Liahona Diciembre 2021

Cuatro maneras de recordar tu valor divino

Por el personal de la Publicación semanal para jóvenes adultos

Es fácil olvidar quiénes somos en realidad: hijos de padres celestiales con inherente valor divino. A continuación hay algunas maneras para recordarlo.

El comprender nuestra identidad divina nos puede dar fortaleza, confianza y propósito; pero nuestra vida diaria por lo general está llena de pruebas y distracciones que pueden hacer que sea fácil perder la perspectiva de quiénes somos como hijos de Dios, con valor eterno y potencial infinito.

Afortunadamente, los líderes de la Iglesia han brindado consejos para ayudarnos a recordar nuestro valor divino.

  1. Aprende a reconocer el Espíritu

“El valor espiritual significa valorarnos a nosotros mismos de la misma manera en la que el Padre Celestial nos valora, no como el mundo lo hace. Nuestro valor se decidió antes de que llegáramos a esta tierra. ‘El amor de Dios es infinito y perdurará para siempre’ […].

“… Cuando sentimos el Espíritu […], reconocemos que lo que sentimos viene de nuestro Padre Celestial […].

“Imagínense que están leyendo las Escrituras una mañana y el Espíritu les susurra que lo que están leyendo es verdad. ¿Pueden reconocer el Espíritu y sentirse felices porque sintieron Su amor y fueron dign[o]s de recibir?

“… Puede que muy de vez en cuando, si ocurre, recibamos grandes manifestaciones espirituales en nuestra vida; pero podemos disfrutar frecuentemente de los dulces susurros del Espíritu Santo que confirman la verdad de nuestro valor individual”1.

—Hermana Joy D. Jones, Presidenta General de la Primaria.

  1. Permanece en el sendero del discipulado

“Quizás la obediencia no consiste tanto en el proceso de doblar, torcer y golpear nuestras almas para convertirlas en algo que no somos; más bien, es el proceso mediante el cual descubrimos de lo que en verdad estamos hechos.

“Fuimos creados por el Dios Todopoderoso. Él es nuestro Padre Celestial; somos literalmente Sus hijos en espíritu. Estamos hechos del material celestial más precioso y altamente refinado y, por lo tanto, llevamos dentro de nosotros la substancia de la divinidad.

“… El polvo y la suciedad del mundo manchan nuestras almas, dificultando que reconozcamos y recordemos nuestra herencia y propósito.

“Pero todo eso no puede cambiar quiénes somos en verdad. La divinidad fundamental de nuestra naturaleza permanece, y el momento en que elegimos entregar nuestro corazón a nuestro amado Salvador y poner el pie en el sendero del discipulado, sucede algo milagroso. El amor de Dios llena nuestro corazón, la luz de la verdad llena nuestra mente, empezamos a perder el deseo de pecar y ya no deseamos andar más en tinieblas.

“Llegamos a ver la obediencia no como un castigo sino como un sendero que nos libera hacia nuestro destino divino y, paulatinamente, la corrupción, el polvo y las limitaciones de esta tierra comienzan a desvanecerse. Con el tiempo, el espíritu invalorable y eterno del ser celestial en nosotros se revela y nuestra naturaleza llega a ser un resplandor de bondad”2.

—Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia

  1. Busca la mano de Dios en tu vida

“¿Qué deben procurar ustedes en su vida? ¿Cuáles son los milagros de Dios que les recuerdan que Él está cerca y que dice: ‘Aquí estoy’? Piensen en esos momentos, algunos de ellos diarios, en que el Señor ha actuado en su vida, y en los que Él ha vuelto a actuar […].

“… Cada uno de nosotros tiene divinidad dentro de sí. Ruego que cuando veamos a Dios obrar mediante nosotros y con nosotros, nos sintamos alentados, e incluso agradecidos por esa guía. Cuando nuestro Padre Celestial dijo: ‘Esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’ [Moisés 1:39], se refería a todos Sus hijos; y a [ti] en particular”3.

— Élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles

  1. No pierdas la perspectiva de tu identidad divina

“Hay una identidad importante que todos compartimos ahora y por siempre, una que no debemos perder nunca de vista […]. Ustedes son y siempre serán hijos en espíritu de Dios […].

“El hecho fundamental de la paternidad celestial no es solo mi verdad o la de ustedes; es una verdad eterna. Está escrita en letras mayúsculas grandes y en negrita. El comprender esta verdad, el comprenderla y abrazarla de verdad, cambia la vida. Les da una identidad extraordinaria que nadie les puede quitar; pero aun más que eso, debe darles un inmenso sentimiento de estimación y de su infinito valor. Por último, les brinda un propósito divino, noble y digno en la vida […].

“… Suplico a cada uno de ustedes que mantengan su identidad divina en el centro de todo lo que hacen”4.

—Presidente M. Russell Ballard, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles.


  1. Joy D. Jones, “Un valor inconmensurable”, Liahona, noviembre de 2017, págs. 14–15.
  2. Dieter F. Uchtdorf, “Él los colocará en Sus hombros y los llevará a casa”, Liahona, mayo de 2016, pág. 104.
  3. Ronald A. Rasband, “Por designio divino”, Liahona, noviembre de 2017, págs. 56–57.
  4. M. Russell Ballard, “Children of Heavenly Father”, (devocional de la Universidad Brigham Young, 3 de marzo de 2020), pág. 2, speeches.byu.edu.
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