La historia del Libro de Moisés es, en realidad, la historia de cómo el Señor comenzó a restaurar al mundo muchas verdades perdidas mediante Su profeta José Smith. Apenas unos meses después de la organización de la Iglesia, José recibió la instrucción divina de volver a abrir la Biblia, no como un lector común, sino como un profeta con la misión de corregir, aclarar y restaurar lo que el tiempo y la transmisión humana habían oscurecido. Así nació la Nueva Traducción o Traducción de José Smith.
El proceso no fue simple ni breve. Comenzó en junio de 1830, cuando José, con su Biblia inglesa en mano, empezó a dictar a Oliver Cowdery, John Whitmer, Emma Smith y más tarde Sidney Rigdon. Cada escribiente fue testigo de un torrente de revelación que no sólo aclaraba versículos, sino que añadía páginas enteras de información perdida desde la antigüedad. Moisés 1, por ejemplo, no tiene equivalente en el Génesis, lo cual evidencia que José Smith no estuvo “editando” el texto, sino recibiendo revelación pura que restauraba conocimiento antiguo y aun enseñanzas nunca antes registradas.
El trabajo avanzó por etapas. Al llegar a cierto punto de Génesis, el Señor mandó a José a traducir primero el Nuevo Testamento. Cuando este se completó en 1832, continuó nuevamente con el Antiguo Testamento hasta culminar en 1833. Ese día, José dijo con gratitud que habían terminado la traducción. Aunque aún faltaban ajustes mecánicos —puntuación, versificación, pulido del lenguaje—, la obra inspirada estaba terminada.
A lo largo del proceso, José efectuó miles de cambios: algunos restauraban enseñanzas originales; otros agregaban instrucciones que nunca se registraron en los textos antiguos; otros modernizaban el lenguaje; y otros corregían doctrinas incorrectamente transmitidas en la Biblia. El profeta cumplía así su llamamiento de “vidente, revelador y traductor”, asistido por el Espíritu.
Tras la muerte del Profeta, los manuscritos quedaron en manos de su familia, y la Iglesia en Utah no tuvo acceso a ellos por décadas. Esto generó confusión sobre si la traducción había sido completada. No fue sino hasta la investigación profunda del profesor Robert J. Matthews, en el siglo XX, que se confirmó que José Smith sí había terminado la obra revelada y que la Versión Inspirada publicada por la Comunidad de Cristo preservaba gran parte de ese trabajo, aunque con omisiones.
La Perla de Gran Precio incorporó extractos del Génesis traducido por José Smith desde 1851, y en 1880 fue canonizada. Así, el Libro de Moisés —un pequeño fragmento de la inmensa obra de la Traducción de José Smith— se volvió escritura sagrada para la Iglesia restaurada.
Hoy, gracias a las ediciones modernas de la Biblia SUD y la Guía para el Estudio de las Escrituras, gran parte de la obra del Profeta está disponible. Y así, la restauración anunciada por Nefi —el retorno de las “cosas claras y preciosas”— continúa bendiciendo a los hijos de Dios que buscan entender Sus caminos. Seguir leyendo →