Conferencia General Abril 1994
Receta divina para la curación espiritual
Élder Malcolm S. Jeppsen
De los Setenta
«Testifico que aun cuando hay dolencias físicas que no tienen cura, todos las dolencias espirituales se pueden sanar gracias a la expiación de Jesucristo.»
A las magistrales palabras del élder Scott en cuanto a sanar espiritualmente, quisiera expresar algunas observaciones de parte de alguien cuya vida profesional estuvo dedicada a curar.
Habiendo practicado la medicina durante más de cuarenta años, he tenido ocasión de ver a muchos pacientes enfermos o que habían sufrido lesiones corporales. Por eso, estoy en condiciones de hacer una confesión: Los médicos no curan a los pacientes. Esta asombrosa y complicada maquina a la que llamamos el cuerpo humano ha incorporado dentro de sí un maravilloso mecanismo sanador; todo lo que puede hacer el médico es proveer un buen ambiente para la curación del enfermo.
Muy temprano en mi práctica de la medicina aprendí que nuestro Padre Celestial ya ha proporcionado el proceso fundamental para la curación de un cuerpo enfermo o lesionado. Además, aprendí que la actitud del paciente tiene una gran influencia en su curación; aquellos que confiaban en el Padre Celestial y ejercían la fe en el poder del sacerdocio a menudo se recuperaban más rápidamente.
¡He presenciado milagros! Muchas veces, cuando mis conocimientos profesionales me indicaban que había muy pocas esperanzas, he visto al paciente recuperarse completamente. Pero también he visto a otros que confiaron con fe en el Señor al pedir Sus bendiciones por medio de la oración, mas su oración no recibió la respuesta que la persona o sus seres queridos esperaban.
El Señor ha establecido una condición para las bendiciones de salud, que es: «…el que tuviere fe en mi para ser sanado, y no estuviera señalado para morir, sanara» (19. y C. 42:48). Aun cuando una persona confíe en la fe que tiene en el Señor para recibir bendiciones, si le ha llegado el momento de morir, no se le restaurara la salud. Es cierto que «la muerte [pasa] sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador» (2 Nefi 9:6). El presidente Spencer W. Kimball escribió lo siguiente: Seguir leyendo




































