Jesús de Nazaret

Conferencia General Abril 1994logo 4
Jesús de Nazaret

Elder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«Todos estamos profundamente en deuda con El, ya que Él nos ganó al derramar Su preciosa sangre.»

En el corazón del hombre, cualquiera sea su raza o condición en la vida, hay anhelos inexpresables de algo que por ahora no poseen. Este anhelo ha sido infundido en nosotros por un Creador que se preocupa por sus hijos.

El objetivo de nuestro amoroso Padre Celestial es que ese anhelo del corazón humano nos conduzca hacia Aquel que es el único que puede satisfacerlo, Jesús de Nazaret, que fue preordenado en el gran consejo, antes de que se creara la tierra.

El Jesús premortal dijo al hermano de Jared:

«He aquí, yo soy el que fue preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo. He aquí, soy Jesucristo… En mi todo el género humano tendrá vida, y la tendrá eternamente, si, aun cuantos crean en mi nombre…» (Eter 3: 14).

Hoy es el día de la Pascua de Resurrección, un día señalado para conmemorar la resurrección física del Salvador del mundo. Por ser miembros de Su Iglesia restaurada, es imperante que hagamos todo lo posible por aumentar nuestro conocimiento de Su misión premortal, de los primeros días de Su ministerio, de Su injusta crucifixión, de la agonía de Su sufrimiento, de Su sacrificio final y Su resurrección. Todos estamos profundamente en deuda con El, ya que Él nos ganó al derramar Su preciosa sangre. Estamos completamente obligados a seguir Sus admoniciones, a creer en Su nombre y a testificar de Él y Su palabra.

Debo algunas de mis palabras a los relatos de testigos oculares de la vida de Cristo, según están registrados en el Nuevo Testamento; a profetas antiguos y contemporáneos, y especialmente al profeta José Smith por su testimonio personal de que Dios el Padre y Su Hijo viven, y por haber seguido fielmente las instrucciones divinas de sacar a luz la plenitud del Evangelio eterno, contenido en el Libro de Mormón y otros libros canónicos de los últimos días. Doy gracias por los escritos apostólicos de los élderes James E. Talmage y Bruce R. McConkie y de otros escritores, incluso el teólogo y creyente Frederic W. Farrar. Las Escrituras nos enseñan las verdades del evangelio, y los autores inspirados añaden a nuestro conocimiento. Seguir leyendo

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Fe en el Señor Jesucristo

Conferencia General Abril 1994logo 4
«Fe en el Señor Jesucristo»
Elder Dallin H. Oaks
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«La fe en el Señor Jesucristo es una convicción y confianza de que Dios nos conoce y nos ama y que escuchará nuestras oraciones y las contestará de la manera que sea mejor para nosotros.»

Mis estimadas hermanitas, me he sentido inspirado por las oraciones, la música y las palabras en esta maravillosa reunión. Creo que toda jovencita que esté escuchando ha sido fortalecida en su determinación de llegar a ser lo que la presidenta Janette C. Hales les ha pedido que lleguen a ser: mujeres rectas de fe, capaces de resolver problemas.

Estas maravillosas mujeres que integran la presidencia general de las Mujeres Jóvenes de la Iglesia del Señor nos han demostrado cómo se puede lograr; cómo podemos buscar, obtener e incrementar nuestra fe en el Señor Jesucristo. La hermana Pearce nos dio ejemplos inspiradores de hombres y mujeres que pusieron su fe y confianza en nuestro Padre Celestial y Su Hijo, Jesucristo, con la creencia de que Ellos están encargados de este mundo, que nos conocen y nos aman, y que tienen un plan para nosotros. La hermana Pinegar nos enseñó que podemos y debemos elegir creer en nuestro Salvador y en Su amor.

Estas enseñanzas y estas maestras son verdaderas. Siento el peso de la responsabilidad de dar fin a una reunión sobre este tema tan importante.

El primer principio del evangelio no es «fe». El primer principio del evangelio es «Fe en el Señor Jesucristo» (Artículo de Fe 4). Quisiera hablarles, jovencitas, en cuanto a esta verdad tan importante.

La fe no existe por sí sola; requiere un objeto; debe ser fe en algo o en alguien. En ese respecto, la fe es como el amor: el amor no puede existir sin un objeto. Seguir leyendo

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Enseñemos a los niños a andar rectamente delante del Señor

Conferencia General Abril 1994logo 4
Enseñemos a los niños a orar y a andar rectamente delante del Señor
Ruth B. Wright
Consejera de la Presidencia General de la Primaria

Ruth B. Wright«Nuestros hijos estarán mejor capacitados para soportar los tentaciones y los problemas que les sobrevengan si saben y comprenden que el guardar los mandamientos de Dios les dará paz y gozo.»

Cuan caros para Dios son los pequeños,
con El sus vidas comenzaron.
Cuan valiosa es su seguridad,
su inocencia y su pureza;
son ellos parte de Su eterno plan.
(Traducción libre, Children’s Songbook, págs. 180-181.)

Al entrar en el salón de la Primaria, la hermana Wilson miró detenidamente a los niños. Cuanto han crecido y progresado desde enero, pensó. Se sentó con ellos y empezó a dar la lección. «¡Cada uno de ustedes es muy especial! Han aprendido muchas cosas; han aprendido a ser reverentes y a escuchar las lecciones. ¡E incluso ya saben decir solos la oración!» «Pues si», dijo Clayton, «ya hace cinco años que vivo aquí en la tierra». Su vida le parecía a él un largo tiempo y no percibía límites en cuanto a lo que podía aprender. Hermanos y hermanas, los niños están deseosos de aprender; desean que se les enseñe; necesitan que se les enseñe.

La Primera Presidencia ha exhortado a todos los miembros adultos de la Iglesia a que concentren sus esfuerzos en instruir a los niños para que sigan las enseñanzas del Salvador. El propósito del programa titulado «Concentrémonos en los niños» es lograr que los miembros adultos enfoquen su atención y sus esfuerzos en los niños de manera que estos tengan un testimonio con una base sólida y vivan fielmente el Evangelio de Jesucristo («Concentrémonos en los niños: Guías y pautas»). Cuando consideramos a todos los niños que, como Clayton, están ávidos de aprender, nos damos cuenta de que la responsabilidad que tenemos es algo sumamente importante. Seguir leyendo

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El sendero de la paz

Conferencia General Abril 1994

El sendero de la paz

Thomas S. Monson

Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

«La paz forjada por el hombre es efímera. La paz a la manera de Dios es imperecedera.»

En esta hermosa mañana de la Pascua, llenan el aire las oraciones de agradecimiento por la vida y misión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en tanto que hermosas melodías de música inspiradora confortan el corazón y en un susurro comunican al alma el prístino saludo de «Paz a vosotros».

En un mundo en que la paz es motivo de ansiedad universal, a menudo nos preguntamos por que recorre nuestras calles la violencia, porque hay tantos casos de asesinatos y homicidios insensatos que colman las columnas periodísticas y tantas discordias y conflictos familiares que atentan contra la santidad del hogar y sofocan la tranquilidad de la gente.

Quizás nos apartamos del sendero que conduce a la paz, sólo para descubrir que es menester que hagamos una pausa para meditar y reflexionar acerca de las enseñanzas del Príncipe de la paz, y nos propongamos entonces adoptarlas en nuestros pensamientos y en nuestras acciones, y vivir conforme a una ley superior, andar por caminos más excelentes y ser mejores discípulos de Cristo.

La devastación que el hambre provoca en Somalia, las brutalidades del odio en Bosnia y las contiendas raciales en todo el globo nos recuerdan que la paz que anhelamos no se consigue sin esfuerzo y determinación. El odio, la ira y la contención son enemigos difíciles de controlar. En su ataque asolador, estos enemigos ocasionan inevitablemente lágrimas de pesar, la aflicción que resulta del antagonismo y la destrucción de las esperanzas. Su influencia se extiende no solamente a los campos de batalla sino que también se observan a menudo en los hogares y en los corazones. Muchos olvidan demasiado pronto y recuerdan demasiado tarde el consejo del Señor, que dice: «…no habrá disputas entre vosotros… Porque en verdad, en verdad os digo que aquel que tiene el espíritu de contención no es mío, sino es del diablo, que es el padre de la contención, y el irrita los corazones de los hombres, para que contiendan con ira unos contra otros. Seguir leyendo

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El Sacerdocio: una obligación sagrada

Conferencia General Abril 1994logo 4
El sacerdocio: una obligación sagrada
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de lo Primera Presidencia

Thomas S. Monson«Nuestro Señor Jesucristo… es nuestro modelo ejemplo y nuestro guía. Para tener éxito en nuestros llamamientos en el sacerdocio debemos seguir Sus huellas.»

Cuan impresionante es   estar reunidos con esta  congregación de poseedores del sacerdocio, aquí en el Tabernáculo de la Manzana del Templo y los que se encuentran en cientos de edificios alrededor del mundo! Ruego que el Espíritu inspire mis palabras esta noche.

La presencia de quienes poseen el Sacerdocio Aarónico me hace recordar las experiencias que tuve cuando, habiendo aprendido de memoria los Artículos de Fe, me gradué de la Primaria y recibí ese Sacerdocio y el oficio y llamamiento de diácono. Repartir la Santa Cena era un privilegio y recoger las ofrendas de ayuno una obligación sagrada. Se me apartó como secretario del quórum de diáconos y, en ese momento, sentí que ya no era un muchachito y que comenzaba entonces mi juventud.

¿Se pueden imaginar, jóvenes, la sorpresa que recibí cuando en una reunión de oficiales de nuestra conferencia de barrio un miembro de la presidencia de la estaca, después de llamar a líderes del barrio para que hablaran, me invitó—sin previo aviso—para que diera un informe acerca de mis responsabilidades y expresara mis sentimientos con respecto a mi llamamiento como secretario del quórum y oficial del barrio? No recuerdo lo que dije, pero de pronto tuve conciencia de mi responsabilidad y esto todavía es parte de mí ser.

Espero sinceramente que cada diácono, maestro y presbítero sea consciente del significado de su ordenación en el sacerdocio y del privilegio de cumplir una función tan importante en la vida de cada uno de los miembros cuando administran y reparten la Santa Cena todos los domingos.

Cuando era poseedor del Sacerdocio Aarónico me pareció que, al comenzar nuestras reuniones, siempre cantábamos los mismos himnos: «Venid, los que tenéis de Dios el sacerdocio», «¡Que firmes cimientos!», «Israel, Jesús os llama», y unos pocos más. No cantábamos muy bien y el volumen de nuestras voces no era muy adecuado, pero aprendimos la letra y recordamos el mensaje de cada uno de esos himnos. Seguir leyendo

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El padre y la familia

Conferencia General Abril 1994

El padre y la familia

President Boyd K. PackerÉlder Boyd K. Packer
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«La familia está a salvo en la Iglesia. No dudamos en cuanto al camino que debemos de seguir, pues nos fue señalado desde el comienzo de este mundo, y la guía de los cielos se recibe de nuevo, cuando es necesario.»

Una familia comienza con un joven y una Señorita atraídos mutuamente por las fuerzas irresistibles de la naturaleza. Se ofrecen el uno al otro aquello que los distingue a él como varón y a ella como mujer. Los jóvenes desean, más que nada, encontrar a la persona con la que plenamente puedan expresar su amor. Desean tener hijos, formar una familia.

Estas apremiantes fuerzas de la naturaleza no se deben resistir; pero se deben considerar con cautela, y los poderes capaces de engendrar vida se deben proteger hasta que la pareja se haya hecho promesas mutuas, haga convenios con el Señor, y se haya efectuado y registrado, con testigos, una ceremonia legal que una a los dos.

Y es únicamente entonces, como esposos, como hombre y mujer, que pueden unirse en esa expresión de amor mediante la cual se produce la vida.

El objetivo principal de todas las enseñanzas y actividades de la Iglesia es que los padres y sus hijos sean felices en el hogar, estén sellados en un matrimonio eterno y estén unidos a sus antepasados.

El objetivo principal del adversario, que tiene «gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo» (Apocalipsis 12:12), es perturbar, desbaratar y destruir el hogar y la familia.

Como barco sin brújula, nos vamos alejando de los valores familiares que nos han servido de ancla en lo pasado. Ahora nos encontramos en una corriente tan fuerte que, a menos que cambiemos el rumbo, la civilización que existe en la actualidad ciertamente será destruida.

Los valores morales se van abandonando y las oraciones en las escuelas públicas no se permiten con el pretexto de que la enseñanza moral es asunto religioso. Al mismo tiempo, se admite en las aulas el ateísmo, la religión secular, en donde se predica a nuestros hijos un comportamiento sin ninguna restricción moral.

Los líderes mundiales, así como los jueces de los tribunales, concuerdan en que la familia debe perdurar si hemos de sobrevivir. Al mismo tiempo, utilizan las palabras libertad y elección como herramientas para destruir los baluartes del pasado, y aflojan las leyes en cuanto al matrimonio, el aborto y el género; al hacerlo, fomentan precisamente las cosas que amenazan a la familia.

Nada de esto es nuevo. Jacob, Profeta del Libro de Mormón, dijo al pueblo de Nefi:

«…hoy me agobia el peso de un deseo y afán mucho mayor por el bien de vuestras almas, que el que hasta ahora he sentido…

«Y también me apena tener que ser tan audaz en mis palabras relativas a vosotros, delante de vuestras esposas e hijos, muchos de los cuales son de sentimientos sumamente tiernos, castos y delicados ante Dios, cosa que agrada a Dios» (Jacob 2:3, 7).

Esta crisis de la familia tampoco es algo nuevo para la Iglesia; ciertamente sabíamos lo que nos esperaba.

Nuestra preparación para esta emergencia actual es testimonio excelente de que somos guiados por profetas.

Las Escrituras se refieren a los profetas como atalayas en una torre que ven «al enemigo cuando todavía [esta] lejos» (D. y C. 101:45, 53-54), y que hall visto «cosas que el ojo natural no percibe» porque «el Señor ha levantado un vidente a su pueblo» (Moisés 6 36; Mosíah 8:15-17).

Hace treinta y cuatro años, las Autoridades Generales nos advirtieron en cuanto a la desintegración de la familia y nos dijeron buenos preparáramos. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles anunciaron que habría una modificación en la Iglesia.

La Primera Presidencia instituyo la Noche de Hogar para la Familia, declarando que «el hogar es la base de una vida recta y… ningún otro medio puede tomar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales».

Se ha proporcionado a los padres materiales excelentes para la enseñanza de sus hijos, con la promesa de que los fieles serán bendecidos.

Aunque la doctrina y la organización, tal como han sido reveladas, permanecen inalterables, todas las dependencias de la Iglesia se han reorganizado en lo que respecta a su relación entre sí y con el hogar.

Esos cambios fueron de tal magnitud que todo el programa de estudios de la Iglesia se adaptó, basándose en las Escrituras, con manuales excelentes para cada curso de estudio.

Se dedicaron varios años a la preparación de las nuevas ediciones de la Biblia (en inglés), del Libro de Mormón, de Doctrina y Convenios y de la Perla de Gran Precio. Excepto por la corrección de errores de imprenta y la adición de tres revelaciones en Doctrina y Convenios, el texto permanece intacto.

La correlación de pasajes y otros elementos de estudio se agregaron a fin de facilitar el uso y el estudio de las Escrituras. En la Guía Temática en inglés, por ejemplo, bajo el encabezamiento intitulado Jesucristo, hay dieciocho páginas—a renglón seguido y en letra pequeña—, la recopilación más extensa de referencias de pasajes de las Escrituras sobre el Señor que se haya coleccionado en la historia del mundo.

Las nuevas ediciones de las Escrituras están ya terminadas en inglés y en español, obra que se está llevando a cabo en docenas de otros idiomas.

Podríamos imaginar lo que sería si apenas estuviéramos comenzando a responder a esta terrible y nueva definición mundana de la familia. Pero ese no es el caso. No estamos tanteando frenéticamente a nuestro alrededor, tratando de decidir lo que vamos a hacer, sino que sabemos muy bien que hacer y que enseñar.

La familia es una institución fuerte y próspera en la Iglesia; cientos de miles de familias felices hacen frente a la vida con una fe inquebrantable en el futuro.

El curso que seguimos no lo hemos diseñado nosotros. El plan de salvación, el gran plan de felicidad, nos fue revelado, y los profetas y apóstoles continúan recibiendo revelaciones a medida que la Iglesia y sus miembros las van necesitando.

Nosotros, al igual que Jacob, debemos enseñar «según los estrictos mandamientos de Dios», «a pesar de la magnitud de la tarea», y lo mismo que él, corremos el riesgo de «agravar las heridas de los que ya están heridos, en lugar de consolarlos y sanar sus heridas» (Jacob 2:10, 9).

Cuando hablamos claramente del divorcio, el abuso, la identidad de los sexos, la anticoncepción, el aborto, y el descuido de los padres con sus hijos, algunos consideran que carecemos de información o que no nos importa la gente. Algunos nos preguntan si tenemos idea de las muchas personas a quienes herimos cuando hablamos claramente. ¿Sabemos de los matrimonios que tienen problemas, de las muchas personas solteras, de las familias con uno solo de los padres, de las parejas que no pueden tener hijos, de los padres con hijos que se han descarriados o que están confundidos en cuanto a su sexo? ¿Es que no sabemos? ¿No nos importa?

Los que preguntan no tienen idea de cuánto nos importa; no tienen una idea de las noches en vela, de las interminables horas de trabajo, de la oración, del estudio, los viajes; todo por la felicidad y la redención de la humanidad.

Y precisamente porque sabemos y porque 1105 importa, debemos enseñar las reglas de felicidad sin vaguedades, sin disculpas y sin tratar de evitarlas. Ese es nuestro llamamiento.

En una ocasión aprendí una valiosa lección de la presidenta de una Sociedad de Socorro de misión. Durante una conferencia, anunció que se seguirían las reglas de manera más estricta. Una hermana se puso de pie y, en forma desafiante, dijo: «!Esas reglas no se aplican a nosotras! ¡Usted no nos comprende! (Nosotras somos la excepción!»

Aquella maravillosa presidenta de la Sociedad de Socorro respondió: «Mi querida hermana, no nos ocuparemos primeramente de la excepción; primero, estableceremos la regla y luego nos encargaremos de la excepción». Muchas veces me he beneficiado con su sabiduría, agradecido por lo que me enseñó.

Ahora bien, siguiendo el ejemplo de Jacob, me dirijo a los hombres de la Iglesia. La mayoría son padres y esposos dignos que hacen lo que deben hacer. Pero hay mujeres en la Iglesia con el corazón destrozado, e hijos a quienes se descuida e incluso de los que se abusa.

Si deseamos ayudarlos, debemos comenzar por enseñar a los hombres. La próxima serie de conferencias de estaca y regionales tendrán como fin la enseñanza de la doctrina y los principios que hacen del hombre una persona responsable y digna.

Algunos no tuvieron un ejemplo digno para seguir, y ahora infringen abuso o descuido en su esposa y sus hijos en la misma forma en que sus padres abusaron de ustedes y los descuidaron.

Hermanos, ¿comprenden que la razón por la que recalcamos la enseñanza de las Escrituras es que estas nunca cambian? De ellas aprendemos el propósito de la vida, los dones del Espíritu; de ellas aprendemos en cuanto a la revelación personal o cómo discernir el bien del mal, la verdad del error. Las Escrituras proveen el modelo y la base para una doctrina correcta.

De la doctrina aprendemos los principios de conducta, cómo responder a los problemas del diario vivir, incluso a los fracasos, porque de ellos también se trata en la doctrina.

Si comprenden el gran plan de felicidad y viven de acuerdo con sus principios, lo que suceda en el mundo no determinara su felicidad. Serán probados, ya que eso es parte del plan, pero, como prometió el Señor, «tus aflicciones no serán más que por un breve momento; y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltara» (D. y C. 121:7-8).

La responsabilidad que tienen como padres y esposos transciende cualquier otro asunto en su vida. Es inconcebible que un Santo de los Últimos Días le sea infiel a su esposa o abandone a los hijos que ha engendrado, o que los descuide o abuse de ellos.

El Señor ha «mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad» (D y C. 93:40).

A menos que estén físicamente incapacitados, ustedes tienen la responsabilidad de proveer el sostén temporal de su esposa e hijos; se han de dedicar e incluso sacrificar para criar a sus hijos en la luz y la verdad.

Eso requiere una perfecta fidelidad moral a su esposa, sin darle jamás razón para que ella dude de esa fidelidad.

En la tierna e íntima relación entre marido y mujer nunca debe haber un comportamiento dominante ni indigno.

Su esposa es su compañera en lo que respecta a dirigir a la familia y debe tener pleno conocimiento de todas las decisiones concernientes al hogar y total participación en ellas.

Conduzcan a su familia a la Iglesia, hacia los convenios y las ordenanzas. Estamos tratando de disminuir la duración y el número de las reuniones y actividades de la Iglesia fuera del hogar.

No puedo expresar la profunda devoción que siento hacia mi esposa y mis hijos, sus compañeros y sus hijos. De ellos he aprendido mucho más que ellos de mí. Ese aprendizaje ha tenido lugar en las experiencias comunes, en el gozo y el dolor de la vida cotidiana.

De un niñito aprendí en cuanto a la identidad y al valor del alma humana. Hace algunos años, dos de nuestros hijos pequeños luchaban en el suelo; habían llegado al punto en que la risa se convierte en lágrimas. Los separe con el pie suavemente y senté en el suelo al mayorcito, que apenas tenía cuatro años, y le dije: «Ya basta, par de monos, cálmense».

El, cruzándose de brazos, me miró con una seriedad que me dejó sorprendido y, muy ofendido, protestó: «Yo no soy mono, papa, soy una persona». Sentí un amor tan grande por él; me di cuenta de que era un hijo de Dios. ¡Cuánto deseaba que fuese «una persona» de valor eterno! De experiencias ordinarias como esta, he aprendido a comprender la doctrina. Ciertamente, «herencia de Jehová son los hijos» (Salmos 127:3).

La familia está a salvo en la Iglesia. No dudamos en cuanto al camino que debemos seguir, pues nos fue señalado desde el comienzo de este mundo, y la guía de los cielos se recibe de nuevo, cuando es necesaria.

A medida que continuamos en nuestro camino, estas cosas sucederán tan ciertamente como la noche le sigue al día:

La distancia entre la Iglesia y un mundo que sigue un camino que nosotros no podemos seguir continuara haciéndose cada vez más grande.

Algunos caerán en la apostasía, quebrantaran sus convenios y reemplazaran el plan de redención con sus propias reglas.

Por todo el mundo, las decenas de miles de personas que ahora se unen a nosotros vendrán inevitablemente como una inundación a un lugar donde la familia está segura. Aquí adoraran al Padre en el nombre de Cristo, y por el don del Espíritu Santo sabrán que el evangelio es el gran plan de felicidad, de redención, de lo cual doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El mensaje de Jesucristo, infinito y único

Conferencia General Abril 1994logo 4
El mensaje de Jesucristo, infinito y único
Elder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Robert D. Hales«Como dijo Mormón hace siglos: ‘Soy discípulo de Jesucristo, el Hijo de Dios. He sido llamado por el para declarar su palabra entre los de su pueblo’.»

Ha llegado el momento de expresar mi agradecimiento. Hace diecinueve años, después de haber sido apartado por el Quórum de los Doce en el Templo como ayudante de los Doce Apóstoles, el élder LeGrand Richards me dio dos joyas de sabiduría que he recordado una y otra vez durante las cincuenta y tantas horas que han transcurrido desde que supe de este mi nuevo llamamiento. La primera fue el comentario: «¡Ah, lo que será ser tan sólo un muchacho y tener toda la vida por delante!» Yo tenía cuarenta y dos años de edad. Ahora tengo sesenta y uno, y otra vez me veo muchacho. Hay hermanos en el estrado que han sido Apóstoles y miembros de la Primera Presidencia durante la mitad de los años que yo tengo de edad.

La segunda joya de sabiduría que me dio el élder LeGrand Richards fueron sus palabras cuando me dijo que cada nueva asignación de la Iglesia que el recibía era como el sacudimiento de un roble: al sacudirse el árbol, caía una bellota que se plantaba en la tierra, lo cual era para él un nuevo comienzo en esa asignación. Prosiguió diciéndome: «Vera usted, mi vida ha sido como un enorme roble. De pequeñas bellotas, he cultivado grandes robles. Me encontraba en el mundo de los negocios y el roble se sacudió y cayó una bellota. Me mandaron de presidente de misión, y entonces cultive otro roble. Posteriormente, me mandaron por segunda vez de presidente de misión, y cultive un tercer roble». En seguida, habló de haber sido Obispo Presidente y de que cada vez que el roble se sacudía, se plantaba otra bellota.

En estos momentos, comprendo que el roble se ha sacudido, que se ha plantado una bellota y que es un nuevo comienzo. Seguir leyendo

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El diezmo

Conferencia General Abril 1994
El diezmo
Élder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«La ley del diezmo no es una práctica arcaica del Antiguo Testamento, sino un mandamiento que procede directamente de nuestro Salvador a la gente de nuestra época.»

Cuando el Señor resucitado se apareció a los fieles en este continente, les enseñó los mandamientos que el profeta Malaquías ya había dado a los otros hijos de Israel. El Señor mandó escribir estas palabras (3 Nefi 24:1):

«¿Robará el hombre a Dios? Más vosotros me habéis robado. Pero decís: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y en las ofrendas.
«Malditos sois con maldición, porque vosotros, toda esta nación, me habéis robado.
«Traed todos los diezmos al alfolí para que haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Señor de los Ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros una bendición tal que no haya donde contenerla» (3 Nefi 24:8-10; Malaquías 3:8-10).

Después de que el Salvador hubo citado esas palabras, «las explicó a la multitud» y dijo: «Estas escrituras que no habíais tenido con vosotros, el Padre mandó que yo os las diera; porque en su sabiduría dispuso que se dieran a las generaciones futuras» (3 Nefi 26:1-2).

Allí vemos que la ley del diezmo no es una práctica arcaica del Antiguo Testamento, sino un mandamiento que procede directamente de nuestro Salvador a la gente de nuestra época. El Señor ha confirmado es a ley en la revelación con temporánea al mandar a Su pueblo pagar «la décima parte de todo su interés anualmente», y decir que «esta les será por ley fija perpetuamente» (D. y C. 119:4).

Ningún Profeta del Señor de los últimos días ha predicado de la ley del diezmo con mayor fervor que Heber J. Grant. En calidad de Apóstol y posteriormente como Presidente de la Iglesia, con frecuencia exhortaba a los santos a pagar un diezmo íntegro, y hacia categóricas promesas a los que lo hicieran. Seguir leyendo

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Cinco panes de cebada y dos panecillos

Conferencia General Abril 1994logo 4
Cinco panes de cebada y dos pececillos
Élder James E. Faust
Del Quórum de los Doce Apóstoles

James E. Faust«Una razón importante del crecimiento de la Iglesia… es la fe y devoción de millones… que tienen solo cinco panes de cebada y dos pececillos que ofrecer al servicio del Maestro.»

Vengo ante ustedes, mis hermanos, hermanas y amigos, con la sincera esperanza de que me ayuden con su fe y sus oraciones mientras trato humildemente de reconocer la mano del Señor Dios en nuestra vida. Extiendo a la hermana Norma Ashton nuestro amor y oraciones por el fallecimiento de nuestro querido hermano, el élder Marvin J. Ashton del Quórum de los Doce Apóstoles.

Hace algunos meses, mientras estaba con el élder Spencer J. Condie en el aeropuerto de Salt Lake, en forma imprevista nos encontramos con un matrimonio fiel y devoto, amigos de muchos años. Esta pareja ha dedicado su vida al servicio humilde, fiel y efectivo tratando de edificar la Iglesia en muchas partes del mundo. El élder Condie comentó: «Es extraordinario lo que hace la gente con cinco panes de cebada y dos pececillos para edificar el Reino de Dios». Este servicio silencioso y devoto es una aseveración para mí de la palabra de Dios cuando dijo que «la plenitud de mi evangelio sea proclamada por los débiles y sencillos hasta los cabos de la tierra, y ante reyes y gobernantes» (D. y C. 1:23).

Hoy día deseo hablar sobre esas personas que sólo tienen cinco panes de cebada y dos pececillos que ofrecer al Señor para alimentar a las multitudes.

«Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos?
«Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer» (Juan 6:5-6).

Felipe contestó de inmediato que no había suficiente dinero para comprar pan para la multitud. Entonces Andrés, el hermano de Pedro, dijo: «Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos…» (Juan 6:5-6, 9) Seguir leyendo

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Aumentemos nuestra fe

Conferencia General Abril 1994logo 4
Aumentemos nuestra fe
Patricia P. Pinegar
Consejero de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Patricia P. Pinegar«Siempre habrá distracciones… pero si elegimos acudir al Señor, creer en Él, seguirle, podremos aumentar nuestra fe.»

Tres de mis nietas son jovencitas que piensan que es sorprendente que yo me acuerde de cuando tenía la edad de ellas. En verdad recuerdo muchas cosas, algunas de ellas difíciles y otras muy buenas. Recuerdo especialmente una ocasión en que me sentí feliz. Tenía entonces diecisiete años. Mis amigas y yo asistimos a una charla fogonera en donde el discursante nos enseñó acerca del amor de nuestro Salvador. Nos dijo que podíamos confiar en el Salvador, que Él nos guiaría, que nos escucharía, que nuestra fe en Él podría aumentar y llegaríamos a sentir más felicidad que nunca.

Pero era necesario que hiciéramos nuestra parte; era necesario que escogiéramos creer en el Salvador y en Su amor; teníamos que pedir Su ayuda y luego tratar de pensar en Él durante todo el día.

El discursante nos sugirió que, para ayudarnos a recordar pensar en el Salvador, podríamos escuchar la campana de la escuela que sonaba varias veces al día. Cada vez que oyéramos la campana, debíamos ofrecer mentalmente una oración, incluso sin cerrar los ojos, o al ir caminando por el pasillo. Podríamos darle gracias a nuestro Padre Celestial por nuestras bendiciones, especialmente por nuestro Salvador; podríamos expresarle nuestro amor y pedirle Su ayuda. Nos enseñó que con sólo unos segundos, varias veces durante el día, podíamos acostumbrarnos a pensar acerca de nuestro Padre Celestial y el Salvador.

El discursante también sugirió que casi inmediatamente dejáramos de orar por nosotros y que oráramos por alguna otra persona: un amigo, un maestro u otra persona desconocida, y pedirle a nuestro Padre Celestial que bendijera a esa persona.

Nos advirtió que tal vez al principio todo eso nos pareciera un tanto raro, pero que si decidíamos ponerlo a prueba, verdaderamente podríamos sentir Su amor, que nuestra fe aumentaría y que sentiríamos gozo. Seguir leyendo

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Apacienta mis ovejas

Conferencia General Abril 1994logo 4
«Apacienta mis ovejas»
Élder Richard P. Lindsay
De los Setenta

Richard P. Lindsay«Nosotros, los que hemos recibido la asignación de ser guardianes del precioso rebaño del Señor, debemos estar allí con los corderos cuando se nos requiera.»

Élder Wirthlin, yo estuve en ese partido de fútbol y gaste diez centavos para ver esa increíble jugada, pero lo perdono por no haber atajado a Whizzer White. Junto con el élder Wirthlin, quiero dirigirme a ese formidable ejército que son los jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico de la Iglesia y, en particular, a los que en estos tiempos tan difíciles han sido llamados por revelación divina para ser sus líderes del sacerdocio. Toda mi vida he sentido una inmensa gratitud hacia los líderes del Sacerdocio Aarónico que bendijeron mi juventud de tal modo que nunca podré retribuírselo. Estos hombres magníficos me ayudaron a llenar el vacío que dejó la muerte de mi padre, ocurrida cuando yo tenía cinco años y causada por una súbita enfermedad; mi padre había sido el obispo de nuestro barrio durante mucho tiempo.

Años después, en 1940, cuando yo era presidente del quórum de diáconos, recibí una carta del Obispado Presidente de la Iglesia, firmada por LeGrand Richards, Marvin J. Ashton y Joseph L. Wirthlin. En parte, la carta decía:

«El Obispado Presidente felicita a la presidencia del quórum de diáconos del Barrio Taylorsville por haber logrado una asistencia de más del noventa por ciento a las reuniones del sacerdocio y sacramentales en el año 1939». )Se pueden imaginar, hermanos, el efecto que tuvo esta carta en los jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico de aquel barrio campesino y en los tres diáconos de trece años que formaban la presidencia de nuestro quórum? Desde ese momento, aquellos hombres del Obispado Presidente pasaron a ser mis héroes. Seguir leyendo

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Anda conmigo

Conferencia General Abril 1994logo 4
«Anda conmigo»
Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Elaine L. Jack«¿Cómo podemos concentrarnos en nuestro progreso eterno si vivimos en un mundo que nos exige atender a los quehaceres diarios?»

Me encuentro hoy ante ustedes agradecida por nuestro Redentor Jesucristo, agradecida por el evangelio, por el sacerdocio, que es una bendición para todos nosotros, y por la bondad de todos ustedes. Esta congregación de santos en la conferencia general me hace recordar la alegre proclamación de Isaías: «Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria» (Isaías 6:3). Los santos justos son la gloria de Dios y hay muchísimos congregados aquí y en muchos otros países.

Antes de venir a esta tierra, nos regocijamos por la oportunidad que tendríamos de dar este paso de fe en nuestro progreso eterno. Cuando nos bautizamos, pusimos pie firme en la senda que conduce a la vida eterna. El profeta Nefi dijo: «…después de haber entrado en esta estrecha y angosta senda, quisiera preguntar si ya quedó hecho todo… no; porque no habéis llegado hasta aquí sino por la palabra de Cristo, con fe inquebrantable en el… Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo… Y ahora bien… esta es la senda…» (2 Nefi 31:19-21).

¿Cómo podemos seguir adelante por la senda estrecha y angosta? ¿Cómo podemos concentrarnos en nuestro progreso eterno si vivimos en un mundo que nos exige atender a los quehaceres diarios? ¿Cómo permanecer firmes cuando gran parte de lo que nos rodea está cargado de pecado? La gente de la época de Enoc encaró esos mismos retos. Al comenzar su ministerio, Enoc predicó a inicuos, pero estos ablandaron su corazón y obedecieron la invitación del Señor, que dice «anda conmigo» (Moisés 6:34).

También nosotros podemos hacerlo.

Nuestro progreso eterno en esa senda estrecha y angosta en compañía del Señor Jesucristo es el punto central de mi mensaje. Esta vida es un trayecto compuesto de muchos pasos. El progreso que logremos a lo largo de ella lo determinaran el reconocer la senda estrecha y angosta, el tener una perspectiva eterna y el actuar en la debida forma. Seguir leyendo

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Alarga las cuerdas de tu tienda

Conferencia General Abril 1994logo 4
Alarga las cuerdas de tu tienda
Obispo Merrill J. Bateman
Obispo Presidente

Merrill J. Bateman«El capítulo 54 de Isaías habla acerca de una tienda que representa el Evangelio de Cristo que se extendería por toda la tierra en los últimos días.«

Hermanos y hermanas, hemos presenciado un milagro; estoy agradecido por el ejemplo que el élder Hunter nos ha puesto en cuanto a Quien debemos de seguir.

Hoy me paro ante este púlpito con un profundo sentimiento de preocupación e insuficiencia. Por dos días, han estado en mis pensamientos dos pasajes de Escritura que hablan de lo mismo: uno de ellos se encuentra en el segundo capítulo de Daniel, y el otro en cl capítulo cincuenta y cuatro de Isaías. En el segundo capítulo de Daniel se describe el sueño de Nabucodonosor y la interpretación que Daniel dio en cuanto a la piedra cortada del monte en los últimos días, y que representaba el reino establecido por Dios, que se extendería por toda la tierra, que desmenuzaría a todas las naciones e invitaría a todos a venir a Cristo (véase Daniel 2:44-45).

En el capítulo cincuenta y cuatro de Isaías, versículo uno y dos, habla acerca de la tienda que representa el Evangelio de Cristo; menciona que en los últimos días las cuerdas de la tienda se alargarían a través de la tierra y se establecerían estacas en toda la tierra (Isaías 54:12). Hoy día estamos viendo el cumplimiento literal de esa profecía. Al meditar en estos pasajes, he pensado en la asombrosa tarea de apoyar a las Autoridades Generales en llevar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo. El Obispado Presidente y todos aquellos que trabajan juntamente con ellos, tienen la responsabilidad de ayudar a las Autoridades Generales en este ministerio mundial. Después de analizar esas visiones de Isaías y Daniel, les suplico, hermanos y hermanas, que nos ayuden mediante su fe y oraciones. Deseo con todo mi corazón ser un siervo para estos hombres y para el Señor y Salvador, Jesucristo. Seguir leyendo

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Yo creo

Yo creo

Gordon B. Hinckleypor el presidente Gordon B. Hínckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Liahona Marzo 1993

Creo que el cuerpo humano es creación de la Deidad. Nuestro cuerpo fue diseñado por nuestro Padre Eterno para ser el tabernáculo de nuestro espíritu inmortal.


Cada uno de nosotros es, en gran parte, el producto de sus creencias. Estas gobiernan nuestro comportamiento, convirtiéndose en las normas por las que nos conducimos.

Los trece Artículos de Fe enunciados por el profeta José Smith se han mantenido como manifestación de la doctrina desde 1842, fecha en que se escribieron como declaración concisa de nuestra teología, y han tenido ante el mundo la función de resumen de nuestras creencias.

A ésa yo agrego otra lista personal de creencias, diez para ser exacto, que he preparado con el fin de que me sirvan a mí de recordatorios y guías. Se me ha pedido que las dé a conocer y lo hago con cierta reserva, porque son personales, pero con la esperanza de que sirvan de aliento a quienes las pongan en práctica. No las he escrito por orden de importancia.

Primero: creo en la maravilla del cuerpo humano y en el milagro de la mente del hombre.

En mi casa tengo un sistema de sonido estereofónico bastante bueno; no lo uso con frecuencia, pero de vez en cuando me siento en el silencio de una semipenumbra y escucho música durante más o menos una hora, una música que, gracias a su excelente calidad, ha perdurado a través de los siglos. La otra noche escuché el Concierto para violín, de Beethoven [compositor alemán, 1770-38271, y me asombró pensar que una obra tan extraordinaria haya salido de una mente humana. Supongo que el compositor sería una persona como la mayoría de nosotros; no tengo idea de su altura, ni de su complexión, ni de su peso, pero me imagino que sentiría el hambre y el dolor como sus semejantes y que tendría la mayoría de los problemas que nosotros experimentamos y quizás algunos de los que no tenemos. Pero del genio de su mente salió una maravillosa combinación que creó excepcionales obras maestras de la música.

¿Se han detenido a contemplar alguna vez la maravilla que son ustedes mismos, los ojos con que ven, los oídos con que oyen, la voz con que hablan? No se ha inventado una cámara fotográfica que se compare con el ojo humano; no existe ningún medio de comunicación que equivalga a la voz y al oído; no se ha creado una bomba que funcione durante tanto tiempo y con tanta eficacia como el corazón humano. ¡Qué creación extraordinaria es cada uno de nosotros! Seguir leyendo

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Los senderos que Jesús recorrió

Los senderos que Jesús recorrió

Thomas S. Monsonpor el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primero Presidencia
Liahona, Febrero 1993

En cierto sentido, todos podemos andar por donde Jesús caminó, cuando, al recorrer el camino de la vida terrenal, conservamos Sus palabras en nuestros labios. Su Espíritu en nuestro corazón y Sus enseñanzas en nuestra vida.

En un frío día de diciembre, nos reunimos en el Tabernáculo de Sale Lake para rendir honor y tributo en los servicios funerarios de un hombre al que amábamos, honrábamos y obedecíamos: el presidente Harold B. Lee. Profético en sus declaraciones, poderoso en su liderazgo, devoto en su servicio, el presidente Lee inspiró en todos nosotros el deseo de alcanzar la perfección. Él nos aconsejó: “Guardad los mandamientos de Dios. Andad por los caminos del Señor”.

Al siguiente día, en un cuarto muy sagrado, en uno de los pisos superiores del Templo de Salt Lake City, se eligió a su sucesor, se le sostuvo y se le apartó para su santo llamamiento. Infatigable en su obra, humilde en su forma de ser y con un inspirado testimonio, el presidente Spencer W. Kimball nos instó a continuar el curso que había trazado el presidente Lee, pronunciando las mismas profundas palabras: “Guardad los mandamientos de Dios. Andad por los caminos del Señor. Seguid Sus pasos”. En la actualidad, el presidente Ezra Taft Benson da el mismo poderoso consejo.

Una noche, mientras me encontraba en mi casa, me puse a hojear un folleto de propaganda de viajes que habíamos recibido unos días antes. Estaba impreso con un colorido magnífico y escrito con verdadero talento persuasivo. Se invitaba al lector a visitar los fiordos noruegos y los Alpes suizos en un viaje de excursión turística. Otra oferta tentaba al lector a viajar a Belén, a la Tierra Santa, cuna del cristianismo. Las palabras finales del folleto encerraban un simple pero poderoso incentivo: “Venga y camine por donde Jesús caminó”.

En cierto sentido, todos podemos andar por donde Jesús caminó, cuando, al recorrer el camino de la vida terrenal, lo hagamos con Sus palabras en nuestros labios, Su Espíritu en nuestro corazón y Sus enseñanzas en nuestra vida. Ojalá todos pudiéramos caminar como Él lo hizo: con confianza en el futuro, con fe inquebrantable en Su Padre y con verdadero amor hacia los demás. Seguir leyendo

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