Educador Religioso Vol. 27 Núm. 2 · 2026

Cómo ayudar a los alumnos a comprender la presencia del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago en el Libro de Mormón

Nicholas J. Frederick


A Book of Mormon and Holy Bible on top of a world map with glasses to the sideRESUMEN: Este artículo examina cómo y por qué aparece en el Libro de Mormón el lenguaje del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago. La ampliación, la condensación y la reinterpretación contextual de ese material demuestran una intertextualidad sofisticada, en lugar de una simple cita. El ensayo repasa los principales enfoques académicos empleados para explicar este asunto y destaca los debates actuales acerca de quién es responsable de la redacción basada en la versión del rey Santiago que aparece en el texto en inglés del Libro de Mormón. El autor analiza las razones de esta relación intertextual y propone que el conocido lenguaje bíblico ayudó al Libro de Mormón a «crecer junto» con la Biblia y a comunicarse eficazmente con sus lectores del siglo XIX. Los educadores religiosos deben abordar abiertamente estas preguntas y recalcar que la relación del Libro de Mormón con la Biblia debe considerarse una característica compleja y significativa del texto, y no un desafío a su autenticidad.

PALABRAS CLAVE: Libro de Mormón, teorías sobre la traducción del Libro de Mormón, Nuevo Testamento, intertextualidad

Durante la década aproximadamente en que he trabajado en el Departamento de Escrituras Antiguas de la Universidad Brigham Young, he enseñado principalmente dos clases de cursos: los centrados en el Libro de Mormón y los centrados en el Nuevo Testamento. Por esa razón, rara vez transcurre un semestre sin que algún alumno me pregunte algo parecido a esto: «Parece que algunos pasajes del Libro de Mormón coinciden casi palabra por palabra con pasajes del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago. ¿Cómo se explica eso?».

Por lo general, los alumnos no tienen dificultades con el hecho de que el lenguaje del Libro de Mormón se asemeje al de algunos pasajes del Antiguo Testamento de la versión del rey Santiago, puesto que los nefitas tenían acceso a las planchas de bronce. Sin embargo, la presencia del Nuevo Testamento les plantea una pregunta completamente diferente: ¿cómo puede un texto —el Nuevo Testamento— que no estaba al alcance de los nefitas —y que en algunos casos ni siquiera se había escrito todavía— aparecer cientos de veces en el Libro de Mormón? ¿Y por qué aparece con un lenguaje exactamente igual o casi idéntico al de la Biblia del rey Santiago? Por lo general, respondo: «En este momento no comprendemos plenamente cómo tradujo José Smith las planchas de oro» y «La Biblia del rey Santiago era un texto importante para los cristianos del siglo XIX, por lo que resulta lógico que la traducción inspirada del Libro de Mormón incorporara expresiones bíblicas conocidas para comunicar conceptos ya expresados en la Biblia». Si percibo que el alumno está satisfecho, continúo con la lección. Si desea profundizar, dedico tiempo a presentar un par de ejemplos y lo guío a través de las complejidades de la intertextualidad. No deseo que la pregunta desvíe toda la lección, pero tampoco quiero que los alumnos salgan de mi salón de clases pensando que esta clase de preguntas es inapropiada o que no puede responderse.

Supongo que otros educadores religiosos han recibido preguntas semejantes de sus alumnos. Mi propósito con este ensayo es proporcionar un recurso para quienes buscan ideas que ayuden a sus alumnos a comprender con mayor claridad tres preguntas importantes: (1) ¿Cómo utiliza el Libro de Mormón el lenguaje del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago?; (2) ¿quién es responsable de incluirlo en el Libro de Mormón?; y (3) ¿por qué utiliza el Libro de Mormón el lenguaje del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago? Primero, analizaré Moroni 10:12–17. En mi opinión, esos versículos constituyen una introducción ideal a los matices de la primera pregunta. Su mensaje es comprensible para nuestros alumnos y sugiere una respuesta acerca de cómo utiliza el Libro de Mormón el Nuevo Testamento. Segundo, analizaré la manera en que esos versículos ayudan a los lectores a determinar quién es responsable de la presencia del lenguaje del Nuevo Testamento —en este caso, el lenguaje de 1 Corintios 12:10–11— mediante un análisis de las distintas maneras en que investigadores anteriores del Libro de Mormón han intentado abordar este asunto. Tercero, ofreceré una respuesta provisional acerca de por qué el Libro de Mormón adopta y adapta el lenguaje del Nuevo Testamento.

Moroni 10:12–17, 1 Corintios 12:10–11 y la pregunta de cómo

Estructura

Moroni 10:12–17 aparece aproximadamente a mitad del capítulo final del Libro de Mormón, pocos versículos después de la famosa promesa de Moroni. En esos versículos, Moroni ofrece su testimonio personal acerca de la realidad de los dones espirituales y de su posible poder carismático —es decir, su capacidad de manifestar el poder divino—. Al hacerlo, el texto en inglés depende considerablemente de la estructura y del lenguaje de un análisis semejante que Pablo dirigió a la iglesia de Corinto, preservado en 1 Corintios 12:10–11 de la versión del rey Santiago. Considérese la siguiente comparación entre ese pasaje y Moroni 10:12–17:

A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:10–11)

Y además, a otro, para que pueda obrar grandes milagros;
y además, a otro, para que pueda profetizar concerniente a todas las cosas;
y además, a otro, para contemplar ángeles y espíritus ministrantes;
y además, a otro, todo género de lenguas;
y además, a otro, la interpretación de idiomas y de diversos géneros de lenguas.
Y todos estos dones vienen por el Espíritu de Cristo; y vienen a todo hombre individualmente, de acuerdo con la voluntad de él. (Moroni 10:12–17)

Si consideramos solamente la estructura de ambas perícopas, sus semejanzas se hacen evidentes rápidamente. En su mensaje a los corintios, Pablo utilizó cinco repeticiones de la expresión «a otro», cada una seguida de un don carismático específico. Después ofreció una declaración resumida que comienza con «Pero todas estas cosas» y termina con «como él quiere». Moroni 10:12–17 adopta la misma estructura: construye la perícopa alrededor de cinco repeticiones de «a otro» y proporciona una declaración resumida que comienza con «Y todos estos» y termina con «la voluntad de él». Además, Pablo describe cinco clases de dones carismáticos: hacer milagros, la capacidad de profetizar, contemplar espíritus, hablar en lenguas e interpretar lenguas. Moroni 10:12–17 sigue este mismo orden: milagros, profecía, espíritus, lenguas e interpretación de lenguas.

La evidente semejanza estructural indica claramente que existe una relación entre la traducción de los escritos de Pablo en 1 Corintios 12:10–11 de la Biblia del rey Santiago y el texto en inglés del pasaje de Moroni. Sencillamente existen demasiados puntos de contacto para atribuirlos únicamente al hecho de que dos profetas hablaran acerca de los dones espirituales. Incluso si alguien quisiera sostener que Pablo y Moroni conocían una fuente común y que ambos estructuraron sus respectivos pasajes en griego —Pablo— y en egipcio reformado —Moroni— basándose en ella, eso no explicaría las grandes semejanzas existentes entre las versiones finales en inglés que se conservan.

Además, me parece significativo que el texto del Libro de Mormón adopte de manera bastante evidente el lenguaje de 1 Corintios 12:10–11 de la versión del rey Santiago. No existe ningún intento de ocultar ni disimular la procedencia del lenguaje. Si el Libro de Mormón hubiera querido minimizar o encubrir su dependencia de la Biblia del rey Santiago, el texto de Moroni 10:12–17 podría haber alterado el orden de los cinco dones carismáticos o haber utilizado la expresión «a uno» en lugar de «a otro». Para mí, esto indica que la traducción al inglés del Libro de Mormón sigue intencionalmente el modelo del texto de Pablo en inglés y que el Señor desea que esa relación sea reconocida.

Ampliación del texto

Uno de los elementos más destacados de la manera en que el Libro de Mormón utiliza el Nuevo Testamento es que no se limita a adoptar el texto, sino que también lo adapta. En particular, esta adaptación se realiza con frecuencia mediante la ampliación, lo cual significa que el texto del Libro de Mormón añade expresiones al texto del Nuevo Testamento. En ocasiones, esta ampliación puede ser simplemente retórica, una manera de diferenciar el texto del Libro de Mormón del texto del Nuevo Testamento sin cambiar necesariamente su significado. Por ejemplo, cada uno de los cinco dones carismáticos de la perícopa de Moroni incluye la expresión «y además». Esta adición o ampliación no cambia la manera en que el lector interpreta la importancia de los cinco dones carismáticos, pero sí establece una ligera diferencia entre ambos textos y permite que el pasaje del Libro de Mormón posea una identidad propia.

Esta ampliación también puede producirse de una manera que modifique el significado específico de los textos del Nuevo Testamento y añada niveles interpretativos. Consideremos nuevamente los cinco dones carismáticos. En cada caso, el Libro de Mormón amplía el alcance del don, ya sea mediante palabras adicionales o mediante un cambio de terminología. Los «milagros» de Pablo se convierten en los «grandes milagros» de Moroni, y los «diversos géneros de lenguas» de Pablo se transforman en «todo género de lenguas» en Moroni. En ambos casos se amplía el alcance del término —milagro o lengua— mediante las expresiones grandes y todo.

En los otros tres casos, la ampliación es mucho más sofisticada y elaborada. El don de «profecía» mencionado por Pablo se convierte, en Moroni, en el don «para que pueda profetizar concerniente a todas las cosas». El cambio del sustantivo —profecía— al verbo —profetizar— es sutil, pero Moroni también añade «concerniente a todas las cosas». De manera semejante, el «discernimiento de espíritus» de Pablo se amplía en Moroni hasta convertirse en «contemplar ángeles y espíritus ministrantes». El cambio de un verbo —discernir— a otro —contemplar— puede ser nuevamente sutil, aunque, en mi opinión, sugiere una experiencia más concreta; pero en lugar del sencillo término «espíritus» utilizado por Pablo, el don carismático descrito por Moroni se amplía para incluir «ángeles y espíritus ministrantes». Finalmente, la expresión bastante directa de Pablo, «interpretación de lenguas», se convierte en Moroni 10:16 en algo mucho más complejo: «la interpretación de idiomas y de diversos géneros de lenguas». Como resultado de esta ampliación, los lectores del Libro de Mormón comprenden que la «interpretación» incluye no una, sino dos áreas de interés: los «idiomas» y los «diversos géneros de lenguas». Los lectores atentos probablemente notarán que la expresión «diversos géneros de lenguas» es en realidad una cita tomada del don carismático anterior y aplicada ahora en un contexto nuevo; en lugar de que los «diversos géneros de lenguas» constituyan el don mismo, como sucedía en Pablo, ahora son aquello que se interpreta.

Es importante señalar que Moroni está lejos de ser el único autor del Libro de Mormón que amplía el texto del Nuevo Testamento. Cuando el Libro de Mormón adopta un texto del Nuevo Testamento, la adaptación suele incluir expresiones adicionales. Considérense los dos ejemplos siguientes. El primero es un ejemplo bastante sencillo, en el cual solo se incluyen dos palabras:

Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14)

Os digo que sé por mí mismo que cuanto os diga concerniente a lo que ha de venir es verdadero; y os digo que sé que Jesucristo vendrá, sí, el Hijo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia, de misericordia y de verdad. Y he aquí, él es quien viene para quitar los pecados del mundo, sí, los pecados de todo hombre que crea firmemente en su nombre. (Alma 5:48)

El segundo es un poco más complejo:

Porque el que come y bebe indignamente, come y bebe condenación para sí, sin discernir el cuerpo del Señor. (1 Corintios 11:29)

Porque quien come y bebe mi carne y mi sangre indignamente, come y bebe condenación para su alma; por tanto, si sabéis que un hombre no es digno de comer y beber de mi carne y de mi sangre, se lo prohibiréis. (3 Nefi 18:29)

En este segundo ejemplo se amplían dos elementos: la inclusión de la expresión «carne y sangre» y la estipulación de que se debe prohibir la participación en la Santa Cena a toda persona que lo haga indignamente.

Condensación del texto

Aunque sucede con menos frecuencia, otro aspecto de la adaptación realizada por el Libro de Mormón se manifiesta mediante la condensación del texto del Nuevo Testamento. Esta característica puede observarse mejor en las declaraciones finales de ambas perícopas:

Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. (1 Corintios 12:11)

Y todos estos dones vienen por el Espíritu de Cristo; y vienen a todo hombre individualmente, de acuerdo con la voluntad de él. (Moroni 10:17)

En este caso, el tema analizado es la fuente de esos dones carismáticos. Para Pablo, «todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu», una expresión bastante extensa que parece referirse al Espíritu Santo. Moroni hace más conciso el lenguaje de Pablo al identificar sencillamente la fuente de los dones carismáticos como «el Espíritu de Cristo». En este caso, una ligera condensación del lenguaje de Pablo aporta claridad, aunque continúa existiendo cierta ambigüedad respecto de si el «Espíritu» de Pablo es idéntico al «Espíritu de Cristo» mencionado por Moroni. Este ejemplo de condensación es relativamente pequeño, pero los dos ejemplos siguientes demuestran cuán notables pueden llegar a ser algunas de las condensaciones del Libro de Mormón:

Mercadería de oro y plata, piedras preciosas y perlas, lino fino, púrpura, seda y escarlata, toda madera olorosa, todo objeto de marfil, todo objeto de madera preciosa, de bronce, de hierro y de mármol. (Apocalipsis 18:12)

Y vi también oro y plata, sedas y escarlatas, lino fino y toda clase de ropa preciosa; y vi muchas rameras. (1 Nefi 13:7)

Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá hambres y pestilencias, y terremotos en diferentes lugares. (Mateo 24:6–7)

Y también se oirá de guerras y rumores de guerras, y de terremotos en diversos lugares. (Mormón 8:30)

En ambos ejemplos, extensas listas del Nuevo Testamento —artículos mundanos en el primer ejemplo y catástrofes en el segundo— se incorporan al texto del Libro de Mormón, pero se condensan considerablemente. La lista de 1 Nefi 13 conserva aproximadamente la mitad de los elementos mencionados en Apocalipsis 18. De manera semejante, Mormón 8 conserva la primera parte del versículo y las últimas cinco palabras de Mateo 24, pero elimina todo lo que se encuentra entre ambas.

Al considerar la manera en que el Libro de Mormón adopta y adapta los textos del Nuevo Testamento, existen dos características fundamentales que debemos tener presentes al ayudar a nuestros alumnos a analizar esta complejidad textual. La primera es que el Libro de Mormón normalmente acepta abiertamente sus semejanzas textuales con el Nuevo Testamento. En Moroni 10:12–17 podemos observar que casi no existe ningún intento por ocultar ni minimizar su dependencia de la Biblia del rey Santiago. La estructura de Pablo se conserva a lo largo de Moroni 10:12–17, incluso en el orden preciso de los dones carismáticos. Si el texto del Libro de Mormón se siente cómodo destacando esta característica, quizás nosotros, como lectores y maestros, también debamos sentirnos cómodos al expresarla abiertamente, aunque con prudencia. La segunda característica es que el texto del Libro de Mormón modifica el texto del Nuevo Testamento. Esto puede producirse mediante la adición o la eliminación de expresiones de las citas del Nuevo Testamento; sin embargo, al hacerlo, dirige la atención hacia esas adaptaciones y deposita sobre nosotros, como lectores, la responsabilidad de examinarlas y procurar comprender cómo enriquecen y amplían nuestra comprensión del Libro de Mormón. No debemos conformarnos con identificar las semejanzas y continuar adelante. Las semejanzas están presentes por una razón, y las diferencias también.

Moroni 10:12–17, 1 Corintios 12:10–11 y la pregunta de quién

En la mayoría de los casos, examinar Moroni 10:12–17 con los alumnos y señalar los puntos de contacto y las áreas de ampliación conducirá naturalmente a nuestra segunda pregunta: ¿quién introduce exactamente el lenguaje de 1 Corintios 12:10–11 en el texto de Moroni 10:12–17? ¿Fue Moroni? ¿José Smith? ¿Jesucristo? ¿Alguien más? ¿Y dónde y cuándo apareció este texto de la versión del rey Santiago durante el proceso de composición del Libro de Mormón? ¿Tuvieron los autores del Libro de Mormón acceso de alguna manera al Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago? ¿Es esta intertextualidad el resultado de la revelación? ¿O utilizó José Smith un ejemplar del Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago mientras traducía?

Estas preguntas aparentemente no eran apremiantes para los Santos de los Últimos Días del siglo XIX, época en la que se prestaba mayor atención a las evidencias del carácter divino del Libro de Mormón, como sucede en La autenticidad divina del Libro de Mormón, de Orson Pratt. Sin embargo, a partir de B. H. Roberts, los investigadores del Libro de Mormón comenzaron a reconocer la tensión que la adopción y adaptación tan generalizadas del lenguaje de la Biblia del rey Santiago introducían en el texto del Libro de Mormón. Roberts observó que muchos Santos de los Últimos Días, familiarizados tanto con el Urim y Tumim como con la piedra vidente marrón, sostenían una perspectiva de la traducción en la que las planchas de oro y el Libro de Mormón estaban mucho más estrechamente relacionados:

En los últimos años, la manera en que se tradujo el Libro de Mormón ha sido un tema muy debatido. Debido a una idea errónea —según mi opinión— respecto de la función que desempeñó el Urim y Tumim en la obra de traducción, los autores antimormones han afirmado repetidamente que los errores verbales y gramaticales que aparecen en la traducción deben atribuirse al Señor, algo inconcebible. La comprensión popular entre los Santos de los Últimos Días acerca de la manera en que se realizó la traducción por medio del Urim y Tumim ha sido tal que atribuye los errores de la traducción a errores equivalentes presentes en el original nefita, los cuales, según se sostiene, se trasladaron literal y arbitrariamente a la traducción al inglés, algo completamente absurdo.

Sin embargo, Roberts consideraba que esa perspectiva no resistía un análisis minucioso. En un número de mayo de 1906 de la revista Improvement Era, Roberts argumentó que «aquí resulta suficientemente evidente […] que el Libro de Mormón no es una “traducción literal” del idioma nefita, es decir, en el sentido de haber sido trasladado palabra por palabra y letra por letra del nefita al inglés», lo cual dejaba pendiente la apremiante pregunta de quién era responsable de las expresiones propias de la Biblia del rey Santiago: «¿A quién pertenecen? ¿Al Urim y Tumim, al Señor o a José Smith?». En cuanto a la pregunta de quién era responsable de la presencia de lenguaje bíblico —como el de 1 Corintios 12— en el Libro de Mormón, Roberts escribió: «Cuando José Smith veía que el registro nefita citaba las profecías de Isaías o de Malaquías, o las palabras del Salvador, tomaba la Biblia en inglés y comparaba esos pasajes hasta donde eran paralelos; y al descubrir que eran semejantes en contenido, adoptaba nuestra traducción al inglés».

Las ideas de Roberts acerca de la traducción del Libro de Mormón pronto llegaron a conocerse como la teoría manual de la traducción —debido a que se originaron en un manual de la Asociación de Mejoramiento Mutuo de los Hombres Jóvenes de 1903–1904— y atribuían a José Smith el origen del inglés de la versión del rey Santiago presente en el Libro de Mormón. Roberts consideraba que quienes apoyaban la idea de que José Smith simplemente había realizado un «procedimiento mecánico», leyendo de una piedra el texto del Libro de Mormón, habían interpretado erróneamente las declaraciones de hombres como David Whitmer o Martin Harris. En cambio, Roberts recurrió al lenguaje de Doctrina y Convenios 9 para explicar «la manera en que tradujo el Libro de Mormón». Según esta explicación, José Smith miraba las piedras y «veía allí, mediante el poder de Dios y el don que Dios le había concedido, los antiguos caracteres nefitas; y al concentrar todas las facultades de su mente para conocer su significado, la interpretación que surgía en su mente como resultado de ese esfuerzo […] se reflejaba en el instrumento sagrado, donde permanecía hasta que el escribiente la registraba correctamente». De este modo, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días entró en el siglo XX con dos modelos operativos de la traducción del Libro de Mormón: uno según el cual José Smith leía palabras en inglés que aparecían en un instrumento y otro según el cual empleaba «todas las facultades de su mente» para traducir al inglés el idioma de las planchas de oro.

Aproximadamente el siguiente medio siglo se dedicó en gran medida a analizar la tensión creada por la teoría manual de Roberts. Sidney B. Sperry, al hablar específicamente de 1 Corintios 12 y Moroni 10, señaló: «Para todos resulta evidente que existe entre estos dos pasajes una relación mayor que una simple coincidencia. Ciertamente, existen grandes diferencias entre ambos textos, pero también grandes semejanzas». La solución de Sperry era semejante a la de Roberts: «Cuando el profeta José Smith encontraba un pasaje que contenía declaraciones que le recordaban otras semejantes del Nuevo Testamento, sin duda recibía la influencia de su redacción y las utilizaba siempre que le era posible». En una respuesta publicada el 29 de julio de 1961 en la sección Church News del periódico Deseret News, Hugh Nibley evitó en gran medida la pregunta de quién era responsable, pero sí abordó la pregunta de dónde. Al hablar específicamente de las conexiones entre 1 Corintios 13 y Moroni 7 —una comparación muy semejante a nuestro caso de estudio—, Nibley sostuvo que esas conexiones podían explicarse fácilmente mediante la existencia de un texto primigenio, una fuente más antigua disponible tanto para Pablo como para los nefitas. Nibley consideraba que esto constituía «una confirmación de la autenticidad del Libro de Mormón cuando Pablo y Moroni citan un escrito hebreo que en otro tiempo fue ampliamente conocido, pero que ahora se ha perdido». Finalmente, en un artículo de 1977 publicado en la revista Ensign, Richard Lloyd Anderson reafirmó en gran medida la teoría manual de Roberts al escribir que «el lenguaje de las secciones del Libro de Mormón que corresponden a partes de la Biblia fue seleccionado habitualmente por José Smith, en lugar de obtenerse mediante una traducción independiente». Anderson probablemente se refería con esta declaración a las extensas citas de Isaías, pero sus observaciones también podrían aplicarse a nuestro caso de estudio.

La publicación del artículo de Anderson en la revista Ensign pudo haber sugerido a algunas personas que la teoría manual de Roberts se había convertido, al menos de manera implícita, en la postura oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Sin embargo, un artículo publicado en 1987 en Dialogue cuestionó la teoría de Roberts. Este artículo, escrito por Blake Ostler, abogado Santo de los Últimos Días, llevó la idea de la contribución de José Smith a la traducción del Libro de Mormón hasta un punto que algunos Santos de los Últimos Días consideraron incómodo. Ostler sostuvo que el Libro de Mormón ocupaba esencialmente un espacio entre un documento antiguo auténtico y un texto moderno en inglés. Según Ostler, José Smith:

proporcionó comentarios, interpretaciones, explicaciones y aclaraciones amplios y autorizados, basados en ideas procedentes del antiguo texto del Libro de Mormón y de la Biblia del rey Santiago. El resultado es una perspectiva moderna del mundo y una comprensión teológica superpuestas al texto del Libro de Mormón proveniente de las planchas.

Por consiguiente, la mejor manera de comprender el Libro de Mormón es como:

un texto antiguo transmitido mediante la mente de José Smith, quien intentó expresar su mensaje utilizando categorías de comprensión que resultaran significativas para él y para sus contemporáneos.

Ostler reconoció abiertamente que abordaba su análisis del Libro de Mormón desde «la experiencia de un creyente», y probablemente su teoría representaba un intento por encontrar un punto medio adecuado entre las críticas cada vez mayores que algunos investigadores dirigían al texto y quienes generalmente se resistían a cualquier crítica del libro. Stephen E. Robinson, uno de esos investigadores, lamentó que la teoría de Ostler exigiera que los miembros creyentes de la Iglesia «aceptaran como verdades establecidas tres suposiciones a priori que son contrarias a las enseñanzas de la Iglesia y que, en mi opinión, no son sino una capitulación encubierta ante los argumentos de los opositores de la Iglesia». En cierto sentido, Ostler simplemente estaba llevando la teoría manual de Roberts hasta su conclusión lógica: si José Smith podía incluir en el Libro de Mormón, mediante algún proceso revelador, su propio lenguaje y redacción, ¿no podría también haber influido en la representación cristianizada de ciertos acontecimientos, como la descripción del discurso del rey Benjamín de maneras que aludieran a los movimientos de avivamiento cristiano del siglo XIX?

Algunos investigadores Santos de los Últimos Días respondieron regresando a la postura principal que muchos creyentes habían sostenido antes de Roberts: la idea de que el texto de las planchas de oro y el texto en inglés del Libro de Mormón estaban estrechamente relacionados. John W. Welch propuso que las citas internas del Libro de Mormón, la presencia de quiasmos, el uso cuidadoso y preciso de la terminología jurídica y su «extraordinaria complejidad textual» sugieren —junto con las declaraciones de testigos de la traducción como David Whitmer— que el Libro de Mormón en inglés «se correspondía de alguna manera, punto por punto, con el escrito antiguo que se estaba traduciendo […], aunque no es posible saber en todos los casos cuán estrecha era esa relación o conexión». Royal Skousen, profesor de Lingüística de la Universidad Brigham Young, defendió una perspectiva de la traducción semejante a la de Welch y propuso de manera útil tres categorías: «control absoluto» —lo cual significa que el lenguaje del Libro de Mormón en inglés coincide exactamente con el lenguaje que aparecía en las piedras y que los errores se corregían de inmediato—; «control flexible» —lo cual significa que José Smith pudo haber ejercido cierta influencia y capacidad de decisión sobre la manera en que aparecía el lenguaje del Libro de Mormón en inglés—; y la opción preferida por Skousen, «control estricto» —lo cual significa que el lenguaje del Libro de Mormón en inglés era revelado a José Smith y que él lo leía en las piedras, aunque podían cometerse errores, como los ortográficos—.

Según el ensayo de Temas del Evangelio publicado en el sitio web oficial de la Iglesia, parece que la postura de Welch y Skousen ha prevalecido en términos generales. Las declaraciones de Martin Harris y David Whitmer —que Roberts rechazó— desempeñan una función fundamental, al igual que una declaración de Emma Smith según la cual José «no tenía ningún manuscrito ni libro del cual leer». Esto hace muy poco probable que el propio José hubiera proporcionado las extensas citas bíblicas presentes en el Libro de Mormón, como Moroni 10:12–17. Sin embargo, la Biblia está allí. Primero Corintios 12:11–12 está allí. Como observó de manera humorística Brant Gardner, investigador del Libro de Mormón: «¿José estaba leyendo la Biblia del rey Santiago, pero al mismo tiempo no estaba leyendo la Biblia del rey Santiago? ¡Qué delicioso dilema!».

Entonces, ¿en qué situación nos deja esto respecto de nuestro estudio de Moroni 10:12–17 y de la pregunta de quién, junto con las preguntas relacionadas de cuándo y dónde? ¿Cómo deben comprender los lectores, por un lado, la presencia clara y evidente de 1 Corintios 12:11–12 y, por otro, interpretar los cambios introducidos en el análisis de Pablo acerca de los dones carismáticos? El análisis historiográfico de esta sección sugiere que, por lo general, existen dos opciones interpretativas: la teoría manual propuesta por B. H. Roberts y seguida por Sidney Sperry, Richard Anderson y Blake Ostler; y la teoría del control estricto, defendida por Royal Skousen y John Welch. En este caso, las preguntas de cuándo y dónde son bastante sencillas. Para quienes pertenecen al primer grupo, Moroni 10:12–17 aparece en el Libro de Mormón porque la Biblia del rey Santiago se utilizó como parte del proceso de traducción. Para quienes pertenecen al segundo grupo, Moroni 10:12–17 está presente porque ese texto apareció en la piedra o las piedras y fue transcrito de manera estricta o precisa.

La pregunta de quién también es sencilla para quienes pertenecen al primer grupo: José Smith fue responsable de que Moroni 10:12–17 tuviera esa redacción, ya fuera porque abrió una Biblia y recurrió a ella durante el proceso de traducción o porque la visualizó de alguna manera en su mente, quizás mediante la memoria. Sin embargo, explicar quién fue responsable resulta más complicado para el segundo grupo. Las palabras aparecieron en la piedra o las piedras; José Smith las leyó y un escribiente las registró, pero ¿quién es la fuente de esas palabras en inglés? En otras palabras, ¿quién compuso la versión en el inglés de la Biblia del rey Santiago de Moroni 10:12–17 que apareció en la piedra o las piedras y que José Smith recitó? ¿Proporcionó Moroni, como custodio de las planchas, una traducción al inglés? ¿Existió una especie de comité divino de las Escrituras que trabajó tras bastidores para componer el texto en inglés? ¿O se encontraba Roberts en el camino correcto cuando sugirió que José podía concentrar de alguna manera «todas las facultades de su mente» para formular el texto en inglés? La identidad de quién continúa siendo una de las preguntas más provocadoras para quienes aceptan la teoría del control estricto.

Moroni 10:12–17, 1 Corintios 12:10–11 y la pregunta de por qué

Ahora comprendemos mejor cómo Moroni 10:12–17 adopta y adapta el texto de 1 Corintios 12:11–12, e incluso es posible que tengamos una idea más clara de quién fue responsable de colocarlo allí. Esto nos deja con la pregunta de por qué. ¿Por qué permitiría el Señor que un registro revelado divinamente acerca de hombres y mujeres que vivieron entre el año 600 a. C. y el 431 d. C. contuviera citas y alusiones claras y evidentes a la Biblia del rey Santiago, un registro publicado en 1611? Después de todo, la presencia de la Biblia del rey Santiago en las páginas del Libro de Mormón fue una de las primeras herramientas que los críticos utilizaron para desacreditar su historicidad. Sidney B. Sperry la denominó un «problema literario». Hugh Nibley se refirió a ella como el tercero de los «argumentos más devastadores contra el Libro de Mormón». Incluso sin considerar las 116 páginas perdidas ni la porción sellada, presumiblemente había suficiente contenido en las planchas de oro sin necesidad de incluir citas y alusiones al Nuevo Testamento.

El propio Libro de Mormón puede proporcionar algunas respuestas a esta pregunta. Por ejemplo, 2 Nefi contiene una extensa cita de las planchas de bronce que presenta una profecía de José de Egipto acerca de un «vidente escogido» —José Smith—. La profecía contiene el siguiente versículo:

Por lo tanto, el fruto de tus lomos escribirá; y el fruto de los lomos de Judá escribirá; y lo que escriba el fruto de tus lomos, y también lo que escriba el fruto de los lomos de Judá, crecerán juntamente para confundir las falsas doctrinas, y poner fin a las contenciones, y establecer la paz entre los del fruto de tus lomos, y llevarlos, en los postreros días, al conocimiento de sus padres, y también al conocimiento de mis convenios, dice el Señor. (2 Nefi 3:12)

Este versículo habla de la aparición de dos libros: uno procedente de los lomos de José y otro de los lomos de Judá. Este último sería, presumiblemente, la Biblia, el registro de la tribu de Judá. El primero sería entonces el Libro de Mormón, el registro de los descendientes de José. El Señor dice a José que esos dos registros «crecerán juntamente», lo cual deja a los lectores con la pregunta de qué significa exactamente esa expresión. ¿Cómo se unificarán ambos registros? Una posibilidad es que compartan el mismo lenguaje, las mismas expresiones: las de la Biblia del rey Santiago.

Otro ejemplo que habla de la unificación de la Biblia y el Libro de Mormón se encuentra en Mormón 7, el último capítulo escrito por Mormón antes de entregar el registro a su hijo Moroni. Al igual que en la profecía de José citada anteriormente, el propósito de Mormón es ilustrar la estrecha relación existente entre la Biblia y el Libro de Mormón:

Por tanto, arrepentíos, y sed bautizados en el nombre de Jesús, y asíos al evangelio de Cristo, el cual será expuesto ante vosotros, no solo en estos anales, sino también en los anales que llegarán de los judíos a los gentiles, los cuales procederán de los gentiles a vosotros. Porque he aquí, estos se escriben con el fin de que creáis en aquellos; y si creéis en aquellos, también creeréis en estos; y si creéis en estos, sabréis acerca de vuestros padres, y también de las obras maravillosas que entre ellos se efectuaron por el poder de Dios. (Mormón 7:8–9)

Aquí, «estos» se refiere al registro de Mormón, el Libro de Mormón. Uno de los propósitos de escribir y preservar el Libro de Mormón sería que sus lectores creyeran en «aquellos», es decir, en la Biblia. De manera semejante, quienes crean en «aquellos» —la Biblia— estarán predispuestos a creer en «estos» —el Libro de Mormón—. Aunque el análisis explícito de Mormón se centra en doctrinas fundamentales y en el conocimiento de convenios importantes, es posible que se adoptara el lenguaje de la Biblia del rey Santiago —como sucede en Moroni 10:12–17— para fortalecer la conexión entre ambos textos.

Más allá del propio texto del Libro de Mormón, Hugh Nibley presentó un argumento útil para explicar por qué el Libro de Mormón contiene conexiones textuales tan explícitas con la Biblia del rey Santiago. Nibley pregunta: «¿Por qué una persona que citara la Biblia ante lectores estadounidenses de 1830 no habría de utilizar la única versión de la Biblia que ellos conocían?». Después establece una comparación con Jesús y los apóstoles del Nuevo Testamento, quienes, al citar las Escrituras, no proporcionaban «sus propias traducciones inspiradas», sino que citaban la Septuaginta, «porque esa era la versión estándar aceptada de la Biblia que conocían los lectores del Nuevo Testamento en griego». En cuanto al asunto específico de las citas del Nuevo Testamento, como nuestro estudio de Moroni 10:12–17, Nibley responde: «Es cierto que en ambos casos habla el mismo Salvador y actúa el mismo Espíritu Santo; por tanto, podemos esperar las mismas doctrinas expresadas en el mismo lenguaje». Para Nibley, la solución consistía en reconocer que la Escritura del siglo XIX era la Biblia del rey Santiago, lo cual significaba que cualquier Escritura que apareciera durante ese siglo debía tener la apariencia y el lenguaje de esa versión: «Además, el Libro de Mormón está lleno de Escrituras y, para el mundo de la época de José Smith, la versión del rey Santiago era la Escritura, como hemos señalado; por consiguiente, grandes secciones del Libro de Mormón debían expresarse en el lenguaje de la versión del rey Santiago».

Las observaciones de Nibley son, en mi opinión, útiles para comprender por qué la Biblia del rey Santiago ejerció una influencia tan decisiva sobre el lenguaje del Libro de Mormón. La aparición del Libro de Mormón en el siglo XIX representaba una amenaza para una sociedad protestante que dependía profundamente del ideal de la sola scriptura. Por consiguiente, era necesario presentar el Libro de Mormón de una manera que evitara distanciar a su público principal: los cristianos fieles que creían en la Biblia. Como señaló Philip Barlow:

La nueva «Biblia de oro» habría resultado incomprensible fuera de un contexto bíblico. Fue impresa siguiendo el modelo de la Biblia, como una colección de libros, y originalmente se dividió en capítulos con contenidos semejantes a los bíblicos. Los protagonistas de su narración eran pueblos de origen bíblico, muchos de sus episodios eran paralelos a relatos de la Biblia y afirmaba tanto profetizar acerca de la Biblia como libro como constituir por sí misma el cumplimiento de una profecía bíblica.

Por esa razón, el Libro de Mormón, con sus expresiones propias de la Biblia del rey Santiago, parece estar perfectamente situado en una nación donde, desde sus comienzos, «la Biblia santificaba toda clase de discurso público» y «los colonos recurrían retóricamente a las Escrituras, no exactamente para discernir la voluntad de Dios, sino más bien para incorporar las palabras de Dios a sus argumentos». Como señaló el historiador Mark A. Noll, durante los años inmediatamente posteriores a la publicación del Libro de Mormón, la Biblia y su lenguaje volverían a ocupar un lugar central en los debates cada vez más hostiles acerca de la esclavitud y su abolición: «Cuando, a comienzos de la década de 1830, la esclavitud se convirtió en el centro de un intenso debate nacional, la cuestión de las Escrituras y su interpretación pasó a ocupar el primer plano. En una cultura nacional donde la palabra de Dios gozaba de una posición exaltada, los portavoces se apresuraron a recurrir a las Escrituras para respaldar sus posturas contradictorias en aquel debate sumamente polémico». En una cultura donde la Biblia «gozaba de una posición exaltada», ¿habría conseguido un libro de Escrituras redactado de otra manera la aceptación necesaria para impulsar la Restauración?

Naturalmente, el momento específico en que apareció el Libro de Mormón fue decisivo. El Libro de Mormón no fue la única obra que se presentó mediante lo que el investigador Eran Shalev denominó «seudobiblicismo», es decir, tratados políticos y otros textos redactados imitando el lenguaje de la Biblia del rey Santiago. Sin embargo, a diferencia de muchos textos seudobíblicos populares de la época, el Libro de Mormón evitó «las polémicas directas que caracterizaban muchos de los textos políticos seudobíblicos». En cambio, los textos del siglo XIX que afirmaban contener visitas o visiones divinas generalmente evitaban imitar el lenguaje de la Biblia del rey Santiago. Por tanto, el Libro de Mormón ocupó una posición excepcional dentro de las percepciones decimonónicas acerca de la Biblia y del uso del lenguaje bíblico, pues no podía agruparse fácilmente con otros textos de la época que presentaban un contenido o un lenguaje semejantes. Sin embargo, resulta significativo que ese seudobiblicismo perdiera popularidad poco después de la publicación del Libro de Mormón. Según Shalev: «Si se hubiera publicado más tarde, el Libro de Mormón quizá no se habría beneficiado de la fascinación de los estadounidenses por el seudobiblicismo […]. No obstante, para cuando comenzaron a sentirse los efectos de su decadencia, el Libro de Mormón ya había adquirido su propio impulso».

Entonces, ¿es esta la respuesta a por qué el Libro de Mormón depende tan ampliamente del lenguaje de la Biblia del rey Santiago? Ciertamente es una posible respuesta. Las primeras décadas del siglo XIX constituyeron una época en la que las reacciones ante el Libro de Mormón —un texto que parecía simultáneamente invitar y desafiar las comparaciones con la Biblia— podían resultar especialmente eficaces. Por ese motivo, el Libro de Mormón necesitaba hablar a esas personas en particular «según la manera de su idioma, para que entendiesen» (Doctrina y Convenios 1:24). La obra de Steven C. Harper ha demostrado que el Libro de Mormón realmente se comunicó con las personas de aquella época. Harper señala que «quienes se hicieron mormones casi siempre eran primero creyentes reflexivos en la Biblia que desconfiaban de los falsos profetas». En una época de creciente racionalidad y dependencia del sentido común, necesitaban pruebas, y muchos de los primeros conversos encontraron las que buscaban en las páginas del Libro de Mormón al compararlo con la Biblia.

Aunque centrarnos en las circunstancias históricas de la publicación del Libro de Mormón nos proporciona una respuesta acerca de por qué contiene pasajes como Moroni 10:12–17, eso no significa necesariamente que sea la única respuesta ni siquiera la mejor. John W. Welch, en su propia comparación entre Mateo 5–7 y 3 Nefi 12–14, coincide con gran parte del razonamiento de Nibley en lo referente a las citas bíblicas más extensas, pero todavía cuestiona la manera en que deben comprenderse otras coincidencias textuales:

Aspectos como estos pueden justificar suficientemente las semejanzas entre el Sermón del Templo en inglés y el inglés de la versión del rey Santiago empleado en el Sermón del Monte, pero no explican el origen del predominio abrumador de expresiones idénticas en ambas traducciones. Para explicar la correspondencia casi exacta de las expresiones entre estos dos textos se necesita algo más que un vocabulario común, las necesidades de los lectores o la idoneidad del significado.

Reflexiones finales

En su reciente libro The Annotated Book of Mormon, Grant Hardy incluye un excelente ensayo acerca de la relación entre la Biblia y el Libro de Mormón. Al hablar de las diferentes conexiones intertextuales, Hardy escribe: «Aunque muchas de las expresiones bíblicas del Libro de Mormón parecen un tanto fortuitas, como un saludo amistoso de un libro a otro, otras manifiestan un grado sorprendente de ingenio o sofisticación cuando se entrelazan formando patrones complejos, presuponen un conocimiento del contexto original o adaptan creativamente la redacción de la Biblia del rey Santiago». Estoy de acuerdo con Hardy: la manera en que el Libro de Mormón interactúa con la Biblia es verdaderamente uno de los elementos más extraordinarios de este libro extraordinario. La dificultad consiste en comunicar esta complejidad de una manera que permita a nuestros alumnos verla y apreciarla como un testimonio del origen divino del Libro de Mormón, en lugar de considerarla una señal de debilidad humana. ¿Representa esta intertextualidad un problema? Quizás. Sin embargo, no es un problema que carezca de solución, como he intentado demostrar aquí. A quienes, como yo, reflexionen con frecuencia sobre la mejor manera de atravesar este campo minado intertextual, les recomiendo concentrarse en tres puntos generales, representados por las tres partes de este ensayo.

Primero, tengan preparado un ejemplo específico del lenguaje del Nuevo Testamento presente en el Libro de Mormón para poder analizarlo. Considero que Moroni 10:12–17 funciona bien, razón por la cual lo escogí como caso de estudio para este artículo; sin embargo, otras posibilidades incluyen 1 Nefi 10 y Juan 1, así como Moroni 7 y 1 Corintios 13. Moroni 10:12–17 permite que los alumnos reconozcan dos temas generales: (1) el lenguaje del Nuevo Testamento se encuentra clara e intencionalmente presente en el texto; y (2) los autores del Libro de Mormón adaptan con frecuencia ese lenguaje para ajustarlo a sus necesidades, ya sea mediante la ampliación o la condensación. Esto permite que los alumnos comprendan que el Libro de Mormón no se limita a copiar la Biblia; más bien, toma sus semillas textuales y las ayuda a crecer hasta convertirse en algo singular.

Segundo, prepárense para explicar las diferentes posibilidades relacionadas con las preguntas de quién, cuándo y dónde. He observado que el deseo de encontrar una respuesta a alguna variante de esas preguntas es lo que normalmente lleva al alumno a plantear la inquietud en primer lugar. No es necesario que sea un análisis extenso, pero presentar, por ejemplo, la teoría manual junto con la teoría del control estricto puede demostrar a los alumnos que existen distintas maneras de visualizar la composición del Libro de Mormón. He comprobado que mis alumnos no necesitan necesariamente saber cuál de ellas acepto personalmente; sencillamente agradecen conocer las posibilidades y sentir que no les estoy ocultando información.

Finalmente, el análisis conduce inevitablemente a otra pregunta: ¿por qué escogería el Señor incluir en el Libro de Mormón algo que produciría tanta confusión y debate? Es aquí donde considero útil hablar acerca del porqué. El Libro de Mormón apareció en un momento específico y predeterminado. Jesús mismo instruyó a los nefitas acerca de las circunstancias de la aparición del Libro de Mormón en 3 Nefi 21. Por tanto, podemos suponer que el Señor escogió deliberadamente los primeros años del siglo XIX. Además, el Libro de Mormón declara repetidamente que se dirige de manera específica a generaciones futuras y que sus autores conocían nuestros desafíos y circunstancias modernos. Ellos sabían cómo escribir de una manera que resultara significativa para los lectores modernos mediante un «espíritu familiar» (2 Nefi 26:16). En mi opinión, el hecho de que la voz de la versión del rey Santiago en el Libro de Mormón pueda parecer en ocasiones demasiado familiar debe considerarse una ventaja y no una desventaja.

Como educadores religiosos, ciertamente no deseamos cerrar la puerta ni juzgar demasiado rápido a aquellos alumnos inquisitivos que puedan sentirse preocupados porque la presencia de la intertextualidad del Nuevo Testamento en el Libro de Mormón parezca constituir, ante todo, una evidencia clara y directa de que José Smith plagió la Biblia al componer el Libro de Mormón. Después de todo, una vez que se reconocen las conexiones bíblicas, resulta difícil dejar de verlas, y a veces la respuesta más evidente puede ser la más fácil de aceptar. Para casos como este, recomiendo recurrir a la observación de Hardy de que el Libro de Mormón integra el lenguaje del Nuevo Testamento con un «grado sorprendente de ingenio y sofisticación». A continuación se presentan diez pasajes del Libro de Mormón que, en mi opinión, ejemplifican las afirmaciones de Hardy acerca de su sofisticación estructural y de la manera en que contextualizan e incluso recontextualizan el Libro de Mormón.

Ejemplo 1

Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Ve a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti y cómo ha tenido misericordia de ti. (Marcos 5:19)

Sí, ¿y cómo es que habéis olvidado cuán grandes cosas el Señor ha hecho por nosotros, librándonos de las manos de Labán y haciendo posible que obtuviéramos los anales? (1 Nefi 7:11)

En este ejemplo, el primer pasaje, pronunciado por Jesús al hombre gadareno poseído después de que Jesús expulsara a «Legión», aparece ahora en boca de Nefi cuando describe cómo fue librado de Labán. Se establece un contraste fundamental entre aquel hombre, que ahora posee fe, y Lamán y Lemuel, quienes continúan careciendo de ella.

Ejemplo 2

Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego y columnas de humo. (Joel 2:30)

Y daré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra: sangre, y fuego y vapor de humo. (Hechos 2:19)

He aquí, hermanos míos, os digo que estas cosas deben acontecer en breve; sí, deben venir sangre, y fuego y vapor de humo; y necesariamente será sobre la faz de esta tierra; y sobrevendrá a los hombres según la carne, si es que endurecen sus corazones contra el Santo de Israel. (1 Nefi 22:18)

En este ejemplo, tanto Nefi como Pedro parafrasean en 1 Nefi 22:18 y Hechos 2:19 una profecía de Joel del Antiguo Testamento. Sin embargo, el lenguaje de la paráfrasis de Nefi se asemeja más a la versión de Pedro que a la de Joel. Esto sugiere que, incluso cuando el Libro de Mormón podría citar fácilmente el Antiguo Testamento de la versión del rey Santiago, escoge el lenguaje de su Nuevo Testamento.

Ejemplo 3

¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Romanos 7:24)

Sin embargo, no obstante la gran bondad del Señor al mostrarme sus grandes y maravillosas obras, mi corazón exclama: ¡Oh, miserable de mí! Sí, mi corazón se entristece a causa de mi carne; mi alma se aflige a causa de mis iniquidades. (2 Nefi 4:17)

En estos ejemplos, el texto del Libro de Mormón refleja el contexto del pasaje del Nuevo Testamento, pues tanto Pablo como Nefi meditan sobre su estado caído y reconocen su absoluta necesidad de un Salvador y Redentor amoroso.

Ejemplo 4

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas; y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. (Hechos 9:18)

Y entonces se regocijarán; porque sabrán que es una bendición para ellos procedente de la mano de Dios; y las escamas de obscuridad empezarán a caer de sus ojos; y no pasarán muchas generaciones entre ellos sin que sean un pueblo puro y deleitable. (2 Nefi 30:6)

Aquí, el tema de la ceguera física —en el caso de Pablo— se transforma en un ejemplo de ceguera espiritual —en el caso de los lamanitas—.

Ejemplo 5

Y él le dijo: Hija, tu fe te ha sanado; ve en paz y queda sana de tu aflicción. (Marcos 5:34; compárese con Mateo 9:22; Marcos 10:52; Lucas 8:48; 17:19)

Y me dijo: Por tu fe en Cristo, a quien nunca jamás has oído ni visto […], por tanto, ve, tu fe te ha sanado. (Enós 1:8)

Al igual que en los pasajes anteriores, en el Libro de Mormón un ejemplo de algo físico se transforma en algo espiritual. En este caso, el primer pasaje habla de la sanación física de la mujer que padecía un flujo de sangre, mientras que el segundo testifica de la sanación espiritual de Enós; en ambos casos, la fe constituye el factor determinante.

Ejemplo 6

Diciendo: Déjanos; ¿qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios. (Marcos 1:24; compárese con Mateo 8:29)

Y cuando el rey hubo oído estas palabras, dijo a sus sacerdotes: Llevad a este individuo y matadlo; porque ¿qué tenemos nosotros que ver con él?, pues está loco. (Mosíah 13:1)

En este ejemplo, el lenguaje que originalmente se encontraba en boca de espíritus malignos o demonios se recontextualiza como palabras pronunciadas por el rey Noé, lo cual sugiere que él es como un espíritu maligno o un demonio que debe ser expulsado del pueblo nefita.

Ejemplo 7

A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de las cosas pertenecientes al reino de Dios. (Hechos 1:3)

Y aconteció que Alma, teniendo autoridad de Dios, ordenó sacerdotes; ordenó un sacerdote por cada cincuenta de ellos para que les predicara y les enseñara acerca de las cosas pertenecientes al reino de Dios. (Mosíah 18:18)

Este es otro ejemplo en el que el Libro de Mormón refleja el contexto del Nuevo Testamento. Ambos pasajes hablan del contexto compartido de las bendiciones que pueden surgir del establecimiento de una nueva iglesia.

Ejemplo 8

Un Señor, una fe, un bautismo. (Efesios 4:5)

Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo. (Colosenses 2:2)

Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también nosotros para con vosotros. (1 Tesalonicenses 3:12)

Y les mandó que no hubiera contención entre unos y otros, sino que mirasen hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, y entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro. (Mosíah 18:21)

Este ejemplo resulta instructivo porque ayuda a los lectores a percibir cuán compleja puede ser la estructura de algunas formas de intertextualidad. En este caso, expresiones procedentes de tres textos diferentes del Nuevo Testamento se combinan para formar un solo versículo del Libro de Mormón.

Ejemplo 9

Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. (Juan 1:14)

Os digo que sé por mí mismo que cuanto os diga concerniente a lo que ha de venir es verdadero; y os digo que sé que Jesucristo vendrá, sí, el Hijo, el Unigénito del Padre, lleno de gracia, de misericordia y de verdad. Y he aquí, él es quien viene para quitar los pecados del mundo, sí, los pecados de todo hombre que crea firmemente en su nombre. (Alma 5:48)

Y de aquí a no muchos días el Hijo de Dios vendrá en su gloria; y su gloria será la gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia, de equidad y de verdad; lleno de paciencia, misericordia y longanimidad; presto para oír los clamores de su pueblo y contestar sus oraciones. (Alma 9:26)

En este ejemplo, el lenguaje de Juan acerca de que Jesús está «lleno de gracia y de verdad» se adapta a dos contextos muy diferentes. Al dirigirse a la ciudad de Zarahemla, Alma, hijo, inserta la palabra «misericordia» entre «gracia» y «verdad», quizás para sugerir que el Señor los escucharía y los bendeciría como resultado de su arrepentimiento. Sin embargo, al hablar a la ciudad de Ammoníah, que estaba a punto de ser destruida, Alma reemplaza «misericordia» por «equidad». En ambos casos, la palabra insertada entre «gracia» y «verdad» anticipa los resultados de los esfuerzos misionales de Alma.

Ejemplo 10

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! (Juan 11:43)

Y aconteció que fue y tomó a la reina de la mano, para ver si podía levantarla del suelo; y tan pronto como le tocó la mano, ella se levantó y se puso de pie, y clamó en alta voz, diciendo: ¡Oh bendito Jesús, que me has salvado de un terrible infierno! ¡Oh Dios bendito, ten misericordia de este pueblo! (Alma 19:29)

Aquí encontramos dos escenas semejantes en las que dos personas son levantadas milagrosamente. Sin embargo, la función que desempeña Jesús en el relato de Juan se refleja de manera cautivadora tanto en Abish como en la reina lamanita.

Al reflexionar sobre la redacción de este ensayo y considerar la pregunta de por qué el Nuevo Testamento de la versión del rey Santiago se encuentra presente en las páginas del Libro de Mormón, hay dos puntos importantes que sobresalen por encima de todos los demás. Primero, existen muchas preguntas para las cuales no tenemos respuestas firmes en lo referente a la composición del Libro de Mormón en inglés, y eso está bien. No siempre necesitamos tener una respuesta para cada pregunta, por mucho que lo deseemos. Segundo, estas preguntas no deben distraer a los lectores del Libro de Mormón del hecho de que este libro es sagrado y posee un origen divino. Es un texto dirigido por la mano de la Providencia específicamente para estos últimos días. Nuestros alumnos continuarán teniendo preguntas acerca del Libro de Mormón: el cómo, el quién y el porqué. Sin embargo, en nuestros esfuerzos por abordar el lenguaje del Nuevo Testamento, no debemos dejar sin mencionar los orígenes divinos del libro. El Libro de Mormón es una extraordinaria obra de Escrituras que ha ejercido una gran influencia en mí y que, sin duda, continuará haciéndolo a medida que siga estudiando y meditando sus palabras. Aprecio particularmente sus complejidades —como su relación con la Biblia— y espero con entusiasmo lo que este maravilloso texto nos revelará durante los próximos años.

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