Conferencia General Octubre 2026
Venir a Cristo
Por el élder Edward Dube
De la Presidencia de los Setenta
“No necesitamos perfeccionarnos a nosotros mismos para venir a Cristo. Venimos a Cristo para ser perfeccionados.
Hace treinta y nueve años, el presidente Dallin H. Oaks me enseñó sobre el carácter de Jesucristo de una manera que nunca olvidaré.
En 1987, yo era un joven misionero que tenía solo dos años en la Iglesia. En la oficina de la misión, había un letrero en la puerta que decía: “Prohibido el paso. Se denunciará a los intrusos”.
El presidente Oaks pidió que se quitara el letrero para evitar dar la impresión de exclusión. Más bien, invitamos a todos a venir a Cristo mediante la fe en Él y Su Expiación. En ese momento, obtuve el deseo de amar a los demás como el Salvador ama. Lo amo, sé que Él vive, Él padeció por mí en Getsemaní y “era su sudor como grandes gotas de sangre”. Él sufrió por mí en la cruz en Gólgota. No puedo comprender ese sufrimiento, pero testifico de Su divinidad.
El presidente Oaks enseñó que “Jesucristo hizo todo esto porque ama a todos los hijos de Dios”.
Su sufrimiento y Su sacrificio expiatorio nos demuestran cuán completamente dedicado está Él para con todos nosotros. Él nos invita a venir a Él. Consideren la invitación de Morini: “Venid a Cristo, y perfeccionaos en Él, […] absteneos de toda impiedad”.
Tres verdades clave para tener en cuenta:
- Venir: Es una acción. Elegimos pasar de nuestro lugar actual a un lugar mejor.
- Abstenerse: Renunciar. Dejar de lado las cosas que nos están reteniendo.
- Perfeccionarse en Él: Venir tal como somos, con un corazón dispuesto. Él nos dará un corazón nuevo.
“No necesitamos perfeccionarnos a nosotros mismos para venir a Cristo. Venimos a Cristo para ser perfeccionados.
El presidente Russell M. Nelson nos ha enseñado: “La perfección está pendiente; llegará en su totalidad únicamente después de la Resurrección y solo por medio del Señor; y aguarda a todos los que lo aman a Él y guardan Sus mandamientos”.
El pasado mes de junio, de camino al aeropuerto, el presidente Brian Pace, de la Estaca Wilmington, Carolina del Norte, me preguntó: “¿Podemos hacer una visita más de ministración?”.
“Tengo que tomar un avión”, pensé. Pero él siguió diciendo: “El hermano Randall Child es un buen hombre; se está esforzando mucho por dejar de fumar”.
Y ahí estaba yo, orando y entrando en pánico al mismo tiempo, nunca he fumado en toda mi vida. ¿Qué digo? “Padre Celestial”, supliqué, “por favor, pon palabras en mi boca”.
En casa de la familia Child, después de saludos y presentaciones, mostré empatía por sus esfuerzos por dejar de fumar. Entonces le pregunté: “Hermano Child, ¿qué tanto ama a su esposa, Laurin?”.
La expresión de su rostro cambió y dijo: “Con todo mi corazón”.
“¿Renunciaría a cualquier cosa por ella?”, le pregunté.
Con el corazón latiéndome con fuerza, les extendí la invitación: “¿Querrían usted y Laurin ir a una habitación tranquila y escoger una fecha para sellarse en la Casa del Señor?”.
Unos minutos más tarde regresaron con una respuesta: “El 5 de agosto”.
Luego de orar de rodillas, nos fuimos. Solo dos meses después fueron sellados en el templo.
Más tarde, la hermana Child compartió esto conmigo: “Permanecí despierta toda la noche porque no soportaba ver sufrir a Randall deseando ser perfecto en todos los sentidos posibles. Así que lloré toda la noche y le supliqué al Señor que lo ayudara. En las primeras horas de la mañana, la respuesta llegó de forma muy clara: ‘Randall no necesita ser perfecto, necesita hacer lo mejor que pueda’”.
Randall agregó: “Yo tenía confianza en el Señor, pero cuando escuché a Laurin orar por mí, diciendo que solo necesitaba hacer lo mejor que pudiera, supe que ella era una respuesta a mis oraciones”.
Hermanos y hermanas, consideremos la respuesta que recibió Laurin a su oración. El Señor dijo: “Él necesita hacer lo mejor que pueda”. Randall no se perfeccionó a sí mismo para venir a Cristo. Vino a Cristo con oración, con confianza y con un corazón dispuesto. El Salvador, mediante Su gracia, lo ayudó a dejar de lado lo que lo estaba reteniendo.
Y es por eso que el presidente Oaks hizo que se quitara el letrero de la puerta que indicaba “Prohibido el paso. Se denunciará a los intrusos”. El adversario quiere que colguemos ese letrero en la puerta de nuestro corazón. Él dice que la adicción, la duda, el orgullo, el dolor, la pena, la culpa, el materialismo —o lo que sea que nos esté reteniendo— nos hace indignos de venir a Cristo.
Pero Moroni lo enseñó, Laurin lo oyó y Randall lo puso en práctica. Ustedes también pueden ponerlo en práctica. Si “no negáis su poder, entonces sois santificados en Cristo por la gracia de Dios, mediante el derramamiento de la sangre de Cristo”.
Uno de nuestros exmisioneros me escribió hace poco y dijo: “En cuanto a mi fe, mi testimonio no es tan seguro como lo era antes”.
A él y a todos los que sienten ese mismo dolor, los invito a que vengan a Cristo y acepten Su promesa “para que [Su] gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo”.
Mi humilde invitación para todos nosotros es: ¿Podrían encontrar a una persona e invitarla a venir a Cristo al ejercer fe para seguir Sus enseñanzas, o invitar a un amigo a reunirse con los misioneros?
A medida que se olviden de sí mismos para ayudar a esa persona a venir a Cristo, encontrarán soluciones a sus problemas actuales. Nuestro Salvador ha prometido: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá, y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”. Testifico de Su divinidad, en el nombre de Jesucristo. Amén.


























