No os unáis en yugo desigual

No os unáis en yugo desigual

Por el élder Boyd K. Packer
(Discurso dado en el Seminario para Representantes Regionales, el 3 de abril de 1975)

Me siento muy conmovido por lo que ha sido presentado aquí por el hermano Neal A. Maxwell y el hermano Marion D. Hanks, y estoy completamente consciente de la importancia del mensaje que os estamos transmitiendo acerca de la educación. Oro, y espero que vosotros también oréis, porque continúe el mismo espíritu que hemos gozado en esta reunión.

Hace varios años el matrimonio Marriott, mi esposa Donna y un servidor, fuimos a una feria regional en New Hampshire. Era otoño, y el día estaba hermoso; además la feria se veía tan lucida como las de antaño.

El centro de atracción de la feria fue una competencia que tradicionalmente solía hacerse. Varias parejas de animales de carga con pesados yugos de madera fueron alineadas para competir. La rastra que tenían que jalar estaba cargada con bloques de cemento de 4500 kilos para comenzar. La meta era que la pareja de animales moviera la carga un metro.

Observé a una pareja bien acoplada de grandes animales de color gris azulado. Eran cruzados de razas Holstein y Durham que habían competido en la temporada pasada. Debido a su tamaño, eran los favoritos.

A cada equipo se le dieron tres oportunidades para mover la carga. Si lo hacían fácilmente, se agregaba más peso a la carga hasta que uno por uno iban siendo eliminados de la competencia. Una por una, cada pareja iba siendo enganchada a la carga. Cada dueño jalaba cuidadosamente a los animales hasta la carga; les daba una palmadita en el lomo, les sonreía, les hablaba en voz baja; y luego, los picaba, y a un mandato en voz alta empezaban a tirar de la carga.

Pero para mi sorpresa ¡los enormes animales no movieron la carga! , sino más bien un pequeño e indescriptible par de animales, que no tenían el mismo tamaño, ni aparentaban ser una buena pareja, movieron la carga las tres veces. Seguir leyendo

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Educación: su avance hacia y bajo la ley de consagración

Educación:
Su avance hacia y bajo la ley de consagración

Por el presidente Alvin R. Dyer
(Brigham Young University Studies, vol. 10, no. 1, otoño de 1969, págs. 4-16)

Pregunta: ¿Cuáles son algunos de los problemas básicos que tienen que ser resueltos a fin de mejorar la eficacia de la enseñanza religiosa a los miembros de la Iglesia?

Respuesta: Este problema ha sido una profunda preocupación para mí durante mucho tiempo y sé que lo ha sido también para todas las Autoridades Generales. A fin de que podamos enseñar más eficazmente el evangelio a los miembros de la Iglesia, primero debemos dirigirnos al hogar o a la familia. Allí donde el evangelio es enseñado adecuadamente a los hijos, se da el terreno para toda instrucción espiritual. Los hijos que provienen de hogares activos aceptan más rápidamente las enseñanzas que se imparten en los seminarios, en los institutos y en las clases de otras organizaciones auxiliares. Esto sugiere, creo, la necesidad de un ancla de fuerza proveniente del evangelio en nuestros hogares de la Iglesia.

Aquí tenemos una estadística que es muy alarmante. Nos informa que de cada 100 padres en la Iglesia que normalmente presiden sobre sus familias en virtud del sacerdocio y de acuerdo con la ley del evangelio, hay solamente un 43 por ciento de ellos que poseen el Sacerdocio de Melquisedec. En otras palabras, 57 de cada 100 o no tienen sacerdocio o son miembros del Sacerdocio Aarónico. Además, por lo menos una tercera parte de los… poseedores del Sacerdocio de Melquisedec, está integrada por miembros inactivos. Esto nos aporta un cuadro realista de la falta de estabilidad, desde el punto de vista del evangelio, en algunas familias de la Iglesia.

En la sección 93 de Doctrinas y Convenios, el Señor instruyó a los hermanos indicando que la primera cosa que había que hacer era poner sus hogares en orden y silo hacían, el poder del diablo no tendría influencia sobre la familia. Normalmente esto no se hace hasta que el padre llega a ser digno de poseer el Sacerdocio de Melquisedec. Esta condición nos lleva a la conclusión de que hay necesidad de un esfuerzo unificado en toda la Iglesia para alcanzar a aquellos hombres que no tienen el sacerdocio o que forman parte del Sacerdocio Aarónico a fin de que dignamente puedan ser ordenados al Sacerdocio de Melquisedec y dignamente también puedan tomar su lugar a la cabeza de su familia. Creo que este es el desafío número uno para mejorar la instrucción religiosa en un sentido general. También esto es un problema real en la Iglesia hoy en día. Seguir leyendo

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Objetivos de la educación de la Iglesia

Objetivos de la educación de la Iglesia

Por el presidente Harold B. Lee

(Discurso dado en la Universidad Brigham Young, 17 de junio de 1970)

Hace dos años me reuní con vosotros y entonces se anunció que teníais 150,000 alumnos en los seminarios e institutos. Eso significa que ahora hay 25,000 más; y si sumamos aquellos que están en la Universidad Brigham Young, en Ricks, en las islas del Pacífico y Hawai, los que asisten a escuelas latinoamericanas, tenemos entre 220,000 y 225,000 alumnos que están bajo la influencia de maestros de seminarios e institutos y de las escuelas de la Iglesia. Eso es casi la 14a. parte de la población de la Iglesia.

Esto, naturalmente, indica la gran magnitud de la responsabilidad que pesa sobre vosotros. Vengo a vosotros en este día, por lo tanto, con una plena percepción de la gran obra que estáis efectuando. Al meditar sobre esto, pensé que sería prudente percatamos del desarrollo del Sistema Educativo de la Iglesia, o, debería tal vez decir, darnos cuenta principalmente de los seminarios e institutos.

El comienzo de la enseñanza religiosa entre semana comenzó realmente con las clases de religión. Creo que muchos de vosotros tendríais que ser de mi misma edad para recordar algo sobre las clases de religión. Las Autoridades Generales, al establecer clases de religión entre semana, dijeron que su propósito era establecer el equilibrio con el sistema laico de educación tan común en las escuelas seculares.

La organización de seminarios cerca de las secundarias públicas, para impartir instrucción religiosa entre semana, tuvo su comienzo cerca del Colegio Granite. Posteriormente tuvimos una lucha bastante seria a fin de que dichas escuelas concedieran tiempo libre para los seminarios y dispusieran que los alumnos recibieran reconocimiento por los cursos que llevaban en seminario.

Recuerdo haber ido a visitar a uno de nuestros institutos. El maestro triunfalmente me mostró los cursos que habían sido aprobados y eran reconocidos por la universidad adjunta; y, al examinar dichos cursos, dije: “Bien, esto podría ser impartido por cualquier iglesia: Metodista, Bautista, etc. ¿Dónde está el evangelio de Jesucristo que tiene que ser enseñado en los institutos?” Y él no aceptó mi crítica implícita porque pensaba que era un triunfo que el presidente de la universidad hubiera aprobado los cursos, muchos de los cuales estaban incompletos en lo que concernía al evangelio en sí. Seguir leyendo

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Círculos de exaltación

Círculos de exaltación

Por el élder Spencer W. Kimball
(Discurso dado en la Universidad Brigham Young el 28 de junio de 1968)


Al escuchar a la hermana (Arliene) Williams cantar esta hermosa canción de los navajos, casi me siento persuadido a cantar una canción de aquel pueblo, la cual aprendí en la zona de Whiskey Creek en la reservación próxima a la frontera de Arizona y Nuevo México, cuando me encargaba de manadas de ovejas… ovejas navajo. Yo soy un cuidador de ovejas así como también un pastor.

Acabo de decirle a la hermana Kimball: “¡Qué maravilloso programa!” Recuerdo cuando no era tan extenso. Recuerdo cuando no existía, pues nunca tuve el privilegio de asistir al seminario. Nosotros teníamos una clase sobre religión una vez por semana, cuando era apenas un jovencito, y a las cuatro de la tarde en los días de escuela, una dulce hermana venía y trataba de darnos un poquito de enseñanza espiritual en conexión con nuestro trabajo secular.

Es un verdadero privilegio estar aquí con vosotros. Estoy seguro de que sabéis que opinan las Autoridades Generales en cuanto a este programa. La Presidencia, los Doce y el Obispado Presidente —el comité que tiene los diezmos a su disposición— han sido muy bondadosos y generosos. Estoy seguro de que los dirigentes no siempre sienten que nosotros somos tan generosos como deberíamos ser, pero somos muy generosos con este programa, deseando que continúe creciendo y expandiéndose en todo el mundo.

Aquellos de vosotros que habéis asistido a conferencias que yo he tenido en las estacas —y hay unos cuantos de vosotros que habéis estado— conoceréis el énfasis que le doy al programa de educación espiritual en cada estaca que visito. Ya sabéis de mi continuo interés en el pueblo lamanita y cada nuevo paso que damos acarrea entrenamiento adicional, tanto en forma secular como espiritual. Es posible que sepáis que en Chile tenemos una escuelita que ha estado funcionando solamente unos cuantos años. Ha sido limitada por algunas circunstancias, pero no hay comparación entre los niños que concurren regularmente a esta pequeña escuela de la Iglesia donde lo secular y espiritual van mancomunados, y sus amigos de la misma edad que viven en el mismo lugar.

La Iglesia siempre ha creído en la educación. Yo soy el producto de las academias de la Iglesia, como lo es la hermana Kimball; ella en Colonia Juárez, México, y yo en Thatcher, Arizona. Estas antiguas instituciones desempeñaron un papel importante, pero no fueron consideradas tan necesarias posteriormente cuando los estados se ocuparon de la capacitación de la gente en forma secular. Recuerdo cuando la pequeña Academia Gila, organizada allá en la década de 1880 como la Academia de los Santos de los Últimos Días, era la institución más grande en Arizona. La Universidad de Arizona era un pequeño retoño en aquel entonces. Posteriormente, y esto es natural, crecieron otras instituciones del estado y las academias fueron relegadas al pasado. Seguir leyendo

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Educación religiosa: un punto de vista de los Santos de los Últimos Días

Educación religiosa:
un punto de vista de los Santos de los Últimos Días

Por el élder Joe J. Christensen
(Commissioner’s Lecture Series, Provo, Utah: Brigham Young University Press, 1974)

Es un sincero honor estar aquí bajo estas circunstancias. Ruego que el mismo Espíritu esté con nosotros esta noche, aquel que el Señor prometió a sus discípulos en estas palabras: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13), y “él [el Espíritu Santo] os enseñará todas las cosas” (Juan 14:26). Que podamos ser guiados por el Espíritu el cual puede venir mediante “la oración de fe” y sin el cual no deberíamos enseñar (véase D. y C. 42:13-14). Si así somos bendecidos, ésta puede ser una experiencia educativo-religiosa.

Por el estímulo de esta asignación, expreso profundo aprecio a Neal A. Maxwell, (Comisionado de Educación para la Iglesia), hacia quien siento el más elevado respeto y consideración. Además, debo reconocer la contribución de muchos líderes y colegas en el campo educativo de la Iglesia, pasados y presentes, cuyos escritos he leído y cuyo consejo he recibido. Expreso mi gratitud a ellos, colectivamente. Sin embargo, sé que después del proceso de investigación y elección, debo tomar plena responsabilidad por lo que sigue.

Aunque ciertamente no concordamos con todo lo que ha escrito, encuentro mucho sentido en esta cita de Reinhold Niebuhr:a

La religión es siempre la búsqueda del significado de la vida; y el significado de la vida debe encontrarse en términos de la relación del hombre con su mundo total. Todo lo que sea menos que eso resulta en una religión de idolatría, en la interpretación de la vida en términos de algún centro y fuente de significación subordinado.

El problema religioso es, por lo tanto, el punto supremo en la educación. Es la interrogante de cómo las distintas vitalidades e intereses de la existencia humana deben ser organizadas e integradas y cómo deben relacionarse al todo de la sociedad humana y al todo de las fuerzas y posibilidades del mundo.1 (Itálicas agregadas.)

Alfred North Whiteheadb sostuvo que “la esencia de la educación es que sea religiosa”. Nosotros todos somos producto de un proceso educativo-religioso. Durante los meses y/o años en los que hemos estado en contacto con el evangelio restaurado de Jesucristo, hemos llegado a aceptar toda una serie de creencias pertinentes al significado de la vida, la cual tiene una profunda influencia en nuestro punto de vista. Como resultado de estas creencias, consideramos las cosas en forma particular. Tenemos un punto de vista propio de los Santos de los Últimos Días”. Seguir leyendo

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La Expiación Infinita en cobertura

Infinita en cobertura

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El hombre, los animales, las plantas y la tierra

¿Son los mortales que habitan esta tierra los únicos beneficia­rios de la Expiación? ¿Qué sucede con otros mundos y otras for­mas de vida? ¿Quién los salva de la muerte temporal y, cuando fuera necesario, de la muerte espiritual?

La Expiación no incluye solo a la humanidad; engloba mu­cho más. El élder Joseph Fielding Smith se refirió directamente a esta cuestión: «Algunos sostienen una idea muy incoherente: que la resurrección solamente afectará a las almas humanas; que los animales y las plantas no tienen espíritus y, por lo tanto, no son redimidos por el sacrificio del Hijo de Dios, y, en consecuencia, no les corresponde resucitar».1 José Smith enseñó: «Supongo que Juan vio seres allí [en los cielos], que se habían salvado y origina­rios de diez mil tierras como estas multiplicadas por diez mil, ani­males extraños que nos resulta imposible concebir y que se pue­den contemplar en el cielo. Juan aprendió que Dios se glorificó a sí mismo salvando todo lo que sus manos habían formado, tanto los animales terrestres, como las aves, los peces, o el hombre».2 El Señor prometió: «todas las cosas viejas pasarán, y todo será hecho nuevo, (…), tanto hombres como bestias, las aves del aire, y los peces del mar» (DyC 29:24). Pero, ¿cómo se aplica la Expiación a todas esas otras formas de vida? ¿Resucitan y reciben cuerpos in­mortales por la eternidad? ¿Necesitan también superar la muerte espiritual? El élder McConkie aborda esta cuestión, formulando la pregunta siguiente en forma de respuesta:

«¿Es la doctrina del evangelio (…) que esta muerte temporal se transmitió a todas las formas de vida, a todo hombre y animal y pez y ave y vida vegetal; que Cristo vino para rescatar al hombre y a todas las formas de vida de los efectos de la muerte temporal, introducida en el mundo por la Caída, y en el caso del hombre por la muerte espiritual también; que este rescate incluye una resurrección para el hombre y todas las formas de vida? 3

Jacob parece confirmar que la redención de la muerte espi­ritual se encuentra limitada al hombre, puesto que enseñó que Cristo «sufre los dolores de todos los hombres, sí, los dolores de toda criatura viviente, tanto hombres como mujeres y niños, que pertenecen a la familia de Adán» (2 Nefi 9:21; énfasis añadido).

¿Y qué decir de la tierra misma? ¿Necesita redención? La res­puesta es sí. Igual que las plantas y los animales necesita la reden­ción de la muerte física. El presidente Brigham Young expresó sentimientos a este respecto:

«Cristo es el autor de este Evangelio, de esta tierra, de los hom­bres y las mujeres, de toda la posteridad de Adán y Eva, y de toda criatura viviente que mora sobre la faz de la tierra, que vuela por los cielos, que nada en las aguas o que mora en el campo. Cristo es el autor de salvación para toda esta creación; de todas las cosas pertenecientes a esta esfera terrestre que ocupamos (…) él ha re­dimido la tierra; ha remido a la humanidad y a todo ser vivo que se mueve sobre su faz».4 Seguir leyendo

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El élder Neil L. Andersen: Un hombre de fe

El élder Neil L. Andersen: Un hombre de fe

Por el élder D. Todd Christofferson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Una noche de febrero de 1968, Neil Andersen se encontró siendo el centro de atención; lo habían seleccionado en su clase de enseñanza secundaria para representar el estado de Idaho en el grupo “Student Burgesses”, un grupo que se reunía en Estados Unidos, formado por estudiantes de treinta y siete países y de los cincuenta estados estadounidenses. Los jóvenes se reunieron en Williamsburg, estado de Virginia, para analizar problemas que enfrentaba la democracia.

Aquella era la primera vez que Neil, el jovencito de dieciséis años, criado en una pequeña granja de Pocatello, Idaho, había viajado en avión, estaba tan lejos de su hogar y se hallaba entre tantos otros jóvenes inteligentes y refinados.

A medida que las conversaciones de la noche fueron entrando en temas mundiales, se hizo evidente su condición de miembro de la Iglesia; algunos delegados comenzaron a desafiar sus creencias. Neil nunca se había enfrentado a preguntas tan detalladas con respecto a su fe.

“Recuerdo que oré en silencio pidiendo las palabras precisas para esa ocasión”, comenta. “Lo que pasó después fue un pequeño milagro para mí. Les dije más de lo que sabía; sentí que el poder del Señor me guiaba a través de explicaciones delicadas y de la expresión de mis profundas convicciones. Mientras hablaba, sentía el Espíritu del Señor. Cuando terminé, me agradecieron y con deferencia reconocieron el respeto que sentían por mis creencias.

“Aprendí entonces que en esta obra hay un poder y una influencia que van más allá de nosotros y que vale la pena defender; y comprendí que si somos sinceros y fieles y estamos ‘siempre preparados para presentar defensa… ante todo el que… demande razón de la esperanza que hay’ en nosotros (véase 1 Pedro 3:15), el Señor nos bendecirá más allá de nuestra capacidad”.

Así es como ha vivido el élder Neil L. Andersen, conduciéndose con fe. Seguir leyendo

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Un refugio contra el mundo

Un refugio contra el mundo
“Edifiquemos una posteridad recta”

Presidente Thomas S. Monson
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
9 de febrero de 2008


El cielo en nuestro hogar

Mis hermanos y hermanas, con­cluyo esta inspiradora reunión con espíritu de humildad. Nuestros pensa­mientos se han centrado en el hogar y la familia, y se nos ha recordado que “el hogar es el fundamento de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su lugar ni cumplir sus funcio­nes esenciales”1.

Como sabemos, hay familias de muchos tipos. Algunas incluyen un padre, una madre, hermanos y her­manas, mientras que otras pueden estar formadas por un solo padre o madre con hijos; y hasta las hay de una sola persona.

Cualquiera que sea la constitución de nuestra familia, si seguimos las pautas que se han expuesto en esta reunión nos acercaremos más al Señor y haremos que nuestro hogar sea más celestial.

Cuando Jesús andaba por los pol­vorientos senderos de los pueblos y las ciudades que con reverencia llama­mos la Tierra Santa y enseñaba a Sus discípulos en la bella Galilea, solía hablarles en parábolas, en un lenguaje que la gente podía comprender. Con frecuencia relacionaba la edificación del hogar con la vida de quienes le escuchaban.

Él declaró: “Toda casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mateo 12:25). Posteriormente advir­tió: “He aquí, mi casa es una casa de orden. y no de confusión” (D. y C. 132:8). Seguir leyendo

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La proclamación sobre la familia

La proclamación sobre la familia
“Edifiquemos una posteridad recta” 

Presidente Boyd K. Packer
Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
9 de febrero de 2008

Conceptos trascendentes

Agradezco la oportunidad de parti­cipar en esta reunión y saludarles en todo el mundo en esta ocasión sagrada y solemne en la que hablare­mos quizá del tema más importante que los líderes de la Iglesia pudieran tratar. Nosotros, como ustedes, hemos observado los modelos del mundo y nos preocupan cada vez más los asuntos relacionados con el hogar y la familia.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es la Iglesia restaurada, y fue introducida inicialmente cuando el Padre y el Hijo se aparecieron ante el profeta José Smith. En esa gran Primera Visión, como la llamamos ahora, se revelaron dos grandes conceptos trascendentes que han guiado a la Iglesia desde entonces.

El primero: Él es el Padre. De todos los títulos que Dios pudo haberse atribuido, eligió el más cer­cano a todos nosotros. Él es nuestro Padre, y nosotros aceptamos que somos los hijos de Dios. Ya que el Hijo también estaba allí, fue la presen­tación de una familia. Es así que el Padre y el Hijo se aparecieron.

En una revelación que se recibió poco tiempo después, el Señor dijo: “Por tanto, yo, el Señor, sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra, llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamien­tos” (D. y C. 1:17).

Vivir de acuerdo con la revelación

Ese fue un comienzo y marcó el modelo que debemos seguir de actuar, organizar y vivir de acuerdo con las revelaciones que el Señor había dado. Esas revelaciones, como ustedes saben, recopiladas en el libro de Doctrina y Convenios, y las revela­ciones contenidas en el Libro de Mormón y la Perla de Gran Precio, son las escrituras que sirven de funda­mento para la Iglesia.

Vimos que el Señor no organizó la Iglesia siguiendo el modelo de las demás iglesias del mundo; esto es, no hay clero profesional. No contamos con seminarios en los que se prepara a clérigos a fin de guiar la Iglesia. Este punto se resume en otra frase: “que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo” (D. y C. 1:20).

En ello encontramos igualdad entre los hermanos que poseen el sacerdocio y las mujeres que están a su lado. Trabajamos juntos y estamos organizados primeramente como familias. Todos tenemos derecho a la inspiración y la revelación; y cómo hacen falta en este mundo, especial­mente con el gran desafío de criar una familia. Seguir leyendo

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Modelos generales y vidas específicas

Modelos generales y vidas específicas
“Edifiquemos una posteridad recta”

Élder Jeffrey R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Reunión Mundial de Capacitación de Líderes
9 de febrero de 2008

Se continúa haciendo hincapié en la familia

Hermanos y hermanas:

Bienvenidos a la transmisión de la capacitación mundial de líderes de 2008. Nuestro tema de hoy “Edifiquemos una posteridad recta”, continúa el constante hincapié de la Iglesia en los asuntos de la familia. Hace dos años, la transmisión trató el tema “Apoyemos a la familia”, que con­tenía consejos que hoy analizaremos.

También habrán escuchado mensa­jes orales y escritos, incluso cartas de la Primera Presidencia redactadas con mucho detenimiento, sobre la necesi­dad de fortalecer a la familia y prote­gerla. Una de esas cartas que debió haberse leído en la reunión sacramen­tal y que los maestros orientadores debieron haber entregado a las fami­lias decía así: “Hacemos un llamado a los padres para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos con respecto a los principios del Evangelio, lo que los mantendrá cerca de la Iglesia… Sin importar cuán apropiadas puedan ser otras exigencias o actividades, no se les debe permitir que desplacen los deberes divinamente asignados que sólo los padres y las familias pueden llevar a cabo en forma adecuada”1.

Se darán cuenta de que en esta transmisión nos estamos dirigiendo a todos los adultos de la Iglesia. Puede resultar poco común que se invite a jóvenes adultos solteros a una charla sobre cómo edificar una posteridad justa, pero la invitación les fue exten­dida en forma deliberada. Ustedes, adultos solteros, deben ser y serán los padres del mañana y, a medida que se preparan para ello, forman parte de la posteridad de sus propios padres ahora y en el futuro. Oramos para que todos se dediquen de manera recta a los principios sobre la familia que la Iglesia y sus propios padres han adoptado.

Además, sabemos que hay perso­nas en el público y en la Iglesia que no están casadas o que no tienen una familia intacta que se ajuste al ideal al que solemos referirnos habitualmente en la Iglesia. Sepan que somos plena­mente conscientes de las diferentes circunstancias que hay entre nuestros miembros. Los amamos a cada uno de ustedes. También notamos que con­forme hay un número cada vez mayor de familias desorganizadas y a medida que las fuerzas culturales le restan valor al matrimonio, a los hijos y a la vida familiar tradicional, las Autoridades Generales y los oficiales generales de la Iglesia sienten una mayor urgencia de hablarles de idea­les y de principios centrados en el Evangelio. De no ser así, la desviación moral que el mundo inevitablemente experimenta podría llevarnos hasta el punto en que personas sinceras den­tro y fuera de la Iglesia se vean perdi­das en lo que se refiere a las expectativas divinas sobre el matrimo­nio y las normas de la familia eterna. Seguir leyendo

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José Smith Profeta, vidente y Revelador

José Smith Profeta, vidente y Revelador

por el presidente David O. McKay

Discurso dado en la dedicación del edifi­cio “José Smith”, institución que ya forma parte importante del sistema educacional de la Universidad de Brigham Young. Tomado del “Mensajero Deseret” de diciembre de 1943.

AL considerar el tema asignado para mí: “José Smith, Profeta, Vidente y Revelador”, pensaba que sería deseable considerar una por una las profecías de José Smith, y tratar de su cumplimien­to; creía conveniente, también, hablar de su claridad de visión como vidente, y de sus poderes de revelación. Pero, estas cosas, vosotros, estudiantes, las podéis seguir una vez que se establece el hecho de que José Smith fué inspirado por el Señor.

Si podemos inclinamos a creer y lue­go recibir un testimonio que José Smith fué inspirado de Dios, seguirá inevita­blemente la confianza en su poder profético, y su exposición de doctrina pa­recerá confiable en medio de las teorías las cuales cambian cada cinco años.

“Nacido entre las humildes filas de pobreza, sin educación de los libros y con el nombre más común, José Smith había hecho por sí mismo, a la edad de treinta y nueve años, un poder en la tierra. De las numerosas familias de Smith, ninguno ha captado el corazón humano y formado las vidas humanas como lo ha hecho este José. Su influen­cia, sea para el bien o sea para el mal, es potente hoy en día, y el fin aún no ha llegado”. Así escribe Josiah Quíncy en su artículo sobre José Smith en “Fi­guras del Pasado”. Deseo hacer excep­ción referente a una de las frases de este historiador: “José Smith había he­cho para sí mismo a la edad de treinta y nueve años, un poder en la tierra”. José Smith no hizo para sí mismo, ni tampoco llegó a ser, por él mismo, un poder en la tierra. Solamente por me­dio de la ayuda y dirección de Dios pudo aspirar como tal.

Miremos a las condiciones sociales y políticas del período cuando ese joven empezó su búsqueda de la verdad.

El deseo y los esfuerzos del hombre para el mejoramien­to social

Creo que cada edad progresiva del mundo ha tenido a sus hombres intelec­tuales y sociales, los cuales han trata­do de mejorar su propio sistema de vi­vir. La buena vida, tan importante para la felicidad del hombre, ha sido la meta de las edades. Ha sido fácil sentir la necesidad de una reformación, pero para lograrla ha sido difícil, y frecuentemen­te imposible. Las ideas sugeridas y pro­puestas por los hombres más inteligen­tes pocas veces han sido prácticas, y muchas veces fantásticas, sin embargo, en la mayoría de los casos el mundo en general se ha mejorado por la disemina­ción de las ideas nuevas, aunque al prin­cipio fracasaron los experimentos. En este respecto, el siglo diecinueve, como el actual, no fué excepción. La primera parte del siglo diecinueve fué marcada por un sentimiento general de inquietud social, y muchas personas alertas, alre­dedor de 1805, 1820 y 1830, quedaron descontentas a causa de las condiciones sociales y económicas; y los hombres pensadores buscaban los cambios repa­radores.

En Francia, por ejemplo, circularon las teorías imaginarias de Francois Marie Charles Fournier. Intentó este bos­quejar la historia futura del globo y de la raza humana por 80,000 años en ade­lante. Hoy en día sus libros ni siquiera son leídos. Seguir leyendo

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El Reino de Dios o catástrofe Elección Mundial

El Reino de Dios o catástrofe
Elección Mundial

por el presidente David O. McKay
Discurso dado en la Conferencia General de octubre de 1953.


El élder José W. Anderson acaba de leer los datos estadísticos demográficos, los cambios en las organizaciones de ba­rrios y estacas, y los obituarios de la Iglesia.

Hay algunos detalles más que pudie­ran ser mencionados, en los cuales ten­gáis interés.

El programa de construcción de la Iglesia de capillas, salas de clase y sa­lones de recreación continúa sin dismi­nución, en verdad, con aceleración. Du­rante los últimos nueve meses, la Iglesia ha expedido $5.568.000.00 dólares en las estacas, y $2.109,000.00 dólares en las misiones, un total de $7.677,000.00, o sea este año, incluyendo fondos locales contribuidos por este propósito, en las estacas, $10.337,000.00 dólares, y en las misiones, $2.704,000.00 dólares (no estoy leyendo la cantidad entera), o un total de $13.041,000.00 dólares.

Construcción de templos

Ya sabéis acerca de la dedicación de dos sitios para templos en Europa —los primeros en la historia de la Iglesia— uno en Berna, Suiza, y el otro entre Londres y Brighton, Inglaterra.

La construcción del templo en Los Angeles está siguiendo satisfactoria­mente. Queremos encomendar a los miembros de la Iglesia en el distrito del Templo de Los Angeles, por su contri­bución magnánima a este edifico. Como ya ha sido anunciado, ellos ofrecieron contribuir más de un millón de dolores para la construcción y terminación de este edificio, y sus pagos están casi al tanto. En adición de dar esta grande con­tribución monetaria ellos se ofrecieron recientemente a asistir a los arreglos de jardinería, y aún ahora están plantando arbustos y consiguiendo árboles para que al tiempo de la dedicación del tem­plo, el terreno esté decorosa y hermosamente arreglado. Ojalá que el Señor bendiga a estas gentes fieles y les ayu­de a cumplir su promesa para que este edificio sea redimido ya para su dedica­ción dentro de un año y medio o dos años.

Los planes ya están listos para el templo en Suiza, y el arquitecto y el contratista están siguiendo adelante pa­ra que este edificio sea terminado sin dilación.

Obra misionera en las estacas

Estaréis interesados en saber que la obra misionera en las estacas se está encontrando con resultados inauditos: 6,518 misioneros de estacas ahora es­tán trabajando dentro de las estacas or­ganizadas. Hasta la fecha ha habido 3,441 que han aceptado el evangelio mediante los esfuerzos de estos misioneros de estaca, y la obra está continuándose con celo cabal. Seguir leyendo

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Dios el eterno Padre

Dios el eterno Padre

por élder Milton R. Hunter
Discurso dado en una conferencia general de la Iglesia, 1 octubre de 1948.

Como el hombre es, Dios una vez fué; como Dios es, el hombre puede llegar a ser. — Lorenzo Snow.

Mis queridos hermanos y hermanas, es una verdadera inspiración para mí ver las caras de tanta gente que está reunida en esta congregación. Pido hu­mildemente que el Espíritu de Dios me atienda en las pocas advertencias que haga en esta ocasión. Es mi deseo esta mañana, con la ayuda del Señor, decir algunas palabras que reforzarán al dis­curso tan hermoso dado ahora por el presidente Jorge F. Richards.

Es mi deseo sincero dar mi testimo­nio y decir algunas palabras pertene­cientes al concepto de los Santos de los Últimos Días acerca de Dios el Eterno Padre, a quien nosotros como miembros de la Iglesia verdadera de Jesucristo devotamente, humildemente y piadosamente adoramos.

Un poco antes de su muerte, el Profe­ta José Smith declaró que:

Es el primer principio del evangelio saber con seguridad el carácter de Dios (Teachings of the Prophet Joseph Smith, p. 345).

Leemos en el evan­gelio de San Juan (y una declaración simi­lar está registrada en la revelación moder­na) que:

Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado (Juan 17:3; véase D. y C. 132:24).

De estas declaraciones hechas por hombres santos mediante revelación di­vina, encontramos que el concepto de Dios que un pueblo tiene es muy impor­tante en ayudar a determinar el tipo de vida que ellos viven. La historia afir­ma que cuando cualquier grupo de gen­te ha tenido como su credo el concepto que Dios fué un Dios de amor, caridad y bondad; en otras palabras, cuando hayan aceptado a Dios como un Ser di­vino poseyendo todas las característi­cas de bondad en una porción infinita, aquel pueblo ha tratado de emular en sus vidas ese tipo de Deidad. Por otro lado, cuando un grupo de gente ha creído que el Eterno Padre fué un Dios de capricho, un Dios que es injusto y propenso al uso del favoritismo, encon­tramos que aquel pueblo ha acudido a formas y maneras muy bajas de adora­ción, tal como el sacrificio humano. En verdad su actitud moral estuvo en el mismo plano que su concepto de Dios. Seguir leyendo

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Presidente James E. Faust

En memoria del Presidente James E. Faust

31 de Julio de 1920–10 de Agosto de 2007

James E. Faust siempre recordó los balidos de su asustado corderito. Cuando era niño, una noche de tormenta olvidó poner a su animalito en el establo.

“…sabía que debía salir a ayudarlo, pero también quería quedarme seguro, calentito y seco en mi cama, y no me levanté como debí haberlo hecho”, relató en la sesión del sacerdocio de una conferencia general. “A la mañana siguiente, cuando salí, lo encontré muerto; un perro también lo había oído balar y lo había matado.

“Me agobió un gran dolor”, dijo. Se dio cuenta de que no había sido un buen pastor, y el reproche cariñoso de su padre le dolió aún más: ‘Hijo, ¿no podía confiar en que cuidaras ni siquiera a un cordero?’ ”1.

Ese mismo día resolvió que si tenía la oportunidad otra vez de ser pastor, jamás volvería a descuidar su mayordomía. Y tuvo presente su resolución cuando fue misionero de tiempo completo en Brasil, siendo esposo y padre devoto, como abogado de éxito, como líder político, como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles y como Segundo Consejero de la Primera Presidencia. Hasta el fin de su ministerio, que concluyó con su muerte ocurrida el 10 de agosto de 2007, debido a causas relacionadas con la edad, el presidente Faust permaneció dedicado a la admonición del Señor cuando dijo: “Apacienta mis corderos” (Juan 21:15).

La familia y la fe

James Esdras Faust nació en Delta, Utah, el 31 de julio de 1920, siendo uno de cinco hijos varones de George A. Faust y Amy Finlinson de Faust. La familia se mudó después a Salt Lake City, donde el padre trabajó como abogado y como juez de distrito. Durante su infancia y adolescencia, en su hogar y en las granjas de sus abuelos, James gozó del amor y del apoyo de una familia centrada en Cristo y adquirió las virtudes de la honradez, del trabajo y del servicio.

“Ningún hombre ha tenido un padre mejor que el que yo tuve”, dijo2. Y hablando de su madre, comentó: “Era una mujer espiritual y santa que ejemplificaba a la perfección la manera de vivir como Cristo”3. Seguir leyendo

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La Expiación Infinita en poder

La Expiación Infinita en poder

Tad R. Callister
La Expiación Infinita


El poder es proporcional a los atributos divinos que se poseen

¿Por qué era esencial que Jesús, «infinito y eterno» (Alma 34:14), llevara a cabo la Expiación? Porque la Expiación precisa­ba poder, un poder increíble, un poder infinito. Exigía el poder de resucitar a los muertos, el poder para conquistar la muerte espiritual y el poder para exaltar a una persona corriente a la con­dición de un dios. Un poder como ese solamente podía ejercerlo un ser infinito; es decir, un ser en posesión de todas las virtudes divinas en una medida ilimitada, y que, por lo tanto, fuera un Dios. En la gran oración de intercesión del Salvador, este aludió al poder que el Padre le había dado: «[me] has dado potestad so­bre toda carne» (Juan 17:2). Pilato no lo entendió. Pensó que te­nía «autoridad para crucificarle» y «autoridad para soltarle», pero el Salvador le corrigió rápidamente: «Ninguna autoridad tendrías contra mí si no te fuese dada de arriba» (Juan 19:10-11).

Ciertamente, Satanás tuvo su poder un momento, en su hora de oscuridad, pero cuando llegue el fin, el Salvador, fuente de todo poder, «[abolirá] todo imperio, y toda autoridad y todo poder» (1 Corintios 15:24). El Salvador ejercerá su poder, muy superior al que le ha permitido poseer a Satanás temporalmen­te, «aun el de destruir a Satanás y sus obras al fin del mundo» (DyC 19:3). Por consiguiente, el Salvador tiene ese poder in­finito indispensable para llevar a cabo la Expiación, poder que emana de virtudes divinas manifestadas en una medida infinita. Tan absoluto es el poder que posee el Salvador que Alma enseñó: «tiene todo poder para salvar a todo hombre» (Alma 12:15; véase también Alma 9:28). El rey Benjamín reconoció la presencia de ese poder incluso en la época premortal: «Porque he aquí que viene el tiempo (…) que con poder, el Señor Omnipotente que reina (…) descenderá del cielo entre los hijos de los hombres» (Mosíah 3:5). Milton reconoció el poder de Jehová: «Grandes son tus obras, Jehová, e infinito tu poder; ¿qué pensamiento pue­de medirte, o qué lengua hablar de ti?».1

No debería sorprender que, a medida que nos volvemos más como Dios, nos volvamos más poderosos. El conocimiento otor­ga poder, la pureza otorga poder y el amor otorga poder. La ad­quisición de cada rasgo divino otorga poder. El poder y la divini­dad están directamente relacionados. Pablo reafirmó esta verdad cuando escribió que Jesús poseía «corporalmente toda la plenitud de la divinidad», a lo que añadió que «es la cabeza de todo princi­pado y potestad» (Colosenses 2:9—10; véase también 1 Crónicas 29:12, Salmos 66:7). La vida del Salvador es una confirmación de esta verdad. Fue gracia sobre gracia hasta recibir la plenitud del Padre, cuando «recibió todo poder, tanto en el cielo como en la tierra» (DyC 93:17; véase también 1 Nefi 1:14; Alma 26:35; DyC 100:1). Seguir leyendo

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