El poder sanador de Cristo

Conferencia General Octubre 1988logo 4
El poder sanador de Cristo
por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Como miembros de la Iglesia de Jesucristo tenemos el ministerio de sanar, y el deber de vendar las heridas y calmar el dolor de los que sufren.»

Quisiera contaros una experiencia reciente.

Estabamos en la ciudad de Bacolod, en la isla de Negros Occidentales, en las Filipinas. Allí, para mi sorpresa, me encontré con un amigo al que no había visto en muchos años.

El tiempo estaba húmedo y caliente, como suele ser siempre en esa isla, el centro de la antes floreciente industria azucarera de las Filipinas. Mi amigo vestía una camisa blanca de manga corta, pantalón oscuro y zapatos lustrados. Su esposa, Marva, estaba con él. Al verlo, le pregunte:

-Victor Jex, ¿qué haces por aquí?
-El se sonrió y me contestó:
-Estamos haciendo la obra del Señor ayudando a la gente. Somos misioneros.
-¿Dónde viven’?
-En una casita en Iloilo en la isla de Panay. Vinimos en balsa para la conferencia.

Recordé la ultima vez que los había visto; ya hacia varios años. En ese tiempo vivían en una hermosa casa en Scarsdale, Nueva York.

Él era un químico de renombre que tenia un doctorado en ingeniería química. Trabajaba para una de las grandes empresas internacionales con cabecera en Nueva York. Había inventado la fórmula química de un producto que ahora se vende en todo el mundo y que es conocido por millones de personas. La ganancia de la venta de dicho producto le ha dado a esa compañía muchos millones de dólares.

Era un hombre que ganaba bien y era muy respetado.

También era el presidente de la Estaca Yorktown de nuestra Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, y tenia bajo su cargo un grupo de miembros que servían fielmente en sus propios barrios. Muchos de ellos viajaban todos los días a Nueva York, donde tenían cargos de gran responsabilidad en varias de las grandes corporaciones de Estados Unidos. Él era su líder eclesiástico. Seguir leyendo

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El divino Don de la Expiación

Conferencia General Octubre 1988logo 4
El divino Don de la Expiación
por el élder James E. Faust
del Quórum de los Doce Apóstoles

James E. FaustLa fe en la resurrección del Salvador debe «ayudarnos a llevar nuestras cargas, a soportar nuestros pesares y también a gustar plenamente del gozo y de la felicidad que podamos encontrar en esta vida».

Queridos hermanos, hermanas y amigos, hace dieciséis años fui llamado para servir como Autoridad General de la Iglesia, y hace exactamente diez años en esta conferencia que fui sostenido como miembro del Consejo de los Doce Apóstoles. Estos han sido años de cometidos y en muchos casos de dificultades, pero también de logros. Mi esposa y yo hemos tratado de servir al Señor lo mejor posible y hemos viajado por muchas partes en mi ministerio. Esto nos ha dado la oportunidad de expresar nuestro testimonio sobre el Salvador en muchos países.

Debido a que he tenido durante estos años el conocimiento espiritual de que Jesús es el Cristo, hoy día me siento inclinado a testificar sobre Jesús de Nazaret y su misión. Deseo testificar de la mediación, expiación y resurrección del Señor Jesucristo. Hablo de esos acontecimientos trascendentales debido a mi conocimiento espiritual de que Jesús es el Redentor y el Hijo de Dios. También testifico sobre su divinidad y la de los acontecimientos que ocurren en el oficio, el sacerdocio, el llamamiento y la autoridad del sagrado Apostolado, cuya responsabilidad recae en mí y en mis hermanos.

Por medio de la Expiación y de los acontecimientos extraordinarios que la rodearon, el Señor tomó sobre sí todos los terribles pecados individuales y colectivos del genero humano. El resultado maravilloso de este sufrimiento fue que Él redimió de la muerte física tanto a los creyentes y obedientes como a los infieles y desobedientes. (D. y C. 46:13-14; Hechos 24:15; I Cor. 15:22). Toda persona nacida o por nacer es beneficiaria tanto de la mediación como de la expiación del Salvador. (Alma 11:42.) En términos simples, la Expiación es una reconciliación del hombre con Dios. Debido a su transgresión, Adán y Eva, al decidir abandonar su estado de inocencia (2 Nefi 2:23-25), fueron expulsados de la presencia de Dios; esto se conoce entre los cristianos como la Caída, o la transgresión de Adán. Fue una muerte espiritual porque Adán y Eva fueron separados de la presencia de Dios y se les dio la libertad «para obrar por si mismos, y no para que obren sobre ellos» (2 Nefi 2:26). También se les dio el gran poder de la procreación para que pudieran cumplir el mandamiento de multiplicarse y llenar la tierra, y tener gozo en su posteridad (véase Génesis 1:28). Seguir leyendo

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Distintivos de un hogar feliz

Conferencia General Octubre 1988

Distintivos de un hogar feliz

Thomas S. Monsonpor el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Las características que definen un hogar feliz son «la costumbre de orar, una fuente de aprendizaje, una tradición de amor, un tesoro de testimonio».


«La felicidad es el objeto y propósito de nuestra existencia; y también será el fin e ella si seguimos el camino que nos conduce a la felicidad; y [ese] camino es virtud, justicia, fidelidad, santidad y obediencia a todos los mandamientos de Dios.» (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 312. )

Esa descripción de una meta tan universal es del profeta José Smith. Venia al caso entonces y viene al caso ahora. Cabe preguntar por que habiendo un sendero tan bien delineado hay tantas personas desdichadas. Con frecuencia, el enojo abunda mas que las sonrisas y la desesperación apaga la alegría. Vivimos a un nivel muy inferior al de nuestras posibilidades divinas. Algunos se confunden con el materialismo, se enmarañan en el pecado y se pierden entre la muchedumbre del genero humano. Otros claman con las palabras de Felipe de antaño: «¿Cómo podré [hallar el camino] si alguno no me enseñare?» (Hechos 8:31).

La felicidad no consiste en un exceso de lujo, el concepto del mundo de «pasarlo bien»; ni debemos buscarla en lugares lejanos y exóticos. La felicidad se encuentra en el hogar.

Todos recordamos la casa de nuestra infancia. Es interesante que nuestros pensamientos no reparen en si la casa era grande o pequeña, en si el vecindario era elegante o pobre, sino que nos regocijamos con las vivencias de lo que pasamos en familia. El hogar es el laboratorio de nuestras vidas y lo que aprendamos en él determinará en gran medida lo que haremos cuando abandonemos el techo paterno.

La señora Margaret Thatcher, primer ministro de Gran Bretaña, expresó la filosófica máxima: «La familia es el material con que se edifica la sociedad; es una escuela, un hospital, un centro de recreación, un lugar de refugio y de descanso; abarca toda la sociedad; moldea nuestras creencias; es la escuela preparatoria del resto de nuestra vida» (London Times, 2ó de mayo de 1988). Seguir leyendo

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Defendamos la verdad y la rectitud

Conferencia General Octubre 1988logo 4
Defendamos la verdad y la rectitud
por Ardeth G. Kapp
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Ardeth G. Kapp.«Nunca antes en la historia de la Iglesia ha habido tanta necesidad de jóvenes dispuestas a sacrificar la popularidad si fuera necesario, a sufrir la soledad si se les pidiera y hasta a ser rechazadas si fuera el caso, por defender el Evangelio de Jesucristo.»

En todo momento pienso en las mujeres jóvenes y oro pidiendo ayuda para las que tengan problemas. Oro pidiendo protección para las que estén luchando con la tentación, y doy gracias por miles de ustedes que se están esforzando por hacer lo justo cada día y que están defendiendo la verdad y la rectitud. Estoy agradecida por padres bondadosos y devotos y por las dedicadas hermanas, lideres de las Mujeres Jóvenes que ayudan a guiarlas, a protegerlas y a apoyarlas. Estos preciosos años que van desde los doce hasta los dieciocho son importantes, críticos, de vital importancia para el futuro y esenciales para la felicidad presente y futura de ustedes.

El libro Anne of Green Gables trata acerca de esta etapa especial en la vida de una mujer. Anne, hablando con su tutora, le dice: «Tener casi catorce años es algo serio. El miércoles pasado la señora Stacy nos llevó a todas las jovencitas al arroyo y nos habló de eso. Nos dijo que debíamos tener muchísimo cuidado de los hábitos que adquiramos y de los ideales que nos forjemos en nuestra adolescencia, porque cuando tengamos veinte años, habremos desarrollado nuestro carácter y formado la base para todo nuestro futuro. Nos dijo que si la base es inestable, nunca podremos construir sobre ella nada que valga la pena. Diana y yo hablamos otra vez del asunto al volver de la escuela. Ambas sentimos que era un tema muy importante y decidimos ser muy cuidadosas, desarrollar buenos hábitos, aprender todo lo posible y ser tan prudentes como nos fuera posible, para que cuando tengamos veinte años, nuestra personalidad este bien desarrollada. Es abrumador pensar en tener veinte años, Marilla. Suena tan de persona mayor. . . tan de adulto» (New York: Avenel Books, 1985, págs. 186-187).

Los tiempos cambian, pero la verdad permanece. Esta etapa de sus vidas es tan importante que podemos comprender y valorar muy bien el mensaje del presidente Gordon B. Hinckley a las mujeres jóvenes cuando les dijo: «Oramos por ustedes. . . Mucho es lo que depende de ustedes»‘. Y luego agregó: «No les estoy pidiendo que sean perfectas; les pido que hagan un esfuerzo mayor». (The Wonderful Thing That is You and the Wonderful Good You Can Do [folleto], 1986, pág. 2.) Seguir leyendo

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Comuniquémonos como Cristo lo haría

Conferencia General Octubre 1988logo 4
Comuniquémonos como Cristo lo haría
por el élder L. Lionel Kendrick
del Primer Quórum de los Setenta

L. Lionel Kendrick«El desafío que enfrentamos en nuestra comunicación con los demás es preparar el corazón para que tenga sentimientos como los de Cristo por todos los hijos del Padre Celestial. Cuando logremos sentir ese interés. . . nos comunicaremos con ellos como lo haría el Salvador.»

Nuestro Padre Celestial nos ha dado un don de valor inapreciable en la capacidad de comunicarnos los unos con los otros. La comunicación es el núcleo mismo de nuestras relaciones con los demás. Si hemos de volver seguros a nuestro hogar celestial, debemos tener una buena relación con los otros hijos de Dios aquí en la tierra.

Lo que comunicamos se refleja en nuestra expresión. Por lo tanto, no solo debemos cuidar lo que decimos, sino como lo decimos. Según el mensaje y la manera de expresarlo, podemos fortalecer o debilitar a un alma.

La responsabilidad

Se nos hará responsables de todo lo que digamos. El Salvador advirtió que «toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mateo 12:36). Quiere decir que toda comunicación tendrá su consecuencia, incluso lo que se nos escapa sin mala intención, las palabras cáusticas que hieren, y las vanas, vulgares y profanas que manchan el nombre de la Deidad.

Comunicaciones que no reflejan el ejemplo de Cristo

Hay algunas comunicaciones que no reflejan el ejemplo de Cristo, que aniquilan las relaciones humanas y no nos sirven para progresar sino para destruirnos. Como resultado, disminuye nuestra posibilidad de retornar seguros a nuestro Padre Celestial. Una de las formas principales en que Satanás retrasa el desarrollo de las buenas relaciones es el uso del chisme y la calumnia en su red de comunicaciones. Quizás las peores expresiones sean la mentira, el culpar a otros, la critica y la ira.

  1. La mentira. La primera es la mentira. Mentir es no decir la verdad, es ser engañoso, falso y deshonesto. Es un tipo de comunicación básico y muy antiguo; se remonta al Jardín de Edén.

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A los obispos de la Iglesia

Conferencia General Octubre 1988logo 4
A los obispos de la Iglesia
por el presidente Gordon B. Hinckley
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Gordon B. Hinckley«Se os ha llamado, ordenado y apartado como pastores del rebano. Se os ha dado discernimiento, capacidad de juzgar y amor para bendecir a los miembros y, en el proceso, bendeciros a vosotros mismos.»

Mis amados hermanos del sacerdocio: Me alegra veros personal mente en este Tabernáculo de la Manzana del Templo en Salt Lake City. Este magnifico edificio esta completamente lleno. También me doy cuenta de que hay miles de hermanos como vosotros reunidos en muchos edificios de la Iglesia en toda América y en otras partes del mundo. Soy consciente de la gran fortaleza que nos da esa unidad. Son muy pocas las cosas que no podremos lograr si vamos adelante, unidos de corazón.

Percibo la fortaleza de los hogares en los que vosotros, hermanos, presidís como dignos esposos y padres, y en los que vosotros, jovencitos, vivís como hijos, y gozáis de las bendiciones del Sacerdocio Aarónico. Me siento agradecido por vuestra fe y oraciones, por vuestra lealtad y amor, por vuestra constancia y devoción. Vosotros dais testimonio de la verdad y de la validez de esta obra. No hay nada como ella en toda la tierra: cientos de miles de hombres que hablan distintos idiomas pero que tienen el sacerdocio de Dios y la autoridad para hablar en su sagrado nombre.

Recuerdo cuando el presidente J. Reuben Clark, hijo, era uno de los consejeros de la Primera Presidencia y rogaba a los poseedores del sacerdocio desde el púlpito que fueran unidos entre ellos. No creo que él pidiera que dejáramos a un lado nuestra personalidad y fuéramos robots cortados todos por un mismo molde. Sé que no estaba pidiendo que dejáramos de pensar ni de razonar. Creo que lo que quería decirnos es que si deseamos ayudar a que la obra de Dios avance, debemos tener todos la misma convicción sobre la piedra fundamental de nuestra fe, incluyendo la verdad y la validez de la Primera Visión, como se cuenta en la historia de José Smith; la convicción de la verdad y la validez del Libro de Mormón, que es una voz que clama desde el polvo para testificar sobre Jesucristo, un registro antiguo escrito por profetas inspirados y que salió a luz en esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos por el don y poder de Dios; sobre la realidad y el poder del sacerdocio que fue restaurado bajo la autoridad de los que lo poseían en la antigüedad: Juan el Bautista, en el caso del Sacerdocio Aarónico, y Pedro, Santiago y Juan, en el caso del Sacerdocio de Melquisedec. Si vamos a ayudar a que la obra de Dios progrese, debemos estar unidos en nuestra convicción de que las consecuencias de las ordenanzas y de los convenios de esta obra son eternas e infinitas: de que este reino se estableció en la tierra por medio del profeta José Smith y que todos los hombres que le han seguido en el oficio de la presidencia han sido y son profetas del Dios viviente: y de que sobre todos pesa la responsabilidad de vivir y enseñar el evangelio como lo interpreta y enseña nuestro profeta actual. Si estamos unidos en esos conceptos básicos y fundamentales, esta obra continuará creciendo con poder y fortaleza para beneficiar a todo el mundo. De eso estoy seguro y doy mi solemne testimonio. Seguir leyendo

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Y mientras ellos esperan

Conferencia General Abril 1988logo 4
Y mientras ellos esperan
por el élder Marvin J. Ashton
del Quórum de los Doce Apóstoles

Marvin J. Ashton1Tratare de darles esperanzas en lugar de desanimo a los que temporariamente hayan perdido ciertos poderes y privilegios.

Hace unos días, un nuevo amigo, que ya no es miembro de la Iglesia porque fue excomulgado, me preguntó: «¿Que puedo hacer mientras espero? Desde hace un tiempo se me viene diciendo con toda claridad lo que no puedo hacer. ¿Podría decirme a mí y a otros en mi misma situación, lo que podemos hacer?»

Al tratar de responder a esa petición sincera de esa buena persona, me doy cuenta de que probablemente voy a dirigirme a pocas, pero muy valiosas, personas en esta ocasión. Tratare de darles esperanzas en lugar de desanimo a los que temporariamente hayan perdido ciertos poderes y privilegios. Algunos de ellos no se atreven m a tener esperanzas por temor a quedar desilusionados. Ruego que pueda ayudarles a ellos y a sus familiares con ideas que los lleven a la acción, a animarse y a estimarse mas a sí mismos.

Recuerdo con toda claridad cuando ese amigo mío agregó a su petición: «No me diga que sea paciente, cariñoso, amable y comprensivo. Necesito mas que eso. Preciso una guía firme. Tengo que dejar de sentirme impotente y seguir viviendo. Ayúdeme, por favor».

Como miembros de la Iglesia, ¿cómo podemos ayudar a esos hermanos?

Sugiero que basemos nuestras acciones en un pasaje del Libro de Mormón:

«No obstante, no lo echareis de entre vosotros, sino que ministraréis por él y orareis al Padre por él en mi nombre; y si acontece que se arrepiente y es bautizado en mi nombre, entonces lo recibiereis, y le daréis de mi carne y sangre» (3 Nefi 18:30).

Las Escrituras muchas veces nos recuerdan que debemos ayudar a todos los hijos de Dios y que debemos hacerlo con el amor puro de Él en el corazón. George Bernard Shaw dijo una vez: «El pecado más grande que se comete en contra de la humanidad no es odiarla . . . es demostrarle indiferencia» (The Devil’s Disciple, segundo acto). Lo que más puede herir a una persona es que se le demuestre indiferencia. Nunca nos permitamos volver la espalda a nadie, ni cruzar la calle para no saludar a alguien o no entablar relaciones apropiadas con cierta persona. Debemos aprender a amar a todos, aun a aquellos que son obstinados. Seguir leyendo

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Vosotros sois la clave

Conferencia General Abril 1988logo 4
Vosotros sois la clave
Por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Thomas S. MonsonTomemos la determinación de librarnos de cualquier crustáceo de pecado, como preparación para cuando surjan las oportunidades, y de honrar el sacerdocio por medio de nuestro servicio.

David declara en uno de sus hermosos y conmovedores salmos:

«¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuan glorioso es tu nombre en toda la tierra! . . . Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, digo: ¿qué es el hombre, para que tengas de él memoria?» (Salmos 8: 1, 34.)

Job, ese justo hombre de la antigüedad, formuló la misma pregunta cuando inquirió:

«¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón?» (Job 7:17.)

Uno no necesita buscar a tientas respuestas a esas penetrantes preguntas al estar, como yo, en presencia de vosotros, en este histórico Tabernáculo o ante todos los demás congregados en diferentes partes del mundo.

«Sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa» (I Pedro 2:9). Sois «casa espiritual y sacerdocio santo» (I Pedro 2:5).

Como poseedores del sacerdocio se nos envió a la tierra en una época difícil. Vivimos en un mundo de corrientes conflictivas a diestra y siniestra. Las intrigas políticas destruyen la estabilidad de las naciones, los déspotas ambicionan el poder, y algunos grupos de la sociedad parecen ser pisoteados todo el tiempo, privados de oportunidades y condenados a vivir con un sentimiento de fracaso.

Nosotros, a quienes se nos ha ordenado al sacerdocio de Dios, podemos ser un ejemplo definitivo. Cuando nos hacemos acreedores a la ayuda del Señor, podemos edificar a jóvenes, corregir a hombres y podemos obrar milagros en Su santo servicio. Tenemos oportunidades sinnúmero. Seguir leyendo

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Venid a Cristo, y perfeccionaos en El

Conferencia General Abril 1988logo 4
Venid a Cristo, y perfeccionaos en El
por el presidente Ezra Taft Benson
Presidente de la Iglesia
Leído por el presidente Gordon B. Hinckley.
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Ezra Taft BensonAl igual que hemos sentido el Espíritu y hemos hecho nuevos y sagrados compromisos, ruego que ahora tengamos la valentía y la fuerza de llevar adelante esa determinación es que hemos tomado.

Ayer de mañana escuchamos la voz potente del presidente Benson, y volvimos a oírla de noche [en la sesión del sacerdocio], y lo que él dijo nos alentó a todos. De acuerdo con su solicitud, me complace leer el mensaje que él preparó como discurso de clausura de esta conferencia.

Mis queridos hermanos y hermanas, esta ha sido una magnífica conferencia general de la Iglesia. Hemos sentido un espíritu maravilloso en todas nuestras reuniones.

Felicito a mis hermanos, las Autoridades Generales que nos han hablado, por sus excelentes mensajes. Oro humildemente para que todos nosotros sigamos los consejos y las instrucciones que hemos recibido.

Al igual que hemos sentido el Espíritu y hemos hecho nuevos y sagrados compromisos, ruego que ahora tengamos la valentía y la fuerza de llevar adelante esas determinaciones que hemos tomado.

En los próximos seis meses, el número de la revista Liahona en el que se publican los discursos de la conferencia debe estar junto con los libros canónicos, al alcance de la mano, para que lo consultéis frecuente mente. Así como dijo mi querido amigo y hermano, el presidente Harold B. Lee, debemos dejar que estos discursos de la conferencia «sean los que guíen nuestros pasos y nuestras palabras en los próximos seis meses. Estos son los importantes asuntos que el Señor considera oportuno revelar a su pueblo en este día» (en Conference Report, abril de 1946, pág. 68).

Que todos vayamos a nuestro hogar con renovados deseos de dedicarnos a hacer que se cumpla la sagrada misión de la Iglesia que en forma tan hermosa se ha expuesto en estas sesiones de la conferencia: » . . . invitar a todos a venir a Cristo» (D. y C. 20:59), y » . . . venid a Cristo, y perfeccionaos en Él» (Moroni 10:32).

Esta gran misión de la Iglesia se  cumple al proclamar el evangelio, perfeccionar a los santos y redimir a  los muertos. Seguir leyendo

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Una invitación a la exaltación

Conferencia General Abril 1988

Una invitación a la exaltación

por el presidente Thomas S. Monson
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

El Maestro les dice . . . a todos, tiernamente: «Venid. Volved al hogar. Venid a mí». ¡Que eterno gozo nos espera cuando aceptamos su divina invitación!


En todas partes la gente lleva un ritmo de vida apresurado. Los rápidos aviones modernos llevan su preciosa carga humana a través de anchos continentes y vastos océanos. Hay que llevar a cabo reuniones, las atracciones llaman al turista, y amigos y familiares esperan la llegada de los vuelos. Por las autopistas modernas de varias vías pasan millones de automóviles, ocupados por millones de personas, todos en una corriente interminable.

¿Alguna vez se detiene esa masa humana? ¿Se hace un alto en ese paso vertiginoso para meditar un momento o dedicar un pensamiento a las verdades eternas?

Cuando los comparamos con estas verdades, los asuntos de la vida cotidiana nos parecen bastante triviales. ¿Qué comeremos esta noche? ¿Podremos ir hoy al cine? ¿A dónde iremos de paseo el sábado? Esas preguntas son totalmente insignificantes cuando se presentan momentos de crisis, cuando nuestros seres queridos sufren, cuando el dolor irrumpe en el hogar donde se gozaba de salud, o cuando la vida misma parece llegar a su fin, quizás prematuramente; entonces, inmediatamente se separan la verdad de las trivialidades terrenales, y el alma del hombre se dirige hacia el cielo buscando una respuesta divina a las preguntas más importantes de la vida: ¿De donde vinimos: ¿Por que estamos aquí: ¿Hacia donde vamos después de la muerte? Las respuestas no se encuentran en ningún libro de texto, ni se consiguen llamando por teléfono a ningún servicio de información, ni tratando de adivinarlas, ni en ningún examen académico. Esas preguntas trascienden lo mortal y abarcan la eternidad. Seguir leyendo

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Ser sin engaño

Conferencia General Abril 1988logo 4
Ser sin engaño
por el élder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Joseph B. WirthlinEl engaño le impide al Espíritu Santo inspirarnos, guiarlos e instruirnos, y nos hace más vulnerables a los ataques de Satanás.

Mis queridos hermanos, ruego que me acompañe ese mismo Espíritu del cual hemos disfrutado tanto durante esta conferencia tan hermosa e inspiradora.

Al principio de su ministerio terrenal, el Salvador atrajo a sí una multitud de discípulos con el poder de Su presencia y el espíritu de Su mensaje. Entre esos discípulos, Él eligió a doce para que fueran sus testigos especiales.

«Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.» (Lucas 6: 13. )

No hay duda de que Jesús los había elegido, porque El mismo les dijo: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros» (Juan 15:16). Esos doce Apóstoles eran hombres comunes de diferentes clases sociales. El Salvador los eligió porque Él veía mas allá de su apariencia terrenal, dentro de su corazón, y reconocía el potencial de cada uno de ellos.

Después de llamar a Pedro, Andrés y Felipe, este le presentó a Natanael, que, según algunos eruditos, era Bartolomé, el Apóstol. Felipe le dijo a Natanael: «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret» (Juan 1:45).

En esa declaración Felipe testificó que Jesús era el Mesías. Natanael dudaba que de Nazaret pudiera provenir algo bueno, lo que indica la mala reputación de esa ciudad en aquella época. Felipe le dijo que fuera el mismo y viera. Esa es la perfecta respuesta que se puede dar a todos los que busquen saber la verdad sobre Cristo. Los investigadores imparciales se convierten cuando vienen y ven.

Cuando Jesús vio a Natanael que se acercaba, dijo: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño» (Juan 1:47). En ese momento, Natanael se dio cuenta de que Jesús podía ver en su corazón y le preguntó sorprendido: «¿De dónde me conoces?» La respuesta del Salvador demostró un poder aun mayor de percepción cuando le dijo que antes de que Felipe lo llevara allí, Él lo había visto debajo de una higuera. Seguir leyendo

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Seamos fieles

Conferencia General Abril 1988logo 4
Seamos fieles
por el élder George R. Hill, III
del Primer Quórum de los Setenta

George R. Hill IIIQue gran bendición es poder buscar y encontrar en las Escrituras las soluciones a casi cualquiera de los problemas con que nos enfrentamos en nuestros llamamientos.

Mis queridos consiervos de nuestro Señor y Salvador Jesucristo: Desde que recibí este llamamiento especial para servir al Maestro, he estudiado, meditado y orado, como todos vosotros, sobre la mejor forma de servir.

Antes de la ultima conferencia de abril, durante cuarenta años, tuve el privilegio de buscar la verdad mediante la investigación en las ciencias físicas, una tarea que combina un poco de inspiración con un mucho de transpiración, pero que lleva al descubrimiento de evidencias y principios que brindan grandes beneficios a la humanidad. Siento gratitud por ese privilegio, así como por otro simultaneo que he tenido: el de descubrir los principios de verdad revelados por el Señor directamente a sus profetas escogidos, tal como están registrados en las Escrituras. Para los muchos jóvenes de la Iglesia que tienen la prerrogativa de descubrir verdades por métodos científicos, agrego mi testimonio al de los élderes James E. Talmage y John A. Widtsoe (autor este de un libro titulado En busca de la verdad) de que no existe conflicto entre las evidencias y verdades de la ciencia y las que recibimos por revelación directa. En cambio, las evidencias y verdades de ambas partes se complementan, y cada una ofrece respuestas a preguntas fundamentales, respuestas que debemos conocer para que se cumpla nuestro destino de hijos de Dios y de copartícipes con nuestro Padre en su plan eterno.

El aparente conflicto surge cuando las teorías de la ciencia-que sirven de puntos de conexión para tratar de entender la relación que existe entre los hechos observados-se confunden con los hechos experimentalmente verificados.

A veces, algunas personas someten las Escrituras a la interpretación personal, lo cual también puede dar lugar a diferencias en la forma de percibir lo que ellas dicen. He aprendido a decir «no sé» cuando me presentan conceptos que no parecen concordar entre sí. Un verdadero científico jamas dirá que la investigación científica nos proporciona las respuestas conclusivas y exactas; la ciencia es un proceso continuo de aprendizaje. Los Artículos de Fe nos enseñan que el Señor «aun revelara muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios» (noveno Articulo de Fe). Los miembros de la Iglesia del Señor tenemos la bendición de creer todo lo que sea verdad y buscar diligentemente el saber «por el estudio como por la fe» (D. y C. 88:118). Seguir leyendo

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Recordad siempre al Señor

Conferencia General Abril 1988

Recordad siempre al Señor

Dallin H. Oakspor el élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles

Si verdaderamente recordamos al Salvador, serviremos a los demás, perdonaremos, cumpliremos Sus ordenanzas, soportaremos aflicciones, cuidaremos del enfermo y del afligido y amaremos a nuestro prójimo.

En Abril de 1830. el Señor mandó a los miembros de su Iglesia recientemente restaurada que se reunieran «a menudo para tomar el pan y el vino en memoria del Señor Jesús» (D. y C. 20:75). Esta instrucción era la misma que había dado al instituir la ordenanza casi dos mil años antes. En el libro de Lucas dice:

«Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.» (Lucas 22:19.)

Cuando tomamos la Santa Cena, atestiguamos ante Dios el Eterno Padre que recordaremos siempre a su Hijo (D. y C. 20:77, 79; 3 Nefi 18:7, 11). Todos los domingos millones de Santos de los Últimos Días hacen esta promesa. Cuando nos referimos al Salvador, ¿qué quiere decir «recordarle siempre»?

Recordar quiere decir traer algo a la memoria. En las Escrituras se refiere muchas veces a mantener a una persona en la memoria y relacionar con ella sentimientos de amor, lealtad o gratitud. Cuanto más fuerte sea ese sentimiento, mas vivido e influyente será el recuerdo. He aquí algunos ejemplos:

Primero. La mayoría de nosotros tenemos recuerdos muy claros de nuestros padres mortales, los que nos dieron el ser y nos cuidaron en la infancia. Este recuerdo no se desvanece con el tiempo, sino que con la sabiduría de los años llega a ser más significativo. Al envejecer pienso cada vez mas en mis padres, y siempre los recordaré.

Segundo. Poco antes de que naciera nuestro primer hijo, nos enteramos de que era necesario que a mi esposa le hicieran una cesárea. Por aquel entonces, yo era estudiante en la Universidad Brigham Young y tenia al mismo tiempo un trabajo regular. De mis escasos ingresos habíamos ahorrado el dinero para pagar las cuentas de hospital y medico, pero en nuestros planes no cabían tan inesperadas nuevas: además, apenas sabíamos lo que era una cesárea y temimos lo peor. Seguir leyendo

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Que pensáis del Cristo?

Conferencia General Abril 1988

¿Que pensáis del Cristo?

Douglas H. Smith

por el elder Douglas H. Smith
del Primer Quórum de los setenta

El Santo de Israel sólo procuraba servir a su Padre y expresar amor eterno a los hijos de Dios en la tierra.

Mis queridos hermanos, me regocijo por el privilegio de encontrarme con ustedes esta tarde en otra sesión de la conferencia general. Hemos venido todos a adorar al Señor y a recibir instrucciones y consejos de nuestros lideres. Tenemos mucho que agradecer, y mi corazón reboza de gratitud por las abundantes bendiciones que Dios me da al servir con los excelentes misioneros y miembros de la Iglesia de Asia. Su obra prospera y progresa allí al igual que en todas partes del mundo.

Al acercarse la hora funesta en que Jesucristo se entregaría como el supremo sacrificio por toda la humanidad, preguntó a los que trataban de encontrar algo de que acusarlo: «¿Que pensáis del Cristo’?» (Mateo 22:42.) Muchas veces he reflexionado sobre esa pregunta inquisitiva y me he preguntado como se aplicaría a nosotros en esta época. Me pregunto que dirá sobre nosotros, los de esta generación, el celestial e indeleble registro por el cual seremos juzgados.

¿Aceptamos de todo corazón que es el Unigénito de Dios que fue enviado a la tierra a redimir a la humanidad? El rey Benjamin testificó, como lo registro Nefi en el libro de Helamán: » ¡Oh recordad, recordad, hijos míos, las palabras que el rey Benjamin habló a su pueblo! Sí, recordad que no hay otra manera ni medios por los cuales el hombre puede ser salvo, sino por la sangre expiatoria de Jesucristo, que ha de venir; si, recordad que él viene para redimir al mundo» (Helamán 5:9).

El Cordero de Dios vino al mundo a redimir y a enseñar. Enseñó la gran ley del amor: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente . . . Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37, 39). «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros» (Juan 13:34). El Santo de Israel no buscaba poder ni gloria en la tierra; sólo procuraba servir a su Padre y expresar amor eterno a los hijos de Dios en la tierra.

El Mesías hizo ver a los ciegos, oír a los sordos, sanar a los enfermos y alimentar a los hambrientos. Todas sus acciones reflejaron amor, compasión, bondad y perdón. Los pobres y los desamparados continuamente gozaron de su benevolencia y, cuando llegó al final de su vida mortal, se llenó de compasión por los responsables de su crucifixión. Oró al padre para que los perdonara porque no sabían lo que hacían (Lucas 23:34). Seguir leyendo

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Porque yo os guiaré

«PORQUE YO OS GUIARÉ»logo 4
por el élder Neal A. Maxwell
del Quórum de los Doce Apóstoles

Neal A. MaxwellEstamos en esta vida terrenal y tenemos que seguir adelante con valor; no hay otro camino. Nuestro Salvador nos ha dicho: «. . . tened buen ánimo».

Gracias, presidente Benson, por su exhortación sobre el primer mandamiento y más aun por la forma en que lo pone en práctica por medio de sus expresiones de amor hacia todos nosotros.

Hermanos, a lo largo de la historia cristiana, al concentrarse en unas pocas profecías y pasar por alto otras, algunos creyentes han esperado prematuramente la Segunda Venida. Hoy en día, si bien nos encontramos evidentemente mas cerca de ese momento~0 corremos el peligro de hacer lo mismo.

Por otro lado, la indiferencia es también un gran peligro. Del primer advenimiento de Jesús, el escéptico dijo: » . . . no es razonable que venga tal ser como un Cristo» (Helamán 16: 18). De su segunda venida, Jesús dijo:

«Mirad. . . [no sea] . . . que . . . venga de repente sobre vosotros aquel día   » (Lucas 21:34-35; véase también Mateo 24:37-38; Apocalipsis 3:3; D. y C. 45:26.)

Pedro escribió de los escépticos que dirían: «¿Dónde esta la promesa de su advenimiento?», porque, ¿no es que «todas las cosas permanecen así como desde el principio»‘? (2 Pedro 3:4).

Algunas profecías, como la del regreso del pueblo judío a Israel, se adelantaron décadas a su cumplimiento (véase Ezequiel 39:27). Otras profecías pueden cumplirse en un corto periodo de tiempo. El llevar el evangelio restaurado «para testimonio» (Mateo 24: 14) a todas las naciones del mundo supone generaciones, pero «una plaga asoladora» podría desatarse velozmente en la tierra (véase D. y C. 5: 19). Es lamentable, pero ya existe mas de una posibilidad de esas plagas (véase Marcos 13:10; D. y C. 5: 19). Si bien el florecimiento del desierto «como la rosa» tardó mucho tiempo, una considerable decadencia moral podría acontecer en una sola generación: ya sea en una nación o en una familia (véase Isaías 35:1; Helamán 6:32; 11:36; 12:4). Seguir leyendo

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