Aprender a oír y entender al Espíritu
Por David M. McConkie
Primer Consejero de la Presidencia General de la Escuela Dominical
Una de las cosas más importantes que podemos hacer es aprender a oír y seguir los susurros del Espíritu.
Mi padre se crió en el pequeño pueblo de Monticello, Utah. Cuando él tenía siete años, una de sus tareas diarias era traer las vacas de la familia de donde estaban pastando. Su posesión más preciada era su navaja, la cual siempre llevaba consigo. Un día, mientras montaba en su caballo para ir a recoger las vacas, fue a sacar su navaja del bolsillo. Consternado, se dio cuenta de que la había perdido por el sendero. Se sentía desconsolado, pero creía en lo que le habían enseñado su padre y su madre: que Dios oye y contesta las oraciones.
Detuvo el caballo y se deslizó del lomo sin montura de éste, al suelo. Allí se arrodilló y le pidió al Padre Celestial que lo ayudara a encontrar su navaja. Volvió a montar en el caballo, dio la vuelta y regresó por el sendero. Después de cierta distancia, el caballo se detuvo. Papá se bajó del caballo y metió la mano en el polvo del sendero. Allí, enterrada en el polvo, encontró su preciada navaja. Él sabía que el Señor había oído y contestado su oración. Seguir leyendo











































