Los siete Cristos

Conferencia General Octubre 1982

Los siete Cristos

por el élder Bruce R. McConkie
del Consejo de los Doce

¿Podría hablaros de los siete Cristos o, más bien, del único Cristo cuyas obras y palabras se manifiestan de siete maneras diferentes?

Vivimos en tiempos de contiendas y confusión en que los cristianos claman: «Mirad, aquí esta Cristo, o. . . allí esta . . .» (Mateo 24:23) o sea, «he aquí camino a la salvación, o allí esta . . .»(Mateo 24:23).

Oímos voces de fatalismo voces de gloria. Las doctrinas los dogmas de las diversas sectas están en pugna; se nos insta creer en principios discordantes a seguir senderos torcidos.

Las opiniones discrepan, el parloteo es incesante; los mensajes están en desacuerdo. Es evidente sin duda, aun para el más empedernido fanático, que las ideas religiosas opuestas no pueden ser todas auténticas.

En medio de esta guerra de palabras y tumulto de opiniones, elevamos una voz serena y prudente, que vibra con sonido de trompeta y que el poder del Espíritu de Dios hace llegar al corazón de las almas contritas. Es la voz que proclama las palabras de vida eterna, aquí y ahora, y que prepara al hombre para alcanzar la gloria inmortal de los reinos eternos que han de venir.

Somos siervos del Señor, y Él nos ha enviado a invitar a todos a venir a Cristo y ser perfeccionados en El, a testificar del único y verdadero Cristo, del único y verdadero evangelio, de la única y verdadera salvación.

Invitamos a todos a prestar oído a lo que declaramos. Al Cristo de quien predicamos, y cuyos testigos somos, se le conoce bajo estos siete aspectos:

  1. Cristo, el Creador

Hay un Dios en el cielo, un Ser santo, exaltado, perfecto y puro, que es el Padre de todos. Es un Hombre Santo; tiene un cuerpo de carne y huesos y es el Padre de nuestros espíritus.

El Señor Jesucristo es el Primogénito, el heredero y progenie del Padre. Junto con todos sus hermanos espirituales fue dotado del libre albedrío y sujeto a la ley. Seguir leyendo

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Los quórumes del Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

Los quórumes del Sacerdocio Aarónico

Robert L. Backman

Por el élder Robert L. Backman
del Primer Quórum de los Setenta


El presidente Kimball ha declarado:»La revitalización de los quórumes del Sacerdocio Aarónico y de los del Sacerdocio de Melquisedec afectaran, en forma positiva, todos los otros programas de la Iglesia.»¿Cómo podemos revitalizar el quórum del Sacerdocio Aarónico?

Primero, consideremos los recursos que hay dentro del quórum en sí.

Cada poseedor del sacerdocio tiene el sagrado privilegio de pertenecer a un quórum y el derecho de participar en él, y no debemos negarle ese honor. Sin embargo, eso es lo que hacemos cuando no nos allegamos a él para darle participación.

Cuando consideramos los propósitos por los cuales se organizan los quórumes -proveer hermandad, una unidad de servicio y una escuela para aprender los principios del evangelio y las responsabilidades que tenemos como poseedores del sacerdocio- podemos muy bien hacernos la siguiente pregunta: ¿Esta nuestro quórum debidamente organizado y funcionando en forma apropiada?

¿Esta la presidencia del quórum debidamente organizada, instruida en sus obligaciones y al tanto de su responsabilidad de guiar a todos los jóvenes que pertenecen a su grupo? ¿Se reúne la presidencia semanalmente para planear y llevar a cabo un programa de actividades apropiadas para el quórum?

La Guía para el quórum del Sacerdocio Aarónico se ha publicado para proveer a su presidencia y asesor la capacitación necesaria. El asesor del quórum debe enseñar las diez sesiones de capacitación como parte de las reuniones de la presidencia del quórum, las cuales deben llevarse a cabo semanalmente.

Una vez que la presidencia aprende sus responsabilidades, debe incluir a los miembros del quórum para planear y llevar a cabo el programa de este, incluyendo la activación de aquellos que necesitan atención especial, utilizando a los miembros del quórum que son activos para que ejerzan una influencia positiva en estos jóvenes de su edad, acercándose a ellos con interés y amor protector. Seguir leyendo

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Los principios de bienestar en el hogar

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Los principios de bienestar en el hogar
por Barbara B. Smith
Presidenta General de la Sociedad de Socorro

Barbara B. SmithMis queridos hermanos, «En el principio era el Verbo» (Juan 1:1), o, de acuerdo con la traducción de José Smith: «En el principio el evangelio fue predicado por medio del Hijo, y el evangelio era el verbo». Mas adelante dice: «En [el Hijo] era el evangelio, v el evangelio era la vida y la vida era la luz de los hombres.» (Juan 1:1, 4.)

Es triste ver que no todos los hombres gozan de la luz que les fue asignada. Así también no todos los que poseen el evangelio saben la manera de incorporar estos destellos de luz en su vida.

Sé de una mujer que pensaba que la luz que tenía en su vida era mínima. Su esposo tenía que viajar tres días de la semana por razones de trabajo; por lo tanto, se quedaba sola para dirigir la casa v cuidar de sus dos pequeños hijos. Cuando contrajo matrimonio, solo tenia diecinueve años, y su experiencia para hacerse cargo del cuidado de los niños era muy limitada y no tenía confianza en sí misma. A menudo encontraba abrumadores los apremiantes deberes del hogar. En su frustración, su resentimiento aumentó y se tornó dura con sus hijos hasta el punto en que su comportamiento llegó a atemorizarla. Sintiéndose sola, avergonzada y con un sentimiento de capacidad, a menudo se encontró en las profundidades de la desesperación. ¿Que luz le ofrecía el evangelio?

Ella y su esposo se consideraban buenos miembros de la Iglesia, ¿pero de que le servía este conocimiento cuando los niños lloraban, aumentaban los montones de ropa para lavar, la carta para su madre permanecía sin contestar, y el vestido que tenia que terminar para la fiesta de la compañía de su esposo estaba sobre la maquina de coser, todavía sin terminar? Todas esas frustraciones eran pruebas tangibles del desanimo que sentía y hacían que las bendiciones del evangelio pareciesen muy lejanas.

Afortunadamente, hubo quienes le ayudaron a aprender la manera de aplicar los principios del evangelio para resolver muchos de sus problemas. Las maestras visitantes, como respuesta a la ansiedad de esta joven madre por la relación que tenía con sus hijos, llevaron un regalo especial para cada uno de los niños: Cuidadosamente seleccionaron juegos que un adulto pudiera utilizar con un niño en una manera productiva y educacional; luego dedicaron el tiempo necesario para enseñarle la forma de relacionarse con los hijos por medio de actividades, v ella se sorprendió al ver que los niños reaccionaban con tanta sensibilidad y felicidad, pues comenzaron a esperar anhelosamente aquellos momentos de jugar con su madre. Se dio cuenta de que por medio del juego estaba satisfaciendo sus necesidades y se sentían mas a gusto con ella. Seguir leyendo

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Los poderes del Sacerdocio Aarónico

Conferencia General Octubre 1982

Los poderes del Sacerdocio Aarónico

Gordon B. Hinckley

por el presidente Gordon B. Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia


Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca mas será quitado de la tierra hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en justicia.» (D. y C. 13.)

Todos vosotros reconoceréis en estas palabras la sección 13 de Doctrina y Convenios. Son las palabras de Juan el Bautista a José Smith y a Oliverio Cowdery, cuando les puso las manos sobre la cabeza y les confirió el Sacerdocio de Aarón el 15 de mayo de 1829.

Cuando yo tenía doce años de edad e iba a ser ordenado diácono, mi padre me insto a memorizar esas palabras. Las aprendí y las he recordado toda mi vida.

Tenemos muchos jovencitos con nosotros esta noche y quisiera que todos los poseedores del Sacerdocio de Aarón que estén en el Tabernáculo y en cualquier otro lugar escuchando esta reunión, se pusieran de pie y repitieran junto conmigo estas palabras.

«Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías confiero el Sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de pecados; y este sacerdocio nunca mas será quitado de la tierra hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en justicia.»

Deseo felicitar a los que sabíais estas palabras y las repitieron conmigo. Algunos de vosotros no las repitieron, por lo que os exhorto a que cuando lleguéis a casa, las leáis y las aprendáis de memoria, ya que constituyen los preceptos del sacerdocio que poseéis, la evidencia de que este sacerdocio es valido v autentico en todo respecto.

A continuación quisiera hablaros en particular de algunas de las palabras de esta frase pronunciada por Juan el Bautista cuando restauro dicho sacerdocio. Estimo que debéis conocer, si no los conocéis aun, los poderes con que contáis en el sacerdocio que poseéis. Seguir leyendo

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Las escrituras

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Las Escrituras
Por el élder Boyd K. Packer
del Consejo de los Doce

President Boyd K. PackerQuisiera hablaros de una obra que se realiza en la Iglesia y que progresa silenciosamente hasta el punto de pasar casi inadvertida. Encontramos sus comienzos en la época del Antiguo Testamento y es el cumplimiento de una profecía de Ezequiel, quien dijo:

«Vino a mi palabra de Jehová. diciendo:

«Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en el: Para Judá, v para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en el: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.

«Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.» (Ezequiel 37:1a-17.)

Los palos, por supuesto, son registros o libros. En el Israel antiguo, los registros se escribían sobre tablas de madera o en papiros enrollados sobre palos. De acuerdo con la profecía, el registro de Judá y el registro de Efraín llegarían a ser uno en nuestras manos. Dos acontecimientos relacionados con el cumplimiento de esta profecía tuvieron lugar en una imprenta.

El primero comenzó en el segundo piso de un edificio de la calle principal del pueblo de Palmyra, Nueva York. En junio de 1829, José Smith y Martin Harris fueron a ver al señor Egbert B. Grandin, el dueño de la imprenta, para hablar de la publicación de un nuevo libro de Escrituras. Grandin tenía 23 años y era tres meses menor que José Smith. Hacía tres meses que había ofrecido sus servicios para la publicación de libros, empresa bastante difícil para una pequeña imprenta que solo contaba con una maquina impresora que funcionaba a mano.

Otros habían rehusado publicar el libro, y el joven Grandin, que era un hombre religioso, no estaba muy seguro de querer hacerlo: pero como se ofrecía de garantía una hipoteca sobre la granja de Martin Harris, firmo el contracto y el libro comenzó a imprimirse en agosto de 1829.

No bien había comenzado la obra cuando un tal Obadiah Dogberry, hijo, empezó a robar páginas del manuscrito y a publicarlas en su periódico semanal, The Reflector, junto con comentarios que ridiculizaban su contenido. Seguir leyendo

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Las bendiciones del trabajo en la familia

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Las bendiciones del trabajo y la familia
por Dean Jarman
Presidente de la Estaca University Second, de Salt Lake, Utah

Dean JarmanCuando toda la familia trabaja junta se reciben bendiciones tanto temporales como espirituales. Los mandamientos que el Señor dio a Adán fueron espirituales; El mismo dijo que jamás le dio «una ley que fuese temporal (D. y C. 29:3435). Por lo tanto, el trabajo, instituido desde los comienzos de este mundo, fue un principio espiritual.

Hubo en mi vida diversas influencias que despertaron en mí el deseo de enseñar a mis hijos a trabajar. La primera fue el conjunto de experiencias que yo mismo tuve de niño con mis maravillosos e inteligentes padres. Nuestro primer proyecto familiar de trabajo comenzó cuando yo tenía unos nueve años, una noche que papa llegó a casa con un equipo para lustrar zapatos que hasta tenía un aparato para colocarlos a fin de que el trabajo fuera más fácil; nos animó a mi hermano y a mí a ser industriosos y tratar de ganar algo de dinero cobrando quince centavos por cada par que lustráramos. Por supuesto, sus zapatos y los de mama siempre brillaban, pero nuestras oportunidades como «negociantes» las encontrábamos entre los visitantes siempre que mis padres hacían una reunión. Yo me encargaba de hablar con ellos y ofrecerles nuestros servicios; era muy frecuente ver en esas reuniones a varias personas sin zapatos.

Al cabo de unos pocos años, papa llegó una noche a casa con otra idea. «¿Por qué no venden guirnaldas de Navidad?», nos sugirió. Y así nos embarcamos en otra empresa. Íbamos de puerta en puerta tomando los pedidos, y luego comprábamos las guirnaldas a un vendedor al por mayor y las repartíamos a nuestros clientes. Les agregábamos un mono rojo y cobrábamos cincuenta centavos extra. Durante varios años nuestros padres nos ayudaron en este «negocio».

Siendo ya estudiante universitario comencé a darme cuenta de que el trabajo tiene un valor mucho mayor que el del dinero que uno gana. Lo que oí decir a tres personas en diferentes oportunidades dejó mareas indelebles en mí. La primera vez fue mientras estudiaba en la Universidad de Utah, cuando Lowell L. Bennion, Director del Instituto de Religión, me enseñó una filosofía especial sobre el arte de criar hijos. Él tenía una huerta grande y cuando e le preguntaba qué era lo que cultivaba, su respuesta no era la usual de «tomates, maíz o zanahorias», sino que contestaba simplemente, «muchachos». Seguir leyendo

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Las bendiciones de los problemas y aprietos económicos

Conferencia General Octubre 1982

Las bendiciones de los problemas y aprietos económicos

James E. Faust

por el élder James E. Faust
del Consejo de los Doce


Hace algunos años, el obispo James T. Erekson, una persona muy sabia y próspera, miembro de un sumo consejo, hizo una declaración que me impresionó en gran manera: «En esta generación hay muchos que no han conocido las bendiciones de la adversidad económica.» Esta mañana me gustaría hablar de las bendiciones que podemos recibir cuando nos enfrentamos con los problemas y los aprietos económicos.

Parece que a los economistas les es difícil decidir en que momento estamos en una depresión o una recesión; pero una persona dijo que la forma de saberlo era la siguiente:

«La recesión es el periodo en el que uno se aprieta el cinturón y la depresión es la época en que uno ni siquiera tiene un cinturón que apretar.» (Braxde Speaker Encyclopedia, pág. 46).

Muchos países del mundo han llegado a una situación económica muy difícil; hay personas que han

perdido el empleo y hasta las posesiones que tanto les había costado adquirir; otros se encuentran sin comida ni ropa. Durante el periodo normal de la existencia humana, muchas personas han tenido o tendrán que enfrentarse a momentos económicamente difíciles. En Eclesiastés leemos:

«. . . ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.» (Eclesiastés 9:11.)

El Salvador verificó esta enseñanza cuando al hablar del Padre, dijo: «. . . hace salir su sol sobre malos y buenos, y . . . hace llover sobre justos e injustos.» (Mateo 5:45.)

En las diferentes dispensaciones del evangelio encontramos lecciones que nos ayudan a comprender que algunas de las calamidades a la larga llegan a ser bendiciones. Aunque los siguientes ejemplos tienen mayor significado para la humanidad en general, sus lecciones se pueden aplicar individualmente cuando nos toca hacer frente a las tribulaciones. Seguir leyendo

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La religión pura

Conferencia General Octubre 1982

La religión pura

Marvin J. Ashton1

por el élder Marvin J. Ashton
del Consejo de los Doce


Hace unas pocas semanas, al dirigirme a la Manzana del Templo donde había quedado en reunirme con un amigo, una joven desconocida se acercó a mí y me pregunto:

-¿Quiere usted saber qué clase de gente son en realidad estos mormones?

Yo le respondí:
-Creo que ya se un poco acerca de ellos.
A lo que ella insistió diciendo:
-Definitivamente, no viven las enseñanzas de Jesucristo como deberían hacerlo.
Mi comentario final fue:
-¿Y quién lo hace?

Al seguir rumbo al centro de visitantes, comencé a meditar con respecto a las acciones de las personas que dedican tiempo y medios para desacreditar, turbar, ridiculizar y avergonzar a quienes tienen creencias religiosas distintas de las suyas. A veces, son acciones que unifican y fortalecen a los que se sienten atacados. Sin embargo, en algunos casos, plantan la semilla de la discordia y hasta las personas dignas pueden quedar dañadas por sus calumnias.

Dudo que se pueda calificar de cristiano este comportamiento. Cristo jamás nos instó a participar en críticas dañinas y destructivas. Su mensaje fue el de escudriñar, aprender y compartir todo lo digno de admiración y valor con nuestros semejantes. Sólo aquellos que son de naturaleza vengativa y pendenciera participan en investigaciones y divulgaciones de lo que es negativo e indeseable.

Toda mi vida agradeceré el consejo sensato que el presidente de la misión me dio cuando llegue a Inglaterra para servir de misionero. Me dijo en aquella ocasión:

-Elder Ashton, esta gente ha vivido aquí durante siglos. Si usted abre ojos, oídos y mente, podrá aprender mucho durante su permanencia en este país. Busque lo bueno y pase por alto las costumbres que son diferentes de las suyas.

Cuanto más tiempo pasaba en Inglaterra, más agradecía ese consejo. Día tras día crecía mi afecto y mi aprecio por ese gran país y su gente. Por ejemplo, en vez de congelarme en los crudos días de invierno, hacia lo que hacen los ingleses: me ponía otro suéter en vez de perder el tiempo en murmuraciones y quejas. Seguir leyendo

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La perla de gran precio

Conferencia General Pctubre 1982

La Perla de Gran Precio

J. Thomas Fyans

por el élder J. Thomas Fyans
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta


Mis queridos hermanos y hermanas, que enorme privilegio el pararme ante vosotros para dejaros mi testimonio de Jesucristo.

Existe una antigua leyenda oriental que nos cuenta acerca de un joyero que tenia a la venta una preciosa perla. A fin de dar a la joya el debido realce, decidió que fabricaría un estuche de la madera mas fina en el cual la colocaría. Hizo entonces que le trajeran la madera de un lugar distante, tras lo cual la pulió hasta sacarle brillo; reforzó luego las esquinas del estuche con finísimas esquineras de bronce y forró su interior con terciopelo rojo. Como toque final, perfumó el interior del estuche con delicados aromas para luego colocar dentro de él la hermosa perla.

Seguidamente puso el estuche con la joya en el escaparate de su comercio, poco después de lo cual, pasó por el lugar un hombre rico que se sintió atraído por lo que había visto y comenzó a negociar con el joyero a fin de efectuar la compra. Antes de que transcurriera mucho tiempo en las negociaciones, el joyero se dio cuenta de que el hombre estaba mas interesado en el cofre que en la perla. Tal había sido el efecto de la belleza del estuche, que poco había reparado en la perla que contenía.

Recientemente tuvimos en nuestro hogar a unos amigos que no son miembros de la Iglesia, provenientes de otro estado. Estuvieron con nosotros cerca de una semana. Uno de ellos es un hombre sumamente educado, quien en los comienzos de su formación académica se estaba preparando para el ministerio, aunque mas tarde decidió orientar sus estudios hacia el campo de la sicología, en el cual finalmente recibió su doctorado. Poco después de recibirse instaló una clínica donde en la actualidad trabajan varios siquiatras, sicólogos y trabajadores sociales. Cabe destacar que este señor también es asesor ante un consejo estatal de educación y ante una universidad estatal, incluyendo entre sus funciones la formulación de exámenes de acreditación universitaria.

Cuando nos enteramos de que nos visitaría tan destacado caballero, comenzamos a preguntarnos que tipo de cosas podríamos mostrarle y cómo podríamos explicarle en cuanto a nuestras creencias. Seguir leyendo

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La fe: la fuerza de la vida

Conferencia general Octubre 1982

La fe: La fuerza de la vida

Rex D. Pinegar

por el élder Rex D. Pinegar
del Primer Quórum de los Setenta


Quisiera dedicar mi discurso a aquellos que estén buscando fortaleza para vencer las dificultades de la vida.

No hace mucho recibí una nota de mi hija, que estaba preparándose para mudarse a otra ciudad para asistir a la universidad. Contenía un mensaje de tierno agradecimiento y también expresaba su preocupación por las responsabilidades que iba a tener que enfrentar. Decía que hasta ese momento había vivido bastante protegida y había dependido de su familia para que la guiara y le diera fuerzas. ¡Comenzaba a darse cuenta de que la vida es difícil!

La nota de mi hija me hizo recordar las conversaciones que he tenido durante los últimos meses con muchas personas de la Iglesia que parecen preguntarse: «¿Cómo puedo superar los problemas de la vida?»

La vida no es fácil; nos presenta muchos problemas. En cualquier época nos trae pruebas v dificultades que debemos sobrellevar; es difícil entrar en el mundo de los adultos; a menudo se siente el dolor de ser herido o dejado de lado. Seguir una carrera puede llevarnos hasta nuestro límite emocional, intelectual y económico. No es fácil cumplir una misión, pues esta requiere una dedicación total, tanto espiritual como física. Los problemas que acompañan al matrimonio y a la crianza de los hijos: el ganarse la vida; el soportar enfermedades, la vejez y la muerte- son realidades de esta existencia por las que tenemos que pasar, pero que no siempre estamos preparados o dispuestos a aceptar y superar.

Si comprendemos que encontrar obstáculos es algo natural en la vida, estaremos mas dispuestos a enfrentarlos y sobrellevarlos con mas valor. Un escritor dijo:

«Lo mejor es, si es posible, dejar de considerar que los aspectos desagradables de nuestro diario vivir son interrupciones de la vida real. La verdad es que lo que llamamos interrupciones son precisamente lo que constituye la vida real: la existencia que Dios nos manda día a día.» (They Stand Together: The Letters of’ C. S. Lewis to Arthur Greeves. ed. por Walter Hooper, Londres: Collins, 19791 pág. 499.)

Un antiguo relato asiático nos cuenta de un príncipe que se crió en un castillo donde lo mantenían aislado de la realidad de la vida. Nunca había visto a un enfermo, nunca a un anciano, ni había visto morir a nadie. Seguir leyendo

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La esencia de esta obra

Conferencia general Octubre 1982

La esencia de esta obra

Gordon B. Hinckley

por el presidente Gordon B. Hinckley
Consejero en la Primera Presidencia


Mis hermanos y hermanas, creo hablar en nombre de todos nosotros cuando expreso mi agradecimiento al presidente Kimball por su mensaje.

Agradecemos al presidente Kimball su consejo, particularmente su testimonio de Dios, nuestro Padre Eterno, y de su amado Hijo, nuestro Salvador v Redentor. Al suyo agregamos el nuestro de que también sabemos que Dios vive, que es el Creador y Gobernante del universo v nuestro Padre Celestial; que Jesucristo, su Unigénito en la carne, nació en Belén de Judea v es el Mesías prometido; que fue un hombre de milagros, el único Ser perfecto que ha vivido sobre la tierra; que fue crucificado v dio su vida como sacrificio por los pecados de todos los hombres; que mediante su gran acto expiatorio, se transformó en el Redentor de la humanidad; que se levantó de la tumba al tercer día, transformándose de ese modo en las «primicias de los que durmieron» (1 Corintios 15:20) que en Jerusalén y sus alrededores, al igual que en este hemisferio, fue visto por muchos quienes testificaron haberle visto y haberle palpado A haber sido instruidos por el Señor resucitado. Por el poder del Espíritu Santo, que nos ha dado testimonio, podemos testificar, y así lo hacemos, de estas grandes y trascendentales verdades. A todo esto agregamos nuestro testimonio de que esta, «la dispensación del cumplimiento de los tiempos»(D. y C. 112:30), de la cual se habla en las Escrituras, fue inaugurada por medio de una gloriosa visita del Padre y Su Hijo, que es una bendición para todos los que busquen y aprendan.

Le aseguramos al presidente Kimball que las oraciones en su favor de este pueblo, que se extiende por todo el mundo, llegan a nuestro Padre. Nada mas apropiado para rendirle tributo que las estrofas de ese hermoso himno escrito por Evan Stephens a Wilford Woodruff cuando este cumplió noventa años:

Pedimos hoy por ti, profeta fiel,
que Dios te dé salud, gozo y paz;
felicidad tendrás en tu vejez,
y Dios hará brillar siempre tu faz.
(Himnos de Sión pág. 161.) Seguir leyendo

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La divina naturaleza de la autosuficiencia

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La divina naturaleza de la autosuficiencia
por el presidente Marion G. Romney
Segando Consejero en la Primera Presidencia

Marion G. RomneyHermanos, se me ha pedido tantas veces que dirija la palabra en estas sesiones de bienestar, que estoy pensando que debería actuar de manera similar a la de un abuelo que conocía ya bastante entrado en años, y de quien algunas personas opinaban que no sabia cuando parar de hablar. En una oportunidad en que se llevo a cabo una reunión de barrio, pensaron que no debían pedirle que hablara porque temían que se extendiera por mucho tiempo. Pero, finalmente, decidieron no pasarlo por alto, y entonces le pidieron que dijera solamente unas pocas palabras acerca de como había llegado a vivir tantos años y aun continuaba prestando servicio. El abuelo se puso de pie y les dio el siguiente consejo: «No dejen de respirar». Yo no seré tan breve pero tratare de ser preciso.

Me gustan mucho las sencillas verdades que forman parte de los principios de bienestar, tal como han sido enseñadas por todos los santos profetas desde el comienzo del mundo, y nunca me canso de hablar de ellas. Hoy deseo referirme al principio de la autosuficiencia y al impacto que ejerce en nuestro desarrollo espiritual.

Desde el comienzo de los tiempos, se le ha aconsejado al hombre a ganar su propio sustento, y por lo tanto, ser autosuficiente. Cuando llegamos a comprender que este principio esta muy ligado a la libertad misma, es fácil comprender la razón por la cual el Señor hace tanto hincapié en el asunto. Con respecto a este tema, el élder Albert E. Bowen dijo:

«Pienso que el Señor desea y espera que Su pueblo permanezca libre de compulsión, ya sea esta impuesta por la fuerza o solamente por los remordimientos de la conciencia… Esta es la razón por la cual las autoridades de la Iglesia no se sienten satisfechas con cualquier sistema que ayude en forma permanente a personas capaces de abastecerse a si mismas, e insiste, por el contrario, en que la verdadera función y el propósito de prestar auxilio, es ayudar a los miembros a lograr una posición en la que puedan valerse por si mismos y de esa manera ser libres.» («The Church Welfare Plan «, Gospel Doctrine Manual, 1946, pág. 77.)

Distintas personas bien intencionadas han establecido varios programas para ayudar a los necesitados, pero muchos de esos programas han sido designados con el objetivo limitado de «ayudar a la gente», por contraposición al de «ayudar a la gente a valerse por si misma». Todos nuestros esfuerzos deben siempre concentrarse en lograr que las personas que están física y mentalmente capacitadas sean autosuficientes. Seguir leyendo

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La adoración por medio de la música

Conferencia General Octubre 1982

La adoración por medio de la música

Franklin D. Richards

por el élder Franklin D. Richards
de la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta


Mis amados hermanos y hermanas, al igual que vosotros me regocijo por el espíritu de esta gran conferencia y oro para poder recibir la guía del Espíritu Santo.

De acuerdo con las Escrituras, después que el Salvador instituyó el sacramento de la Santa Cena con los Apóstoles, y luego que «hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos» (Mateo 26:30). Este pasaje pone en evidencia el hecho de que cantar himnos era parte de los servicios religiosos de aquel tiempo.

Hoy, una de las partes mas importantes de nuestros servicios de adoración es el canto de los himnos por la congregación, además de la bella música que nos brindan los coros.

Al empezar cada una de nuestras reuniones religiosas con un himno y una oración, queda establecido el espíritu de devoción y se percibe un maravilloso sentimiento de hermandad. En esta ocasión me gustaría destacar la importancia y el valor de participar en el canto de la congregación.

Los Santos de los Ultimos Días cantamos en nuestros himnos alabanzas al Señor, le suplicamos, y recitamos grandes verdades religiosas que son cual sermones; en consecuencia, se elevan y se alimentan nuestra mente y espíritu.

El presidente Heber J. Grant, al hablar al respecto, dijo lo siguiente:

«Ningún cantante u organización coral de la Iglesia debe entonar nunca una composición musical a menos que las palabras estén en armonía con las verdades del evangelio y el que canta pueda expresarlas desde lo mas intimo de su ser. En otras palabras, nuestros himnos deben ser, en verdad, oraciones para el Señor.» (Improvement Era, julio de 1912 págs. 786-787.)

El presidente Spencer W. Kimball, al referirse al canto de los himnos, dijo lo siguiente:

«Algunos de los mas grandes sermones que se han predicado se han expresado por medio del canto de un himno. Hay muchos himnos maravillosos . . . Si, cantadlos del principio al fin.» (Conferencia de área en Nueva Zelanda, Conference Report, feb. de 1976, pág. 27.) Seguir leyendo

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Gratitud y reconocimiento

Conferencia General Octubre 1982

Gratitud y reconocimiento

Marion G. Romney

por el élder Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia


Mis queridos hermanos, quisiera hablaros acerca de la gratitud y del reconocimiento. El mundo ha elogiado el valor del agradecimiento tanto como ha condenado el pecado de la ingratitud. Se ha dicho:

«Un hombre ingrato es como un puerco que come bellotas echado debajo del árbol, sin siquiera considerar de donde vienen. » (Timothy Dexter, The New Dictionary of Thoughts, edición de 1961, pág. 308.)

Jesucristo nos dejó saber lo que pensaba de la gratitud cuando relato la parábola de los diez leprosos que, después de ser sanados, con excepción de uno, se fueron sin volverse para dar las gracias. Lucas nos dice:

«Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

«Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

«y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

«Cuando él los vio, les dijo: Id mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

«Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

«y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y este era samaritano.

«Respondiendo Jesús, dijo: ;¿No son diez los que fueron limpiados’? Y los nueve, ¿donde están?

«¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?» (Lucas 17:11-18.)

Jesucristo nos dio un ejemplo de agradecimiento en la ultima cena:

‘. . . mientras comían, Jesús tomo pan y bendijo, y lo partió, les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo.

«Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. » (Marcos 14:22-23.)

Tanto las Escrituras antiguas como las modernas contienen muchísimas referencias que mencionan la súplica, la alabanza y el agradecimiento al Señor. Seguir leyendo

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Escudriñad las escrituras

Conferencia General Octubre 1982

Escudriñad las Escrituras

J. Richard Clarke

por el obispo J. Richard Clarke
Segando Consejero en el Obispado Presidente


Una de las secciones mas maravillosas e inspiradoras del Libro de Mormón, que se conoce como «el Salmo de Nefi», empieza con estas palabras tan conmovedoras:

«Porque mi alma se deleita en las escrituras, y mi corazón las medita, y las escribo para la instrucción y el beneficio de mis hijos.

«He aquí, mi alma se deleita en las cosas del Señor . . . » (2 Nefi 4: 1516. )

Estas palabras tienen un significado especial para mi, ya que crecí en una pequeña comunidad mormona y me educaron en un hogar ejemplar de Santos de los Ultimos Días. Se me enseñó a amar al Señor, a reverenciar Su nombre y a comunicarme con El por medio de la oración. Era muy niño cuando aprendí que el Padre y el Hijo se le aparecieron a José Smith; lo creí de niño y nunca lo he dudado de hombre.

Sin embargo, hasta que me enrole en la marina, no había experimentado el impacto de conocer a tantas personas que nunca habían visto a un mormón o que nunca hablan oído nada del mormonismo. De pronto me di cuenta de lo limitado que era mi conocimiento del evangelio. Me hicieron algunas preguntas muy difíciles acerca de la Iglesia, a las que me fue dificultoso contestar. Yo era el único mormón en la tropa y no tenía a nadie a quien consultar. El único libro de Escrituras que llevaba era un pequeño Libro de Mormón una edición especial publicada para las fuerzas armadas. Me da vergüenza confesar que en varias ocasiones abandone a Lehi y a su familia en algún lugar del desierto.

Aunque crecí como un miembro activo de la Iglesia, nunca sentí la necesidad especial o imperiosa de estudiar las Escrituras ni las palabras de los profetas. Cuando se me hacia una pregunta o cuando me trataban de ridiculizar a mí o a la Iglesia, todo lo que podía hacer era expresar las creencias que había aprendido de mi familia • de mis maestros. Trataba de compensar mi carencia de conocimiento siendo un buen ejemplo de los principios que profesaba. Seguir leyendo

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