La fortaleza que nos da nuestro salvador

La fortaleza que nos da nuestro salvadorlogo 4
Chieko N. Okazaki
Primera Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

Chieko N. Okazaki«Hermanas, fortalézcanse buscando la fuente de la verdadera fortaleza, que es nuestro Salvador. Vengan a Él. El las ama.»

Mis queridas hermanas, ¡aloha! Que gran regocijo es reunirnos con ustedes esta noche y sentirnos unidas a todas nuestras hermanas de la Iglesia al prestar servicio, como lo hemos visto en ese video, con el apoyo y la dirección de nuestros líderes del sacerdocio. Me siento agradecida por la guía que recibimos de los profetas, Apóstoles y los demás líderes de la Iglesia.

En esta oportunidad, quisiera darles algunas ideas sobre el modo de fortalecer la familia. Si les preguntara que enseña la Iglesia sobre ello, sin duda me dirían: «pasar tiempo juntos, orar en familia, realizar la noche de hogar y estudiar regularmente las Escrituras también en familia». Además de esas importantes actividades, quisiera hablar del establecer familias más firmes, fortaleciéndonos más nosotras: teniendo una fe más firme en nuestro Salvador. La familia firme en la fe proviene de personas firmes en la fe.

El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho:

«La fortaleza de la Iglesia no está en los miles de centros de reuniones que tiene en todo el mundo, ni en sus universidades, ni en sus institutos y seminarios. Todos estos son parte de ella, convenientes medios para lograr un fin, pero son solo complementos de su verdadera fortaleza. La fortaleza de esta Iglesia reside en el corazón de su pueblo, en el testimonio y la convicción individuales de la verdad de esta obra» («¿No es acaso la verdad?», Mensaje de la Primera Presidencia, Liahona, octubre de 1993, pág. 5).

Todas las mujeres tenemos una imagen de la familia ideal: el casamiento en el templo con un leal poseedor del sacerdocio e hijos obedientes y fieles. Sin embargo, el presidente Benson indicó que solo el 14 por ciento de todas las familias de los Estados Unidos en 1980 eran familias tradicionales constituidas por el padre, la madre que no trabaja fuera del hogar y los hijos. (Véase «Principios fundamentales en las relaciones familiares perdurables», Liahona, enero de 1983, pág. 1 13.) Estadísticas fidedignas indican que solo una de cada cinco familias mormonas de los Estados Unidos tienen al padre y a la madre casados en el templo con hijos en el hogar (Encyclopedia of Mormonism, tomo IV, pág. 1: 532). Seguir leyendo

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La crianza de los hijos en un ambiente contaminado

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La crianza de los hijos en un ambiente contaminado
Elder Joe J. Christensen
De la Presidencia de los Setenta

Joe J. Christensen«No tengan temor de fijar normas claras de comportamiento. Digan «no» cuando se requiera.»

No hace mucho, tuve una conversación con un grupo de padres que se sentían muy preocupado por tener que criar a sus hijos en un ambiente moralmente contaminado. Y me pidieron ayuda para guiar a sus hijos en un mundo que parece estar desmoronándose

Escuchamos y leemos a diario sobre el ambiente contaminado: la lluvia ácida, el humo [smog], los desperdicios tóxicos. Pero estos padres reconocen que existe otra clase de contaminación mucho más peligrosa: la contaminación moral y espiritual.

En una conferencia reciente, el élder Boyd K. Packer dijo: «Al hacer una prueba del medio ambiente moral, encontramos que el índice de contaminación continua empeorando» (Liahona, julio de 1992, pág. 73). El apóstol Pablo predijo «…que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos…» (2 Timoteo 3:1). Y refiriéndose a los Últimos Días, el profeta Moroni declaró:

«Sí, sucederá en un día en que habrá grandes contaminaciones sobre la superficie de la tierra…» (Mormón 8:31).

Lamentablemente, el efecto de esta gran contaminación se hace más evidente en los medios de comunicación como las películas, la televisión y la música popular. El senador de los Estados Unidos Robert D. Byrd dijo:

«Si en este país continuamos presentando imágenes de asesinatos, violencia, abuso de drogas… perversiones y pornografía… ante los ojos de millones de niños, año tras año, y día tras día no debiera sorprendernos que los cimientos de nuestra sociedad se carcomieran como si tuvieran lepra» (Michael Medved, Hollywood vs. América, Nueva York: Harper Perennial, 1992, pág. 194).

A pesar de que existen algunas excepciones, la mayoría de los medios de comunicación parecen haber declarado la guerra en contra de lo que la mayoría considera más valioso: la familia, la religión y el patriotismo. Degradan el matrimonio y promueven e idealizan las relaciones premaritales y el adulterio. Seguir leyendo

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La constancia en medio del cambio

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La constancia en medio del cambio
Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Russell M. Nelson«Aun cuando la comprensión que se tenga de ella sea fragmentada, la verdad en si no cambia. La verdad y la sabiduría eternas provienen del Señor.»

Al igual que el presidente Monson, felicito a los hermanos Peterson, Komatsu y de Jager, quienes se merecen nuestro mayor agradecimiento. Y también expreso gratitud por este excelente coro de jóvenes de la Universidad Brigham Young; son maravillosos.

Nuestros jóvenes son admirables y tienen una habilidad especial para hacer preguntas que hagan reflexionar. Hace poco, tuve una conversación con dos a quienes llamaré «Ruth» y «Juan». Ruth fue quien comenzó a hablar preguntando, con un suspiro: -Nuestro mundo está sufriendo un cambio constante, ¿verdad?

-Si-le respondí-, desde su creación, tanto geológico como geográfico; y sus habitantes también están cambiando, política y espiritualmente. Puedes preguntar a tus abuelos como se vivía en la época en que ellos tenían tu edad, y veras lo que piensan al respecto.

-Ya les pregunté-contesto ella-. Mi abuelo resumió su opinión con este ingenioso comentario: «A mí que me den los viejos tiempos… pero con penicilina».

A continuación, Juan expresó una gran preocupación:

-Esas condiciones que están cambiando constantemente hacen que el futuro sea muy incierto para nosotros. Me asusta eso; es como si estuviéramos parados en arena movediza.

Y los dos me preguntaron:

-¿En qué podemos confiar? ¿Hay algo que sea constante y que no cambie con el correr del tiempo?

Les respondí a esa pregunta con un enérgico,

-¡Sí, muchas cosas! Seguir leyendo

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La clave es la verdad

Conferencia General Octubre 1993logo 4
La clave es la verdad
Elder F. Enzio Busche
De los Setenta

F. Enzio Busche«Todo lo que aprendamos nos llevara a la nada a menos que ese aprendizaje se centre en encontrar las raíces de la verdad, la cual no podemos recibir si primero no somos honrados.»

En la sección 1, versículo 4, de Doctrina y Convenios leemos: «Y la voz de amonestación ira a todo pueblo por boca de mis discípulos, a quienes he escogido en estos últimos días».

Este mensaje de «advertencia» nos recuerda que como seres humanos somos hijos espirituales de un Padre Celestial que es el autor y consumador de toda verdad y que, en este estado terrenal y caído, estamos perdidos a menos que permitamos que la luz de Cristo, o sea, el Espíritu de verdad, sea nuestro guía constante e infinito.

En el mensaje de la Restauración, vemos que durante nuestra vida mortal se pone a prueba nuestro albedrío por medio de la inseparable conexión que existe entre nuestro espíritu y los elementos de esta tierra: «la carne», o el «hombre natural» (D. y C. 88:15). Por medio de esta revelación, no solo entendemos la causa de la miseria de la humanidad, sino que también recibimos las llaves y el poder que nos permite poner fin a esa miseria de una vez por todas.

Al iluminarse nuestro intelecto mediante el estudio del plan de salvación, llegamos a la conclusión de que nuestra vida significa que «el verdadero yo» o «el hijo espiritual de Dios», creado en inocencia y belleza, está en una lucha de vida o muerte con los elementos de la tierra, «la carne», la que, en el irredimible estado actual, está sometida a las tentaciones y a la influencia del enemigo de Dios.

De las revelaciones registradas en el Libro de Mormón, sabemos que ese enemigo lucha con toda su fuerza y astucia para que «todos los hombres sean miserables como el» (2 Nefi 2 27). Es Jesucristo el que, por medio de Su luz, busca y encuentra a todo hijo de Dios que añore y luche por la justicia y la verdad y que este pidiendo ayuda. Sin Cristo, perderíamos esa lucha interna; sin Su plan de redención y sin Su sacrificio expiatorio, todos nos habríamos perdido. Nosotros sabíamos eso antes de venir a esta tierra, y volvemos a percibirlo cuando la luz de Cristo «vivifica nuestro entendimiento» (D. y C. 88:11). Seguir leyendo

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Instruye al niño en su camino. . .

«Instruye al niño en su camino…»logo 4
Presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Si deseamos cambiar las cosas, la labor tiene que comenzar con los hijos cuando son pequeños y dóciles, y cuando escuchan y aprenden.»

Mis hermanos y hermanas de todas partes: Hago llegar a cada uno de ustedes mi amor y mi gratitud. Me siento profundamente agradecido por su fe y sus oraciones por nosotros. Necesitamos sus oraciones y deseamos ser siempre dignos de ellas. Muchos de ustedes nos escriben alentándonos y expresándonos su confianza. Gracias. Nosotros también oramos por ustedes.

Hace unos días, fue a verme a mi despacho un señor de Las Vegas, Nevada; le acompañaban su esposa y una hija casada. Una vez cumplido el objeto de su visita, la dama más joven me preguntó si aceptaría un presente de su hija de trece años, y, en seguida, desenvolvió una pintura de un arbusto florido sobre el que revoloteaban dos mariposas. Me explicó que a la jovencita la había atropellado un automóvil cuando tenía cuatro años de edad, lo que le produjo múltiples y graves fracturas, y que el accidente la había dejado paralizada de los hombros para abajo. Sin el uso de ninguno de sus miembros, la niña había pintado ese cuadro sosteniendo el pincel entre los dientes y moviendo la cabeza.

Al escuchar ese relato, la pintura adquirió mayor relieve en belleza y valor para mí; ya no fue tan sólo un cuadro de mariposas: llego a representar una extraordinaria valentía en medio de una terrible desgracia, una práctica tenaz al sostener y mover el pincel, oraciones de petición de ayuda, de fe-la fe de una niña-, alimentada por sus cariñosos padres, para crear belleza pese a sus impedimentos.

Habrá quienes opinen que el cuadro no es una obra maestra. Si no se conoce su origen, ese podría ser el dictamen. Pero, ¿cómo se prueba el arte? ¿No es acaso la inspiración que tiene lugar al contemplarlo?

Pondré esa pequeña pintura en mi estudio para que, si alguna vez pasó momentos difíciles, vuelva a mi memoria la imagen de una bella niñita, privada del uso de las piernas y de los brazos, sujetando el pincel entre los dientes para crear un motivo bello. Gracias, Kristal, por lo que tú has hecho por mí. Confío en que el relato de tu caso infunda renovado valor a otras personas que, en medio del desaliento, hayan pensado que no pueden seguir adelante. Espero que tu ejemplo sea como la estrella polar que los guíe en las tinieblas en medio de las cuales tropiezan. Seguir leyendo

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Haz lo justo

Conferencia General Octubre 1993logo 4
«Haz lo justo»
Elder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

L. Tom Perry«Los mensajes fáciles y populares del mundo por lo general no serán los correctos y se requerir& mucho valor para ‘hacer lo justo.»

El coro del emocionante himno de James L. Townsend nos da un consejo imperecedero sobre lo que se debe hacer al llegar a una encrucijada de la vida. Siempre:

«Haz el bien, haz el bien,
y la prudencia te guiara.
Con su luz. haz el bien,
y siempre Dios te bendecirá».
(Himnos, N° 155.)

En un viaje que hice hace poco a Nueva Zelanda, me reuní con un presidente de misión que llevaba un hermoso prendedor de corbata con las inspiradoras letras HLJ, o sea, el emblema de «Haz lo justo». Me dio la impresión de que ese prendedor peculiar tendría alguna historia particular. Después de regresar, le escribí una nota de agradecimiento por sus atenciones, y de paso le pregunte sobre el prendedor. Recibí la siguiente contestación: «Usted es una persona muy observadora. Si, el prendedor que uso tiene una historia particular. Tengo unos cuantos que me son muy preciados, regalos de mis hijos, mi esposa y amigos. Sin embargo, prefiero usar ese hermoso escudo de plata con turquesa que lleva el inspirador emblema HLJ de nuestra Primaria.

«¿Por qué? Tal vez se remonte a la época en que, siendo obispo, tuve una entrevista con un apuesto jovencito que iba a recibir el Sacerdocio Aarónico. Él me contó un relato especial. Me dijo que un día después de la escuela, él y algunos amigos habían encontrado un paquete de cigarrillos y habían decidido bajar a un barranco, y fumarlos detrás de unas grandes rocas. Dijo que cuando encendió el suyo, al mirar el cigarrillo humeante que tenía entre los dedos, vio su anillo de HLJ; inmediatamente apagó el cigarrillo y tomó la prudente determinación de no volver a hacer jamás algo así. Al recordar lo que quería decir ese emblema, decidió «hacer lo justo». Desde que of su relato, he sentido un afecto especial por el emblema de los HLJ. Seguir leyendo

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Hagamos frente a los retos de la vida

Conferencia General Octybre 1993logo 4
Hagamos frente a los retos de la vida
Presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidenta

Thomas S. Monson«Siempre que nos sintamos acongojados por los tropiezos de la vida, recordemos que otros han pasado por ese mismo camino, han perseverado y han salido victoriosos.»

En una conferencia, hoy hace treinta años, fui llamado y sostenido miembro del Consejo de los Doce Apóstoles. En aquella ocasión, solicite la fe y las oraciones de los presentes, y hoy, al tener la oportunidad de dirigirme a ustedes, renuevo aquella suplica, de poder sentir su fe y oraciones.

Hace un mes, mientras celebrábamos un día festivo nacional, el élder Russell M. Nelson y yo nos encontramos con nuestros hijos y nietos en una piscina llena de agua tibia, desde la que se apreciaba en lo alto un grandioso cielo azul. Más que nada, estábamos cuidando a los pequeños, tal como la gallina vigila los movimientos de sus polluelos. Le comente al élder Nelson: «¿No es interesante que aunque los padres estén vigilando a sus hijos, usted y yo pensamos que somos nosotros, los abuelos, los que tenemos la responsabilidad total de supervisar a nuestros respectivos nietos?» Nos divertimos muchísimo al ver a los niños jugar y al escuchar sus expresiones de alegría.

Entonces me fije que en la piscina había también un padre que sostenía a su hijo severamente incapacitado y que movía de un lado a otro el cuerpecito enjuto del niño. Lo ayudaban otros familiares, y era obvio que el muchachito estaba disfrutando de la diversión, aunque dependía totalmente de los demás. De sus labios no salía ninguna exclamación de gozo, ni sus extremidades casi inertes hacían ningún movimiento de alborozo. Cuando era pequeñito, una enfermedad grave le había hecho perder el habla, le había dañado el cerebro, y seguramente seguiría siendo una carga para sus seres queridos. Sin embargo, el abuelo del niño me dijo: «Es mi nieto; toda nuestra familia lo quiere mucho; nos gusta su compañía y todos lo atendemos; es una bendición en nuestras vidas».

Después de un rato, la gente empezó a salir de la piscina. Cesaron la risa y el juego; se hizo silencio a medida que el sol de la tarde empezaba su descenso y el fresco de la tarde me recordó que era hora de irnos. Pero aquella tierna escena de amor y devoción ha permanecido conmigo. Seguir leyendo

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Guardemos los convenios y honremos el sacerdocio

Conferencia General Octubre 1993
Guardemos los convenios y honremos el sacerdocio
Elder James E. Faust
Del Quórum de los Doce Apóstoles

James E. Faust«En las asambleas gubernamentales de algunos países, hoy grupos a los que en inglés llamamos ‘la oposición leal’, pero esa expresión no se aplica al Evangelio de Jesucristo.»

Hermanos, nunca he estado ante esta gran asamblea del sacerdocio con un sentimiento de humildad más profundo que el que tengo esta noche.  Oro fervientemente pidiendo no sólo que me comprendan, sino también que no me interpreten indebidamente.  Con verdadero anhelo procuro la guía del Espíritu Santo y la comprensión de mis hermanos, y expreso mi amor y mi profundo respeto por los hermanos del sacerdocio de esta Iglesia jovencitos y niños, pronto se les dará la responsabilidad de guiar espiritualmente a su familia y a la Iglesia, por lo que es esencial que entiendan la importancia de guardar los convenios y de honrar el sacerdocio que poseen.

Como preludio de lo que quiero analizar, creo que es importante que exponga algunos principios fundamentales tal como yo los entiendo.  La obra de Dios es «llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre» (Moisés 1:39).  En varias épocas, desde los días de Adán, Dios ha dado al hombre el sacerdocio con el fin de llevar a efecto el gran plan de salvación para toda la humanidad.  Por medio de la fidelidad, las bendiciones transcendentales de la vida eterna proceden de la autoridad de este sacerdocio.

Para que estas bendiciones del sacerdocio se manifiesten, es preciso que haya una  unidad constante entre los que poseemos esa autoridad.  Debemos ser leales a los líderes que han sido llamados a presidir sobre nosotros y a poseer las llaves del sacerdocio.  Las palabras del presidente J. Reuben Clark, hijo, todavía resuenan en nuestros oídos: «Hermanos, seamos unidos».

El también explicó: «Un aspecto esencial de la unidad es la lealtad, la cual es una cualidad muy difícil de poseer, y requiere la habilidad de poner a un lado el egoísmo, la codicia, la ambición y todas las características mezquinas de la mente humana.  No se puede ser leal a menos que se esté dispuesto a entregarse a sí mismo… Hay que dejar de lado las preferencias y los deseos personales y tener presente sólo la gran meta final» O. Reuben Clark, hijo, Inmortalidad y vida eterna, Curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec, 1968-1969, págs. 158-63).

¿Cuál es la naturaleza del sacerdocio?  El profeta José Smith dijo al respecto:

«Es la autoridad eterna de Dios por medio de la cual se creó y se gobernó el universo, y se crearon las estrellas del firmamento; es la autoridad por medio de la que obra el gran poder de la exaltación en todo el universo».

El profeta José Smith también enseñó:

«Quedó instituido desde antes de la fundación de esta tierra, antes que ‘las estrellas todas del alba alabaran, y se regocijaran todos los hijos de Dios’, y es el sacerdocio mayor y más santo, y es según el orden del Hijo de Dios…» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 198).

No cabe la menor duda de que el poder del sacerdocio es mucho mayor de lo que podemos comprender.  El profeta José Smith dijo lo siguiente de ese gran poder:

«…todo aquel que fuese ordenado según este orden y llamamiento tendría poder, por medio de la fe, para derribar montañas, para dividir los mares, para secar las aguas, para desviarlas de su curso; para desafiar los ejércitos de naciones, para dividir la tierra, para romper toda ligadura, para estar en la presencia de Dios… y esto por la voluntad del Hijo de Dios que existió desde antes de la fundación del mundo» (Traducción de José Smith, Génesis 14:30-3l). El sacerdocio obra en base a un sistema de orden divino.  No obstante, no es algo vago, una esencia etérea, sino que debe conferirse por medio de la ordenación y tiene oficios específicos.  Los hombres que lo poseen tienen la responsabilidad sagrada de emplear su autoridad para llevar a cabo la obra de Dios con el fin de bendecir a hombres, mujeres y niños por igual.  Nadie puede decir que tiene la autoridad del sacerdocio a menos que éste les haya sido conferido por los que tengan la autoridad «y sepa la Iglesia que tiene autoridad y que ha sido debidamente ordenado por las autoridades de la iglesia» (D. y C. 42:11).

El ejercicio de la autoridad del sacerdocio está dirigido por medio de las llaves que le corresponden, y que están en poder de los líderes locales y de las Autoridades Generales de la Iglesia.  Los que poseen las llaves tienen la responsabilidad de dar impulso y de dirigir la obra del Señor sobre la tierra.  Es evidente que, tal como Alma lo dijo, los pastores de la Iglesia son los responsables de proteger al rebaño: «Pues, ¿qué pastor hay entre vosotros que, teniendo muchas ovejas, no las vigila para que no entren los lobos y devoren su rebaño?  Y he aquí, si un lobo entra en medio de su rebaño, ¿no lo echa fuera?…» (Alma 5:59).

Los que posean las llaves, las cuales comprenden la autoridad de dictaminar medidas disciplinarias, tienen la obligación de depurar la Iglesia de toda iniquidad (véase D. y C. 20:54, 43:1 l).  Los obispos, los presidentes de estaca y de misión y todos aquellos que tengan la responsabilidad de conservar limpia la Iglesia deben cumplir esa labor con un espíritu de amor y bondad.  No debe hacerse con la intención de castigar, sino más bien de ayudar.  No obstante, no se demuestra bondad hacia un hermano o hermana que haya cometido una transgresión si los oficiales del sacerdocio que presiden hacen caso omiso de la situación.  El presidente John Taylor dijo lo siguiente en cuanto a este asunto:

«Aún más, he oído que hay obispos que han estado tratando de ocultar las iniquidades de los hombres; a ellos les digo, en el nombre de Dios, que tendrán que llevar sobre sí… esas amenidades; si algunos de vosotros deseáis participar de los pecados de los hombres, 0 defenderlos, tendréis que ser responsables por los mismos. ¿Me escucháis, obispos y presidentes?  Dios os hará responsables.  Vosotros no tenéis derecho de falsificar ni de adulterar los principios de justicia, ni de encubrir las infamias y las corrupciones humanas» (Spencer W Kimball, «Sed dignos poseedores del sacerdocio», Liahona, octubre de 1975, pág. 21).

En cuanto a este asunto, insto a los hermanos que presiden a esforzarse por tener consigo el Espíritu de Dios, a estudiar y a dejarse guiar por las Escrituras y por el Manual General de Instrucciones.  La disciplina de la Iglesia no se limita al pecado sexual sino que se aplica en diversos actos como el homicidio, el aborto, el robo, el fraude y otras acciones deshonestas de desobediencia premeditada a las normas y reglas de la Iglesia; asimismo, a la defensa o práctica de la poligamia, la apostasía u otro tipo de conducta que no sea cristiana, incluso la de desafiar y ridiculizar a los hungidos del Señor, lo cual está totalmente en desacuerdo con la ley de Dios y con el orden de la Iglesia.

¿Cómo obra el sacerdocio?  Las decisiones que toman los líderes y los quórumes del sacerdocio deben seguir el patrón de los quórumes que presidan.

«Las decisiones de estos quórumes… se deben tomar con toda rectitud, con santidad y humildad de corazón, mansedumbre y longanimidad, y con fe, y virtud, y conocimiento, templanza, paciencia, piedad, cariño fraternal y caridad» (D. y C. 107:30).

En las asambleas gubernamentales de algunos países, hay grupos a los que en inglés Llamamos «la oposición leal», pero esa expresión no se aplica al Evangelio de Jesucristo.  El Salvador nos hizo la siguiente advertencia: «Sed lino; si no sois tino, no sois míos» (D. y C. 38:27).

El Señor ha puesto bien en claro que «toda decisión que tome cualquiera de estos quórumes se hará por la voz unánime del mismo; es decir, todos los miembros de cada uno de los quórumes tienen que llegar a un acuerdo en cuanto a sus decisiones…» (D. y C. 107:27).  Esto significa que, después de una conversación franca, el consejo toma una decisión bajo la dirección del oficial que preside, que es el que tiene la autoridad para tomar la decisión final.  Después, todos apoyan la decisión, puesto que nuestra unidad proviene del concordar plenamente con principios correctos y de seguir la inspiración del Espíritu de Dios.

En la Iglesia se promueve la discusión franca; sin duda, las libres opiniones que se dan en la reunión de ayuno y testimonios, y en las clases de la Escuela Dominical, de la Sociedad de Socorro y de las reuniones del sacerdocio dan fe de ello.  Sin embargo, el privilegio de la libre expresión en la Iglesia debe tener ciertos límites.

En 1869, George Q. Cannon lo explicó de la siguiente manera:

«Un amigo… deseaba saber si… una sincera diferencia de opinión entre un miembro y las Autoridades de la Iglesia se consideraba apostasía… Le contestamos que… podemos comprender que una persona discrepe sinceramente con las autoridades de la Iglesia sin ser necesariamente apóstata.  Pero, no podemos concebir que esa persona publique sus diferencias de opinión y trate de inculcar en la gente su manera de pensar por medio de discusiones, sofisterías y otros medios de persuasión con el fin de causar desunión y contiendas, y haga aparecer los hechos y los consejos de las autoridades de la Iglesia como equivocados, y no sea apóstata, porque ese modo de proceder es apostasía, de acuerdo con el sentido de la palabra» (Gospel Truth, sel. de Jerreld L. Newquist, 2 vol., Salt Lake City: Deseret Book Co., 1974, 2:276-277).

La Iglesia entiende por actos de apostasía el caso de miembros «(I) que en forma reiterada actúan en oposición clara, directa e intencional contra la Iglesia o sus líderes; (2) que persisten en enseñar como doctrina de la Iglesia elementos que no son tal cosa, aún después de haber sido reprendidos por su obispo o por una autoridad mayor; o (3) que continúan ciñéndose a las enseñanzas de cultos apóstatas (como aquellos que sostienen el matrimonio plural) aún después de haber sido reprendidos por su obispo o por una autoridad mayor» (Manual General de Instrucciones, 1989, 10-3).

Los miembros, tanto hombres como mujeres, que persisten en poner públicamente en tela de juicio las enseñanzas básicas, las prácticas y la institución de la Iglesia se privan de la inspiración del Espíritu del Señor y pierden el derecho de ocupar un lugar en la Iglesia y de tener influencia en ella.  Exhortamos a los miembros a estudiar los principios y la doctrina de la Iglesia a fin de poder entenderlos; entonces, si tienen dudas y surgen diferencias de opinión que sean sinceras, se les insta a que hablen de ello en privado con los líderes del sacerdocio.

El pensar que cualquiera de nosotros es más inteligente, desde el punto de vista espiritual, más instruido o más digno que los Consejos que han sido llamados a presidir sobre nosotros encierra cierto grado de arrogancia.  Esos Consejos están en más armonía con el Señor que cualquier persona sobre la que presidan, y generalmente cada uno de sus miembros en particular se guía por la decisión del Consejo.  En esta Iglesia, en la que no tenemos clérigos profesionales, es inevitable que se ponga en cargos de autoridad sobre nosotros a personas con una preparación muy diferente de la nuestra; pero esto no quiere decir que los que tengan un empleo o una profesión diferente tengan menos derecho que los demás de recibir el espíritu del oficio que posean.  Entre los mejores obispos que he tenido en mi vida, uno era albañil, otro tendero, otro granjero, otro lechero y otro tenía una heladería; sin embargo, el hecho de que no hubieran recibido tina educación académica formal carecía totalmente de importancia; eran hombres humildes y, gracias a ello, el Espíritu Santo les enseñó y los magnificó.  Sin excepción, recibieron gran fortaleza mientras se esforzaban por cumplir diligentemente con su llamamiento y por ministrar a los santos a los que habían sido llamados a presidir.  Y así sucede con todos los llamamientos de la Iglesia.  El presidente Thomas S. Monson nos enseñó que: «A quien el Señor llama, el Señor prepara» («Vosotros sois la clave», Liahona, julio de 1988, pág. 45).

¿Cómo deben los poseedores del sacerdocio tratar a las hermanas de la Iglesia?  Desde los comienzos de esta iglesia, las hermanas han hecho siempre una grande y maravillosa contribución a la obra del Señor; han hecho un gran aporte de inteligencia, de trabajo, de cultura y de refinamiento tanto a la Iglesia como a nuestras familias.  Al avanzar hacia el futuro, necesitamos más que nunca la contribución de las hermanas a fin de establecer los códigos morales y la fe, y definir el futuro de nuestras familias y el bienestar de nuestra sociedad.  Es necesario que sepan que las valoramos, honramos y apreciamos.  Es preciso hacer participar y escuchar a las hermanas que sirvan en calidad de líderes e incluirlas en nuestras reuniones de consejo de estaca y de barrio, especialmente en cuanto a asuntos relacionados con las hermanas en general, con los jóvenes y con los niños.

¿Cómo deben los poseedores del sacerdocio tratar a su esposa y a las demás mujeres de su familia?  Debemos venerar a nuestra esposa; ella necesita que su esposo la alabe y es preciso que los niños oigan al padre elogiar a la madre (véase Proverbios 3 1:28).  El Señor valora a Sus hijas tanto como a Sus hijos.  En el matrimonio, ninguno es superior al otro y cada uno de los cónyuges tiene una responsabilidad principal diferente y divina.  La más importante de todas las responsabilidades de una esposa es la maternidad.  Creo firmemente que nuestras queridas y fieles hermanas poseen una nobleza espiritual que es parte intrínseca de su naturaleza.

El presidente Spencer W Kimball dijo:

«El ser una mujer justa durante estas cruciales y finales etapas de la historia de la tierra, antes de la segunda venida del Salvador, es en verdad un llamamiento noble y especial… Otras instituciones sociales pueden flaquear y hasta fracasar; pero la mujer justa puede ayudar a salvar el hogar, que puede ser el único refugio que algunos mortales conozcan en medio de la tempestad y la contienda» («Privilegios y responsabilidades de la mujer de la Iglesia», Liahona, febrero de 1979, págs. 142, 143).

El sacerdocio es en sí una autoridad justa, y cualquier intento que se haga en el hogar de usarlo como un látigo para maltratar o ejercer injusto dominio está totalmente en desacuerdo con esa autoridad y trae como consecuencia la pérdida de ella.  Como poseedor del sacerdocio, la responsabilidad principal del padre es pedir al Señor bendiciones espirituales y temporales para sí, para su esposa y para sus hijos; pero sólo puede reclamar esas bendiciones en la rectitud, conforme honre su sacerdocio.  El Señor nos enseña que ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por la persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero» (D. y C. 121:4l).

En mi opinión, hay pocas expresiones en las Santas Escrituras que tengan un mayor significado que las hermosas palabras que se encuentran en la sección 121 de Doctrina y Convenios sobre la forma en que se debe ejercer el sacerdocio:

«Por bondad y por conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia;

«reprendiendo en la ocasión con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo; y entonces demostrando mayor amor hacia el que has reprendido, no sea que te considere su enemigo;

«para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que los lazos de la muerte.

«Deja también que tus entrañas se llenen de caridad para con todos los hombres, y para con los de la familia de la fe, y deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se hará fuerte en la presencia de Dios; y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

«El Espíritu Santo será ti¡ compañero constante, y tu cetro, ni cetro inmutable de justicia y de verdad; y ti¡ dominio será un dominio eterno, y sin ser compelido fluirá hacia ti para siempre jamás» (D. y C. 121:42-46).

El presidente Spencer W Kimball dijo lo siguiente con respecto a los convenios del sacerdocio:

«El poder del sacerdocio que poseemos no tiene límites.  Cualquier limitación proviene de nosotros si no estamos en armonía con el Espíritu del Señor y nos limitamos nosotros mismos en el poder que ejercemos.

«Se viola el convenio del sacerdocio quebrantando los mandamientos, pero también se hace eso al no cumplir con sus obligaciones. Por consiguiente, para quebrar este convenio basta con no hacer nada» (The Tcadúngs of Spencer W. Kimball, Salt Lake City: Bookcraft, 1982, págs. 498, 497).

Otro gran recordatorio de nuestras obligaciones y bendiciones es el juramento y el convenio del sacerdocio tal como figura en la sección 84 de Doctrina y Convenios.Allí se nos dice que las obligaciones transcendentales de los poseedores del sacerdocio son: «estar diligentemente atentos a las palabras de vida eterna… dar testimonio a todo el mundo» y enseñar al mundo del «juicio que ha de venir» (vers. 43, 61, 87). Y entonces se nos da la maravillosa promesa de que si somos fíeles en el cumplimiento de nuestras responsabilidades del sacerdocio, seremos «santificados por el Espíritu», nos convertiremos en «los elegidos de Dios», -y todo lo que nuestro Padre tiene nos «será dado» (vers. 33, 34, 38). Es mucho más importante aceptar todo lo que el Padre tiene para darnos que buscar y recibir cualquier otra cosa que ofrezca esta vida.

Las bendiciones supremas de esta vida se obtienen por medio de la obediencia a los convenios y honrando las ordenanzas recibidas en los santos templos, incluso el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio, el cual es la coronación de la santa investidura.

Guiados por el deseo de ser liberales, de ser aceptados, de que nos quieran y nos admiren, no juguemos con la doctrina ni con los convenios que se nos han dado, ni tampoco con lo que digan los que tienen las llaves del Reino de Dios sobre la tierra. Las palabras de Josué resuenan más que nunca para todos nosotros:

«Escogeos hoy a quién sirváis… pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15).

Ruego que el Espíritu del Señor esté con nosotros para ayudarnos a magnificar la gran autoridad del sacerdocio, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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Gran plan de salvación

Conferencia General Octubre 1993logo 4
El gran plan de salvación
Elder Dallin H. Oaks
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Dallin H. Oaks«Al comprender el plan de salvación, también comprendemos el propósito de los mandamientos que Dios ha dado a Sus hijos.»

El Evangelio de Jesucristo contesta preguntas como «¿De dónde vinimos, porque estamos aquí y hacia dónde vamos?» Los profetas lo han llamado el plan de salvación y «el gran plan de felicidad» (Alma 42:8). Podemos entender por inspiración ese «mapa» de la eternidad y emplearlo para que nos guíe en nuestra jornada por este mundo.

El evangelio nos enseña que somos los hijos espirituales de nuestros Padres Celestiales. Antes de nuestro nacimiento aquí tuvimos «una personalidad espiritual y premortal, como hijos de nuestro Padre Eterno» (Primera Presidencia, Improvement Era, marzo de 1912, pág. 417; véase también Jeremías 1:5). Se nos colocó en esta tierra para que progresáramos hacia nuestro destino, que era la vida eterna. Estas verdades nos ofrecen, como guía para tomar decisiones, una perspectiva exclusiva y valores diferentes de los de aquellos que dudan de la existencia de Dios y creen que la vida es el resultado de un proceso casual.

Nuestro punto de vista de lo que es la vida comienza con un concilio en los cielos. Allí se les enseñó a los hijos espirituales de Dios el plan eterno que Él tenía para ellos. Ya habíamos progresado todo lo que era posible sin un cuerpo físico y sin tener la experiencia terrenal. A fin de lograr la plenitud de gozo, teníamos que probar que estábamos dispuestos a obedecer los mandamientos de Dios en circunstancias en las que no tuviéramos memoria alguna de lo que paso antes de que naciéramos aquí en la tierra.

En el transcurso de la vida terrenal, estaríamos sujetos a la muerte y manchados por el pecado. Para poder rescatarnos de la muerte y del pecado, el plan de nuestro Padre Celestial nos concedía un Salvador, cuya expiación nos redimiría a todos de la muerte y pagaría el precio para que todos quedáramos limpios de pecado bajo las condiciones que Él nos impondría (2 Nefi 9: 19-24). Satanás tenía su propio plan. El proponía asegurar la salvación de todos los hijos espirituales de Dios quitándoles la libertad de elección y eliminando así la posibilidad de que pecaran. Cuando se rechazó su plan, Satanás y los espíritus que lo siguieron se opusieron al plan del Padre y fueron expulsados. Seguir leyendo

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Fortalezcamos los consejos

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Fortalezcamos los consejos
Elder M. Russell Ballard
Del Quórum de los Doce

M. Russell Ballard«Cuando hacemos un esfuerzo colectivo, creamos sinergia espiritual, o sea, un incremento en la eficacia como resultado de la cooperación.»

Durante esta conferencia, los hermanos han enseñado desde este púlpito verdades claras y preciosas acerca del Evangelio de Jesucristo. Testifico que hemos escuchado «la voluntad del Señor… la intención del Señor… La palabra del Señor… La voz del Señor y el poder de Dios para salvación» (D. y C. 68:4).

Como el Señor dijo en Su prefacio de Doctrina y Convenios:

«Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me disculpo; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasara, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo» (D. y C. 1:38).

En esta conferencia hemos echado de menos las voces del presidente Benson, el presidente Hunter y el élder Ashton. Espero recibir la ayuda del Señor porque deseo enseñar un importante principio con el mismo espíritu y claridad con que mis hermanos han enseñado.

En la vida preterrenal, Dios realizó un gran concilio para presentar Su glorioso plan relacionado con nuestro bienestar eterno. La Iglesia del Señor está organizada en consejos en todos los niveles, comenzando por el Consejo de la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles y continuando con los consejos de estaca, de barrio, de quórum, de las organizaciones auxiliares y de familia.

El presidente Stephen L. Richards dijo:

«La extraordinaria fuerza intelectual del gobierno de nuestra Iglesia radica en gobernar por medio de consejos… He tenido bastante experiencia para saber lo valiosos que estos son. No pasa un día en el que no pueda apreciar… La sabiduría de Dios en la creación de consejos… para gobernar Su reino…

«Sin vacilar, les aseguro que, si se reúnen en consejo para deliberar, como se supone que lo hagan, Dios les dará las soluciones a los problemas que enfrentan» («Conference Report», octubre de 1953, pág. 86). Seguir leyendo

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Examina la senda de tus pies

Conferencia General Octubre 1993
«Examina la senda de tus pies»
Elaine L. Jack
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

«Todas tenemos el privilegio de tratar de saber, por medio de la oración, la voluntad del Señor para con nosotras.»

Mis queridas hermanas, deseo expresarles lo que siento por el evangelio y mi amor por mi Padre Celestial. ¡Qué gran bendición hallarnos reunidas, hablar de los temas que en verdad importan y saber que estamos unidas en esta gran obra!

Nos encontramos aquí en esta ocasión no por lo que hacemos sino por lo que somos: hijas de nuestro Padre Celestial. Tenemos en mucho esa definición porque somos mujeres que han entrado en el convenio. Nuestros convenios tienen suma importancia por haberlos hecho con el Señor, y nos sirven de fortificación en contra del poderío de la oposición, como un refuerzo, así como de recordatorio del motivo por el que estamos aquí. Las mujeres y los hombres de esta Iglesia dan testimonio al mundo de que esta vida es la etapa en la que debemos prepararnos para comparecer ante Dios. Aun cuando vivimos en tiempos muy difíciles en los que nos salen al paso grandes problemas, estamos en el camino que lleva a la vida eterna y no podemos permitir que nada nos retarde ni nos impida el paso.

En Proverbios leemos la admonición: «Examina la senda de tus pies» (Proverbios 4:26). Hay muchos pies que se afanan laboriosamente en esta Iglesia. Todos hemos oído el consejo de «estar anhelosamente empeñados» y la aclaración de que debe ser «en una causa buena» (D. y C. 58:27).

De esa.»causa buena» hablaré en esta ocasión.

Ser una mujer que ha entrado en el convenio es una sagrada y santa responsabilidad, y la tenemos en forma exclusiva. No es por casualidad que nos hallamos en la obra del Señor en la actualidad, sino que es por elección que vinimos a esta tierra para seguir el camino de nuestro Salvador. Al bautizarnos, hicimos convenio, como lo hicieron los nefitas en las aguas de Mormón, de ser llamadas Su pueblo, de servirle, de guardar Sus mandamientos, de ser testigos de Dios en todo momento, y en todas las cosas y en todo lugar. (véase Mosíah 18:8-10). Seguir leyendo

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El servicio y la felicidad

Conferencia General Octubre 1993logo 4
El servicio y la felicidad
Élder Jacob de Jager
Miembro emérito de los Setenta

Jacob de Jager«Esta es una Iglesia de trabajadores y no un museo de santos. Aquellos que no piensen de esta manera no han llegado a comprender la verdadera finalidad de la divina organización a la cual pertenecen.

Mis estimados hermanos, hermanas y amigos de todo el mundo, tal como habrán escuchado de una fuente fidedigna al comienzo de esta conferencia, a partir de hoy, paso a ser Miembro emérito de los setenta. Si no me equivoco, el voto de agradecimiento y de aprobación de ustedes fue unánime, por lo que les estoy muy agradecido.

Cuando fui llamado en calidad de miembro del Quórum de los Setenta, en abril de 1976, el élder LeGrand Richards, a quien muchos de ustedes recordaran, y a quien considerábamos holandés, aunque no lo fuera, siempre me llamaba el «holandés feliz». Después de diecisiete años y medio, quiero que sepan que todavía soy un holandés feliz y les diré por que:

Todos esos años de servicio en el quórum han traído regocijo e innumerables bendiciones, tanto a mi como a mi esposa Bea, mi compañera eterna. Además, he tenido el privilegio de ser asignado a estacas desde Punta Arenas, en América del Sur, hasta Anchorage, Alaska; desde Hobart, Australia, hasta el Japón. He trabajado en estrecha colaboración con fieles Representantes Regionales y devotas presidencias de estaca, siempre enseñándoles principios correctos a fin de que aprendieran a gobernarse a si mismos.

Fue una gran bendición visitar a las misiones de la Iglesia en muchas partes del mundo y enseñar a los misioneros todo lo relacionado con la obra misional, o sea, transmitir por medio del Espíritu el conocimiento sagrado a la gente que vive en la ignorancia pero que tiene el derecho de oír el mensaje del evangelio restaurado. Ese mensaje les permite aprender que lo mas importante en la vida de todos ellos es hacer convenios sagrados que les permitirán volver a la presencia de su Padre Celestial. Seguir leyendo

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El perdón divino

Conferencia General Octubre 1993logo 4
El perdón divino
Elder Ronald E. Poelman
De los Setenta

Ronald E. Poelman«El comienzo y la terminación del proceso del arrepentimiento que lleva al perdón es la fe en Jesucristo, que es el Autor y el Perfeccionador de nuestra fe.»

El Salvador del mundo, el Redentor de los hijos de Dios, Jesús de Nazaret, tiene el poder de perdonar nuestros pecados. En el Nuevo Testamento se encuentra registrado Su propio testimonio de ese poder (Mateo 9 6; Marcos 2 10; Lucas 5:20, 24). Sus Apóstoles, Pedro y Pablo, testificaron de esa verdad (Hechos 5:31, 13:38-39, Efesios 1:7), así como también los profetas del Libro de Mormón (Enós 1:5, Mosíah 4:3, Moroni 6:8) y de los tiempos modernos (D. y C. 61:2).

A través de los siglos, muchas personas han recibido gran gozo y paz interior al comprender y aceptar el perdón del Señor. Sin embargo, muchas otras personas siguen llevando una carga de culpabilidad, remordimiento c inseguridad porque no entienden debidamente la doctrina de Cristo ni tienen un testimonio firme de esa doctrina.

Hace poco tuve una conversación privada con una persona que, después de haber cometido una seria transgresión, había hecho un gran esfuerzo por arrepentirse y recibir el perdón de los que había agraviado directamente, de los líderes de la Iglesia y del Señor. Cuando le pregunte: «¿Siente que nuestro Padre Celestial lo ha perdonado?», me contestó afirmativamente, pero en su voz se notaba vacilación e inseguridad. Yo le pregunte entonces «¿De qué manera obtenemos el perdón?».

Él me dijo que había abandonado su comportamiento pecaminoso del pasado, que había confesado sus transgresiones a las debidas autoridades del sacerdocio y tratado de reparar el mal causado a las personas que había afectado directamente. Luego describió el esfuerzo que había realizado con el fin de vivir de acuerdo con los principios del evangelio y las normas de la Iglesia.

Sin embargo, no mencionó para nada al Salvador y Su sacrificio expiatorio. Parecería que daba por sentado que el perdón divino se obtiene por medio de esos pasos del arrepentimiento, los cuales llevan al cambio de la conducta del penitente. De todas maneras, a pesar de lo que este hermano se había esforzado por arrepentirse, todavía seguía abrumado por el cargo de conciencia y el pesar por lo que había hecho, y el sentimiento de que debía seguir pagando el precio de sus pecados. Seguir leyendo

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Desde el principio

Conferencia General Octubre 1993logo 4
«Desde el principio»
Elder Neal A. Maxwell
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellMuchos se alejaron del evangelio y sus verdades «claras y preciosas» (1 Nefi 13:40). Era demasiado sencillo. Prefirieron buscar lo que no podían entender (Jacob 4:14).

Aunque el enseñar acerca de las grandes apostasías de la historia ha sido desde hace largo tiempo un factor constante del evangelio restaurado, no siempre se le ha prestado mucha atención. Dado que comprendemos en toda su amplitud que algunas de nuestras creencias no las comparten otras personas y viceversa, mi objetivo es la instrucción interna y no la persuasión externa. Pero la buena voluntad puede seguir prevaleciendo; en realidad, junto con ustedes, hermanos, me regocijo por las buenas obras y las expresiones de fe de muchas personas de otras religiones. Por ejemplo, las recientes declaraciones del Papa sobre la castidad han sido apropiadas y valerosas y yo las aplaudo. Incontables personas honorables del mundo hacen mucho sin tener lo que nosotros, los miembros, llamamos la plenitud del evangelio, mientras que algunos de nosotros, lamentablemente, ¡hacemos tan poco, teniendo tanto!

Creemos que Adán y Eva fueron los primeros seres humanos de este planeta y los primeros cristianos.

«Y así se empezó a predicar el evangelio desde el principio, siendo declarado por santos ángeles enviados de la presencia de Dios, y por su propia voz, y por el don del Espíritu Santo.
«Y así se le confirmaron todas las cosas a Adán mediante una santa ordenanza…» (Moisés 5:58-59; cursiva agregada).

Y así, hermanos, quedó establecida la manera en que Dios se comunicaría con el hombre desde el comienzo, tal como en la posterior Restauración.
«…por tanto, envió [Dios] ángeles para conversar con ellos, los cuales causaron que los hombres contemplaran la gloria de Dios.
«Y de allí en adelante empezaron los hombres a invocar su nombre; por tanto Dios conversó con ellos y les hizo saber del plan de redención… (Alma 12:29-30; Moisés 5:58-59).

No obstante, la primera plenitud de conocimiento no tardó en perderse. La resultante fragmentación, dilución y distorsión llevó a una amplia gama de religiones: cristianas y no cristianas. Seguir leyendo

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Dediquen tiempo a sus hijos

Conferencia General Octubre 1993logo 4
Dediquen tiempo a sus hijos
Elder Ben B. Banks
De los Setenta

Ben B. Banks«Cuando los hijos sienten que pueden hablar libremente acerca de lo que piensan, de sus problemas y sus logros, se desarrolla una maravillosa relación entre padres e hijos.»

Al dirigirse a los habitantes de Sión, el Señor dijo: «Enseñarán a sus hijos a orar y a andar rectamente delante del Señor» (D. y C. 68:28).

Un sábado temprano por la mañana, en la época en que era presidente de estaca, recibí una llamada telefónica del obispo Nelson, solicitándome ayuda. Me contó que la familia Janzen, que pertenecía a su barrio, durante un paseo que habían realizado a las montañas, había perdido a su hijo Mathew, de siete años de edad. Debido a la obscuridad, el viernes por la noche tuvieron que detener la búsqueda del pequeño, pero al cabo de pocas horas, el sábado por la mañana, más de cien hermanos y hermanas de la estaca se dirigieron hacia el lugar para unirse a la búsqueda. Después de varias horas de buscar cuidadosamente por los senderos, los caminos y las laderas arboladas, encontraron finalmente a Mathew. ¿Pueden imaginar la alegría de todos cuando sus padres lo estrecharon entre sus brazos? Entre las lágrimas de gratitud de los padres, les escuche preguntar:

-¿Que te pasó?

-Me equivoque de camino y me perdí-fue su respuesta-. Cuando se hizo de noche trate de idear algo en donde refugiarme y dormir, pero hacia tanto frío que no pude. Me arrodille sobre una piedra y ore cinco veces durante la noche y otra vez esta mañana. Ustedes me enseñaron que si alguna vez me perdía, debía orar a nuestro Padre Celestial y permanecer en el sendero, y que ustedes me encontrarían. El Padre Celestial escuchó mis oraciones.

El élder Richard L. Evans declaró: «A pesar de que los años pasan con mucha rapidez, de tanto en tanto pareciera que una voz apremiante, que se eleva por encima de todas las demás, nos dijera: ‘Dediquen tiempo a sus hijos’. Cada vez más profesionales en la materia nos dicen que los niños se moldean y se forman a una edad muy temprana» (Improvement Era, noviembre de 1970, pág. 125). Seguir leyendo

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