Una visión eterna

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Una visión eterna
Elder Carlos H. Amado
De los Setenta

Carlos H. Amado«Extiendan su visión y reconozcan que tienen parentesco con Dios; eleven la vista y vivan dignos del sacerdocio que poseen.»

Siervo y servicio son palabras comunes en la Iglesia restaurada.

Alguien dijo: «El que no vive para servir no sirve para vivir».  Palabras sabias que se aplican a todo poseedor del sacerdocio.  Una palabra que describe el sacerdocio es servicio; literalmente, todo hombre que recibe el sacerdocio es «llamado a servir».  El apóstol Pedro dijo que ustedes eran «…linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios» (1 Pedro 2:9).  Ilustraré este concepto con un relato de la vida real.

María Coj era una joven miembro de la Iglesia que tenía 17 años y era la mayor de 8 hermanos.  Había contraído una infección parasitaria, cisticercosis, al comer alimentos contaminados.  Con el tiempo, el parásito en estado embrional formó un quiste en el cerebro de la jovencita, provocándole terribles dolores de cabeza y luego ceguera.  Para aliviarle los dolores, fue necesario trasladarla desde su pueblo, Sololá, a la ciudad de Guatemala.  Allí se agravó a causa de fuertes convulsiones por lo avanzado de la enfermedad. La mantenían con vida en un respirador artificial; evidentemente, no viviría mucho tiempo en esas condiciones.

Simultáneamente, Erika Alonzo, una niña miembro de la Iglesia de 12 años y parcialmente ciega, viajaba 22 horas en autobús desde Honduras a Guatemala para operarse de los ojos.  Durante dos semanas esperó que llegara de los Estados Unidos una córnea joven para recibir el trasplante, pero no se conseguían. En esos días falleció María. Como la ceguera de la joven había sido causada por la presión del quiste en el cerebro, sus córneas eran sanas.  Los padres de María autorizaron la donación. La operación tuvo éxito y el 12 de julio de 1993, Erika fue a Sololá a conocer a la familia Coj.

Asombrados, le preguntaron: «¿puedes ver?», y ella les contestó: «Sí, veo todo con claridad».  Fue un encuentro muy espiritual.  La hermana Coj, que no entendía mucho español porque su lengua madre es el cakchiquel, sintió de todos modos el espíritu y el amor que reinaba mientras conversaban.  Gracias a la donación de la córnea de su hija, Erika ahora puede ver y disfrutar de cuanto la rodea.  La muerte de una persona y el amor de sus padres fueron una bendición en la vida de otra.  El milagro de la medicina actual de que alguien pueda ver con los ojos de otra persona es una asombrosa realidad. Seguir leyendo

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Un gran cambio en el corazón

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Un gran cambio en el corazón
Elder Spencer J. Condie
De los Setenta

Spencer J. Condie«Una de los poderosas doctrinas del Libro de Mormón es que podemos y, en verdad, debemos efectuar un gran cambio en nuestro corazón.»

Hace algunos años, cuando la hermana Condie y yo íbamos saliendo del Tabernáculo, se nos. acerco una encantadora hermana que nos. dijo con alegría: «Buenos días, presidente Hinckley». Le respondí: «Siento desilusionarla, hermana, pero soy el élder Condie, de los Setenta». Su feliz expresión se tornó en desilusión. Casi no había pasado un minuto, cuando otra hermana me saludo de la misma manera: «Buenos días, presidente Hinckley». Para no causarle la misma desilusión que a la otra hermana, le di la mano y le dije: «Gracias, hermanita; que tenga usted un buen día».

Unos meses más tarde, cuando el presidente Hinckley se encontraba de visita en Portugal para una conferencia regional, le confesé mi pecado, y en su típico tono amable respondió: «Bueno, Spencer, si vas a andar imitándome, espero que te portes bien».

SED PERFECTOS

El Salvador nos ha dado a cada uno de nosotros el mandamiento de no solamente comportarnos bien, sino de ser perfectos, tal como El y Su Padre son perfectos (Mateo 5:48; 3 Nefi 12:48). A veces esta búsqueda de la perfección prueba nuestra paciencia y nuestra fe a medida que continuamos luchando con las debilidades de la carne. Pero un Padre Celestial amoroso no nos ha dejado solos en nuestra batalla con el adversario. Una doctrina que se repite con frecuencia en el Libro de Mormón es que el Espíritu Santo participa activamente en nuestras vidas, persuadiéndonos a hacer el bien. Tanto Nefi como Mormón nos enseñan que el Espíritu Santo lucha con nosotros para ayudarnos a resistir la maldad (2 Nefi 26:11 y Mormón 5:16). El rey Benjamín nos exhorta a someternos al influjo del Espíritu a fin de despojarnos del hombre natural, que es un enemigo de Dios (Mosíah 3:19) Amulek nos exhorta a que no contendamos mas en contra del Espíritu Santo (Alma 34:38), y Moroni nos asegura que el Espíritu Santo nos persuade a hacer lo bueno (Éter 4:1 1) .

Las palabras luchar, influir, contender y persuadir son todos verbos que denotan acción e indican la influencia positiva que el Espíritu Santo puede tener en nuestras vidas al ayudarnos activamente en nuestra búsqueda de la perfección. Pero Lucifer, cuya malicia siempre conduce al sufrimiento, trata persistentemente de distraernos para evitar que logremos nuestra meta eterna. El diablo utiliza miles de diferentes tácticas para tentarnos, pero yo diría que todas esas podrían agruparse dentro de dos estrategias satánicas principales. Seguir leyendo

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Sed de buen ánimo

Conferencia General Octubre 1993logo 4
«Sed de buen ánimo»
Jeanne Inouye
Del Barrio Provo Decimosexto, de la Estaca Edgemont, Provo, Utah

«Cuando hemos sido sinceras con nosotras mismos y humildes ante el Señor en cuanto a las decisiones pertinentes al trabajo, así como a la maternidad, podemos seguir adelante con valor.

Recibí mi bendición patriarcal a los diecisiete años de edad. Se me exhortó buscar a un compañero que me llevara al templo y se me bendijo para llegar a ser una madre en Israel. Después de eso, di por sentado que terminaría mis estudios superiores, que me casaría y comenzaría una familia.

Pero a los treinta años aun no me había casado. Fue entonces que llegue a darme cuenta de que las promesas mencionadas en mi bendición patriarcal tal vez no se realizarían durante mi vida terrenal. A pesar de que comprendía que si era digna y fiel algún día gozaría de todas esas bendiciones, aun me sentía preocupada. Me preguntaba si podría ser feliz si no llegaba a casarme y a tener una familia tal como lo había esperado. Durante un período especialmente difícil, asistí con frecuencia al templo. En una ocasión, recibí un claro mensaje de Dios de que no tenía que temer.

Al reflexionar sobre aquella experiencia, llegue a comprender que mi felicidad no dependía de cuando me casara o de si era bendecida con una familia, ni tampoco de las condiciones de mi vida, sino de que confiara en Dios y lo obedeciera. Nuestro Padre Celestial nos conoce y nos ama a cada una de nosotras, El conoce las circunstancias y retos de nuestras vidas, y Él nos ayudara. Las Escrituras enseñan: «Sed de buen ánimo, pues, y no temáis, porque yo, el Señor, estoy con vosotros y os ampararé» (D. y C. 68:6).

Y resultó que sí me casé; yo tenía treinta y cuatro años y mi esposo treinta y siete.    Queríamos empezar a tener nuestra familia rápidamente, pero tuvimos dificultades para tener hijos. Le dijimos a nuestro Padre Celestial que si nos daba un hijo, se lo dedicaríamos a Su servicio. Cuando tenía treinta y siete años de edad, nació nuestra primera hija. Le pedimos a nuestro Padre Celestial que nos enviara otro hijo y de nuevo le prometimos que lo consagraríamos a Su voluntad. Tuvimos otro hijo cuando yo tenía casi cuarenta años.    Suplicamos tener más hijos pero no tuvimos más.

Emily tiene casi diez años y Danny siete, y estamos tratando de criarlos en cumplimiento a las promesas que hemos hecho. Tal como los padres Santos de los Últimos Días de todas partes, reconocemos que nuestros hijos son un don de Dios y estamos tratando de ayudarlos a amarlo y servirle. Seguir leyendo

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Seamos el viento para el Señor

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Seamos el viento para el Señor
Elder John H. Groberg
De los Setenta

John H. Groberg«No importa cuales sean nuestras pruebas, nunca debemos decir: ‘Es suficiente’. Sólo Dios tiene ese derecho. La responsabilidad que tenemos es la de preguntar: ‘¿Que mas puedo hacer?'»

El cuarto Articulo de Fe dice: «Creemos que los primeros principios y ordenanzas del evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo».

Si reflexionamos sobre esto, nos damos cuenta de que el primer principio-fe en el Señor Jesucristo-sirve de fundamento para todo lo demás; es decir, se requiere la fe en Jesucristo para arrepentirnos o ser bautizados o para efectuar cualquier otra ordenanza del evangelio. Jesús hizo que por medio del arrepentimiento pudiéramos salvarnos y dio significado al bautismo. Si tenemos fe en El, nos arrepentiremos y seremos bautizados. Si no nos arrepentimos o rehusamos ser bautizados o si no estamos dispuestos a guardar Sus mandamientos, es porque no tenemos suficiente fe en El. Es por eso que el arrepentimiento, el bautismo y todos los demás principios y ordenanzas no están aislados, sino que en realidad son extensiones de nuestra fe en Cristo. Sin la fe en El, es poco lo que hacemos de valor eterno. Con fe en El, nuestras vidas se concentran en llevar a cabo cosas de valor eterno.

Se requiere una fe profunda y constante en Cristo para perseverar fielmente hasta el fin de nuestra vida terrenal. Algunas veces oramos para tener la fortaleza de perseverar; no obstante, resistimos las cosas mismas que nos brindarían esa fortaleza. Muchas veces buscamos el camino fácil, olvidándonos que la fortaleza se logra cuando vencemos aquellas cosas que requieren de nosotros un esfuerzo mayor del que normalmente estaríamos dispuestos a dar. El apóstol Pablo dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13). Permítanme darles un ejemplo:

Hace años, cuando era un joven misionero, se me asigno trabajar en un grupo de diecisiete islas pequeñas en el Pacifico Sur. En aquel tiempo, el único medio de transporte entre las islas eran veleros. Debido a malentendidos y tradiciones, era difícil encontrar personas que estuvieran dispuestas a escucharnos. Sin embargo, un día. un miembro nos dijo que si acudíamos a determinado puerto de cierta isla, antes del atardecer del día siguiente, estaría una familia esperándonos para escuchar nuestro mensaje. ¡Qué alegría nos dio oír aquello! Era como encontrar una moneda de oro. Seguir leyendo

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Por esta vida y por la eternidad

Conferencia General Octubre 1993

Por esta vida y por la eternidad

Élder Boyd K. Packer
Del Quórum de los Doce Apóstoles

«Las leyes naturales y espirituales que gobiernan esta vida fueron decretadas antes de la fundación de este mundo. Son eternas, al igual que las consecuencias de obedecerlas o desobedecerlas.»


Queridos hermanos y hermanas: Las Escrituras y las enseñanzas de los profetas dicen que nosotros fuimos en la vida preterrenal, hijos e hijas espirituales de Dios (D. y C. 76:24; Números 16:22; Hebreos 12:9). Las diferencias sexuales existían antes de que naciéramos (D. y C. 132:63).

En el gran concilio de los cielos (Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 433, 442, 453), se presentó el plan de Dios (Abraham 3:24-27); el plan de salvación (Jarom 1:2; Alma 24:14; 42:5; Moisés 6:62); el plan de redención (Jacob 6:8; Alma 12:25-36; 17; 16; 18:39; 22:13-14; 39:18; 42:11, 13) y el gran plan de felicidad (Alma 42:8). Dicho plan requiere que seamos probados, que elijamos entre lo bueno y lo malo (Alma 42:2-5); nos provee un Redentor, la Expiación y la resurrección y, si obedecemos, el regreso a la presencia de Dios.

El adversario se rebeló y adoptó su propio plan (2 Nefi 9:28; Alma 12:4,5; Helamán 2:8; 3 Nefi 1:16; D. y C. 10:12, 23; Moisés 4:3). Los que lo siguieron perdieron el derecho de tener un cuerpo mortal (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217, 362). Nuestra presencia en la tierra demuestra que aceptamos el plan de nuestro Padre (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 217).

El único objetivo de Lucifer es oponerse al gran plan de felicidad y corromper las más puras, las más hermosas y las más agradables experiencias de esta vida, que son el romance, el amor, el matrimonio y la paternidad (2 Nefi 2:18; 28:20). I os fantasmas del dolor y la culpabilidad (Alma 39:5 Moroni 9:9) le siguen de cerca. Sólo el arrepentimiento cura lo que el hiere.

El plan de felicidad requiere la unión digna del varón y la hembra, del hombre y la mujer, del marido y su esposa (D. y C. 130:2 131:2; 1 Corintios 11:11; Efesios 5 31). La doctrina nos enseña que hacer ante los fuertes impulsos naturales que tan a menudo dominan nuestras acciones. Seguir leyendo

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Nuestro Señor y salvador

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Nuestro Señor y Salvador
Elder Joseph B. Wirthlin
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. Wirthlin«La única forma de encontrar paz, felicidad y seguridad, y de vencer la maldad del mundo y las tentaciones de esta generación es aferrarse al Evangelio de Jesucristo.

Ruego que el Espíritu del Señor me acompañe en esta sagrada ocasión. El presidente Ezra Taft Benson es la única persona que tiene todas las llaves del reino. Además, sostenemos a otros catorce profetas, videntes y reveladores. La gran influencia del presidente Benson se siente de muchas formas. Sus consejos apropiados e inspirados de que leamos el maravilloso Libro de Mormón han hecho sentir a todos los que siguieron este consejo un aprecio mayor por esta santa Escritura.

Hace algunas semanas, fui testigo del poder que irradia el presidente Benson; él se encontraba en uno de los sagrados salones del templo en ocasión del casamiento de una de sus nietas. Cuando entró en el salón, pude notar lo débil que estaba debido a su edad, ya que tiene noventa y cuatro años. Todos nos pusimos de pie para honrarlo como profeta y Presidente de la Iglesia. Irradiaba un hermoso y tierno espíritu de amor y paz.

En esta época de confusión y de ansiedad por el bienestar de nuestra nación y por el bienestar de todo el mundo, debemos prestar atención a la vida noble y ejemplar del presidente Benson y a lo que ha escrito y dicho como Presidente de la Iglesia.

Hoy quisiera hacer hincapié en la divinidad de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Vivimos en una época en la que la influencia de Lucifer se hace sentir más que nunca. A juzgar por el pecado, la maldad y la iniquidad que hay en la tierra, podríamos comparar esta época con la de Noé antes del Diluvio. Nadie es inmune a los sufrimientos y a los problemas, así sean económicos como emocionales o espirituales. La inmoralidad, la violencia y el divorcio, con las tristezas que los acompañan, plagan la sociedad de todo el mundo.

La única forma de encontrar paz, felicidad y seguridad, y de vencer la maldad del mundo y las tentaciones de esta generación es aferrarse al Evangelio de Jesucristo (Alma 42: 16). Seguir leyendo

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No toquen el don mal ni la cosa impura

Conferencia General Octubre 1993logo 4
No toquen el don malo, ni la cosa impura
Elder H. Burke Peterson
Miembro emérito de los Setenta

H. Burke Peterson«No podemos participar en el programa de diversiones auspiciado por Satanás y esperar que se nos considere inocentes. ¿Por qué?, porque somos hombres jóvenes y adultos del convenio.»

Hermanos, les saludo con un espíritu de amor y respeto.  Les agradezco todo lo que hacen por los hijos de nuestro Padre en todo el mundo.  Quisiera que supieran que esta asignación de dirigirles la palabra me ha tenido muy preocupado.

Como sé que ésta será la última oportunidad que tenga de dirigirme desde este púlpito a ustedes, hermanos del sacerdocio, he sentido que debía tratar un tema que quizás desconcierte a algunos.  Así como el rey Benjamín suplicó, yo también lo hago, para que «…abráis vuestros oídos para que podáis oír, y vuestros corazones para que podáis entender, y vuestras mentes para que los misterios de Dios sean desplegados a vuestra vista» (Mosíah 2:9).

Ruego que esta noche reciban lo que voy a decirles por medio del Espíritu.

En Moroni 10:30 dice: «Y otra vez quisiera exhortaras a que vinieseis a Cristo, y procuraseis toda buena dádiva; y que no tocaseis el don malo, ni la cosa impura» (cursiva agregada).

Mis palabras se referirán a la participación, algunas veces inocente, en una de las terribles i, cosas impuras» a las que se refirió este antiguo profeta.

Satanás, el diablo, el padre de todas las mentiras, astuta y lentamente ha ido rebajando a un nivel trágico y destructivo las normas morales de la sociedad.  En revistas como en libros, en discos y videos, así como en las pantallas del cine y la televisión, se exhibe cada vez con más frecuencia, un estilo de vida que podría competir con el de los habitantes de Sodoma y Gomorra; se ven personas desnudas, escenas sexuales y se escuchan palabras vulgares.

La gran tragedia es que muchos hermanos, tanto jóvenes como adultos, que poseen el sacerdocio de Dios miran y escuchan esas cosas.  Al principio, algunos lo hacen de vez en cuando y se consideran espiritualmente fuertes e inmunes a su influencia.  Esta inmundicia no es nada más ni nada menos que pornografía ataviada con esplendor; es una de los mejores instrumentos del maestro del engaño. Seguir leyendo

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Mi testimonio

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Mi testimonio
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«De todos los dones, el más precioso es la convicción que tengo en mi corazón de la veracidad y la divinidad de esta sagrada obra.»

Felicito sinceramente al presidente Monson por el honor que se le ha dado.  Los expertos en ecología dirán que es bueno tener un «lobo» entre nosotros.  Este es un reconocimiento bien merecido por sus años de servicio leal a los Scouts, un programa que la Iglesia ha patrocinado durante ochenta años, para la bendición de cientos de miles de niños y jóvenes.

Hermanos, ésta ha sido una hermosa reunión.  Todos hemos sido fortalecidos.  Ruego que el Espíritu Santo me guíe para poder finalizar mi discurso con mi testimonio.

Cuando era joven, asistí a una conferencia general en este Tabernáculo y escuché al presidente Heber J. Grant declarar que él se sentía agradecido más que nada por el testimonio que tenía de ésta, la obra de Dios.

Ahora, yo tengo más años de los que el presidente Grant tenía cuando lo escuché decir esas palabras, y bien sé cómo se sentía. Yo también siento que de todos los dones, el más precioso es la convicción que tengo en mi corazón de la veracidad y la divinidad de esta sagrada obra.

Agradezco al Señor el conocimiento que me ha dado de que José Smith fue un Profeta del Dios viviente.  He mencionado antes la experiencia que tuve cuando tenía doce años y acababan de ordenarme diácono, y fui con mi padre a la reunión de sacerdocio de nuestra estaca.  El era miembro de la presidencia de la estaca y se sentó en el frente y yo me senté en la última hilera de la capilla.  Los hombres en esa gran congregación se pusieron de pie y cantaron:

Al gran profeta rindamos honores.
Fue ordenado por Cristo Jesús
a restaurar la verdad a los hombres
y entregar a los pueblos la luz.
(Himnos, Núm. 15.)

Cuando los escuché cantar ese himno con tanta convicción, sentí en mi corazón un testimonio del llamamiento divino del joven José Smith, y agradezco que el Señor haya mantenido en mí ese testimonio por más de setenta años.  Estoy contento de que mi fe no haya tambaleado al leer lo que escriben los críticos de la Iglesia, que nunca reconocen que el conocimiento de las cosas de Dios se obtiene por el poder del Espíritu y no mediante la sabiduría de los hombres. Seguir leyendo

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Los valientes hombres de Israel

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Los valientes hombres de Israel
Elder Monte J. Brough
De la Presidencia de los Setenta

Monte J. Brough«Esos hombres no tenían la ‘doblez de corazón’ que los llevara a poner sus propios intereses antes que los de Israel.»

Siendo todavía pequeño, en una de mis primeras clases de la Primaria, tuve la suerte de tener un líder que me dio a conocer la historia de «los valientes de David». Este es un relato detallado de los hechos de un grupo de excelentes soldados al mando del rey David. En cierto momento, solamente a treinta y siete hombres de las numerosas fuerzas armadas israelitas se les consideró dignos de recibir el codiciado titulo de «valientes».

Aprendamos mas acerca de las virtudes de ese extraordinario grupo de soldados. En el libro de Crónicas leemos: «Estaban armados de arcos, y usaban de ambas manos para tirar piedras con honda y saetas con arco…» (1 Crónicas 12 2).

Eran «…hombres de guerra muy valientes para pelear, diestros con escudo y pavés; sus rostros eran como rostros de leones, y eran ligeros como las gacelas sobre las montañas» (1 Crónicas 12:8).

Esos hombres valientes habían desarrollado a un alto nivel sus habilidades guerreras; eran resueltos y sus rostros, como los de leones, no reflejaban temor. Estaban preparados para librar cualquier batalla.

El impacto que dejó en mí, cuando mi maestro me explicó acerca de los logros y proezas de esos valientes hombres, fue realmente profundo. Incluso, mientras mis amigos jugaban a los vaqueros o a los astronautas o a imitar a los deportistas famosos, yo me imaginaba que el rey David me había elegido y que era uno de sus valientes soldados. Me había hecho hasta espadas de madera y lanzas de ramas largas de sauce y fingía que iba a la guerra a pelear contra los enemigos del rey. Lo divertido, ahora que lo pienso, es que el enemigo eran invariablemente mis dos hermanos menores. El relato de la preparación y la devoción de esos valientes ha sido desde que era muy niño una fuente de inspiración para mi. Seguir leyendo

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Las familias del barrio y de la rama: parte del Plan de nuestro padre celestial para nosotros

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Las familias del barrio y de la rama: parte del
Plan de nuestro padre celestial para nosotros
Hermana Virginia H. Pearce
Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes

Virginia H. Pearce«Les invito a amar, a querer el barrio en que se encuentren, o participar en él, disfrutar en él, aprender de él.»

Es agradable reunirnos en este ambiente edificante en presencia de miles y miles que se unen gracias a la transmisión vía satélite. Creo que nuestro Padre Celestial sabía que si bien nuestra relación con El y nuestra responsabilidad ante El son profundamente personales, nos fortaleceríamos al estar reunidas. Tenemos necesidad de que se nos recuerde a menudo que formamos parte de un gran todo al continuar realizando nuestra parte. Todos los domingos, reunidas en diversas partes del mundo, las mujeres jóvenes se ponen de pie para recitar al unísono: no «Soy», sino «Somos hijas de nuestro Padre Celestial que nos ama y nosotras lo amamos a Él. Seremos «testigos… etc.» (Lema de las Mujeres Jóvenes; cursiva agregada).

El aprender en grupo es tan importante que nuestro Padre Celestial dispuso que naciéramos en un grupo: el más básico, el más santo y el más influyente de la tierra: la familia. Hemos oído buenos consejos sobre la familia en estos últimos dos días. Quisiera añadir a ello la familia del barrio o de la rama: el grupo eclesiástico básico al que todos pertenecemos como miembros de la Iglesia de Jesucristo, y hablar sobre ello. Para abreviar, emplearé el término «barrio» para referirme a los barrios y a las ramas, puesto que los dos sirven los mismos fines. Los barrios no tienen por objeto reemplazar la unidad de la familia, sino apoyar a esa institución y a sus rectas enseñanzas. El barrio constituye otro lugar en el que hay suficiente dedicación y energías para tomar una especie de familia protectora para cada uno de nosotros cuando nuestras familias no pueden proporcionarnos o no nos proporcionan todas las enseñanzas que precisamos para volver a la presencia de nuestro Padre Celestial.

Es mi deseo y mi oración que durante los minutos que siguen aumente nuestro reconocimiento de la influencia que tiene sobre nosotros la familia del barrio y que renovemos nuestra promesa de tomar parte activa en esa comunidad de santos. Seguir leyendo

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La verdadera felicidad

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La verdadera felicidad
Elder W. Eugene Hansen
De la Presidencia de los Setenta

W. Eugene Hansen«Uno de los problemas más grandes que tiene el hombre actual es reconocer la diferencia entre la felicidad y el placer.

Desde los comienzos del mundo, todos los seres humanos buscamos la felicidad. Yo creo que la mayoría de nosotros nos dejamos influir a diario por lo que pensamos que nos va a hacer felices o nos va a dar gozo, ya sea a nosotros o a los demás.

Yo pienso que esa es una buena meta. El Señor ha dicho que «existen los hombres para que tengan gozo» (2 Nefi 2:25).

Los autores de nuestra Constitución consideraban que la felicidad era tan importante que la pusieron al mismo nivel que la vida y la libertad. La Declaración de la Independencia dice:

«Afirmamos que estas verdades son evidentes, que todos los hombres fueron creados iguales, que su Creador les ha dado ciertos derechos irrevocables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

¿Qué es la felicidad?  ¿Dónde la encontramos? ¿Cómo la obtenemos? Recuerdo haber leído hace un tiempo una encuesta que se realizó en todo el país tratando de determinar, según las respuestas de la gente, que nos trae la felicidad.

Aunque no recuerdo todos los detalles de la encuesta, me acuerdo de que la mayoría pensaba que el dinero era gran parte de la felicidad; sin embargo, las investigaciones del autor indicaban que el dinero en sí muy pocas veces daba como resultado una felicidad verdadera.

Dos ideas me han venido a la memoria: Un discurso que dio el presidente David O. McKay en el que menciono lo que había dicho John D. Rockefeller, en ese entonces uno de los hombres más ricos del mundo, y que aparentemente sufría de problemas estomacales:   «Preferiría gozar de una buena comida que tener un millón de dó1ares». Y con una guiñada, el presidente McKay dijo: «Por supuesto, él dijo eso porque tenía un millón de dólares». Seguir leyendo

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La sociedad de socorro: la caridad, un principio guiador

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La Sociedad de Socorro: La caridad, un principio guiador
Aileen H. Clyde
Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Aileen H. ClydeYa sea que la persona sea miembro de un barrio firmemente establecido o de una rama que apenas empieza, lo que ella aporte a la obra como miembro participante afectará lo que le suceda a ella y a los que la rodean.

Gracias por esa hermosa música; gracias a los que la compusieron y a los que la presentaron. Agradezco el poder que tiene ese himno para conmoverme; es un testimonio del amor de Cristo y de lo que puede resultar de nuestra relación con El. Como miembros de la Sociedad de Socorro, reclamamos el derecho de ser Sus discípulas y nos regocija serlo.       Ruego que lo que diga ahora, fortalezca nuestra comprensión de Su misericordia para con nosotros.

Esta sociedad, organizada y dedicada para poner en práctica el amor y la caridad, en 151 años ha crecido de 20 mujeres a más de 3.4 millones por todo el mundo. La idea de tener una organización femenina en la recién establecida Iglesia de 1842, provino de la iniciativa de mujeres rectas. Como resultado de su petición, un profeta de Dios creó una entidad para ellas, a la que llamamos Sociedad de Socorro. Sólo mediante el poder del sacerdocio y por medio de la autoridad de un profeta, podrían las mujeres de la Iglesia organizarse de una manera que desempeñaran un papel significativo en la Iglesia, dándoles así una participación importante en la edificación del reino de Dios. Poco después de su fundación, el profeta José Smith dijo «Ahora os entrego la llave en el nombre de Dios, y esta Sociedad se regocijara y de ahora en adelante recibirá conocimiento e inteligencia… este es el comienzo de días mejores para esta Sociedad» (Derr, Cannon, Beecher, Women of Covenant, pág. 47, cursiva agregada). En el libro Women of Cotoenant («Mujeres del convenio»), recientemente publicado en inglés sobre la historia de la Sociedad de Socorro, leemos que los deberes temporales de la organización de la Sociedad de Socorro cambiarían según las circunstancias lo requirieran, pero que su propósito espiritual era permanente. El profeta José Smith declaró: «Enseñad a las hermanas de la comunidad… y salvad almas». En 1906, el presidente Joseph F. Smith nos volvió a recordar el propósito: «Ellas deben (o sea, la Sociedad de Socorro) estar pendientes del bienestar espiritual y la salvación de las madres e hijas de Sión; y asegurarse de que no se descuide a nadie, y que a todas se les proteja contra la desgracia, la calamidad, los poderes de las tinieblas y las maldades que las amenazan en el mundo» (Ibíd, pág. 48). Seguir leyendo

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La obra misional: nuestra responsabilidad

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La obra misional: Nuestra responsabilidad
Elder David B. Haight
Del Quórum de los Doce Apóstoles

David B. Haight«El Señor necesita mensajeros que estén a la altura de Su mensaje.»

He orado pidiendo que las bendiciones del cielo dirijan mis palabras esta mañana para hacerles llegar los sentimientos de mi corazón.

Hace algunas semanas, al ir mi esposa y yo al aeropuerto para despedirnos de nuestro undécimo nieto, que se iba a la misión, se reflejaban tanto nuestro gozo como nuestra nostalgia en nuestras palabras. Durante la breve reunión que tuvimos en el aeropuerto con los familiares y amigos que estaban allí, entre abrazos y emocionados saludos, recordamos algunos acontecimientos históricos de como el mensaje de la restauración del evangelio había sido una influencia en nuestra familia; de cómo el tatarabuelo de nuestro nieto misionero, Joseph Toronto, escuchó y creyó el mensaje del evangelio que le dieron los misioneros en Boston, en 1843, hace 150 años.

Joseph Toronto ayudó en la edificación del Templo de Nauvoo. El presidente Brigham Young había hecho un importante llamado el domingo 6 de julio de 1845, para que los santos «recordaran y oraran por el templo» y para que «pagaran sus diezmos». Los santos estaban ansiosos de que el templo se terminara pronto para así empezar la obra de las ordenanzas antes de salir en el éxodo hacia el Oeste. Se necesitaban con suma urgencia más trabajadores y más diezmos. Joseph Toronto visitó a Brigham Young después de la reunión y declaró que «deseaba darse a sí mismo y todo lo que poseía para el reino de Dios». Le entregó US$2.600 en monedas de oro (véase Church News, 20 de junio de 1981, pág. 16). Brigham Young bendijo al italiano recién convertido proclamando que «estaría a la cabeza de su posteridad y que ni a él ni a su familia jamás le faltaría el pan» (véase Joseph Toronto: Italian Pioneer and Patriarch, compilado por Toronto Family Organization, 1983, pág. 10). Más tarde, en 1849, fue llamado para acompañar al nuevo Apóstol, Lorenzo Snow, a su tierra natal, Italia, pata abril el país a la enseñanza del evangelio (véase Church News, 20 de junio de 1981, pág. 16).

También conversamos sobre Hector C. Haight, otro antepasado, llamado desde su hogar en Farmington, Utah, para presidir la misión Escandinava en 1856, con poca o casi sin ninguna habilidad de hablar danés, sueco o noruego. Sin embargo, poniendo su confianza en el Señor y con la ayuda de los santos escandinavos, llevó a cabo su asignación. En 1858 informó que «se habían bautizado 2.610 almas… y que 990 miembros habían emigrado hacia Sión» (véase Andrew Jenson, History of the Scandinavian Mission, Salt Lake City: Deseret News Press, 1927, pág. 128). Seguir leyendo

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La igualdad a pesar de las diferencias

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La igualdad a pesar de las diferencias
Elder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell Ballard«Al asignar responsabilidades diferentes al hombre y a la mujer, nuestro Padre Celestial nos ha dado más oportunidades para crecer, servir y progresar.»

Hermanas de la Sociedad de Socorro es un honor para mí el dirigirles la palabra. Ustedes pertenecen a la organización de mujeres más grande y antigua del mundo, y la única organizada por un profeta de Dios. La Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles les envían sus saludos. Hermanas, tanto nosotros, como sus líderes locales del sacerdocio reconocemos su gran labor y las estimamos mucho. Reconocemos y agradecemos todo lo que hacen para edificar el reino de Dios. Nos maravillamos al ver la fe y el servicio dedicado que brindan a sus familias, a la Iglesia y a sus comunidades. Oramos por cada una de ustedes y les extendemos nuestro cariño.

Mis hermanos, los élderes Charles Didier y W. Mack Lawrence, y yo somos asesores del sacerdocio de la presidencia general y a la mesa directiva de la Sociedad de Socorro. La tarea de la Sociedad de Socorro es más difícil que nunca por motivo de la variedad de idiomas, culturas y ambientes, así como por las circunstancias que constantemente cambian en el mundo. La planificación tiene que ser tanto general como particular; general como para satisfacer las diversas necesidades de más de tres millones de mujeres que viven en más de ciento treinta países y lugares, y particular como para satisfacer las necesidades de cada hermana. La Sociedad de Socorro y el evangelio deben incluir a cada mujer. Cada una de ustedes es bienvenida y es necesaria, ya sea que tenga dieciocho u ochenta años, sea casada o soltera; así hable inglés o portugués, viva en una isla o en las montañas, tenga hijos o simplemente ame a los niños; así tenga un título universitario o poca instrucción; así tenga un marido que no participe activamente en la Iglesia o uno que sea presidente de estaca; así tenga un testimonio firme del evangelio o este luchando por fortalecerse espiritualmente.

¡Aquí es donde deben estar! La Iglesia necesita urgentemente sus talentos, energías y contribuciones. Tal como dijo Eliza R. Snow, segunda presidenta general de la Sociedad de Socorro: «No existe una hermana que se halle tan aislada o que su influencia este tan restringida que no pueda contribuir significativamente al establecimiento del reino de Dios sobre la tierra» (Womans’s Exponent, 15 de septiembre de 1893, pág. 62). Seguir leyendo

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La gratitud

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La gratitud
Élder Adney Y. Komatsu
Miembro emérito de los Setenta

Adney Y. Komatsu» ‘No juegues con las cosas sagradas’… Hay muchas cosas sagradas en el evangelio, pero una de las más sagradas es el convenio que hacemos en el santo templo.»

Mis queridos hermanos, hermanas y amigos, al acercarme a esta última asignación en calidad de Autoridad General, y llegar a su fin esta etapa de mi servicio en la Iglesia, mi corazón rebosa de gratitud y de agradecimiento por las muchas bendiciones que mi familia y yo hemos recibido durante estos años. Me gustaría expresar mi profundo amor y gratitud a mi esposa y compañera por el apoyo que siempre me ha brindado. Su apoyo y su alentadora influencia han hecho de mis asignaciones un verdadero regocijo y placer. Sea cual fuere el llamamiento o asignación que yo recibiera, ella siempre ha estado a mi lado ayudándome y sosteniéndome, preocupándose e interesándose por mis nuevas responsabilidades.

También me gustaría agradecer a nuestros hijos el amor y el apoyo que nos han brindado en todos estos años, mientras estábamos lejos de ellos, cumpliendo con nuestras asignaciones. Sin su apoyo, habría sido muy difícil tener paz y contentamiento en nuestra labor. Ha sido una gran experiencia participar en los distintos llamamientos que he recibido y toda asignación que hemos cumplido ha sido con el total apoyo de todos ellos.

Además, desearía agradecer a las Autoridades Generales y a los muchos amigos que nos han ayudado de muchas formas durante todos estos años. Agradecemos su bondad y su preocupación por nuestro bienestar.

Al contemplar las experiencias que hemos tenido y tratar de expresar lo que siento en el día de hoy, podrán imaginar todo lo que pasa por mi mente. No obstante, al analizar todo mi sentir, me gustaría continuar con el tema de la gratitud hacia mi familia y mis amigos, compartiendo con ustedes una amonestación que el Señor dio al profeta José Smith y a Oliver Cowdery en Harmony, Pensilvania, en abril de 1829, y que se aplica, tanto o quizás más a nosotros en la actualidad que a la gente de aquella época. Dicha amonestación está registrada en el versículo 12 de la sección 6 de Doctrina y Convenios, y dice así: «No juegues con las cosas sagradas». Seguir leyendo

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