Porque éste es un día de amonestación

Marzo de 1981
“Porque éste es un día de amonestación»
Por el élder Dean L. Larsen
Del Primer Quorum de los Setenta

Dean L. LarsenHace algún tiempo entrevisté a un joven que deseaba servir en una misión, quien hacía un año había confesado a su obispo una falta grave cometida en sus primeros años de adolescencia. Este era un joven Santo de los Últimos Días muy activo, lo mismo que su familia. Aun durante el tiempo de su transgresión era un miembro que participaba en la Iglesia activamente. Ahora, por más de un año, su vida se había visto libre de los problemas pasados y ansiaba ir a una misión.

Al comentar en cuanto a su situación y a las decisiones que había tomado en sus primeros años de adolescencia y que tuvieron como resultado una reputación dudosa en la Iglesia, él me dijo: «Yo sabía que lo que estaba haciendo era malo, y que algún día me arrepentiría e iría a una misión.»

Al mismo tiempo que sentía agrado por el deseo que tenía este joven de poner su vida en orden y servir al Señor como misionero, me molestaba la acción premeditada, la forma calculada con que él había permitido desviar su vida del sendero correcto para conducir sus pasos hacia la destrucción espiritual y moral, y luego, como si estuviera siguiendo un itinerario establecido por él mismo, había empezado a enmendar sus faltas y a ser obediente.

Si yo sólo hubiera tenido una experiencia de esta categoría con un solo joven, no valdría la pena mencionarla aquí, pero desafortunadamente, no es la única. Parece que la juventud tiende a experimentar con las cosas prohibidas del mundo, no con la intención de someterse a ellas permanentemente, sino ceder momentáneamente a sabiendas como si estas cosas tuvieran un valor demasiado importante como para dejarlas pasar. Esta es una de las mayores pruebas en estos tiempos.

Mientras que muchos vuelven o se recobran de estas excursiones por los «territorios prohibidos», aumenta el gran número de tragedias que sólo traen desgracia y desesperación para muchos y que tienen consecuencias perdurables. No existe tal cosa como el pecado privado. Aunque su pago puede ser calculado y predeterminado, la persona culpable no puede regular sus efectos. Pensar lo contrario es creer una de las mentiras más insidiosas perpetradas por el padre de las mentiras. Seguir leyendo

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Una batalla ganada

Marzo de 1981
Una batalla ganada
Por Constance Polve

Al encaminarme por el sendero polvoriento y lleno de basura que conducía a la vieja y deteriorada choza, me sentí agobiada por la desesperante pobreza que veía allí. El techo de la pequeña casa estaba agujereada en un lado, los vidrios de las ventanas se habían reemplazado con periódicos viejos, y el patio se hallaba tapizado de vidrios, clavos, latas viejas y otros escombros. En las ventanas colgaban cortinas rasgadas por las que pude ver el tizne que cubría las paredes y pisos en el interior. Aproximadamente de quince a veinte gatos se me atravesaron correteando al encaminarme hacia la choza. Al tocar a la puerta, pensamientos fugaces me hicieron recordar la vida cómoda de la que disfrutaba y a la que estaba acostumbrada cuando asistía a la Universidad Brigham Young que se encuentra en Provo, Utah; anhelaba por un momento esa seguridad de la ciudad universitaria. Pero ahora me encontraba aquí, como enfermera practicante, a muchos kilómetros de Provo, y no estaba segura si estaba preparada para las pruebas que tendría que enfrentar.

Todo comenzó hace unas semanas durante mi clase relacionada con mis estudios de la salud pública. Parte del curso requería que obtuviéramos experiencia práctica como estudiantes de enfermería. Pensaba trabajar en Salt Lake City, pero durante nuestro primer día, el instructor declaró que necesitaban practicantes de enfermería en una oficina de salud pública establecida en un pequeño poblado. Súbitamente sentí algo que me impulsaba a ofrecerme como voluntaria. Traté de detenerme, pero no pude, y antes de lo que imaginara, me hallaba en camino a mi nuevo hogar y mis nuevas responsabilidades.

Un día después de mi llegada me presenté ante dos enfermeras graduadas que se hallaban en la oficina de salud pública, las únicas dos en todo el distrito. Decir que ellas estaban muy ocupadas no expresaría totalmente la situación. Vi los archivos que representaban cientos de casos diferentes, todos necesitaban de ayuda médica. Un poco temerosa, comencé a darme cuenta de que no tenía tiempo que perder en observaciones y aprendizaje; tenía que comenzar inmediatamente y confiar en la esperanza de que todo iba a salir bien. Seguir leyendo

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La oración

Marzo de 1981
La oración
Por Susan Piele

Cuando Calvin empezó a tartamudear sólo para pedir la sal o la pimienta, supe que algo estaba mal. Él siempre tuvo problemas para hablar; era divertido cuando tenía dos o tres años de edad, y se hacía querer cuando tenía cinco o seis. Pero cuando llegó a los siete u ocho años y aún tartamudeaba, mi madre lo llevó a un hospital especializado. Después de eso el problema pareció mejorar, excepto en algunas oportunidades cuando Calvin se inquietaba por algo.

Calvin es mi hermano mayor, y puedo saber cuándo él está asustado por algo, en parte por su tartamudeo, pero también por pequeñas cosas que hace o dice.

Estaba muy preocupado por llegar a ser un presbítero y tener que bendecir la Santa Cena. No era porque no quisiera hacerlo, porque sí quería, y ese era todo el problema. Calvin toma este tipo de cosas muy en serio. No quería que nadie tuviera una excusa para reírse durante esa sagrada ordenanza, especialmente los diáconos del banco del frente, aún si sólo lo hacían por la forma en que Calvin decía la oración.

Calvin lee mucho y yo creo que de su lectura sacó la idea de las canicas. Un griego, de nombre Demóstenes, acostumbraba a recitar en voz alta mientras subía escalones o una colina, o ponía piedras en su boca y daba discursos frente a las olas del mar para acostumbrarse a hablar más claramente. Yo pensé que era una cosa absurda cuando mi hermano me habló de esto; se podía tragar las piedras o algo así, pero creo que estaba desesperado. Él sabía que nuestra madre se enojaría si sabía que iba a poner piedras en su boca, de manera que las canicas parecían ser el substituto más cercano que podía pensar.

Yo colecciono canicas, aun cuando no puedo hacer mucho con ellas, pero me gusta ver sus diferentes colores y los cambios que puede tener la luz cuando pasa a través de ellas. Un día Calvin vino a mi cuarto y se paró junto a la puerta por un largo rato observándome. Mi hermano tiene a veces una forma de pararse que en seguida me doy cuenta de que tiene algo entre manos, y ésa era una de las veces. Seguir leyendo

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El cactus, la cruz, y la Pascua

Marzo de 1981
El cactus, la cruz, y la Pascua
Por Jeffrey R. Holland
Comisionado de Educación de la Iglesia

Jeffrey R. HollandEs probable que todos nosotros hayamos tenido experiencias en las cuales realmente hemos necesitado que alguien nos ayudara. Recuerdo que cuando era un niño pequeño, una vez en verdad necesité ayuda. Estaba jugando en la ladera de una montaña cerca de casa, y me caí sobre un gran cactus espinoso.

¡Como dolía! Las espinas atravesaron la lona de mis zapatos, mis medias, mis pantalones, mi camisa… Me pinchaban por todos lados y me sentía como un tablero humano de dardos.

Al caer grite de una manera como para sacudir las montañas. No podía levantarme, no podía agacharme, no podía moverme en absoluto, porque con cada movimiento parecía que aquellas agujas se hundían más y más profundamente en mi piel, de modo que me quede quieto llorando y gritando desesperadamente.

En ese entonces yo tenía cinco años, y mi hermano mayor, quien inmediatamente se apresuró para ayudarme, tenía ocho. Aunque quedó atónito al verme preso de una situación tan difícil, comenzó a arrancar algunas de las espinas; pero al sacarlas me causaban más dolor que cuando caí en el cactus, por lo que lloraba y gritaba con más fuerzas. Además, las lastimaduras del tamaño de un alfiler sangraban tanto cuando él arrancaba las espinas, que en pocos minutos parecía que yo estaba haciendo propaganda para que se donara sangre a la Cruz Roja.

Finalmente, mi hermano se dio cuenta de que no estaba haciéndolo eficazmente y que su esfuerzo era inútil, pues todavía quedaban docenas de espinas por sacar y yo seguía gritando y llorando tan fuerte como podía. Fue entonces que él hizo lo único que un hermano de ocho años podría haber hecho.

Corrió montaña abajo y buscó su carrito rojo de juguete y con grandes y esmerados esfuerzos logró subirlo hasta la colina donde, de acuerdo con mi criterio, yo estaba allí sólo esperando la muerte. Finalmente, a pesar de mis gritos y lamentos, halándome, arrastrándome y levantándome, pudo sacarme del cactus y sentarme en su carrito. Entonces, en forma milagrosa, solamente conocida por los niños y la Divina Providencia, me bajó de aquella empinada montaña.

Lo que sucedió después no está muy claro en mi mente, pero recuerdo que mi madre me quitó la ropa y el resto de las espinas. Lo que sí recuerdo claramente, y que jamás olvidaré, es a mi hermano arrastrando aquel cochecito de juguete y buscando con determinación la manera de llegar hasta donde yo estaba. Se encontraba tan preocupado, que lo hizo de una manera maravillosa. Seguir leyendo

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Amemos lo que Dios ama

Marzo de 1981
Amemos lo que Dios ama
Por Dennis R. Peterson

Yo tenía sólo diecinueve años, y había comenzado mi misión en Japón. A pesar de que creía en el evangelio y que tenía grandes deseos de ser digno y justo, me asaltaban grandes dudas: ¿Podría realmente llegar a ser lo suficientemente bueno como para ser aceptado por el Señor?

Había visto las tentaciones de ser egoísta, orgulloso, de no ser moralmente limpio, de sentir el deseo de tener poder y dinero, tentaciones que el mundo nos ofrece seductoramente, y me sentía débil. ¿Cómo podría yo reprimir todos esos deseos «humanos»? A veces parecía que el guardar los mandamientos era como una camisa de fuerza que el evangelio me había puesto y así adquiría una posición totalmente fuera de lo normal, mientras que Satanás trataba en forma permanente de deshacer dicha camisa.

Pero esto fue antes de haber hecho mi descubrimiento.

Como en muchas otras experiencias misionales, fue una familia especial la que aceleró este descubrimiento. La primera vez que visitamos a la familia Uno, quedamos tremendamente impresionados por el comportamiento del padre. Cuando se dirigía a su esposa, él utilizaba términos muy groseros, y sus hermosos niños se alejaban de él con expresión de temor en el rostro. A pesar de esto, él nos escuchó y nos pidió que volviéramos. Apenas cinco semanas más tarde, no pudimos menos que llorar al compartir nuestros testimonios acerca del evangelio y ver al hermano Uno juguetear y reír con sus amados y afectuosos hijitos.

Esa noche, cuando mi compañero y yo nos retiramos, tuve el sentimiento más hermoso de dicha que jamás haya experimentado al imaginarme a esa cariñosa familia unida por toda la eternidad. Al mismo tiempo me sentí tremendamente horrorizado al pensar que quizás yo no podría disfrutar con ellos de esa eternidad; y que posiblemente ni el mayor de mis esfuerzos para apartarme del pecado sería suficiente. Esa noche me puse de rodillas, y le imploré al Señor con todo mi corazón, que me hiciera saber la manera de ser digno y justo. Seguir leyendo

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Tres conceptos que debemos meditar

Marzo de 1981
Tres conceptos que debemos meditar
Por el élder Hugh W. Pinnock
Del Primer Quorum de los Setenta

Hugh W. PinnockExisten conceptos sobre los que debemos meditar, y si lo hacemos, éstos harán que nuestra vida sea más agradable y satisfactoria.

¿Cuáles son? Mencionaré tres ideas que se encuentran en esta categoría. En primer lugar: Hoy mismo estas convirtiéndote en lo que llegareis a ser. En la obra Hamlet de Shakespeare. Ofelia dice: «Sabemos lo que somos, mas no sabemos lo que podemos ser» (acto cuarto, escena V). Dado que el evangelio no había sido restaurado en el siglo diecisiete. Shakespeare no sabía con seguridad a lo que podía llegar el hombre. Nosotros si lo sabemos, y este conocimiento amplía la comprensión que tenemos de la vida, de una manera que no pueden entender los que no tienen el Evangelio de Jesucristo.

El presidente Spencer W. Kimball fue ordenado Profeta el 27 de diciembre de 1973, pero desde su juventud tenía la visión de un elegido del Señor, pues se había preparado para lo que habría de suceder. Todos tenemos la posibilidad de alcanzar la exaltación por medio de lo que pensamos, decimos y hacemos hoy.

Conocí en la Universidad de Utah a una joven llamada Kathy McKay, que tenía mucho talento en el campo de la música; sus padres le habían enseñado que la posición que alcanzaría en la eternidad dependía de su comportamiento diario. Era un ejemplo para todos los que la conocían; tan sólo por observarla y percibir su pureza, un joven deportista de otro estado se sintió interesado en el Evangelio de Jesucristo. Ella sabía que estaba convirtiéndose en lo que podía llegar a ser.

Esta es la segunda idea acerca de la cual es necesario meditar: Hoy puede ser un día trascendental en tu vida, Vince Lombardi, uno de los mejores entrenadores de fútbol norteamericano que ha existido, enseñaba a los jugadores a esforzarse al máximo en cada jugada. Decía que en cada partido de ese deporte hay cinco o seis jugadas que determinan el resultado final y que nadie sabe cuáles son hasta que pasan. Por lo tanto, debemos poner empeño en todas las jugadas para lograr detener al otro cuadro, o para apuntarnos un tanto. Seguir leyendo

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El cumplimiento de una bendición

Marzo de 1981
El cumplimiento de una bendición
por el hermano Hans-Wilhelm Kelling

Hace algunos años, cuando servía como presidente de la Misión de Alemania-Munich, tuve una experiencia que fortaleció mi fe. Me hallaba reunido, como lo hacía regularmente, con mis dos ayudantes: el élder Bryce Betteridge y el élder Gregory Smith, y para recalcar cierto punto que estábamos tratando, mencioné a mis ayudantes una experiencia que había tenido alrededor de veintiún años atrás cuando era misionero en la ciudad de Trenton. Nueva Jersey. Al oírme nombrar esa ciudad, el élder Smith pareció muy sorprendido y dijo que ése era precisamente el lugar donde había nacido. Seguidamente me preguntó en qué año estuve allí como misionero. Cuando le conteste que fue en 1954, su curiosidad aumentó porque ése era el mismo año en que él había nacido. Luego le pregunté en cuanto a sus familiares y me di cuenta de que yo había tenido un papel muy importante en la vida de ese joven. Rápidamente volvieron a mi memoria los recuerdos de ese entonces.

Cuando mi compañero y yo fuimos llamados para organizar una rama en Trenton, no había muchos miembros allí. A pesar de todo, el Señor nos bendijo, ya que la rama empezó a crecer a medida que íbamos enseñando el evangelio y bautizando a varias familias.

Un día, la hermana Smith, un miembro de la rama cuyo esposo no estaba activo en ese entonces, nos pidió a mi compañero y a mí que le diéramos una bendición. Ella estaba embarazada y los doctores temían que hubiera complicaciones con el desarrollo y nacimiento del niño. Con gran fe en el Señor y en su sacerdocio, la hermana pidió ayuda, siguiendo así el consejo del Señor tal como se halla en las Escrituras.

Escribí este acontecimiento en mi diario de la misión, y aún ahora recuerdo el sentimiento de tranquilidad que embargó mi alma al sellar la unción. Bajo la influencia del Espíritu Santo le prometí a la hermana Smith que su embarazo no tendría complicaciones, que el niño nacería saludable y fuerte, y que serviría al Señor. Seguir leyendo

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Vuestro compañero constante

Marzo de 1981
Vuestro compañero constante
Por Spencer J. Condie

Spencer J. CondieCasi al terminar su ministerio terrenal, el Salvador comenzó a preparar a sus apóstoles para su inevitable partida, asegurándoles:

«Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que» esté con vosotros para siempre.» (Juan 14:16.)

«… porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.» (Juan 16:7.)

A pesar de que esto fue dicho directamente a los apóstoles de la Iglesia primitiva, la promesa del Señor se extiende a cada miembro, De acuerdo con la dignidad de una persona, el Espíritu Santo puede morar en los padres e hijos, maestros orientadores y maestras visitantes, así como en los apóstoles y profetas.

En el conmovedor discurso acerca del Consolador, tan elocuentemente registrado por Juan el Amado, el Señor explica en algunos detalles ciertas maneras en las cuales el Espíritu Santo puede influir en nuestra vida diaria. Las siguientes experiencias verdaderas demuestran claramente esta influencia.

«No os dejaré huérfanos» (Juan 14:18).
Un espíritu de gran pesadumbre y tristeza prevalecía en la congregación al terminar los funerales de una joven madre que había muerto al dar a luz. A pesar de que los elogios habían sido elocuentes y conmovedores, muchas de las personas allí reunidas aquel día no podían evitar tener un sentimiento de amargura. ¿Cómo era posible que un Padre Celestial amoroso se llevara a una encantadora madre, dejando a cuatro pequeñitos al cuidado de un padre apesadumbrado?

Cuando terminó el servicio funerario, el joven padre se levantó con calma y se dirigió al pulpito. «Puedo sentir perfectamente vuestra preocupación y pesadumbre», dijo serenamente, «pero hay algo que debo decirles para confortarlos. Durante la primera hora después del fallecimiento de mi esposa, me parecía imposible poder seguir adelante. ¿Cómo podría yo continuar sin ella? Pero de pronto, un espíritu de paz y serenidad llenó mi alma y desde entonces he tenido la seguridad de que todo saldrá bien. No se preocupen por nosotros, vamos a poder salir adelante.»

El espíritu consolador de este joven padre se extendió por toda la congregación, y todos salieron reconfortados. Seguir leyendo

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Enseñemos a los hijos de Dios

Marzo de 1981

Enseñemos a los hijos de Dios

Por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerEste mensaje va dirigido a todos aquellos que actualmente están sirviendo en cargos directivos en la Iglesia, a los que algún día ocuparán estos cargos y también a todos los que siguen a estos directores.

Como miembros de la Iglesia debemos reconocer nuestra responsabilidad individual de promover el reino de Dios, o sea, su Iglesia sobre la tierra. Hay ciertos puntos fundamentales que ‘debemos reconocer antes de asumir y cumplir estas responsabilidades.

Primeramente, debemos reconocer que somos hijos espirituales de Dios, y no creo’ que haya otra manera mejor de explicar quiénes somos y por qué estamos aquí que citando las palabras del conocido himno. «Soy un hijo de Dios»:

Soy un hijo de Dios,
por El enviado aquí;
me ha dado un hogar
y padres caros para mí.

Soy un hijo de Dios,
no me desamparéis;
a enseñarme hoy su ley,
precisa que empecéis.

Soy un hijo de Dios,
y galardón tendré,
si cumplo con su ley aquí
con El vivir podré.
Guiadme, enseñadme por sus vías a marchar,
para que algún día yo con Él pueda morar.
(Canta conmigo, pág. B-76.)

Es un privilegio maravilloso ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, trabajar bajo la dirección de un profeta y saber que estamos haciendo la voluntad del Padre Celestial. Sé y os testifico que el presidente Spencer W. Kimball es un profeta de Dios que dirige los asuntos de Su Iglesia sobre la tierra. Seguir leyendo

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Eliminemos la contención

Enero de 1981
Eliminemos la contención
por A. LaVar Thomock

Satanás procura sembrar la contención en todas partes, incluyendo la Iglesia. Por lo general, la persona que tiene un espíritu de contención piensa primeramente en sí misma; y cuando nos dejamos vencer por esta tentación, nos alejamos más del Espíritu de Dios. El Señor declaró:

«Porque. . . aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo que es el padre de la contención, y él irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos contra otros.» (3 Nefi 11:29.)

En algunas ocasiones las contenciones se presentan porque no estamos de acuerdo con lo que alguno de nuestros líderes está tratando de llevar a cabo. Recuerdo a una pareja que estaba bastante molesta con su obispo y fue a hablar conmigo, que era presidente de la estaca.

El obispo le había pedido al hijo de este matrimonio que fuera su asistente, pero le dijo que antes de presentarlo al quorum, iba a ser necesario que se cortara el pelo. El joven había llegado a la casa bastante molesto, pues hacía sólo unos días que lo había cortado y no creía que fuera necesario volver a hacerlo. Al presentarme sus quejas, los padres mencionaron cuanto más seno hubiera sido si él fumara o tomara bebidas alcohólicas. Sin embargo, el largo del pelo parecía algo tan intranscendente que no podían comprender por qué insistía el obispo en ello.

Después de escuchar lo que tenían que decir, les pregunté si ellos verdaderamente amaban a su hijo. Se sorprendieron ante mi pregunta, pero rápidamente me aseguraron que ésa era la razón principal por la cual se encontraban conmigo. Entonces les dije que si se tratara de mi hijo, me iría rápidamente a casa y le diría cuan agradecido estaba de que el obispo tuviera tanto amor y respeto por él, y que era un gran honor haber sido elegido para ser su asistente; que sin duda alguna, el obispo sabía que él tenía la capacidad para ser un buen director y, además, un buen ejemplo para todos los demás presbíteros en el barrio; le explicarla también la manera en que el Señor ama a un siervo obediente y que muchas veces la obediencia está basada en la fe. Además, les dije que debían apoyar al obispo ante los ojos de su hijo en todas las maneras posibles; si hacían lo contrario, no serían felices, pues el mensaje que estarían comunicando a su hijo con su actitud sería que el obispo no es llamado por Dios y que debemos seguir los consejos de nuestros líderes sólo cuando queremos. El peligro de esta situación es que le estarían enseñando que su opinión personal es ley y que se puede erigir en juez de todas las palabras y hechos de aquellos que han sido llamados para dirigirlo. Les hice comprender que llegaría un día en que la situación que se presentaría para probar a su hijo sería mucho más crítica que un simple corte de pelo, y que la manera en que él y ellos enfrentaran esta pequeña prueba determinaría la forma en que él se comportaría cuando se le presentaran otras mayores.

Conforme conversábamos, el espíritu de contención desapareció. Por medio del Espíritu se nos da a conocer que la contención viene del diablo y que sólo puede traernos resultados destructivos. Seguir leyendo

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El diezmo

Enero de 1981
El diezmo
Por el presidente Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyMi sincero consejo para todos aquellos que reciban este mensaje es: Pagad vuestros diezmos y seréis bendecidos. El diezmo no es una ofrenda que queda librada a nuestra buena voluntad, sino que es una deuda por cuyo pago recibimos grandes bendiciones.

En la sección 104 de Doctrina y Convenios el Señor establece algunas de las razones por las que debemos pagar el diezmo.

«Porque conviene que yo, el Señor, haga a todo hombre» responsable, como mayordomo de las bendiciones terrenales que he dispuesto y preparado para mis criaturas.

Yo, el Señor, extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías.

Y es mi propósito abastecer a mis santos, porque todas las cosas son mías.

Pero debe hacerse según mi propia manera; y he aquí, ésta es la manera en que yo, el Señor, he decretado abastecer a mis santos, que los pobres serán exaltados, por cuanto los ricos se humillan.

Porque la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra; sí, yo preparé todas las cosas, y he concedido a los hijos de los hombres que sean sus propios agentes.

De manera que, si alguno toma de la abundancia que he creado, y no reparte su porción a los pobres y menesterosos, conforme a la ley de mi evangelio, en el infierno alzará los ojos con los malvados, estando en tormento.» (D. y C. (104:13-18.)

Cuando realmente comencé a comprender el verdadero significado de esta declaración, me resolví a pagar el diezmo fielmente.

La ley del diezmo
Cuando se dio la declaración que aparece en la sección 104 de Doctrina y Convenios, los santos estaban bajo el mandato de compartir sus alimentos con los pobres y los necesitados; esto no era un diezmo, sino una forma de cumplir con la ley de consagración.

Cuatro años más tarde, en 1838, el Señor dio la ley del diezmo. En esa época la Iglesia estaba pasando por grandes dificultades económicas debido a que no tenía entradas de dinero, y fue bajo esas circunstancias que» el profeta José Smith recibió una respuesta a su súplica: «Oh Señor, indica a tus siervos cuánto requieres de las propiedades de tu pueblo como diezmo» (D. y C. 119: encabezamiento). Seguir leyendo

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Por qué hacemos bautismos por los muertos

Marzo de 2016Liahona 03 2016
Por qué hacemos bautismos por los muertos

Hay mucho más que ocurre con los bautismos por los muertos de lo que vemos.

Si ya has efectuado bautismos por los muertos, seguramente has sentido algunas de las bendiciones de la adoración en el templo: te sientes menos estresado, más enfocado y más lleno de paz y de fe. Las bendiciones que puedes recibir por ir al templo son increíbles, pero la adoración en el templo abarca más que tan solo las bendiciones que recibes. A veces es difícil recordar a la otra persona que es parte de tu adoración en el templo, pero esa persona es más que un nombre en un papelito azul o rosa. Cuando te bautizas o te confirman como representante (a favor de alguien), ayudas a una persona real.

temple baptistryFotografía del bautisterio del Templo de Ogden, Utah, EE. UU.

Pero, ¿qué sabes de esas personas que han fallecido? ¿Por qué es tan importante que te bautices y te confirmen por ellos? Las Escrituras dan mucha información en cuanto a la vida después de la muerte.

La muerte física

Debido a la caída de Adán, todas las personas que nacen en la tierra sufren la muerte (véase Moisés 6:48). Al morir, el espíritu de la persona se separa del cuerpo y va al mundo de los espíritus para esperar su resurrección.

El mundo de los espíritus: El paraíso y la prisión espiritual

El mundo de los espíritus está dividido en el paraíso y la prisión espiritual. Las personas que se bautizaron y permanecieron fieles en su vida terrenal van al paraíso. Ese es un lugar de descanso, paz y gozo. Entre Su muerte y Su resurrección, Jesucristo visitó y enseñó a los espíritus en el paraíso (véase D. y C. 138:18–27).

Las personas buenas que murieron sin el conocimiento del Evangelio van a la prisión espiritual. Allí es también donde van aquellos que fueron desobedientes o malos durante su vida terrenal. Los espíritus justos enseñan a esas personas, y entonces ellos tienen la oportunidad de aceptar el Evangelio y arrepentirse (véaseD. y C. 138:28–37). Sin embargo, sin cuerpo no se pueden bautizar o participar en otras ordenanzas que son necesarias para recibir la vida eterna (véase Alma 40:14).

Ordenanzas vicarias

Afortunadamente, el Padre Celestial es misericordioso, amoroso y justo, de modo que proporciona una manera para que todos Sus hijos se salven. Allí es donde tú puedes ayudar. Cuando efectúas ordenanzas a favor de otras personas, ellas tienen la oportunidad de aceptar esas ordenanzas. Puedes hacer por ellas lo que ellas no pueden hacer por sí mismas en su camino hacia la vida eterna. Esos espíritus que se han arrepentido “serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios” (D. y C. 138:58; véase también el versículo 59); y tú puedes sentir el gran gozo que se recibe por ayudar a alguien en la prisión espiritual a recibir esas ordenanzas esenciales.

Resurrección

Mediante la resurrección de Jesucristo, todas las personas que nacen en la tierra superarán la muerte física y resucitarán (véase 1 Corintios 15:22). Jesús enseñó: “… porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14:19). Durante la resurrección, el espíritu de todas las personas se unirá a su cuerpo. Eso significa todos: los que vivieron inicuamente, los que vivieron justamente y los que se arrepintieron y recibieron las ordenanzas por medio de otra persona después de la muerte.

Juicio

Una vez que todo el mundo haya resucitado, cada persona se presentará ante Dios y será juzgada “según sus obras” (3 Nefi 27:15), incluso su aceptación de las ordenanzas (véase 3 Nefi 27:16–20). Solamente aquellos que han recibido las ordenanzas del Evangelio (ya sea en persona o mediante la obra del templo) y han cumplido con los convenios que acompañan a esas ordenanzas tendrán la vida eterna.

Debido a que eres un ser viviente y que eres un digno poseedor o poseedora de una recomendación del templo, tienes la increíble oportunidad y responsabilidad de ayudar a los otros hijos de Dios en su camino hacia la vida eterna. eres una parte central del plan de Dios.

La obra del templo: No existe mayor bendición

“Qué cosa tan maravillosa el que ustedes, jóvenes y jovencitas comunes y corrientes, puedan representar a un gran hombre o a una gran mujer que en un tiempo vivió sobre la tierra, pero que ahora se halla incapaz de progresar sin la bendición que ustedes pueden darle… No existe bendición mayor… Suyo será el privilegio, la oportunidad y la responsabilidad de vivir dignos de ir al templo del Señor y bautizarse allí por otra persona”.

Véase del presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), “Pensamientos inspiradores”,Liahona, abril de 2002

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Cómo establecer la unidad

Marzo de 2016Liahona 03 2016
Cómo establecer la unidad
Por el presidente Henry B. Eyring
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Tomado de un discurso de la Conferencia General de octubre de 2008.

Henry B. EyringVivimos en muchas circunstancias diferentes y llegaremos al Reino de Dios de toda nación y de diversos orígenes étnicos.

Sabemos, por experiencia, que tenemos gozo cuando se nos bendice con unidad. El Padre Celestial no puede concedérnosla de manera individual; el gozo de la unidad que tanto desea concedernos no se recibe de forma solitaria;debemos buscarlo y ser dignos de él junto con las demás personas. Por lo tanto, no es de sorprender que Dios nos inste a reunirnos para que Él pueda bendecirnos. Él quiere que nos unamos en familias; ha establecido clases, barrios y ramas, y nos ha mandado que nos reunamos a menudo. En esas reuniones que Dios ha designado para nosotros yace nuestra gran oportunidad. Podemos orar y trabajar para lograr la unidad que nos traerá gozo y multiplicará nuestro poder de prestar servicio.

young womenAdemás de las ordenanzas, hay principios que estamos siguiendo como pueblo y que nos están llevando a una mayor unidad.

1. Revelación. La revelación es la única manera de saber cómo seguir la voluntad del Señor juntos; requiere iluminación de los cielos. El Espíritu Santo testificará a nuestro corazón y al corazón de quienes estén reunidos con nosotros lo que Él quiere que hagamos; y es al guardar Sus mandamientos que podemos entrelazar nuestros corazones como si fuesen uno.

2. Ser humilde. El orgullo es el gran enemigo de la unidad; ustedes han visto y sentido sus terribles efectos. Felizmente, veo más y más pacificadores habilidosos que calman las aguas turbulentas antes de causar daño. Ustedes podrían ser uno de esos pacificadores, ya sean participantes del conflicto u observadores. Una manera en que he visto que se ha logrado es buscar algo en lo que estemos de acuerdo.

3. Hablar bien el uno del otro. Piensen en la última vez que se les preguntó cómo iban las cosas con alguien de su familia o de la Iglesia. Les prometo un sentimiento de paz y gozo cuando hablen amablemente de los demás en la luz de Cristo.

Con la unidad que veo en aumento, el Señor podrá llevar a cabo lo que el mundo pensará que es un milagro. Los santos pueden lograr cualquier propósito del Señor cuando están completamente unidos en rectitud.

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Ocho mitos sobre el arrepentimiento

Marzo de 2016Liahona 03 2016
Ocho mitos sobre el arrepentimiento

Si no estás seguro de lo que necesitas arrepentirte ni de cuándo tienes que hacerlo, aquí tienes algunas respuestas.

Arrepentirse no es fácil y a veces es doloroso, pero tú eres más que capaz. Requiere cambio y humildad, ¡y puedes hacerlo! Los siguientes son algunos mitos habituales sobre el arrepentimiento y algunas respuestas realmente buenas.

young man

Mito 1: Todavía recuerdo mi pecado, así que no debo de haber sido perdonado.

“Satanás tratará de hacernos creer que no se nos han perdonado nuestros pecados porque nosotros aún los recordamos. Satanás es un mentiroso; él trata de nublar nuestra vista y alejarnos del sendero del arrepentimiento y del perdón. Dios no prometió que nosotros no recordaríamos nuestro pecados; el hacerlo nos ayudará a evitar que volvamos a cometer los mismos errores; pero si nos mantenemos leales y fieles, el recuerdo de nuestros pecados se mitigará con el correr del tiempo”1.
—Presidente Dieter F. Uchtdorf

Mito 2: Todavía me siento culpable, así que no debo de haber sido perdonado.

“Aquellos de ustedes que verdaderamente se han arrepentido, pero no parecen encontrar alivio, sigan guardando los mandamientos; les prometo que el alivio vendrá en el tiempo del Señor. El sanar también requiere tiempo”2.
—Élder Neil L. Andersen Seguir leyendo

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La luz del día perfecto

Marzo de 2016Liahona 03 2016
La luz del día perfecto
Por el élder Larry R. Lawrence
De los Setenta
Larry R. LawrenceEl acumular toda la luz que nos sea posible es la clave para pasar con éxito la prueba de la vida mortal.

¿Les sorprendería saber que el éxito que logren en la vida depende de la cantidad de luz que obtengan mientras están aquí? El éxito no tiene que ver con cuánto dinero ganen, ni cuántas medallas obtengan ni cuánta fama logren; el verdadero objetivo de nuestra existencia es obtener luz.

Nuestro cuerpo físico aumenta de tamaño cuando lo alimentamos con comida nutritiva; nuestro espíritu resplandece más cuando lo nutrimos con luz. “Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1 Juan 1:5). Nuestro Padre Celestial fue una vez un hombre mortal que progresó gradualmente hasta que se convirtió en un Ser con una plenitud de luz. Él desea lo mismo para ustedes y para mí, ya que una plenitud de luz significa una plenitud de gozo.

Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que cuando salimos de nuestra vida premortal para venir a la tierra, Él nos dio a cada uno un regalo de despedida: la Luz de Cristo, nuestra conciencia. Tal como dice en las Escrituras: “… el Espíritu da luz a todo hombre que viene al mundo” (D. y C. 84:46).

basking in the lightEl deseo más grande de nuestro Padre Celestial es que sigamos la luz con la que nacimos a fin de que podamos recibir más luz. Si continuamos siguiendo la luz que nuestro Padre derrama sobre nosotros, recibimos más luz y llegamos a ser más como Él.

El don del Espíritu Santo —que se añade a la luz con la que nacimos— nos proporciona una gran ventaja. Es uno de los dones más grandiosos que podemos recibir en la tierra, ya que nos brinda más oportunidades de obtener luz y verdad. Sin el Espíritu Santo, somos como la persona que camina lentamente a casa en la oscuridad con solo una linterna como guía. Cuando aceptamos el evangelio de Jesucristo y somos bautizados, se nos proporciona un reflector y un guía que conoce el camino. Ahora podemos caminar más rápido y ver a dónde nos dirigimos durante nuestro trayecto a casa. Seguir leyendo

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