El proceso para alcanzar la madurez

Conferencia General Octubre 1982

El proceso para alcanzar la madurez

Derek A. Cuthbert

por el élder Derek A. Cuthbert
del Primer Quórum de los Setenta


En Gabaón, una noche el Señor apareció a Salomón en sueños y le dijo: «Pide lo que quieras que yo te dé». (1 Reyes 3:5.) Supongo que antes de responder el rey Salomón reflexionaría sobre lo que había de pedir. ¿pediría poder e influencia?, ¿riquezas?, ¿fama y gloria? Consideremos detenidamente la respuesta del Rey:

«Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.

«Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo . . .

«Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.» (1 Reyes 3:7, 9; 4:29.)

Sabiduría, entendimiento y amplitud de corazón son señales de madurez, y cuando Salomón adquirió estas cualidades, dejó de ser un joven inexperto.

No obstante, el proceso para alcanzar la madurez no se limita a la obtención de sabiduría. El Salvador dijo:

«. . . si no os volvéis y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos.» (Mateo 18:3.)

Por lo tanto, madurar es también retener o recobrar algunas cualidades infantiles que necesitamos, además de desarrollar otras que los niños no tienen. Deseo sugeriros diez aspectos de la madurez, cinco de los cuales son propios de los niños mientras que los otros cinco deben desarrollarse en años posteriores.

Primero, la inocencia ¿Podía alguien negar la inocencia que tiene un niño pequeño? El Señor mismo dijo: «Dejad a los niños venir a mí… porque de los tales es el reino de los cielos». (Mateo 19:14.) Y en una revelación de nuestros días aclaró más este concepto declarando: Seguir leyendo

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El príncipe de paz

Conferencia General Octubre 1982logo pdf
El Príncipe de Paz
por el élder George P. Lee
del Primer Quórum de los Setenta

George P. LeeEn nuestro mundo de escepticismo, confusión e iniquidad el saber la verdad, el tener una profunda, humilde y solemne convicción de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, es una joya de mucho valor. He recibido el testimonio de la divinidad de mi Salvador por medio de la dulce influencia y el poder del Espíritu Santo. He recibido este testimonio en mi propio corazón, lo cual excede toda otra evidencia. El ha testificado a mi propia alma de la existencia de mi Redentor, Jesucristo.

Esta dulce convicción la recibí durante los primeros años de mi juventud, cuando de rodillas suplicaba fervientemente en mi humilde choza, y en otras ocasiones, después de leer el Libro de Mormón mientras pastoreaba las ovejas en el ardiente desierto en la reservación. Así como se que mi vida no comenzó cuando nací ni terminara cuando muera, de esa misma manera se con toda certeza que la vida de Cristo no se inició en Belén ni termino en el Calvario. De si mismo el Señor Jesucristo declaró:

«Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

«Ahora pues, Padre, glorifícame tu al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.» (Juan 17:45.)

Testifico que Jesucristo fue el Primogénito Hijo de Dios en el espíritu. Como el Padre, El era un Personaje con gran poder e inteligencia en el universo. Durante muchos siglos, antes de que este mundo fuese creado, El vivió y gobernó con su Padre en los cielos en la vida preexistente, como espíritu. El Señor Jesús tuvo mucho que ver con nuestro desarrollo y preparación antes de nuestro nacimiento en la tierra. Bajo la dirección del Padre creó esta tierra y aceptó la asignación de venir aquí y ser nuestro Redentor. Fue El quien en el gran concilio de los cielos dijo:

«Heme aquí, envíame» (Abraham 3:27).

«Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre.» (Moisés 4:2.) Seguir leyendo

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El poder de la oración

Conferencia General Octubre 1982

El poder de la oración

N. Eldon Tannerpor el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia


Mis hermanos y hermanas, para mi este ha sido un día muy solemne por la oportunidad de sentarme en este Tabernáculo tan famoso y escuchar la conferencia de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Al hablar de la oración, es de suma importancia saber a quien nos estamos dirigiendo y que nuestras oraciones serán contestadas para nuestro bien. Al dirigirnos al Señor, recordemos que es gracias a la oración que la Iglesia esta ahora sobre la tierra, porque José Smith, siendo todavía un jovencito, leyó en la Biblia:

«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5.)

Me pregunto si nos damos cuenta de la bendición tan maravillosa que es para nosotros el que se nos contesten las oraciones, y poder pedir lo que necesitamos.

También quisiera hacer mención del hermoso discurso del presidente Kimball, leído por el hermano Arthur Haycock durante la sesión de apertura. E1 contenido de su mensaje nos proporciona las enseñanzas necesarias para meditar y para tener como guía al esforzarnos por seguir los preceptos de nuestro Señor y Salvador durante nuestra estadía aquí en la tierra. Ha sido un gran gozo para mi el poder trabajar con el presidente Kimball todo este tiempo, por la oportunidad de aprender de él y por sentir la influencia de su gran espíritu.

Al oír la música tan maravillosa, debemos darnos cuenta de lo afortunados que somos de tener un coro que es mundialmente famoso y que ha cantado frente a tantas congregaciones.

Ha sido un gran placer el haberme reunido con vosotros, mis queridos hermanos, y haber sentido el Espíritu tan fuerte que aquí reina hoy. A1 terminar esta sesión, espero, y es mi oración, que todos recordemos las palabras que hemos escuchado y nos demos cuenta de que nos pueden ayudar a mejorar individualmente. A1 regresar después a nuestra casa, esforcémonos por mantener la vista hacia adelante siguiendo los consejos que se nos dieron en este hermoso lugar.

Deseo agradecerle al Señor, en forma personal, por todas las bendiciones que nos ha concedido tanto a mi como a mi familia y por las que ha derramado sobre nosotros como Iglesia. No existe en la faz de la tierra otra organización que nos pueda ofrecer las enseñanzas que hoy escuchamos aquí; son las mejores y se recibieron en la mejor forma que pudiera imaginarse.

Quiero agradecerle al Señor por haberme permitido participar en esta conferencia y por poder todos salir de aquí con la determinación de mejorar nuestra vida y de ser una influencia para bien en el mundo. Mi testimonio es de que esta obra es verdadera y es del Señor, y si vivimos de acuerdo con estas enseñanzas, tendremos mayor gozo del que podríamos encontrar de cualquier otra forma.

Que el Señor nos bendiga con este propósito es mi oración en el nombre de Jesucristo. Amén.

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El obispo y su deber en el Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

El obispo y su deber en el Sacerdocio Aarónico

C. Frederiek Pingel

por el obispo C. Frederiek Pingel
Obispo del Barrio Beavercreek, Estaca Dayton Este, Ohio


Hermanos, estoy por cierto agradecido por la oportunidad de estar con vosotros esta noche, y se lo agradezco a nuestro Padre Celestial. Ruego que mis palabras puedan servir para la edificación y el fortalecimiento de nuestros varones jóvenes.

Tengo como asignación describir lo que estamos haciendo en mi barrio para activar a los jóvenes del Sacerdocio Aarónico.

Primero, todo barrio necesita una hermana McManaway

Quisiera hablaros sobre la hermana McManaway, presidenta de las Mujeres Jóvenes en mi barrio. Obispos, espero que todos tengáis alguien como esta hermana. El día en que ella leyó que la responsabilidad más importante del obispo es la juventud del barrio. . . realmente lo creyó. Cuando me lo indicó, le respondí que yo también lo creía. Ella entonces me dijo:

-Pues no lo parece.

-¿Qué quiere decir? -le pregunté.

-Obispo -me contestó-, usted nunca hace nada con los jóvenes; no los entrevista; nunca asiste a los ejercicios de apertura; y, mientras tenemos nuestras reuniones, usted se dedica a entrevistar a los adultos.

Un día. esta hermana llamó a la puerta de mi oficina y me dijo:

-Mire, obispo, tengo un libro para usted. No tiene que leerlo todo, sólo las partes que le he subrayado.

El autor del libro era el élder Vaughn Featherstone, y su titulo, La generación de la excelencia.

Primeramente, leí las partes subrayadas y luego lo leí todo. Aquel libro hizo un gran impacto en mi y le estoy agradecido al élder Featherstone por haber dedicado tiempo a escribirlo; pero igualmente agradecido estoy a la hermana McManaway por tener un interés tan grande en la juventud, interés que le dio el valor para decirme: «Obispo, usted necesita leer este libro». Seguir leyendo

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El más grande de los poderes

Conferencia General Octubre 1982

El más grande de los poderes

Marion G. Romney

por Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


He disfrutado enormemente de haber estado con vosotros en esta reunión e igualmente de haber escuchado los discursos que se han dado. Siento que el Espíritu del Señor nos ha acompañado.

¡Cuán grande es el privilegio que tenemos de poseer el Sacerdocio de Dios! Y eso es precisamente lo que nos une en esta ocasión como una gran hermandad. El Sacerdocio de Dios es poder, es una investidura que el Señor nos ha otorgado a aquellos que poseemos tal autoridad, y nos la ha dado para llevar a cabo ordenanzas sagradas que surten efecto no sólo en esta vida sino también en la venidera. Constituye el más grande de todos los poderes que se conocen, y me siento feliz por el honor que he tenido a lo largo de los años de poseerlo, de haber tenido oficios en el, desde el de diácono hasta los del Sacerdocio de Melquisedec, en los que he desempeñado diferentes asignaciones. Sé que es el sacerdocio lo que salvara al mundo, que no es una facultad creada ni concebida por el hombre, sino que constituye el poder revelado desde los cielos y enviado a la tierra para ayudarnos en nuestra preparación para vivir eternamente con nuestro Padre Celestial.

Es una experiencia muy singular ver este Tabernáculo repleto de poseedores del sacerdocio: ver hombres de todas las edades, desde los que poseen el Sacerdocio de Melquisedec, hombres ancianos como yo, a jóvenes poseedores del Sacerdocio Aarónico. Confío en que todos sintamos gratitud por la autoridad que el Señor nos ha dado para actuar en Su servicio en los respectivos oficios del sacerdocio que poseemos.

Yo he sido poseedor del sacerdocio durante tres cuartos de siglo, desde la época en que fui ordenado diácono hasta el presente, cuando poseo el Sacerdocio de Melquisedec, y puedo deciros que mucho he disfrutado de tal honor a lo largo de los años. Tanto entonces, como ahora y en todo momento, lo ha sido sagrado para mí, y espero que todos y cada uno de vosotros tengáis el mismo tipo de sentimiento hacia el sacerdocio que poseéis. Nunca hagáis nada de lo cual pudierais sentiros abochornados o que os hiciera sentir avergonzados al comunicárselo al Señor, ya que nos volveremos a reunir con El si somos lo suficientemente dignos como para tener ese privilegio. Nos sentiremos entonces sumamente agradecidos si sabemos, como El lo sabrá, que nuestra vida ha estado en armonía con las enseñanzas del evangelio y con la responsabilidad que se haya depositado en nosotros, los que poseemos el sacerdocio. Seguir leyendo

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El cargo de obispo

Conferencia General Octubre 1982

El cargo de obispo

L. Tom Perry

por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce


Esta conferencia marca el comienzo de una nueva era para la Iglesia en lo que concierne a comunicaciones, ya que el invento de la transmisión vía satélite nos da la oportunidad de llegar con los mensajes de la conferencia general a mas miembros de la Iglesia que los que nos habían podido escuchar en el pasado.

Hay un tema que desde hace algún tiempo he deseado tratar en una conferencia general, y me parece oportuno hacerlo ahora, ya que tenemos un publico mayor. Hace algunos años recibí la asignación de formar parte de un comité responsable de evaluar las solicitudes para los cambios de obispos. Teníamos que presentar los nombres de los hermanos a quienes se tenia que relevar v también de aquellos a los que se recomendaba como obispos, para que fueran considerados en una reunión que llevaban a cabo en el templo la Primera Presidencia v el Consejo de los Doce. En esa oportunidad, me asusto el numero de obispos que debían ser relevados por razones de salud, problemas familiares o de empleo. Aun cuando el numero no era un porcentaje muy elevado, me pareció que cualquier cifra seria demasiado alta, porque estos hombres especiales no estaban gozando del privilegio de cumplir con su asignación con el gozo y la satisfacción que debería acompañar a este sagrado llamamiento.

El oficio de obispo siempre ha despertado en mí la mas grande admiración. Me he relacionado con obispos durante toda mi vida; cuando yo tenía seis meses, mi padre fue llamado como obispo de nuestro barrio, cargo que ocupo hasta después que cumplí los dieciocho años. Poco tiempo después de haberme casado, fui llamado a formar parte de un obispado y muy pronto me di cuenta del amor que existía entre sus miembros al servir en unión. Había desempeñado ese cargo durante tres años cuando se me presentó una oportunidad de trabajo, y parecía que la decisión correcta era aceptarlo. Con profunda pena deje a mis amigos del obispado, v la noche anterior a nuestra partida nos ofrecieron una fiesta. Para evitar despedirnos de todos ellos, nos escabullimos antes de que esta terminara y pasamos la noche en casa de un amigo. Una vez que la fiesta hubo terminado, el obispo y el otro consejero con quienes había trabajado en mi llamamiento fueron a la casa de este amigo v. mientras nosotros dormíamos, se sentaron y esperaron durante toda la noche el momento de nuestra partida para que no nos fuéramos sin despedirnos debidamente. Con un nudo en la garganta dije adiós a estos dos hermanos mientras se iniciaba para nosotros una etapa mas de nuestra vida. Seguir leyendo

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El bien frente al mal

Conferencia General Octubre 1982

El bien frente al mal

Gordon B. Hinckley

por el presidente Gordon B.Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia


Me hubiera gustado escuchar ahora al élder LeGrand Richards, pero no le fue posible estar con nosotros en esta oportunidad. Antes de esta sesión de la conferencia, hablamos con él por teléfono y nos dijo que hubiera querido estar aquí para darnos el valioso testimonio de esta sagrada obra que ha sido gran parte de él durante los noventa y seis años de su vida. Como la mayoría sabéis, hace poco él tuvo una seria intervención quirúrgica que ha minado enormemente su salud. Estoy seguro de que todos vosotros estáis desilusionados y extrañáis su potente voz hablando en defensa del evangelio restaurado y del testimonio de Aquel que fue el Restaurador.

Hemos disfrutado de magníficos momentos desde ayer en la mañana cuando el presidente Romney nos habló de la autosuficiencia durante la sesión de los Servicios de Bienestar. Fue un mensaje muy oportuno, y en el medio ambiente en que vivimos en la actualidad, todos debemos estar atentos para lograr una autosuficiencia mayor, un mayor espíritu de confianza en nosotros mismos, un mayor deseo de cuidarnos más, a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Su discurso, junto con otros que se dieron en esa sesión, deberían leerse y releerse para nuestra bendición y beneficio.

Más tarde, al inaugurar la conferencia ayer por la mañana, gozamos de la maravillosa experiencia de escuchar al hermano Haycock leer el conmovedor mensaje del presidente Spencer W. Kimball, el cual llegó a lo más profundo de nuestro corazón. Fuimos bendecidos por el hecho de escucharlo, y me gustaría sugerir que una vez que se publique en la revista de la Iglesia, leamos varias veces sus hermosas palabras. Hemos cantado aquí esta tarde un himno que tiene un significado muy especial para la Iglesia: «Te damos, Señor, nuestras gracias» (Himnos de Sion, 178), que hace referencia al Profeta. ¿Estamos en verdad agradecidos por él? Si es así, debemos prestar atención a sus palabras; que Dios nos ayude a ser obedientes a los consejos de Sus profetas.

En las sesiones subsiguientes de la conferencia se nos ha enseñado, se nos ha infundido ánimo, se nos ha fortalecido en nuestra fe, en nuestras convicciones y hemos logrado mayor apreciación de esta obra, así como un conocimiento más concreto de Aquel que está a la cabeza de ella. Seguir leyendo

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El amor, un elemento divino

Conferencia General Octubre 1982

El amor, un elemento divino

David B. Haight

por el élder David B. Haight
del Consejo de los Doce


Oro para poder recibir una bendición celestial mientras este parado ante este histórico púlpito, a fin de que pueda expresar la inspiración que recibí para esta conferencia.

Testificamos de Cristo; nuestra esperanza esta en Cristo; nuestra salvación esta en Cristo. Nuestros esfuerzos, esperanzas y deseos para edificar el reino de Dios sobre la tierra están centrados en su santo nombre.

Proclamamos, como lo hizo Juan el Bautista al ver que Jesús se acercaba a las orillas del Jordán: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». (Juan 1: 29.)

El enseñó la doctrina de su Evangelio a fin de que toda alma pudiese tener la oportunidad de ganar las bendiciones de la vida eterna.

A medida que nos esforcemos por cumplir con nuestra responsabilidad divina de compartir su Evangelio, necesitamos obtener la plenitud de las bendiciones que El ha prometido a su pueblo: creencia y testimonio, paciencia, obediencia, caridad, sabiduría y amor por Su palabra.

Creo que nuestro Padre puso en el alma del hombre un elemento especial, que si se utiliza, influirá en el para empujarlo hacia todo lo celestial. Las familias o individuos que estén indecisos acerca de la manera de compartir el evangelio, o de mostrar sincero aprecio por los nuevos miembros, o los misioneros que deseen tocar el corazón de aquellos a quienes estén enseñando, tienen a su disposición esta divina influencia. Este elemento especial que todos poseemos nos puede traer el gozo mas grande; vencerá el miedo, las presiones sociales, el odio, el egoísmo, la maldad y hasta el pecado. Este elemento se debe nutrir, así como la pequeña semilla de mostaza; es mas poderoso que las palabras, v el mismo Salvador lo enseñó. Cuando se le pregunto cual era el mandamiento mas grande de la ley, declaró:

«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

«Este es el primero y grande mandamiento.

«Y el segundo es semejante: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.

«De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:3740.) Seguir leyendo

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El amor de Dios

Conferencia General Octubre 1982

El amor de Dios

Rex C. Reeve

por el élder Rex C. Reeve
del Primer Quórum de los Setenta


Aunque las noticias diarias son alarmantes, y por todo el mundo hay violencia e incertidumbre, no habría problema, ya sea personal o nacional, que no pudiera resolverse con relativa facilidad si el hombre y las naciones del mundo se volvieran a Dios de todo corazón. ¡Sería tan sencillo!

Él es nuestro Padre, el Padre de nuestros espíritus, de los espíritus de todo el género humano. Somos sus hijos y Él nos conoce y nos ama. Quizás no apruebe todo lo que hagamos, pero podemos tener la seguridad de una cosa. . . de que ama a sus hijos. Sí, es un Padre Celestial amoroso, y siempre está a nuestra disposición.

Es reconfortante contemplar las maravillas del universo y de este hermoso mundo en que vivimos. Podemos ver Su mano en el incomparable orden con que se mueven los cuerpos celestes y en la delicada belleza de las flores, los árboles y Sus demás creaciones, todas como silencioso testimonio de Su existencia.

Cuan estimulante y edificante es presentarnos ante El en oración todas las mañanas y las noches, y sentir su proximidad y su amor por nosotros al reconocer su mano en todas las cosas y, en dependencia total, buscar su ayuda. Que gran bendición es poder acercarnos a la Fuente de vida y luz, y sentirnos fortalecidos y renovados con solo buscar y pedir.

El está presente aun en la tragedia. Cuando las condiciones son traumáticas y una vida está en peligro o queda irremediablemente dañada, cuando el futuro es sombrío, la esperanza dudosa y los días interminables, El está cerca. Entonces nos llena una reconfortante seguridad, como si nos dijera: «Estoy aquí; no te preocupes, que esto será para tu bien si lo soportas con valor. Ten confianza en mí.»

A1 hablar con el profeta Abraham, el Señor le explico el propósito de enviarnos a la tierra, diciendo:

«Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales v haremos una tierra sobre la cual estos puedan morar;

«y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. » (Abraham 3:2425.) Seguir leyendo

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Creyentes y hacedores

Conferencia General Octubre 1982

Creyentes y hacedores

Mark E. Petersen

por el élder Mark E. Petersen
Del Consejo de los Doce


Agradecemos esta nueva oportunidad de dar testimonio del Señor Jesucristo y su divina misión, porque El verdaderamente es el Bienamado y Unigénito de nuestro Padre Celestial. Nuevamente testificamos que El es nuestro Salvador y Redentor; es nuestro Creador, Hacedor del cielo y de la tierra. Pero también es nuestro Amigo, nuestro mas querido Amigo. El murió por nosotros. ¿No es esa la prueba más grande de amistad?

El nos proporcionó el medio para lograr la resurrección de la muerte, la cual se da gratuitamente a toda persona que haya vivido o viva sobre esta tierra. ¡Que maravillosa dádiva! ¡Cuán inmensa su amistad! ¡Qué Personaje tan poderoso es El!

Sin embargo, a pesar de lo maravillosa que será nuestra resurrección y nuestra victoria sobre la muerte, la salvación en su reino es algo completamente diferente. Sólo la logran quienes obedecen fielmente sus mandamientos y aceptan todas sus ordenanzas.

¿Hemos meditado alguna vez tocante al proceso por el cual, mediante el evangelio, se obtiene la salvación? La fe, el arrepentimiento y el bautismo son los primeros pasos, por supuesto, pero hay mas, mucho mas.

El propósito total de la salvación es convertirnos en seres semejantes al Salvador en palabra, pensamiento y hecho. Podemos medir nuestro progreso simplemente determinando cuanto nos asemejamos a Cristo. Si a diario no nos aproximamos mas a su ejemplo en nuestro diario vivir, no estamos avanzando hacia la salvación como deberíamos.

El ser como Cristo requiere un crecimiento espiritual diario. Así como una flor es el resultado de una semilla, una persona adulta es el resultado del desarrollo de una criatura pequeña. Por lo tanto, podemos también madurar espiritualmente a diario, hasta llegar a poseer, con el tiempo, una personalidad semejante a la de Cristo. Un poeta lo ha descrito así:

No se alcanzan los cielos de un solo salto;
Más debemos subir peldaño a peldaño.
Con el esfuerzo y empeño, y valor y saber,
A la cima intentamos paso a paso ascender.
(Josiah G. Holland, «Gradatim», En Masterpieces of Religious Verse ed. por James D. Morrison, N.Y.: Harper 1948, pág. 443.) Seguir leyendo

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Amigos, siervos, hijos del salvador

Conferencia General Octubre 1982

Amigos, siervos, hijos del Salvador

Robert E. Wells

por el élder Robert E. Wells
del Primer Quórum de los Setenta


Esta es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días; somos cristianos; tenemos un mayor conocimiento acerca del papel que el Salvador tuvo en la preexistencia antes de que viniésemos a esta tierra; tenemos nueva información acerca de la parte que desempeñó en la creación de este mundo, bajo la dirección de nuestro Padre; podemos identificarlo como el Jehová del Antiguo Testamento, comunicándose con los profetas de Israel; tenemos otro Testamento de Cristo, el cual contiene doctrina e información acerca del Salvador. Nuestros profetas modernos han dado explicaciones, doctrinas, luz y conocimiento que les han sido revelados acerca del Cristo como el Redentor por medio de quien podemos obtener la remisión de nuestros pecados. Tenemos una riqueza de información, la cual es de un tremendo valor para todas las iglesias cristianas. Nosotros no rebajamos ni denigramos la fe que otros cristianos tienen en Cristo, sino que sólo deseamos compartir con ellos el conocimiento adicional que poseemos acerca del Cordero,

el Pastor, el Santo de Israel (Salmos 71:22), para su beneficio y salvación.
Como dijo Nefi: «Creemos en Cristo.. . esperamos firmemente en Cristo . . .
«. . . tenemos vida en Cristo a causa de nuestra fe . . .
«y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, profetizamos de Cristo . . .
«. . . para que nuestros hijos puedan… mirar adelante hacia aquella vida que esta en Cristo . . .» (2 Nefi 25:24-27.)

¿Puede alguien dudar de que seamos cristianos en el pleno sentido de la palabra?

Hace algún tiempo, hice un viaje en avión, y mientras sobrevolábamos la jungla colombiana en Sudamérica le hablaba de la Iglesia a mi compañero de vuelo. En medio de la entusiasta conversación acerca del evangelio, mi amigo comentó lo siguiente:

-«Ustedes los mormones han edificado un magnifico santuario en la tumba de José Smith».

A lo que sorprendido exclamé:

-¿Que santuario, que tumba?

El me contestó:

-El edificio alto en Salt Lake City, con el ángel dorado en la punta, ¿no es algo así como un mausoleo o santuario donde adoran a su profeta? Seguir leyendo

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Corre muchacho, corre!

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«¡Corre, muchacho, corre!»
por el élder Thomas S. Monson
del Consejo de los Doce

Thomas S. MonsonEl martes 8 de junio de 1982, amaneció brillante y despejado en Londres, Inglaterra; éste estaba destinado a ser un día histórico. Un espíritu de entusiasmo impregnaba el aire y colmaba el corazón con aguda expectación. El Presidente de los Estados Unidos de América hablaría en breve al Parlamento británico. La multitud se agolpó ante tal ocasión, colmando las calles y el parque cercano. Policías uniformados mantenían el orden, mientras famoso «Big Ben»* con sonoras campanadas señalaba la hora convenida.

Mi esposa y yo formábamos parte de la multitud. De pronto, las puertas del palacio del parlamento se abrieron de par en par, la Primera Ministro y el Presidente saludaron al gentío, entraron en sus respectivos automóviles y la caravana se alejó lentamente. La multitud les despidió con gritos de júbilo, para luego dispersarse. Mi esposa y yo dejamos la calle bañada por el sol para internarnos en el refugio semiobscuro aunque acogedor de la Abadía de Westminster.

Un cierto toque de reverencia colmaba esta famosa estructura, como es de esperar, pues allí se coronan reyes, se da en casamiento a la realeza, y es donde los gobernantes cuya misión mortal ha terminado son honrados y luego sepultados. Caminamos a lo largo de las galerías, leyendo detenidamente las inscripciones que aparecen en las lápidas de estas personas famosas, y que recuerdan sus logros, sus acciones de valor y les ubican en sus bien merecidos sitiales en la historia del mundo. Entonces nos detuvimos ante la tumba del Soldado Desconocido, uno de los muchos caídos en Francia durante la gran guerra. El cuerpo de este joven fue llevado desde una tumba sin lápida hasta Londres para allí descansar y recibir la honra para siempre. Leí en voz alta la inscripción que dice: «Le sepultaron entre reyes, pues obró en justicia ante Dios y ante su casa. .’. . En Cristo todos serán vivificados.»

Entonces caminamos hacia el portal. Aun se veía en el parque lo que quedaba de la multitud. Las inmortales palabras de un poema de Rudyard Kipling me cruzaron la mente y le hablaron a mi alma:

El tumulto y el ruido ya se aquietan,
capitanes y reyes parten ya;
la ofrenda de un manso corazón
es el valor que permanecerá.
Oh, Señor, Dios de los cielos,
¡no dejes que se borre ese recuerdo!
(Traducción libre.)(Himno N° 11-, del himnario en inglés.) Seguir leyendo

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Volver a empezar

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Volver a empezar
por el élder Hugh W. Pinnock
del Primer Quórum de los Setenta

Hugh W. PinnockUltimamente he contemplado con algo de dolor el gran número de situaciones que han terminado en frustración, angustia y desesperación.  Hoy me dirijo especialmente a aquellos que están sufriendo dolor y que se encuentran en medio de la aflicción, la ira y la culpabilidad; y también a aquellos que todavía tendrán que pasar por períodos de angustia y dificultad.

Hay un poema que cuando niño solía repetir y dice así:

Me gustaría que en mundo existiera
La Tierra de Empezar Todo de Nuevo,
Donde nuestros errores y nuestras angustias
Y todas nuestras congojas
Pudieran desecharse
como se desecha una vieja prenda
para no volver a usarla jamás.
(Louise Fletcher, «The Land of Beginning Again», Nueva York: Garden City Publishing Co., pág, 101.)

La Tierra de Empezar Todo Nuevo no existe geográficamente, sin embargo, existe una posición  específica de carácter espiritual, desde la cual todos podemos empezar de nuevo dejando a un lado nuestros dolores, culpabilidad y pesares.  Acompañadme esta mañana a ese lugar.

Un día, mientras el anciano profeta Jeremías se encontraba en su casa, oyó la voz del Señor que le decía:

«Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.

«Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.

«Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.

«Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Seguir leyendo

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Vivamos dignamente

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Vivamos dignamente
por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia

N. Eldon TannerMe complace mucho poder deciros algunas palabras antes de que termine esta conferencia.  Me siento muy bendecido esta tarde al poder sentarme junto al presidente Kimball, a quien he echado mucho de menos.  Estamos muy agradecidos por las veces en que se han unido a nosotros en las reuniones del Consejo de los Doce y la Primera Presidencia.  Cuando nos reunimos en el templo el jueves pasado, el Presidente fue y nos expresó su amor por todos nosotros.  Estamos agradecidos de tenerlo como nuestro líder.

Quisiera decir que he tenido el privilegio de asistir a algunas reuniones dirigidas por las hermanas, y que llevan adelante la obra en una forma maravillosa.  Que el Señor las bendiga.

En esta conferencia hemos sido muy afortunados al poder escuchar a las Autoridades Generales dando su testimonio, hablándonos de profecías Y bendiciones y describiendo e, progreso que ha hecho la Iglesia. Todos y cada uno de estos buenos hermanos tienen un testimonio muy firme del evangelio.  Ellos no mentirían.  Nos dicen la verdad con un espíritu que no podremos olvidar.  Estoy seguro de que sabéis que lo que os han dicho es verdadero, y estáis de acuerdo con ellos.

Al recordar sus palabras, tratad de determinar cuál de vuestras debilidades trataréis de corregir a fin de disfrutar de la presencia de nuestro Padre Celestial y de sus bendiciones.

He tenido el gran privilegio de ser consejero en la Primera Presidencia y trabajar muy de cerca con cuatro de nuestros presidentes. Los cuatro tenían personalidades totalmente diferentes, y ha sido un gran honor poder observar cómo el Señor ha obrado por medio de ellos; no hay duda del motivo por el cual fueron elegidos.  Seguid sus enseñanzas.

Ruego humildemente que cada uno de nosotros regrese a su hogar con una idea fija: la de ser mejores y más merecedores de las bendiciones que recibimos.  A la hora del almuerzo hoy, le pedí a uno de mis nietos que bendijera los alimentos y me sentí muy complacido con él cuando pidió: «Y ayúdanos a recordar lo que hemos aprendido en esta conferencia, a vivir dignamente y a aplicarlo en nuestra vida.»

Mis hermanos, que el Señor nos dé una comprensión clara de lo que debernos mejorar en nosotros a fin de servirle.  Empecemos inmediatamente a poner en práctica algunos de los principios que hemos aprendido hoy.

Me siento muy feliz de haber podido estar con vosotros esta tarde. Estoy satisfecho con la forma en que se ha desarrollado la conferencia.  Esta ha sido magnífica y el tener al presidente Kimball con nosotros es una gran bendición.  Que el Señor nos bendiga para que hagamos su voluntad y obedezcamos los mandamientos.  Lo ruego humildemente en el nombre de Jesucristo.  Amén.

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Venid, y subamos al monte de Jehová. . .

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Venid y subamos al monte de Jehová
por el élder L. Tom Perry
del Consejo de los Doce

L. Tom PerryLa asignación que recibimos para las sesiones del sábado por la noche de las conferencias de estaca para los primeros seis meses del año 1982 está basada directamente en el pasaje de escritura: «Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob» (Isaías 2:3).  El objetivo de estas reuniones es el de inspirar a los miembros a recibir las bendiciones del templo: Asistir al templo no sólo para llevar a cabo la obra por sus familiares fallecidos, sino también por otras personas; completar los registros de la cuarta generación; hacer investigación genealógica de sus ascendientes y organizar y fortalecer la organización de la familia.  La primera instrucción que recibió el profeta José Smith para restaurar el Evangelio de Jesucristo fue concerniente a la unidad familiar eterna.

Los registros nos dicen lo siguiente:

«Encontrándome así, en el acto de suplicar a Dios, vi que se aparecía una luz en medio de mi cuarto, y que siguió aumentando hasta que la pieza quedó más iluminada que al mediodía; cuando repentinamente se apareció un personaje al lado de mi cama. . .

«Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí. . .

» ‘… Después de decirme estas cosas, empezó a repetir las profecías del Antiguo Testamento…

… He aquí, yo os revelaré el sacerdocio por la mano de Elías el profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor.

«Y él plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá a sus padres.  De no ser así, toda la tierra sería totalmente asolada en su venida.’ » (José Smith-Historia 30, 33, 36, 38, 39.) Seguir leyendo

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