Conferencia General Octubre 1993
Una visión eterna
Elder Carlos H. Amado
De los Setenta
«Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen.»
Siervo y servicio son palabras comunes en la Iglesia restaurada.
Alguien dijo: «El que no vive para servir no sirve para vivir». Palabras sabias que se aplican a todo poseedor del sacerdocio. Una palabra que describe el sacerdocio es servicio; literalmente, todo hombre que recibe el sacerdocio es «llamado a servir». El apóstol Pedro dijo que ustedes eran «…linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2:9). Ilustraré este concepto con un relato de la vida real.
María Coj era una joven miembro de la Iglesia que tenía 17 años y era la mayor de 8 hermanos. Había contraído una infección parasitaria, cisticercosis, al comer alimentos contaminados. Con el tiempo, el parásito en estado embrional formó un quiste en el cerebro de la jovencita, provocándole terribles dolores de cabeza y luego ceguera. Para aliviarle los dolores, fue necesario trasladarla desde su pueblo, Sololá, a la ciudad de Guatemala. Allí se agravó a causa de fuertes convulsiones por lo avanzado de la enfermedad. La mantenían con vida en un respirador artificial; evidentemente, no viviría mucho tiempo en esas condiciones.
Simultáneamente, Erika Alonzo, una niña miembro de la Iglesia de 12 años y parcialmente ciega, viajaba 22 horas en autobús desde Honduras a Guatemala para operarse de los ojos. Durante dos semanas esperó que llegara de los Estados Unidos una córnea joven para recibir el trasplante, pero no se conseguían. En esos días falleció María. Como la ceguera de la joven había sido causada por la presión del quiste en el cerebro, sus córneas eran sanas. Los padres de María autorizaron la donación. La operación tuvo éxito y el 12 de julio de 1993, Erika fue a Sololá a conocer a la familia Coj.
Asombrados, le preguntaron: «¿puedes ver?», y ella les contestó: «Sí, veo todo con claridad». Fue un encuentro muy espiritual. La hermana Coj, que no entendía mucho español porque su lengua madre es el cakchiquel, sintió de todos modos el espíritu y el amor que reinaba mientras conversaban. Gracias a la donación de la córnea de su hija, Erika ahora puede ver y disfrutar de cuanto la rodea. La muerte de una persona y el amor de sus padres fueron una bendición en la vida de otra. El milagro de la medicina actual de que alguien pueda ver con los ojos de otra persona es una asombrosa realidad. Seguir leyendo





































