Conferencia General de Abril 1962
Honrar el Sacerdocio

por el Presidente Hugh B. Brown
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
Mis queridos hermanos, siempre que tengo la responsabilidad de dirigirme al pueblo de la Iglesia, y especialmente al sacerdocio, soy consciente de mis limitaciones y de mi gran deseo de recibir la guía de mi Padre Celestial mientras intento servir.
A raíz de las experiencias que he tenido en los últimos meses, he estado examinando mi corazón en busca de razones para justificar la bondad del Señor hacia mí. Ciertamente todos somos bendecidos más allá de nuestros méritos, lo cual debería mantenernos humildes y agradecidos.
Recomiendo a todos, no solo a los jóvenes que poseen el Sacerdocio Aarónico, sino también a quienes poseen el Sacerdocio de Melquisedec, que cuando se publiquen las excelentes charlas dadas esta noche por el Obispado Presidente, las lean y apliquen sus oportunas enseñanzas. Felicito al Obispado por su preparación exhaustiva y la inspiración en sus discursos. Ellos han hablado directamente, por supuesto, al Sacerdocio Menor, ya que esa es su responsabilidad especial.
Ustedes, hombres aquí presentes, y muchos escuchando, saben que el hombre que está a la cabeza del Sacerdocio de Melquisedec —de hecho, de todo el Sacerdocio de la Iglesia— es el Presidente de la Iglesia. Él preside esta noche, y yo conduzco bajo su dirección. Él es un modelo ideal, un ejemplo para todos nosotros. A menudo cita y ejemplifica en su vida la amonestación de Isaías:
“… sed limpios, los que lleváis los utensilios de Jehová” (Isaías 52:11). Seguir leyendo
por el Obispo John H. Vandenberg

































