Liahona Diciembre 2021

Mensaje del Área del Caribe

Santidad al Señor, la Casa del Señor

Hubermann Bien Aimé

Por el élder Hubermann Bien Aimé
Setenta de Área

A principios de la década de 1990, cuando conocí a los misioneros, me interesó todo lo que me enseñaron. Sin embargo, me fascinaron particularmente las enseñanzas sobre el templo. Hice mis mejores esfuerzos para profundizar mis conocimientos de la Casa del Señor en la tierra. Compartí con los misioneros mi deseo de ir al templo y ellos me enseñaron cómo prepararme para esta meta. En ese momento, todavía no había templos en el Área Caribe.

Por lo tanto, comencé mi misión de tiempo completo en Haití sin haber tenido la oportunidad de recibir mi investidura en la Casa del Señor. Encontré una fotografía del Templo de Salt Lake en una revista de la Iglesia y la llevé conmigo dondequiera que serví en el campo misional. Por lo tanto, pasé dos años llevando esta foto conmigo. Siempre la ponía frente a mi oficina y escribía debajo: “Quiero casarme en el templo”.

Me llené de gozo cuando se dedicó el Templo de Santo Domingo en el año 2000. Tuve la oportunidad de sellarme allí con mi esposa. Más adelante, en la Conferencia General de abril de 2015, me sentí aún más bendecido cuando el presidente Thomas S. Monson (1927–2018) anunció el Templo de Puerto Príncipe, Haití. Las jornadas de puertas abiertas al público y la dedicación de este templo marcaron mi vida y profundizaron mi comprensión de la importancia del templo en la tierra. En respuesta a mi pregunta “¿Cómo describiría su experiencia en el templo?” un visitante dijo: “No tengo palabras para describirlo. Ciertamente he estado en un lugar celestial”; y un periodista respondió: “No sé qué decir, pero en el salón celestial, tuve la extraña sensación que nunca había experimentado antes”.

El templo es la Casa del Señor en la tierra; es donde recibimos revelación y es donde podemos recibir las ordenanzas de salvación para nosotros y nuestros seres queridos. El élder John A. Widtsoe (1872–1952) dijo: “La revelación … no se impone a la persona. Es la persona quien debe seguirla mediante su fe, su búsqueda y su esfuerzo. Para el hombre o la mujer que va al templo con los ojos abiertos, presta atención a los símbolos y convenios y hace un esfuerzo sostenido por captar el significado completo, Dios habla y la revelación se manifiesta … Es la revelación la mejor manera de entender la investidura otorgada por la revelación y aquellos que busquen más intensamente, con un corazón puro, recibirán la mayor revelación.”1

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) nos hizo una promesa al respecto:

“En virtud del santo sacerdocio que poseo … te prometo que si asistes más a los templos de nuestro Dios, recibirás más revelación personal para que seas bendecido al traer bendiciones a los que han muerto”.2

¿Quién no querría las bendiciones expresadas por José Smith, el profeta, en la dedicación del Templo de Kirtland?:

“Te rogamos, Padre Santo, que tus siervos salgan de esta casa armados con tu poder, y que tu nombre esté sobre ellos, y los rodee tu gloria, y tus ángeles los guarden” (Doctrina y Convenios 109:22).

Mientras se prepara para entrar a la Casa del Señor, lo invito a meditar sobre las siguientes palabras del élder Orson F. Whitney:

Los corazones deben ser puros para entrar dentro de estos muros,
Donde se difunde una fiesta desconocida para los salones festivos.
Participe libremente, porque gratuitamente Dios ha dado,
Y saborea las santas alegrías que hablan del cielo.
Aquí aprende de Aquel que triunfó sobre la tumba,
Y a los hombres las llaves, el reino las dio;
Unidos aquí por poderes que el pasado y el presente unen
Los vivos y los muertos encuentran la perfección.3

Testifico que el templo es la Casa del Señor, un santuario de paz. Si vienes al lugar santo del Señor con tu mente enfocada en las cosas del Espíritu, Dios se te manifestará y sentirás paz y gozo en tu corazón.


  1. John A. Widtsoe, “Temple Worship,” Utah Genealogical and Historical Magazine, abril de 1921, pág. 63.
  2. Ezra Taft Benson, The Star, julio de 1987, pág. 80.
  3. Orson F. Whitney “Within These Walls,” New Era, March 1997, 9.
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