Receta divina para la curación espiritual

Conferencia General Abril 1994logo 4
Receta divina para la curación espiritual
Élder Malcolm S. Jeppsen
De los Setenta

Malcolm S. Jeppsen«Testifico que aun cuando hay dolencias físicas que no tienen cura, todos las dolencias espirituales se pueden sanar gracias a la expiación de Jesucristo.»

A las magistrales palabras del élder Scott en cuanto a sanar espiritualmente, quisiera expresar algunas observaciones de parte de alguien cuya vida profesional estuvo dedicada a curar.

Habiendo practicado la medicina durante más de cuarenta años, he tenido ocasión de ver a muchos pacientes enfermos o que habían sufrido lesiones corporales. Por eso, estoy en condiciones de hacer una confesión: Los médicos no curan a los pacientes. Esta asombrosa y complicada maquina a la que llamamos el cuerpo humano ha incorporado dentro de sí un maravilloso mecanismo sanador; todo lo que puede hacer el médico es proveer un buen ambiente para la curación del enfermo.

Muy temprano en mi práctica de la medicina aprendí que nuestro Padre Celestial ya ha proporcionado el proceso fundamental para la curación de un cuerpo enfermo o lesionado. Además, aprendí que la actitud del paciente tiene una gran influencia en su curación; aquellos que confiaban en el Padre Celestial y ejercían la fe en el poder del sacerdocio a menudo se recuperaban más rápidamente.

¡He presenciado milagros! Muchas veces, cuando mis conocimientos profesionales me indicaban que había muy pocas esperanzas, he visto al paciente recuperarse completamente. Pero también he visto a otros que confiaron con fe en el Señor al pedir Sus bendiciones por medio de la oración, mas su oración no recibió la respuesta que la persona o sus seres queridos esperaban.

El Señor ha establecido una condición para las bendiciones de salud, que es: «…el que tuviere fe en mi para ser sanado, y no estuviera señalado para morir, sanara» (19. y C. 42:48). Aun cuando una persona confíe en la fe que tiene en el Señor para recibir bendiciones, si le ha llegado el momento de morir, no se le restaurara la salud. Es cierto que «la muerte [pasa] sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador» (2 Nefi 9:6).  El presidente Spencer W. Kimball escribió lo siguiente: Seguir leyendo

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Que haremos?

Conferencia General abril 1994logo 4
«¿Hans B. Ringger»
Élder Hans B. Ringger
De los Setenta

Hans B. Ringger«El evangelio nos da la respuesta, junto con la promesa de que tendremos la guía divino. Es un camino que sólo podemos seguir paso a paso, con paciencia, esperanza y fe.

Hace pocos años, el mundo se encontraba en un momento de grandes cambios políticos. La gente estaba convencida de que las naciones lograrían la tan anhelada paz. Sin embargo, muchos pasaban por alto el hecho de que vivimos en sociedades y con tradiciones cuyas normas y valores son cambiantes y en las cuales muchas veces las costumbres mundanas son lo que define la naturaleza de hombres y mujeres. A menudo nos encontramos con que una injusticia reemplaza a otra injusticia. Vivimos en una época de moral incierta y de escasa dirección; nos enfrentamos con la misma interrogante que se les presentó a los discípulos después de la resurrección de Cristo: «¿Que haremos?» (Hechos 2 37.)

Esta es la pregunta que hacemos en tiempos de incertidumbre  o cuando encaramos problemas nuevos; quizás respondamos con acciones impulsivas y esperemos encontrar la solución en los resultados de nuestros hechos. Felizmente, el Señor nos comprende mejor de lo que nosotros nos comprendemos. El evangelio nos enseña que lo primero que debemos hacer es reflexionar y desarrollar la te. Solo si nos decidimos sinceramente a hacer el bien, basados en el evangelio, seremos capaces de realizar obras de rectitud. La fe activa conduce a las buenas obras y recibiremos del cielo la fortaleza para luchar por lo que es correcto. No obstante, los hechos buenos no se mantienen por si mismos, sin esfuerzo de nuestra parte; para que continúen,  se requiere nuestra dedicación obediente y la dedicación de las futuras generaciones.

El Evangelio de Jesucristo es el único plan en el que no hay la posibilidad de error. Después del Sermón del Monte, el Señor advirtió a Sus discípulos sobre las adversidades futuras y la importancia de las buenas obras; les explicó que, cuando estuvieron a Su servicio, no debían confiar en su propia fuerza sino en el nombre y el llamamiento de Él. Nosotros también somos discípulos y vivimos en un mundo en el que hay muchas carencias, ya sean espirituales, materiales o emocionales. Mediante cl servicio en el evangelio, nos es posible satisfacer nuestras necesidades eternas y estar en condiciones de servir en el mundo. No podemos satisfacer esas necesidades con la búsqueda de lo efímero, sino sólo con el descubrimiento de lo eterno. Si buscamos las respuestas en un plano eterno, tendremos una relación con Dios y comprenderemos mejor a nuestros semejantes. De esa manera nos habilitaremos para el servicio; y ese es el propósito de la vida. Seguir leyendo

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Que clase de hombres habéis de ser?

Conferencia General Abril 1994logo 4
«¿Qué clase de hombres habéis de ser?»
Presidente Howard W. Hunter
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

Howard W. Hunter 1«Debemos llegar a conocer a Cristo mejor de lo que lo conocemos; debemos recordarle con más frecuencia de lo que le recordamos; debemos servirle más valientemente de lo que le servimos.»

Es un verdadero placer para mí estar con ustedes hoy y saludar a esta maravillosa congregación de la conferencia general. Al hacerlo, quisiera agradecerles las oraciones que ofrecen en beneficio de las Autoridades Generales pidiendo que tengamos salud, que seamos protegidos cuando viajamos y que seamos guiados en nuestros asuntos personales. Somos bendecidos gracias a esas fieles oraciones y deseamos que sepan que cuentan con nuestra gratitud.

Una de las preguntas más importantes que se haya hecho al hombre mortal fue la que hizo el mismo Hijo de Dios, el Salvador del mundo, al dirigirse a un grupo de Sus discípulos en el Nuevo Mundo, un grupo que estaba ansioso de recibir Sus enseñanzas y más ansioso aun porque ellos sabían que muy pronto los iba a dejar, El preguntó: «¿Qué clase de hombres habéis de ser?» Y entonces, sin esperar que le contestaran, El mismo dio la respuesta: «Aun como yo soy» (3 Nefi 27:27).

El mundo está lleno de personas que están siempre muy dispuestas a decirnos: «Haz lo que yo digo». Y por cierto que no nos faltan los que dan consejos en cuanto a casi todo lo habido y por haber. Pero hay muy pocas personas que estén preparadas para decir: «Haz lo que yo hago». Y por supuesto, sólo Uno en la historia de la humanidad pudo decir eso con toda justicia y rectitud. La historia del mundo nos da a conocer muchos casos de hombres y mujeres cuyo ejemplo ha sido digno de emular, pero aun el mejor de los mortales tiene defectos de una forma u otra; ninguno de ellos serviría como el prototipo de la perfección ni como el modelo infalible a quien seguir, aun cuando hayan tenido la mejor de las intenciones.

Sólo Cristo puede ser nuestro ideal, nuestra «estrella resplandeciente de la mañana» (Apocalipsis 22:16).sólo Cristo puede decir, sin reserva alguna, «seguidme» (2 Nefi 31:12), «aprende de mi» (D. y C. 19:23), «haced las cosas que me habéis visto hacer» (2 Nefi 31: 12) sólo Cristo puede decir que bebamos de Su agua, que comamos de Su pan (Juan 4:10; 6:51).sólo Él puede decir: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Juan 14:6), Seguir leyendo

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Progresemos espiritualmente

Conferencia General Abril 1994logo 4
Progresemos espiritualmente
Janette C. Hales
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Janette C. Hales«Mi deseo es que, durante estos años tan importantes… pasen de la etapa de niñas a la de mujeres rectas de fe, capaces de resolver problemas».

Hace unas semanas, fui a Nueva York para conocer a una nueva nietecita. Cuando mi hija y su esposo me recibieron en la puerta con esta pequeña de sólo tres días de nacida, era obvio que había un resplandor muy especial en ese apartamento. Cuando colocaron a Hannah, que era el nombre de mi madre, en mis brazos, parecía una muñequita con mucho pelo negro. Después de varios días, Hannah ya estiraba sus largas piernas y pies y empecé a pensar en todas las cosas por las que pasará durante su crecimiento. Quizás tenga algunos de los mismos temores que yo tuve, como tener miedo de quedarme sola en la obscuridad cuando tenía seis o siete años. A los trece o catorce, tal vez vaya a estar tan segura como yo lo estuve, de que no habría jóvenes tan altos como ella. Esa preocupación se agravó cuando al año siguiente me convencí de que una persona con pies tan «rancies como los míos jamás se casaría.

Esas preocupaciones son muy normales y las cosas que a ustedes les preocupan me preocuparán a mí también. Pero la más grande de estas es que cada una de ustedes esté progresando espiritualmente.

Siento gran reverencia por todas ustedes. Mi deseo es que, durante estos años tan importantes entre los doce y los dieciocho, pasen de la etapa de niñas a la de mujeres rectas de fe, capaces de resolver problemas. La que llevan a cabo durante estos años es una labor maravillosa, y, cuando la hacen bien, estarán construyendo un fundamento para una vida responsable y recta.

Cuando sus líderes de las Mujeres Jóvenes las animen a participar en el programa sobre «Mi Progreso Personal», espero que entiendan que eso representa mucho más que fijar metas y recibir reconocimiento, aunque eso es muy importante. La meta más importante es que ustedes constantemente seleccionen experiencias que fortalezcan su fe en nuestro Salvador, Jesucristo. Seguir leyendo

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Para ser sanado

Conferencia General Abril 1994logo 4
Para ser sanado
Elder Richard G. Scott
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Elder Richard G. Scott«La vía más segura, más eficaz y más corta para sanar la hallamos mediante la aplicación de las enseñanzas de Jesucristo en tu vida.»

La Pascua nos hace pensar en el Salvador, Su vida, Su expiación y Su resurrección. Él se ha levantado de los muertos «con salvación en sus alas» (2 Nefi 25:13; véase también Malaquías 4:2). Cuanta falta nos hace a todos la salvación que provee el Redentor! Este es un mensaje de esperanza para aquellos que anhelan recibir alivio de las pesadas cargas que sobrellevan sin haberlas buscado y a pesar de vivir dignamente. El problema que tienen puede provenir de una seria incapacitación física, de la lucha con una dolencia prolongada o del enfrentamiento diario con una enfermedad que amenace su vida; puede estar arraigado en la muerte de un ser querido o en la angustia de ver a otro en las garras del pecado, o provenir del abuso en uno de sus perversos aspectos. Cualquiera que sea la causa, testifico que se puede conseguir un alivio permanente si se cumplen las condiciones que el Señor ha establecido.

La ayuda que proviene del Señor siempre se rige por una ley eterna y cuanto mejor entiendas esa ley, más fácil te será recibir Su ayuda. Citaré algunos de los principios sobre los que se basa Su poder para sanar.

Es importante reconocer que la forma de sanar de Él puede ser una curación completa, o un alivio de tus cargas o aún el hecho de llegar a comprender que vale la pena perseverar hasta el fin pacientemente, porque Dios necesita hijos que estén dispuestos a ser pulidos de esa forma cuando, en Su sabiduría, esa sea Su voluntad.

Debes reconocer que algunos de los problemas de esta vida no se resolverán aquí, en la tierra. Pablo suplicó tres veces verse libre de «un aguijón en [la] carne» (2 Corintios 12:7-8). Pero el Señor le contestó, diciendo: «…Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad…» (2 Corintios 12:9). Y le dio la fortaleza para sobrellevarlo a fin de que su vida fuera más llevadera. Seguir leyendo

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Nuestro testimonio

Conferencia General Abril 1994logo 4
Nuestro testimonio
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Sin duda huy incrédulos. Pero, ¿hay acaso en la historia de la humanidad una experiencia con más testigos que la resurrección de Jesús en esa primera Pascua?»

Mis queridos hermanos, en esta mañana de Pascua agrego mi testimonio al de mis hermanos. Toda la cristiandad celebra hoy el aniversario del milagro más grandioso que ha tenido lugar en la historia de la humanidad. Es el milagro que abarca a todos los que han vivido en la tierra, a todos los que están en ella, y a todos los que vivan en ella en el futuro. Nada de lo que se ha hecho antes o después ha afectado al género humano como la expiación que llevó a cabo Jesús de Nazaret, que murió en la cruz del Calvario, fue sepultado en el sepulcro de José de Arimatea, y al tercer día se levantó de la tumba como el Hijo viviente del Dios viviente, el Salvador y Redentor del mundo.

Todos los seres mortales tenemos que morir. La muerte forma una parte tan importante de la vida eterna como el nacimiento. Si la contemplamos con ojos terrenales, sin comprender el plan eterno de Dios, la muerte es una experiencia tétrica, final e implacable, que Shakespeare describió como «la tierra desconocida de cuyos confines ningún viajero retorna» (Hamlet, acto 3, escena 1, líneas 78-80).

Pero nuestro Padre Eterno, cuyos hijos somos, hizo posible que fuera algo mucho mejor mediante el sacrificio de Su Hijo Unigénito, el Señor Jesucristo. Así tenía que ser. ¿Sería posible creer que el Gran Creador hubiera creado la vida, el progreso y los logros sólo para echar todo al olvido al llegar la muerte? La razón nos dice que no; la justicia exige una respuesta mejor. El Dios de los cielos la designó; el Señor Jesucristo la llevó a efecto. El Suyo fue el sacrificio supremo; Su victoria fue sublime.

Sin duda hay incrédulos. Pero, ¿hay acaso en la historia de la humanidad una experiencia con más testigos que la resurrección de Jesús en esa primera Pascua? Él le habló a María, que fue la primera en llegar al sepulcro; después, les hablo a las otras mujeres, que corrieron a relatarlo a sus hermanos, dos de los cuales fueron corriendo hasta el jardín. Más tarde, apareció a diez de los Apóstoles, encontrándose ausente Tomas. Luego volvió, esa vez con Tomas presente. Al verlo, el que había dudado exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28). Habló con dos de los hermanos en el camino a Emaus, y ellos después dijeron: «¿No ardía nuestro corazón en nosotros…?» (Lucas 24 32). Y Pablo dijo que «después apareció a más de quinientos hermanos a la vez», agregando luego: «Y… me apareció a mí» (1 Corintios 15:6, 8). Seguir leyendo

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Los consejos de la Iglesia

Conferencia General Abril 1994

Los consejos de la Iglesia

Elder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

“La Iglesia necesita con urgencia que los lideres, especialmente los presidentes de estaca y los obispos, aprovechen y canalicen la fortaleza espiritual por medio de los consejos.”

Antes de que me llamaran como Autoridad General, yo trabajaba en la industria automovilística, como lo había hecho mi padre. A través de los años, aprendí a apreciar el sonido y el buen funcionamiento de un motor bien ajustado. Es como música para mis oídos escuchar tanto el suave susurro de un motor encendido como el vibrante rugido de un motor a toda marcha. El poder que denotan esos sonidos es más emocionante aun. Nada se compara a sentarse al volante de un buen automóvil cuando todas las partes del motor funcionan bien y en perfecta armonía.

Por el contrario, no hay nada más deprimente que un automóvil que no funcione bien. Aunque la pintura este impecable y el interior sea comodísimo, si el motor no funciona como debe, el auto no cumple con su finalidad. Puede marchar aunque parte de los cilindros falle, pero no corre tan aprisa ni llega tan lejos como si estuviera bien ajustado.

Desdichadamente, algunos barrios de la Iglesia funcionan con unos pocos cilindros, algunos, incluso, con uno solo; el barrio de un cilindro es aquel en el que el obispo soluciona todos los problemas, toma todas las decisiones y se asegura de que se cumplan todas las asignaciones. Y. como un cilindro de auto sobrecargado, pronto se desgasta.

Los obispos ya tienen grandes responsabilidades. Ellos, y sólo ellos, tienen ciertas llaves, y son los únicos que pueden realizar ciertas tareas. Pero no se les llama para que lo hagan todo, en todo momento y a todos los miembros. Se les llama para que presidan y guíen y extiendan el amor de Dios a todos Sus hijos. Nuestro Padre Celestial no espera que desempeñen solos todas las tareas. Seguir leyendo

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Lo que el querría que hiciéramos

Conferencia General Abril 1994logo 4
Lo que él querría que hiciéramos
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de lo Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Al meditar en los mensajes de esta conferencia, vemos… la misión del Señor Jesucristo, la santidad del hogar y la importancia de obedecer las enseñanzas divinas.»

En estas conferencias hemos extrañado al élder Marvin J. Ashton y a otro ser muy conocido, D. Arthur Haycock, quienes fallecieron desde nuestra última conferencia. Enviamos nuestras condolencias y nuestras oraciones a las hermanas Ashton y Haycock, así como a todos aquellos que hayan perdido a un ser querido durante este período.

La silla del presidente Benson, ubicada entre el presidente Hinckley y yo, ha permanecido vacía en esta conferencia, no obstante que él ha visto las sesiones por televisión en su apartamento. Nuestros corazones están llenos de amor por el Profeta de Dios, y sus enseñanzas resuenan en nuestros oídos. Si él estuviera de pie ante nosotros en este momento, a la conclusión de esta conferencia, creo que diría: «Señor, ha sido un placer estar aquí hoy».

Con las manos en alto y de todo corazón, hemos sostenido a los que han sido llamados a nuevos puestos de responsabilidad.

Ahora que nos disponemos a volver a nuestros hogares, ruego que viajemos en paz y seguridad; que seamos obedientes a los mandamientos de Dios. Al meditar sobre los mensajes de esta conferencia, vemos entretejida, al igual que un bello hilo dorado en un exquisito tapiz, la misión del Señor Jesucristo, la santidad del hogar y la importancia de obedecer las enseñanzas divinas.

Me gustan estas palabras: «Antes de la Pascua de Resurrección, debió haber una cruz». Y muchos tienen pesadas cruces que llevar. Con el nacimiento del Niño en Belén salió a luz algo sumamente maravilloso, un poder más fuerte que las armas, una riqueza más perdurable que las monedas del Cesar. Tal vez Él se nos presente como un desconocido, sin nombre, así como a la orilla del mar se les presento a los hombres que no lo conocieron. Él nos dirige las mismas palabras: «Venid, seguidme», y nos pide que llevemos a cabo la tarea que Él tiene que cumplir en nuestros días. Él manda, y a aquellos que lo obedezcan, ya sean personas sabias o sencillas, Él se revelara a Si mismo en las penurias, los conflictos y los sufrimientos por los que pasaran al seguirle por propia experiencia sabrán quien es él.

Ruego que alabemos Su nombre, sigamos Su ejemplo e incorporemos Sus verdades a nuestra vida, y así podremos decir que esta conferencia ha sido todo un éxito. Que esto sea así, lo ruego  en Su santo nombre, Jesucristo. Amén.

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Llena nuestro corazón de tolerancia y amor

Conferencia General Abril 1994

“Llena nuestro
corazón de tolerancia y amor”

Élder Russell M. Nelson
Del Cuorum de los Doce Apóstoles

“La intolerancia siembra la contención; pero la tolerancia
elimina la contención y es la llave que abre la puerta
al entendimiento mutuo y al amor.”


Queridos hermanos y hermanas, deseo unirme a mis hermanos al hacer extensivos mis saludos de Pascua de Resurrección a cada uno de ustedes, y expresar mi agradecimiento por la Expiación de Jesucristo, por Su ejemplo y por Sus enseñanzas, las que han inspirado mi discurso hoy día.

He sentido la impresión de hablar sobre el tema de la tolerancia, una virtud muy necesaria en nuestro turbulento mundo, pero al analizar este tema debemos reconocer desde el principio que existe una diferencia entre tolerancia y tolerar. Su amable tolerancia de las creencias o prácticas de otra persona no le concede a esta el derecho de hacer lo malo: ni la tolerancia suya le obliga a usted a tolerar la mala conducta de otros. Esta diferencia es fundamental para entender esta virtud importantísima.

Asistí hace algunos meses a un “laboratorio de tolerancia” cuando tuve el privilegio de participar en el Parlamento de las Religiones del Mundo. Allí converse con buenos hombres y mujeres que representaban muchos grupos religiosos. Nuevamente capte las ventajas de la diversidad étnica y cultural y reflexione una vez más sobre la importancia de la libertad y tolerancia religiosas. Seguir leyendo

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Las decisiones

Conferencia General Abril 1994logo 4
Las decisiones
Élder Gerald E. Melchin
De los Setenta

Gerald E. Melchin«El contar con la ayuda del Señor para tomar decisiones depende de los mismos principios que condujeron al Profeta a la Arboleda Sagrada y al Salvador al Jardín de Getsemaní.»

Agradezco la oportunidad de estar aquí con ustedes en la conferencia general y agregar mi agradecimiento y apoyo a los que acaban de ser llamados como Autoridades Generales, al obispo Hales y a los demás hermanos.

Durante los últimos meses en que mi esposa y yo hemos estado prestando servicio juntos en el Templo de Toronto, hemos vivido las experiencia, más espirituales de nuestra vida. Tenemos la bendición de contar con dos consejeros maravillosos y con sus respectivas compañeras, además de los abnegados obreros de las ordenanzas, algunos de los cuales están cumpliendo una misión regular. El área en la que servimos cubre una variada gama de culturas, y miembros procedentes de todas las naciones del mundo, que hablan idiomas diferentes, comparten con nosotros sus sentimientos más profundos cuando reciben la investidura.

Con frecuencia pienso en las circunstancias que se suscitaron y en las muchas decisiones que fue preciso tomar y que nos llevaron a reunirnos en ese santo lugar. Nunca me he detenido a contar la cantidad de decisiones que debo tomar todos los días, pero si sé que es un proceso constante. Hay una definición que dice que «una decisión es llegar a una solución que pone fin a la incertidumbre». Y es precisamente la incertidumbre lo que hace tan difícil el tomar decisiones. Cuando las tomamos a la ligera o sin considerar los posibles resultados, quizás nos encontremos en la situación de desear tener la habilidad de retroceder en el tiempo.

Hace un tiempo, estaba mirando la ópera titulada «El hechicero», que trata de un príncipe y una princesa que estaban preocupados porque había muy poca gente casada en el reino (suena familiar, ¿verdad?). Entonces hablaron con un hechicero para que preparara una poción que hiciera que las personas se quedaran dormidas y que, al despertar, se enamoraran de la primera persona que vieran. Se invitó a todos los solteros a un banquete en el cual se sirvió la poción. El plan dio sus frutos, pero de más está decir que hubo parejas muy disparejas. El príncipe y la princesa se alarmaron al ver el resultado y se dieron cuenta de que esa no era la solución al problema. Seguir leyendo

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La obra sigue adelante

Conferencia General Abril 1994logo 4
La obra sigue adelante
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de lo Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Espero que todos entiendan que Jesucristo está a la cabeza de esta Iglesia que lleva Su santo nombre; El vela por ella; El la guía.»

Fe de nuestros padres, santa fe.
Firmes seremos hasta morir.
(Traducción libre, Hymns, 1985, núm. 84)

Agradezco que el coro haya cantado esas palabras hace unos momentos. Mis queridos hermanos, ha sido esta una magnifica reunión en la cual se ha manifestado la inspiración del Señor. Siento profundamente la responsabilidad que tengo de hablarles; soy consciente de mi insuficiencia y ruego que el Espíritu del Señor, fortalecedor e inspirador, me guíe.

El comprender que el sacerdocio que poseemos es según el orden del Hijo de Dios, y que somos responsables ante El y ante nuestro Padre Eterno de todo lo que hagamos al ejercer esta mayordomía, nos hace sentir sumamente humildes. Lo que digo de mí en cuanto a esto se aplica igualmente a todos los que tengan un oficio en esta Iglesia y Reino de Dios. No es un hecho insignificante el estar investidos con el manto de autoridad del santo sacerdocio, cualquiera sea el oficio, la jerarquía o la responsabilidad en donde hayamos sido llamados a servir. Todo miembro de esta Iglesia que haya entrado en las aguas del bautismo se ha convertido en una de las partes de un sagrado convenio. Cada vez que tomamos el sacramento de la Cena del Señor, renovamos ese convenio, volviendo a tomar sobre nosotros el nombre del Señor Jesucristo y a prometer que obedeceremos Sus mandamientos. El, a su vez, nos promete que Su Espíritu estará con nosotros. Tal como lo expresó el élder Didier, somos una gente que hace convenios.

Esta tarde, como de costumbre, hemos realizado el sostenimiento de oficiales de la Iglesia. Quizás parezca una práctica un tanto superficial; pero les hago recordar que se trata de un acto de muy grave importancia, un acto que se ha requerido por revelación del Señor, que dice: Seguir leyendo

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La influencia de una buena vida

Conferencia General Abril 1994logo 4
La influencia de una buena vida
Élder Marlin K. Jensen
De los Setenta

Marlin K. Jensen«Cuando vemos reflejarse la imagen de Cristo en el semblante de otras personas, nos. sentimos impulsados a vivir dignamente a fin de que Su imagen también se refleje en nuestro semblante.»

Hermanos, ciento gratitudes por formar parte de esta vasta asamblea de poseedores del sacerdocio. Tengo en particular muy presente a un grupito maravilloso de misioneros con los cuales mi esposa y yo tenemos la bendición de trabajar en la Misión de Nueva York Rochester. Hablando tal vez en nombre de todos los presidentes de misión y de los padres de los misioneros, quiero recomendarles esto durante mi breve ausencia: «¡Trabajen mucho, manejen con cuidado y pórtense bien!»

Todos los que poseemos el Sacerdocio de Dios estamos embarcados en una gloriosa causa común: ayudar a nuestro Padre Celestial en Su obra de llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre (Moisés 1:39). Esta tarea, en su forma más sencilla, implica que nos preparemos para ser dignos de las bendiciones de la expiación del Salvador y que nos esforcemos por lograr que otros hagan lo mismo.

Con el correr de los años, al luchar con mis propias debilidades y tratar de ayudar a otros a vencer las suyas, he recibido asistencia de diversas procedencias. La oración, mi conocimiento de un amoroso Padre Celestial que se ocupa de mí y de Su plan de salvación, las Escrituras, el templo y los impulsos del Espíritu Santo me han sido especialmente provechosas. Sin embargo, la influencia y la inspiración que he recibido de la vida de personas nobles han sido aún más inmediatas en cierto sentido. Nunca deja de impresionarme y conmoverme profundamente la gran influencia que tiene una buena vida.

De los muchos ejemplos que tenemos en la interesante historia de nuestro pueblo, quiero relatar dos ejemplos; el primero, de la vida del profeta José Smith: Seguir leyendo

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La gratitud

Conferencia General Abril 1994logo 4
La gratitud
Elder Lloyd P. George
De los Setenta

Lloyd P. George«Considero que uno de los más grandes pecados de que somos culpables nosotros, los hijos de nuestro Padre Celestial, es el pecado de la ingratitud.»

El salmista dijo: «Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste,

«Digo: ¿Que es el hombre, para que tengas de el memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?

«Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.
«Le hiciste Señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies» (Salmos 8:3-6).

Eso pone claramente de relieve la importancia de nosotros, los hijos de Dios, en el plan de la vida terrenal y la vida eterna. También tenemos la palabra del Señor a Job cuando le preguntó:

«¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.
«¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quien extendió sobre ella cordel?
«¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quien puso su piedra angular,
«Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?» Job 38:4-7)

Hermanos y hermanas, nosotros estuvimos en ese concilio que hubo en los cielos cuando se presentó ese plan, y nos sentimos felices por el privilegio, la oportunidad y la bendición de venir a la tierra a recibir un cuerpo de carne y hueso, lo que nos permitiría enfrentarnos al bien y al mal. Mis hermanos y hermanas, que agradecidos estamos de haber tomado parte en ese plan de redención, en lugar de pensar lo que Pablo dijo a los corintios: «Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres» (1 Corintios 15:19). ¿Estamos dispuestos a dar las gracias por las bendiciones y el conocimiento que hemos recibido? Seguir leyendo

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La fe es la respuesta

Conferencia General Abril 1994logo 4
La fe es la respuesta
Virginia H. Pearce
Primero Consejera de la Presidencia General de las Muieres Jóvenes

Virginia H. Pearce«Al aumentar nuestra fe, aumenta también nuestra capacidad no sólo de sobrevivir a los tiempos difíciles sino de volvernos mejores por motivo de ellos.»

Por qué tenía que haberme ocurrido a mí?» Ésa es la pregunta que nos hacemos durante los momentos difíciles. Los problemas familiares, la soledad, la ineptitud, las dificultades escolares: «¿Por qué tenía que haberme ocurrido a mí?» ¿Qué solución habrá para esto? ¿Cuál es la respuesta?

El presidente Gordon B. Hinckley, Primer Consejero de la Primera Presidencia, dijo: «De todas las cosas que necesitamos, considero que la más urgente es un aumento de nuestra fe» («Padre, aumenta nuestra fe», Liahona, enero de 1988, pág. 54).

¿Será la fe la respuesta? Todos sabemos que con mayor fe nuestros problemas no desaparecerán; pero yo creo que, al aumentar nuestra fe, aumenta también nuestra capacidad no sólo de sobrevivir a los tiempos difíciles sino de volvernos mejores» por motivo de ellos. Creo que la fe es la respuesta.

Escuchen con los oídos y con el corazón lo que se diga en esta conferencia, porque cada canción, cada discurso y cada segmento de video que se exhiba tiene por objeto lograr que ustedes salgan de esta reunión con una comprensión más profunda de la fe: de lo que es, de cómo podemos valemos de ella y de cómo aumentarla.

La fe es el primero de los Valores de las Mujeres Jóvenes: «Soy hija de un Padre Celestial que me ama, y tendré fe en Su plan eterno, cuyo centro es Jesucristo, mi Salvador» (Manual de las Mujeres Jóvenes IPEYW0044SP], 1988, pág. 5).

AI expresar esa definición en lenguaje común, la fe significa que en verdad creo que: Seguir leyendo

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La condición especial de los niños

Conferencia General Abril 1994logo 4
La condición especial de los niños
Elder Merlin R. Lybbert
De los Setenta

Merlin R. Lybbert«Nuestro Padre Celestial desea que todos los niños tengan el amor, la protección y la guía del padre y de la madre.»

En esta época en la que uno de «…los problemas más grandes de nuestra sociedad es el abandono de los niños debido a la falta de responsabilidad paternal» (Richard Lloyd Anderson, Understanding Paul, Deseret Book Company, 1983, pág. 354), la Primera Presidencia ha pedido que «hagamos nuevamente hincapié en la importancia de que todos los miembros adultos de la Iglesia se dediquen a nuestros niños en un esfuerzo constante por ayudarles a aprender a seguir las enseñanzas del Salvador». También nos ha pedido que cada uno de nosotros «vuelva a tomar la determinación de nutrirlos y de bendecirlos, tanto temporal como espiritualmente» (Carta de la Primera Presidencia, 12 de agosto de 1993).

Me parece importante que repasemos algunas de las doctrinas que contienen las Escrituras en cuanto a la condición especial de los niños. En esos pasajes encontramos una guía para los que enfrentan la tarea de criar a sus niños y un consuelo para los que hemos perdido a un hijito.

Nuestro Padre Celestial desea que todos los niños tengan el amor, la protección y la guía del padre y de la madre. Así se estableció con nuestros primeros padres, Adán y Eva. José, el descendiente de David, accedió a ser el padre adoptivo de Jesús, el hijo de Dios, cuando aceptó a María como esposa, después que lo visitó el ángel Gabriel. En Nazaret, todos lo consideraban el padre de Jesús (Mateo 13:55).

El Niño Jesús creció en una casa modesta, donde José se ganaba la vida como carpintero, y allí también El aprendió ese oficio (véase Marcos 6:3). La familia era grande; María y José tuvieron otros cuatro hijos y por lo menos dos hijas, los cuales eran conocidos como los hermanos de Jesús (Mateo 13:55-56; Marcos 6:3). José y María dieron un buen ejemplo a su numerosa familia dentro del hogar, por lo que Lucas dijo que [«Jesús»] crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios [estaba] sobre el» (Lucas 2:40).

El Señor da a los niños protección y comparte con los padres la responsabilidad de criarlos mientras están en la tierra. Los niños no pecan hasta que llegan a la edad de la responsabilidad, que según el Señor ha determinado, son los ocho años (D. y C. 18:42; 29:47). En realidad, a Satanás se le ha quitado el poder aun de tentarlos a cometer un pecado. El profeta Mormón enseñó: «los niños pequeños son sanos, porque son incapaces de cometer pecado; Seguir leyendo

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