Conferencia General Octubre 2021
Por el élder Jeremy R. Jaggi
De los Setenta
Lo que aprendí sobre el templo cuando era un joven misionero me ha bendecido desde entonces.

Muchos misioneros abren su llamamiento misional rodeados de familiares y amigos; yo abrí el mío solo, en un campo de patatas [papas]. Estudiaba en el Colegio Universitario Ricks (que luego llegó a ser la Universidad Brigham Young–Idaho). Por entonces no teníamos redes sociales ni internet, y me hallaba lejos de mi familia, así que fui al campo, ofrecí una oración y abrí la carta.
Decía: “Se le ha asignado a trabajar en la Misión Ohio Cleveland” [EE. UU.]. Me pareció fantástico que Kirtland, Ohio, fuera parte de la misión, aunque en aquel momento no entendía su trascendencia. Seguir leyendo
Por el élder Ulisses Soares
Del Cuórum de los Doce Apóstoles
Los nombres son importantes, especialmente cuando tienen que ver con el nombre de la Iglesia restaurada de Jesucristo.
Una de las bendiciones de usar el nombre correcto de la Iglesia se recibe cuando tomamos en serio la responsabilidad de proclamar el nombre del Salvador a través de todo el mundo.

¿Han pensado alguna vez en lo importante que puede ser un nombre? Piensen en su propio nombre, el que recibieron cuando nacieron, un nombre por el que se les conocería durante toda su vida. A menudo, el nombre de ustedes es lo primero que alguien pregunta cuando los conoce. Y es la forma más fácil para sus familias, amigos y otras personas de dirigirse y hablar de ustedes. Siendo niños, muchos de ustedes también tuvieron el privilegio de recibir un nombre y una bendición por el poder del sacerdocio.
En su bautismo, hicieron un convenio con Dios para mostrarle que están dispuestos a tomar sobre ustedes el nombre de Jesucristo. Cada vez que toman la Santa Cena, renuevan ese convenio y prometen que siempre lo recordarán a Él (véase Mosíah 18:8–9; Doctrina y Convenios 20:77, 79). Seguir leyendo
Por el presidente Henry B. Eyring
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Cada vez que hacemos uso del nombre completo de la Iglesia, somos bendecidos y bendecimos a los demás.

En África, unas personas que andaban en busca de una iglesia a la cual unirse dijeron que habían tenido sueños. En esos sueños, se les indicó que buscaran una que llevara el nombre de Jesucristo. A medida que buscaron, solo hallaron una en la cual el nombre del Señor ocupa un lugar central: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En Latinoamérica, varios Santos de los Últimos Días dijeron que la invitación que extendieron a sus amigos de asistir a la “Iglesia Mormona” no había sido bien recibida. Eso cambió cuando los invitaron a asistir a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. “Si la iglesia de ustedes se llama la Iglesia de Jesucristo”, respondieron los amigos, “nos gustaría ir y ver”.
En Estados Unidos, un niño de la Primaria invitó a sus vecinos a su bautismo. Un pastor de otra religión dijo que nunca habría asistido a un bautismo de la “Iglesia Mormona”. Sin embargo, como podía ver que la iglesia del pequeño se centraba en Jesucristo, asistió con su esposa. Seguir leyendo
Conferencia General Abril 1974

por el élder Henry D. Taylor
Ayudante del Consejo de los Doce
El pago de los diezmos es una prueba de nuestra fidelidad y lealtad
Con el aumento de precios en las mercaderías y servicios, la inflación sigue su marcha acelerada. Esos aumentos dan como resultado dificultades para muchos, pero especialmente para las personas y familias con ingresos limitados. Tantas son las demandas por cada peso, que es necesario hacer ajustes constantes para que el dinero alcance a cubrir todas las deudas y necesidades.
Hace siglos el Señor dio, por medio de un Profeta, una fórmula para solucionar estos problemas cuando le dijo a Malaquías: «Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde» (Malaquías 3:10).
Frecuentemente escuchamos la expresión «No puedo pagar los diezmos». Las personas que hacen tales declaraciones no han aprendido todavía que no pueden darse el lujo de no pagarlos. Hay muchos miembros que por su propia experiencia testifican que los nueve décimos administrados y gastados con prudencia, con la bendición del Señor, alcanzan más que los diez décimos, gastados sin la bendición del Señor. Seguir leyendo
Conferencia General Abril 1974

por el presidente Hartman Rector, Jr.
del Primer Consejo de los Setenta
Unido a la fe y la perseverancia, el testimonio nos ayudará a lograr la exaltación
Ha sido maravilloso e inspirador sostener en esta conferencia a un nuevo Profeta. Este es un paso necesario, porque es un mandamiento de Dios; pero naturalmente, el trabajo queda aún por hacerse: debemos seguirle.
La respuesta del profeta José Smith a la pregunta «¿Cuáles son los principios fundamentales de su religión?», contiene una declaración sucinta sobre la importancia del testimonio:
«Los principios fundamentales de nuestra religión son el testimonio de los apóstoles y profetas concernientes a Jesucristo: que murió, fue sepultado, se levantó al tercer día y ascendió a los cielos; y todas las otras cosas que pertenecen a nuestra religión son únicamente dependencias de esto» (Enseñanzas del profeta José Smith, pág. 141). Seguir leyendo

por Marion G. Romney
Segundo Consejero en la Primera Presidencia
AI tornar mis pensamientos hacia Jesús en esta temporada navideña, impregnados de agradecimiento por su misericordia y sus bendiciones, éstos se han centrado en el gran don de su expiación. La gratitud que siento por la forma en que El expió por mis pecados personales, aumenta continuamente.
El sufrimiento físico e intelectual que producen las transgresiones y los pecados de los hombres, de los cuales informan diariamente la prensa, la radio y la televisión, hacen estremecer el corazón de los hombres justos, cuyas almas anhelan una comprensión universal de que tales sufrimientos podrían acabarse si los hombres comprendiesen la expiación de Cristo y se calificasen para recibir las bendiciones que proporciona.
De los dos aspectos de la expiación, la resurrección de los muertos es lo que se acepta más pronto y ampliamente. Pablo lo declaró correctamente en forma resumida. Seguir leyendo
Conferencia General Abril 1974

por el élder Neal A. Maxwell
Ayudante del Consejo de los Doce
Mis queridos hermanos, mi momento verbal no es para predicar sermones, sino para la expresión de la gratitud; no es para la doctrina, sino para el testimonio.
Gratitud por el llamamiento que el Señor efectuó por intermedio del presidente Kimball.
Gratitud por vuestro voto de sostenimiento, que no constituye una justificación de mi pasado sino una invitación para que sea mejor y me esfuerce más en la obra del Señor.
Gratitud por los humildes padres que me enseñaron, por doctrina y por precepto, que tanto la Iglesia como el evangelio son verdaderos.
Gratitud por una maravillosa mujer, Colleen, la esposa de todos los tiempos, fueran éstos buenos o malos, quien hizo de nuestro hogar un refugio. Seguir leyendo
por el presidente Spencer W. Kimball
Parte del discurso pronunciado en el seminario de los Representantes Regionales,
el 4 de abril de 1974.
En una revelación que recibió el profeta José Smith, el Señor dijo: «Y si fuere que trabajareis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo, y me trajereis, aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande no será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!» (D. y C. 18:15).
Si no hubiese conversos la Iglesia se reduciría y desaparecería. Pero tal vez la razón más poderosa de la obra misional sea brindar al mundo la oportunidad de escuchar y aceptar el evangelio. Las escrituras están repletas de mandatos y promesas, llamamientos y galardones concernientes a las enseñanzas del evangelio. He usado deliberadamente el término «mandato» pues parece ser una orden directa a la cual no podemos escapar, ni individual ni colectivamente.
Os pregunto: cuando habiendo llevado a sus Doce Apóstoles a la cima del Monte de los Olivos, el Señor les dijo: «… y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta lo último de la tierra», ¿qué quiso decir con ello? (Hechos 1:8). Fueron éstas sus últimas palabras antes de partir hacia su morada celestial. Seguir leyendo
por el presidente N. Eldon Tanner
Primer Consejero en la Primera Presidencia
La peor reprimenda que he recibido, y probablemente la mejor lección que he aprendido en mi vida, fue cuando mi padre me dijo: «Hijo, pensé que podía confiar en ti». Mi padre era obispo y nos había dejado a mi hermano menor y a mí para hacer un trabajo especial, mientras él hacía los preparativos para un servicio fúnebre en el barrio. Creímos que la tarea le llevaría un buen rato, y cuando regresó nos encontró desperdiciando nuestro tiempo cabalgando en las terneras.
Sabía que mi padre me amaba, y yo lo amaba a él y deseaba complacerlo, de manera que cuando dijo «pensé que podía confiar en ti», me hirió profundamente; y en ese preciso momento hice la resolución de que nunca volvería a darle motivo para repetírmelo.
Esa experiencia lo desilusionó y me hirió. Al reflexionar en ella, resolví que viviría de tal manera que nadie tendría jamás razón para reprocharme: «Pensé que podía confiar en ti». Empecé a darme cuenta de que si mi padre estaba ofendido, ciertamente mi Padre Celestial también esperaría que yo hiciera las cosas que me comprometí a hacer cuando fui bautizado, cuando fui ordenado al sacerdocio o cuando acepté un puesto en la Iglesia. Seguir leyendo
Conferencia General Abril 1974
por el élder J. Thomas Fyans
Ayudante del Consejo de los Doce
Nací de buenos padres, y aun cuando ya han pasado al otro lado del velo, tengo la certeza de que se regocijan por motivo de este llamamiento.
Por alguna razón he sentido, en estos últimos meses, un deseo insaciable de leer las Escrituras. Meditando en los acontecimientos personales de esta conferencia, bien podría ser que el Espíritu Santo, a quien se refirió el presidente Romney, me hubiera indicado que necesitaría esta clase de preparación espiritual.
Por medio del Antiguo Testamento y la Perla de Gran Precio, compartí la visión profética de la venida del Salvador. Las bendiciones, responsabilidades y cometidos de Abraham y su posteridad han quedado implantados con mayor claridad en mi corazón. Seguir leyendo
Por David Dickson
Revistas de la Iglesia
Los primeros santos aprendieron algunas cosas sobre los caminos de Dios.
Doctrina y Convenios 103–105

Con un populacho enojado de más de 300 personas que amenazaba destruirlos por la mañana, el grupo de santos que formaba el Campo de Sion esperaba y oraba por un milagro.
Bajo el liderazgo de José Smith, el Campo de Sion había marchado durante semanas desde Ohio hasta Misuri. Estos miembros de la Iglesia esperaban ayudar a los santos que habían sido expulsados del condado de Jackson, Misuri, EE. UU., a que recuperaran sus tierras, pero a lo largo de su marcha enfrentaron amenazas y oposición. Y ahora, otro populacho los amenazaba. Seguir leyendo
Por el presidente Dallin H. Oaks
Primer Consejero de la Primera Presidencia

Hace muchos años, una de nuestras Autoridades Generales compartió esta historia que nos supone un reto:
Un sabio cheroqui, de una de las tribus indígenas de los Estados Unidos, le contó a su nieto una parábola en cuanto a la vida. “Hay una lucha terrible dentro de mí, y es entre dos lobos”, dijo el abuelo. “Uno es malo: está lleno de enojo, envidia, lástima de sí mismo, pesar, avaricia y mentiras. El otro es bueno: está lleno de bondad, compasión, humildad, verdad, amor y gozo. Esa lucha se libra dentro de cada uno de nosotros”.
“¿Cuál de los dos lobos ganará?”, preguntó el nieto.
“El que tú alimentes”, respondió sabiamente el abuelo1. Seguir leyendo