Quién sigue al Señor?

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¿Quién sigue al Señor?
Élder J. Thomas Fyans
Del Primer Quórum de los Setenta

J. Thomas Fyans«Os invitamos para que corráis espiritualmente cada día.  Haced que vuestra preparación en el sacerdocio tenga prioridad.  Aplicad la constante dedicación de un deportista profesional hasta que ésta consuma nuestras vidas.»

Los equipos principales de las ligas deportivas emplean reclutadores cuyo trabajo es observar continuamente a los futuros jugadores. Su ojo clínico siempre está al acecho  de estrellas que constantemente dan una actuación sobresaliente. No es una coincidencia que estos jóvenes se distingan de los demás. Es mucha la preparación que se requiere para conseguir la excelencia.

Un deportista de esta naturaleza pasa muchos años entrenándose, tratando de perfeccionar cada parte de su actuación. Hace ejercicios durante largas horas; ingiere alimentos nutritivos que fortalecen los músculos; reconoce que todo lo que coma afectará su condición física; descansa adecuadamente y observa otras leyes de salud. El obtener la excelencia física en su vida ha tenido prioridad. Se ha fijado metas diarias, semanales y,  anuales a las cuales se ha dedicado con esmero. Escucha atentamente a su entrenador; éste observa cada uno de sus movimientos y sabe mejor que él su actuación. Juntos estudian cintas de video de sus jugadas y hasta analizan los detalles más minuciosos de sus habilidades por medio de las gráficas de un computador. Cuando llega la noche y es tiempo de descansar, vuelve a pensar en su actuación con la meta siempre constante del día cuando recibirá una invitación para ser miembro de uno de los equipos principales que componen el mundo de los deportistas profesionales.

Cantamos el himno «¿Quién sigue al Señor?» ¿Qué significa la palabra seguir? La definición es: «Ir en pos de una persona o cosa»; aquí la palabra se podría aplicar a un grupo de jugadores que siguen a su equipo.

Basados en esa definición, la pregunta «¿Quién sigue al Señor?» muy bien se podría parafrasear, «¿Quién pertenece al equipo del Señor?» Algunas de las palabras del himno que se podrían aplicar al sacerdocio son:

¿Quién sigue al Señor? En su equipo real,
Formemos sin temor, la parte integral.
Seguimos al Señor, para poder mostrar,
Firmeza y valor ¿quién sigue al Señor?
Marchamos a ganar, sin miedo de perder,
Pues lucha Dios con nos; ¿quién sigue al Seño?
(Véase Himnos de Sión, núm 127.) Seguir leyendo

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Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones

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Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones
Élder L. Tom Perry
Del Quórum de los Doce Apóstoles

???????????????????«A todos los matrimonios de edad, quiero que prestéis atención a lo que voy a deciros: Haced que el punto culminante de esta etapa de vuestra vida sea la experiencia incomparablemente gozosa de dedicar vuestro tiempo completo al servicio en la obra.»

Antes de empezar, quisiera agradecer personalmente, por sus dedicados años de servicio, a las hermanas Smith y Cannon, que han sido como faros que han guiado a un puerto seguro a las mujeres de la Iglesia y a muchas otras en los tormentosos mares de la vida. Que Dios siga bendiciéndolas para que las mujeres de este mundo continúen sintiendo su inspiración y aliento.

El Salvador tuvo tan poco tiempo para preparar a los que llevarían a cabo su obra después de su ministerio terrenal que debe de haber sentido el peso de esa gran responsabilidad. Sus enseñanzas durante esos últimos momentos siempre me han resultado especiales, porque encierran sus instrucciones finales a los que desde ese entonces serían responsables de realizar Su obra.

Durante su ministerio, el Salvador nos exhortó a hacer lo que le hemos visto hacer a El. Después de celebrar la Fiesta de la Pascua judía con la Ultima Cena, se acercó a cada uno de sus discípulos y les lavó los pies. Después de rendir este servicio, dio estas instrucciones:

«Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.

«Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis» (Juan 13: 14-15).

Es obvio, entonces, que si el Maestro prestó servicio, nosotros debernos servir; si El enseñó, debemos enseñar; si El oró, debemos orar. El sabía que si lográbamos comprender en qué consistía su ministerio, nuestros corazones y almas estarían tan empapados de lo que habíamos recibido que sólo nos conformaríamos compartiendo, sirviendo, enseñando y orando juntos. Seguir leyendo

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Nuestras oraciones

Conferencia General Abril 1984
Nuestras oraciones
Élder Bruce R. McConkie
del Quórum de los Doce Apóstoles

«La oración cambia nuestra vida. Mediante ella nos acercamos al Señor, y El extiende su mano y nos toca de manera que jamás volvemos a ser los mismos.»

Siento gran gozo por el llamamiento de Russell Nelson y Dallin Oaks para que, de ahora en adelante, sean testigos especiales del Señor Jesucristo. Ellos fueron llamados por el Señor mediante el espíritu de inspiración y serán pilares de rectitud en Su casa para siempre jamás.

Me siento bastante inundado por profundos sentimientos de gratitud y regocijo por la bondad del Señor para conmigo.

El me ha permitido padecer dolor, sufrir ansiedad y sentir en mí su poder sanador. Estoy profundamente agradecido por la fe y las oraciones de tantas personas, y las sinceras peticiones que han ascendido al trono de la gracia en mi favor.

El Dios a quien pertenecemos, se siente complacido cuando ayunamos y oramos y buscamos sus bendiciones; cuando suplicamos con toda la energía de nuestra alma por aquello que más anhelamos; cuando, como dice Pablo, nos acercamos «confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16).

La oración es la forma y el medio que nos ha dado nuestro Creador para procurar su consejo y comunicarnos con El. Es una de las piedras angulares de la más perfecta y pura adoración.

Por medio de la oración le hablamos al Señor y El nos habla a nosotros. Tenemos el privilegio de que nuestras voces se oigan en las cortes celestiales, y de oír la voz de El, que nos responde, y que recibimos por el poder de su Espíritu.

La oración cambia nuestra vida. Mediante ella nos acercamos al Señor, y El extiende su mano y nos toca de manera que jamás volvemos a ser los mismos.

La oración es una grandiosa torre de fortaleza, un pilar de inagotable rectitud, una fuerza poderosa que mueve montañas y salva almas; por medio de ella se sana a los enfermos, se levanta a los muertos, y el Santo Espíritu se derrama en forma inconmensurable sobre los fieles. Seguir leyendo

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Nuestras convicciones y actitudes

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Nuestras convicciones y actitudes
élder Ángel Abrea
del Primer Quórum de los Setenta

Ángel Abrea«Una cosa es hablar del evangelio y otra es vivirlo. Una cosa es predicar de Cristo y otra es seguir sus pasos.»

Hace unos años me encontraba en una de esas típicas plazas pobladas de árboles y monumentos, que son tan comunes en Argentina, observando el trabajo que un escultor efectuaba con su martillo y cincel dando los últimos toques a su trabajo. La escultura representaba bellamente una madre sosteniendo en sus brazos a un niño.

El artista se encontraba en la tarea de perfeccionar las manos de la madre esculpidas en el mármol. En mi opinión, los resultados del trabajo eran una verdadera obra de arte.

Mientras me encontraba en la actitud paciente y reflexiva de agregar algo a mis escasos conocimientos en el campo de la escultura, acertó a pasar un jovencito lustrabotas que se paró junto a mí y luego de mirar atentamente la tarea que el artista estaba realizando en el mármol me sorprendió con una pregunta: «Dígame, señor, ahora, ¿por qué la está rompiendo?»

La inesperada y casi ingenua pregunta del jovencito me hizo pensar en cuanto al ejemplo que damos o la imagen que ofrecemos con nuestros actos y procederes. Pensé en la importancia del ejemplo, la fuerza o la debilidad con la cual transmitimos nuestras convicciones personales en los actos de nuestra vida. Casi inconscientemente, acudieron a mi mente las palabras de Pablo: «Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?»

De acuerdo con nuestro radio de actividad o la esfera de responsabilidad de cada uno de nosotros, influenciamos un cierto número de hijos o hijas de Dios. Nuestras actitudes, actos y palabras envían mensajes a los demás que de alguna manera afectan sus vidas para bien o para mal.

Nuestras acciones son el fruto de nuestra ignorancia o de nuestro conocimiento, de nuestra incredulidad o de nuestro testimonio. No podemos escaparnos de nosotros mismos, de lo que atesoramos en nuestro corazón, de lo que perseguimos o de lo que nos impulsa y motiva. El ejemplo que damos y la vida que vivimos es un reflejo de lo que somos. Seguir leyendo

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Nuestra responsabilidad de llevar el evangelio a todo el mundo

Conferencia General Abril 1984

Nuestra responsabilidad de llevar el evangelio a todo el mundo

Presidente Ezra Taft Benson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Quisiera dirigirme a los jóvenes y también a los hermanos de edad que podrían ir a una misión con sus esposas. Os necesitamos hoy más que nunca en el servicio del Señor.»

Mis queridos hermanos, es un placer y un honor saludaros esta noche. Me ha gustado mucho la conferencia hasta ahora. Hermano Durrant, estoy agradecido por nombres como tú. A mí me gusta muchísimo el baloncesto. Nunca fui muy buen jugador, pero jugaba en el cuadro de la Universidad Utah State. Mi padre, que tenía siete hijos varones, desafió a cualquier familia del condado de Franklin que tuviera suficientes jugadores a competir en baloncesto con la de él. Creo que, por suerte para nosotros, ninguna quiso enfrentarnos. De todas maneras, me encantó lo que dijiste.

Esta noche quisiera hablaros un poco de la gran obra misionera de la Iglesia.

¡Hoy en día la Iglesia necesita más misioneros que nunca! Se requiere de nosotros que llevemos el evangelio de Jesucristo a todas las naciones del mundo. El Señor nos dio este mandamiento: «Enviad a los élderes de mi iglesia a las naciones que se encuentran lejos; a las islas del mar; enviad a los países extranjeros; llamad a todas las naciones, primeramente a los gentiles y luego a los judíos» (D. y C. 133:8).

Esta responsabilidad que se nos ha dado de llevar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo es una de las señales por medio de la cual los creyentes reconocerán que está cercano el retorno de nuestro Salvador a la tierra. En cuanto a esta señal de Su segunda venida, Jesucristo profetizó:

«Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin» (Mateo 24: 14).

Esta obra requerirá miles de misioneros, muchísimos más que los que están embarcados en este servicio misional en la actualidad.

Sé que muchos de vosotros, jovencitos que me escucháis, ya habéis tomado la decisión de servir una misión para la Iglesia. Os felicito por estar preparados y ser dignos, y confiamos en que recibiréis innumerables bendiciones, tanto en el campo misional como en los años después de la misión. Seguir leyendo

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Matrimonio y divorcio

Conferencia General Abril 1984

Matrimonio y divorcio

Élder David B. Haight
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Nos preocupa . . . que muchas parejas no toman en serio su matrimonio lo suficientemente como para protegerlo, nutrirlo y cultivarlo día tras día.»


Ruego que pueda tener la compañía del Espíritu Santo afin de que mis palabras estén en armonía con la verdad revelada y podáis recibirlas y comprenderlas bajo esa misma influencia celestial.

Durante más de veinticinco años hemos sido testigos de los asaltos interminables a la tradición familiar; se han puesto en tela de juicio los valores sagrados de la bondad humana, la disciplina y hasta el amor y honor hacia Dios, nuestro Padre Eterno.

Una nueva generación egoísta ha hecho de la familia el objeto de un menosprecio continuo. Ha desacreditado el matrimonio; ha degradado y, evitado la paternidad. Estas influencias y otras de esa misma naturaleza han dado como resultado un torrente de tentaciones malignas para la supuesta gratificación instantánea y la degradación del matrimonio y los papeles tan sagrados de esposa y madre.

Desafortunadamente existen muchos seres humanos buenos que vivirían de otra manera, pero que no conocen el plan eterno que Dios tiene para sus hijos. Aprendemos de las Escrituras que la intención divina es que el matrimonio sea una unión eterna con lazos familiares perdurables por toda la eternidad.

Las Escrituras nos enseñan que después de que la tierra fue organizada, Dios crecí al hombre a su propia imagen y le dio dominio de toda la tierra. Al lado del hombre estaba la mujer, compartiendo con él el honor y la dignidad de supremacía que les fueron divinamente conferidos por sobre todas las demás creaciones. Dios declaró: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él» (Génesis 2: 18).

«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Génesis 1:27).

El Señor también instruyó: «Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Génesis 2:24); así pues, dio la autorización para que el hombre y la mujer se unieran en matrimonio, tal como se había planeado en los cielos para que pudieran crear cuerpos mortales. Seguir leyendo

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Llamado al santo apostolado

Conferencia General Abril 1984

Llamado al Santo Apostolado

por el élder Russell M. Nelson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«He sido forjado por la disciplina de las leyes, no las leyes de los hombres, sino las leyes irrevocables de nuestro Creador Divino. El cirujano aprende rápidamente en cuanto a la finalidad incontrovertible de las leyes divinas.»

El día sábado de la conferencia de abril de 1984 ha estado marcado en nuestro calendario por mucho tiempo, pues ése sería el día en que por primera vez nuestro único hijo varón tendría la edad suficiente para asistir a la reunión general del sacerdocio conmigo. Anoche, nuestra esperada meta se hizo realidad. Hermanos v hermanas, para nada sabíamos que precisamente ese día mi nombre sería presentado como miembro del Consejo de los Doce. No lo sabíamos nosotros ni tampoco lo sabían nuestros hijos. Nuestras hijas casadas nos llamaron entre la sesión de la mañana y la de la tarde. Una de ellas, pronto para dar a luz, me dijo: «Papá, fue tanta la emoción que me causó el anuncio que creo que estoy por comenzar con los dolores de parto.» Y así fue. Así que, presidente Hinckley, su anuncio en nombre de la Primera Presidencia contribuyó a dar a luz varias cosas. Nuestro vigésimo segundo nieto nació ese mismo día y todo salió muy bien.

Una nube de pensamientos cruzó por mi mente desde el momento en que escuché el llamamiento que seguramente cambiará el curso de mi vida. El primer sentimiento que me invade es de incapacidad personal, el cual se hace más intenso al reflexionar en el incomparable poder del élder LeGrand Richards y del élder Mark E. Petersen, cuya ausencia realmente se hace sentir. Eran para mí queridos amigos así como apreciados líderes. Entonces, al mirar a mi alrededor y ver el dinamismo de quienes están mucho más preparados que yo, me invade un sentimiento de humildad hacia mi llamamiento.

Afortunadamente, estos sentimientos quedan compensados por otros de fe, pues yo sé que las palabras de Nefi son verdaderas; «Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado.» (1 Nefi 3:7.)’Tengo enorme fe en el Señor y en sus profetas. He aprendido a no poner signos de interrogación sino de exclamación cuando se hacen llamamientos mediante los canales inspirados del gobierno del sacerdocio. Hace aproximadamente veinte años dos miembros del Quórum de los Doce fueron asignados para seleccionar a un nuevo presidente para una de las estacas de Salt Lake City en la cual vivíamos. Ellos eran los élderes Spencer W. Kimball y LeGrand Richards, y fui yo quien recibió aquel llamamiento. Ahora seré ordenado apóstol por manos del presidente Spencer W. Kimball para ocupar la vacante que dejó el élder LeGrand Richards. Seguir leyendo

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La sencillez del evangelio

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La sencillez del evangelio
Élder Robert L. Simpson
del Primer Quórum de los Setenta

Robert L. Simpson«Nuestra comprensión e interpretación de la verdad puede ser hermosamente sencilla y sencillamente hermosa.»

Ayer por la mañana el élder Durham comenzó su discurso citando una inscripción que leyó en el parachoques de un auto. Ahora yo cito algo que vi escrito en una pared en Los Angeles: «Ya transpórtame a la nave, Scotty, no encuentro ninguna evidencia de vida inteligente aquí abajo».

Mis amados hermanos, no hay duda de que aquí abajo existe vida inteligente, gracias a nuestro Padre Celestial, que nos ha dicho: «La gloria de Dios es la inteligencia, en otras palabras, luz y verdad» (D. y C. 93:36). Aquellos que aceptan y viven de acuerdo con la sencilla luz y verdad del evangelio son ciertamente seres que están viviendo una vida inteligente. Y ese tema de sencilla luz y verdad que quisiera compartir con vosotros esta mañana despertó mi atención cuando servía como misionero bajo el presidente Matthew Cowley, quien más tarde fue llamado a ser un Apóstol del Señor. Con mucha frecuencia él nos enseñó que «el evangelio de Jesucristo es hermosamente sencillo y sencillamente hermoso».

Esta declaración cobró más significado a principios de este año cuando algunos familiares y amigos tuvimos el privilegio de caminar donde Jesús caminó. Nos maravillamos al ver la antigua ciudad de Jerusalén. En Belén los pastores todavía apacientan sus rebaños. Paseamos a lo largo de las mismas sendas en el Monte de los Olivos. Después, viajamos hacia el norte donde contemplamos la pacífica Galilea. Lo que transcurrió allí hace 2.000 años de pronto adquirió un nuevo y profundo significado cuando nos detuvimos varias veces a lo largo del camino para leer y meditar nuevamente los pasajes de las Escrituras que se refieren a esos hechos.

El «agua viva» de la que Jesús habló con la mujer de Samaria junto al pozo de Jacob se convirtió en algo real y presente. (Juan 4:10.)

Derramamos lágrimas cuando estuvimos en Getsemaní y meditamos en las palabras inmortales:

«Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Seguir leyendo

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La práctica de la verdad

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La práctica de la verdad
Obispo J. Richard Clarke
Segundo Consejero en el Obispado Presidente

J. Richard Clarke«Creo que una de las lecciones más importantes que un padre puede enseñar a su hijo es que la integridad y el honor no se logran sin pagar un precio. Generalmente requieren de sacrificio, muchas veces de inconveniencias, y a menudo de bochorno.»

En el libro de Juan leemos este famoso diálogo entre Pilato y Jesús de Nazaret. El Salvador era un enigma para el romano, que le preguntó: «¿Eres tú rey?» Jesús le contestó: «Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. . .» (Juan 18:37). Pilato desvió el tema, haciéndole la pregunta de todos los tiempos: «¿Qué es la verdad?» (Juan 18:38). Pero no esperó la respuesta. Dudo de que pensara recibirla. Pilato sabía que «la verdad» había sido tema predilecto de la polémica entre los filósofos romanos y griegos durante siglos, y continuaba siendo el objeto de su búsqueda filosófica.

No tengo el propósito hoy de analizar lo abstracto, sino que hablaré de la práctica de la verdad. Esta es, al mismo tiempo, el principio y su aplicación. Un escritor dijo lo siguiente:

«La verdad es lealtad hacia lo que consideramos justo; es vivir valerosamente en armonía con nuestros ideales; es siempre una fuerza.

«La verdad no acepta una definición absoluta. Como la electricidad, sólo se puede explicar al verla manifestarse. Es la brújula del alma, el guardián de la conciencia, la prueba definitiva de lo correcto. La verdad es la revelación de lo ideal, pero también es la inspiración para alcanzarlo, el constante impulso para vivir de acuerdo con él.» (Power o Truth, William George Jordan, Salt Lake City, Deseret Book, 1935, pág. 3.)

Como Santos de los Últimos Días estarnos dedicados a los principios de la verdad. Buscamos la verdad; creemos en la verdad; y sabemos que «la verdad nos hará libres». (Juan 8:32.) Para ser verdaderos discípulos, debemos establecer armonía entre los principios que profesarnos y las verdades que practicamos. Debernos ser como los del pueblo de Ammón, que «se distinguían por su celo para con Dios, y también para con los hombres; pues eran completamente honrados y justos en todas las cosas; y eran firmes en la fe de Cristo, aun hasta el fin». Seguir leyendo

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La juventud bendita

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La juventud bendita
Ardeth Creene Kapp

Ardeth Creene Kapp.«A todas las Mujeres Jóvenes de la Iglesia, les digo: Os amamos, os necesitamos y creemos en vosotras.»

Mis hermanos y hermanas, mi corazón rebosa de alegría hoy, y elogio a los grandes y nobles líderes del pasado que tanto hicieron para colocar los cimientos en su lugar para la juventud de hoy. Mi corazón hace eco al legado que nos dejaron los de antaño y ahora, al umbral de este comienzo, mi corazón parece repetir: «Cantad, juventud bendita: ¡A vencer, a vencer, a vencer!» («¡Adelante la Antorcha!», Himnos de Sión, núm. 56.)

En los momentos de gran regocijo, y también en los de aflicción, mi esposo Heber y yo hemos llegado a conocer al Señor, hemos sentido Su presencia en nuestro hogar y en nuestras vidas. Hemos experimentado la paz «que sobrepasa todo entendimiento» (Fil. 4:7), tanto en los momentos difíciles como en los de grandes bendiciones. En nuestro hogar, la frase que mi esposo usa quizá más a menudo es: «Quiero saber la voluntad del Señor, y llevarla a cabo.» Hago eco a esas palabras y agrego mi dedicación a lo que él me ha enseñado por medio de su ejemplo.

Hoy recuerdo a uno de mis antepasados, a John P. Green, que recibió el Libro de Mormón de manos de Samuel Smith, hermano del Profeta José Smith. John lo dio a su esposa Rhoda Young, quien lo entregó a sus hermanos Phineas Young y Brigham Young. Recuerdo que él fue alguacil de Nauvoo. Siento júbilo por el legado que nos dejaron los fieles Santos de los Últimos Días a través de los años.

Agradezco a mi padre y a mi madre, que antes de morir escribieron en su última voluntad y testamento no lo que uno esperaría en lo que respecta a cosas materiales, porque no tenían mucho, sino que nos dejaron una declaración de su testimonio del Evangelio de Jesucristo, su más valiosa posesión. Reflexiono ahora en las líneas del poema que dice:

«Si traicionáis la fe de los que morimos, no dormiremos en paz aunque, florezcan los campos de Flandes» (John McCrae, «In Flanders Fields»). No traicionaremos la fe, ninguno de nosotros. Esta es una generación de esperanza, fe y aspiraciones, y como líderes de las Mujeres Jóvenes de todo el mundo, nuestra oración es que podamos vivir dignas de sentir la divina intervención del Señor en nuestros corazones, en nuestras acciones, en nuestras actitudes v en todos nuestros actos, v ser sensibles y responder al poder y la guía del sacerdocio. Las fuerzas del mal son muy poderosas y procurarán desviarnos de las promesas y bendiciones del Evangelio de Jesucristo. Seguir leyendo

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La gloriosa visión cerca de Palmyra

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La gloriosa visión cerca de Palmyra
Élder James E. Faust
Del Quórum de los Doce Apóstoles

James E. Faust«En la historia de José Smith no hubo acontecimiento más glorioso, de mayor controversia, ni más importante que esta visión. Tal vez sea el suceso más extraordinario que haya ocurrido en la tierra desde la resurrección.»

Doy la bienvenida a todas las nuevas Autoridades Generales y me regocijo en los llamamientos del élder Oaks y del élder Nelson al Consejo de los Doce Apóstoles. El hermano Nelson me ha tocado el corazón más profundamente de lo que cualquier otro hombre lo haya hecho, por ser él un cirujano del corazón. El ha tenido mi corazón en sus manos y lo ha cortado y reparado en ocho puentes arteriales. Literalmente él y el Señor me han dado un corazón nuevo y ese corazón está lleno de amor por él, por el hermano Oaks y por todos vosotros.

Hace muchos años visité por primera vez una arboleda situada cerca de Palmyra, Nueva York, cuya belleza natural es extraordinaria. Dicho lugar es conocido por los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como la «Arboleda Sagrada.» El día de nuestra visita a ese lugar de perfecta paz y serenidad, las abejas besaban las flores silvestres v la suave brisa hacía mecer las hojas de los gigantescos árboles. No quedaba la más mínima duda de que los cielos se abrieron y de que allí se llevó a cabo una gloriosa manifestación.

Me refiero a la extraordinaria visión de José Smith, cuando en la primavera de 1820 vio a Dios el Padre y a su Hijo, Jesucristo. En la historia de José Smith no hubo acontecimiento más glorioso, de mayor controversia, ni más importante que esta visión. Tal vez sea el suceso más extraordinario que haya ocurrido en la tierra desde la resurrección. Para quienes no lo aceptan es muy difícil justificar su opinión. Han sucedido tantas cosas desde ese entonces, que no se puede negar que en verdad ocurrió. Pocos años después, todavía bajo el impacto de esa experiencia, José Smith dijo: «Si eso no me hubiera sucedido a mí, yo mismo no lo habría sabido.»

Durante la primavera de 1820, cuando José Smith tenía 14 años, vivía con su familia cerca de Palmyra, Nueva York, y al igual que muchos otros pudo sentir la influencia que ejercían las religiones de la época. Deseando saber por sí mismo cuál era la verdad, y animado por la epístola de Santiago, se dirigió a la hermosa arboleda cerca de su casa y se arrodillo en ferviente oración. Al principio fue dominado violentamente por el «poder de un ser efectivo del mundo invisible». En un esfuerzo por deshacerse de tan terrible influencia, hizo uso de todos sus poderes para pedir a Dios que lo liberara de aquel maligno poder. Estas son sus palabras: Seguir leyendo

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La edificación de un hogar eterno

Conferencia General Abril 1984

La edificación de un hogar eterno

Thomas S. MonsonÉlder Thomas S. Monson
del Quórum de los Doce Apóstoles

«Somos constructores de moradas eternas, aun `templos de Dios’. Que el Señor nos diga: `Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre».

Cuando Jesús caminó por los polvorientos caminos de pueblos y villas de la región a la que hoy reverentemente llamamos Tierra Santa y enseñó a sus discípulos junto al mar de Galilea, a menudo habló en parábolas para que la gente pudiera entender mejor. Frecuentemente se refirió a la edificación del hogar con relación a la vida de aquellos que le escuchaban.

Declaró: «. . . toda . . . casa dividida contra sí misma, no permanecerá» (Mateo 12:25). Más adelante advirtió: «He aquí, mi casa es una casa de orden, dice Dios el Señor, y no de confusión» (D. y C. 132:8).

En una revelación dada por medio de José Smith en Kirtland, Ohio, el 27 de diciembre de 1832, el Maestro dio el siguiente consejo: «Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios» (D. y C. 88:119).

¿Dónde podría uno encontrar un plano más apropiado para poder edificar sabiamente una casa para ocupar personalmente por la eternidad?

Tal estructura satisfaría las especificaciones delineadas en Mateo-una casa «edificada sobre una roca»; una casa capaz de resistir las lluvias de adversidad, los diluvios de oposición y los vientos de dudas que nos acometen por todas partes en el mundo actual.

Es posible que muchas personas digan: «Mas esa revelación fue dada con el fin de proporcionar pautas para la construcción de un templo. ¿Qué relevancia tiene para nosotros?»

A eso respondería: «El Apóstol Pablo declaró: ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?»‘ ( 1 Cor. 3:16). Seguir leyendo

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La decisión de ser misioneros

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La decisión de ser misioneros
Devin G. Durrant
Barrio Primero de BYU, Estaca Sexta de BYU.»

Devin G. Durrant«Todos nosotros, cuando pensamos en ir a la misión, podemos encontrar motivos para no ir, pero tenemos que mirar más allá. Lo que debemos hacer es buscar razones para ir.»

Hermanos, me siento privilegiado al dirigirme a ustedes. Primero, quisiera hablarles de un tema muy discutido en la Iglesia: los árbitros.

Antes de un partido, los capitanes de los equipos se juntan en el centro de la cancha con los árbitros, en un ritual sin sentido en el que no se dice nada importante. Pero, el día que jugamos contra el equipo de Notre Dame, un árbitro amigo mío dijo algo cuando nos juntamos que realmente me impresionó: «Los árbitros vamos a esforzarnos mucho esta noche; tal vez cometamos errores, pero ustedes no dejen de jugar lo mejor posible.»

Comencé a jugar teniendo presentes sus palabras. Durante los últimos minutos del partido, salté para recoger un rebote y un corpulento jugador de Notre Dame me tiró al suelo. ¡El árbitro me cobró la falta a mí! Sorprendido por su decisión, me puse de pie y sonriendo, le dije: «Veo que tenía razón en lo que dijo antes del partido.» El me miró sin entender, y yo continué: «Dijo que tal vez cometería algunos errores esta noche, y acaba de cometer uno mayúsculo.» Lo miré, él me miró, nos echarnos a reír y continué jugando.

Siento mucho respeto por los árbitros porque tienen que tomar decisiones difíciles en fracciones de segundos y están siempre expuestos al ojo crítico del público.

Pero hay decisiones en la vida que son mucho más importantes que las que tienen que tomar los árbitros, decisiones que tienen que tomarse sin prisa, a conciencia, con oración y en privado. Una de ellas es el ir o no a la misión. Durante toda mi vida estaba seguro de querer salir como misionero. Pero cuando llegó el momento de mandar los papeles, empecé a dudar. La decisión se hizo cada vez más difícil; no sabía si esperar a terminar el primer año de universidad o el segundo, o si esperar hasta terminarla carrera. Me acosaban un sinnúmero de emociones. También me preguntaba si el conocimiento del evangelio que tenía me permitiría dar a los demás lo que para mí era tan valioso. Hablé con mucha gente y la mayoría me dio diversas opiniones. Algunos me dijeron que saliera enseguida, otros que esperara y otros que no saliera. Si les hubiera preguntado a ustedes, ¿qué me habrían aconsejado? Seguir leyendo

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Jesús el Cristo: el significado de estas palabras

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Jesús el Cristo: el significado de estas palabras
Élder G. Homer Durham
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta

G. Homer Durham«Su nombre significa `Ayuda de Jehová’, `el Ungido’, `el Mesías’. Puedo testificaros que Dios verdaderamente nos ayuda; Jesús es en verdad nuestro Salvador.»

Hace poco, mientras manejaba por la carretera, me rebasó un auto que llevaba un mensaje pegado en el parachoques de atrás que me llamó la atención, porque decía: «Salvemos a los humanos». Se ven muchos letreros con mensajes en los parachoques. Este en particular me hizo pensar en algo fundamental: la palabra «salvar». Pensé en el Plan de Salvación y me acordé del mundo del saber y del análisis que hizo el profesor Arnold Toynbee de los muchos que en la historia del mundo se dieron el título de «salvadores». (A Study of History, compendio de los tomos VII-X por D.C.. Somervell, Oxford: Oxford University Press, 1957.) Hay un solo Salvador que puede salvar: el Señor Jesucristo. Esta es Su Iglesia y hemos tomado Su nombre sobre nosotros.

¿Qué quiere decir, por lo general, una persona, cuando testifica que Jesús es el Cristo? Por supuesto, lo que realmente importa es el testimonio del Espíritu. Pero, ¿qué quieren decir las palabras Jesús y Cristo?

Un análisis breve del significado de estas palabras puede ayudarnos, sobre todo a los jóvenes de esta época. Un diccionario histórico dice que la palabra «Jesús» se derivó de la palabra Jesús, del latín, adaptado del griego Iesous, que a su vez fue adaptada del hebreo o arameo Yeshúa o Yehoshua, cuya transliteración en español es Josué, palabra que se usa como nombre propio en el Antiguo Testamento. Estas palabras se derivan de Jah o Yah, que son abreviaciones de Yahveh, y quieren decir «Jehová es salvación». Por lo tanto, el nombre Jesús quiere decir Salvación. El doctor David Flusser, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dice en breve que Jesús es la forma griega del nombre hebreo Yeshua.

Otro diccionario moderno hace una comparación parecida, haciendo notar que el nombre del cual se derivaron las palabras griega y latina es una contracción del ya mencionado nombre Yehoshua, el que literalmente quiere decir «Jehová es salvación o ayuda». Pero además añade que se deriva de la palabra hebrea que significa «Señor Dios», el que está dispuesto a ayudar y a salvar. En este sentido entonces, la palabra Jesús quiere decir simplemente, «Dios es ayuda». Seguir leyendo

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Escoged la buena parte

Conferencia General Abril 1984logo pdf
Escoged la buena parte
Elder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles

Marvin J. Ashton1«Cuanto más participo en la Iglesia y en las comunidades de todo el mundo, tanto mayor se tornan mi respeto y mi aprecio por las mujeres buenas.»

Hace unas semanas, al encontrarme en Idaho para reorganizar una presidencia de estaca, no sólo conocí a excelentes líderes del sacerdocio y aparté a tres de ellos como integrantes de una nueva presidencia de estaca, sino que también conocí a una dama muy especial, a quien no olvidaré. Los miembros de la nueva presidencia, uno de los cuales había estado sirviendo en calidad de obispo, me preguntaron si podía entrevistar a un candidato a obispo para que, de ser aprobado, pudiera ser ordenado el domingo siguiente al de la conferencia. Se concertó una cita, y me reuní en privado con un distinguido y agradable matrimonio. Tras saludarnos y presentarnos, me dirigí a ella y` le dije:

«Hábleme de su esposo». Vaciló un momento, pero al fin dijo: «Élder Ashton, en realidad no le conozco muy bien». Ante tan insólita respuesta, prestamente le dije: «¿Podría decirme por qué?». Aclaró: «Nos casamos hace sólo tres semanas».

La joven pareja, ambos de treinta y tantos años de edad, él abogado, y ella maestra de escuela, estaban todavía en su luna de miel, y su mutuo amor nuevo y profundo era muy, evidente. Cuando mencioné que quería hablarles a los dos con respecto a que a él se le llamara como obispo, ella dijo: «El otro día tuve un sueño que me indicaba que Randy sería obispo. Sólo esperaba que no fuese tan pronto». Y añadió «Si bien estamos recién casados [y dicho sea de paso que me explicaron que la razón por la que habían esperado hasta pasar los treinta años para casarse había sido porque habían tardado tanto en encontrarse], si se siente inspirado a llamar a Randy de obispo, será un buen obispo, y yo le ayudaré». ¡Qué bella actitud! ¡Qué apoyo! Su dedicación a su marido, a la Iglesia y a sí misma databan de mucho antes de ese momento, pues había resuelto «escoger la buena parte», trayendo a mi mente las elocuentes palabras referentes a María en Lucas 10:42.

. . . sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada». Seguir leyendo

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