La interacción entre la naturaleza divina y el cuidado divino según Jacob 5
Caylor Hafen
RESUMEN: Este ensayo sostiene que Jacob 5, comúnmente entendido como una alegoría de la reconciliación de Israel con Cristo, también proporciona enseñanzas acerca de la reconciliación individual mediante la interacción entre la naturaleza divina y el cuidado divino. La alegoría presenta a los hijos de Dios como poseedores de una naturaleza divina inherente, simbolizada por el olivo cultivado, al mismo tiempo que recalca la necesidad constante del cuidado divino por medio de la atención y la intervención del Señor. Mediante el análisis de temas como el fruto natural, el orgullo, el arrepentimiento y la influencia del entorno, el estudio demuestra cómo Jacob aplicó la alegoría a un pueblo que experimentaba una decadencia espiritual. El ensayo también destaca enseñanzas para los maestros y líderes del Evangelio de la actualidad, y demuestra que el crecimiento espiritual depende del arrepentimiento continuo, de la receptividad a la influencia protectora del Señor y de los persistentes esfuerzos del Señor por cultivar nuestro potencial divino.
PALABRAS CLAVE: Jacob 5, naturaleza divina, alegoría del olivo, cuidado divino, reconciliación con Cristo, enseñanza del Evangelio
Al procurar cuidar de un pueblo que comenzaba a transitar por el camino del orgullo —lo cual incluía la búsqueda de riquezas y la transgresión de la ley de castidad—, Jacob abordó esas preocupaciones, en parte, mediante la enseñanza de la alegoría de los olivos cultivados y silvestres. A primera vista, podría parecer extraño que hablara de la dispersión y el recogimiento de Israel como respuesta a las graves y crecientes necesidades de su pueblo. Sin embargo, un análisis más minucioso pone de manifiesto el poder de su método.
Aunque Jacob 5 suele considerarse una alegoría de la manera en que Israel, en conjunto, será reconciliado con Cristo (Jacob 4:11), también puede servir como ejemplo de cómo las personas pueden reconciliarse personalmente con Él. Esta interpretación podría explicar por qué Jacob utilizó una alegoría tan extensa. Muchas enseñanzas del profeta Isaías —con quien Jacob estaba muy familiarizado— se asemejan al método de Jacob, pues utilizan un acontecimiento diferente del pasado, del presente o del futuro para enseñar acerca de otro acontecimiento.
La naturaleza divina y el cuidado divino como temas fundamentales de Jacob 5
La alegoría comienza declarando que la casa de Israel se compara con «un olivo cultivado que un hombre tomó y nutrió en su viña» (versículo 3). La secuencia de los acontecimientos resulta digna de atención. El olivo ya posee dos atributos intrínsecamente positivos antes de que el señor de la viña tome posesión de él. Es cultivado y es un olivo, es decir, un árbol capaz de producir fruto. Este olivo no es intrínseca ni naturalmente malo. Por tanto, el propósito del jardinero no consiste en transformar algo malo en algo bueno, sino en ayudar al árbol a producir «ramas nuevas y tiernas» (versículo 4), es decir, un nuevo crecimiento. Resulta significativo que, cuando se describe el árbol por primera vez (versículo 3), no se mencione ningún fruto. Este solamente aparece después de la intervención del Señor de la viña y de la aparición de ramas nuevas y tiernas (versículo 8), lo cual sugiere que ambos elementos son necesarios para producir fruto.
La alegoría utiliza diez veces la expresión «fruto natural» en siete versículos (versículos 17, 61, 64, 68, 73–75). Cada caso se refiere directa o indirectamente al fruto natural como un fruto bueno. En tres de esos siete versículos se lo denomina directamente «bueno» (versículos 17, 61, 75). En siete versículos, el «fruto natural» constituye el resultado que el jardinero procura obtener mediante sus esfuerzos (versículos 17, 61, 64, 68, 73–75). En cinco versículos, el jardinero se refiere a ese fruto como algo digno de preservarse (versículos 17, 64, 74, 75, 77). El «fruto bueno» se menciona en otra ocasión como algo que merece ser preservado (versículo 77). Al fruto se lo denomina «el más precioso de todos los demás frutos» (versículo 61) y el «más precioso para [el Señor de la viña] desde el principio» (versículo 74). El adjetivo «cultivado» también se utiliza como sinónimo de «natural» en tres ocasiones (versículos 14, 18, 25). La expresión «fruto silvestre» se utiliza una vez en contraste con el «fruto cultivado» (versículo 25) y dos veces en contraste con el «fruto bueno» (versículos 40, 45). La expresión «fruto amargo» se relaciona una vez con las ramas silvestres (versículo 57). La producción de fruto amargo constituye un criterio suficiente para «arrancar» (versículos 52, 57) o «despejar» (versículo 65) una rama. En uno de esos casos, solamente se escogen para ser arrancadas las ramas que producen los frutos «más amargos» (versículo 57), lo cual sugiere la existencia de una variedad gradual que se extiende desde el fruto natural hasta el amargo. La frecuencia de algunos términos escogidos para comparar el fruto natural, cultivado y silvestre se presenta en la tabla 1. La clara intención del Señor de la viña es producir una mayor cantidad del fruto natural de un árbol que ya es cultivado, haciendo surgir con cuidado una manifestación más plena de su verdadera naturaleza. En la tabla 2 se presenta un resumen de los términos relacionados con ese cuidado.
Esta interacción entre una naturaleza divina y el cuidado divino necesario para fomentar esa naturaleza inherente resulta especialmente significativa cuando consideramos a los oyentes originales de Jacob y el tema de la reconciliación con Cristo (Jacob 4:11). Nefi registró que «procurábamos observar los juicios, y los estatutos y los mandamientos del Señor en todas las cosas» (2 Nefi 5:10), y que «el Señor estaba con nosotros; y prosperamos en gran manera» (versículo 11). Sin embargo, después de la muerte de Nefi (Jacob 1:12), Jacob escribió que «el pueblo de Nefi […] empezó a endurecerse de corazón y a entregarse hasta cierto punto a prácticas inicuas» (versículo 15). Esto se asemeja a la descripción de Jacob de un árbol cultivado que anteriormente había producido mucho fruto bueno (Jacob 5:20), pero que ahora producía mucho fruto sin que ninguno fuera bueno (versículo 32). Aunque el árbol era cultivado, necesitaba la intervención continua del jardinero para seguir produciendo fruto natural y bueno. El árbol, aun siendo intrínsecamente cultivado y bueno, era propenso a deteriorarse. De manera semejante, Jarom, nieto de Jacob, escribió posteriormente que solo al «trabajar diligentemente» (Jarom 1:11) los profetas, sacerdotes y maestros lograron evitar que el pueblo fuera «destruido de sobre la faz de la tierra; porque les punzaban el corazón con la palabra, incitándolos continuamente al arrepentimiento» (versículo 12).
El lenguaje de Jarom es semejante a la enseñanza de su abuelo en Jacob 5, lo cual sugiere que Jarom reconoció los paralelismos entre la viña de Jacob 5 y las personas a quienes Jacob se dirigía, aquellas que «[empezaban] a endurecerse de corazón» (Jacob 1:15). Una observación de Mormón sugiere que él también reconoció los mismos paralelismos presentados por Jacob. Mormón registra los esfuerzos del rey Benjamín, quien, «con la ayuda de los santos profetas», «habló la palabra de Dios con poder y autoridad; y emplearon mucha severidad a causa de la obstinación del pueblo», lo que dio como resultado que «nuevamente se estableció la paz en la tierra» (Palabras de Mormón 1:16–18).
Al comparar a sus oyentes con el árbol de esta alegoría particular, Jacob reconoce simultáneamente la naturaleza divina de su pueblo y la necesidad del cuidado divino para que dicha naturaleza pueda desarrollarse plenamente. Además, reconoce la necesidad del arrepentimiento continuo y de la intervención constante del Señor y Sus siervos para evitar un estado «silvestre» o «amargo».
Los profetas modernos también han declarado la necesidad del «arrepentimiento diario», al mismo tiempo que recalcan la naturaleza divina propia de cada hijo de Dios como algo «“genético espiritualmente”, heredado de nuestros Padres Celestiales y que no requiere ningún esfuerzo de nuestra parte».
Esta relación entre el verdadero estado natural del árbol y del fruto con el estado deseado resulta extraordinaria, especialmente si consideramos varios pasajes de las Escrituras que parecen indicar lo contrario. Jacob 5 proporciona un equilibrio esencial para comprender nuestra naturaleza divina. Puede resultar útil que los alumnos destaquen la bondad inherente del árbol y analicen el contraste entre este pasaje y otras Escrituras conocidas —por ejemplo, Mosíah 3:19 y Moisés 1:10, 13—, demostrando que, aunque en la tierra podamos tener una tendencia natural hacia el deterioro, el hombre natural es intrínsecamente bueno. Los alumnos comprenderán con mayor plenitud el amor infinito que Dios siente por ellos cuando entiendan el valor que poseen ante el Señor. Cada hijo de Dios posee una bondad inherente que puede desarrollarse fácilmente cuando confía en el Señor. El Señor tiene buenas razones para buscar «incansablemente» a Sus hijos.
El orgullo como antítesis de la naturaleza divina
En el libro de Jacob, el orgullo se presenta como la antítesis de la naturaleza divina. El siervo del señor observa que «la altura de [la] viña» y que «las ramas […] vencieron a las raíces que eran buenas […], tomando para sí fuerza» (Jacob 5:48) fueron los factores que corrompieron la viña y provocaron la producción de frutos «malos» y «corrompidos», en lugar de frutos «naturales». En el contexto de las personas a quienes Jacob se dirigía, las observaciones del siervo del señor poseen gran importancia. Anteriormente, Jacob había amonestado al pueblo porque se había «envanecido en el orgullo de [sus] corazones, y [andaba] con el cuello erguido y la cabeza en alto por razón de lo costoso de [sus] vestidos» (Jacob 2:13). Los amonestó para que no permitieran que «este orgullo de [sus] corazones [destruyera sus] almas» (versículo 16). Jacob no condena necesariamente la búsqueda de riquezas; más bien, el problema reside en la intención de las personas. Su orgullo consistía específicamente en buscar riquezas por razones distintas a hacer el bien y cuidar de sus semejantes (versículos 17–19).
Este error de intención se asemeja a la imagen de las ramas que vencen a las raíces y «toman para sí fuerza». Aunque el crecimiento de un árbol puede conducir posteriormente a la producción de más fruto, un árbol que crece a expensas de su fruto «de nada [serviría]» (Jacob 5:46). Si consideramos que las raíces simbolizan el propósito y la intención del árbol, y que las ramas representan sus ambiciones, entonces las ramas que crecen hasta vencer a las raíces producirían fruto silvestre. Este simbolismo explicaría además por qué se valoran las raíces del olivo cultivado, pero no las del olivo silvestre, aunque las ramas de ambos árboles puedan producir fruto cuando se injertan en raíces cultivadas.
Debido a su naturaleza, el orgullo resulta difícil de corregir. Es un parásito que ciega a quienes lo padecen para que no reconozcan su presencia en sí mismos, mientras facilita que lo perciban en los demás. El presidente Henry B. Eyring señaló el valor de utilizar un método indirecto para reducir el orgullo: «Por ejemplo, podrían tener un éxito limitado si simplemente pidieran a un niño que se arrepintiera del orgullo […]. A medida que lo ayuden a aumentar su fe en que Jesucristo es su amoroso Redentor, sentirá el deseo de arrepentirse. Al hacerlo, la humildad comenzará a reemplazar el orgullo». En definitiva, la fe es una decisión que cada alumno debe tomar por sí mismo. Sin embargo, exponer constantemente a los alumnos a entornos donde esté presente el Espíritu y enseñarles la doctrina verdadera facilita esa decisión.
La influencia del entorno en la naturaleza divina
Al enseñar la alegoría del olivo, Jacob no solamente reconoció la función que desempeñan los factores ambientales en el desarrollo de la naturaleza divina, sino que también proporcionó a los futuros maestros enseñanzas acerca de cómo responder a esos factores. Estos pueden organizarse en cuatro categorías. Dos de ellas son razonablemente predecibles: un entorno positivo produce un resultado positivo, o un entorno negativo produce un resultado negativo. Menos previsibles, pero igualmente instructivas, son las otras dos categorías, en las que un entorno positivo produce un resultado negativo, o uno negativo produce un resultado positivo. Algunos casos seleccionados se presentan en la tabla 3 y se relacionan con el análisis siguiente.
Al comienzo de la alegoría, se presenta a los lectores «un olivo cultivado que un hombre tomó y nutrió en su viña; y creció» (Jacob 5:3). La nutrición y la poda se relacionan con el crecimiento (versículos 3, 5–6, 48). El estado inicial del árbol como «cultivado» (versículo 3), junto con su capacidad de crecer después de recibir los cuidados del Señor de la viña (versículos 4–6), puede compararse con la naturaleza divina de todos los hijos de Dios. Resulta significativo que la primera vez que se menciona al Señor de la viña no se lo identifique mediante su título completo, sino sencillamente como «un hombre» (versículo 3). Quizás esto tenía el propósito de demostrar que el conocimiento personal que las personas poseen del Señor de la viña aumenta después de recibir cuidados y nutrición de Su mano.
Después de que el árbol es nutrido y crece, comienza inmediatamente a deteriorarse (versículo 3). Sin embargo, el Señor de la viña no parece alarmarse en ese momento. Este resultado negativo producido en un entorno positivo parece ser casi previsible. Para que el crecimiento continúe, es necesario podar. Para las personas a quienes Jacob se dirigía, esto podría representar la eliminación de hábitos o atributos negativos (capítulos 2–4). Resulta interesante que la poda vaya acompañada de una nutrición adicional (Jacob 5:5), la cual había fomentado anteriormente el crecimiento (versículo 3). Esto indica que el propósito del Señor de la viña es producir un crecimiento dirigido.
Se alcanza ese crecimiento dirigido y aparecen ramas nuevas y tiernas, pero la copa principal del árbol comienza a deteriorarse, lo cual pone en peligro todo el árbol (versículos 6–7, 11). Este es un episodio interesante. Aunque existen ramas nuevas y tiernas, todavía hay problemas importantes que causan daño. Esto produce la primera manifestación de pesar del Señor de la viña (versículo 11). Evidentemente, este resultado no era lo que se esperaba —o quizás lo que se deseaba—, pero se asemeja a lo ocurrido después del primer episodio de crecimiento, estancamiento y deterioro (versículo 3). Esta situación se relaciona con el episodio anterior del libro de Jacob, cuando algunos esposos y padres, debido a su codicia y sus transgresiones de la ley de castidad, dañaban el corazón de las mujeres y los niños, al que Jacob describió como «tierno» (Jacob 2:7, 33, 35; véase el capítulo 2). Aquí observamos dos enseñanzas: (1) el crecimiento nuevo y tierno se produce a pesar de un deterioro considerable (Jacob 5:6); y (2) la respuesta del Señor de la viña consiste en trasladar esos crecimientos nuevos y tiernos a un lugar separado (versículo 8), donde producirán fruto (versículos 19–25), aunque posteriormente se deteriorarán (versículos 39–46). Al mismo tiempo, injerta ramas silvestres en el árbol y, de ese modo, lo salva (versículos 17–18).
Aunque ese método pueda parecer extraño y quizás contrario a la intuición, resulta muy lógico dentro del contexto de las personas a quienes Jacob se dirigía. Al proporcionar al árbol algo diferente en lo cual concentrarse y a lo cual brindar su fortaleza —es decir, las ramas silvestres—, el árbol puede preservarse. Ese acto de dar contrasta claramente con la codicia y las transgresiones de la ley de castidad, las cuales podrían compararse con el importante deterioro que se estaba produciendo. Por consiguiente, un maestro, un padre o incluso un líder de la Iglesia puede fomentar el crecimiento de las personas que se encuentran bajo su cuidado al proporcionarles algo positivo a lo cual dedicar sus energías. Al mismo tiempo, es necesario proteger las ramas nuevas y tiernas.
Además, está el caso de las ramas silvestres que crecen en árboles silvestres. Es evidente que esas ramas no están destinadas a producir fruto bueno en su estado actual, ya que en ninguna parte del capítulo las ramas silvestres que crecen en árboles silvestres producen fruto cultivado. El Señor de la viña responde a esos casos injertándolas en un árbol que atraviesa dificultades, y después cava alrededor de ellas, las poda y las nutre (versículos 9–11). Este es, en esencia, el mismo tratamiento que se brinda a cualquier rama cultivada que haya comenzado a deteriorarse (versículo 5), al árbol después de que las ramas silvestres han comenzado a producir fruto y antes de que este se deteriore (versículos 28, 31), y al árbol principal cuando todas las ramas que experimentan dificultades vuelven a ser injertadas en él (versículos 58, 63, 71). Resulta significativo que las ramas silvestres no sean injertadas en árboles sanos que no estén experimentando dificultades ni deterioro. Quizás esto se deba sencillamente a que no existen árboles que funcionen perfectamente en la viña. También resulta interesante que tanto el árbol deteriorado como las ramas silvestres mejoren mediante el injerto (versículo 17). En el contexto de las personas a quienes Jacob se dirigía, esta idea podría resultar muy motivadora. Aunque su pueblo había comenzado a deteriorarse en el pecado, poseía el potencial de ayudar a quienes lo rodeaban y de mejorar personalmente mientras ayudaba a los demás.
En esta etapa, el Señor de la viña adopta un método nuevo: designa a un siervo para que vigile el árbol en crecimiento (versículo 12). Este recibe cuidados continuos, semejantes a los que proporciona la unidad de cuidados intensivos de un hospital. Mientras tanto, el Señor de la viña planta las ramas nuevas y tiernas en otros lugares de la viña para protegerlas (versículos 13–14).
La manera en que se protegen esas ramas nuevas y tiernas resulta interesante. Se las retira del árbol deteriorado, pero se las coloca en lugares pobres (versículos 21–23). Aunque el Señor de la viña declara inicialmente: «Las injertaré donde yo quiera» (versículo 8), el texto de las Escrituras no menciona que se las conecte con ninguna raíz, ya sea buena, cultivada o silvestre. En dos de los tres casos, las ramas nuevas y tiernas se encontraban en un entorno desfavorable y fueron colocadas en otro entorno también desfavorable, con tierra pobre y conectadas a raíces cuya condición no se especifica. Sin embargo, esos entornos aparentemente eran diferentes. Anteriormente, las ramas nuevas y tiernas estaban conectadas con raíces buenas, pero también con una copa principal deteriorada que las ponía en peligro (versículos 7–8). Después, se las coloca en una situación donde faltan raíces —o donde no se especifica su calidad— y no existen interferencias (versículo 8). Aunque la tierra puede ser pobre, es posible mejorarla mediante la nutrición (versículos 22–23).
Aunque podría parecer que las ramas nuevas y tiernas pasaron de un entorno negativo —el árbol deteriorado— a otro entorno igualmente negativo —la tierra pobre y una aparente falta de raíces buenas—, la nutrición prolongada les brinda la oportunidad de comenzar de nuevo. Mientras tanto, el árbol principal, que anteriormente se estaba deteriorando y recibió ramas silvestres, comienza a producir fruto (versículos 16–18). El texto presenta ramas nuevas y tiernas, sin ninguna raíz mencionada, que producen fruto natural en entornos desfavorables (versículos 20–24).
El texto también presenta una rama nueva y tierna en un entorno favorable que solamente produce una parte de fruto natural, a pesar de recibir la misma nutrición que las ramas más productivas (versículo 25). La alegoría puede interpretarse como una representación del efecto que las circunstancias difíciles ejercen sobre la naturaleza divina de las personas. En algunos casos, una circunstancia difícil —como no tener acceso a una raíz buena o ser colocada en un entorno desfavorable— produce resultados superiores a los de una rama situada en un entorno favorable. Aunque existen casos en los que las dificultades fomentan el crecimiento, también hay otros en los que provocan deterioro.
Una circunstancia difícil que produce deterioro aparece cuando el siervo y el Señor de la viña vuelven a visitar el árbol que estaba produciendo tanto fruto natural como fruto silvestre (versículos 39–40). El texto declara explícitamente que, debido a que no arrancaron las ramas que producían fruto silvestre, murió la rama que producía fruto natural (versículos 40, 45). El entorno difícil, en el que las ramas que producen fruto natural comparten espacio con aquellas que producen fruto silvestre, causa la corrupción de las primeras. De hecho, toda la viña se ha corrompido a pesar de la nutrición, la poda y la excavación constantes (versículos 41–44). Aunque el versículo 37 atribuye la corrupción del árbol original al hecho de que las ramas silvestres vencieron a las raíces, el deterioro posterior de las ramas cultivadas que fueron dispersadas sugiere que esa no es la única causa de corrupción dentro de la alegoría. Las plantaciones distantes también se deterioraron (versículo 39), independientemente de que originalmente fueran colocadas en tierra buena o pobre. En el contexto de las personas a quienes Jacob se dirigía, el carácter silvestre de las ramas que corrompían y vencían a las cultivadas podría representar el orgullo creciente del pueblo (Jacob 2:13, 16).
La respuesta del Señor de la viña ofrece enseñanzas valiosas tanto para Jacob como para los maestros y padres de la actualidad: Él responde mediante el consejo, la claridad, la misericordia y la unidad. Delibera con el siervo principal (versículos 41–69) y después, por primera vez en la alegoría, llama a varios siervos (versículo 61). Instruye a Sus siervos para que distingan entre lo cultivado y lo silvestre, pero les manda que no eliminen todo lo silvestre de una sola vez (versículos 64–66). Lo malo debe retirarse «conforme vaya creciendo lo bueno, para que la raíz y la copa tengan igual fuerza, hasta que lo bueno sobrepuje a lo malo» (versículo 66). Podar excesivamente un árbol lo debilita de manera repentina y probablemente lo mata, algo que el Señor de la viña sabe (versículo 65). No se sugiere que este lento proceso de poda produzca una recuperación rápida del fruto natural. Expresiones como «preparad la vía» (versículo 64), «no despejaréis todo lo malo de una vez» (versículo 65), «conforme vaya creciendo lo bueno» (versículo 66) y «empezó de nuevo a haber fruto natural» (versículo 73) sugieren que será necesario realizar una gran labor para liberar la viña de la corrupción.
A lo largo de la alegoría observamos que algunas raíces, ramas y frutos prosperan en entornos desfavorables, mientras que otros se deterioran en circunstancias semejantes. Sin duda, muchos alumnos —si no todos— se encuentran o se encontrarán en algún momento de su vida en entornos difíciles. Estos pueden variar desde tener un compañero de misión poco dispuesto a colaborar hasta desafíos más graves, como haber crecido en un hogar lleno de conflictos o haber sido expuestos a la pornografía a temprana edad.
La diferencia en los resultados es fundamental para cualquier alumno o maestro del Evangelio. Jacob identifica el orgullo como el factor decisivo. Esto encaja tanto en la narrativa general del Libro de Mormón como en las enseñanzas de los profetas modernos. Cuando una persona o un pueblo está dispuesto a confiar en el camino del Señor —a «dejar que Dios prevalezca»— y permite que Él lo transforme, prospera. Cuando una persona o un pueblo considera que está exento de la sabiduría de Dios (2 Nefi 9:28), su crecimiento queda limitado porque ha escogido no aprender ni progresar.
La reacción del Señor de la viña también es fundamental para todo maestro del Evangelio. Los profetas modernos nos han invitado a deliberar en consejo como familias o líderes de barrio, y a enseñar la doctrina con tal claridad que no pueda malinterpretarse. También se nos ha instruido a manifestar «el amor puro de Jesucristo» en lugar de juzgar, y a mostrar amor hacia las personas de todos los orígenes.
Además, existe un hermoso paralelismo de unidad entre las acciones de los siervos y las intenciones y acciones del Señor de la viña respecto de esta. Él reúne y une a Sus siervos (Jacob 5:71–72), y después trabaja con ellos (versículo 72), con el objetivo de recoger las ramas dispersas del árbol y volver a injertarlas en su árbol original (versículos 67–68). Resulta significativo que la viña solamente quede libre de corrupción después de que las ramas llegan a ser «como un solo cuerpo; y los frutos [son] iguales» (versículo 74). Este paralelismo entre los siervos y la viña se opone directamente a la creciente codicia y a las diferencias económicas que existían entre el pueblo de Jacob (Jacob 2:12–13).
De esta manera podemos observar que otra respuesta del Señor ante el aumento de la corrupción consiste en alentar a Su pueblo a cuidar de los demás. Volverse hacia el exterior y cuidar de otras personas es lo opuesto al orgullo. A alguien que sea nuevo en el Evangelio podría resultarle extraño que el Señor Jesucristo escoja trabajar con personas evidentemente imperfectas, o que la persona más capacitada no siempre sea llamada como obispo, presidenta de la Sociedad de Socorro o presidente de misión. Sin embargo, la alegoría de Jacob puede enseñarnos que el servicio en el reino de Dios forma parte de los esfuerzos del Señor por producir fruto en personas que poseen bondad y potencial intrínsecos.
La alegoría concluye señalando que, aunque toda la corrupción ha sido eliminada (versículo 75) y permanecerá ausente durante mucho tiempo, algún día regresará (versículo 77). El Señor de la viña declara que, en aquel día, Su respuesta consistirá en preservar el fruto bueno y desechar el malo (versículo 77), lo cual se asemeja mucho a Sus acciones a lo largo de la alegoría, con la notable excepción de que durante la cosecha final ya no habrá más nutrición, poda ni excavación (versículo 75), porque «entonces viene la estación y el fin; y haré que mi viña sea quemada con fuego» (versículo 77). Esto sugiere que, aunque el cultivo de la naturaleza divina es una labor continua, la «estación» tiene un final. La intención del Señor de la viña de quemarla al concluir la estación presenta algunas implicaciones interesantes. Debido a Su objetivo constante de preservar el fruto, quizás sea necesaria una quema controlada para garantizar una cosecha satisfactoria al año siguiente. Esta práctica es habitual en la agricultura para preparar los campos para futuras cosechas. Era conocida y utilizada en el antiguo Israel, aunque normalmente se realizaba cuando el campo se encontraba cubierto de rastrojo y lleno de cardos. Quemar un campo productivo resulta extraño. Esto podría sugerir que, incluso en el estado productivo en el que se encontrará al final de la estación, el Señor de la viña tiene planes aún mayores para esa porción de tierra. También es posible que tenga la intención de establecer una viña en otro lugar. En cualquier caso, no debe inferirse que el Señor de la viña, quien siente un profundo amor por ella, tenga la intención de renunciar a Su título como el Señor de la viña. El texto no respalda esa conclusión. Mediante Su propio título, el Señor de la viña ha escogido identificarse con Su labor.
Se puede señalar a los alumnos que quemar un campo, incluso cuando parecía productivo, constituye una preparación para algo mayor. Es una experiencia común para todo discípulo que, aun cuando las cosas marchan bien, el Señor lo invite a recorrer un camino todavía más elevado.
Tabla 1
|
Términos relacionados con el estado del fruto |
Frecuencia |
|
«Fruto natural» |
10 |
|
Referido indirectamente de manera positiva |
8 |
|
Denominado directamente «bueno» |
2 |
|
Resultado previsto de los esfuerzos del jardinero |
8 |
|
«El más precioso» |
2 |
|
Utilizado como sinónimo de «cultivado» |
3 |
|
Contrastado con el fruto silvestre |
2 |
|
«Fruto cultivado» contrastado con el fruto silvestre |
1 |
|
Fruto amargo relacionado con ramas silvestres |
1 |
Tabla 2
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Término |
Frecuencia |
|
Podar |
9 |
|
Cavar |
7 |
|
Nutrir |
22 |
|
Injertar |
23 |
|
Arrancar |
9 |
|
Tomar |
9 |
|
Plantar |
8 |
|
Trabajar |
12 |
|
Abonar |
3 |
Tabla 3
|
Entorno |
Resultado |
Ejemplo |
Versículo |
|
Positivo |
Positivo |
La nutrición proporcionada por el Señor de la viña produce crecimiento. |
3 |
|
Positivo |
Negativo |
Aunque el Señor de la viña nutre el árbol y este crece activamente, comienza a deteriorarse. |
3 |
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Positivo |
Positivo/negativo |
Nutrir, cavar y podar produce ramas nuevas y tiernas, pero ocasiona deterioro en otras partes del árbol. |
4–6 |
|
Negativo |
Negativo |
No se espera que las ramas silvestres de los árboles silvestres produzcan fruto bueno sin alguna intervención. |
7 |
|
Negativo |
Positivo |
Después de injertarse en un árbol cultivado, las ramas silvestres producen fruto. |
17 |
|
Negativo |
Positivo |
Las ramas naturales del olivo cultivado producen fruto en tierra pobre. |
20–24 |
|
Positivo |
Negativo |
Las ramas naturales del olivo cultivado solamente producen una parte de fruto bueno cuando se encuentran en un entorno favorable. |
25 |
|
Negativo |
Negativo |
No arrancar adecuadamente las ramas improductivas provoca que posteriormente los árboles se corrompan. |
26, 45 |
|
Positivo |
Negativo |
A pesar de los continuos esfuerzos del Señor de la viña —que incluyen nutrir, podar y cavar—, y aunque anteriormente se produjo fruto natural, todo el fruto de la viña se corrompe. |
27–40 |
|
Positivo |
Positivo |
Preservar los árboles un poco más y modificar el método de poda e injerto permite que vuelva a producirse fruto natural. |
50–75 |
|
Positivo |
Negativo |
Aunque la viña se encuentra libre de corrupción, no permanecerá así. |
77 |
La aplicación a los oyentes de Jacob
Jacob comprendía que, para experimentar la redención representada en la alegoría del olivo, su pueblo necesitaba reconocer tanto su naturaleza divina como su dependencia del cuidado del Señor. Aunque nuestro valor como hijos de Dios y nuestra humildad ante Él pueden parecer ideas opuestas, las enseñanzas de Jacob demuestran que ambas son esenciales para la redención y el progreso espiritual.
Algunos alumnos del Evangelio se juzgan con excesiva dureza y necesitan ayuda para reconocer su valor y naturaleza divinos. Entre los oyentes de Jacob, este grupo pudo incluir a las familias heridas por las decisiones injustas de algunos esposos y padres (Jacob 2:7–9).
Otros, en cambio, pueden vivir el Evangelio con demasiada despreocupación, como quienes se consideraban superiores a los lamanitas (Jacob 3:5). También hay alumnos que se sienten inferiores por sus circunstancias familiares, su soledad dentro de la Iglesia o alguna debilidad personal. Las enseñanzas de Jacob aclaran que esas circunstancias no determinan su potencial eterno.
Resulta interesante que, a pesar de las profundas enseñanzas de Jacob sobre el arrepentimiento, el orgullo, la naturaleza divina y el cuidado del Señor, su propio hijo Enós necesitara tiempo para comenzar a producir fruto espiritual.
Enós había sido criado conforme a las enseñanzas del Señor (Enós 1:1), pero necesitó vivir su propia experiencia espiritual. Después de recibir el perdón, preguntó cómo había sido posible (versículo 7). Esto demuestra que no llegó a comprender plenamente cuánto lo valoraba el Señor sino hasta que se relacionó personalmente con Él.
Ningún maestro puede reemplazar las experiencias personales que sus alumnos deben tener con el Señor. Su responsabilidad es crear ambientes que favorezcan esas experiencias. El autor recuerda que, cuando era alumno de Seminario, su maestro le pidió compartir algo aprendido en las Escrituras. Al pedir al Señor que le enseñara algo para compartir con la clase, vivió una experiencia espiritual que influyó en el rumbo de su vida.
Cuando los alumnos comprenden su naturaleza divina, el valor que poseen ante el Señor y su necesidad de recibir Su cuidado, cambia el tono de las conversaciones sobre el Evangelio y se favorece el crecimiento personal.
Conclusión
La alegoría de los olivos cultivados y silvestres ofrece una perspectiva profunda sobre la naturaleza divina y el cuidado divino. Jacob recalca tanto la bondad inherente de sus oyentes como su necesidad de recibir continuamente la ayuda del Señor de la viña. El análisis de la relación entre el entorno, el crecimiento y el deterioro también puede orientar a los maestros del Evangelio mientras procuran cultivar en sus alumnos una fe duradera y un compromiso permanente con el aprendizaje y la vida del Evangelio.

























