Liahona Diciembre 2021

Sentir el amor de Dios por medio del arrepentimiento

Se ha omitido el nombre

Aprendí que el arrepentimiento es un verdadero don de amor del Padre Celestial y del Salvador.

Cuando tenía 15 años, no estaba tomando las mejores decisiones. Me rodeaba de malas compañías y con frecuencia me enfrentaba a muchas tentaciones, y me entregaba a algunas de ellas. Al principio mis decisiones no tenían consecuencias, pero con el tiempo me encontré en un lugar sumamente oscuro. Le ocultaba a mi familia mucho de lo que estaba haciendo, y me sentía muy solo; no sabía a quién acudir. En verdad creía que Dios no me amaba.

Un día particularmente difícil, tuve de repente la impresión de que debía comenzar a leer el Libro de Mormón. Lo había leído antes, pero no con un verdadero deseo de aprender de sus mensajes. Sentía calidez en el corazón en cada página a medida que encontraba verdades del Salvador que me decían que yo podía cambiar con Su ayuda. Sentía que deseaba “cantar la canción del amor que redime” (Alma 5:26).

Después de estudiar el Libro de Mormón y sus mensajes centrados en Cristo, pude obtener el valor que necesitaba para hablar de mis decisiones con mi madre. Un día, al regresar de la estación de autobuses, hablé con ella y le conté de algunas de las malas decisiones que había estado tomando. Esperaba que se enojara, pero no fue así. Ni siquiera me juzgó. En vez de ello, expresó lo mucho que me amaba, y por medio de su amor, también sentí por primera vez en mi vida el amor de Dios.

Al continuar orando y leyendo las Escrituras, volví a reunir valor para hablar con mi obispo y comenzar el proceso de arrepentimiento. Cuando le pregunté si podía reunirme con él, me invitó a su oficina, y comenzamos con una oración. Después de que hablamos, comencé a llorar como nunca lo había hecho antes. Le hablé de todos mis errores, y literalmente pude sentir el amor del Padre Celestial y de Jesucristo que me liberaban de la vergüenza y la pesada carga que había estado llevando en mis hombros.

Mi obispo mostró gran compasión, lo que hizo que yo volviera a sentir el amor del Padre Celestial y de Jesucristo. Me enseñó que el proceso de arrepentimiento era la manera de santificarnos y, además de ello, ser perdonados de nuestros pecados. En ese momento, me di cuenta de que el arrepentimiento es en verdad un don de amor del Padre Celestial y del Salvador. Con frecuencia pienso en lo mucho que Ellos me aman a causa de la Escritura que se encuentra en Doctrina y Convenios 19, en la que el Salvador dice: “Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten” (versículo 16).

Agradezco que a causa de Jesucristo y Su expiación, tenemos la oportunidad de mejorar y progresar. He experimentado la verdad de que nuestro corazón puede cambiar si tenemos intenciones sinceras y nos damos cuenta de que el Padre Celestial y Jesucristo nos aman.

El arrepentimiento es en verdad un don de amor del Padre Celestial y del Salvador. Las bendiciones que he obtenido de esta experiencia y muchas otras son más grandes de lo que imaginé, y “¡mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor!” (Alma 36:20). Experimentar el poder sanador del Salvador en mi vida me ha recordado cuán profundamente se nos ama y se nos ha amado.

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