Análisis de las evidencias de que las planchas menores desaparecieron de la historia nefita
Brian J. Baird
RESUMEN: Las planchas menores de Nefi fueron preservadas por medio del linaje de Jacob, confiadas al rey Benjamín y posteriormente descubiertas por el profeta e historiador Mormón entre otros registros nefitas. Este ensayo analiza la posibilidad de que los encargados posteriores de llevar los registros nefitas ya no conocieran las planchas menores y que esa pérdida ayude a explicar ciertos patrones doctrinales y narrativos recurrentes en el texto. Centrándose en el momento y las señales del nacimiento y la muerte de Cristo, así como en las profecías acerca de la destrucción de la nación nefita, el autor analiza la manera en que algunas enseñanzas de las planchas menores se presentan posteriormente como revelaciones nuevas. Este patrón también proporciona evidencia interna de que el Libro de Mormón refleja una tradición de preservación de registros desarrollada durante varias generaciones.
PALABRAS CLAVE: Libro de Mormón, Mormón, preservación de registros, planchas menores, traducción del Libro de Mormón
El Libro de Mormón, con excepción del libro de Éter, es un registro de los nefitas y lamanitas recopilado por el profeta Mormón. Mormón elaboró su libro al compendiar la historia que Nefi había comenzado mil años antes. Nefi, hijo de Lehi, tenía dos conjuntos de registros: uno llamado las planchas mayores, que contenía la historia de su pueblo, y otro llamado las planchas menores, reservado para los escritos sagrados. Este ensayo examina información contenida en las planchas menores que, al parecer, se perdió para los autores posteriores del Libro de Mormón. Consideradas en conjunto, estas evidencias destacan un arco narrativo coherente según el cual las planchas menores se perdieron, fueron redescubiertas posteriormente por Mormón y luego se añadieron íntegramente para completar su registro. Ese patrón proporciona evidencia interna de que el Libro de Mormón es una obra auténtica de historia traducida, elaborada durante varias generaciones.
Como se demostrará, los nefitas posteriores al rey Benjamín aparentemente desconocían el registro de las planchas menores. Joseph Spencer, Rebecca Roesler y otras personas también han realizado esta observación y han recurrido a algunos de los mismos ejemplos que se analizarán más adelante para sostener que ciertos conocimientos de los primeros profetas del Libro de Mormón se perdieron para sus profetas posteriores. Por otro lado, los críticos han utilizado los mismos ejemplos que aquí se emplean para demostrar la coherencia del Libro de Mormón con el fin de argumentar que el texto contiene contradicciones y posee una autoría moderna. Mi propósito no es refutar esos argumentos, pues excelentes investigadores ya lo han hecho. Más bien, analizaré las evidencias que sugieren que las planchas menores desaparecieron del conocimiento de los nefitas y que ese patrón se mantiene de manera coherente a lo largo del texto. Este elemento de coherencia, al igual que muchos otros señalados por investigadores y lectores cuidadosos a través de los años, revela una profundidad y riqueza en la narrativa del Libro de Mormón que sus lectores suelen pasar por alto.
Los argumentos contrapuestos —uno en favor de una coherencia compatible con la preservación antigua de registros y una traducción inspirada, y otro en favor de contradicciones que indicarían una autoría moderna— no pueden ser correctos al mismo tiempo. Sostengo que un análisis minucioso de las evidencias textuales que indican la pérdida de las planchas menores revela un grado de complejidad en la narrativa del Libro de Mormón que confirma su afirmación de ser una obra traducida.
José Smith comenzó el proceso de traducción con las planchas mayores de Nefi. Existen evidencias sólidas de que, después de perderse las primeras 116 páginas del manuscrito, Smith reanudó el proceso de traducción desde el punto donde lo había dejado en el libro de Mosíah y continuó hasta el libro de Moroni. Después tradujo las planchas menores y las Palabras de Mormón. Esta denominada teoría de «Mosíah primero» constituye la opinión predominante entre los investigadores Santos de los Últimos Días. Es importante reconocer que mis conclusiones no perderían validez si futuras investigaciones demostraran que José reanudó la traducción con las planchas menores en lugar de hacerlo con el libro de Mosíah. Por consiguiente, las afirmaciones de los críticos basadas en la teoría de «Mosíah primero» no son pertinentes para mi argumento central. De hecho, ellos abordan preguntas diferentes y ofrecen conclusiones diametralmente opuestas a las mías.
Consideremos la complejidad de las distintas etapas del proceso de traducción y lo que esta implica para quienes consideran que el Libro de Mormón es una invención. José Smith comenzó su traducción en 1828 con las planchas mayores. Martin Harris llevó consigo las primeras 116 páginas a Manchester, Nueva York, donde desaparecieron. Cuando Smith comenzó nuevamente a traducir en abril de 1829 —con Oliver Cowdery como escribiente—, continuó hasta Moroni antes de traducir las planchas menores. Si el Libro de Mormón fuera una obra creativa de la imaginación, como sostienen los críticos mencionados anteriormente, y no la traducción de un registro antiguo, Smith habría tenido que inventar las planchas menores, dejar indicios de que los nefitas desconocieron su existencia durante unos 450 años y, finalmente, incluir en ellas detalles que confirmaran los indicios que había presentado anteriormente durante el proceso de dictado. Además, habría tenido que hacerlo mientras dictaba el texto, sin utilizar notas ni editarlo. Tal situación resulta difícil de creer.
Breve historia de las planchas menores
Nefi comenzó a llevar el registro de su pueblo en las planchas mayores poco después de que llegaran a la tierra prometida. Más adelante se le mandó crear el registro de las planchas menores. Nefi escribió: «Habían pasado treinta años desde que salimos de Jerusalén. Y yo, Nefi, hasta entonces había llevado los anales de mi pueblo sobre las planchas que había hecho» (2 Nefi 5:28–29). Luego informó a sus lectores:
Y aconteció que el Señor Dios me dijo: Haz otras planchas; y grabarás en ellas muchas cosas que son gratas a mi vista, para el beneficio de tu pueblo. Por tanto, yo, Nefi, para ser obediente a los mandamientos del Señor, fui e hice estas planchas, sobre las cuales he grabado estas cosas. Y grabé aquello que agrada a Dios. Y si mi pueblo se complace en las cosas de Dios, también se complacerá en mis grabados que están sobre estas planchas. Y si mi pueblo desea saber la parte más particular de la historia de mi pueblo, debe escudriñar mis otras planchas. (2 Nefi 5:30–33)
Los primeros 470 años de la historia nefita desaparecieron del compendio que Mormón hizo de las planchas mayores cuando José Smith permitió que Martin Harris llevara el manuscrito de la traducción a Manchester, Nueva York, para mostrárselo a su esposa y a algunas otras personas. Los miembros de la Iglesia tienen la bendición de contar con el contenido de las planchas menores como reemplazo, el cual abarca la mayor parte del mismo período, aunque ese nuevo material se presenta principalmente desde una perspectiva espiritual y no histórica. Por consiguiente, el relato de Nefi sobre el viaje desde Jerusalén hasta la tierra prometida contiene muy poca información acerca de la historia de los nefitas a medida que pasaron de ser un pequeño grupo familiar a convertirse en una nación. Menos de veinte valiosos versículos —todos ellos en el libro de Omni y las Palabras de Mormón— proporcionan información histórica sobre el pueblo, aparte de algunas referencias breves a las guerras entre los nefitas y los lamanitas.
Las planchas menores quedaron bajo el cuidado de los descendientes de Jacob, y cada generación sucesiva añadió cada vez menos detalles al registro, hasta que Amalekí finalmente escribió: «Y aconteció que empecé a envejecer; y no teniendo descendencia, y sabiendo que el rey Benjamín era un varón justo ante el Señor, por tanto, le entregaré estas planchas» (Omni 1:25).
Al parecer, en algún momento entre la época en que el rey Benjamín recibió las planchas menores —antes del año 130 a. C.— y aquella en que Mormón trabajaba en su compendio —no antes del año 334 d. C.—, los nefitas dejaron de tener conocimiento de las planchas menores. La declaración de Mormón respalda esta idea: «Busqué entre los anales que habían sido entregados en mis manos, y hallé estas [pequeñas] planchas» (Palabras de Mormón 1:3).
El mejor indicio de que las planchas menores desaparecieron procede del propio rey Benjamín. Cuando se preparaba para entregar la corona a su hijo Mosíah, habló con reverencia mientras instruía a sus hijos acerca de los registros que se encontraban bajo su cuidado. «Hizo que [sus hijos] fueran instruidos en todo el idioma de sus padres, a fin de que así llegaran a ser hombres de entendimiento; y para que supieran concerniente a las profecías que habían sido pronunciadas por boca de sus padres» (Mosíah 1:2). Además, explicó que las planchas de bronce preservaban los mandamientos y los misterios de Dios, y que los nefitas habrían «degenerado en la incredulidad, y [habrían sido] como [sus] hermanos los lamanitas, que nada [sabían] acerca de estas cosas» (versículo 5). Sabemos que las planchas de bronce eran un registro sagrado que ayudó a los nefitas a transmitir sus enseñanzas del Evangelio y su conocimiento de la ley de Moisés, y que probablemente contribuyó a la preservación de su idioma (Omni 1:17–18). Benjamín declaró que las planchas de Nefi «contienen los anales y las palabras de nuestros padres, desde el tiempo en que salieron de Jerusalén hasta ahora; y son verdaderas» (versículo 6). En ese mismo capítulo, Benjamín entregó a Mosíah la responsabilidad de custodiar las planchas de bronce, las planchas de Nefi, la espada de Labán y la Liahona (versículo 16).
Quizás la expresión «planchas de Nefi» se refiera aquí a ambos conjuntos de planchas, pero a lo largo de su registro Mormón empleó constantemente ese término para referirse específicamente a las planchas mayores (Palabras de Mormón 1:3; Alma 37:2; 44:24; 3 Nefi 26:7; 4 Nefi 1:19; Mormón 1:4). El hecho de que Benjamín no especificara a cuáles planchas de Nefi se refería sugiere que solamente conocía un conjunto: las planchas mayores. Es poco probable que Benjamín, al instruir a sus hijos, hubiera agrupado los dos conjuntos de registros, dada la precisión de la lista que aparece en Mosíah 1:16. Parece más probable que, cuando recibió las planchas menores de Amalekí al comienzo de su reinado, las colocara en los archivos, donde con el transcurso del tiempo dejaron de ser recordadas. Mormón da a entender algo semejante: «Después que Amalekí hubo entregado estas planchas en manos del rey Benjamín, este las tomó y las colocó con las otras planchas que contenían anales que los reyes habían transmitido de generación en generación hasta los días del rey Benjamín» (Palabras de Mormón 1:10).
El Libro de Mormón demuestra que los nefitas eran buenos guardianes de registros. A Mormón se le dijo que, cuando cumpliera veinticuatro años, debía «tomar las planchas de Nefi para [sí], y dejar el resto […] en el lugar donde se [encontraba]» (Mormón 1:4). Mormón añade esta declaración aclaratoria: «He aquí, hay muchos libros y muchos anales de todas clases, y los han llevado principalmente los nefitas» (Helamán 3:15). Por consiguiente, parece probable que las planchas menores fueran solamente un conjunto de registros entre muchos otros, lo cual facilitó que su existencia cayera en el olvido.
Aunque al principio Mormón desconocía las planchas menores, cuando las leyó recibió la inspiración de «ponerlas con el resto de [su] registro» (Palabras de Mormón 1:3–6). No se sabe cuánto había avanzado Mormón en su labor de compendio cuando descubrió la existencia de las planchas menores. Por un lado, Mormón escribió las Palabras de Mormón cuando casi había terminado su compendio (versículo 1). Por otro lado, parece dar a entender que descubrió la existencia de las planchas menores gracias a algo que encontró en los escritos del rey Benjamín. Esto se observa cuando Mormón escribe: «Después de haber hecho un compendio de las planchas de Nefi, hasta el reinado de este rey Benjamín, de quien habló Amalekí, busqué entre los anales que habían sido entregados en mis manos, y hallé estas planchas» (versículo 3). Es posible que Mormón descubriera la existencia de las planchas menores mientras compendiaba los escritos del rey Benjamín y que entonces comenzara a buscarlas, pero no las encontrara sino hasta cerca del final de su obra; o quizá no decidió incluirlas hasta que el Espíritu se lo indicó después de haber completado su compendio. Él dice al lector:
Tomaré estas planchas, que contienen estas profecías y revelaciones, y las pondré con el resto de mi historia, porque son preciosas para mí; y sé que serán preciosas para mis hermanos. Y hago esto para un sabio propósito; pues así se me susurra, de acuerdo con las impresiones del Espíritu del Señor que está en mí. Y ahora bien, no sé todas las cosas; mas el Señor sabe todas las cosas que han de suceder; por tanto, él obra en mí para que yo proceda conforme a su voluntad. (Palabras de Mormón 1:6–7)
Sin importar cuándo encontró Mormón las planchas menores, el registro demuestra que los autores posteriores de las planchas mayores aparentemente desconocían importantes asuntos doctrinales enseñados por Nefi y otros profetas de las planchas menores, por lo que tuvieron que recibirlos nuevamente mediante revelación. Tres casos respaldan esta idea: (1) el momento del nacimiento de Jesús y ciertos detalles de Su vida; (2) la visita de Cristo a los nefitas, junto con las señales y los acontecimientos relacionados con Su muerte; y (3) las profecías acerca de la destrucción de los nefitas y el momento en que esta ocurriría.
El nacimiento de Jesús
Nefi registró repetidamente en las planchas menores que Jesús nacería seiscientos años después de que Lehi saliera de Jerusalén (por ejemplo, 1 Nefi 10:4; 19:8; 2 Nefi 25:19). Si combinamos esa profecía con las fechas cronológicas que se incluyen en el Libro de Mormón desde 1888, los lectores obtienen una comprensión clara de la cronología de los acontecimientos del texto. Sin embargo, cuando el texto se lee detenidamente, se encuentran evidencias de que los nefitas perdieron la cuenta de su cronología, el conocimiento del momento en que Cristo nacería, o ambas cosas. Se pueden presentar argumentos sólidos en favor de cualquiera de las dos posibilidades, pero ambos señalan la pérdida de conocimientos que se encontraban fácilmente disponibles en las planchas menores. Rebecca Roesler señala: «A pesar de las diversas exhortaciones de Nefi a su posteridad para que “preservaran estas planchas y las transmitieran” (Jacob 1:3) y para “que las cosas que estaban escritas fuesen preservadas para la instrucción de [su] pueblo” (1 Nefi 19:3), sus descendientes parecen desconocer su existencia».
Consideremos la hipótesis de que los nefitas perdieron la cuenta de su cronología. Las planchas menores registran repetidamente el número de años transcurridos desde que Lehi salió de Jerusalén. La mayoría de los encargados de los registros fueron diligentes al proporcionar esas fechas (por ejemplo, 2 Nefi 5:34; Jacob 1:1; Jarom 1:5; Omni 1:5). En el compendio de las planchas mayores rara vez se mencionó el transcurso de los años hasta que comenzó a registrarse el gobierno de los jueces. Antes del nacimiento de Cristo, Mormón solamente registra en dos ocasiones el número de años transcurridos desde que Lehi salió de Jerusalén. Mormón escribe: «Mosíah empezó a reinar en lugar de su padre. Y empezó a reinar a la edad de treinta años, haciendo un total de unos cuatrocientos setenta y seis años desde que Lehi salió de Jerusalén» (Mosíah 6:4). También vuelve a indicar el número de años cuando Mosíah² concluye su reinado: «Murió también Mosíah, en el año treinta y tres de su reinado, a los sesenta y tres años de edad, haciendo un total de quinientos nueve años desde que Lehi salió de Jerusalén» (Mosíah 29:46).
Mormón pudo haber proporcionado esas fechas porque la cronología se conocía y estaba registrada en las planchas mayores, o pudo haberlas añadido como comentario editorial después de realizar los cálculos. Sabía que Mosíah² había reinado durante treinta y tres años y en qué año del gobierno de los jueces había nacido Cristo. Pudo haber calculado las fechas retrocediendo desde ese punto.
Sería incoherente por parte de Mormón que las fechas aparecieran en las planchas mayores y que él decidiera incluirlas con tan poca frecuencia en su compendio. En las secciones posteriores del registro fue sumamente diligente al registrar los años del gobierno de los jueces y el tiempo transcurrido desde el nacimiento de Cristo. Parece poco probable que hubiera cambiado su estilo de manera tan drástica. Por ejemplo, el libro de 4 Nefi, compuesto por un solo capítulo, abarca más de 285 años, y Mormón registra la fecha más de veinticinco veces en ese capítulo. En resumen, resulta lógico suponer que Mormón habría informado acerca del transcurso de los años, tal como lo hizo posteriormente en su compendio, si esa información se hubiera encontrado en las planchas mayores.
Al considerar la profecía de Nefi acerca del nacimiento de Jesús, es importante recordar que los nefitas tenían una fe firme en Cristo y en Su misión. Un solo ejemplo basta para demostrarlo. Cuando el rey Benjamín pronunció su último discurso ante el pueblo, prometió darles un nombre nuevo. Después de su poderoso discurso, el pueblo hizo convenio de cumplir la voluntad de Dios.
Y ahora bien, a causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él; porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas. (Mosíah 5:7)
A pesar de que Cristo constituía el centro de la fe de los nefitas, en ninguna parte del compendio de Mormón se menciona la profecía de Nefi de que Cristo nacería seiscientos años después de la salida de Lehi de Jerusalén, sino hasta que el propio Mormón la aborda al ofrecer comentarios acerca del nacimiento de Cristo: «Y aconteció que había pasado el año noventa y uno, y habían transcurrido seiscientos años desde que Lehi salió de Jerusalén» (3 Nefi 1:1). Los lectores del Libro de Mormón no consideran sorprendente que Mormón mencione esa fecha, pues conocen la profecía repetida de Nefi. Sin embargo, sin el contexto proporcionado por las planchas menores, el comentario de Mormón acerca del número de años transcurridos desde que Lehi salió de Jerusalén constituiría información nueva. De hecho, el compendio de Mormón sugiere que los nefitas no sabían cuándo nacería Cristo sino hasta después de que Samuel el Lamanita profetizó acerca del nacimiento de Jesús.
Existen otros indicios de que los profetas que escribieron en las planchas mayores antes del nacimiento de Cristo desconocían la profecía de Nefi. Durante su ministerio, Alma adquirió un conocimiento cada vez mayor acerca del nacimiento de Cristo, Su misión y Su visita a los nefitas. Esto puede observarse en las enseñanzas que Alma impartió al pueblo de Gedeón en el año 83 a. C.:
No está muy lejano el tiempo en que el Redentor viva y venga entre su pueblo. He aquí, no digo que vendrá entre nosotros al tiempo de morar en su tabernáculo mortal; porque he aquí, el Espíritu no me ha dicho que tal será el caso. Ahora bien, en cuanto a esto, no lo sé. (Alma 7:7–8)
En ese momento de su ministerio, Alma aparentemente no sabía cuándo nacería Cristo ni cuándo se aparecería a los nefitas. Como señaló Roesler: «Las profundas reflexiones de Alma indican que él desconocía estas profecías [las profecías de Nefi contenidas en las planchas menores]». Alma sí afirmó que el nacimiento de Cristo «no [estaba] muy lejano», pero ochenta y tres años representaban varias generaciones de distancia. Al referirse al ministerio terrenal de Cristo, Alma utiliza expresiones evasivas y declara: «No digo que vendrá entre nosotros al tiempo de morar en su tabernáculo mortal» y «En cuanto a esto, no lo sé»; sin embargo, posteriormente llegó a conocer ese detalle.
Al año siguiente, Alma habló al pueblo de Ammoníah acerca de la venida de Cristo: «Y ahora, solo esperamos oír las gozosas nuevas, declaradas a nosotros por boca de ángeles, de su venida; porque viene el tiempo, no sabemos cuándo. Quisiera Dios que fuese en mis días; pero sea tarde o temprano, en ello me regocijaré» (Alma 13:25). Se puede debatir lo que Alma quiso decir con «su venida». ¿Se refería al nacimiento de Cristo o a Su aparición a los nefitas? Sin importar cuál fuera su significado, Alma estaba hablando de la «venida» de Cristo y esperaba que sucediera «en [sus] días». Cuando Alma pronunció ese discurso, faltaban más de ochenta años para el nacimiento de Cristo y más de un siglo para Su aparición a los nefitas. Esto sugiere que Alma y los nefitas en general habían perdido la cuenta de los años transcurridos desde que Lehi salió de Jerusalén, el conocimiento de la profecía de Nefi, o ambas cosas.
Algunos años después, tras haber recibido más conocimiento mediante la revelación, Alma escribió: «El Señor derramó su Espíritu sobre toda la faz de la tierra […] para preparar el corazón [del pueblo] para recibir la palabra que se enseñaría entre ellos al tiempo de su venida» (Alma 16:16). Para entonces, ya se había aclarado la pregunta de cuándo se aparecería Cristo a los nefitas:
[Los sacerdotes enseñaban a los nefitas] exponiéndoles la venida del Hijo de Dios, sus padecimientos y muerte, así como la resurrección de los muertos. Y muchos del pueblo preguntaban acerca del lugar donde vendría el Hijo de Dios; y se les enseñó que él se les aparecería después de su resurrección; y el pueblo oyó esto con gran gozo y alegría. (Alma 16:19–20)
Anteriormente, cuando Alma enseñó al pueblo de Gedeón algunos detalles acerca del nacimiento y el ministerio terrenal de Cristo, especificó que había recibido esa información del Espíritu (Alma 7:9–12). Por tanto, es posible que los nefitas en general no supieran cuándo nacería Cristo ni cuándo se aparecería a su civilización. Sin embargo, el relato de la visión del árbol de la vida de Nefi, contenido en las planchas menores, enseñaba que Cristo nacería y viviría en Israel, sería bautizado, enseñaría al pueblo, sanaría a los enfermos, llamaría a Sus discípulos, sería crucificado y se levantaría de entre los muertos (1 Nefi 11; 2 Nefi 25). Además, las planchas declaran claramente que Cristo se aparecería a los nefitas después de Su resurrección: «Y después que Cristo haya resucitado de los muertos, se mostrará a vosotros, mis hijos y mis amados hermanos» (2 Nefi 26:1). Sin embargo, ese conocimiento tuvo que ser revelado nuevamente a Alma de manera gradual.
Varias décadas después se proporcionó mayor claridad cuando Samuel el Lamanita enseñó: «He aquí, os doy una señal; porque de aquí a cinco años más, he aquí, entonces viene el Hijo de Dios para redimir a todos los que crean en su nombre» (Helamán 14:2). Samuel proporcionó varias señales que aparecerían cuando naciera Cristo. Esas señales eran tan específicas y detalladas que, cinco años después, los nefitas inicuos las utilizaron como amenaza contra los creyentes: «Los incrédulos fijaron un día en que se daría muerte a todos los que creían en esas tradiciones, a menos que se verificase la señal que había sido anunciada por Samuel el profeta» (3 Nefi 1:9). Obsérvese que los incrédulos, al sostener que «había pasado el tiempo para que se cumplieran [las] palabras [de Samuel]» (versículo 5), decidieron utilizar las señales y la profecía dadas por Samuel para atemorizar a los creyentes, y no la fecha de los seiscientos años transcurridos desde que Lehi salió de Jerusalén.
Las señales de la muerte de Jesús
Además de no saber cuándo nacería Cristo, los nefitas aparentemente desconocían las señales que se producirían en el momento de Su muerte. Samuel el Lamanita se colocó sobre la muralla de Zarahemla y profetizó detalladamente acerca de los acontecimientos que ocurrirían antes del nacimiento de Jesús y después de Su muerte. Algunas de esas mismas señales también fueron proporcionadas por Nefi en las planchas menores. Nefi, al sintetizar las profecías contenidas en las planchas de bronce, escribió que Cristo:
se entrega […] para ser levantado, según las palabras de Zenoc, y para ser crucificado, según las palabras de Neum, y para ser sepultado en un sepulcro, según las palabras de Zenós, las cuales habló concernientes a los tres días de tinieblas que serían una señal de su muerte para los que habitasen las islas del mar, más particularmente para los que son de la casa de Israel. Porque así habló el profeta: Ciertamente el Señor Dios visitará a toda la casa de Israel en aquel día; a unos con su voz, a causa de su rectitud, para su gran gozo y salvación; y a otros con los truenos y relámpagos de su poder, por tempestades, por fuego, y por humo y vapor de tinieblas, y por la hendidura de la tierra y por montañas que serán levantadas. Y todas estas cosas ciertamente deben suceder, dice el profeta Zenós. Y las rocas de la tierra se partirán; y a causa de los gemidos de la tierra, muchos de los reyes de las islas del mar serán impelidos por el Espíritu de Dios a exclamar: El Dios de la naturaleza padece. (1 Nefi 19:10–12)
Samuel el Lamanita profetizó de manera semejante:
En el día en que él padezca la muerte, el sol se obscurecerá y se negará a daros su luz; y también la luna y las estrellas; y no habrá luz sobre la faz de esta tierra desde el momento en que él padezca la muerte, por el espacio de tres días, hasta que se levante otra vez de entre los muertos. Sí, al tiempo que entregue el espíritu, habrá truenos y relámpagos por el espacio de muchas horas; y la tierra temblará y se estremecerá; y las rocas que están sobre la superficie de esta tierra, tanto las que se hallan encima como debajo de ella, las cuales sabéis que en este tiempo son sólidas, o que la mayor parte forma una masa compacta, serán despedazadas; sí, se partirán en dos, y para siempre se hallarán en grietas, y en hendiduras, y en fragmentos rotos sobre la faz de toda la tierra, tanto encima como debajo de ella. Y he aquí, habrá grandes tempestades, y muchas montañas serán abatidas y quedarán como un valle; y habrá muchos lugares que ahora se llaman valles, que se convertirán en montañas de gran altura. (Helamán 14:20–23)
Resulta tentador suponer que Samuel quizás citaba las planchas de bronce, como lo había hecho Nefi, o que tal vez tuvo acceso a la profecía de Nefi, especialmente porque las señales mencionadas y el orden en que aparecen son semejantes. Este ejemplo resulta significativo porque Samuel afirma claramente que recibió su conocimiento de un ángel (Helamán 14:26). Aunque citar una revelación directa de un ángel no significa necesariamente que Samuel desconociera las profecías anteriores, ciertamente constituye una poderosa apelación a la autoridad que sirvió para cumplir el propósito del Señor.
Al igual que sucedió con el nacimiento de Cristo, en el momento de Su muerte los nefitas no acudieron a las profecías de Nefi, sino que esperaban «con gran diligencia la señal que había dado el profeta Samuel el Lamanita, sí, el tiempo en que habría tinieblas por el espacio de tres días sobre la faz de la tierra» (3 Nefi 8:3). La información consolidada que Nefi proporcionó en 1 Nefi 19 es clara y concisa. Gracias a la visión que tuvo del nacimiento y la resurrección de Cristo, así como de las señales que se producirían entre sus descendientes, Nefi pudo comprender cómo se relacionaban entre sí las profecías de los distintos profetas de las planchas de bronce, algo que no resultaba tan evidente para los autores posteriores de las planchas mayores, quienes no disponían de las planchas menores de Nefi.
Profecías acerca de la destrucción de los nefitas
En las planchas menores, Nefi, Enós y Jarom profetizaron que los lamanitas destruirían a los nefitas inicuos. Muchos profetas de las planchas menores emplearon la amenaza de la destrucción lamanita como si fuera la espada de Damocles, suspendida sobre la cabeza de los nefitas por un hilo muy delgado. Como declaró Jarom: «Los profetas del Señor amenazaron al pueblo de Nefi, según la palabra de Dios, con que si no guardaban los mandamientos, sino que caían en transgresión, serían destruidos de sobre la faz de la tierra» (Jarom 1:10).
En las planchas mayores, esa misma amenaza no aparece con tanta frecuencia. En las enseñanzas se habla ocasionalmente de destrucción, y Alma proporciona advertencias específicas al pueblo de Ammoníah; sin embargo, la idea de que la nación nefita sería aniquilada a causa de su iniquidad parece haberse perdido, al menos en lo referente a los detalles de cómo y cuándo terminaría su civilización. Nefi fue muy específico acerca de la destrucción de su pueblo, pues la había contemplado durante su visión del árbol de la vida:
Y vi que los descendientes de mis hermanos contendían contra los de mi posteridad, de acuerdo con la palabra del ángel; y a causa del orgullo de mi posteridad y las tentaciones del diablo, vi que los descendientes de mis hermanos vencieron a los de mi posteridad. (1 Nefi 12:19)
Más adelante, Nefi volvió al mismo tema al final de su registro. Declaró que, después de que Cristo se apareciera a su pueblo tras Su resurrección:
tendrán paz con él hasta que hayan pasado tres generaciones, y muchos de la cuarta generación hayan fallecido en rectitud. Y cuando hayan pasado estas cosas, sobrevendrá una destrucción repentina a mi pueblo; porque, a pesar de los pesares de mi alma, lo he visto; por tanto, sé que sucederá; y se venden por nada; porque por la recompensa de su orgullo y su insensatez cosecharán destrucción; porque se entregan al diablo y escogen las obras de tinieblas más bien que la luz; por tanto, tendrán que descender al infierno. (2 Nefi 26:9–10)
Enós conocía esas profecías y suplicó al Señor que preservara las planchas menores después de la destrucción de los nefitas, a fin de ayudar a llevar a los lamanitas a Cristo. Enós informó que el Señor «hizo convenio con [él] de que haría llegar [los anales] a los lamanitas en su propio y debido tiempo» (Enós 1:16).
Compárense esas profecías acerca de la destrucción de los nefitas, frecuentes en las planchas menores, con la profecía que Alma hizo prometer a Helamán que mantendría en secreto:
He aquí, percibo que este mismo pueblo, los nefitas, según el espíritu de revelación que está en mí, en cuatrocientos años desde la ocasión en que Jesucristo se les manifieste, degenerará en la incredulidad. Sí, y entonces verán guerras y pestilencias, sí, hambres y derramamiento de sangre, hasta que el pueblo de Nefi se extinga. (Alma 45:10–11)
Estos son los mismos detalles que Nefi había proporcionado, incluso el mismo número de generaciones (Alma 45:12). Alma presentó esto a Helamán como conocimiento nuevo, diciendo: «Tengo algo que profetizarte», un conocimiento que Helamán no debía «dar a conocer […] sino hasta que se [cumpliera] la profecía» (versículo 9). Pero ¿por qué mantener en secreto esa profecía si la información estaba disponible en las planchas menores, como se citó anteriormente? Algunos años después, Samuel el Lamanita compartió abiertamente la misma información con los nefitas y profetizó que:
por motivo de la dureza del corazón del pueblo de los nefitas, a menos que se arrepientan, quitaré mi palabra de ellos, y retiraré mi Espíritu de ellos, y no los soportaré más, y volveré el corazón de sus hermanos contra ellos. Y no pasarán cuatrocientos años antes que yo haga que sean heridos; sí, los visitaré con la espada, y con hambre y pestilencia. Sí, los visitaré con mi ira furiosa, y habrá quienes vivan, de la cuarta generación de vuestros enemigos, para presenciar vuestra destrucción total. (Helamán 13:8–10)
Al igual que en los otros ejemplos presentados anteriormente, la misma información contenida en las planchas menores se proporciona como información nueva a los nefitas varias generaciones después. Ningún registro del Libro de Mormón ofrece mejores evidencias de que las planchas menores se habían perdido que el libro de Alma.
Alma y las planchas menores
Alma es el libro más extenso del Libro de Mormón, pero abarca solamente unos cuarenta años. Contiene muchas de las enseñanzas de Alma como sumo sacerdote de la Iglesia de Cristo y permite al lector observar el desarrollo de su comprensión acerca de la misión de Cristo. A continuación se presentan algunos detalles sobre Alma que son pertinentes para el análisis de las planchas menores:
- Alma era el sumo sacerdote y el juez superior. Estaba encargado de los registros y continuó custodiándolos incluso después de renunciar al cargo de juez superior, porque Nefíah «rehusó permitir que Alma se hiciese cargo de aquellos anales y de las cosas que Alma y sus padres consideraban sumamente sagradas; por tanto, Alma las había conferido a su hijo Helamán» (Alma 50:38). Esto significa que Alma podría haber tenido acceso a las planchas menores durante todo su ministerio, si hubiera sabido que existían.
- Alma era un estudioso de las Escrituras y de la historia, y citaba con frecuencia las planchas de bronce durante sus sermones. Cuando enseñó en Ammoníah, se esforzó por «confirmar las palabras de Amulek, y explicar más extensamente las cosas, o desarrollar las Escrituras más de lo que Amulek había hecho» (Alma 12:1). Habló detalladamente acerca del profeta Melquisedec y declaró: «He aquí, las Escrituras están delante de vosotros; si las tergiversáis, será para vuestra propia destrucción» (Alma 13:20). Demostró su argumento mediante las Escrituras con tal eficacia que, en un intento por contradecirlo, los inicuos habitantes de Ammoníah «sacaron también sus anales, que contenían las Santas Escrituras, y los arrojaron al fuego para que fueran quemados y destruidos» (Alma 14:8). Más adelante, al predicar a los zoramitas, Alma dio testimonio de Cristo citando detalladamente a los profetas Zenós, Zenoc y Moisés, cuyos escritos se encontraban en las planchas de bronce (capítulo 33). Sin embargo, no citó los escritos de Nefi contenidos en las planchas menores, aunque estos proporcionaban un testimonio sumamente poderoso de Cristo.
- Como se señaló anteriormente, el conocimiento de Alma acerca de la misión y el nacimiento de Cristo aumentó a lo largo de su ministerio. En el año 82 a. C. no sabía cuándo nacería Cristo, pero esperaba que sucediera durante su vida (Alma 13:25). Tuvo que recibir revelación para saber que Cristo no se aparecería a los nefitas sino hasta después de Su resurrección (Alma 16:20).
- Finalmente, cuando entregó los registros a su hijo Helamán, Alma habló detalladamente acerca de la importancia de las planchas de bronce y de las planchas de Éter. Habló de la Liahona y de las promesas relacionadas con las generaciones futuras. Sin embargo, nunca mencionó las planchas menores (Alma 37).
El arco narrativo de la pérdida de las planchas menores
Debido a la manera en que se organizó el Libro de Mormón durante su traducción, primero leemos las planchas menores y después pasamos al resto del registro de las planchas mayores que no se perdió junto con las 116 páginas desaparecidas. Para el lector, la transición resulta fluida gracias al breve libro que sirve de enlace y que se denomina las Palabras de Mormón. He sostenido que algunas doctrinas fundamentales y otros datos de las planchas menores se perdieron para los guardianes de las planchas mayores durante el período comprendido entre el rey Benjamín y Mormón. Debido a que el lector conoce esas doctrinas gracias a las planchas menores, su ausencia en el compendio que Mormón hizo de las planchas mayores puede pasar inadvertida. Resulta especialmente interesante observar cómo las evidencias de esa pérdida reflejan un patrón, un arco coherente a lo largo del compendio de Mormón, compuesto por varios indicios de que las planchas menores desaparecieron durante el reinado del rey Benjamín. Como señala Roesler, esas evidencias «respaldan la premisa de que los nefitas que vivieron después de Amalekí —y quizás incluso antes— desconocían las planchas menores de Nefi hasta el día en que Mormón las encontró entre los registros».
Es imposible demostrar una negación. El simple hecho de que los guardianes posteriores de los registros no citaran las planchas menores no demuestra que no tuvieran acceso a ellas. Además, Nefi señala que cierta información contenida en las planchas menores —específicamente algunas enseñanzas de Lehi— también aparece en las planchas mayores. Al referirse a esas enseñanzas, explica al lector que hay «muchas otras cosas que no escribo en este libro; porque he escrito cuantas me fueron convenientes en mi otro libro» (1 Nefi 10:15). Esto complica aún más el asunto. Debido a que Nefi afirma que existe información repetida en ambos conjuntos de planchas, debemos limitar nuestra investigación a identificar información fundamental de las planchas menores que aparentemente se perdió para los guardianes posteriores de los registros. Los ejemplos que he analizado aquí se centran en información específica y en preguntas que preocupaban a los profetas que vivieron entre el rey Benjamín y Mormón, y sobre las cuales tuvieron que recibir revelación, aunque ya se habían abordado detalladamente en las planchas menores. Este enfoque no puede demostrar que los guardianes posteriores de los registros carecieran de las planchas menores, pero sus conclusiones pueden considerarse evidencias acumulativas que respaldan de manera plausible —aunque no definitiva— la tesis de que las planchas menores desaparecieron. Dicho esto, ahora se examinarán los argumentos en contra.
Argumentos en contra de que las planchas menores hayan desaparecido
Por las Palabras de Mormón sabemos que las planchas menores se perdieron o fueron olvidadas en algún momento, porque Mormón menciona específicamente que las encontró. Aunque propongo que las planchas menores desaparecieron durante el reinado del rey Benjamín, quizás se perdieron posteriormente. De ser así, esto pudo haber ocurrido incluso en la época de Ammarón, quien escondió todos los registros e instruyó a Mormón: «He aquí, tomarás para ti las planchas de Nefi, y dejarás el resto en el lugar donde están» (Mormón 1:4).
En cualquier caso, algunos investigadores Santos de los Últimos Días han sugerido que los profetas nefitas posteriores aparentemente tuvieron acceso a las planchas menores. John Hilton III, del Departamento de Escrituras Antiguas de BYU, ha realizado amplios estudios que respaldan esta afirmación. En «El legado textual de Jacob», sostiene que el rey Benjamín y Moroni citaron a Nefi y a Jacob. Presenta evidencias adicionales en un estudio que compara las enseñanzas de 2 Nefi 2 con Alma 42, y razona: «Si podemos suponer que alguna versión de 2 Nefi 2 formaba parte del canon que Alma conocía, resulta lógico que recurriera a ella al hablar con Coriantón, porque Lehi abordó directamente la preocupación que atormentaba a Coriantón». En otro estudio, «Samuel y sus fuentes nefitas», Hilton y sus colaboradores utilizan el análisis textual para sostener que Samuel el Lamanita citó ampliamente las planchas menores.
Joseph Spencer, profesor de Escrituras Antiguas de BYU, presenta una evaluación interesante que demuestra las semejanzas entre el relato de Nefi sobre el viaje de su familia hacia la tierra prometida y el relato de Zeniff sobre la migración de su pueblo de regreso a la tierra de Nefi. Spencer plantea la hipótesis de que Zeniff tomó elementos del relato de Nefi para dar mayor credibilidad a su propio anhelo de regresar a la tierra de Nefi.
Es imposible demostrar la tesis de que las planchas menores se perdieron durante el reinado del rey Benjamín. Mi propia evaluación en favor de esa afirmación es el resultado de años de reflexión sobre sutiles indicios textuales cuyo efecto acumulativo considero convincente. Existen explicaciones plausibles de por qué los profetas posteriores no citaron las planchas menores, desde la posibilidad de que no recordaran ciertas enseñanzas que contenían hasta que las consideraran irrelevantes para su propósito inmediato al escribir. Tal vez sea imposible resolver la ambigüedad de este tema. Las observaciones de John Hilton III ilustran la falta de evidencias claras en favor de cualquiera de las dos posturas: «No resulta claro en qué momento este registro [de las planchas menores] pudo haber desaparecido de la vista de los guardianes de los registros. Parece que, en algún momento, los profetas nefitas quizá no conocían plenamente el contenido de las planchas menores». Sin embargo, como se demostró anteriormente, Hilton también presenta varios argumentos convincentes de que los profetas posteriores pudieron haber citado las planchas menores. Por consiguiente, persiste una ambigüedad genuina. Se espera que futuras investigaciones aporten mayor claridad sobre este asunto.
Resumen
Este ensayo sostiene que los guardianes de los registros del Libro de Mormón posteriores a la época del rey Benjamín desconocían la existencia de las planchas menores. Las evidencias proceden de los detalles que se encuentran en las propias planchas y no se ven afectadas por el orden en que se dictó la traducción. Este hilo narrativo llega al lector mediante el compendio que Mormón hizo de los escritos de una larga sucesión de guardianes de los registros a lo largo de cientos de años. Resulta significativo que Mormón explique específicamente: «Después de haber hecho un compendio de las planchas de Nefi, hasta el reinado de este rey Benjamín, de quien habló Amalekí, busqué entre los anales que habían sido entregados en mis manos, y hallé estas planchas» (Palabras de Mormón 1:3). Resultaría difícil de creer que José Smith hubiera introducido deliberadamente, dentro de una narración dictada, indicios de la desaparición de las planchas menores, pistas tan bien ocultas que la mayoría de los lectores no las percibe. Si José hubiera elaborado ingeniosamente esta trama secundaria mientras dictaba el texto, ¿por qué habría de arruinar su efecto colocando las planchas menores al comienzo del Libro de Mormón, lo cual impide que el lector perciba su desaparición? Mormón nos dice específicamente que escogió «estas cosas [las planchas menores] para concluir con ellas [su] relato» (versículo 5). Por tanto, alguien realizó un esfuerzo deliberado para trasladar las planchas menores al comienzo del Libro de Mormón.
Al hablar de la veracidad del Libro de Mormón, Orson Scott Card, aclamado escritor Santo de los Últimos Días de obras de ficción, señaló que varios indicios aparentemente insignificantes del texto proporcionan evidencias de la cultura mesoamericana. El mismo principio se aplica a las evidencias de la pérdida de las planchas menores. Card presenta esta reflexiva observación:
¿Por qué la mayoría de los críticos no advierte estos elementos [del Libro de Mormón]? Porque el texto no los destaca de ninguna manera. Solo se descubren por inferencia. Naturalmente, algunos sostienen que, debido a que solo se encuentran por inferencia, en realidad no existen; pero creo que, al compararlos con documentos procedentes de otras culturas desconocidas, podemos observar que esas diferencias culturales son definitivamente reales. Lo único que falta son aquellos elementos que deberían haber estado presentes si José Smith lo hubiera inventado.
Como se ha demostrado, una importante línea de evidencias respalda la probabilidad de que los guardianes posteriores de los registros nefitas desconocieran las planchas menores. Esto resulta extraordinario si consideramos que la recopilación actual del Libro de Mormón posee un grado de complejidad suficiente para requerir una explicación de las distintas colecciones de planchas (véase «Breve explicación acerca del Libro de Mormón», en las páginas introductorias del libro). También es suficientemente compleja como para que Mormón considerara necesario explicarla (Palabras de Mormón 1:6).
Como lo atestiguan numerosos artículos y libros, el Libro de Mormón presenta muchas otras evidencias internas de su carácter antiguo. Las conclusiones presentadas aquí respaldan aún más la afirmación del libro de ser un compendio de registros que abarcan varios siglos.
Conclusión
Aunque los estudiantes del Libro de Mormón saben que Mormón descubrió las planchas menores entre otros registros y las incorporó íntegramente al final de su propio registro, rara vez se analizan las preguntas acerca de cuándo desaparecieron y cuáles fueron las consecuencias de su pérdida. Abordo esas preguntas siguiendo el modo en que importantes doctrinas y enseñanzas de las planchas menores aparentemente se perdieron para las generaciones posteriores de nefitas.
Como han señalado muchos historiadores, José Smith dictó el Libro de Mormón en aproximadamente noventa días. Resulta muy dudoso que José Smith hubiera podido producir una historia tan extensa y compleja en tan poco tiempo, sin borradores y, al mismo tiempo, incluir un arco narrativo tan sutil y coherente como la pérdida de las planchas menores y el efecto que esta tuvo sobre la doctrina nefita. Una breve comparación ayudará a demostrar este punto. Compárese la traducción del Libro de Mormón con la creación de la obra maestra de Kurt Vonnegut, Matadero cinco. Vonnegut era un escritor experimentado que había dedicado años a trabajar en ese relato; sin embargo, tardó unos diez meses en crear la novela con su complicada cronología. La novela contiene menos de cincuenta mil palabras, y Vonnegut tuvo que elaborar un gráfico detallado para mantener organizada la cronología de los viajes en el tiempo de su protagonista, Billy Pilgrim:
El mejor esquema que hice —o, en todo caso, el más bonito— estaba en la parte posterior de un rollo de papel tapiz.
Utilicé los lápices de colores de mi hija y asigné un color diferente a cada personaje principal. Un extremo del papel representaba el comienzo del relato y el otro, el final; entre ambos se encontraba toda la parte intermedia de la historia. Las líneas de distintos colores se encontraban y algunas terminaban cuando moría el personaje que representaban. La destrucción de Dresde estaba representada mediante una franja vertical de líneas cruzadas de color naranja, y todas las líneas correspondientes a los personajes que continuaban con vida la atravesaban y salían por el otro lado.
José Smith era un escritor joven, con poca educación formal y sin experiencia, que dictó en noventa días más de 260 000 palabras de una obra aún más compleja y detallada que la de Vonnegut. Además, durante ese período tuvo que afrontar todas las presiones relacionadas con mantener a una familia, evitar la persecución, dictar varias revelaciones, recibir tanto el Sacerdocio Aarónico como el de Melquisedec y mudarse de Harmony, Pensilvania, a Fayette, Nueva York. Asimismo, José dictó la obra de principio a fin sin editarla ni utilizar notas de ningún tipo. Resulta difícil creer que decidiera introducir en una cronología narrativa ya complicada una compleja trama secundaria acerca de la pérdida de las planchas menores. Además de ser innecesaria, tal decisión habría requerido un grado de concentración absoluta que el rápido dictado del Libro de Mormón difícilmente habría permitido.

























