Capítulo 3
Vivir el gran plan de felicidad centrado en la familia
Este capítulo contiene consejos dirigidos a los padres. Pero aun si en este momento no tienes la bendición de tener hijos, contiene principios dignos de tu consideración. “Y yo, Dios, creé al hombre… varón y hembra los creé.” Esto se hizo espiritualmente en tu existencia premortal, cuando vivías en la presencia de tu Padre Celestial. Tu género fue establecido antes de que vinieras a la tierra. Elegiste tener esta experiencia terrenal como parte de Su plan para ti. Los profetas lo han llamado “el plan de nuestro Dios”, “el plan de misericordia”, “el eterno plan de liberación”, “el plan de salvación” y, sí, “el gran plan de felicidad”. Se te enseñó este plan antes de venir a la tierra, y allí te regocijaste en el privilegio de participar en él.
Dios primero da conocimiento del plan de felicidad y luego proporciona instrucciones o mandamientos acerca de cómo vivirlo de la mejor manera. La obediencia al plan es un requisito para alcanzar la felicidad plena en esta vida y la continuación del gozo eterno más allá del velo. La proclamación inspirada sobre la familia afirma: “La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno.” El sagrado privilegio de la procreación debe ejercerse dentro de los lazos y el compromiso del matrimonio legal y en el ambiente sagrado de la familia. Los padres tienen la responsabilidad de tener hijos y de nutrirlos y educarlos espiritual, emocional y físicamente. Esencial para el plan de felicidad de Dios es el albedrío moral o el derecho de elección personal. Este don divino es tan esencial que nuestro Santo Padre permitió la pérdida de una tercera parte de Sus hijos espirituales para protegerlo y preservarlo.
Satanás conoce el don del albedrío. Él también tiene un plan. Es un plan astuto, malvado y sutil de destrucción. Su objetivo es tomar cautivos a los hijos del Padre Celestial y, por todos los medios posibles, frustrar “el gran plan de felicidad”.
Nuestro Padre Celestial ha dotado a Sus hijos e hijas con características únicas especialmente adecuadas para sus responsabilidades individuales al cumplir Su plan. Cuanto más te adhieras a Su plan para ti en la tierra, mayor será tu felicidad y tu progreso. Estarás más preparado para recibir las recompensas que Él ha prometido por la obediencia. Seguir Su plan significa que haces aquellas cosas que Él espera de ti como hijo o hija, esposo o esposa. Esos roles son diferentes pero completamente compatibles. En el plan del Padre, se necesitan dos —un hombre y una mujer— para formar un todo. En realidad, el esposo y la esposa no son dos mitades idénticas, sino una maravillosa combinación divinamente determinada de capacidades y características complementarias. El convenio del matrimonio permite que esas diferentes características se unan en unidad para bendecir tanto al esposo como a la esposa, así como a sus hijos, nietos y, con el tiempo, incluso a sus bisnietos.
Para alcanzar la mayor felicidad y productividad en la vida, se necesitan tanto el esposo como la esposa. Sus esfuerzos combinados se entrelazan y se complementan. Cada uno posee características individuales que se ajustan mejor al papel que el Señor ha definido para la felicidad como hombre o como mujer. Cuando se utilizan como el Señor lo ha dispuesto, esas capacidades permiten que una pareja casada piense, actúe y se regocije como uno, que enfrente los desafíos juntos y los supere como uno, mientras crecen en amor y comprensión. Por medio de las sagradas ordenanzas del templo y la fidelidad posterior, quedan unidos como un todo para la eternidad. Ese es el plan.
Puedes aprender lo que significa ser un padre eficaz estudiando la vida de Adán y Eva. En la vida premortal, Adán fue Miguel, quien ayudó a crear la tierra. Era un individuo glorioso y extraordinario. Eva era su igual y una compañera plenamente capaz y poderosamente colaboradora. Después de que hubieron comido del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, el Señor habló con ellos. En sus respuestas se revelan algunos de los diferentes atributos de un hombre y de una mujer. A Adán le dijo: “¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?” La respuesta de Adán fue característica de un hombre que desea ser percibido como lo más cercano posible a lo correcto. Adán respondió: “La mujer que me diste, y mandaste que permaneciese conmigo, ella me dio del fruto del árbol y yo comí.” Y el Señor dijo a Eva: “¿Qué es esto que has hecho?” La respuesta de Eva fue característica de una mujer. Su respuesta fue muy sencilla y directa: “La serpiente me engañó, y comí.” Ninguna de las respuestas fue más correcta que la otra, pero revelan diferentes rasgos.
Para ilustrar aún más estas diferencias entre los géneros, he destacado algunas palabras en un pasaje posterior de las Escrituras. Más tarde, “Adán bendijo a Dios y fue lleno, y comenzó a profetizar acerca de todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, porque a causa de mi transgresión mis ojos son abiertos, y en esta vida tendré gozo, y otra vez en la carne veré a Dios.” Adán estaba pensando en sus responsabilidades. Trataba de alinear su conducta con los deseos del Señor. Eva dijo: “Si no hubiera sido por nuestra transgresión nunca habríamos tenido posteridad, ni habríamos conocido el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios da a todos los obedientes.” La respuesta de Eva fue normal para una mujer. Ella abarcó todo. Eva quería asegurarse de que todos fueran considerados. Una respuesta no era más apropiada que la otra. Las dos perspectivas resultaron de los rasgos inherentes en hombres y mujeres.
El Señor desea que utilicemos estas diferencias para cumplir Su plan de felicidad, crecimiento personal y desarrollo. Observa cómo Adán y Eva se complementaron mutuamente y juntos llegaron a una comprensión más amplia y correcta de la verdad. Observa también cómo Satanás intentaría confundir estas distinciones impulsando a algunos hombres a comportarse como mujeres y a algunas mujeres a comportarse como hombres.
Adán y Eva trabajaron juntos. Obedecieron el mandamiento de tener hijos. Conocían el plan de felicidad y lo siguieron, aunque en ocasiones les trajo dificultades y pruebas. Se les aconsejó ofrecer sacrificio, y obedecieron aun sin comprender plenamente todas las razones. Entonces apareció un ángel y preguntó: “¿Por qué ofreces sacrificios al Señor?” Y Adán dijo…: “No lo sé, sino que el Señor me lo mandó.” El ángel explicó: “Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre… Por tanto, harás todo lo que hagas en el nombre del Hijo, y te arrepentirás y llamarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás.” Ellos obedecieron. Además, enseñaron a sus hijos el plan de felicidad. “No cesaron de invocar a Dios.”
Debido a que Adán y Eva fueron obedientes, el Espíritu Santo vino sobre ellos y los dirigió. Recibirás tal dirección en tu propia vida a medida que seas obediente a las enseñanzas del Salvador, seas digno del don del Espíritu Santo y recibas todas las ordenanzas del templo que tus circunstancias te permitan obtener.
Ten cuidado con los métodos sutiles e ingeniosos que Satanás emplea para apartarte de la verdadera felicidad que proviene de la obediencia al plan de Dios. Uno de los enfoques más eficaces y diabólicos de Satanás es menospreciar el papel de esposa y madre en el hogar. Este es un ataque directo al corazón mismo del plan de Dios para fomentar el amor entre esposo y esposa y para criar a los hijos en un ambiente de comprensión, paz, aprecio y apoyo. Gran parte de la violencia que hoy se extiende por el mundo es la cosecha de hogares debilitados. Los planes gubernamentales y sociales no corregirán eficazmente esa deficiencia. Los mejores esfuerzos de las escuelas y de las iglesias no pueden compensar adecuadamente la ausencia del tierno cuidado de una esposa y madre compasiva en el hogar.
Como madre guiada por el Señor, tejes una tela de carácter en tus hijos utilizando hilos de verdad dados mediante una cuidadosa instrucción y un ejemplo digno. Infundes en la mente y el corazón de tus confiados hijos rasgos como la honestidad, la fe en Dios, el sentido del deber, el respeto por los demás, la bondad, la confianza en sí mismos y el deseo de contribuir, aprender y dar. Ningún centro de cuidado infantil puede hacer eso. Es tu derecho y privilegio sagrados. También es tu responsabilidad sagrada.
Por supuesto, como mujer puedes desempeñarte excepcionalmente bien en el mundo laboral; pero ¿es ese el mejor uso de tus talentos divinamente designados y de tus cualidades femeninas? Los profetas han declarado que, en la medida de lo posible, con la ayuda del Señor, el esposo y la esposa deben trabajar juntos para que la madre permanezca en el hogar. Ese esfuerzo ayudará mucho a evitar la posibilidad de una débil confianza en sí mismos y desafíos emocionales en tus hijos. También ayudará a evitar el creciente problema de niños que carecen de una comprensión de quiénes son y de lo que pueden llegar a ser como hijos divinos del Padre Celestial. Como esposo, si es posible, por favor no animes a tu esposa a salir del hogar a trabajar para ayudarte en tu responsabilidad divinamente definida de proveer los recursos para la familia.
Sé que escribo acerca del ideal, y puede que te sientas inquieto porque tu vida quizás no encaje ahora en ese modelo. Te prometo que mediante tu obediencia y tu fe continua en Jesucristo —junto con tu comprensión de todo el plan de felicidad, aun cuando partes importantes de ese plan no se cumplan en tu vida ahora— una plenitud de bendiciones será tuya en el debido tiempo del Señor. También te prometo que puedes experimentar ahora un crecimiento significativo y felicidad. Como hija o hijo de Dios, vive de la mejor manera posible la parte del plan que esté disponible para ti.
Tu deseo de ser esposa y madre puede que no tenga ahora su cumplimiento completo, pero lo tendrá en Su tiempo a medida que vivas con fe y obediencia para merecerlo. No te dejes atraer lejos del plan de nuestro Dios hacia las formas del mundo donde la maternidad es menospreciada, la feminidad es criticada y los roles divinamente establecidos de esposa y madre son ridiculizados. Deja que el mundo siga su camino. Tú sigue el plan del Señor para obtener la mayor medida de logro verdadero y eterno, así como la más plena paz y felicidad. La actual falta de las bendiciones prometidas para las cuales calificas será completamente compensada en esta vida o en la próxima.
Vive con rectitud. Aprovecha al máximo tu vida aquí en la tierra, y encontrarás al compañero de tus sueños aquí o más allá del velo, donde los posibles compañeros no estarán limitados a este momento en el tiempo ni a tu ubicación física. Joseph Fielding Smith enseñó: “Ustedes, buenas hermanas, que están solteras y solas, no teman… Si en su corazón sienten que el evangelio es verdadero y que, bajo condiciones apropiadas, recibirían las bendiciones del sellamiento en el templo… y eso no llega a ustedes ahora, el Señor lo compensará… porque ninguna bendición será retenida.”
Tengo la oportunidad de entrevistar a muchos líderes del sacerdocio. Cuando estos hombres me hablan de sus esposas, lo hacen con profunda ternura y evidente aprecio por la bendición de ser esposos de extraordinarias hijas del Padre Celestial. Con frecuencia brotan lágrimas, y casi sin excepción comentan algo como: “Ella es la fortaleza de mi vida”, o “Ella me motiva a ser una mejor persona”, o “Ella es más espiritual, más pura y más comprometida que yo. No podría hacerlo sin ella”. Como mujer, por favor no juzgues cuán valiosa, necesaria y amada eres basándote en nuestra torpe capacidad masculina para expresar nuestros verdaderos sentimientos. Tu rasgo divinamente conferido de dar de ti misma sin contar el costo a menudo te lleva a subestimar grandemente tu propio valor.
Humildemente agradezco a nuestro Padre Celestial por Sus hijas, ustedes que estuvieron dispuestas a venir a la tierra para vivir bajo circunstancias inciertas. La mayoría de los hombres no podría manejar las incertidumbres con las que se les pide vivir. Las costumbres sociales requieren que ustedes esperen a ser invitadas al matrimonio. Se espera que vayan con su esposo dondequiera que su empleo o un llamamiento lo lleve. Su ambiente y vecindario están determinados por su capacidad para proveer, sea abundante o escasa. Ponen su vida en las manos del Señor cada vez que dan a luz a un hijo. Un hombre no hace tal sacrificio. La bendición de criar hijos y cuidar de un esposo a menudo está entremezclada con muchas tareas rutinarias. Hacen todas estas cosas voluntariamente porque son mujeres, hijas de nuestro Padre Celestial. Por lo general, no tienen idea de cuán verdaderamente maravillosas y capaces son, de cuán profundamente apreciadas y amadas, o de cuán desesperadamente necesarias son, porque la mayoría de los hombres no se lo dice con la claridad ni con la frecuencia necesarias.
Mediante Su plan, nuestro Padre ha hecho posible que cada uno de Sus hijos espirituales dispuestos venga a la tierra. Él desea que ese hijo nazca en una familia donde pueda prepararse para la vida y donde pueda crecer en experiencia, habilidad, comprensión y conocimiento y, con el tiempo, formar familias adicionales e invitar a otros hijos espirituales a esta experiencia de vida terrenal.
Él lo hizo con un propósito. Lo hizo para tu felicidad eterna y para tu gozo. Ese plan seguramente te traerá felicidad si se sigue cuidadosamente.
¿Cómo puedes recibir la mayor felicidad y las mayores bendiciones de esta experiencia terrenal?
Aprende el fundamento doctrinal del gran plan de felicidad estudiando las Escrituras, meditando en su contenido y orando para comprenderlas. Estudia cuidadosamente y utiliza la proclamación de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce sobre la familia. Fue inspirada por el Señor.
Escucha la voz de los profetas actuales y pasados. Sus declaraciones son inspiradas. Puedes confirmar ese consejo en tu propia mente y corazón al orar acerca de él y aplicarlo a tus circunstancias particulares. Pide al Señor que confirme tus decisiones y luego acepta la responsabilidad por ellas.
Obedece los sentimientos internos que llegan como impresiones del Espíritu Santo. Esos sentimientos nacen de tus pensamientos y actos rectos y de tu determinación de buscar la voluntad del Señor y vivirla.
Cuando sea necesario, busca consejo y guía de tus padres y de los líderes del sacerdocio.
Una madre ejemplar escribió: “¿Cómo respondieron las mujeres pioneras… a los desafíos de su tiempo? Escucharon la voz de su profeta y lo siguieron porque sabían que hablaba la voluntad del Señor. Afrontaron los desafíos y recibieron grandes bendiciones a causa de su fe y obediencia. Sus primeras prioridades no fueron la seguridad, casas cómodas o una vida fácil… Ningún sacrificio era demasiado grande para hacerlo por sus queridos esposos e hijos.”
Obviamente, no sé lo que se siente ser mujer, pero sí sé lo que es amar a una con todo mi corazón y mi alma. Expreso constantemente al Señor mi desbordante gratitud por las incesantes bendiciones que fluyen hacia nuestros hijos, nietos y bisnietos, y tan abundantemente hacia mí, desde la vida de una de Sus preciosas hijas. Deseo que la felicidad que hemos encontrado juntos sea también tuya. Cuanto más fielmente sigas personalmente Su plan para ti en la tierra, mayor será tu felicidad, tu plenitud y tu progreso, y más preparada estarás para recibir las recompensas que Él ha prometido por la obediencia. De esto doy testimonio, porque el Salvador vive y Él te ama.

























