Cómo preparar a la próxima generación de líderes interreligiosos Santos de los Últimos Días
Entrevista
Ryan S. Gardner, Brian L. Farr y Keryn Wouden Anderson
La entrevista para este artículo se realizó el 15 de marzo de 2024.
RESUMEN: Esta entrevista analiza la función del diálogo interreligioso en la preparación de los jóvenes y jóvenes adultos Santos de los Últimos Días para llegar a ser líderes religiosos eficaces en un mundo cada vez más diverso e interconectado. Basándose en las experiencias de dos destacados participantes en la labor interreligiosa, la conversación examina los fundamentos teológicos, los principios prácticos y las experiencias personales que favorecen relaciones significativas entre personas de distintas religiones, al mismo tiempo que fortalecen el compromiso con el evangelio restaurado de Jesucristo. Los participantes analizan cómo el liderazgo interreligioso se fundamenta en el amor cristiano, el respeto por el albedrío, el reconocimiento de la verdad divina dondequiera que se encuentre y el compromiso con el establecimiento de la paz y la colaboración. La entrevista ofrece perspectivas para educadores religiosos, padres y líderes de la Iglesia que procuran ayudar a la nueva generación a relacionarse con fe con personas de diferentes creencias y orígenes.
PALABRAS CLAVE: iniciativas interreligiosas, liderazgo, jóvenes, jóvenes adultos, amor cristiano, establecimiento de la paz, diversidad religiosa
Ryan Gardner. Brian, ¿cómo comenzó su interés por la labor interreligiosa?
Brian Farr. En 1999, mi hija mayor participó en la creación de un festival coral internacional para niños como actividad previa a los Juegos Olímpicos que se celebrarían en Salt Lake City en 2002. En aquel momento existía cierta preocupación en Utah por que los Juegos fueran percibidos como «las Olimpiadas mormonas». Deseábamos que el festival fuera verdaderamente una actividad comunitaria. Por ello, comenzamos a comunicarnos con otros lugares de culto. El Comité Organizador de Salt Lake para los Juegos Olímpicos tenía un subcomité responsable de proporcionar apoyo y servicios religiosos a los atletas. Colaboramos con ese subcomité y con las entre setenta y cinco y cien religiones diferentes representadas en él. Cuando concluyeron los Juegos Olímpicos, aquellas personas disfrutaban tanto de sus relaciones que establecieron una organización sin fines de lucro denominada Mesa Redonda Interreligiosa de Salt Lake. Nosotros también disfrutábamos de esas amistades, por lo que continuamos nuestra relación con la mesa redonda.
Gardner. ¿Y usted, Keryn? ¿Cómo comenzó a participar en la labor interreligiosa?
Keryn Wouden Anderson. Mi incorporación a la labor interreligiosa se produjo de manera gradual. Mis padres fueron muy abiertos y se aseguraron de que comprendiéramos cuántas personas buenas vivían a nuestro alrededor. Vivíamos en la región del Medio Oeste de Estados Unidos, por lo que, como Santos de los Últimos Días, definitivamente éramos una minoría; sin embargo, teníamos muchos buenos amigos de otras religiones con quienes nos relacionábamos. Eso aportó una gran riqueza a nuestra vida y, como resultado, aprendí a apreciar muchas religiones diferentes. Más adelante asistí a la Universidad Chapman, en el sur de California, donde mis compañeras de habitación durante el primer año resultaron ser una joven judía y otra cristiana no denominacional. Nos llevábamos muy bien y comenzamos a asistir a las actividades de las demás mientras conocíamos a las personas de nuestras respectivas organizaciones. Aquello llegó a ser muy enriquecedor. La Universidad Chapman es singular porque cuenta con el Centro Interreligioso Fish, que fue dedicado por el presidente Jeffrey R. Holland en 2005; por tanto, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días definitivamente tenía presencia allí. Gracias a eso, me sentí capacitada para participar en las actividades interreligiosas del campus y terminé formando parte de varios consejos de liderazgo interreligioso. Posteriormente obtuve mi título de posgrado en la Universidad Northwestern. Durante mi primer año allí, anhelaba profundamente esa conexión con otras personas de fe. El año en que llegué se inauguró un nuevo programa universitario llamado Defensores Interreligiosos, en el que ocho alumnos de diferentes sectores del campus organizaban actividades interreligiosas. A partir de allí, comencé a colaborar con Interfaith America, lo cual estableció los fundamentos de mi comprensión acerca de por qué y cómo deseaba realizar esta labor y de su importancia en el mundo. Aquello me proporcionó un conjunto mucho más amplio de herramientas para efectuar la labor de manera eficaz. En realidad, fue un proceso línea por línea compuesto por muchas experiencias pequeñas. Además, soy música, por lo que continuó siendo relevante en mi vida mientras entraba y salía de diversos espacios religiosos para realizar interpretaciones musicales.
Farr. Qué bendición haber tenido un comienzo tan maravilloso con padres extraordinarios.
Gardner. Keryn, ¿cómo definiría la labor interreligiosa?
Anderson. Mi definición de la labor interreligiosa procede del libro Interfaith Leadership, de Eboo Patel. Él explica que la palabra inglesa interfaith tiene dos partes: inter, que se refiere a la relación entre diferentes elementos, y faith, que se relaciona con la manera en que una persona se identifica espiritual y religiosamente. Considero la labor interreligiosa como «la manera en que yo me relaciono con personas que poseen ideas espirituales y religiosas diferentes de las mías». Por ello, mi definición también incluye a las personas sin religión y a quienes pertenecen a mi propia fe, pero poseen una comprensión espiritual diferente de sus enseñanzas.
Gardner. Brian, ¿qué le gustaría añadir?
Farr. Me agrada su perspectiva acerca de la labor interreligiosa dentro de la Iglesia, debido a las distintas maneras en que las personas comprenden el Evangelio. Desde mi perspectiva, ser interreligioso no consiste tanto en algo que uno hace, sino en algo que uno es: un discípulo de Cristo que sigue los dos grandes mandamientos, amar a Dios y amar a todos Sus hijos. En su forma más sencilla, la labor interreligiosa consiste simplemente en amar a Dios y a Sus hijos.
Gardner. Gracias. Keryn, ¿puede explicar cómo sus experiencias contribuyeron a formar su perspectiva de la labor interreligiosa?
Anderson. Al principio, mi idea de la labor interreligiosa era simplemente: «Bueno, coexisto con ideas diferentes». Con el tiempo, eso se transformó en algo más orientado a la acción. Consiste en encontrar causas comunes, maneras de hacer el bien en mi comunidad y formas de tender puentes hacia las personas que creen cosas diferentes. Han transcurrido más de quince años desde algunas de aquellas primeras experiencias, y estoy muy agradecida por la amplitud de conocimientos que he adquirido. Una y otra vez se me ha confirmado cuántas personas buenas existen, cuántas desean hacer el bien y cuántas desean establecer conexiones. Esa perspectiva ha modificado muchos de los juicios y filtros que tenía anteriormente, lo cual me ha permitido amar y valorar el hecho de que la mayoría de las personas procura hacer lo mejor posible desde el lugar en el que se encuentra.
Gardner. Eso es magnífico. Brian, ¿quiere hablarnos de su participación en la labor interreligiosa y de cómo esas experiencias han transformado con el tiempo su comprensión de dicha labor?
Farr. Continué colaborando con la Mesa Redonda Interreligiosa. Patrocinábamos una Semana Interreligiosa anual, que después se convirtió en el Mes Interreligioso y actualmente es la Temporada Interreligiosa. Celebramos jornadas de puertas abiertas en iglesias, sinagogas, mezquitas, templos y otros lugares de culto, con exposiciones y actividades destinadas a conocer otras religiones. La actividad culminante de cada año es la Noche de Música Sagrada, en la que se presentan música, danza, oraciones y reflexiones espirituales de muchas religiones diferentes. Originalmente, cada año se realizaba en un lugar de culto distinto. Cuando llegó a ser demasiado grande, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos permitió utilizar el Tabernáculo. Por ello, actualmente se celebra cada año, en marzo o abril, una Velada de Música Sagrada en el Tabernáculo. Es maravilloso observar cómo las personas aprenden, se edifican y crean vínculos allí.
También comencé a participar en el Consejo de Utah para la Diplomacia Ciudadana —actualmente llamado Diplomacia Global de Utah—. El Gobierno federal cuenta con un Programa de Liderazgo para Visitantes Internacionales, mediante el cual las embajadas estadounidenses de todo el mundo buscan a personas que consideran líderes de opinión. Las embajadas las postulan ante el Departamento de Estado. Cada año, algunas son seleccionadas para visitar Estados Unidos durante tres semanas como invitadas del Departamento de Estado. Cuando yo participaba, los visitantes pasaban la primera semana en Washington D. C. y después visitaban tres o cuatro ciudades del país. El Consejo de Utah para la Diplomacia Ciudadana tenía un contrato para proporcionarles alojamiento y servicios de recepción cuando llegaban a Utah. Durante su estancia, uno de los objetivos era que cenaran en el hogar de alguna persona, lo cual generalmente terminaba siendo el momento más destacado de la visita. La primera vez que recibí a uno de esos grupos había tres hombres de Costa de Marfil: un sacerdote católico, un ministro evangélico y un imán. Invité a mis hijos adultos que vivían fuera de casa y la experiencia fue absolutamente maravillosa. Nuestros invitados se sentían bastante intimidados ante la idea de entrar en un hogar estadounidense, pero cuando comprendieron que habían sido invitados a una cena familiar, toda su ansiedad desapareció. Incluso comenzaron a abrazarnos cuando descubrieron que nosotros valorábamos a la familia tanto como ellos. Establecimos amistades maravillosas.
Un breve comentario: considero que Keryn ofreció una perspectiva excelente acerca de lo sencillas que pueden ser las interacciones interreligiosas; no es necesario que estén tan estructuradas. Puede tratarse simplemente de formar pequeños grupos en la comunidad. Puede consistir en cenar con amigos de diferentes religiones, conocerlos y llegar a preocuparse por ellos. Pueden prestar servicio voluntario junto con personas de otras religiones en proyectos comunitarios, bancos de alimentos y otros programas, y llegar a conocerlas. A medida que las conozcan, resultará sencillo preguntarles qué es importante para ellas en la vida y qué principios iluminan y orientan su camino. Fortalecer JustServe en su comunidad constituye una excelente manera de desarrollar vínculos y cohesión interreligiosos.
Anderson. Estoy completamente de acuerdo con eso, Brian, y solo añadiré algo. En ocasiones, una excelente manera de comenzar consiste en preguntarse: «¿Qué me importa? ¿Por cuáles causas estaría dispuesta a esforzarme?». Después pueden buscar grupos que ya existan y que apoyen esas causas. Eso puede convertirse en una iniciativa interreligiosa porque, si su fe forma parte de su identidad, estará naturalmente presente en el proceso cuando se relacionen con otras personas, y podrán continuar desarrollándola de otras maneras a medida que se sientan más cómodos.
Gardner. Ambos han introducido la idea de lo que significa que una persona sea líder interreligioso. Ese es el propósito principal de esta entrevista: ayudarnos a reflexionar sobre cómo podemos ayudar a los jóvenes y jóvenes adultos a convertirse en líderes interreligiosos. No es necesario que formen una gran organización ni que sea algo sumamente formal. Sin embargo, sí debe ser intencional. Debe constituir un esfuerzo deliberado por reunir a personas que contemplan el mundo desde diferentes perspectivas religiosas, pero que también desean y están dispuestas a trabajar juntas. ¿Cómo ha cambiado con el tiempo su comprensión de la labor interreligiosa?
Farr. El elemento central de todo lo que hemos analizado es preocuparnos lo suficiente por los demás como para conocerlos y realizar actividades juntos con el propósito de hacer del mundo un lugar mejor. Hace un par de meses estaba sentado en la sala de estar. De pronto, visualicé el gran concilio preterrenal con tanta claridad como si se hubiera retirado el velo. Algo que produjo un efecto poderoso en mí fue contemplar aquella inmensa congregación y sentirme conectado con cada uno de sus integrantes. Comprendí que conocía y amaba a cada uno de ellos. Hubo otras enseñanzas más profundas en aquel breve destello de luz, pero me impresionó especialmente esa sensación de conexión y conocimiento mutuos.
Gardner. Eso nos conduce a la pregunta: ¿qué significa ser un líder interreligioso? Parte de ello consiste en poseer ese sentimiento de preocupación y ese deseo de conexión que no se limita a la afiliación religiosa. Debe extenderse más allá de ella si realmente deseamos vivir los dos grandes mandamientos. No basta con proclamarlos ni creer en ellos; debemos vivirlos. Eso es magnífico. Keryn, ¿desea añadir algo?
Anderson. Brian, estoy muy agradecida de que haya sentido que debía compartir eso, porque eso es precisamente lo que estamos procurando edificar: Sion, donde todos somos «uno en corazón y voluntad» (Moisés 7:18). Ya hemos experimentado eso; nuestros espíritus lo experimentaron anteriormente.
Gardner. Gracias, Keryn. ¿Por qué consideran que es importante que los jóvenes y jóvenes adultos de la Iglesia de Jesucristo se conviertan en líderes interreligiosos? ¿Por qué debemos prestar atención a este asunto, reflexionar al respecto y dedicarle esfuerzo?
Anderson. Uno de los extraordinarios beneficios de nuestra fe es que prepara a nuestros jóvenes y jóvenes adultos para ser líderes. Les enseñamos a hablar abiertamente acerca de la fe. Les proporcionamos oportunidades de prestar servicio. Los alentamos a establecer metas. Además, muchas personas son enviadas a misiones donde adquieren habilidades y recursos adicionales relacionados con idiomas y culturas que no les resultaban familiares ni a ellas ni a otras personas. De maneras extraordinarias, desde el comienzo proporcionamos a nuestros jóvenes y jóvenes adultos las herramientas y la preparación necesarias para tener éxito en esta labor. Todos reconocemos que el mundo se está volviendo cada vez más diverso y dividido, y que la situación solo empeorará. Por ello, necesitamos ser pacificadores. Debemos participar activamente en la construcción de puentes. En 2018, el presidente Nelson dijo: «Finalmente, comprendemos que solo el entendimiento de la verdadera paternidad de Dios puede producir una plena valoración de la verdadera hermandad entre los hombres y de la verdadera hermandad entre las mujeres. Ese entendimiento nos inspira un intenso deseo de tender puentes de cooperación en lugar de levantar muros de segregación».
Ese es un llamado a la acción para que todos nosotros tomemos este asunto con mayor seriedad, y los jóvenes y jóvenes adultos se encuentran en algunas de las mejores posiciones para hacerlo. Debemos ayudarlos a reconocer las oportunidades, herramientas y capacidades que ya poseen para que puedan sentirse seguros al realizar esta labor. También podemos proporcionarles un lugar seguro donde plantear preguntas. Hubo muchas ocasiones en las que participar en la labor interreligiosa despertó preguntas o me permitió experimentar ciertos conceptos de maneras diferentes y más significativas. Creo que, cuando sentimos temor de presentar esta área de trabajo a otras personas, ese temor suele proceder de nuestra falta de confianza en los principios que constituyen nuestro fundamento y de una confianza excesiva en el brazo de la carne. Cuando abandonamos esa actitud, realmente creemos en el evangelio de Jesucristo y lo enseñamos de una manera poderosa. Eso nos permite abrirnos a estas oportunidades adicionales porque nuestro fundamento es firme. Podemos realizar mucho más bien en el mundo a medida que todos ampliemos nuestra influencia. Comenzar cuando las personas son jóvenes les proporciona mucho más tiempo para desarrollar su capacidad y producir un impacto positivo.
Gardner. Ha mencionado muchísimos aspectos importantes, Keryn. Thomas Griffiths y Eboo Patel tuvieron una excelente conversación en un episodio del pódcast Mormon Land acerca de que los Santos de los Últimos Días ocupan una posición singular para llegar a ser tan buenos en las relaciones interreligiosas como lo somos en la obra proselitista. Considero que esa idea es realmente convincente. Algunas de las cosas que dijo al final me recordaron el concepto de cosmopolitismo arraigado: la idea de que podemos estar firmemente arraigados en nuestras propias convicciones y, al mismo tiempo, mantenernos abiertos y deseosos de extendernos hacia los demás, mejorar la vida de toda la humanidad y desarrollar relaciones con personas que poseen circunstancias e ideologías diferentes. Brian, ¿qué desea añadir acerca de por qué nuestros jóvenes y jóvenes adultos necesitan convertirse en líderes interreligiosos?
Farr. El profeta José Smith dijo: «Los cristianos deben dejar de contender y disputar unos con otros, y cultivar entre ellos los principios de unión y amistad; y lo harán antes de que pueda comenzar el Milenio y Cristo tome posesión de Su reino». Uno de los propósitos fundamentales de la labor interreligiosa es prepararnos para la Segunda Venida y edificar la amistad, una Sion terrenal y la armonía entre las religiones. Nunca se trata de intentar convertir todas las religiones en una sola. Como señaló Keryn, uno conserva la integridad y el fundamento de lo que posee mientras trabaja con los demás y reconoce algunos de los elementos buenos que comparte con ellos. Una declaración del presidente Howard W. Hunter resume por qué los jóvenes podrían desear hacer esto: «Como miembros de la Iglesia de Jesucristo, procuramos reunir toda la verdad. Procuramos ampliar el círculo de amor y comprensión entre todos los pueblos de la tierra. Por ello nos esforzamos por establecer la paz y la felicidad, no solamente dentro del cristianismo, sino entre toda la humanidad […]. Todas las personas de la tierra son literalmente hermanos y hermanas dentro de la familia de Dios […]. El propósito del evangelio de Jesucristo es producir amor, unidad y hermandad del orden más elevado». Para mí, esa es una razón fundamental por la que los jóvenes y jóvenes adultos podrían desear participar en la labor interreligiosa.
Sin embargo, existe una razón todavía más poderosa. Cuando pensamos en el amor de Dios por todos Sus hijos, en Su mandamiento de que nos amemos unos a otros y en la importancia fundamental del albedrío y del respeto por la libertad de creencias dentro del plan de Dios, resulta evidente que el Padre y el Hijo son los líderes interreligiosos supremos. Una declaración de la Primera Presidencia de 1978 señaló que los grandes líderes religiosos y filósofos morales del mundo recibieron una porción de luz divina que Dios les concedió para iluminar a naciones enteras. La perspectiva de la labor interreligiosa cambia completamente cuando nos detenemos a pensar que el Señor habla a los pueblos de todas las naciones (2 Nefi 29:12) y les concede la luz que Él juzga conveniente que reciban (Alma 29:8). El Padre y el Hijo son la fuente de esa luz. El llamado a la «unión y amistad» procede de Ellos. La grandiosa visión del presidente Hunter de reunir a toda la humanidad y toda la verdad en el amor y la unidad del orden más elevado procede de Ellos. Ellos son los líderes interreligiosos supremos. Si deseamos llegar a ser como Ellos, tomar la iniciativa para desarrollar relaciones interreligiosas forma parte de nuestra oportunidad, nuestro desafío, nuestra responsabilidad y nuestra bendición. Por tanto, ser un líder interreligioso parece formar parte de lo que significa llegar a ser más semejantes a Cristo, tomar sobre nosotros Su nombre, recordarlo siempre y tener Su Espíritu con nosotros. Y no solamente decirlo, sino hacerlo.
Gardner. Sí, y Howard W. Hunter es un excelente ejemplo de ello. Me encanta la labor que realizó en Oriente Medio, especialmente sus esfuerzos por reunir a personas de diferentes religiones con el fin de preparar el camino para el Centro de Jerusalén de BYU. En la exposición del Museo de Historia de la Iglesia hay una pequeña vitrina que contiene algunos objetos cristianos, judíos y musulmanes, acompañados por una inscripción que dice: «La Iglesia se interesa por todos los descendientes de Abraham […]. Tanto los judíos como los árabes son hijos de nuestro Padre. Ambos son hijos de la promesa […]. Sentimos amor e interés por cada uno de ellos». Todos somos hijos del Padre Celestial.
Farr. Cuando observamos a la Primera Presidencia y al Cuórum de los Doce Apóstoles actuales, podemos ver su participación. Ellos marcan el camino.
Gardner. En ocasiones me preguntan acerca de la Sociedad de Liderazgo Interreligioso de BYU–Idaho. Si observamos lo que hacen los líderes de la Iglesia, vemos que verdaderamente están impulsando esa labor. Deseamos preparar a nuestros alumnos para que puedan tomar el relevo y llevarla aún más lejos. Nuestros alumnos tendrán que llevar la Iglesia a lugares donde nunca antes ha estado, y no me refiero solamente a lugares geográficos. Se trata de llevar la Iglesia social, cultural y espiritualmente hacia donde necesitamos llegar.
Anderson. Yo añadiría que poseemos un extraordinario legado de participación interreligiosa que se extiende desde el Salvador hasta José Smith, quien nos proporcionó Doctrina y Convenios 134 y el undécimo Artículo de Fe. Entre las creencias fundamentales de nuestra religión se encuentra que todas las personas tienen derecho a «adorar cómo, dónde o lo que deseen» (Artículos de Fe 1:11), siempre y cuando no causen daño físico a otras personas. En octubre de 2022, el élder Dallin H. Oaks informó que durante 2021 la Iglesia destinó 906 millones de dólares a la labor humanitaria en todo el mundo. En ese mismo discurso de la conferencia general, el presidente Oaks hizo referencia a mi cita interreligiosa preferida, pronunciada por Orson F. Whitney en 1928: «Dios está utilizando a más de un pueblo para llevar a cabo Su obra grande y maravillosa […]. Es demasiado extensa y demasiado ardua para un solo pueblo».
Farr. Considero inspiradora su referencia a José Smith. Cuando la Primera Presidencia publicó la proclamación sobre el recogimiento de 1841, el último párrafo dejó claro que aquello no se limitaba a nuestros propios miembros. En esencia, decía: «Todos son bienvenidos a venir, y los trataremos como ciudadanos y amigos». Algo que me resulta casi asombroso, cuando pensamos en la historia de Estados Unidos, es hasta qué punto se remonta la participación de la Iglesia en las relaciones interreligiosas. Incluso las ordenanzas municipales de Nauvoo incluían protecciones para la libertad religiosa de las personas de otras religiones. El profeta José Smith declaró que estaba tan dispuesto a morir para defender a una persona de otra religión como a una de su propia fe, a fin de sostener la verdad y la luz.
Gardner. Entonces, en cierto sentido, que nuestros jóvenes y jóvenes adultos lleguen a ser líderes interreligiosos significa continuar el legado de la Restauración en curso. Situemos esto en un contexto más cotidiano. Tienen un salón lleno de jóvenes o jóvenes adultos con quienes pueden conversar durante una hora. ¿Qué principios sería esencial que aprendieran para llegar a ser líderes interreligiosos?
Farr. El liderazgo consiste en participar: involucrarnos nosotros mismos e involucrar a los demás. Un principio fundamental es la responsabilidad individual. Una mañana desperté con estas palabras en la mente: «Aunque ninguno de nosotros es el único responsable de la paz mundial, cada uno es responsable de su parte de esa paz». Cada persona es responsable de su contribución a la paz mundial y también de su propia paz interior. Para ser líderes interreligiosos, necesitamos grabar ese principio en nuestro corazón y nuestra mente, así como en el corazón y la mente de tantas personas del planeta como podamos. El discurso del presidente Nelson en la conferencia general de abril de 2023 es un llamado profético para que cada uno de nosotros sea pacificador. La labor interreligiosa es una herramienta para lograrlo.
Un segundo principio es el amor: recordar que todos somos hijos de Dios y aprender a preocuparnos por los demás como Dios lo hace, amarlos como Él los ama y ser un elemento catalizador que los ayude a amarse unos a otros.
Un tercer principio en el cual debemos centrarnos es la luz divina. Esto incluye ser fieles a la luz que Dios nos ha concedido, respetar la luz otorgada a los demás y alentarlos a hacer lo mismo, reconocer la luz divina que compartimos y permitir que esa luz fortalezca los vínculos de amistad, unión y compromiso de edificar juntos un mundo mejor. Cuando tuve aquella breve impresión de contemplar la existencia preterrenal, algo que me llamó la atención fue que Dios instruye personalmente a cada uno de Sus hijos de la manera que resulta mejor para ellos. Quienes son fieles a la luz que Dios les ha concedido reciben más luz, la cual se vuelve «más y más resplandeciente hasta el día perfecto» (Doctrina y Convenios 50:24).
Gardner. Gracias. Eso es magnífico. Keryn, ¿qué le gustaría recalcar?
Anderson. Considero que la responsabilidad individual es fundamental, al igual que el principio del albedrío. En ocasiones subestimamos cuán importante es para Dios. Creo firmemente que Dios ama a todos Sus hijos, que tiene un plan para ellos y que desea que regresen a Su hogar. Desde esa perspectiva, la labor interreligiosa consiste en honrar el albedrío de las personas, una parte fundamental de la razón por la que fuimos enviados a la tierra.
El otro principio también se centra en reconocer la luz que poseen los demás. Creo que tenemos a los profetas y las Escrituras para ayudarnos a comprender, como marcos de verdad, dónde se encuentran los límites de esa luz. Su existencia nos ayuda a discernir entre lo correcto y lo incorrecto. Ese marco puede ayudarnos a recoger la verdad, incluso cuando esta provenga de citas, experiencias o principios que existen en el mundo y en otras comunidades religiosas. Al utilizar la luz y la verdad que poseemos, podemos encontrar verdades comunes con los demás, pero también reconocer cuándo debemos abandonar algo porque no encaja dentro de ese marco de luz. Esto proporciona la misericordiosa oportunidad de que cada persona sea responsable conforme a la luz y al conocimiento que posee.
Creo que otro principio que enseñaría es el triángulo interreligioso de Interfaith America. Existen datos de las ciencias sociales que demuestran que, cuando poseemos un conocimiento apreciativo de otra religión, relaciones con personas de esa religión y una actitud positiva hacia ella, se produce un efecto semejante al de un resorte que eleva naturalmente a todos. Esos tres aspectos del triángulo ayudan a los líderes interreligiosos a conseguir que todas las personas puedan participar de manera segura y auténtica.
Lo último que diría es que comiencen donde se encuentran. Busquen ámbitos en los que puedan acercarse a los demás, ya sea esforzándose más por conocer a sus compañeros de trabajo o llamando a la puerta de un vecino. Sé que últimamente mi familia ha estado intentando conocer mejor a nuestros vecinos más cercanos. Muchas de esas pequeñas acciones constituyen buenos puntos de partida.
Gardner. ¿Qué otras sugerencias ofrecerían a los maestros de los jóvenes para prepararlos a fin de que sean buenos líderes interreligiosos y entren en ese ámbito?
Farr. Los mejores maestros que he tenido, aquellos que han ejercido la mayor influencia en mi vida, son quienes verdaderamente comprenden el tema. Poseen una comprensión profunda de él y sienten amor tanto por el tema como por sus alumnos. Es un amor que irradia de ellos e impregna todo lo que hacen, como la visión de Sion de José Smith. El punto de partida para que cualquiera de nosotros comprenda verdaderamente la labor interreligiosa consiste en ampliar nuestra propia visión de la extensión y profundidad de la obra «asombrosa y magnífica» de Dios en preparación para la Segunda Venida, así como de nuestra responsabilidad y bendecida oportunidad de ayudar. Cuando Cristo venga nuevamente, Su reino —el reino de Dios sobre la tierra— será un reino político que abarcará toda la tierra. Cada persona de la tierra será ciudadana de ese reino. Probablemente habrá entonces tantas religiones como existen ahora, y quizás incluso más. Al comienzo del Milenio, los miembros de la Iglesia todavía constituirán una pequeña minoría. Nuestra responsabilidad actual de edificar la «unión y amistad» con el fin de prepararnos para la Segunda Venida y establecer los cimientos del reino milenario continuará en aquel tiempo. Eso es la labor interreligiosa.
Gardner. No creo que podamos subestimar la importancia de que los maestros posean esa visión.
Anderson. ¡Absolutamente! Creo que, como maestros de jóvenes y jóvenes adultos, ser un ejemplo de cómo relacionarse con personas de otras religiones puede ayudar a eliminar el misterio y el temor que rodean esas interacciones. Si un maestro utiliza ocasionalmente una fuente procedente de otro texto religioso para confirmar una verdad en la que creemos, eso ayuda a eliminar la idea equivocada de que poseemos el monopolio de la verdad. En Doctrina y Convenios 1:30, el Señor declara que esta es Su «Iglesia verdadera y viviente». ¡Eso es verdad! Sin embargo, otras religiones también poseen verdades y viven conforme a ellas. Nuestra Iglesia, no obstante, es viviente, y eso nos permite no solamente poseer la verdad, sino recibir orientación continua acerca de ella. Esa es una distinción importante que nos proporciona Doctrina y Convenios. Pienso en mis maestros de Instituto y en la manera en que su ejemplo me dio la confianza necesaria para participar en aquellos centros interreligiosos. No comencé desde una posición de temor, porque sabía que, si tenía preguntas, podía acudir a ellos y que me ayudarían y apoyarían.
Gardner. En ocasiones, los jóvenes y jóvenes adultos simplemente necesitan ver que alguien que va delante de ellos en el camino ya recorrió el territorio al que los invitamos a entrar y que este es seguro. Pueden recorrerlo sin perder su testimonio, su fe ni sus convicciones espirituales.
Anderson. Definitivamente puedo identificarme con ese sentimiento. Contar con esos ejemplos, establecer esa actitud en nuestras familias, ser ese ejemplo para nuestros hijos y no tener miedo de relacionarnos con personas de otras religiones permite que ese modelo también se extienda a otros ámbitos.
Farr. ¿Puedo añadir algo? Hace algunos años estaba programado para hablar en una reunión de la Red Interreligiosa de Norteamérica, en una época en que mi segunda hija se encontraba en el Instituto Oncológico Huntsman. El día antes de mi discurso, los médicos invitaron a la familia a despedirse de ella. Aquella noche, mientras hablaba con Bettina Gray, quien anteriormente había presidido la Red Interreligiosa de Norteamérica, ella se ofreció a presentar mi discurso en mi lugar. Conocía bien los temas que yo consideraba importantes y acepté su ofrecimiento. Cuando comenzó la presentación, primero explicó por qué la estaba realizando y pidió a aquella numerosa congregación interreligiosa que orara por mi hija. Milagrosamente, nuestra hija despertó del coma y regresó a casa. Gracias a esa experiencia sentí el poder de la oración interreligiosa.
Gardner. Ese es un ejemplo poderoso. Concluyamos con sus reflexiones acerca de cómo la participación en la labor interreligiosa ha influido en su vida. Keryn, ¿quiere comenzar?
Anderson. He aprendido muchísimo. Una de las cosas que he aprendido es que Dios inspira esta obra y que, cuando lo hace, todos lo sienten. Creo profundamente en la sinergia. Creo que, cuando llegamos a ese estado espiritual en el que estamos en armonía con la voluntad de Dios, todos nos unimos. Un ejemplo de ello ocurrió en septiembre de 2020, cuando Interfaith America y The Peace Studio me encargaron crear una obra original junto con otros dos líderes interreligiosos. Yo compuse la música, Maya Williams proporcionó el texto y Harmeet Kambooj realizó una danza hindú. Creamos un video de aproximadamente cinco minutos. Fue asombroso reunirnos durante la pandemia de COVID-19, cuando todos se sentían desconectados. Experimentamos aquella sinergia, por lo que todo se concretó muy rápidamente. ¡Y ni siquiera soy compositora! Sin embargo, la música simplemente surgió porque sabía que aquello era algo que debía hacer. Era una oportunidad que se me había concedido y recibí ayuda para llevar a cabo la obra que el Padre Celestial deseaba que realizara. Pienso en Ron Farmer, quien dirigía las iniciativas interreligiosas de la Universidad Chapman cuando yo estudiaba allí. Siempre nos decía: «Aportamos luz, no calor».
Tengo familiares que se encuentran en distintos puntos del espectro de la fe, e incluso en mi barrio están surgiendo actualmente algunas inquietudes. Utilizo estas habilidades constantemente en mi vida cotidiana porque muchas de ellas son fundamentales para obtener comprensión y arrojar luz sobre aquello que ha permanecido en la oscuridad. Eso me ha acercado más al Salvador a medida que he aprendido verdaderamente, he procurado comunicarme con el Espíritu y le he permitido guiarme en mis relaciones con los demás. Siento la fortaleza de esa guía, la cual me conduce hacia la caridad, la compasión y la colaboración.
Gardner. ¡Eso fue realmente hermoso! Mientras hablaba, imaginaba un mundo de jóvenes y jóvenes adultos firmemente establecidos en sus propias convicciones y dedicados a llevar luz —y no calor— a quienes los rodean. Brian, ¿qué le gustaría compartir?
Farr. Esa es una declaración excelente. Para mí, la labor interreligiosa no consiste en comparar religiones. No se trata de determinar quién tiene razón y quién está equivocado. Se trata de amor, respeto y aprendizaje mutuo. Participar en la labor interreligiosa ha sido una enorme fuente de enriquecimiento y bendiciones en mi vida. Las amistades que he establecido y la expansión de mi alma no tienen precio. Mi propia fe se ha fortalecido gracias a lo que he aprendido de las personas de otras religiones. Por ejemplo, un rabino mencionó una vez que la palabra hebrea que los cristianos traducen como «pecado» podría traducirse como «errar el blanco» o «desviarse del objetivo». Creo que esto ofrece una perspectiva extraordinaria acerca del pecado y la transgresión: uno ha «errado el blanco». Ya no se encuentra concentrado en vivir en armonía con lo divino. Cuando voy al templo sij, me resulta difícil expresar el respeto que siento por esas personas. Surgieron del norte de la India y de la cultura del sistema de castas, y su doctrina central sostiene que existe un solo Dios y que todos somos iguales. Cuando pensamos en el enorme peso del sistema de castas y en que esas personas surgieron de él para declarar: «No, hay un solo Dios; todos somos iguales», siento un gran respeto por sus esfuerzos. Cuando he asistido a un templo budista, concluyen con una recitación que dice: «Soy un eslabón de la Cadena Dorada de amor de Amida [Buda], que se extiende por todo el mundo. Mantendré mi eslabón brillante y fuerte. Seré amable y bondadoso con todo ser viviente y protegeré a quienes sean más débiles que yo. Tendré pensamientos puros y hermosos, pronunciaré palabras puras y hermosas, y realizaré obras puras y hermosas. Que cada eslabón de la Cadena Dorada de amor de Amida sea brillante y fuerte, y que todos alcancemos la paz perfecta». Pregunté a los niños budistas si, después de presentar su parte del programa durante nuestro concierto interreligioso, podían recitar esas palabras. Mientras lo hacían, mostramos el texto en las grandes pantallas situadas a ambos lados de los tubos del órgano del Tabernáculo. La mujer que estaba sentada junto a mí se inclinó y dijo: «No tenía idea de que los budistas creyeran eso. Es algo hermoso en lo cual creer». Le respondí: «Por eso hacemos esto: para ayudar a las personas a reconocer parte de la belleza que existe en otras religiones». Por tanto, conocer parte de esa belleza ha sido una bendición enorme.
Más importante aún, ha profundizado mi comprensión y valoración de la grandeza de Dios, así como de Sus propósitos, planes y amor por todos Sus hijos. Ha ampliado mi comprensión de la función esencial de nuestro Salvador. Ha aumentado mi sentimiento de admiración, alabanza, gratitud y amor por Ellos. No puedo imaginar una comprensión más digna de alabanza acerca de Dios que la de un Dios que experimenta, personifica y ejemplifica la plenitud de todo lo bueno, digno de alabanza y perdurable. Él nos ama tanto, y es tan extraordinariamente puro y generoso, que todo Su propósito se centra en amarnos y elevarnos, y en compartir esa plenitud con nosotros. Esa comprensión ha profundizado mi gratitud por la Restauración y por la incomparable bendición de formar parte de ella. Ha infundido fortaleza, compromiso y deseos de servir en mi testimonio. Ha ampliado mi visión de los convenios del templo.
Anderson. Estoy pensando en todos mis amigos interreligiosos; para mí, son como integrantes de mi familia. Estoy completamente de acuerdo con lo que está diciendo.
Farr. Exactamente como una familia. No puedo imaginar cómo sería mi vida sin participar en la labor interreligiosa. Ha sido extraordinariamente enriquecedora gracias a esas maravillosas personas de otras religiones, personas que son fieles a la luz que Dios les ha concedido. Son personas que colocan a Dios en primer lugar en su vida y cumplen Su voluntad de la mejor manera que conocen. Se esfuerzan por ser puras de corazón.
Anderson. En esos entornos interreligiosos cultivamos un terreno sumamente fértil cuando somos sinceros unos con otros acerca de lo que creemos y pensamos. Cuando actuamos con respeto, cultivamos muchísimo bien.
Farr. Es asombroso cómo contemplar la perspectiva de otra persona profundiza el aprecio por la luz que uno mismo ha recibido.
Gardner. Estoy muy agradecido porque he tenido la bendición de que el Señor me condujera a esta obra. Ha bendecido mi vida y espero que me haya convertido en un mejor miembro de la Iglesia y en un mejor seguidor de Jesucristo.
Farr. ¡A mí también! Ofrece excelentes oportunidades para contribuir a la obra «asombrosa y magnífica» de Dios. El presidente Boyd K. Packer, citando al presidente Joseph Fielding Smith, dijo: «“Aunque se pueda decir […] que no somos sino un pequeño grupo en comparación con […] el mundo, se nos puede comparar con la levadura de la cual habló el Salvador, que finalmente leudará [o elevará] al mundo entero”. Podemos influir en toda la humanidad y, con el debido tiempo, ciertamente lo haremos». Ser elementos catalizadores de la participación interreligiosa para edificar juntos un mundo mejor constituye una de las herramientas más poderosas para producir esa elevación, especialmente cuando permitimos que nuestro amor y nuestra luz resplandezcan. Existe una peligrosa pandemia de polarización y división que afecta a gran parte del mundo, perturba nuestra paz y amenaza aún más muchas de las cosas que valoramos. Al unirnos alrededor de los principios que hemos analizado hoy —como la luz compartida, nuestra humanidad común y la responsabilidad individual—, las personas buenas de todas partes, con o sin afiliación religiosa, pueden revertir y reducir juntas esa amenaza creciente y reemplazarla con algo mejor. No debemos permitir que las diferencias eclipsen el bien que compartimos. La preocupación y participación interreligiosas no solamente enriquecen la vida y ensanchan el alma, sino que también establecen los cimientos de algo mayor: edificar el reino de Dios sobre la tierra. Podemos contribuir de manera más eficaz al éxito de la gran obra de Dios si ampliamos nuestra visión y vivimos conforme a ella con mayor diligencia y urgencia.
Anderson. Estoy completamente de acuerdo, y eso ha transformado mi comprensión de los convenios que hago y de las ordenanzas que recibo. No son elementos de una lista de verificación; constituyen espacios extraordinarios en los que recibo poder mediante las bendiciones y los dones que Dios tiene disponibles para realizar lo que Él me pide.
Gardner. En definitiva, procurar la plenitud de Dios y recibir esa plenitud de Él nos conduce nuevamente al decimotercer Artículo de Fe: buscamos todo aquello que sea «bello», «virtuoso», «de buena reputación» y «digno de alabanza», dondequiera que se encuentre. La participación interreligiosa nos brinda la oportunidad de hacerlo. Nos dedicamos verdaderamente a buscar todo lo que sea «virtuoso, bello […], de buena reputación [y] digno de alabanza», dondequiera que podamos encontrarlo. Eso es lo que debemos aprender a hacer si deseamos llegar a ser como Él.

























