es que Jesús hubiese estado siquiera sujeto a la mortalidad, incluso si hubiese nacido en las mejores y más elegantes de las condiciones. Al igual que Pablo, nos maravillamos que “Dios, [enviase] a su Hijo en semejanza de carne de pecado”(2), que hubiese venido como un bebé; que hubiese sido un niño y después un hombre, sufriendo “tentaciones, y dolor en el cuerpo, hambre, sed y fatiga”(3) e incluso muerte.

¿Cómo es que Aquél que gobernó en las alturas de los cielos, el mismo Creador de la tierra, consintió nacer “según la carne”(4) y andar en el escabel de sus pies(5) en pobreza, menospreciado y maltratado, y al final crucificado? ¿Cuál es la razón de esta inconcebible degradación? Jesús explicó: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió…Y ésta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”(6). Fielmente, Jesús soportó todo lo que fue necesario en la vida y en la muerte para expiar, redimir y establecer un modelo celestial para los hijos de Dios: para nosotros.

Era esencial que el Hijo de Dios naciera en la carne y descendiera por debajo de todas las cosas(7) a fin de que pudiese “redimir todas las cosas”(8). Al hablar de ello, Pablo dijo que Jesús “había descendido primero a las partes más bajas de la tierra… para [cumplirlo] todo”(9). Después, “subiendo a lo alto, llevó cautivos a los cautivos”(10). En la revelación de los últimos días, leemos que “quien ascendió a lo alto, [es] también [quien] descendió debajo de todo, por lo que comprendió todas las cosas, a fin de que estuviese en todas las cosas y a través de todas las cosas, la luz de la verdad, la cual verdad brilla. Ésta es la luz de Cristo” (11).

Jesús fue el Primogénito entre los espíritus y el Hijo Unigénito de Dios en la carne. Aunque no somos “engendrados de Dios en la carne”, somos, al igual que Jesús, hijos de Dios procreados en espíritu. Por tanto, nuestro nacimiento en la vida terrenal es también semejante a una condescendencia, y, así como la de Cristo, tiene un noble propósito. Así como Jesús, nosotros descendimos de los cielos para hacer la voluntad de Aquél que nos envió, y para lograr, con la gracia de Cristo, la inmortalidad y la vida eterna(12). ¿No sería importante para nosotros que al procurar “[ascender] a lo alto”, también descendiéramos por lo menos por debajo de algunas cosas a fin de que comprendiésemos mejor y fuésemos más como Cristo? Si Jesús necesitó ciertas experiencias, ¿necesitaríamos también nosotros algunos desafíos y pruebas “para que [nuestras] entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne [sepamos] cómo [socorrernos los unos a los otros], de acuerdo con [nuestras] enfermedades?”(13)

Mientras era prisionero en la cárcel de Liberty, Misuri, el Señor le reveló a José Smith algunas de las cosas que aún tenía que padecer, y después dijo: “…todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien. El Hijo del Hombre ha descendido debajo de todo ello. ¿Eres tú mayor que él?”(14)

En esta época, recuerdo la conmovedora experiencia que tuvo Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, en un tiempo de su vida cuando era un joven padre:

Trabajaba en la oficina de diezmos de la Iglesia, desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche todos los días, por lo cual recibía tres dólares por día en crédito de diezmos. Esto significaba que podía ir a la tienda de diezmos y canjear su certificado por harina, carne o melaza. Al menos la familia tenía alimentos [aunque muy poco o casi nada de dinero]. Él describió cómo se sentía en aquella época cuando añoraba brindarle a la familia una Navidad maravillosa. Él dijo:

“Salí de casa con sentimientos que no puedo describir. Deseaba hacer algo por mis [hijos] para que se sintieran contentos y destacar el día de Navidad entre todos los demás días, ¡pero no tenía ni un centavo con qué hacerlo! Anduve de aquí para allá por la calle principal, mirando los escaparates de las tiendas y entré en cada una de las tiendas… pero luego me escabullí de las miradas de la gente y me senté a llorar como un niño hasta que las lágrimas de pesar que derramé me aliviaron el dolor que me oprimía el corazón; después de un rato volví a casa, con las manos tan vacías como cuando había salido, y me puse a jugar con mis hijos, agradecido y feliz sólo por ellos”(15).

Joseph F. Smith se crió sin su padre, Hyrum Smith y, en su juventud, algunas veces era áspero e indisciplinado. No puedo evitar pensar que esa experiencia junto con otras, sirvieron para transformarlo en el hombre fuerte, tierno y espiritualmente sensible que llegó a ser. Al igual que el Salvador, “…aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”(16).

Si constantemente confiamos en “los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías”(17) y acudimos a Él en todo pensamiento(18), lo que suframos también nos llevará a ser mejores; pero esto no es todo. Al igual que las experiencias del Salvador en la vida mortal tenían un propósito redentor, nuestras experiencias, en especial las difíciles, nos prepararán y capacitarán para elevarnos y ayudar a redimírnoslos unos a los otros.

En la Navidad, cuando meditamos en el nacimiento de Jesús y en Su ejemplo de servicio constante, tenemos la tendencia de valernos de nuestros propios recursos para bendecir y liberar a los demás. Son innumerables los relatos de personas que se ayudan y se bendicen mutuamente durante la Navidad; y ésa es ciertamente una de las razones principales por la que nos regocijamos tanto en esta época de festividades.

Una de esos relatos tuvo lugar hace sólo unas semanas en West Jordan, Utah. El pequeño de cuatro años Ethan Van Leuven había padecido una forma aguda de leucemia desde que tenía dos años. Lo habían tratado con una droga experimental, radiación y un trasplante de médula. Aunque el cáncer estuvo en remisión por un tiempo, para octubre de este año ya estaba fuera de control y ya no lo podían tratar.

Los padres de Ethan, Merrill y Jen, se dieron cuenta de que perderían a su pequeño en poco tiempo. “Quiero que sepa que estoy muy orgulloso de él”, dijo Merrill, “por luchar con esto, y en medio de todo este desafío, por ser un ejemplo de fe y fortaleza para mí”(19).

Se aproximaba la “noche de las brujas” a finales de octubre, el cumpleaños de Ethan era en noviembre, y su época favorita, la Navidad, sería el mes siguiente. Cuando fue obvio que Ethan no viviría el tiempo suficiente para disfrutar ninguna de ellas por última vez, los miembros de su barrio y estaca, y otros vecinos y amigos, se juntaron para efectuar todas esas celebraciones para Ethan en una semana: la noche de las brujas el martes, una celebración de cumpleaños el jueves, Nochebuena el viernes, y el día de Navidad el sábado. Los padres de Ethan, que muchas veces habían ayudado a otros, ahora aceptaban gentilmente la ayuda que tantas personas deseaban brindar.

“Nochebuena” el 24 de octubre, incluyó a Papá Noel (Santa Claus) que llegó a casa de la familia Van Leuven en un camión de bomberos. Algunos dieron regalos, como el niño de trece años, que no era conocido de la familia, y que donó su colección de animales de peluche que le había costado años coleccionar. Una estación local de radio tocó música navideña durante tres horas para Ethan y la familia. Más de 150 personas se presentaron en el jardín frente a la casa de los Van Leuven para cantar villancicos, y los miembros del barrio hicieron la presentación en vivo de la Natividad, con todo y un bebé que representaba al niño Jesús. Llevaron a la familia a dar un paseo por el vecindario en un tractor para que pudiesen admirar las casas, que los vecinos habían decorado con luces navideñas.

Por último, Ethan y su familia regresaron a casa para tener una celebración privada de “Nochebuena” y de su “día de Navidad” el sábado, dando por terminada su semana de celebraciones. Ethan falleció tres días después, dejando atrás a una familia y a una comunidad enriquecidas por el ejemplo que les dio, y por sus propios actos de amor y de servicio para hacer felices los últimos días de un niño enfermo(20).

Así pues, durante la Navidad, los relatos de sacrificio y de servicio se multiplican por el mundo. Nuestros regalos y servicio alegran los corazones; la bondad de otros derrama el bálsamo sanador en nuestras propias heridas. Es vivir a la manera del Salvador. Y ya que, al igual que Él, vinimos de los cielos para hacer la voluntad del Padre, no debe ser solamente un acontecimiento anual, sino más bien el modelo de nuestras vidas. En todo lo que sirve para profundizar nuestra empatía, ampliar nuestro entendimiento y purificar nuestra alma, la declaración del Señor nos da la seguridad: “En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo”(21).

Siento gozo al dar testimonio del nacimiento, de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo, e invoco Sus bendiciones sobre todos esta Navidad, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Lucas 2:1, 3–7.
  2. Romanos 8:3.
  3. Mosíah 3:7.
  4. 1 Nefi 11:18.
  5. Véase 1 Nefi 17:39.
  6. Juan 6:38, 40.
  7. Véase Alma 7:11–13.
  8. Doctrina y Convenios 77:12.
  9. Efesios 4:9–10.
  10. Efesios 4:8.
  11. Doctrina y Convenios 88:6–7.
  12. Véase Moisés 1:39.
  13. Alma 7:12.
  14. Doctrina y Convenios 122:7–8.
  15. Laura F. Willes, Christmas with the Prophets(2010), 63–64; quoting Joseph F. Smith, “Christmas and New Year”, Improvement Era,enero de 1919, págs. 266–67.
  16. Hebreos 5:8.
  17. 2 Nefi 2:8.
  18. Véase Doctrina y Convenios 6:36.
  19. Merrill Van Leuven, in Shara Park and Whitney Evans, “‘Overwhelming’ community support for little boy with cancer,” 24 de octubre de 2014, http://www.ksl.com/index.php?nid=148&sid=32083427.
  20. Véase de Amber Clayson, “Community celebrates holidays for cancer-stricken boy,” 31 de octubre de 2014; deseretnews.com/article/865614333/Community-celebrates-holidays-for-cancer-stricken-boy; véase también de Whitney Evans, “West Jordan boy loses battle with leukemia, but wins hearts of community,” 29 de octubre de 2014; http://www.deseretnews.com/article/865614148/West-Jordan-boy-loses-battle-with-leukemia-but-wins-hearts-of-community.
  21. Juan 16:33.
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La Navidad es amor semejante al de Cristo

Devocional de Navidad de 2014
“La Navidad es amor semejante al de Cristo”
Por la hermana Bonnie L. Oscarson
Presidenta general de las Mujeres Jóvenes

¡Feliz Navidad a todos! Es una época mágica del año en la que suceden milagros, se ablandan corazones y el amor puro de Cristo se siente y experimenta como en ninguna otra época del año. Es cuando celebramos el nacimiento de Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios en la carne. A nuestro alrededor vemos representaciones de las humildes circunstancias del nacimiento de Jesús: un establo con animales, una virgen hermosa y joven, un esposo preocupado y compasivo y, sobre todo, un pequeño bebé, distinto a cualquier otro bebé nacido en la tierra. El presidente Gordon B. Hinckley citó en una ocasión a E. T. Sullivan, quien dijo: “Cuando Dios quiere hacer una obra grande o remediar un gran mal en el mundo, lo hace de una manera muy curiosa; no provoca grandes terremotos ni envía rayos. En lugar de ello, hace que nazca un niño indefenso… entonces Él espera. Los terremotos y los rayos no son las fuerzas mayores en el mundo. Las fuerzas más poderosas del mundo son los niños”(1).

Observen la gran paciencia que Dios el Padre tiene al dejar que se desarrolle el plan que tiene para Sus hijos. El Salvador del mundo no vino a la tierra con una gran muestra de poder y majestuosidad, Él vino como un niño indefenso. El niño Jesús fue por supuesto “una fuerza poderosa del mundo”; no obstante, nació en un modesto establo y Su cama fue un pesebre con paja. “Por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios”(2). Sin embargo, según la tradición, Él compartió el lugar en el que nació con ovejas y bueyes. Llegaría a ser el Salvador de toda la humanidad, y a pesar de ello, no hubo lugar en el mesón para Su madre y su ansioso esposo. Él es el Redentor de todos nosotros, y aún así, los primeros en ir a verlo fueron humildes pastores. Hay mucho en torno a lo que ocurrió entonces, lo cual podemos meditar y considerar con asombro.

Para mí, uno de los grandes milagros del relato de la Navidad es el amor que refleja. Primero, está el amor que nuestro Padre Celestial tiene por Sus hijos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”(3). Ése es el amor que el Salvador siente por cada uno de nosotros. “Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos”(4). El amor de Dios se ha descrito como: “el amor más fuerte, más noble”(5) “y el de mayor gozo para el alma”(6). Ese espíritu de amor e interés parece ser particularmente fuerte durante la época navideña.

Hace unos años, una de nuestras hijas vivía en Connecticut. Una noche, asistió a una reunión de la Sociedad de Socorro en la cual se invitó a todas a contar un relato de la vida de uno de sus antepasados. Ella escuchó el relato de una hermana de nombre Donna que tuvo gran significado para su familia a lo largo de los años y que tenía que ver con un pequeño acto de bondad hecho durante la Navidad. Mi hija se sorprendió al escuchar que el nombre de la persona que había mostrado bondad era el de su propio tatarabuelo. Fue una dulce experiencia cuando nuestra hija y Donna compartieron notas después de la reunión y vieron la influencia que sus antepasados habían tenido en la vida de ellas.

Con el permiso de Donna, quisiera narrar una parte de su relato. Tuvo lugar en un pequeño poblado de Utah en diciembre de 1901 y se trata de una familia compuesta de la madre, el padre y ocho hijos. Había sido un año difícil debido a que uno de los hijos estaba mal de salud, lo cual agotó los recursos de la familia y la energía de la madre. En Nochebuena, la madre dijo a sus emocionados hijos que Papá Noel no iba a llegar ese año. Ella simplemente no había podido administrar el dinero ni su energía para hacer algo para darles a sus hijos en Navidad. Los hijos mayores aún tenían esperanzas y el mayor de ellos comenzó a colgar medias en la repisa. Su madre le dijo con tacto que Santa no iba a llegar, pero el chico insistió en que ella estaba equivocada. Finalmente, la madre sugirió que en lugar de colgar medias pusieran un plato para cada integrante de la familia sobre la mesa. Eso dio a los hijos la tranquilidad de que recibirían algo y se fueron a dormir.

En la mañana de Navidad, los niños se despertaron, se vistieron y se dirigieron con ansiedad al comedor para ver sus regalos. En sus platos encontraron un enorme pepinillo en vinagre. Los ojos se les llenaron de lágrimas de desilusión y regresaron a su habitación para que nadie se diera cuenta de su llanto. Su madre se enteró y les dijo: “Niños, no tenía ninguna otra cosa y no soportaba la idea de dejar vacíos sus platos”. La voz se le quebró, pero continuó con valentía: “Tenemos mucho que agradecer”. El padre se unió a la conversación y les recordó que habían sido bendecidos con muchas cosas, como una familia amorosa, la mejor salud de la que gozaban los que habían estado enfermos y la comida que tenían en la mesa. El espíritu se les levantó a medida que comenzaron a celebrar el día. El hijo mayor golpeó la mesa y se sorprendió al encontrar diez centavos cerca de su plato. Estaba convencido de que Papá Noel había llegado y les había dejado diez centavos para comprar dulces. Se puso el abrigo y salió corriendo.

Todas las tiendas estaban cerradas; sin embargo, Jed Stringham, quien regentaba la tienda de comestibles del pueblo, vivía al lado de la tienda. El muchacho llamó a la puerta de Jed y se disculpó por molestarlo en el día de Navidad, pero le explicó que Papá Noel les había dejado diez centavos y que tenía la esperanza de que el hermano Stringham abriría su tienda para venderle dulces para sus hermanos menores.

Jed respondió: “Por supuesto; ven conmigo”. Cuando el chico llegó a casa, llevaba una enorme bolsa y con emoción explicó que el hermano Stringham había puesto una cucharada de cada bandeja de dulces, desde caramelos duros hasta de los mejores. Se la dio y le dijo: “Lleva estos diez centavos de dulces a casa para los niños y cómete algunos tú también”. Era obvio que Jed Stringham había sido muy generoso y que le había dado mucho más que diez centavos de dulces. Hubo suficiente para el deleite de todos los niños. Los hijos recuerdan que su madre dijo: “Que Dios bendiga al hermano Stringham”. Lo que él hizo no fue un sacrificio enorme y requirió poco esfuerzo, pero el relato de la moneda milagrosa de diez centavos y los dulces del hermano Stringham fue de suficiente importancia para la familia y se ha contado una y otra vez en la familia de Donna durante años(7). A veces, las cosas pequeñas son las que tienen más significado.

Cuando nuestra hija Emily escuchó el relato, reconoció el nombre de Jed Stringham, quien fue su tatarabuelo, y se sintió conmovida por el hecho de que no sólo abrió la tienda sino también su corazón con ese sencillo acto de bondad en esa memorable mañana de Navidad. Nuestra familia nunca había escuchado ese relato y ahora nos sentimos bendecidos porque hemos recibido una copia, la cual pasará a ser parte de nuestra historia familiar. Nos recuerda a ambos lados de nuestra familia que aquellos que han hecho convenios de ser testigos del Salvador del mundo siempre deben esforzarse por ser generosos con su tiempo y sus medios para bendecir la vida de los que les rodean, sobre todo en Navidad, cuando el corazón de los hijos y los padres está más sensible.

El espíritu de la Navidad nos hace ser más caritativos, considerados y amables. En las Escrituras se nos enseña que: “toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios”(8). Ese sentimiento que invita hasta al alma del más cascarrabias a mostrar bondad fraternal en la época navideña, proviene de Dios. ¿Cuánto más amor y compasión tienen en esta época los que ya procuran llegar a ser como el Salvador? El espíritu de la Navidad es amor semejante al de Cristo. La manera de aumentar el espíritu de la Navidad es tender la mano con generosidad a los que nos rodean y dar de nosotros. Los mejores regalos no son cosas materiales, sino los regalos como escuchar, mostrar bondad, recordar, visitar, perdonar y dar tiempo. De mi bisabuelo Stringham he aprendido que, a veces, son los actos pequeños y sencillos los que tienen un mayor impacto.

Al celebrar en esta época el nacimiento de Jesucristo, celebremos también todo lo que simboliza Su nacimiento, en particular el amor. Si vemos pastores, recordemos ser humildes. Si vemos reyes magos, recordemos ser generosos. Si vemos la estrella, recordemos que es la luz de Cristo la que da vida y luz a todas las cosas. Si vemos a un bebé, recordemos amar incondicionalmente, con ternura y compasión. Que podamos abrir la puerta de nuestro corazón y tender la mano a los que viven en soledad, en el olvido o que son pobres de espíritu. Al contemplar el ejemplo y el sacrificio infinito del Salvador, consideremos la forma en que podamos ser más semejantes a Cristo en nuestra relación con nuestros familiares y amigos, no sólo en esta época, sino durante todo el año.

Ruego que estemos llenos del espíritu y del amor de esta época navideña. Testifico que tenemos un Padre Celestial amoroso cuyo plan de felicidad para nosotros es la máxima expresión de amor. Que podamos recordar que, en su momento, nos regocijamos(9) al comprender ese plan. Testifico que Jesucristo, cuyo nacimiento y misión honramos y celebramos, es la luz del mundo, nuestro Salvador y Redentor, nuestra esperanza, nuestra ancla y el autor de nuestra salvación. Hay un gozo singular en ese conocimiento. Que todos podamos sentir en abundancia el amor del Salvador en esta época navideña, en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. En Charles L. Wallis, ed., The Treasure Chest, 1965, pág. 53, según lo citó Gordon B. Hinckley, “Éstos, nuestros pequeñitos”, Liahona, diciembre de 2007.
  2. Doctrina y Convenios 76:24.
  3. Juan 3:16.
  4. Juan 15:13.
  5. Guía para el estudio de las Escrituras, “Caridad”.
  6. 1 Nefi 11:23.
  7. Relato familiar no publicado, “The Christmas I Remember Best”, por Lydia Ethel Tuttle Atkin y Donna Ramos. Utilizado con permiso.
  8. Moroni 7:16.
  9. Véase Job 38:7.
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El relato de la Navidad es un relato familiar

Devocional de Navidad de 2014

El relato de la Navidad es un relato familiar

Por el élder Richard J. Maynes
De la Presidencia de los Setenta



Parece ser inevitable que la época navideña evoque los sentimientos más dulces y amorosos hacia el Salvador y Su familia terrenal. El relato de la Navidad es un relato familiar. De hecho, los relatos del nacimiento de Cristo que tenemos en el Nuevo Testamento, especialmente en Mateo y Lucas, bien pueden ser el relato mejor documentado que jamás se haya registrado de la historia de una familia. No se trata solamente de un registro genealógico extenso y detallado, sino que tal vez en ningún otro lugar de la literatura, ya sea religiosa o secular, exista un relato más dulce y conmovedor de unidad, sacrificio, amor y servicio familiar.

El relato de la Navidad es un relato familiar que une el cielo con la tierra. Cada miembro de la familia terrenal de Jesús: María, José y Jesús, se levanta como un ejemplo divino de la dádiva de Navidad de Dios para toda la humanidad. El relato de la Navidad debería motivarnos espiritualmente para emular los atributos de esta sagrada familia. Esta familia estaba unida en procurar la gloria de Dios; unida en servir el uno al otro, unida para cumplir la voluntad de Dios y unida en sacrificio, obediencia y amor. Esta sagrada familia nos brinda un modelo de atributos que, al ser emulados por nuestras familias, nos permitirán disfrutar de las mismas bendiciones de unidad y amor que ellos disfrutaron. Seguir leyendo

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Gloria a Dios

Devocional de Navidad de 2013
Gloria a Dios
Por el élder Ronald A. Rasband
De la Presidencia de los Setenta

Feliz Navidad, mis queridos hermanos y hermanas, agradezco a la Primera Presidencia esta oportunidad especial de compartir mis sentimientos acerca de la sagrada temporada navideña y del nacimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

No me canso de escuchar los mensajes de la Navidad que empiezan con el nacimiento del niño Jesús en Belén de Judea.

Isaías habló de ese evento más de 700 años antes: “He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emanuel”(1).

El rey Benjamín profetizó: “Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre del cielo y de la tierra, el Creador de todas las cosas desde el principio; y su madre se llamará María”(2).

El profeta Nefi escuchó una voz que decía: “mañana vengo al mundo”(3).

Al día siguiente, al otro lado del océano, nació el niño Cristo. Sin duda alguna Su madre, María, veía maravillada a este recién nacido, el Unigénito del Padre en la carne.

En las colinas de Judea que rodean Jerusalén, Lucas nos cuenta de los pastores que se encontraban en sus campos(4). No eran pastores comunes, sino “hombres justos y santos” que darían testimonio del niño Cristo(5)

“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
“Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:
“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”…
“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían:
“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”(6).

Imaginen la escena en Judea —el cielo lleno de hermosas estrellas y coros celestiales señalando este singular evento. Los pastores luego, se dirigieron “de prisa”(7) a ver al niño acostado en el pesebre. Más tarde “dieron a conocer”(8) lo que habían visto.

Cada año en la Navidad testificamos, igual que los pastores, que Jesucristo, el Hijo literal del Dios viviente, vino a este rincón de la tierra que llamamos Tierra Santa.

Los pastores reverentemente se acercaron al establo para adorar al Rey de Reyes. ¿Cómo lo adoraremos esta vez? ¿Comprando incesantemente? ¿Dándonos prisa y decorando nuestras casas? ¿Será ése nuestro homenaje a nuestro Salvador? O ¿llevaremos paz a los corazones atribulados, buena voluntad a aquellos que necesitan de un mejor propósito, gloria a Dios en nuestra buena disposición de hacer Su voluntad? Jesús lo dijo sencillamente: “ven [y] sígueme”(9).

El evangelio de Jesucristo, restaurado por medio del profeta José Smith, ha tenido un efecto positivo en el mundo. He sido testigo personal del fervor de aquellos que han adoptado Su sagrada palabra desde las islas del mar hasta la inmensidad de Rusia.

Algunos de nuestros antepasados se encontraban entre los santos que se reunieron en Sión. Una mujer, Hannah Last Cornaby, se estableció en Spanish Fork, Utah. En esos días difíciles la Navidad se celebraba en ocasiones con una preciosa naranja, un juguete de madera o quizás una muñeca de trapo—pero no siempre. Hannah escribió el 25 de diciembre de 1856:

“Llegó la Navidad y mis pequeños, con su fe de niños, colgaron sus medias, preguntándose si [las medias] se [llenarían]. Con mucha pena, la cual disimulé, les aseguré que no serían olvidados; se fueron a la cama llenos de gozosa anticipación esperando que llegara la mañana.

Al no tener azúcar, no sabía qué hacer. Sin embargo ellos no debían sentirse decepcionados. Luego recordé una calabaza que tenía y que cocí, retirando todo el líquido; luego de cocerla por un par de horas, hice un jarabe dulce. Con esto y unas especias, hice una masa de jengibre, luego la corté en distintas formas y las horneé en una parrilla (ya que no tenía estufa) y llené sus medias con las galletas, las que los complacerían tanto como los mejores dulces lo harían”(10).

Entre líneas en esta historia se lee el relato de una madre que trabajó durante toda la noche sin tener siquiera una estufa para facilitar su tarea. Sin embargo, estaba decidida a dar gozo a sus hijos, reforzar su fe, reafirmar en su hogar, “¡oh, qué gozo y paz!”(11) ¿No es éste el mensaje de la Navidad?

El presidente Monson enseña: “Disponemos de oportunidades ilimitadas para dar de nosotros mismos, aunque también son perecederas. Hay corazones que alegrar, palabras amables que decir, regalos que dar”(12).

Siempre que actuemos de acuerdo con el Señor—al hacer Su voluntad, edificando a los que nos rodean— estamos testificando que Él vive y que nos ama, sin importar nuestros desafíos temporales.

Otra gran alma en la historia de la Iglesia es el converso escocés John Menzies Macfarlane. Se unió a la Iglesia junto con su madre viuda y su hermano, y los tres viajaron a Salt Lake en 1852. Él tenía 18 años. Con los años, se convirtió en topógrafo, constructor y hasta juez distrital, pero lo que lo distinguió fue la música.

Él organizó su primer coro en Cedar City y lo llevó por el sur de Utah. Después de su presentación en St. George, el élder Erastus Snow, apóstol y líder de la colonia, lo alentó a que se mudara a la comunidad del sur de Utah y trajera consigo a su familia y su música.

Eran tiempos difíciles en 1869 y el élder Snow pidió al hermano Macfarlane que presentara un programa navideño que elevara el espíritu de las personas. El hermano Macfarlane deseaba tener una pieza musical nueva e interesante para el acontecimiento. Aun cuando intentó componerla, no lograba nada. Oró rogando inspiración y oró de nuevo. Luego, una noche, despertó a su esposa y le dijo: “Tengo la letra para una canción y creo que la música también”. Corrió al teclado de su pequeño órgano y tocó la melodía, escribiéndola mientras su esposa sostenía la luz titilante de un trozo de franela que flotaba en un cuenco de grasa. La letra y la música fluyeron:

En la Judea, en tierra de Dios,
fieles pastores oyeron la voz:
¡Gloria a Dios,
gloria a Dios,
gloria a Dios en lo alto!
¡Paz y buena voluntad!
¡Paz y buena voluntad!(13)

El hermano Mcfarlane nunca había estado en Judea para ver que las tierras eran más bien laderas rocosas, pero el inspirado mensaje de su música salió de su alma como testimonio del nacimiento del Salvador en Belén de Judea, un inicio que cambiaría para siempre al mundo(14).

Testifico que nuestro Padre Eterno vive. Su plan de felicidad bendice profundamente la vida de cada uno de Sus hijos en todas las generaciones. Sé que Su Amado Hijo, Jesucristo, el niño nacido en Belén, es el Salvador y Redentor del mundo y que el presidente Thomas S. Monson es Su profeta en la tierra en estos días. Estas palabras de alabanza resuenan en mis oídos: ¡Gloria a Dios en lo alto, ¡Paz y buena voluntad”(15).

En el nombre de Jesucristo. Amén.

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Jesús el Cristo, nuestro Príncipe de Paz

Devocional de Navidad de 2013
Jesús el Cristo, nuestro Príncipe de Paz
Por el élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Queridos hermanos y hermanas, ¡qué experiencia maravillosa ha sido ésta! La música ha sido sublime y los mensajes reconfortan de gozo nuestro corazón. ¡El espíritu de la Navidad está despertando en nuestra alma!

Los recuerdos de la Navidad traen reminiscencias de la familia, los regalos y del servicio a los demás. Ellos se derivan de la verdadera razón de la Navidad, ese don trascendental de nuestro Padre Celestial. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”(1).

Centrarse en el Señor y en la vida eterna nos ayudará no sólo en la Navidad, sino en todos los desafíos de la vida terrenal. Las personas imperfectas comparten este planeta Tierra con otras personas imperfectas. El nuestro es un mundo caído, estropeado por deudas excesivas, guerras, desastres naturales, enfermedades y muerte.

Los retos personales llegan, es posible que un padre haya perdido su trabajo. Una joven madre haya sabido de una enfermedad grave. Un hijo o hija que se haya ido por mal camino. Lo que sea que causara la preocupación, cada uno de nosotros aspira encontrar paz interior.

Mi mensaje esta noche corresponde a la única fuente de paz verdadera y duradera, Jesús el Cristo, nuestro Príncipe de Paz(2). Éste es el título que Él lleva además de otros para los que Él fue preordenado.

Él fue ungido por Su Padre para ser el Salvador del mundo. Estos dos títulos, el Mesías y el Cristo, designaron Su responsabilidad como el Ungido(3).

Bajo la dirección de Su Padre, Jesús fue el Creador de éste y de otros mundos(4). Jesús es nuestro abogado ante el Padre(5). Jesús fue el prometido Emanue(6), el gran Yo Soy y el Jehová de la época del Antiguo Testamento(7).

Él fue enviado por Su Padre para llevar a cabo la Expiación, el acto central de toda la historia humana. A causa de Su expiación, la inmortalidad se convirtió en una realidad para todos, y la vida eterna se convirtió en una posibilidad para aquellos que deciden seguirlo(8). Estos objetivos son la obra y la gloria del Dios Todopoderoso(9).

Como nuestro gran Ejemplo, Jesús nos enseñó cómo vivir, amar y aprender. Él nos enseñó a orar, a perdonar y a perseverar hasta el fin(10).

Él nos enseñó cómo cuidar a los demás más que a nosotros mismos. Él nos enseñó acerca de la misericordia y de la bondad — haciendo cambios reales en nuestra vida por medio de Su poder. Él nos enseñó a encontrar la paz en el corazón y en la mente. Un día, compareceremos ante Él, nuestro justo Juez y misericordioso Maestro(11).

Estas sagradas responsabilidades del Señor hacen que Lo adoremos como nuestro Príncipe de Paz personal y eterno. Lo alabamos por el privilegio que tenemos de ser padres, abuelos y maestros de niños.

La época de Navidad es un preciado tiempo en familia. El tiempo de la familia es sagrado. Podemos ayudar a nuestros hijos a acudir al Salvador. La música nos puede ayudar. A nuestros hijos les gusta cantar “Yo trato de ser como Cristo”(12).

Y Jesús dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no les impidáis hacerlo, porque de los tales es el reino de los cielos”(13).

Él puede traer paz a las personas cuyas vidas han sido devastadas por la guerra. Las familias afectadas por el servicio militar poseen recuerdos de la guerra, los que se grabaron en mi mente durante la Guerra de Corea.

Las guerras de nuestra época son más sofisticadas pero siguen siendo desgarradoras para las familias. Aquellos que sufren pueden volverse al Señor. Él es el mensaje consolador de paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres(14).

La paz puede llegar a los que no se sienten bien. Algunos cuerpos reciben heridas. Otros sufren espiritualmente por la pérdida de seres queridos o por otros traumas emocionales. Hermanos y hermanas, la paz puede llegar a su alma al edificar su fe en el Príncipe de Paz.

“¿Tenéis enfermos entre vosotros? Traedlos aquí. ¿Tenéis cojos, o ciegos, o lisiados, o mutilados, … o quienes estén afligidos de manera alguna? Traedlos aquí y yo los sanaré(15).

“…porque veo que vuestra fe essuficiente para que yo os sane”(16).

La paz puede llegar a la persona que sufre con pesar. Ya sea que el dolor derive de un error o de un pecado, todo lo que el Señor requiere es el arrepentimiento verdadero. Las Escrituras nos dicen que “[huyamos] también de las pasiones juveniles … [e invoquemos] al Señor con un corazón puro”(17). Entonces su calmante “bálsamo en Galaad” puede sanar incluso un alma enferma de pecado(18).

Piensen en el cambio de John Newton, que nació en Londres en 1725. Se arrepintió de su vida pecaminosa como comerciante de esclavos para convertirse en un clérigo anglicano. Con ese potente cambio en el corazón, John escribió la letra del himno “Sublime gracia”.

Sublime gracia del Señor
Que a un pecador salvó;
Fui ciego mas hoy miro yo
Perdido y Él me halló(19).

“Habrá más gozo en el cielo por un pecador que searrepiente”(20).

La paz puede llegar a aquellos cuyas obras son pesadas:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
“Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.

“Porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”(21).

La paz puede llegar a los que lloran. El Señor dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”(22). Cuando soportamos el fallecimiento de un ser querido, podemos ser llenos de la paz del Señor mediante los susurros del Espíritu.

“Los que mueran en mí no gustarán la muerte, porque les será dulce”(23).

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo(24).

“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

“Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá jamás”(25).

La paz puede llegar a todos los que sinceramente buscan al Príncipe de Paz. Él es el dulce mensaje de salvación que llevan nuestros misioneros por todo el mundo. Ellos predican que el evangelio de Jesucristo fue restaurado por Él, mediante el profeta José Smith(26). Los misioneros enseñan estas palabras del Señor que cambian vidas: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”(27).

La paz puede llegar a todos los que elijan andar por las vías del Maestro. Su invitación se expresa en dos palabras amorosas: “ven, sígueme”(28).

Todos cantaremos al Príncipe de Paz(29), porque Él vendrá otra vez. Entonces “se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá”(30). Como el Mesías milenario, Él reinará como el Rey de Reyes y Señor de Señores(31).

Al seguir a Jesucristo, Él nos conducirá a vivir con Él y nuestro Padre Celestial, con nuestras familias. A través de nuestros muchos desafíos de la vida terrenal, si nos mantenemos fieles a los convenios efectuados, si perseveramos hasta el fin, seremos merecedores del más grande de todos los dones de Dios, la vida eterna(32). En Su santa presencia, nuestras familias pueden estar juntas para siempre.

Dios los bendiga, mis queridos hermanos y hermanas. ¡Que cada uno de ustedes tenga una muy feliz Navidad! Que puedan ustedes y sus seres queridos disfrutar para siempre de todas las bendiciones del Señor, nuestro Príncipe de Paz. Lo ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Juan 3:16.
  2. Véase Isaías 9:62 Nefi 19:6.
  3. Tanto Mesíasen hebreo como Cristo en griego significan “ungido”.
  4. Véase Moisés 1:32–33.
  5. Véase 1 Juan 2:1Doctrina y Convenios 29:5110: 4.
  6. Véase Isaías 7:14Mateo 1:232 Nefi 17:14.
  7. Véase Éxodo 3:11–146:3Abraham 1:162:8.
  8. Véase 3 Nefi 27:13–14.
  9. Véase a Moisés 1:39.
  10. Véase 3 Nefi 27: 21.
  11. Véase 2 Nefi 9:41.
  12. Canciones para los niños, 40 – 41.
  13. Mateo 19:14.
  14. VéaseLucas 2:14.
  15. 3 Nefi 17:7.
  16. 3 Nefi 17:8; véanse también Mateo 13:153 Nefi 18:32Doctrina y Convenios 112: 13.
  17. 2 Timoteo 2:22; véase también 3 Nefi 9:13.
  18. Véase Jeremías 8:22; véase también “¿Pensaste orar?” Himnos, Nº 81; “There Is a Balm in Gilead”, Recreational Songs, 1949, pág. 130.
  19. “Amazing Grace”, Olney Hymns, 1779, Nº 41; véase también Juan 9:25.
  20. Lucas 15:7; véase también el versículo 10.
  21. Mateo 11:28–30.
  22. Mateo 5:4; véanse también 3 Nefi 12:4Doctrina y Convenios 101:14.
  23. Doctrina y Convenios 42:46.
  24. Juan 14:27.
  25. Juan 11:25–26.
  26. Además recordamos el cumpleaños del profeta Joseph Smith (23 de diciembre de 1805) en la época navideña.
  27. Juan 14:15.
  28. Lucas 18:22.
  29. Véase “Cantemos todos a Jesús”, Himnos, Nº 109.
  30. Isaías 40:5.
  31. Véase Apocalipsis 19:16.
  32. Véase Doctrina y Convenios 14:7.
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¿Qué pasó después?

Devocional de Navidad de 2013
¿Qué pasó después?
Por Rosemary M. Wixom
Presidenta General de la Primaria

¡Feliz Navidad!

Ésta es la época navideña, y los niños traen la magia de la Navidad a nuestro corazón. Nos perdemos de algo si no vemos la Navidad a través de los hijos de un niño, pues ellos ven las luces, escuchan la música y huelen la fragancia de los árboles y los dulces de Navidad con verdadera anticipación. Vemos sus rosadas mejillas y pequeñas narices pegadas contra el vidrio de las tiendas mientras sueñan con la mañana de Navidad, y sus deditos cuentan los días hasta el 25 de diciembre. Los padres también cuentan los días. Sueñan con estar preparados para la mañana de Navidad al planificar y crear sorpresas para sus hijos.

Cuando yo era niña, mi madre a menudo cosía una sorpresa de Navidad para mí y para mi hermana melliza. Ponía la máquina de coser en su dormitorio y comenzaba el proyecto un mes antes, teniendo cuidado de mantener la puerta cerrada mientras trabajaba. Al acercarse el día de Navidad, cosía hasta muy tarde y, cuando casi estaba por terminar las prendas —a excepción de probárnoslas y marcar la bastilla— formulaba un plan para no echar a perder la sorpresa. Era entonces que nos vendaba los ojos, una a la vez, para entrar a su dormitorio y ponernos la prenda, manteniendo siempre la venda en su lugar. Ahora, eso funcionó muy bien… excepto el día que sonó el teléfono en el otro cuarto.

Antes de salir me dijo: “Vuelvo en un momento, y no te atrevas a ver”. Quizá se preguntarán: “¿Qué pasó después?”.

Se los diré: era un vestido de terciopelo rojo.

Permítanme decirles en qué forma esa pregunta de —“¿Qué pasó después?”— tiene verdadero significado navideño.

Sucedió a mediados de diciembre cuando Amy Johnston, una líder de lobatos en Gilbert, Arizona, aprovechó la oportunidad de enseñar sobre el nacimiento de Jesús a un grupo de niños de ocho años llenos de energía. Tuvo la impresión de dejar de lado la actividad que había planeado para hablar con los lobatos sobre la primera Navidad. Los congregó a su alrededor sobre el piso de la sala de su casa y leyó varios pasajes de las Escrituras y les mostró láminas para contarles la historia sagrada de María y José, los pastores, la estrella y el nacimiento del pequeño Jesús en el establo en Belén.

Leyó:

“Entonces subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén…
“para ser empadronado con María, su mujer, desposada con él, la que estaba encinta…
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
“Y había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños.
“Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.
“Pero el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo:
“que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”(1).

Al hablar del nacimiento de Jesús, observó que todos los niños escuchaban parte del tiempo, pero un niño, John, escuchaba con gran interés. John era un niño bullicioso que casi nunca estaba quieto, pero mientras ella contaba la historia, escuchaba con atención y luego preguntó: “¿Y qué pasó después?”.

Así que continuó relatándoles sobre la niñez de Jesús. Les dijo: “Jesús fue un niño, tal como ustedes. Le gustaba correr y jugar, pero también creció y se fortaleció”(2). Les dijo que cuando Jesús tenía doce años, viajó con su familia a Jerusalén. María y José iban de regreso a casa cuando se dieron cuenta de que su hijo no estaba con ellos. Regresaron rápidamente a Jerusalén y lo encontraron en el templo hablando con eruditos y maestros que le hacían preguntas, y las Escrituras dicen que todos los que lo escucharon “se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas”(3).

“Bueno, ¿qué pasó después?”, preguntó John. Amy les contó a los niños sobre el ministerio de Jesucristo y de cómo fue lleno del Espíritu del Señor. En la Biblia leemos que Él enseñó el Evangelio a los pobres, llevó a cabo milagros, sanó a los ciegos y a los enfermos, y realmente levantó a personas de entre los muertos. Él enseñó: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen”(4).

John estaba visiblemente conmovido por lo que se dijo y quiso saber más. Nuevamente preguntó: “Bueno, y ¿qué pasó después?”. Ella les contó que algunos rechazaron a Jesús y que no lo querían. De hecho, planearon quitarle la vida. Les contó a esos pequeños lobatos sobre la Última Cena, el huerto de Getsemaní y que Jesús fue crucificado y que resucitó. Se dio cuenta de que todos esos relatos eran nuevos para John, quien estaba ansioso por aprender más.

Entonces ella sintió la fuerte impresión de detenerse, de llamar a cada niño por su nombre y decir: “Jesucristo murió por ti”. John escuchó atentamente mientras ella hablaba a cada niño por separado. Luego ella lo vio a él y le dijo: “John, Jesucristo murió por ti”. Él la miró y preguntó con asombro: “¿Él hizo eso por mí?”.

Amy dijo: “El Espíritu se sintió muy fuerte en nuestra sala ese día cuando un niño percibió las impresiones del Espíritu Santo quizás por primera vez”. Ella dijo: “No sé lo que el futuro le depare a John, cuya familia se mudó, pero ruego que las semillas que se plantaron en una reunión de lobatos dos semanas antes de la Navidad crezcan y lo lleven a obtener algún día toda la luz del Evangelio”.

Una vez que pasa la temporada, que se guardan las luces de Navidad, que la fragancia de pino se disipa en el aire y que la música de Navidad ya no se escucha en la radio, nosotros, tal como John, quizás nos preguntemos: “¿Qué pasa después?”

La maravilla y el asombro de la Navidad es sólo un principio. La Navidad nos recuerda que el pequeño nacido en Belén nos ha dado propósito en la vida, y lo que nos pase después dependerá en gran medida de la forma en que aceptemos y sigamos a nuestro Salvador, Jesucristo. Cada día invitamos al Espíritu a nuestra vida. Vemos la luz en los demás; escuchamos el gozo de las voces de los niños que traen esperanza e ilusión por el futuro. Buscamos razones para reunirnos, para incluir, servir y elevar, mientras aprendemos lo que realmente significa conocer a nuestro Salvador, Jesucristo. Contamos los días hasta que lleguen los acontecimientos en nuestra vida en los que sentimos más intensamente Su influencia; por ejemplo, el nacimiento de un bebé, el bautismo de un niño, la salida de un misionero, un matrimonio solemnizado en el templo, y participar de la Santa Cena cada semana. Con una fe como la de Cristo y la de un niño lo buscamos y sentimos Su influencia.

“…si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”(5).

Es un plan hermoso, este plan que nuestro Padre ha creado en el cual mediante Su Hijo, nuestro Salvador Jesucristo, podemos regresar y vivir con Él y disfrutar de todo lo que el Padre tiene, ya que ésa es la respuesta definitiva a la pregunta: “¿Qué pasa después?”. El Salvador dijo: “…y el que me recibe a mí, recibe a mi Padre; y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado”(6).

El estar preparados para recibirlo da un nuevo significado a estar listos para el 25 de diciembre.

John, dondequiera que estés, los apóstoles vivientes han dicho: “Testificamos solemnemente que [la] vida [de nuestro Salvador], que es fundamental para toda la historia de la humanidad, no comenzó en Belén ni concluyó en el Calvario. Él fue el Primogénito del Padre, el Hijo Unigénito en la carne, el Redentor del mundo”(7).

John, el don que Él nos da es lo que pasa después.

Es verdad, y lo hizo por ti. De esa gloriosa verdad testifico en Su nombre, a saber Jesucristo. Amén.

Notas

  1. Lucas 2:4–11.
  2. Lucas 2:40.
  3. Lucas 2:47; véase también la Traducción de José Smith, Lucas2:46 (en Lucas 2:46, nota b al pie de página).
  4. Lucas 6:27.
  5. Mateo 18:3.
  6. Doctrina y Convenios 84:37–38.
  7. “El Cristo Viviente: El testimonio de los apóstoles”, Liahona, abril de 2000, págs. 2–3.
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El verdadero gozo de la Navidad

Devocional de Navidad de 2013
El verdadero gozo de la Navidad
Por el presidente Thomas S. Monson

Mis queridos hermanos y hermanas, es una alegría para mí estar con ustedes esta noche al celebrar a través de las palabras y las canciones, el nacimiento de nuestro Salvador y Redentor, a saber Jesucristo, el Señor.

La Navidad es una época gloriosa del año. También es un tiempo muy ocupado para la mayoría de nosotros. Es mi esperanza y oración que no lleguemos a abrumarnos con las presiones de la temporada, que pongamos nuestro énfasis en las cosas equivocadas y que nos perdamos de las alegrías simples de conmemorar el nacimiento del Santo de Belén.

No llegamos a encontrar el verdadero gozo de la Navidad al apresurarnos y correr de aquí para allá para hacer más cosas. Hallamos el verdadero gozo de la Navidad, cuando hacemos del Salvador el punto central de la temporada.

Él que nació en un establo, fue acunado en un pesebre, descendió de los cielos para vivir en la tierra como hombre mortal y para establecer el reino de Dios. Su glorioso Evangelio moldeó las ideas del mundo. Vivió para nosotros, y murió por nosotros. ¿Qué podemos darle a cambio?

Me encantan las palabras que escribió la poeta inglesa Christina Rossetti:

¿Qué puedo darle,
siendo yo tan pobre?
Si fuera un pastor
le daría un cordero.
Si fuera un Rey Mago
le daría otro don,
mas yo, ¿qué he de darle?
Le daré el corazón(1).

Nuestra celebración de la Navidad debe ser un reflejo del amor y la abnegación que enseñó el Salvador. El dar, no el recibir, hace florecer plenamente el espíritu de la Navidad. Nos sentimos más amables el uno con el otro. Tendemos la mano con amor para ayudar a los menos afortunados. Nuestro corazón se ablanda. Se perdona a los enemigos, se recuerda a los amigos y se obedece a Dios. El espíritu de la Navidad ilumina la ventana panorámica del alma por el que contemplamos la vida agitada del mundo y nos hace interesarnos más por las personas que los objetos. Para comprender el verdadero significado del espíritu de la Navidad, sólo debemos recordar a quién celebramos, entonces se convierte en el Espíritu de Cristo.

El presidente David O. McKay dijo: “La verdadera felicidad se obtiene solamente al hacer felices a otras personas, o sea, en la aplicación práctica de la doctrina del Salvador de perder la vida para hallarla. En resumen, el espíritu de la Navidad es el espíritu de Cristo que ilumina nuestro corazón con amor fraternal y amistad, y que nos inspira a rendir actos bondadosos de servicio.

“Es el espíritu del evangelio de Jesucristo, por cuya obediencia se obtendrá ‘paz en la tierra’, porque significa buena voluntad hacia todos los hombres” (2).

Que podamos dar como el Salvador dio. Dar de uno mismo es un don sagrado. Damos como un recordatorio de todo lo que el Salvador ha dado. Además podemos dar regalos que tengan un valor eterno, junto con nuestros regalos que con el tiempo se rompen o se olvidan. ¡Cuánto mejor sería el mundo si todos diéramos regalos de entendimiento y de compasión, de servicio y de amistad, de bondad y de dulzura.

A medida que la temporada de Navidad nos rodea con toda su gloria, que podamos, al igual que los Reyes Magos, buscar una estrella brillante y especial para que nos guíe en nuestra celebración del nacimiento del Salvador. Que todos podamos hacer el viaje a Belén, en espíritu, llevando con nosotros un corazón tierno y atento como nuestro regalo al Salvador.

Mis hermanos y hermanas, que todos tengamos una Navidad llena de gozo. Ésa es mi esperanza y mi oración. En el sagrado nombre de nuestro Salvador, Jesucristo. Amén.

Notas

  1. En Jack M. Lyon and others, eds., Best-Loved Poems of the LDS People, 1996, págs. 166–67.
  2. La mejor de las Navidades, Liahona, diciembre de 2008, pág. 3.
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