Liahona Septiembre 2021

La mano del Salvador preservó nuestras vidas

Por Geovany Arita
Páginas Locales de la Liahona

Como nos enseñó el élder Ronald A. Rasband, “La mano del Señor los guía. Por ‘designio divino’, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes”.

Jamás olvidaré el lunes 8 de octubre de 2001. Como en otras ocasiones, por cuestiones de trabajo debía viajar al departamento de Ocotepeque. Le pedí a mi esposa, María Elena, que me acompañara junto con nuestros hijos Geovany, de dos años, y Jared, de seis meses. Así que salimos muy temprano en nuestro pickup cabina y media, modelo 1982, para poder volver ese mismo día.

No me sentía bien, por lo que al salir de regreso a casa me detuve en una farmacia en donde tomé una pastilla que me recomendaron para mi malestar. Ni yo pregunté, ni tampoco el dependiente me advirtió de los efectos secundarios de ese medicamento, el cual producía somnolencia. Así que continué el viaje de regreso a casa.

Mientras conducía empecé a sentir una pesada sensación de sueño. No recuerdo mucho del momento en el que me quedé dormido, pero cuando desperté, lo inevitable había ocurrido. El vehículo giraba y terminamos en una cuneta a la orilla de la carretera, cerca de Cucucaya, Copán.

Mi cabeza daba vueltas y no veía con claridad. Aun así, mi primera reacción fue buscar al pequeño Jared que dormía en la media cabina. Geovany estaba en los brazos de mi esposa, pero Jared no estaba dentro del vehículo.

Con los giros que dio el vehículo, la puerta se había abierto y el pequeño salió expulsado. En mi angustia escuché un llanto afuera; era Jared. Había caído sobre una poza de lodo que amortiguó los golpes. Como pude, salí por la ventanilla trasera y fui a buscarlo.

Una amable señora lo tomó en sus brazos para limpiarlo. De una manera que no podía entender, por un milagro divino, no solo la vida de mis pequeños había sido preservada, sino que estaban ilesos. Mi esposa permaneció algunas semanas en el hospital, en donde se recuperó por completo de los golpes.

Ella cuenta: “Fue una experiencia realmente difícil. Aprendí que debemos tener fe por encima de cualquier dificultad. Sabíamos que Dios había hecho un milagro en nuestras vidas. Ahora, al ver a nuestros hijos, dos maravillosos misioneros, sabemos que el tiempo y el amor del Señor son perfectos”.

Nuestro hijo mayor, Geovany, fue misionero de tiempo completo. Disfrutó mucho de su servicio, al principio en la misión México Monterrey Este y luego aquí, en Honduras.

En marzo de 2020, nuestro hijo Jared también fue llamado a servir en la misión. El día en que recibió su llamamiento tuvo que ser hospitalizado por dengue hemorrágico, del que se recuperó muy bien. Nuevamente vimos las bendiciones del cielo.

Me encantan las palabras de nuestro hijo Jared: “Muchas veces pasaremos por experiencias que nos traerán mucha angustia o sufrimiento, pero siempre debemos recordar que Dios es perfecto en Su sabiduría y todo lo que hace tiene un propósito que no siempre comprenderemos. Debemos tener fe en Él y saber que, si somos fieles durante la adversidad, luego seremos bendecidos. Esta experiencia que viví junto a mi familia fortalece mi testimonio reconociendo que nuestro Padre Celestial protege a Sus hijos”.

El élder Neal A. Maxwell, del Cuórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Ninguno de nosotros utiliza todas las oportunidades tocantes a las personas que se nos asignan dentro de nuestros círculos de amistades. Ustedes y yo podríamos llamar ‘coincidencia’ a dichas confluencias; es comprensible que los mortales usen esa palabra, pero coincidencia no es un término apropiado para describir las obras de un Dios omnisciente. Él no hace las cosas por ‘coincidencia’, sino… por ‘designio divino’”1.

Esta Escritura me ha ayudado a comprender por qué es que enfrentamos dificultades: “Por lo pronto no podéis ver con vuestros ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a las cosas que vendrán más adelante, ni la gloria que seguirá después de mucha tribulación.

“Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones. Por tanto, viene el día en que seréis coronados con mucha gloria; la hora no es aún, más está cerca”2.

Con el correr de los años, nos hemos dado cuenta de los propósitos del Señor en nuestra vida. Mi esposa y yo hemos servido en distintos llamamientos en la Iglesia, incluso como obreros del templo. Hemos hecho muchas ordenanzas vicarias por nuestros antepasados; y nuestros hijos han crecido en el Evangelio, disfrutando de las bendiciones de las ordenanzas del sacerdocio.

Como nos enseñó el élder Ronald A. Rasband: “La mano del Señor los guía. Por ‘designio divino’, Él se ocupa de los pequeños detalles de su vida, así como de los sucesos importantes”3.

Desde lo más profundo de mi corazón puedo decir que la mano del Señor preservó nuestras vidas.


  1. Citado por el élder Ronald A. Rasband, “Por designio divino”, Liahona,noviembre de 2017, pág. 55.
  2. Doctrina y Convenios 58:3–4.
  3. Ronald A. Rasband, “Por designio divino”, Liahona,noviembre de 2017, pág. 57
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