Encontrar paz, felicidad y gozo


Capítulo 22

El poder para vencer


Este capítulo está dirigido a ti que deseas hacer lo correcto—que has sentido en tu corazón esos impulsos de vivir dignamente sin importar lo que otros puedan decir—y también a ti que deseas tener esos sentimientos. Tengo un fuerte deseo de compartir verdades que, si se comprenden y se viven, pueden cambiar fundamentalmente tu vida si es necesario. Te pido que me ayudes. Mientras lees, ¿considerarás en oración estas cosas en tu mente y en tu corazón, para que mi oración de que seas ayudado pueda ser contestada?

Para que un trozo de madera se encienda, primero debe calentarse hasta una temperatura en la que pueda prender fuego; entonces puede arder por sí mismo. El calentamiento inicial requiere energía proveniente del exterior. Cuando la madera se enciende y las condiciones son adecuadas, se vuelve autosostenida y produce luz y calor beneficiosos. De la misma manera, los primeros años de la vida a menudo se dedican a recibir ayuda de los padres y de otras personas mientras uno se prepara para ser más autosuficiente. Quiero ayudarte a encenderte espiritualmente, para que puedas disfrutar la maravillosa experiencia de irradiar fortaleza a los demás mientras continúas creciendo y desarrollándote.

Existe un fuego más intenso que el de la madera en combustión. Se produce a partir de una mezcla de polvo de aluminio y óxido metálico. Por sí misma, esta mezcla es fría e inerte; pero cuando se calienta hasta la temperatura de ignición, se convierte en una fuente autosostenida de luz brillante y calor intenso. Una vez que se enciende, no puede apagarse por medios ordinarios. Puede arder bajo el agua o en otros ambientes que apagarían una llama común. Cuando arde, no depende de su entorno para sostenerse. Es autosostenido. La llama espiritual en algunos se apaga fácilmente por el mundo que los rodea. Sin embargo, otros viven de tal manera que son fortalecidos y nutridos por el Señor. No solo vencen las tentaciones del mundo, sino que su espíritu inextinguible enriquece la vida de quienes los rodean. Brillan intensamente en todas las circunstancias. Tú puedes ser así, si aún no lo eres.

Dos misioneros que ardían espiritualmente habían pasado un día activo estableciendo una rama de la Iglesia en el remoto pueblo de Chacopampa, Bolivia. La pequeña aldea no tenía electricidad, ni agua corriente, ni calles, ni siquiera instalaciones sanitarias rudimentarias. La reputación de misioneros confiables y dedicados en el pueblo vecino de Quiriza los había precedido. Habían estado en ese humilde lugar solo unos pocos días.

A las 5:30 de aquella mañana habían enseñado a una familia antes de que el esposo partiera al campo. Más tarde habían luchado por enlucir las paredes de adobe para mantener fuera a los insectos que chupan sangre. Durante la semana habían colocado un pequeño piso de cemento y habían colgado un recipiente de cinco galones con un cabezal de ducha para mantenerse limpios. Habían comenzado una instalación sanitaria y habían puesto nueva grava y arena en su filtro de agua. Durante parte del día habían trabajado junto a los hombres en los campos para luego poder enseñarles. Estaban exhaustos y listos para un merecido descanso.

Entonces escucharon un golpe urgente en su rústica puerta de madera. Una niña pequeña estaba llorando. Había estado corriendo y jadeaba tratando de respirar. Los misioneros lucharon por entender su mensaje, transmitido entre sollozos y una avalancha de palabras. Su padre había sufrido una grave herida en la cabeza mientras montaba su burro en la oscuridad. Ella sabía que moriría a menos que los élderes le salvaran la vida. En ese mismo momento los hombres del pueblo lo estaban llevando hacia los misioneros. Suplicó por la vida de su padre y luego corrió para ayudarle.

La gravedad de su desesperada situación comenzó a abrumar a estos misioneros. Estaban en un pueblo sin médicos ni instalaciones médicas. No había teléfonos. El único medio de comunicación era por un camino áspero que seguía el lecho de un río, y ellos no tenían vehículo. La gente del valle confiaba en ellos. Los misioneros no tenían formación médica, pero eran dos élderes que poseían el sacerdocio de Dios. No sabían cómo atender una grave herida en la cabeza, pero conocían a Alguien que sí sabía. Se arrodillaron para orar y explicaron su problema a un comprensivo Padre Celestial. Suplicaron guía, reconociendo que no podían salvar una vida sin Su ayuda. Sintieron la impresión de que la herida debía limpiarse, cerrarse con aguja e hilo y que el hombre debía recibir una bendición. Uno de los compañeros preguntó: “¿Cómo soportará el dolor? ¿Cómo podremos limpiar la herida y bendecirlo mientras sufre tanto?” Se arrodillaron otra vez y explicaron a su Padre: “No tenemos medicina. No tenemos anestesia. Por favor ayúdanos a saber qué hacer. Por favor bendícelo, Padre.”

Al levantarse, llegaron amigos con el hombre herido. Incluso con la tenue luz de una vela podían ver que estaba gravemente herido. Sufría intensamente. Cuando comenzaron a limpiar la herida, ocurrió algo inusual. Él se quedó dormido. Con cuidado y preocupación terminaron de limpiar la herida, la cerraron y colocaron un vendaje improvisado. Cuando pusieron sus manos sobre su cabeza para bendecirlo, él despertó tranquilamente. Su oración había sido contestada y el peligro para su vida había pasado. Se recuperó completamente. La confianza del pueblo aumentó y una rama de la Iglesia se fortaleció.

Los misioneros pudieron ayudar en una emergencia porque confiaron en el poder del Señor. Sabían cómo orar con fe para recibir ayuda ante un problema que ellos mismos no podían resolver. Debido a que eran obedientes al Señor, Él confió en ellos y contestó su oración. Habían aprendido a reconocer la respuesta cuando llegaba como una impresión tranquila del Espíritu. Esa misma ayuda está disponible para ti si continúas viviendo de manera digna para recibirla. Porque el Salvador enseñó: “Cualquier cosa que pidáis al Padre en mi nombre, que sea correcta, creyendo que recibiréis, he aquí, os será concedida.”

Dos jóvenes misioneros caminaban por un camino polvoriento. En sus manos llevaban las Escrituras y en cada corazón ardía el deseo de compartir la verdad. En la cresta de una colina vieron a un grupo de jinetes riendo y señalándolos. Sintieron que estaban en grave peligro. Cada uno oró pidiendo ayuda cuando un hombre enorme montado en un poderoso caballo descendió al galope por la colina hacia ellos. Su amenazante látigo cortaba el aire con estrépito. Se acercaba con rapidez. La mueca de su rostro comunicaba su cruel intención de hacerles daño. De repente, detuvo su caballo, hizo una pausa, giró y desapareció por el valle. Estos élderes habían orado con urgencia en su mente y en su corazón pidiendo ayuda. Estaban viviendo dignamente. Por lo tanto, el Señor pudo protegerlos del peligro que ellos no podían evitar. Tu determinación de vivir con rectitud hará posible que seas protegido de los peligros que te rodean. También te dará una gran paz.

Dios puede proteger a quien Él desea proteger. Si alguien resulta herido o muere, eso no necesariamente significa que esa persona esté viviendo indignamente. Lo que he compartido en los ejemplos anteriores es para ilustrar que tu obediencia y tu fe te dan la mayor seguridad de protección en momentos de necesidad.

Quizás estés enfrentando desafíos abrumadores. A veces están tan concentrados y son tan persistentes que puedes sentir que están más allá de tu capacidad para controlarlos. No enfrentes el mundo solo. “Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.” La confianza es una de las piedras fundamentales de una vida de paz, felicidad y gozo.

En muchos sentidos, el mundo es como una selva, con peligros que pueden dañar o mutilar tu cuerpo, esclavizar o destruir tu mente o arruinar tu moralidad. La vida fue diseñada para ser un desafío, no para que fracases, sino para que tengas éxito al vencer. A lo largo de la vida enfrentarás decisiones difíciles pero de vital importancia. A tu alrededor existe un poderoso conjunto de tentaciones, influencias destructivas y peligros disfrazados. Estoy convencido de que hoy nadie, por muy talentoso, fuerte o inteligente que sea, evitará problemas serios sin buscar la ayuda del Señor. Repito: no enfrentes el mundo solo. Confía en el Señor.

Repito una amonestación expresada en otros capítulos: si tú o alguien a quien amas ha pecado gravemente, es esencial arrepentirse—ahora. No es bueno violar los mandamientos del Señor. Es trágico no hacer nada al respecto. El pecado es como el cáncer en el cuerpo. Nunca se cura por sí solo. Empeorará progresivamente a menos que sea curado mediante el remedio del arrepentimiento. Cuando existe esa necesidad, puedes ser completamente restaurado, renovado, purificado y limpio por completo mediante el milagro del arrepentimiento. Confía en el Señor. Él sabe lo que está haciendo. Ya conoce tus problemas. Y está esperando que le pidas ayuda.

¿Alguna vez has tenido la sensación de caminar solo por un túnel oscuro que se vuelve cada vez más deprimente? ¿Que parece que a nadie le importa? ¿Que la vida se vuelve cada vez más complicada y desalentadora? Puede que hayas estado siguiendo un camino que muchos otros han recorrido. A menudo comienza con la autocompasión, luego se desarrolla en indulgencia propia y, si no se corrige, conduce a un egoísmo extremo. A menos que se venza mediante el servicio a los demás, el egoísmo conduce al pecado grave, con sus sentimientos deprimente y cadenas que atan. Es la palanca que Satanás utiliza para abrir el corazón a la tentación con el fin de destruir el albedrío. Él intentaría atar la mente y el cuerpo mediante hábitos destructivos y separarnos de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo cultivando el egoísmo.

Si has tenido tales sentimientos de depresión, da la vuelta—literalmente cambia el rumbo de tu vida. El otro extremo del túnel está lleno de luz. No importa dónde hayas estado o qué hayas hecho, esa luz siempre está disponible para ti. Satanás tratará de convencerte de que has ido demasiado lejos para ser salvado. Eso es una mentira. O intentará persuadirte de que existe un atajo para encontrar alivio. No lo hay. Debe hacerse de la manera que Dios ha establecido.

Necesitarás algo de ayuda para comenzar. Las Escrituras son un buen lugar para empezar. Un padre, una madre, un hermano, una hermana, un obispo o un amigo pueden ayudarte. A medida que te acerques más a la luz mediante el arrepentimiento, te sentirás mejor contigo mismo y tendrás más confianza en tu futuro. Redescubrirás cuán maravillosa es realmente la vida. El Salvador dio Su vida para que tú y yo podamos corregir errores, incluso los más graves. El plan de nuestro Padre es perfecto. Siempre funciona para todo aquel que sigue las reglas.

Superar los peligros de la vida requiere comprensión, habilidad, experiencia y confianza en uno mismo, como la que necesita un jugador de baloncesto para encestar un tiro difícil bajo presión. En el juego de la vida, eso se llama carácter recto. Cuando se fortalece mediante la obediencia y actos dignos, las decisiones correctas forjan un carácter fuerte que traerá victoria en momentos de gran necesidad.

El carácter recto es un fundamento de fortaleza espiritual que te permite tomar decisiones difíciles y extremadamente importantes correctamente, aun cuando parezcan abrumadoras. El carácter recto es lo que eres. Permite que otros confíen en ti. Sé honesto. El carácter recto se basa en la integridad. Nunca te mientas a ti mismo. Una mentira puede dar una ventaja temporal, pero trae consigo dificultades a largo plazo. No hagas planes deliberados para hacer lo malo, ni digas mentiras para obtener ventaja, ni falsedades para encubrir errores. Cuando eres completamente honesto contigo mismo y mides tus actos según lo que sabes que es correcto, no serás deshonesto con nadie. Además, te asegurarás de que el Señor pueda bendecirte cuando lo necesites. Cuando te sientas tentado a quebrantar un mandamiento y ocultarlo de los demás, no lo hagas. Siempre te perjudicará. Satanás se encargará de eso. Lo sacará a la luz en el peor momento posible porque desea destruirte.

Quizá hayas observado cómo algunos de tus amigos intentan vivir con un doble estándar de vida. Quieren parecer ante su familia y los líderes de la Iglesia como si estuvieran haciendo lo correcto, pero en secreto hacen lo contrario. Tal vez tengan momentos de emoción que consideran placer, pero nunca pueden estar en paz ni ser verdaderamente felices. Luchan contra sí mismos internamente y corren el riesgo de destruir su mente y su cuerpo. Cuando estés a solas con tus amigos, habla de hacer el bien y de ser buenos. Los sentimientos que tendrás y las impresiones que recibirás te motivarán poderosamente para el bien. Aquellos que hacen lo malo y planean cómo salirse con la suya nunca conocerán tales sentimientos. Si no te sientes cómodo con la idea de hablar del bien con tus amigos, entonces no son tus amigos. Busca mejores amigos.

Cada uno de nosotros tiene un deseo natural y poderoso de ser aceptado, de agradar, de ser alguien. Hace años aprendí algo del precio que debemos pagar para obtener confianza y reconocimiento digno. Durante unas vacaciones de verano encontré trabajo en un barco de ostras en el Long Island Sound. Ocho de nosotros vivíamos juntos en un espacio no mucho más grande que el doble de la cabina de un gran camión de carga. Al principio, me consideraban un espía del dueño; luego, un muchacho que no tenía el valor de vivir como un hombre. Fueron muy duros conmigo. Finalmente, cuando comprendieron que no abandonaría mis principios, nos hicimos amigos. Entonces, en privado, uno a uno, algunos me pidieron ayuda.

Tú sabes lo que está bien y lo que está mal. Sé el líder en hacer lo correcto. Al principio quizá no te comprendan. Puede que no tengas de inmediato los amigos que deseas, pero con el tiempo te respetarán y luego te admirarán. Muchos acudirán en privado para recibir luz de tu llama espiritual. Puedes hacerlo. Estoy seguro de que puedes hacerlo. Cuando tu vida esté en conformidad con la voluntad del Señor y en armonía con Sus enseñanzas, el Espíritu Santo será tu compañero en momentos de necesidad. Podrás recibir inspiración del Señor para saber qué hacer. Cuando sea necesario, tus esfuerzos serán fortalecidos con poder divino. Como los misioneros de los que hemos hablado, podrás ser protegido y fortalecido para hacer lo que por ti mismo sería imposible.

El Señor te necesita para Sus propósitos. Vive Sus mandamientos. Aprende a seguir las impresiones del Espíritu. Mantén tu llama espiritual ardiendo con brillo. Vive para confiar en el Señor. Vive de manera que Él pueda confiar en ti y ayudarte.

Al leer este mensaje, tal vez hayas sentido impresiones del Espíritu acerca de cosas personales que el Señor quiere que hagas o cambies. Puede que hayas sentido claramente lo que debes hacer. Esos sentimientos son lo más importante que puedes obtener de este capítulo. Son un mensaje personal del Señor para ti. Recuerda ese mensaje. Escríbelo. Síguelo con exactitud, ahora, para tu felicidad duradera.

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