Anclados en la fe y la dedicación

Agosto de 2001
Anclados en la fe y la dedicación
por el élder M. Russell Ballard
del Quórum de los Doce Apóstoles

M. Russell BallardLa fe, la obediencia, la gratitud y el sacrificio de nuestros antepasados son los regalos que podemos legar a nuestros hijos.

En un discurso pronunciado ante miles de personas en nauvoo en abril de 1844, el profeta José Smith habló de la importancia de empezar con un entendimiento correcto del carácter y los designios de Dios, y dijo: “si empezamos bien, es fácil seguir marchando bien; pero si empezamos mal, podemos desviarnos y será difícil volver a orientarnos” (enseñanzas del profeta José Smith, pág. 424). Al considerar lo que se nos avecina a nosotros, a nuestra familia y al reino de dios, ¿entendemos plenamente los designios de dios en nuestra vida?

Agosto de 2001 Liahona1.En 1920, el hermano Marion G. Romney asistió a una conferencia de la Estaca Fremont en el Tabernáculo de Rexburg. Mi abuelo, el élder Melvin J. Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, era la autoridad presidente. Debido a que el hermano Romney tenía 23 años de edad y a las difíciles circunstancias económicas de su familia, él no había considerado la idea de servir una misión.

Años más tarde, el 15 de octubre de 1963, el élder Romney, por entonces miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó su experiencia: “En la época en que me gradué, planeaba ir a la Universidad de Idaho en otoño. Tenía la intención de jugar al baloncesto y al fútbol americano, y prepararme para ser entrenador. A fines de agosto, asistí a una conferencia de estaca [y] me senté en la primera banca al extremo este de los asientos del coro, directamente al norte del púlpito. Al escuchar intensamente con mis ojos fijos en el perfil del [élder Ballard], vino a mí, por el poder del Espíritu, el irresistible deseo de ir a una misión. En ese instante abandoné mis planes de convertirme en entrenador. En noviembre salí a una misión en Australia” (discurso pronunciado en una reunión espiritual en el Colegio Universitario Ricks el 15 de octubre de 1963).

En su camino a Australia, el élder Romney fue a Salt Lake City, donde mi abuelo lo apartó como misionero, le dio consejo y, entre otras cosas, le dijo: “Uno nunca da un mendrugo al Señor sin recibir a cambio una barra de pan” (citado por F. Burton Howard, Marion G. Romney: His Life and Faith, 1988, pág. 66). Marion G. Romney nunca olvidó esa frase. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 comentario

Cómo nutrir el Espíritu

Cómo nutrir el espíritu

Dallin H. Oakspor élder Dallin H. Oaks
del Quórum de los Doce Apóstoles
Discurso pronunciado en el Colegio Universitario Ricks el 13 de febrero de 1996.

Dios se revela a Sí mismo y revela Sus verdades eternas a los que procuran, sirven y escuchan Sus enseñanzas con humildad.


Sabemos que nuestros cuerpos físicos requieren de nutrientes para sostener la vida y mantener la salud física y mental. Si se nos priva de esos nutrientes, nuestra vitalidad física y mental se debilita y tenemos la condición llamada desnutrición. La desnutrición produce síntomas tales como reducción de las funciones mentales, trastornos estomacales, pérdida de la fortaleza física y deterioro de la visión. La buena nutrición es especialmente importante en los niños, cuyos cuerpos en desarrollo pueden dañarse fácilmente si les faltan los nutrientes necesarios para un crecimiento normal.

PROCURAR Debemos recordar la enseñanza de Nefi de que los misterios de Dios, el alimento espiritual más selecto, no puede comprenderse “a menos que uno [recurra] al Señor”.

Nuestros espíritus también necesitan nutrirse. Así como hay alimento para el cuerpo, también hay alimento para el espíritu. Las consecuencias de la desnutrición espiritual son tan dañinas para nuestra vida espiritual como la desnutrición física lo es para nuestro cuerpo físico. Los síntomas de la desnutrición espiritual incluyen la reducción de la capacidad de digerir alimento espiritual, la pérdida de fortaleza espiritual y el deterioro de la visión espiritual.

Existen algunos principios importantes que debemos comprender para asegurarnos de que nosotros y nuestros hijos no sufriremos la desnutrición espiritual. Sabemos que las principales fuentes de alimento espiritual son: la oración, el estudio de las Escrituras, la asistencia a reuniones inspiradoras, el canto de los himnos de Sión, el servicio en nuestros llamamientos, el ayuno, el participar de la Santa Cena y hacer otros convenios, tales como los del templo. También sabemos que algunas experiencias pueden interferir en la asimilación del alimento espiritual, de la misma forma que ciertas sustancias dañinas pueden interponerse en la obtención de la nutrición física necesaria que proviene de los alimentos físicos. Por ejemplo, todo lo que aleja al Espíritu del Señor, como la pornografía, las malas palabras o la ira, nos impedirá obtener la nutrición espiritual que necesitamos de las experiencias que normalmente serían efectivas como alimento espiritual. Algunas sustancias físicas, tales como las prohibidas por la Palabra de Sabiduría, son dañinas tanto para el cuerpo como para el espíritu. Debemos asegurarnos de que nuestros hijos tengan suficiente alimento espiritual y que estén protegidos de las influencias que impidan que este alimento sea asimilado como nutrición espiritual. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

La disposición a hacer lo bueno continuamente

La disposición a hacer lo bueno continuamente

Spencer J. Condiepor el élder Spencer J. Condie
de los Setenta
Liahona  Junio de 2001

Puede que la mejor evidencia de la verdadera conversión sea el no tener más la disposición a obrar mal.


Hace más de dos mil años, una gran congregación de santos se reunió alrededor del templo en la tierra de Zarahemla para escuchar uno de los sermones más grandiosos jamás registrados en las santas Escrituras. El rey Benjamín recordó varias veces a su auditorio que hablaba las palabras que le habían sido dadas por un ángel de Dios (véase Mosíah 3:2; 4:1; 4:11; 5:5).

Una vez que hubo escuchado el inspirador sermón del rey Benjamín, la vasta congregación gritó al unísono: “¡Oh, ten misericordia, y aplica la sangre expiatoria de Cristo para que recibamos el perdón de nuestros pecados”. En respuesta a sus súplicas, “el Espíritu del Señor descendió sobre ellos, y fueron llenos de gozo” (Mosíah 4:2–3). Este sentimiento de gozo es una de las características de haber sido perdonados de nuestros pecados, pues, tal como declaró Alma, “la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10).

Cuando reconocieron la bondad de Dios, los del pueblo de Zarahemla también experimentaron una “paz de conciencia” y fueron “llenos del amor de Dios”, dos manifestaciones más de que habían sido perdonados (véase Mosíah 4:3, 12). Aprendieron sobre otros indicadores del perdón: no tendrían “deseos de injuriar[se] el uno al otro” (Mosíah 4:13), ni permitirían que sus hijos “quebrant[aran] las leyes de Dios, ni cont[endieran] y riñ[ieran] unos con otros” (Mosíah 4:14). Otra indicación de la remisión de los pecados era su inclinación a ayudar al necesitado y su deseo de “impartir[se] el uno al otro de [sus] bienes” (Mosíah 4:21).

junio 20011

A la conclusión del inspirado discurso del rey Benjamín, el pueblo creyó todas sus palabras y experimentaron un potente cambio de corazón y “ya no [tuvieron] más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente”.

A la conclusión del inspirado discurso del rey Benjamín, el pueblo creyó todas sus palabras y experimentaron un potente cambio de corazón y “ya no [tuvieron] más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” (Mosíah 5:2). Puede que de todas las evidencias de una conversión verdadera y de la remisión de los pecados, ésta sea la más significativa: el no tener más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | 1 comentario

Quiénes creen que son?

¿Quiénes creen que son?

James E. Faustpor el presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Liahona, Junio 2001

Como hijos e hijas de Dios, tenemos la obligación de cultivar tantos de los talentos que Dios nos ha dado como nos sea posible. Ustedes serán más felices si saben quiénes son y se sienten bien consigo mismos.


Les felicito, jóvenes, por ser espíritus especiales y escogidos que han sido reservados para nacer en esta generación. Están ustedes comenzando la lucha por descubrir quiénes son y hallar su lugar en la vida; tienen sentimientos nuevos y fuertes; tienen grandes retos. Espero que estén comenzando a tener éxito y a sobresalir de alguna forma especial; puede que se trate de su sonrisa, su personalidad o su habilidad para edificar a los demás; quizás estén descubriendo el talento que tienen como atletas, eruditos, especialistas en computadoras, músicos, constructores, artistas o cualquier otra actividad. El descubrir su talento podría proporcionarles algún tipo de reconocimiento personal, y estos logros pueden hacer que se pongan a pensar en quiénes son ustedes en realidad.

El doctor Fred Riley, un prominente trabajador social, ha tratado a muchos atletas que se ven a sí mismos más como atletas que como hijos de Dios, y dice: “¿Qué sucede cuando no pueden jugar al básquetbol? Pierden su identidad” 1. Su propia estimación está relacionada más con sus habilidades físicas que con su carácter. Muchos de los que logran un reconocimiento mundial tal vez no estén a gusto consigo mismos. Algunas personas ricas y famosas, aun cuando tienen gran talento y habilidad, se sienten inseguras y sucumben a las drogas, el alcohol o la inmoralidad, destrozando así su vida; y en vez de ser felices siendo quienes son, están insatisfechas y descontentas. Miden el mérito que tienen únicamente en términos de sus talentos y logros, en vez de por quienes son realmente en el interior. No siempre es cierto que cuanto más se logra, más feliz se es o más a gusto se está con uno mismo.

Junio de 2001 Liahona 1Como hijos e hijas de Dios, tenemos la obligación de cultivar tantos de los talentos que Dios nos ha dado como nos sea posible. Todos deberíamos esforzarnos por alcanzar objetivos dignos. Debemos adquirir habilidades y obtener una educación académica. Ustedes serán más felices si saben quiénes son y se sienten bien con ustedes mismos.

Así que, ¿quiénes creen que son ustedes? Quienes crean que son y lo que en realidad son pueden ser dos versiones diferentes de ustedes mismos. Desde una perspectiva eterna, ambas versiones tienen que llegar a un mismo punto. Dios les conoce y sabe lo que ustedes pueden llegar a ser porque Él les conoce desde el principio, cuando eran Sus hijos e hijas espirituales. Lo que ustedes lleguen a ser dependerá en gran medida de cómo obedezcan los principios de rectitud y hagan buenas obras. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , | 1 comentario

El faro del Señor

Liahona Mayo de 2001

El faro del Señor

Thomas S. Monsonpor el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia
Un mensaje para la juventudde la Iglesia

Ustedes, los jóvenes de la Iglesia, son un grupo glorioso, una generación escogida; me recuerdan las palabras escritas por el poeta Henry Wadsworth Longfellow:

¡Hermosa es la juventud! ¡De brillante resplandor,
de ilusiones, aspiraciones y sueños de fervor!
Libro de comienzos, de historias sin fin,
Una heroína en toda joven, y en todo hombre un amigo afín!1 (Traducción libre.)

Hace apenas veinte años, muchos de ustedes aún no habían comenzado su viaje por la mortalidad; su morada era un hogar celestial. Sabemos relativamente poco de los detalles de nuestra existencia en ese lugar, sólo que nos hallábamos entre los que nos amaban y estaban preocupados por nuestro bienestar eterno. Luego llegó el momento en el que la vida en la tierra se hizo necesaria para nuestro progreso; sin duda, recibimos palabras de despedida, expresiones de confianza y logramos graduarnos en la vida terrenal.

Mayo de 2001 Liahona - Adobe Acrobat Pro¡Qué ceremonia de graduación nos aguardaba a cada uno de nosotros! Padres amorosos nos recibieron con gozo en nuestro hogar terrenal; se nos colmó de tierno cuidado y abrazos cariñosos. Alguien describió a un recién nacido como “una dulce y nueva flor de la Humanidad, recién caída de la morada de Dios para florecer en la tierra”2.

Esos primeros años fueron preciosos y especiales; Satanás no tenía poder para tentarnos, pues aún no habíamos llegado a ser responsables, sino que éramos inocentes ante Dios; eran años de aprendizaje. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | 1 comentario

Lecciones aprendidas durante Jornada de la vida

7 de noviembre de 1999

Lecciones aprendidas durante Jornada de la vida

Joseph B. Wirthlinpor el élder Joseph B. Wirthlin
del Quórum de los Doce Apóstoles

Charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia celebrada en la Universidad Brigham Young el 7 de noviembre de 1999.

Algunas de las personas más felices que conozco no tienen nada de lo que, según insiste el mundo, uno debe tener para sentir satisfacción y gozo.

No me es difícil recordar el tiempo en que estudié en la universidad. Me encantaban muchas cosas de la vida universitaria; me gustaba aprender, me encantaba la camaradería estudiantil y adoraba el fútbol americano.

Siempre había soñado con jugar al fútbol a nivel universitario y durante mis tres primeros años allí, me puse el uniforme rojo y jugué de “defensor”.

En aquella época, el mundo estaba al borde del caos; había enconadas fuerzas políticas opuestas y la tensión repercutía por todas partes. Los países se provocaban entre sí, y daba la sensación de que todo el mundo estaba rugiendo como un volcán listo para entrar en erupción. Durante ese periodo, todo país y toda persona sentía los efectos de esos días difíciles.

Recuerdo cuando mi padre me habló luego de terminada la temporada de fútbol de 1936.

“Joseph”, me dijo, “¿deseas ir a la misión?”

Le dije que sí.

“Entonces debes ir ahora”, dijo. “Si esperas, nunca irás”.

Yo no quería creerle; deseaba hacer realidad mi sueño y continuar jugando al fútbol y graduarme en la universidad, porque si aceptaba un llamamiento misional, debía abandonarlo todo. En esos días, el llamamiento misional era de treinta meses y sabía que si aceptaba, habría una gran probabilidad de que nunca jugaría al fútbol otra vez y quizás ni siquiera me graduaría.

Sin embargo, sabía que lo que mi padre decía era verdad. Mi obispo era Marion G. Romney (1897–1988), quien más tarde fue miembro de la Primera Presidencia de la Iglesia. Él me había hablado sobre servir en una misión, y yo fui a verle para decirle que había llegado el momento de ir.

Pocos meses después me embarqué en el buque SS Manhattan y empecé un largo viaje que me llevaría al corazón de la crisis mundial. Mi llamamiento misional fue a la Misión Alemania–Austria.

Mi primer lugar de trabajo fue en Salzburg, Austria. No había suficientes misioneros y poco después de mi arribo, se transfirió a mi compañero a otro distrito de la misión, por lo que me encontré solo en Salzburg… un misionero joven en un lugar nuevo y desconocido.

Ocurría entonces otro suceso que no he mencionado: se estaba reuniendo un gran ejército del Tercer Reich de Hitler en la frontera, a unos 30 kilómetros de Salzburg. Por todas partes había un ambiente de creciente tensión. Nadie sabía si el día de mañana sería el momento en que los tanques Panzer se desbordarían por la frontera.

Recuerdo muy bien esos días. No creo que ha habido una época de mi vida en la que me haya sentido más desalentado, más perdido. La misión era difícil; nadie parecía tener tiempo para mí ni para el mensaje que llevaba y me preguntaba si algún día habría suficientes miembros en esa ciudad para crear un barrio.

Estuve solo seis semanas; durante seis semanas esperé un compañero; durante seis semanas me preguntaba qué estaría haciendo si me hubiera quedado en Salt Lake City y hubiera continuado mis estudios.

Aun cuando aquellos días y noches parecían interminables, finalmente pasaron. Llegó un compañero mayor y nos esforzamos al máximo por servir al Señor bajo esas circunstancias.

Ese año, al aproximarse la Navidad, decidimos caminar hasta Oberndorf, una pequeña aldea anidada entre los hermosos Alpes bávaros. Permítanme recordarles que la belleza y majestad de esa aldea inspiraron a Joseph Mohr a escribir en 1818 el hermoso himno “Noche de luz” (Himnos, número 127).

La víspera de Navidad caminamos a la aldea y por un rato nos sentamos en silencio en una iglesia pequeña y humilde para escuchar la hermosa música del órgano. Al regresar, lo hacíamos bajo una fría y despejada noche invernal. Caminamos bajo un cielo estrellado y sobre la quietud de la nieve recién caída; quizás ésa era una noche similar a la que inspiró al ayudante de un sacerdote protestante a escribir la letra de uno de los himnos más queridos de la cristiandad hace más de cien años.

Mientras caminábamos, mi compañero y yo conversamos sobre nuestras esperanzas y sueños; hablamos de nuestras metas y de lo que deseábamos que sucediera en nuestra vida. Cuanto más hablábamos, más empezamos a tomar en serio la idea de lograr aquello que nos proponíamos. Al caminar bajo la luz de la luna, ambos tomamos determinaciones solemnes.

Esa noche me comprometí a que no perdería el tiempo, que renovaría mis esfuerzos por servir al Señor. Tomé la decisión de que magnificaría cualquier llamamiento que recibiera en el reino del Señor.

Ésa fue también la noche en la que decidí con quién me casaría. No sabía su nombre, pero tenía en mente el tipo de persona que sería: una mujer que viviera el Evangelio y que fuera espiritualmente fuerte. Incluso se la describí a mi compañero: le dije que mediría 1,65 metros de estatura, que tendría ojos azules y cabello rubio. La hermana Wirthlin encaja en la descripción que hice de ella en aquella ocasión sin siquiera conocerla. Así que aquélla fue una noche importante para mí. Pasaron dos años y medio y, antes de que me diera cuenta, me encontraba de nuevo en mi hogar. Recuerdo que alguien mencionó un nombre: Elisa Rogers, una joven que estaba a cargo de un baile universitario en el Hotel Utah. Había algo especial en ese nombre y decidí que tenía que conocerla.

Recuerdo la primera vez que la vi. Como favor a un amigo, yo había ido a la casa de ella a buscar a su hermana. Entonces, Elisa abrió la puerta y yo me quedé mirándola: Allí estaba, hermosa, de 1,65 metros de altura, ojos azules y cabello rubio.

Ella debió haber sentido algo también porque las primeras palabras que me dijo fueron con un terrible error gramatical.

Pronto se dio cuenta de su horrible equivocación y se ruborizó. Para entender bien el problema, tengo que agregar que ella, en sus estudios universitarios, estaba especializándose en la gramática del idioma inglés.

Después de todos estos años, todavía recuerda la vergüenza de ese momento. Y por supuesto que el que yo siempre cuente la historia no sirve de mucho, pero espero que me perdone.

Han pasado seis décadas desde esa víspera de Navidad en Oberndorf cuando tomé esas decisiones. Mucho ha pasado durante esos años. El presentimiento que tenía en cuanto a jugar al fútbol fue correcto: nunca más jugué; aunque sí me gradué en la universidad. Sin embargo, no me he arrepentido jamás de haber servido en una misión ni de haberme comprometido a servir al Señor. Al hacerlo, mi vida ha estado llena de aventuras, de experiencias espirituales y del gozo que sobrepasa todo entendimiento.

Quizás muchos de ustedes puedan estar pasando por un momento en su vida en que se sientan un poco desilusionados o solos. Quizás se sientan un poco perdidos, quizás hasta un poco temerosos. Todos han sentido eso alguna vez en la vida; todos se han preguntado si su vida será feliz.

Hace más de dos milenios, Aristóteles sugirió que toda persona tiene el mismo objetivo básico: ser feliz (véase Ética Nicomáquea, libro 1, capítulos 4, 7). Después de haber vivido más de 80 años, he empezado a entender lo que hace feliz a la gente y le da éxito. Deseo hablarles de cinco puntos que, si los toman en serio y los llevan a la práctica en su vida, les traerán felicidad, éxito y el logro de una herencia en el reino celestial.

TENGAN FE EN SU PADRE CELESTIAL

Primero, tengan fe en su Padre Celestial. Él sabe quiénes son ustedes; les escucha cuando oran; les ama; está al tanto de ustedes; desea lo mejor para ustedes.

Luego de servir un tiempo en Salzburg, se me transfirió a Zúrich, en Suiza. Mientras estaba allí, se me acercó el hermano Julius Billeter, miembro de la Iglesia. Era un genealogista profesional y me dijo que, al hacer su trabajo, había encontrado varias personas con el apellido Wirthlin y se ofreció a investigar mis líneas familiares. Yo escribí a mi casa y mi padre consideró que era una buena oportunidad, así que lo contratamos.

Un año más tarde me entregó un libro de 36 centímetros de largo por 46 de ancho, que pesaba 6,2 kilos. Tenía casi 6.000 nombres de mis antepasados y era un volumen inapreciable que en verdad atesoré. Muy poco antes de mi relevo de la misión, empaqué el precioso libro en un baúl antiguo junto con otras posesiones y lo embarqué a casa. Rogué que llegara a salvo y que esa preciosa historia familiar no se perdiera.

Pero llegué a casa antes que el baúl. Es más, las semanas pasaron y el baúl no llegaba. Entonces, empecé a preocuparme de que ese libro irreemplazable se hubiera perdido. Seis meses después de mi arribo, recibí un telegrama de la estación de ferrocarril, con la noticia de que había llegado un baúl para mí. Me apresuré a buscarlo; pero al verlo, casi desmayo: el candado estaba destrozado.

Levanté la tapa y al ver el interior me sentí peor. Todo se había mojado con agua de mar, y además me di cuenta de que alguien había esculcado entre mis pertenencias y faltaban cosas.

Con cuidado saqué las capas de ropa en busca del preciado libro y, al encontrarlo, mi corazón rebosó de sorpresa y gozo. No sólo estaba allí, sino que las hojas estaban completamente secas. Sé que el libro fue preservado por intervención divina.

El Salvador preguntó: “¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.

“Pues aun vuestros cabellos están todos contados.

“Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos” (Mateo 10:29–31).

Del mismo modo, si el salvar un libro del agua de mar es digno de atención celestial, ¿cuánto más interesado estará nuestro Padre Celestial en la vida y las necesidades de ustedes?

En una oportunidad, el presidente Thomas S. Monson, actualmente Primer Consejero de la Primera Presidencia, me dijo: “Existe una influencia celestial sobre todas las cosas. A menudo, cuando suceden las cosas, no es por accidente. Un día, cuando miremos atrás a aquello que pareció coincidencia en nuestra vida, nos daremos cuenta de que quizás, después de todo, tal vez no haya sido así”.

El Señor sabe de sus problemas, sabe de sus victorias, y si ustedes “[se fían] de Jehová de todo [su] corazón y no [se apoyan] en [su] propia prudencia…” sino que lo reconocen “en todos [sus] caminos… él enderezará [sus] veredas” (Proverbios 3:5–6).

ESTABLEZCAN METAS RECTAS

Segundo, establezcan metas rectas. Muchas cosas exigirán la atención de ustedes a medida que surcan el camino de la vida. Habrá innumerables distracciones; habrá personas y cosas que serán como dulces voces de sirenas, tentándoles a buscar las riquezas, el placer y el poder.

Éxito es una palabra seductora. Se han escrito miles de libros al respecto, en los que se promete dinero, libertad, ocio y lujos; miles de personas dicen tener fórmulas seguras para hacerse ricos. J. Paul Getty, por ejemplo, sugiere un proceso de tres etapas para hacerse rico. Uno, levantarse temprano; dos, trabajar duro; tres, encontrar petróleo.

Otras fórmulas, quizás más prácticas, recomiendan variaciones de un mismo tema: ustedes deben enfocar todos sus pensamientos, sentimientos y acciones en sus metas; deben desear la meta con toda la pasión de su corazón; deben enfocar sus pensamientos en su meta; deben concentrar todas sus energías en alcanzar la meta.

Por supuesto que cuando los aplicamos a lo que es justo, esos métodos pueden ser de gran valor. El problema es que, en la mayoría de los casos, la búsqueda de la riqueza, del placer y del poder lleva a un lugar que, a primera vista, parece ser deseable, pero cuanto más nos acercamos, tanto más nos damos cuenta de lo que se trata. El precio del éxito mundano muy a menudo se consigue por el precio de nuestra primogenitura. Los que lleven a cabo ese trueque se sentirán algún día como Esaú, que después de darse cuenta de lo que había perdido, “clamó con una muy grande y muy amarga exclamación” (Génesis 27:34).

Con frecuencia, otra trampa en la que caemos cuando nos obsesiona el éxito es que queremos pensar que lo hemos logrado gracias a nuestras habilidades físicas e intelectuales y olvidamos al Señor que nos ha bendecido y hecho prosperar.

Moisés dijo a los hijos de Israel: “no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas…

“y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente…

“y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

“Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis” (Deuteronomio 8:12–13, 17, 19).

¿Creen ustedes que pueden utilizar el dinero que han ganado en esta vida como moneda en la próxima? Pongan a nuestro Padre Celestial primero en su vida. Comprométanse a seguirle y a obedecer Sus mandamientos y a esforzarse cada día por llegar a ser más como Cristo. Enfoquen sus esfuerzos en obtener riquezas celestiales porque el hacer lo contrario los llevará finalmente a la desilusión y al dolor.

Acude a mi mente la parábola del Salvador sobre el hombre que trabajó arduamente para acumular riquezas. Tenía tantas posesiones que no tenía un lugar suficientemente grande para guardarlas, por lo que construyó inmensos graneros para almacenarlas. Su idea era que en cuanto encontrara un lugar seguro para todos sus bienes, podría descansar y llevar una vida de reposo, comiendo, bebiendo y regocijándose.

Pero cuando terminó sus edificios, “…Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20).

La solemne pregunta que el Salvador hizo a los de Su época hace eco a través de los siglos: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26).

¿Es el dinero necesariamente malo? El gran profeta del Libro de Mormón, Jacob, contestó esa pregunta. Él enseñó a su pueblo: “Considerad a vuestros hermanos como a vosotros mismos; y sed afables con todos y liberales con vuestros bienes, para que ellos sean ricos como vosotros.

“Pero antes de buscar riquezas, buscad el reino de Dios.

“Y después de haber logrado una esperanza en Cristo obtendréis riquezas, si las buscáis; y las buscaréis con el fin de hacer bien: para vestir al desnudo, alimentar al hambriento, libertar al cautivo y suministrar auxilio al enfermo y al afligido” (Jacob 2:17–19).

Moisés dijo a la gente de su época: “Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades… no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre” (Deuteronomio 15:7).

TRABAJEN PARA ALCANZAR SUS METAS

Tercero, una vez que hayan establecido metas dignas, trabajen con todas sus fuerzas por alcanzarlas. En las palabras del presidente David O.McKay (1873–1970), cuando integraba el Quórum de los Doce Apóstoles: “Entendamos que el privilegio de trabajar es una dádiva, que el poder trabajar es una bendición, que el amor al trabajo es éxito” (en Conference Report, octubre de 1909, pág. 94; la letra cursiva es del artículo original).

El trabajo es la terapia del alma. El Evangelio de Jesucristo es el evangelio de trabajo. Yo creo que mucho del ocio que experimentamos es porque no comprendemos la expiación del Señor. Simplemente no podemos sentarnos sin hacer nada y esperar tener éxito en las cosas espirituales ni en las temporales. Tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance por alcanzar nuestras metas, y el Señor hará el resto.

Recuerden las palabras del presidente Gordon B. Hinckley: “La mayor parte del trabajo del mundo no la hacen los genios, sino gente común y corriente, con vidas equilibradas, que ha aprendido a trabajar de una manera extraordinaria” (“Our Fading Civility” [El declive de nuestra educación], discurso de apertura de cursos de la Universidad Brigham Young, 25 de abril de 1996, pág. 15).

Permítanme mencionar a una persona admirable que se responsabilizó de su vida e hizo algo con ella a pesar de sus humildes comienzos. Su nombre es Ben Carson. El doctor Carson nació y se crió en un barrio pobre de Detroit; creció en un hogar sin padre. Su madre asumió la responsabilidad de criar a la familia y ella le transmitió a su hijo ese sentido de la responsabilidad.

El doctor Carson decía que su madre preguntaba a menudo a sus hijos: “¿Tienen cerebro?”. Y si contestaban que sí, ella respondía: “Entonces debieron haber pensado en la manera de salir de esa situación. No importa lo que hizo Fulano ni Mengano ni nadie. Ustedes tienen cerebro, así que piensen y no se metan en problemas”.

El doctor Carson relata: “Empecé a entender que yo estaba en control, que podía llegar a donde yo quisiera llegar. La única persona que podía determinar o limitar mi éxito era yo. Una vez que entendí eso, dejé de verme como una víctima y me di cuenta de que no debía simplemente sentarme y esperar a que alguien hiciera algo por mí” (“Seeing the Big Picture: An Interview with Ben Carson, M.D.”, Saturday Evening Post, julio–Agosto de 1999, págs. 50–51).

El doctor Carson no se sentó a esperar a que alguien hiciera algo por él. Tomó control de su vida, estudió mucho y le fue bien, tan bien que llegó a ser médico. Progresó hasta llegar a ser el director de neurocirugía pediátrica del hospital para niños Johns Hopkins, en Baltimore, un hospital de fama mundial. En 1987 el doctor Carson realizó con éxito la primera intervención quirúrgica para separar hermanos siameses unidos en la parte trasera de la cabeza.

Sócrates dijo: “Los dioses nos dan todas las cosas buenas por el precio del trabajo” (Jenofonte, Recuerdos de Sócrates, libro 2, capítulo 1, sección 20).

El presidente Gordon B. Hinckley se hace eco de ese sentimiento: “No hay substituto bajo los cielos para el trabajo productivo”, dijo. “Es el proceso por el cual los sueños se hacen realidad. Es el proceso por el cual las visiones dormidas se trasforman en logros dinámicos.

“Es el trabajo lo que marca una influencia positiva en la vida; es el desarrollar nuestra mente y el utilizar las habilidades de nuestras manos lo que nos eleva por encima de la mediocridad” (citado en “Pres. Hinckley Shares 10 Beliefs with Chamber”, Church News, 31 de enero de 1998, pág. 3).

MAGNIFIQUEN SUS LLAMAMIENTOS

Cuarto, magnifiquen sus llamamientos y sean miembros fieles de la Iglesia. Cuando vamos a la Iglesia, nos rodeamos de gente que ha hecho los mismos compromisos que nosotros de obedecer los mandamientos y de seguir al Salvador.

Algunos incorrectamente piensan que la Iglesia es un lugar donde se reúne gente perfecta para decir cosas perfectas, pensar cosas perfectas y tener sentimientos perfectos. Permítanme disipar de inmediato esa idea. La Iglesia es un lugar donde nosotros, como personas imperfectas, nos reunimos para ayudarnos y fortalecernos unos a otros a medida que nos esforzamos por regresar a nuestro Padre Celestial. Cada uno de nosotros viajará por caminos distintos en esta vida terrenal. Todos progresaremos a un ritmo diferente. Las tentaciones que aflijan a su hermano quizás no les afecten a ustedes.

Nunca subestimen a los que sean menos perfectos que ustedes. Nunca se molesten porque alguien no pueda hablar tan bien como ustedes, dirigir como ustedes, servir como ustedes, tejer, labrar o brillar tan bien como ustedes.

La Iglesia es una sociedad de mejoramiento mutuo con la meta de ayudar a todo hijo e hija de Dios a regresar a Su presencia. Una forma de medir el valor de ustedes en el reino de Dios es preguntarse: “¿Cuán bien estoy ayudando a otros a lograr su potencial? ¿Apoyo a los demás miembros de la Iglesia o hablo de sus faltas y defectos?”. Si critican a los demás, están criticando al reino de Dios. Si edifican a otros, están edificando el reino.

Otra forma de saber su valor en el reino es preguntarse si están esforzándose enérgicamente por magnificar sus llamamientos en la Iglesia. Cuando magnifican sus llamamientos, no se contentan con un esfuerzo mínimo sino que se esmeran por servir con todo su corazón, alma, mente y fuerza.

Si no tienen un llamamiento en la Iglesia, sírvanse ir al obispo y decirle que están ansiosos de servir y deseosos de poner el hombro a la lid.

Al servir fielmente, el Señor estará con ustedes y sentirán Su Espíritu y Su mano guiadora.

Hace varios años, en una conferencia general, el élder Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce Apóstoles, relató la historia de Joseph Millet, un miembro poco conocido de la Iglesia.

Ese hermano vivió durante los primeros días de la Iglesia y cruzó las praderas con otros fieles miembros para cultivar un desierto y encontrar un nuevo hogar. En esos días, la comida con frecuencia escaseaba, los inviernos eran particularmente difíciles y, a menudo, los alimentos que tenían no les alcanzaban para todo el invierno.

Joseph Millet escribió en su diario: “Uno de mis hijos me vino a decir que la familia del hermano Newton Hall no tenía pan; que ese día no habían comido.

“Entonces puse parte de mi harina en un saco para enviarla al hermano Hall. De pronto, él llegó.

“Yo le dije: ‘Hermano Hall, ¿es verdad que se le terminó la harina?’

“Él contesto: ‘No tenemos nada…’.

“ ‘Bueno’, dije, ‘ahí tiene algo en ese saco, hermano Hall; la puse aparte y estaba por mandársela ya que sus hijos les dijeron a los míos que ya no tenían’.

“El hermano Hall empezó a llorar. Dijo que había pedido ayuda a otros, pero no había podido obtener nada; entonces, se había alejado a unos árboles para orar y el Señor le dijo que fuera a ver al hermano Millet.

“Bueno, hermano Hall, no me tiene que devolver la harina. Si el Señor lo envió a buscarla, usted no me debe nada’ ”.

Esa noche Joseph Millet registró una frase notable en su diario personal: “Nadie podrá saber jamás el gozo que sentí al darme cuenta de que el Señor sabe de la existencia de tal persona como yo, Joseph Millet” (Diario de Joseph Millett, holografía, Archivos del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; citado en Boyd K. Packer, “A Tribute to the Rank and File of the Church,” Ensign, mayo de 1980, pág. 63).

Ésa es una sensación maravillosa, el saber que el Señor confía en nosotros y nos ama lo suficiente para utilizarnos para bendecir la vida de otras personas. Hermanos y hermanas, nuestro Padre Celestial desea utilizarlos a ustedes para el mismo propósito. A medida que magnifiquen sus llamamientos y hagan el bien, les prometo que el Señor derramará bendiciones de satisfacción y gozo sobre sus cabezas, hasta que no haya donde contenerlas.

DISFRUTEN DE LA JORNADA

Quinto, disfruten de la jornada. El pueblo de Dios es un pueblo alegre. Entendemos que hay momentos para ser serios, reverentes y devotos, pero también entendemos que poseemos los gozosos principios que llevan a la vida eterna. Tenemos tantas razones para sonreír, para ser felices, incluso para reírnos.

Son tantos los que siempre están esperando ser felices. “Si tan sólo pudiera graduarme; si tan sólo pudiera comprar un auto; si tan sólo pudiera casarme…” Para algunos, la felicidad está en el horizonte; es inalcanzable. Cada vez que subimos una colina, la felicidad nos llama tras la próxima.

Es algo terrible estar esperando siempre el mañana, dependiendo siempre del mañana, siempre buscando excusas para no disfrutar del presente porque estamos seguros de que sólo en el futuro tendremos lo que nos hará sentir realizados.

No esperen el mañana. No esperen el trabajo perfecto, la casa perfecta, el salario perfecto, el cuerpo perfecto. Sean felices hoy. Sean felices ahora.

Abraham Lincoln dijo: “La mayoría de la gente es feliz en la medida que deciden serlo”(en John Cook, recopilador, The Book of Positive Quotations, 1997, pág. 7).

Decídanse a ser felices, aun cuando no tengan dinero, aun cuando no sean guapos, aun cuando no ganen el Premio Nobel. Algunas de las personas más felices que conozco no tienen nada de lo que, según insiste el mundo, uno debe tener para sentir satisfacción y gozo. ¿Por qué son felices? Supongo que es porque no oyen muy bien. O porque escuchan muy bien lo que el corazón les dice: saben apreciar la majestad de la belleza de la tierra, de los ríos, de los paisajes y el canto de los pájaros. Disfrutan del amor de sus familias, del paso incierto de un niñito, de la sonrisa sabia y tierna de un anciano.

Sienten satisfacción por un trabajo honrado, se deleitan en las Escrituras, se regocijan en la presencia del Espíritu Santo.

Algo que sé con certeza es que el tiempo pasa demasiado rápido. No pierdan más tiempo sentados, permitiendo que la vida los pase de largo.

Permítanme darles un consejo más. Estén dispuestos a reír de ustedes mismos. Cuando se llamó al élder Matthew Cowley (1897–1953) al Quórum de los Doce Apóstoles, el presidente J. Reuben Clark (1871–1961) lo invitó a su oficina y conversó con él sobre su nueva asignación. El presidente Clark era uno de los grandes líderes y pensadores de la Iglesia. Había dejado el cargo de embajador de los Estados Unidos en México para aceptar el cargo en la Primera Presidencia de la Iglesia. Era un hombre acostumbrado a tener grandes responsabilidades.

Al acercarse a su fin la conversación entre el presidente Clark y el élder Cowley, el presidente Clark dijo: “Ahora bien, joven” [el presidente Clark llamaba “joven” a todos los miembros del Quórum de los Doce]. “Ahora bien, joven, no olvide la regla número seis”. “¿Cuál es la regla número seis?”, preguntó el élder Cowley. “No te tomes  muy en serio a ti mismo”. “¿Cuáles son las otras cinco?”,  preguntó el élder Cowley. El presidente Clark dijo: “No existen” (Matthew Cowley Speaks, 1954, págs. 132–133).

Algunas personas se toman tan en serio a sí mismas que creen que no se pueden sentir satisfechas hasta que se “encuentren a sí mismas”. Algunas abandonan a la familia, el trabajo o los estudios en esa búsqueda por descubrir quiénes son.

George Bernard Shaw dijo: “La vida no se trata de encontrarse a uno mismo, sino de crearse a uno mismo”. No se preocupen por buscar quiénes son, sino dirijan sus energías a crear la clase de persona que desean ser. Si lo hacen, descubrirán que al seguir esa jornada no sólo “se encontrarán a ustedes mismos”, sino que es muy probable que se sorprendan gratamente y sientan orgullo de la persona que llegaron a ser.

No demoren un minuto más. Cada momento es precioso. ¡Decidan ya que harán de sus vidas algo admirable!

No hace mucho tuve la oportunidad de regresar con la hermana Wirthlin al lugar donde empecé mi servicio misional. Mi asignación era organizar la Estaca Salzburg, Austria. Para mí, era como regresar a casa. Recordé los días en que caminaba por las calles empedradas y me preguntaba si alguna vez habría suficientes miembros para tener un pequeño barrio, y aquí estaba ahora, listo para organizar una estaca. Tenía el corazón rebosante de emoción al ver esa congregación de miembros fieles y recordar el tiempo que pasé allí.

Ahora, al mirar hacia el pasado, me pregunto si esas pruebas y esa soledad no hayan servido de instrumentos en el fortalecimiento de mi carácter y en mi deseo de tener éxito. Esa época que pareció de fracasos puede haber sido la más importante de mi vida porque me preparó para las cosas mayores que vendrían.

Mientras estuvimos allá, viajamos mi esposa y yo a Oberndorf y caminamos por el mismo camino por el que había caminado con mi compañero hacía tantos años. Y allí, ante las majestuosas montañas y la inmaculada belleza de esa pequeña aldea bávara, le relaté a ella una vez más sobre esa noche de paz cuando describí a mi compañero la mujer con la que me casaría.

Las decisiones que tomé esa noche sagrada en Oberndorf, Austria, han sido una firme guía a lo largo de mi vida. Aun cuando todavía tengo mucho por aprender y lograr, he hecho todo lo que está a mi alcance por tener fe en Dios, me he esforzado por centrarme en las cosas que son importantes en la vida, me he esforzado por trabajar duro en tareas justas, me he esforzado por magnificar los llamamientos que he recibido en la Iglesia y me he esforzado por disfrutar de la jornada.

Ruego que ustedes hagan lo mismo al crear de sus vidas algo digno de su herencia divina.

Testifico que el objetivo de mi misión en la lejana Europa es el mismo ahora que el de entonces: Testificar que tenemos un amoroso Padre Celestial y también a Su Hijo Amado, Jesucristo, quien nos dio la gran Expiación. Testifico que José Smith fue un profeta de Dios que recibió la plenitud del Evangelio eterno y estableció la Iglesia del Señor sobre la tierra en estos últimos días. Doy testimonio de que Gordon B. Hinckley es nuestro profeta, vidente y revelador hoy día.

A medida que busquen realizar sus deseos justos, el Señor estará con ustedes y guiará sus pasos. Él desea que sean felices y que tengan éxito, desea que vengan a Él. Ruego que encuentren paz y regocijo en su jornada por la vida.

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Los fieles primeros creyentes

Febrero 2001
Los fieles primeros creyentes
por Donald L. Enders

Joseph y Lucy Mack Smith fueron los primeros en oír de la aparición de Dios el Padre y de Jesucristo a su hijo José Smith. A partir de entonces, sacrificaron todo lo que tenían por el Evangelio.

Cuando el profeta José Smith administraba las ordenanzas asociadas con la investidura en el Templo de Kirtland en enero de 1836, contempló una visión del reino celestial. Al buscar las palabras para expresar “su gloria”, describió “la incomparable belleza” de su puerta, semejante a “llamas circundantes de fuego”, sus “hermosas calles”, y al Padre y al Hijo sentados sobre “el refulgente trono de Dios” (D. y C. 137:1–4). Para su gran gozo, también vio a su hermano Alvin “y a mi padre, y a mi madre” (D. y C. 137:5).

Alvin había muerto hacía trece años. Su vida virtuosa, su apoyo a la misión de José y su obediencia a los mandamientos explican su estado de exaltación. Sin embargo, los padres de José todavía estaban vivos. Entonces, ¿cómo podía mostrársele su exaltación?

La respuesta vino cuando el Señor prosiguió con Su explicación: “pues yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones” (D. y C. 137:9).

¿Cuáles fueron las obras y los deseos de Joseph Smith, padre, y de Lucy Mack Smith, esos fieles primeros creyentes del Evangelio restaurado, que pueden inspirar a los Santos de los Últimos Días actuales en nuestra propia búsqueda de la gloria celestial? Para ser breve, ellos buscaron la verdad, la encontraron y se aferraron a ella desde entonces (véase Mateo 7:8).

En Nueva Inglaterra buscaron la verdad del Evangelio; en Nueva York la encontraron. En Ohio, en Misuri y en Illinois vivieron fieles al Evangelio sin retroceder ante sacrificios, pobreza, sufrimiento físico, el escarnio del mundo y la tristeza por la muerte de sus seres queridos. En todo momento de sus vidas enseñaron con denuedo los principios del Evangelio a su familia, ofrecieron servicio desinteresado y testificaron de forma constante sobre la bondad de Dios.

LA BÚSQUEDA DEL EVANGELIO

De niños, tanto Joseph Smith, padre, como Lucy Mack se criaron en hogares religiosos e industriosos de Nueva Inglaterra. Joseph, nacido en 1771, hijo de Asael y de Mary Duty Smith, de Topsfield, estado de Massachussets, fue el tercero de once hijos. Lucy, nacida en 1775 en Gilsum, estado de New Hampshire, era la menor de los ocho hijos de Solomon y Lydia Gates Mack. Los padres de ambas familias enseñaron a sus hijos su deber ante Dios, el trabajo duro, la unidad familiar, a leer y a escribir y a tener una conducta propia de una sociedad educada.

Febrero de 2001 LiahonaAmbas familias, al igual que muchas otras de la época, eran “buscadores” que tomaban la Biblia y la oración personal en serio, pero que presentían que el grueso de la cristiandad se había alejado de las Escrituras. En consecuencia, anhelaban un renacimiento de la Iglesia de Cristo. El padre de Joseph Smith, padre, Asael, creía que un profeta de los últimos días nacería de su descendencia. La infancia y la adolescencia de Lucy se vieron profundamente afectadas por la bondad de su madre y por el ejemplo de dos hermanas mayores que profesaban una fe inquebrantable, aun durante una larga enfermedad terminal. Siendo una jovencita, Lucy buscó “un cambio de corazón” que la acercase a Dios. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

Testigos inseparables de Cristo

Febrero 2001
Testigos inseparables de Cristo
por el élder John M. Madsen
de los Setenta

John M. MadsenDoctrina y Convenios testifica de la veracidad del Libro de Mormón, y ambos libros dan testimonio del Salvador.

Doctrina y Convenios y el Libro de Mormón son testigos inseparables y poderosos de la divinidad de Jesucristo y de Su gran obra en los últimos días. Estos dos volúmenes de Escritura cumplen, al menos en parte, una promesa que el Señor le hizo a Enoc: “y justicia enviaré desde los cielos; y la verdad haré brotar de la tierra para testificar de mi Unigénito, de su resurrección de entre los muertos, sí, y también de la resurrección de todos los hombres; y haré que la justicia y la verdad inunden la tierra como con un diluvio, a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra” (Moisés 7:62).

Tras citar ese versículo en un discurso de una conferencia general, el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) dijo que “el Libro de Mormón salió de la tierra, rebosante de verdad” y que Doctrina y Convenios está repleta de “revelación tras revelación de Dios” (“El don de la revelación moderna”, Liahona, enero de 1987, pág. 81).

Podemos aprender muchas cosas en cuanto a la importancia del Libro de Mormón al leer las revelaciones que se encuentran en Doctrina y Convenios.

LAZOS ENTRE EL LIBRO DE MORMÓN Y DOCTRINA Y CONVENIOS

Mientras daba a conocer su glorioso mensaje acerca de un libro “escrito sobre planchas de oro”, el ángel Moroni “declaró que en él se encerraba la plenitud del evangelio eterno” (José Smith—Historia 1:34). Después de especificar los medios mediante los cuales se traduciría el libro, Moroni comenzó a citar profecías del Antiguo y del Nuevo Testamento. Primero citó del tercer capítulo de Malaquías y luego del cuarto. La sección 2 de Doctrina y Convenios contiene un breve registro de esa visita.

Entonces, en el verano de 1828, el profeta José Smith recibió dos revelaciones adicionales con relación a la traducción del Libro de Mormón: las secciones 3 y 10 tienen que ver con las 116 páginas del manuscrito que le fueron confiadas a Martin Harris para que pudiera “llevar los escritos a su hogar y mostrarlos” (History of the Church 1:21).

En febrero de 1829, Joseph Smith, padre, visitó a su hijo, siendo plenamente consciente de todo lo que había ocurrido: la visión del Padre y del Hijo al joven José, la promesa de la que habló el Señor de “que la plenitud del Evangelio se daría a conocer en un tiempo futuro” (History of the Church, 4:536), las visitas del ángel Moroni, el recibimiento de las planchas de oro, la obra de traducción, la pérdida de las 116 páginas del manuscrito, y la desaparición y posterior devolución de las planchas y del Urim y Tumim. En esa ocasión, el profeta José consultó al Señor en favor de su padre y recibió la sección 4, la cual comienza diciendo: “He aquí, una obra maravillosa está a punto de aparecer entre los hijos de los hombres”. La traducción del Libro de Mormón era una gran parte de esa grande y maravillosa obra de la Restauración. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | Deja un comentario

La preparación del camino

La preparación del camino

Thomas S. Monsonpor el presidente Thomas S. Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Juan el Bautista predicó en cuanto a la fe, el arrepentimiento, el bautismo por inmersión y el otorgamiento del Espíritu Santo. Parte de la pasión de los maestros de la Primaria consiste en preparar a los muchachitos para recibir el Sacerdocio Aarónico, el mismo sacerdocio que poseía Juan el Bautista.

Amo la labor de la Primaria, en la que sus maestros instruyen a los niños a caminar en la luz del Evangelio de Cristo, enseñando a cada niño a cantar con convicción personal:

Soy un hijo de Dios…
Guíenme; enséñenme
La senda a seguir
Para que algún día
Yo con Él pueda vivir1.

Parte de la pasión de los maestros de la Primaria consiste en preparar a los muchachitos para recibir el Sacerdocio Aarónico.

Bajo su dirección, se les pide a todos los niños que memoricen los Artículos de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Ustedes los han de recordar. Permítanme citar tan sólo dos de ellos:

“Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo”2.

“Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos”3.

¿Pueden concebir un cimiento más firme, una filosofía más elemental para orientar a cualquiera de nosotros que los Artículos de Fe? ¡Qué maravilloso don nos legan los maestros cuando establecen que cada niño sepa tales normas y por cierto viva conforme a ellas. Sin duda, los maestros aceptan el mandato divino: “Pastorea mis ovejas”; “apacienta mis corderos”4. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El siguiente paso

3 de octubre 2015Liahona Noviembre 2015
El siguiente paso
Por el élder Randall K. Bennett
De los Setenta

Randall K. Bennett

El Padre Celestial de ustedes y Su Hijo Jesucristo los invitan con amor a dar el siguiente paso hacia Ellos. No esperen, tómenlo ahora.

Hace poco, en una reunión con maravillosos Santos de los Últimos Días, me decepcioné. Se hizo la pregunta: “¿Quién desea volver a vivir con el Padre Celestial?”. Todos levantaron la mano. La siguiente pregunta fue: “¿Quién tiene la confianza de que lo logrará?”. Triste y sorprendentemente, la mayoría bajó su mano.

Cuando percibimos que hay una brecha entre quienes somos ahora y quiénes deseamos llegar a ser, muchos de nosotros nos vemos tentados a perder la fe y la esperanza1.

Ya que “ninguna cosa impura puede morar con Dios”2, para poder vivir con Él otra vez, tendremos que ser purificados del pecado3 y santificados4. Si tuviéramos que hacerlo solos, ninguno de nosotros lo lograría; pero no estamos solos; de hecho, nunca estamos solos.

Tenemos la ayuda del cielo gracias a Jesucristo y Su expiación5. El Salvador dijo: “Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea conveniente”6. Cuando se ejercita la fe, ella aumenta.

Analicemos juntos tres principios que nos ayudarán en nuestro viaje de regreso a nuestro Padre Celestial.

Llegar a ser como un niño

Nuestro nieto más pequeño ejemplifica el primer principio. Después de aprender a gatear y ponerse de pie, estaba listo para tratar de caminar. Durante sus primeros intentos, se caía, lloraba y nos miraba como si dijera: “¡No voy a tratar de hacer eso nunca más! Sencillamente voy a seguir gateando”.

Cuando tropezaba y se caía, sus amorosos padres no sintieron que él no tenía esperanza ni que nunca caminaría. En vez, estiraban sus brazos mientras lo llamaban y él con la mirada fija en ellos, volvía a intentar moverse hacia los brazos cariñosos de ellos.

Los padres amorosos siempre tienen los brazos extendidos para celebrar aun el más pequeño de los pasos hacia la dirección correcta. Saben que nuestra disposición a intentar una y otra vez nos conducirá al progreso y al éxito.

El Salvador enseñó que para heredar el Reino de Dios, debemos volvernos como los niños pequeñitos7. Así que, hablando desde el punto de vista espiritual, el primer principio es que debemos hacer lo que hicimos cuando éramos niños8.

73Con la humildad de un niño y con la disposición de centrarnos en el Padre Celestial y en el Salvador, damos pasos hacia Ellos, sin perder la esperanza, aun si nos caemos. Nuestro amoroso Padre Celestial se regocija con todos los pasos fieles; y si caemos, se regocija con cada esfuerzo que hagamos para ponernos de pie y volver a intentar.

Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario

El reflejo en el agua

El reflejo en el agua

Presidente Dieter F. Uchtdorf
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Charla fogonera del SEI para los Jóvenes Adultos • 1 de noviembre de 2009 • Universidad Brigham Young


Mis queridos hermanos y her­manas, si tomamos los dos himnos que acabamos de escuchar: «Loor al Señor, el Todopoderoso» y «Haz tú lo justo», y los convertimos en el lema de nuestra vida, estaremos bien encaminados para regresar a nuestro Padre Celestial. ¡Qué pano­rama tan hermoso presentan! En mi imaginación, puedo ver muchos otros rostros como los suyos: miembros jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de todas las naciones del mun­do. No todos se ven iguales, pero tienen muchísimo en común. Considero que ésta es una oportunidad selecta, y le agradezco al presidente Monson por darme esta opor­tunidad de pasar unos cuantos minutos con ustedes.

El patito feo

Uno de los autores más queridos de todas las épocas fue el escritor danés Hans Christian Andersen. En una de sus historias, «El patito feo», una mamá pata descubre que uno de sus pequeños patitos es muy feo y más grande de lo normal. Al principio, la madre se pregunta si habría incubado el huevo de un pavo, pero el feo pequeñito pod­ía nadar tan bien como sus otros hijos; entonces llega a la conclusión de que el pobrecito simplemente es anormal y que está desfigurado.

Sin embargo, los otros patitos no dejan al patito feo en paz. Lo molestan despiadadamente, lo picotean, se burlan de él y lo hacen sentir miserable. Finalmente, el patito feo decide que será mejor para todos si deja a su familia; en­tonces se escapa. Durante el crudo frío del primer invierno que pasa solo, el pobre patito casi muere de frío, pero se las arregla para sobrevivir. A pesar de las privaciones que pasa, siente que se está haciendo más fuerte y le encanta desplegar las alas y levantar vuelo, aun estando solo.

Entonces un día ve volar una bandada de pájaros ma­jestuosos: blancos como la nieve, sus movimientos son elegantes, tienen cuellos largos y amplias y elegantes alas. ¡Qué criaturas tan gloriosas y felices! El patito feo anhela volar con ellos, pero tiene miedo de que lo maten por ser tan feo; no obstante, luego decide que eso sería mucho mejor que los eternos picoteos de los otros animales o que morir de frío en invierno. Así que comienza a volar y los sigue a un hermoso lago, donde se acomodan sobre el agua.

Cuando aterriza, el patito feo ve en el agua el reflejo de un espléndido cisne. De a poco, sin poder creerlo al principio, ¡el patito feo se da cuenta de que el reflejo es suyo! Para su sorpresa, los otros cisnes lo acogen y coinciden en que él es el cisne más hermoso y majestuoso de todos. Finalmente, descubre su verdadera identidad.

Las grandes preguntas

Al igual que este cisne, la mayoría de nosotros hemos sentido en algún momento dado que no encajamos. Mu­cha de la confusión que tenemos en la vida proviene sim­plemente de no comprender quiénes somos. Muchísima gente va por la vida pensando que son de poco valor cuando, en realidad, son criaturas elegantes, eternas, de infinito valor y con un potencial que supera la imagina­ción.

El descubrir quiénes somos en verdad es parte de esta gran aventura que llamamos vida. Los genios más grandes de la humanidad han luchado constantemente con estas preguntas: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué sucede después de que morimos? ¿Cómo encaja todo y qué sentido tiene?

Cuando comencemos a entender las respuestas a estas preguntas —no sólo con la mente, sino con el corazón y el alma– empezaremos a comprender quiénes somos y nos sentiremos como el vagabundo que finalmente encuentra su hogar. Nos sentiremos como el cisne que finalmente descubre quién es en realidad. Al final todo tiene sentido.

El desafío radica en que es simplemente imposible que las respuestas a estas preguntas las descubra la humani­dad por medio del razonamiento. Las preguntas relacio­nadas con lo espiritual requieren respuestas espirituales. Los que rechazan la revelación e insisten en que haya pruebas tangibles sólo pueden especular o negar que hay vida antes y después de esta vida terrenal. Por tanto, quizá nunca lleguen a comprender quiénes realmente son o cuál es el verdadero propósito de la vida. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , | 2 comentarios

Sión son los puros de corazón

Sión son los puros de corazón

Elaine S. Dalton
Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

Charla fogonera de SEI para jóvenes adultos • 13 de septiembre de 2009 • Universidad Brigham Young


Es un privilegio estar con ustedes esta noche. Quiero agradecer a todo el coro por la bella música. Muchas gracias por el espíritu que han traído a esta reunión, y gracias también por la hermosa oración. Me siento feliz y humilde ante ustedes, y ruego que cada uno de ustedes sepa cuánto les ama el Señor. Espero que sepan que les amo profundamente.

Me agrada que también me acompañen mi esposo, Steve, y algunos familiares. Amo a mi esposo. Él y yo asis­timos a la Universidad Brigham Young y aquí fue donde decidimos casarnos. Me parece interesante estar ante ustedes en nuestro aniversario de bodas. ¡Feliz aniversa­rio, querido! ¿Saben? Llevamos casados tantos años como tardó en construirse el Templo de Salt Lake o los años que vagaron los hijos de Israel por el desierto. Y el producto de nuestro matrimonio está sentado aquí, en la primera fila. Nuestros hijos son nuestro tesoro. Les amo y me encanta ser su madre. Los he observado crecer en el Evangelio y recibir enseñanzas desde muchos púlpitos de la Iglesia. Agradezco que hayan escogido seguir el consejo de los profetas, videntes y reveladores.

También he observado a los jóvenes de la Iglesia crecer en el Evangelio. Tengo un vínculo singular y especial con las jóvenes por los años que he servido en la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes. Esencialmente hemos vivido juntas todos los años de las Mujeres Jóvenes; hemos ganado juntas nuestros medallones; nos hemos puesto de pie cada semana para repetir juntas el lema de las Mujeres Jóvenes: «Somos hijas… seremos testi­gos…estaremos preparadas … creemos»1. Las considero mis mujeres jóvenes. Y a muchos de ustedes, muchachos, los he visto recibir el sacerdocio y avanzar en él, honrar sus convenios y el poder del sacerdocio, prepararse para la misión y servir en todo el mundo. A muchos los he co­nocido en el campo misional. ¡Ustedes son mis héroes! Son asombrosos por su fortaleza, su valor y su deseo de rectitud.

El Señor les ayudará a tomar decisiones impor­tantes

Cada uno de ustedes ha iniciado un viaje como Santo de los Últimos Días y está en el momento más crítico de la vida. Ahora es el momento de formar hábitos eternos y tomar decisiones que perduren. Ustedes son el futuro de la Iglesia y de las naciones donde viven. Han sido reserva­dos «para esta hora» (Ester 4:14). Se les presentarán opor­tunidades que excederán sus más grandes expectativas y serán bendecidos, como lo fui yo, con momentos decisivos que afectarán e influirán en esta década de toma de deci­siones.

Fue aquí, en un devocional de BYU, donde todo co­menzó para mí. Había estado saliendo con un joven agra­dable, y una noche comenzó a hablarme de matrimonio con mucha insistencia. Esa noche no dormí bien, descon­certada por sus palabras; sabía que tenía que tomar una decisión. Oré pidiendo que el Señor me ayudara a saber qué hacer, pero no recibí una respuesta inmediata. A la mañana siguiente asistimos juntos a un devocional y, es­tando allí sentada, escuché asombrada al orador, el élder A. Theodore Tuttle, hablar del proceso de tomar decisio­nes importantes. Fue como si me hablara directamente a mí. Él conocía mi corazón y sus palabras penetraron en mi alma. Explicó el proceso de tomar decisiones refiriéndose a Doctrina y Convenios. Todos parecían conocer bien esa sección de las Escrituras, excepto yo. Ustedes también la conocen, pero aquel día para mí fue revelación pura y me dio el modelo a seguir para recibir respuestas a mis ora­ciones. El leyó:

«He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando no pensaste sino en pedirme.

Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu men­te; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fue­re, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sen­tirás que está bien. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Las cosas como realmente son

Las cosas como realmente son

David A. BednarÉlder David A. Bednar
del Quorum de los Doce Apóstoles
Charla fogonera para jóvenes adultos • 3 de mayo de 2009 • Universidad Brigham Young-Idaho

Elevo una voz apostólica de amonestación sobre el posible impacto opresivo, sofocante, represivo y limitante de algunos tipos de interacciones y experiencias ciberespaciales en nuestra alma.


Hermanos y hermanas, los amo y agradezco estar con ustedes. Doy una bienvenida especial a los que están en su último año de seminario y que están asistiendo a una transmi­sión del SEI por primera vez. A medi­da que continúen con sus estudios, los exhorto a que se inscriban en las clases de instituto y que participen activamente en ellas a fin de aprovechar plenamente las oportunidades que tendrán de aprender y de progresar espiritualmente. En el futuro también podrán asistir a charlas del SEI que los fortalecerán y bendecirán.

Al estar esperando esta oportunidad de aprender con ustedes esta noche y al prepararme para ella, he llegado a comprender mejor los fuertes sentimientos que tuvo Ja­cob, el hermano de Nefi, cuando dijo: «…hoy me agobia el peso de un deseo y afán por el bien de vuestras almas» (Jacob 2:3). El mensaje que deseo compartir con ustedes esta noche se ha destilado con el tiempo sobre mi alma como rocío del cielo (véase D. y C. 121:45). Les invito a que pongan mucha atención a un tema de gran seriedad que tiene implicaciones tanto inmediatas como eternas. Es mi oración que el Espíritu Santo esté con nosotros y que nos enseñe en este tiempo que estaremos juntos. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , | Deja un comentario

Busquemos y alcancemos una posición espiritual elevada en la vida

Busquemos y alcancemos una posición
espiritual elevada en la vida

Élder Robert D. Hales
Del Quorum de los Doce Apóstoles

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 1 de marzo de 2009 • Universidad Brigham Young


Qué gozo es estar en su compañía esta noche y compartir mi testimonio del evangelio restaurado de Jesucris­to. Me uno a ustedes para dar gracias por los principios del Evangelio que nos ofrecen una visión eterna y nos enseñan cómo tener gozo en esta vida y en la vida venidera.

Después de ser apartado en el Templo de Salt Lake como Ayudante de los Doce Apósto­les, el élder LeGrand Richards, que era 46 años mayor que yo, me puso el brazo sobre los hombros y me susurró al oído: «Oh, si pudiera volver a ser un muchacho con toda la vida por delante». ¿Volver a ser un muchacho? ¡Yo tenía 42 años! La razón por la que menciono esto es porque esta noche voy a hablarles como si fueran un poquito más jóvenes de lo que piensan que son. Mis queridos herma­nos y hermanas, los miro a los ojos y veo en ustedes a la juventud de Sión, un ejército real con un noble legado. Ustedes son el ejemplo para las generaciones futuras, como dice el himno: «¿Fallará en la defensa de Sión la juventud … ? ¡No! … Firmes creced en la fe que guarda­mos».!

Esta noche me gustaría hablarles acerca de la manera de crecer siempre «firmes en la fe», y les digo que única­mente podemos hacerlo al buscar, alcanzar y retener una elevada posición espiritual en la vida.

¿Qué se entiende por una posición elevada?

Resulta interesante que los profetas de todas las dis­pensaciones hayan buscado inspiración en las cimas de las montañas; por ejemplo, Moisés vio a Dios cara a cara en una «montaña extremadamente alta» (véase Moisés 1:1– 2). Nefi «[subió] al monte y [clamó] al Señor» (véase 1 Nefi 17:7–8). El hermano de Jared vio al Cristo preterrenal — una experiencia enormemente sagrada— en el monte Shelem (véase Éter 3:13). Isaías y Miqueas, del Antiguo Testamento, profetizaron que «en lo postrero de los tiem­pos. será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes» (Isaías 2:2; véase también Miqueas 4:1; 2 Nefi 12:2).

Nuestro Salvador también ascendía a los montes con frecuencia en busca de guía espiritual y para enseñar a Sus discípulos. Cristo se transfiguró ante Pedro, Santiago y Juan «aparte [en] un monte alto» (véase Mateo 17:1–2; Marcos 9:2; véase también Lucas 9:28). Uno de Sus más grandiosos discursos —el de las Bienaventuranzas— se enmarca en el gran Sermón del Monte (véase Mateo 5:1). En otra ocasión ascendió a una montaña próxima al mar de Galilea y cuando las multitudes se le acercaron Él las bendijo y sanó a todos los que estaban afligidos (véase Mateo 15:29–31).

Desde esa posición elevada, tanto los profetas de la antigüedad como el Señor mismo recibieron guía y poder para guardar los mandamientos y servir al prójimo. Buscar una posición espiritual elevada consiste en alzarse por encima del mundo y sus tentaciones y seguir a nuestro Salvador. Esta noche quisiera compartir con ustedes cierto relato de las Escrituras en el que se demuestra la impor­tancia de buscar una posición elevada y permanecer en ella.

La importancia de la posición elevada

Lehonti, en el Libro de Mormón, nos enseña una im­portante lección sobre cómo buscar y conservar una posi­ción elevada (véase Alma 47). Lehonti condujo a sus se­guidores a lo alto de un monte donde edificó un fuerte que les brindara seguridad y protección. El rey lamanita envió a su ejército, liderado por un disidente nefita llama­do Amalickíah, para vencer a Lehonti y subyugar a su pue­blo. Pero Amalickíah era «un hombre muy hábil para lo malo» (Alma 47:4), y deseaba «granjearse la buena volun­tad de los ejércitos de los lamanitas», a fin de destronar al rey y «apoderarse del reino» (Alma 47:8).

En tres ocasiones Amalickíah envió mensajeros a Lehonti para decirle que descendiera hasta el valle y se re­uniera con él, y las tres veces Lehonti se negó a abandonar la seguridad que le brindaba su posición elevada. Sin em­bargo, Amalickíah fue persistente. y la cuarta vez fue él quien subió al campamento de Lehonti y le dijo, básica­mente: «Sal de tu fuerte, —lleva tus guardias y me reuniré contigo» (véase Alma 47:12). Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , , , , , | 1 comentario

Grandes esperanzas

Grandes esperanzas

Presidente Thomas S. Monson

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 11 de enero de 2009 • Universidad Brigham Young


Mis queridos y jóvenes amigos, el espíritu que llena esta reunión, aquí, en el Centro Marriott de la Universidad Brigham Young y en cientos de otros lugares por todo el mundo, refleja la fortaleza, la devo­ción y la bondad de ustedes. ¡Cuán agradecido estoy por estar con ustedes esta noche! Al verles re­cuerdo las palabras que escribió el poeta Henry Wadsworth Longfellow:

¡Hermosa juventud, de brillante resplandor,
de ilusiones, aspiraciones y sueños de fervor!
Libro de comienzos, de historia sin fin,
¡Una heroína en toda joven, y en todo hombre un ami­go afín![1].

Además de ustedes, me complace estar con integran­tes de mi familia esta noche.

Hace poco, volví a leer uno de mis libros preferidos de hace mucho tiempo, escrito por Charles Dickens, titulado Grandes esperanzas. Los que lo hayan leído recordarán que Dickens habla de un jovencito llamado Philip Pirrip, conocido como «Pip». El pequeño Pip era huérfano y no recordaba haber visto jamás ni a su padre ni a su madre. Sus deseos eran típicos de un niño: deseaba con toda el alma ser erudito, ser caballero y ser menos ignorante; sin embargo, parecía que lo que ambicionaba y lo que espe­raba estaban condenados al fracaso, hasta que un día un abogado de Londres, de apellido Jaggers, se acercó al pe­queño Pip y le dijo que un benefactor desconocido le hab­ía legado una fortuna. Entonces, el abogado dijo que el pequeño Pip era un «muchacho de grandes esperanzas»[2].

Hoy, al contemplar quiénes son ustedes y lo que son, en quiénes se pueden convertir y lo que pueden llegar a ser, les digo, como el abogado le dijo a Pip: tienen grandes esperanzas —no por causa de un benefactor desconocido, sino merced a Uno conocido, nuestro Padre Celestial, y se esperan grandes cosas de ustedes.

Prepárense para la carrera de la vida

Muchos de ustedes ya casi finalizan su educación for­mal (cuando eso ocurra todos celebraremos); otros todav­ía tienen por delante más períodos de preparación académica, pero todos se encuentran en lo que se podría llamar la carrera de la vida.

El autor del libro Eclesiastés escribió: «Ni es de los lige­ros la carrera, ni la guerra de los fuertes» (Eclesiastés 9:11), sino de los que perseveran hasta el fin. La carrera de la vida es tan importante, el premio tan valioso, que, forzosamente, se debe hacer mucho hincapié en la impor­tancia de prepararse de manera apropiada y exhaustiva.

Cuando meditamos en la naturaleza eterna de nuestras decisiones, la preparación es un elemento indispensable de nuestra vida. Llegará el día en que dirijamos la mirada hacia nuestra época de preparación y estemos agradeci­dos por habernos empeñado debidamente. Seguir leyendo

Publicado en Sin categoría | Etiquetado , , , | Deja un comentario